julio 29, 2008

'Consulta' por Paco Calderón

Votaaar y votaaar…

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Hasta los oráculos más chafas del país lo habían pronosticado: de haberles hecho caso se hubieran (y nos hubieran) ahorrado una lanota (aún no dada a conocer; aunque ellos adelantan que les salió requetebara, de a 200 mil la consultita), así como el ingreso de este episodio a su ya muy nutrido almanaque de numerazos. Pero no, el gobierno del Distrito Federal, con Marcelo Ebrard a la cabeza, junto con un PRD perdido (al parecer, de la razón), quisieron demostrar que, si para algo son buenos, es para mostrar cómo amañar una encuesta y tal vez por eso se quejen tanto cuando alguien más lo hace, pues nadie como ellos.

Y es que una consulta en el camino me enseñó que mi destino era votaaar y votaaar…

Me explico: déjeme contarle un episodio por demás simpático e ilustrativo de lo ocurrido el domingo pasado: mi queridísima Mariana H., junto con su novio Paco Huidobro, hicieron un experimento electoral digno de los más adelantados científicos sociales en tierras mexicanas: votar y votar… y votar de nuevo. Sí: su estudio de campo nos pudo demostrar que los supuestos cinco mil inviolables candados de la consulta del domingo, de inviolables no tuvieron nada y que, en todo caso, fueron diseñados pensando cómo violarlos. Tres veces, en tres casillas distintas, votó Mariana H., y eso porque ya le dio pereza seguir haciéndolo…

Total, que en el discurso “oficial” de los organizadores, este tipo de irregularidades no existió. Para ellos, el domingo pasado se realizó, por fin, la anunciadísima consulta pública con el fin de conocer la postura de los ciudadanos en torno a la reforma energética. La semana pasada vimos a su organizador, Marcelo Ebrard, haciendo campaña en medios para promover la participación de sus gobernados: en calles, estaciones del Sistema de Transporte Colectivo, en paradas de transporte público y demás puntos estratégicos de la ciudad, se entregaban volantes o se veían anuncios que informaban dónde estarían las casillas para emitir la opinión requerida. Con esto, el Gobierno del Distrito Federal esperaba obtener, al menos, un millón 300 mil opiniones. Pero la realidad sólo pudo traerles 870 mil boletas usadas (por lo pronto, sabemos que en realidad fueron 869 mil 997 si se descuentan las dos adicionales que empleó mi querida Mariana H., en su experimento) de las cuales, derivado de sus conteos, 84.7% apoyando el “No” a la reforma energética, eso en un aproximado. Los resultados oficiales, oficiales, oficiales, se darán a conocer el día de hoy.

Pero, evidentemente, más que pensar en los resultados, fácilmente predecibles, lo que nos ocupa es todo el numerito que los perredistas armaron. Gorras, plumas, carteles, playeras y demás souvenirs del evento, fueron entregados; personas que pudieron participar más de una vez en la consulta, lo cual deja en entredicho la cantidad de opiniones obtenidas, porque de esas 870 mil boletas, como en el caso de H., ¿cuántas más tienen el mismo nombre? También se habló de y se constató la falta de espacios para una participación, no sólo libre, sino secreta, como si se tratara de un ejercicio electoral verdadero, porque éste, definitivamente, no lo fue.

Y como la participación ciudadana estuvo por debajo de lo que ellos esperaban, de inmediato, ¿qué cree? Pues sí, acusaron al gobierno federal y al Partido Acción Nacional de provocar la baja afluencia; dicen que ellos también hicieron campaña con la consulta, pero negativa. Según el jefe de Gobierno capitalino, la baja participación no se debió a las preguntas mal planteadas o a la poca credibilidad que este tipo de ejercicios tiene, más si el PRD está detrás; no, los poco menos de un millón de opiniones recibidas pudieron ser más si ellos, los federales, no hubieran inhibido la participación. Es el oficialmente pejítimo retorno del compló…

Y aunque los resultados obtenidos ya los esperábamos, el PRD ya anunció que la consulta constará de tres fases, con el fin de sondear la opinión de los ciudadanos en todo el país y, aunque no se han dado a conocer las fechas en que se realizarán, ya se han fijado una meta. Esperan obtener tres millones de votos, opiniones o lo que sea, para considerar su misión como un éxito.

Y hablando de “éxitos y misiones”, Andrés Manuel López Obrador ya dijo que los resultados obtenidos el domingo pasado deben ser tomados en cuenta a la hora de legislar.

Y aunque eso no lo podemos asegurar, sí estamos seguros de que este nuevo capítulo amarillo ensombrece más al sol azteca, quienes no han superado un cochinero y ya están contabilizando uno nuevo…

“La voz del pueblo…”

Francisco Garfias
Arsenal
Excélsior

“Ojalá nadie esté preparando sorpresas…”, declaró ayer Carlos Navarrete, coordinador de los senadores del PRD, sorprendido, él mismo, con la primera toma de tribuna en ambas cámaras por parte de legisladores pejistas encabezados por Ricardo Monreal y Rosalinda Hernández. La toma de tribuna había sido preparada durante meses, en absoluto sigilo, por Andrés Manuel López Obrador y un grupo de mujeres denominadas las adelitas. Nada dijeron entonces a Navarrete. El hombre se enteró una vez consumada la ocupación y nada pudo hacer para evitarla.

López Obrador vuelve hoy a la carga. No importa que la consulta a la ciudadanía haya estado por debajo de las expectativas. Apenas millón y medio de votos en el DF y otras nueve entidades. “Es la voz del pueblo”, declaró el legítimo, quien amenaza con dar cuerda al movimiento de resistencia.

Otra vez gente en la calle, otra vez sus leales en la tribuna, en el caso, más que probable, de que los legisladores del PAN y los del PRI hagan valer su mayoría y dictaminen una reforma energética rasurada, pero con apertura a los particulares en exploración, para ir a buscar el tesorito en aguas profundas. Algunos temen que, esta vez, el Peje vaya más lejos y promueva acciones que obliguen al gobierno federal a reprimir. Un asalto a Palacio Nacional, el cierre del aeropuerto…

* * *

La consulta a la ciudadanía era una maniobra astuta, impecable en apariencia. El cálculo político le indicaba a Marcelo Ebrard que era un asunto de alta rentabilidad política. ¿Quién osaría oponerse a que el pueblo decidiera sobre un asunto de tal trascendencia? ¿Quién iba a decirle “sí” a la supuesta “entrega” de Pemex a los particulares? Era una apuesta ganada y de riesgo limitado. El hombre quedaría como el gran demócrata.

Lo de menos era que el ejercicio no tuviera validez jurídica. El resultado estaba amarrado de antemano. Sería un “no” contundente a la privatización de Pemex. Las preguntas estaban diseñadas para eso. “Son inducidas”, alertó la diputada del PRD Ruth Zavaleta, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

En el GDF apretaron las mandíbulas. Los más radicales la querían inmolar para ofrecerla al mesías tropical (el copyright es de Enrique Krauze). Porfirio Muñoz Ledo, coordinador del Frente Amplio Progresista, llegó incluso al despropósito de calificar a la legisladora como “la Elba Ester Gordillo del PRD…”

Los organizadores esperaban por lo menos un millón 300 mil votantes en la emblemática capital de la República y una cifra semejante en las otras nueve entidades que también realizaron el ejercicio. Así lo declaraban alegremente.

Pero al final algo falló. Llegó el domingo de la consulta. El panorama era desalentador. No había colas ni larga espera. Muchas de las casillas permanecían desesperadamente vacías. Las escenas contrastaban con las declaraciones de los perredistas al día siguiente. La mayoría de los ciudadanos había desairado la convocatoria, que pretendía reducir a un “sí” o un “no” la compleja reforma energética.

Los objetivos declarados estaban lejos de alcanzarse. A las urnas acudieron 870 mil ciudadanos en el Distrito Federal, según cifras, no comprobables, del Gobierno de la Ciudad de México. No hubo padrón ni observadores imparciales que las corroboraran. Aun así, no era ni la tercera parte de los dos millones 811 mil capitalinos que votaron por Andrés Manuel López Obrador en 2006

La cosa era convertir el revés en victoria. Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno, salió a declarar que era la consulta más atendida de todas las que se habían realizado en la Ciudad de México. Manuel Camacho, su mentor, culpó al gobierno federal, al PAN y a la falta de recursos, de la escasa participación.

* * *

Manuel Espino presenta formalmente su libro Señal de alerta. Advertencia de una regresión política (Editorial Planeta). Lo hará este martes, a las 19:30 horas, en el hotel Camino Real de Anzures. Lo acompañarán el diputado Juan José Rodríguez Prats y el inefable Javier Corral Jurado.

Rodríguez Prats escribió el prólogo del polémico libro. Una frase sintetiza lo que el diputado piensa del partido fundado por Manuel Gómez Morín: “La aceleración con la que el PAN ha asimilado las prácticas del viejo sistema político es preocupante”, dice el panista tabasqueño.

Javier Corral es otro respetado panista. En estos días ha permanecido en la Sierra Tarahumara de su natal Chihuahua, preparando una misteriosa Revolución de Octubre.

Su perseverancia y valentía lo han hecho aparecer como modelo de la congruencia. Pero hay algo que no cuadra. ¿Por qué sigue en el CEN después del vergonzoso capítulo de la separación de Santiago Creel por motivos que él mismo denunció y que tienen que ver con la presión de las televisoras?

¿Tiene remedio el PRD?

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

En el pedir, y el preguntar, está el dar. Florestán

Luego del traumático proceso electoral de 1988, del que derivó el México democrático de hoy, nadie podía proyectar hasta dónde alcanzaría el nuevo partido político, que desde la inspiración de aquel Frente Ciudadano y de quien sería su dirigente histórico, Cuauhtémoc Cárdenas, llegaría a las puertas de la Presidencia de la República 18 años después.

El momento más luminoso para el movimiento fue aquel de hace veinte años; el más asombroso el de hace dos, cuando con Andrés Manuel López Obrador como candidato, en un fenómeno inédito en México, perdió las elecciones por la decisión de 125 mil votantes que, en lugar de votar por él, lo hicieron por Felipe Calderón.

En aquel mismo proceso del 2 de julio de 2006, el PRD logró la mayor cosecha legislativa de su historia que, de no haber tenido que pagar en exceso y en absurdo, como lo hizo con PT y Convergencia, tendría un peso en la aritmética parlamentaria aun mayor. Pero no sólo se restó si no que cuando al PT no le alcanzaba el número de legisladores para ser considerado fracción, con todos sus privilegios financieros, le endosaron el escaño de doña Rosario Ibarra, quien en la actualidad es senadora por esas siglas, no del partido que la postuló, el propio PRD.

No obstante esos pagos legislativos, el PRD estaba en su momento más alto: segunda fuerza en la Cámara de Diputados; tercera y apretada por las restas, en la de Senadores, con representación innegable.

Pero desde allí comenzó a caer, primero, por su rechazo a legislar, desde la línea de López Obrador, y después a romperse por la pugna interna que lo llevó a anular su proceso electoral de renovación de dirigentes, después de cuatro meses de no poder, siquiera, contar los votos emitidos el 16 de marzo.

Hoy, el PRD se debate entre la vida y la muerte política, en si es un partido o el instrumento de un caudillo, en si tiene vida propia o sólo la que él le quiera endosar.

Y la pregunta es sencilla, aunque la respuesta no: ¿tiene remedio el PRD?

Porque el 6 de julio del año que viene habrá una auditoría y la caída va a ser dramática, lo que es una mala noticia para el PRD, pero también para el proyecto de país y la gestión indispensable de contrapesos.

Retales

1. ¿Y MARTA? Germán Martínez fijó una línea entre el regreso del ex presidente Fox y el de su esposa, a pesar de que siguen siendo la pareja presidencial o, ahora, ex presidencial;

2. CUENTAS. El pasivo laboral de Pemex, que crece 16 por ciento anual, suma 526 mil millones de pesos, 5 puntos y medio del PIB; y

3. CONSULTA. Hoy debe entregar Marcelo Ebrard al Congreso el resultado de su consulta dominical sobre el tema energético, en la que no hubo sorpresa alguna. El próximo proceso interno del PRD se lo deberían encargar al jefe de Gobierno.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Tomémosle la palabra a López Obrador

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Por una vez tomémosle la palabra a López Obrador: pidió el domingo que el gobierno escuche los resultados de la consulta petrolera. El gobierno, el PAN, el PRI, el PRD, los demás partidos, los medios, debemos hacerlo. Los resultados son transparentes: pese al acarreo, la compra de votos, la obligación de los funcionarios públicos locales de participar en la misma, a que se cometieron los mismos actos del cochinero de la elección interna del PRD (¿qué mejor ejemplo que Guadalupe Acosta Naranjo declarando el viernes que no podría votar porque no tenía credencial de elector y el domingo se fotografió haciéndolo?, ¿cómo le hizo para conseguir en un sábado una credencial de elector?), al dispendio de recursos de los gobiernos locales perredistas, pese a todo lo anterior, votaron apenas 800 mil personas en el DF y, sin dar ningún tipo de resultados confiables, la dirección del PRD acepta que en todo el país podrían haber votado dos millones, lo que suena inverosímil ante lo desairada que estuvo en los estados la consulta. El hecho es que, si como también lo dice el PRD, entre 80 y 85% votaron por el no, eso implicaría que rechazan la reforma petrolera alrededor de un millón y medio de electores, sobre un universo muy superior a los 70 millones. Un millón y medio que representan poco menos de 4% de quienes votamos en la elección de 2006, o sea, 42 millones de personas. Entonces, respetemos la posición de ese 4% de electores duros del PRD (eso es lo que son, y demuestran, una vez más, que su votación se está derrumbando en forma estruendosa: en 2006 recibieron casi 15 millones de votos, es decir, que, de quienes sufragaron por López Obrador, votaron ahora, por rechazar la reforma energética, sólo 10% del total), pero también la del otro 96% de los electores, sin contar a los casi 30 millones de ciudadanos que no votaron en 2006 y, por supuesto, tampoco ahora.

Si se respeta el resultado de la consulta, el Congreso tendría que comenzar a dictaminar inmediatamente una reforma a Pemex, porque ésta tiene el apoyo de la mayoría de la población. Incluso, en esta lógica, la reforma propuesta por el priismo (que está muy lejos de los compromisos públicos que habían asumido muchos de sus principales dirigentes) se queda definitivamente corta. No sólo por los números que arrojan la consulta: en la encuesta de BMG y Asociados, publicada en Excélsior ayer, resultó que 48% de los encuestados en el DF apoyan una reforma como la planteada por el Ejecutivo federal, el número aumenta a 52% en Guadalajara y sube 57% en Monterrey. Pero es más interesante el resultado cuando se va a los distintos capítulos, sin decir si son parte o no de alguna de las iniciativas: 67% en el DF y Guadalajara (58% en Monterrey) apoyan incluir en el Consejo de Administración de Pemex a profesionistas especializados; la propuesta de los “bonos ciudadanos” tiene un apoyo de entre 68 y 65%; que Pemex contrate a personas físicas o morales para que colaboren en la exploración y el desarrollo del petróleo, tiene un apoyo de entre 59% (en Guadalajara) y 69% (en Monterrey; en el DF, de 63%); que personas físicas o morales puedan participar mediante permisos en el transporte, la distribución y el almacenamiento de derivados del petróleo, tiene un apoyo de 62 a 56 por ciento. Uno de los capítulos más controvertidos, que se permita a Pemex contratar con terceros los servicios de refinación, tiene un respaldo de 49% en el DF, 55% en Guadalajara y 53% en Monterrey. Ahí están las cifras y, ello, combinado con los resultados y, sobre todo, los índices de la participación ciudadana de la consulta, demuestran qué quiere la gente. Respetémoslo.

Para el perredismo, que una vez más ha apostado a las cartas lopezobradoristas, el resultado es un desastre: la votación en el DF fue de la mitad de lo que esperaban, pese a todas las irregularidades y a la enorme cantidad de dinero involucrada. Dice ahora Manuel Camacho que la participación podría haber sido mayor si el PAN y el gobierno hubieran apoyado la consulta. Es una verdad de Perogrullo, pero el hecho es que la consulta fue una iniciativa partidaria, del PRD, que tuvo en el GDF respaldo y patrocinador, incluso económico, y que terminó en un fracaso: el perredismo, o mejor dicho el lopezobradorismo (¿sigue considerando López Obrador a Ebrard como parte del mismo o ya ha decidido cortar amarras con el jefe de Gobierno?), quiso hacer una demostración de fuerza y terminó exhibiendo su creciente debilidad.

Para el PRD queda ahora sólo un objetivo: tratar de salvar lo que se pueda después del daño, ocasionado primero por las muertes en el News Divine y ahora debido a este fracaso político. Ya Guadalupe Acosta Naranjo ha declarado que podrían ir a una propuesta conjunta con el PAN y el PRI sobre el tema; el PRI ya ha colocado su iniciativa como eje articulador sobre el cual podrán girar los acuerdos y muchos podrán decir que “frenaron” la iniciativa presidencial para “privatizar” a Pemex. Lo preocupante en todo caso no es que sea mentira, sino que lo que finalmente se apruebe, como ocurrió en el terreno fiscal o en el electoral, sea un híbrido, con algunos aspectos positivos y otros negativos. Un poco con la idea, sobre todo del priismo, de que las reformas que se aprueben sean aquellas que permitan mantener las cosas funcionando, sin ir al fondo y haciendo una suerte de remodelación de la casa, esperando que los cambios estructurales reales les toque realizarlos a ellos en 2012. Es política y es legítimo. La pregunta es quién paga por el progresivo deterioro de la casa, que no puede ocultarse con reformas cosméticas. A contestar esa pregunta están renunciando el PRI y el PAN.

La muerte del caudillo 2. El dibujante

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Son las dos de la tarde del día 17 de julio de 1928. Acaba de empezar el banquete en honor del presidente electo Álvaro Obregón, general invicto de la Revolución Mexicana.

El diputado y coronel Ricardo Topete, cercano colaborador del caudillo, repara en un individuo que está de pie en el jardín, fuera del cenador donde se sirve la comida, en el restorán campestre La Bombilla del sur de la Ciudad de México.

Dibuja en un cuaderno y mira hacia Obregón como para sorprender algún rasgo de su fisonomía. Topete manda un mesero a preguntar quién es. El mesero vuelve diciendo que es un caricaturista empeñado en hacer un retrato del general Obregón.

Topete lo llama con la mirada. El dibujante viene hasta la mesa y le muestra su cuaderno. Hay en él dos caricaturas de Obregón y una del licenciado y general Aarón Sáenz, jefe de la campaña obregonista, sentado esa tarde en la mesa de honor, a la izquierda del caudillo manco, que ha perdido en la guerra el brazo derecho.

El dibujante pregunta a Topete qué opina de sus caricaturas. Topete las aprueba. El dibujante ofrece hacerle la suya. Hace un primer boceto. Descontento con sus trazos, arranca la hoja, la estruja, la tira y empieza de nuevo. Al terminar, ofrece el resultado a Topete, quien sonríe aprobatoriamente.

“Ahora, voy a hacer la caricatura del general Obregón”, dice el dibujante. Avanza unos pasos para copiar los rasgos del divisionario. Cuando termina, le dice a Topete, como pidiendo permiso, que va a enseñarle los bocetos al general Obregón. Topete asiente.

El dibujante da la vuelta, pasa frente a la Orquesta Típica Esparza Oteo que toca una pieza llamada “El Limoncito”, rodea el arco triunfal que hay tras la cabecera de honor del banquete y emerge a espaldas del caudillo.

El mesero asturiano que atiende a Obregón, Vicente García, acaba de ponerle enfrente un plato de cabrito al horno, debidamente trinchado y cortado para que el caudillo manco pueda comerlo.

El dibujante se acerca a Obregón, pasa el brazo izquierdo con su cuaderno entre el caudillo y el licenciado Aarón Sáenz, para que el caudillo vea.

No ha terminado ese movimiento cuando saca de sus ropas una pequeña pistola, la apoya sobre la espalda del general invicto y dispara a quemarropa, sin mover la mano izquierda del sitio en que la tiene para mostrar sus dibujos.

Se oyen tres tiros rápidos, ahogados, una pausa, y otros dos.

Ni los perredistas votaron

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Dicen los organizadores de la “consulta ciudadana” sobre la reforma petrolera que en el Distrito Federal votaron “casi 826 mil personas”.

El dato es falso, pero vamos a tomarlo como válido por un momento.

Esa cifra quiere decir que ni los perredistas votaron en la consulta que ellos mismos organizaron.

El padrón del PRD en la capital es de un millón 400 militantes y, según los organizadores, sólo acudieron a las urnas “casi” 826 mil personas.

¿Qué pasó con los 600 mil perredistas capitalinos que no fueron a votar?

Ni ellos se creyeron su cuento.

Y, si fuera cierta la cifra de “casi” 826 mil votantes, eso quiere decir que votó 11% del padrón de ciudadanos del Distrito Federal, la entidad más perredista del país.

La abstención ciudadana en la capital fue de 89 por ciento.

Con esa cifra, los organizadores de la consulta deberían estar avergonzados y admitir que su ejercicio carece de cualquier validez, por el desdén ciudadano.

El desdén ciudadano no fue debido a falta de información acerca de la consulta, ya que el Gobierno del DF, el Partido de la Revolución Democrática y el Instituto Electoral del DF fueron pródigos en invitar a la población a participar.

En todo caso, lo que hubo fue desconfianza ante una consulta amañada con preguntas con premisas falsas, lo que admitió Roy Campos, uno de los asesores en la redacción de las que el domingo se presentaron a la población.

Hubo desconfianza a una consulta cuyas preguntas fueron ciento por ciento del gusto del jefe de Gobierno del Distrito Federal, quien les dio el visto bueno cuando el Instituto Electoral capitalino se las presentó a su consideración, según informó el mencionado Roy Campos.

Es obvio que hubo desconfianza, y cómo no la iba a haber.

Llamaron a votar el Gobierno del DF y el Partido de la Revolución Democrática. Ellos organizaron la consulta, con Manuel Camacho Solís a la cabeza.

Además de encargar las preguntas a su gusto, ellos hicieron la propaganda en que descalificaban de entrada a la iniciativa de reforma petrolera, porque según ellos se quiere regresar a empresas extranjeras el petróleo mexicano.

¿Qué objetividad podía haber en una consulta con esas preguntas, con esa propaganda inducida y pagada por el Gobierno del DF, y con esos organizadores?

Los perredistas y los empleados del Gobierno de la capital fueron quienes fungieron como autoridades en las casillas. Y ellos contaron los votos.

¿Ya se les olvidó a los perredistas que debieron anular su elección interna porque se hicieron trampa entre ellos?

¿Querían que la población confiara en su remedo de consulta y acudiera de manera candorosa a expresar su opinión con un sí o un no?

Deberían estar avergonzados del resultado de su nueva pantomima.

Es que volvieron a hacer trampas.

En la prensa están documentados los acarreos; gente que fue a votar a cambio de una camiseta y una gorra. Otros, a cambio de dinero en efectivo.

Y ni así lograron que votaran, cuando menos, los militantes del PRD en la capital.

Volvieron a hacer trampa, y así lo delatan sus propios números:

En el DF se instalaron cinco mil 500 mesas receptoras de sufragios, en las que habrían votado 826 mil personas.

La jornada fue de ocho de la mañana hasta las seis de la tarde.

Lo anterior quiere decir que en cada mesa receptora hubo un votante por cada 3.8 minutos, de manera ininterrumpida durante las diez horas que duró la consulta.

¿Alguien vio las filas de ciudadanos que esperaban para votar en todas las mesas y durante todo el día?

Bueno, pero vamos a suponer que por ceguera no pudimos ver esas largas filas de capitalinos a la espera de emitir su voto. Y vamos a suponer que es real la cifra que dieron de la votación que esperan obtener en todo el país: tres millones de personas.

Estamos hablando de menos de 5% del padrón nacional. O, visto de otra manera: los organizadores de la consulta esperan que, al finalizar ésta en todo el territorio del país, la abstención sea de alrededor de 96% de los ciudadanos enlistados en el padrón electoral.

En el DF, donde el PRD tiene una mayor cantidad de militantes y el gobierno local ejerce un férreo control sobre la ciudadanía que recibe los apoyos de sus programas sociales, la consulta fue un desastre.

Ni los perredistas fueron a votar.

Antes que una opinión sobre la reforma petrolera, lo que hubo el domingo en el DF fue una silenciosa pero abrumadora rebeldía contra la manipulación de un partido y de un gobierno.

Supervotante ¿letal?

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Si se trata de un lacayo de los promotores de la consulta lópezobradorista, de la derecha calderonista o de la marrullería priista, y aun si fuera cualquier hijo de vecino que pudo votar hasta “35 veces” nada más por divertirse, lo cierto es que los videos que presentó ayer Mariana Gómez del Campo, dirigente del PAN en el DF, confirman la vulnerabilidad del ejercicio ciudadano que se realizó antier en la capital.

Y si eso pudo suceder en el ombligo del país, qué habrá sido en las nueve otras entidades en que perredistas, convergentes y petistas organizaron, supervisaron y computaron la “voluntad ciudadana”.

Puede concederse que el carrusel del esforzado Supervotante fue la excepción en una bien intencionada regla, pero es imposible no asociar esta marranada con las prácticas de chiquero que motivaron la anulación del proceso interno para elegir la dirigencia nacional del PRD.

Con la siembra de una duda razonable sobre la confiabilidad de la consulta, el inexperto, insulso y cándido PAN parece que aprende a perredepriarse.