agosto 05, 2008

Una tragedia de México y sus familias

De: Comunicacion Organizacional [BNMX]
Enviado el: martes, 05 de agosto de 2008 02:13 p.m.
Para: Ld Exch Banamex; Ld Exch Filiales
Asunto: Grupo Financiero Banamex / Mensaje de Alfredo Harp
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Nuestro Presidente del Consejo de Administración del Grupo Financiero Banamex, Don Alfredo Harp, nos solicita se envíe el siguiente mensaje a todos los colaboradores
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Una tragedia de México y sus familias

Imagine este escenario por un momento. Piense que usted es la persona queestá hablando, póngase en sus zapatos, sólo el tiempo que le tome leer este texto.

"He sido muy afortunado, Dios me dio la oportunidad de tener un hijo, un hermoso niño que sólo pedía una cosa: cariño. Para eso había venido al mundo: para amar y ser amado. Lo acogí en mis brazos y crecimos juntos. Nos complementamos, yo tenía la necesidad de ofrecer ese cariño que él tanto requería. Tuve la oportunidad de darle algo mejor: una familia que vivía en armonía; una mamá, una hermana y un hermano.

Recuerdo el primer día que me dijo "papá" y sentí como el cielo se abría,los pájaros cantaban y el sol iluminó el mundo. De la mano íbamos a su escuela. Los primeros días se le llenaban los ojos de lágrimas, no quería despegarse de mí, pero pronto encontró su mayor interés por el colegio: sus amigos. Además, se divertía jugando fútbol y adoraba la música.

Jamás olvidaré su expresión cuando logró descifrar "mamá", cuatro letras que comprendían el universo entero. Dios nos colmaba de bendiciones.

Pasaron los años, me sorprendía ver cómo mi pequeño niño se hacía un hombrecito, que maduraba a pasos agigantados, que crecía para ser casi de mi tamaño. Amamos la vida.

Cumplió catorce años, lo celebramos juntos, en familia con algunos amigos. La vida nos sonreía. Pero un día el cielo se nubló, los pájaros enmudecieron y la tragedia invadió nuestros corazones: en el camino por donde pasaba mi hijo, se cruzaron unos hombres desalmados, personas que no podrían ser descritas con un adjetivo porque no los hay para poderlos describir. Me
avisaron que mi hijo acababa de ser secuestrado, ¿cómo?..., ¿cómo podía ser aquello?..., iba acompañado de un chofer y también se lo habían llevado. Al parecer, los plagiarios eran o se hacían pasar por policías.

La noticia me dejó pasmado. No tenía idea de cómo actuar. Por fin nos confirmaron el plagio y pidieron rescate. Sí, querían dinero a cambio de mi hijo, ellos decían que esa era "la negociación". También me dijeron que recibiría un presente para que supiera que hablaban en serio. De eso no cabía duda. Al día siguiente, el drama fue mayor, localizaron un cadáver en la cajuela de un coche, era el chofer, amigo de nuestra familia que cumplía responsablemente con su deber y que dejó en duelo a los suyos ¡¿Por qué sacrificar así a un hombre inocente?!"

-- Hasta aquí habla el padre de familia --

Imagine un minuto lo que ese padre y su familia pudieron sentir en aquél momento, pasaron días en total incertidumbre, sin saber en dónde estaba su hijo, si comía o tenía frío, si era golpeado o amenazado. Peor aún, no sabían si estaba vivo o no. Pero la esperanza nunca muere y ellos esperaron cincuenta días que convertidos en horas podrían traducirse en meses, minutos que se convertían en años y segundos que eran una eternidad sorda.

Aquél padre pidió asesoría; no sabía cómo actuar ante tal situación. En realidad nadie lo sabe, porque en esas circunstancias las posibilidades de actuar son nulas. Buscó por todos los medios la manera de que su hijo volviera, se hincó ante las autoridades, pidió auxilio a la policía, visitó las oficinas de los procuradores y a los altos mandatarios, rogó a Dios mañana y noche, deseó cambiar su vida por la de su pequeño.

Nada, pasaban los días y nada. Sólo prevalecieron la esperanza y el amor, que lo hacían sostenerse en dos piernas.

Dinero. ¡Qué poco valor puede tener el dinero si la vida de un ser humano está en juego!

Por supuesto, aquél padre pagó el rescate. Sabía que esas monedas eran tan viles como las de Judas; no tenían valor y menos sentido. Supo que su hijo estaba vivo. Habló con él como prueba de vida y la esperanza volvió a brillar en los corazones de aquella familia. Pero después el silencio enmudeció al mundo. Pasó un día, otro, otro y otro, nada, no hubo llamadas, ni el timbre sonó, ni nadie llegó.

Las suposiciones fueron ilimitadas. Creían que el día estaba cerca, su hijo volvería y gritaría: "papás, acá estoy". Sí, los santos estaban enterados, a todos les habían rezado; sólo esperaban y mantenían la esperanza.

Otra semana y el padre volvía a suplicar al mundo entero que le ayudara, pero el silencio se ahogaba en sí mismo. Esperaría toda una vida si fuera necesario, pero la incertidumbre de no saber en dónde estaba su hijo agujereaba el dolor de aquellos padres. Habían pagado, ¿por qué no se comunicaban con ellos?..., algo raro pasaba, quizá los secuestradores se habían peleado entre ellos, quizá habría pasado otra cosa, quizá y quizá...

Por fin, recibieron una llamada. Quien hablaba no quería entrevistarse con el jefe de familia, pero el padre espetó: "dígame, aquí estoy"; creía estar preparado para todo. El comunicante informó que habían encontrado el cuerpo de una persona en la cajuela de un coche y había que reconocerlo.

No entraré en detalles de aquél hecho de horror, el cuerpo llevaba varias semanas metido en una bolsa de plástico, era irreconocible. Por la dentadura se logró identificar al muchacho de catorce años al que le había sido arrancada la vida, despojada debido a la desgracia que azota a nuestro país. Sí, a un niño inocente que tuvo la mala fortuna de pasar frente a unos sicarios por casualidad.

Póngase usted en los zapatos de aquellos padres, que desean que nadie llegue a sentir lo que ellos pasaron en los últimos cincuenta días. Piense que nadie en este país está exento de que le suceda algo parecido. Este crimen es un atentado contra cada familia de México y cada uno de sus habitantes. La muerte de ese muchacho significa la descomposición social a la que hemos llegado, la lloramos todos los mexicanos que tenemos hijos y los que no los tienen. Todos nos unimos al dolor de aquella familia que también es la nuestra.

México no merece esta realidad ni que la vivan las próximas generaciones. Es urgente un cambio. La impotencia invade a la sociedad civil. Unámonos para exigir que nuestras autoridades de los tres poderes de la Unión, de los estados y municipios trabajen decidida y coordinadamente contra la delincuencia y en favor de la seguridad de las personas, para que en el corto plazo todos los mexicanos podamos vivir tranquilos.

Condenamos la impunidad y la violencia.

¡Ya basta!

Alfredo Harp Helú
María Isabel Grañén Porrúa

Agosto 2008

'Mis hijos' por Paco Calderón

Vox populi

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La vox populi, voltea a ver al dueño de Palacio cuando hay muertes violentas en las alturas de Palacio. Volteó hacia Obregón y Calles cuando mataron a Villa; hacia Calles cuando mataron a Obregón; hacia Echeverría cuando mataron al empresario Eugenio Garza Sada, hacia Salinas cuando mataron al candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio.

Ninguna de estas sospechas pudo probarse en su tiempo, ni siquiera aproximadamente, pero la falta de pruebas no tuvo en la conciencia pública el valor de una exculpación, sino, a veces, el de una confirmación de las sospechas.

La verdad es que los crímenes de Palacio muestran con claridad desde el principio su origen. El asesinato de Zapata en una emboscada del año 1919 en Chinameca, pudo no ser ordenado por Carranza, pero estaba en la lógica de sus necesidades políticas.

Lo mismo puede decirse de la muerte de Carranza en Tlaxcalantongo, en 1919, y de la de Francisco Serrano en Huitzilac, en 1927: no hay pruebas de que la orden de matarlos vino de Obregón o de Calles, pero sus homicidios eran parte del juego del poder de la época y de las necesidades políticas de los dueños o aspirantes a dueños del Palacio de entonces.

Hay, en cambio, una prueba documental de que en 1923, a través de su secretario de Guerra, Joaquín Amaro, el gobierno de Obregón supo que había un Jesús Salas Barraza decidido a matar a Villa. El homicida en ciernes escribió a Amaro reiteradamente confiándole sus intenciones de emboscar a Villa.

Amaro no disuadió a su corresponsal de sus propósitos. Villa estaba camino de levantarse ese año en apoyo de la rebelión de Adolfo de la Huerta, la mayor de los años veintes. Con Villa en armas habría podido triunfar. El homicida de Villa fue aprehendido y juzgado por el crimen pero amigablemente liberado tres meses después.

No hay prueba documental semejante que vincule a la gente de Palacio de la época, en particular a Calles, con el asesinato de Obregón.

Pero en la imaginación de la vox populi, el poder es todopoderoso para matar, y para borrar las huellas. Borrando las huellas demuestra, de hecho, el tamaño de su poder para matar.

En esto y en muchas otras cosas, la siempre redonda imaginación conspirativa tiene más fuerza que las siempre fragmentarias evidencias de la verdad.

En algún rincón de nuestra cabeza el poder puede tanto y de tan indescriptibles modos que sólo puede alcanzarlo el capricho de nuestra fantasía. Ella lo inventa y lo juzga. A veces, inverosímilmente, lo describe.

“México no puede seguir así”

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Hay una afirmación demoledora en el comunicado que México Unido Contra la Delincuencia difundió ayer a propósito del secuestro y asesinato del joven, el niño, Fernando Martí: “Las autoridades no han cumplido con su tarea. En su lugar se han dedicado a generar conflictos en otros tantos temas. La delincuencia abarca hoy los espacios que las autoridades ignoran”.

Frase que sintetiza también una gran derrota.

Si los secuestradores estudiaron los movimientos de Fernando, sabían que podrían montar un retén en Insurgentes Sur a mediodía sin ser molestados. Si el retén era para detener autos al azar, sabían asimismo que tendrían el tiempo del mundo para hacerlo.

Que en el mes 20 de la guerra contra nuestro terrorismo, los delincuentes desplieguen un retén durante 15, 30 minutos sin que nadie los detecte es un signo incontrovertible de que las policías carecen de un sistema eficaz de información y reacción. Ésa es la derrota: el triunfo altanero del hampa sobre el Estado.

“México no puede seguir así”, expresó con toda razón la presidenta de México Unido Contra la Delincuencia, María Elena Morera.

Ni un día más. Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa y Carlos Navarrete; Felipe Calderón, Marcelo Ebrard, Enrique Peña Nieto, Eduardo Bours, Leonel Godoy y los otros gobernadores de las entidades donde la vida de los ciudadanos pende de un hilo; José Luis Soberanes y los ministros de la Suprema Corte de Justicia tienen una oportunidad inmejorable para poner en marcha, a la brevedad, un programa de Estado que le arrebate a los criminales la “ventaja política” de que se sirven para actuar con impunidad.

México no puede seguir así. La grilla puede esperar. La vida y la paz de los mexicanos, ricos y pobres, no.

La pena de muerte

Sara Sefchovich
sarasef@prodigy.net.mx
Escritora e investigadora en la UNAM
El Universal

La ejecución programada para hoy de un mexicano en Estados Unidos invita a reflexionar sobre un tema de gran importancia: la pena de muerte.

En el caso mencionado (y otros de un medio centenar de personas, varios de ellos connacionales, sentenciados a lo mismo), los argumentos de los opositores han ido en tres sentidos: el de la Corte Internacional de Justicia, que considera que los condenados no tuvieron acceso a una defensa adecuada y digna; el de quienes niegan la calidad moral de Estados Unidos para aplicar la pena capital, dado que es un país que hace la guerra y que invoca el derecho internacional cuando le conviene, pero no cumple su parte cuando le toca; y el de quienes aseguran que esas sentencias se aplican con criterios racistas y de clase social.

La cuestión es espinosa. Quienes están a favor de la pena de muerte sostienen que es necesario dar castigos ejemplares para que los delincuentes lo entiendan: “La pena de muerte hace que las sociedades violentas se controlen”, dice un video en YouTube.

Los que están en contra de la pena capital sostienen argumentos diversos, de corte religioso (la sociedad no tiene derecho a quitar la vida de un ser humano), ético (la justicia no se logra con la venganza), sicológico (la violencia genera más violencia), jurídico (las legislaciones modernas se sustentan en la reeducación y no en el castigo), o por considerar que es una barbarie y nosotros ya vivimos en un mundo civilizado.

Durante muchos años, me he opuesto a la pena de muerte, porque puede haber errores y entonces se castigue a inocentes o se aproveche para ir contra disidentes políticos o religiosos. Pero nunca estuve tan segura cuando se trataba de castigar a delincuentes violentos.

Hace algunos años, seguí de cerca el caso de un muchacho mexicano que vivía en Texas, al que se condenó a muerte por secuestrar, violar y asesinar a una joven estadounidense de 20 años. Él reconoció haber cometido el crimen pero pidió perdón a los padres de la muchacha, quienes se lo negaron, lo mismo que el presidente estadounidense, quien le negó clemencia. Entonces la familia empezó a decir que no se le había perdonado la vida por mexicano, por moreno y por pobre.

Me impresionó cómo, por obra y gracia de este discurso, se logró convertir el asunto en uno de estadounidenses contra hispanos, el asesino quedó como la víctima y al que estaban castigando para hacer justicia resultó ser el que no había recibido justicia.

En la situación de México hoy, hay casos que del estómago me brota una indignación enorme y pienso que la pena de muerte es apenas justa, como cuando un sujeto mutila, lastima, viola o le quita la vida a un niño, joven o viejo, trabajador, empresario o profesionista, hombre o mujer. El asesinato de Fernando Martí, de 14 años de edad, como otros anteriores, no me lleva a pensar en las cuestiones para estar en contra, sino a preguntarme con qué derecho alguien que hizo eso, sin considerar lo ético y lo justo, lo digno y lo humano, lo correcto y lo civilizado, puede ahora exigir que tengan hacia él esas consideraciones.

Elizabeth, Jennifer y Fernando

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

En 1993, en Houston, dos jovencitas fueron violadas, golpeadas, pateadas y estranguladas por una pandilla de la que formaba parte José Ernesto Medellín Rojas, a quien la justicia texana ejecutará hoy.

El Tribunal de La Haya (ONU) falló por la reposición del proceso: aduce que al homicida se le privó de asistencia consular.

Sus víctimas fueron Elizabeth Peña, de 16 años, y Jennifer Ertman, de 14.

Catorce tenía Fernando Martí al ser asesinado por sus secuestradores (pese a que habían cobrado el rescate); la indignación por el crimen y su aterrador contexto (alrededor de 700 casos con desenlace fatal, entre los casi ocho mil secuestros denunciados en los últimos 14 años) animó al diputado Emilio Gamboa a sugerir que se imponga en México la pena de muerte pero si prospera su idea no habría retroactividad.

Aunque el homicidio hiede a policías, si entre los asesinos del niño Fernando hubiera un extranjero, que rece para que le priven de asistencia consular porque México no es Texas y es más fácil gozar de impunidad.

Sida: la discriminación y la intolerancia

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Comenzó la Conferencia Mundial contra el Sida. No se trata de un evento académico más ni tampoco de un espacio que sirve de coartada para la movilización de ciertos sectores: estamos hablando de la búsqueda, tanto en la conferencia como en los foros alternativos, de respuestas a una problemática que sigue siendo uno de los desafíos más formidables que enfrenta la humanidad... y no ha tenido la respuesta que se requiere.

Tampoco es un tema ajeno a nosotros. México es el segundo país de América Latina con mayor número de personas infectadas con el VIH, sólo debajo de Brasil. El sida se ha convertido en la cuarta causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años y, si bien los grupos con mayores riesgos (trabajadores sexuales, la comunidad lésbico gay, adictos a la heroína) siguen siendo los mismos, lo cierto es que el índice de nuevos contagios se ha acrecentado en forma notable entre los muy jóvenes y cada vez más entre mujeres de parejas heterosexuales. Y, por ello, conocemos una parte de los números de afectados, mas la cifra negra, la cantidad de portadores del virus que no son conscientes, que no saben que lo son, parece resultar mucho más alta de lo estimado.

En el corazón del problema están la educación, la información y los prejuicios. Existen muchos casos de mujeres infectadas, sobre todo en sectores campesinos o marginales urbanos, que no saben, hasta cuando desarrollan la enfermedad, que han sido contagiadas con el virus. Suelen ser parejas de hombres que han emigrado, ellos han mantenido relaciones sin protección en ese periodo, han contraído el virus, en la mayoría de los casos, ellos tampoco saben que lo portan y, al regresar a México, han contagiado a sus antiguas (o nuevas) parejas. Y el círculo continúa reproduciéndose una y otra vez, porque en muchos casos esos hombres y mujeres, quienes no saben que están enfermos o no tienen acceso a un centro de salud o, en esos centros, en muchos casos rebasados o con otro tipo de desafíos, tampoco se encuentran en condiciones de detectar a tiempo a los portadores o incluso a los ya enfermos.

Se va más allá aún, cuando esas parejas tienen hijos. Suman miles los niños que han sido contagiados por el virus al momento de nacer, en muchos de los casos porque sus padres ignoran ser portadores o porque no tuvieron atención médica adecuada. En realidad, con los tratamientos actuales, una mujer seropositiva puede dar a luz con un altísimo porcentaje de probabilidades de no contagiar al bebé. Incluso, aunque eso no se realiza en México, existen procedimientos médicos que permiten, sin mayores problemas, controlar desde el embarazo en sí hasta el parto de una pareja enferma de sida, sin peligro para el bebé: pero se debe tener la información, la atención y las medidas adecuadas. Y, a pesar del enorme esfuerzo que realizan muchas autoridades y sectores de la sociedad civil para combatir el sida, en lo relativo a hacer llegar los medicamentos adecuados en tiempo a muchos enfermos (con los tratamientos actuales, en muchos casos, los portadores o enfermos pueden realizar una vida del todo normal) aún la cifra negra, la parte del iceberg que no vemos, sigue siendo enorme.

Problemas hay muchos con respecto a la detección y los tratamientos derivados de las personas infectadas y de quienes han desarrollado ya la enfermedad: desde la disponibilidad de espacios, tratamientos, costo de las medicinas, capacitación del personal médico, hasta el acceso a las nuevas investigaciones y procedimientos. Pero todo eso, en última instancia, puede ser y es solucionable. Los mayores desafíos sobre el tema en nuestra sociedad (y eso hace doblemente importante la realización de esta conferencia en México) son la ignorancia y la discriminación, el prejuicio y el desinterés.

Para muchos, el sida sigue siendo una enfermedad maldita, una consecuencia de ciertos hábitos sexuales que consideran pecados, algo que recibe quien se lo merece, como una suerte de castigo divino. Son los mismos grupos que desinforman o literalmente mienten acerca de políticas de salud reproductiva, quienes discriminan a las mujeres, a los homosexuales, a las lesbianas, a cualquiera que se aparte unos centímetros de su concepción de lo correcto. Son quienes se oponen a que el Estado realice una amplia campaña de prevención basada en el uso del condón, para evitar o disminuir la posibilidad de transmisión de enfermedades sexuales, pero también se oponen a cualquier método anticonceptivo. Y que tienen el tema del aborto como bandera. Poseen todo el derecho de defender y debatir esas opiniones. Tienen todo el derecho de establecer para sí mismos una norma de conducta determinada. Pero no a imponerla al resto de la sociedad y a tratar que la sociedad viva de acuerdo con sus normas, discriminando y castigando a quien no las sigue. La intolerancia es fruto de las deformaciones de la educación, la ignorancia y los prejuicios en que viven muchos de estos grupos y personajes.

Sin embargo, tampoco nos engañemos: los intolerantes y prejuiciosos no provienen de un solo ámbito político, aunque la mayoría de ellos se identifique con los grupos más conservadores. Los hay en todos los partidos y sectores, por convicciones personales o simple conveniencia y cálculo político. Lo mismo los grupos de ultraderecha que se oponen al condón o a la distribución de la píldora del día siguiente, que autoridades que, como ocurrió el sexenio pasado en el DF, bloquearon, vetaron, la legislación que beneficiaba a las minorías sexuales, a las mujeres, o que eran parte de políticas de salud reproductiva más avanzadas, simplemente para no perder votos. Unos y otros, aunque se consideren entre sí enemigos, terminan estando hechos de lo mismo. En realidad, el conflicto no pasa por la religión o la ideología. Pasa por la tolerancia, la educación, el sentido común y la capacidad de comprender al otro. Virtudes de las que muchos personajes públicos carecen.

Secuestros “de alto impacto”

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

Ante la ineptitud de los gobiernos federal y capitalino, los familiares recurrieron a un ex funcionario que en días averiguó lo que las policías no pudieron en meses

Antes del trágico y lamentable desen-lace del secuestro de Fernando Martí, el hijo de 14 años del empresario Alejandro Martí, que apareció muerto el viernes pasado, se hablaba en el gobierno federal de “dos secuestros de alto impacto”.

Así se refieren a los secuestros que involucran a personajes de alto perfil de la vida política, económica o social. En ambos casos, las instancias oficiales —llámese PGR, Procuraduría capitalina, AFI— fueron inútiles y ante las torpezas oficiales y por temor a perder a sus familiares, los empresarios involucrados optaron por buscar a consultores o negociadores privados.

La familia Martí, después de haber pagado un rescate de varios millones de dólares sin recibir a cambio la liberación de su hijo, y ante la ineptitud mostrada por las instancias de gobierno a las que recurrieron desesperados tras el fracaso de un negociador privado, optaron por recurrir a un ex funcionario público, experto en temas de seguridad y hoy dedicado a la consultoría privada.

A principios de la semana pasada buscaron al ex funcionario y le pidieron que les ayudara a saber qué había sido de su hijo y por qué los secuestradores no habían vuelto a contactarse con ellos. No fue sino hasta que este personaje tomó el caso en sus manos que empezaron a surgir pistas y a arrojar resultados las investigaciones. Lo que no pudieron lograr los actuales funcionarios de la AFI o la SIEDO o la PGJDF en meses, lo hizo el ex funcionario en unos cuantos días.

Fue este consultor el que sugirió a la familia la publicación del desplegado aparecido el miércoles 30 de julio, en el que se dirigían al “Grupo de la Flor” y les ofrecían “2 millones de razones para que nos regresen a nuestro hijo”. El ofrecimiento era de 2 millones de dólares, adicionales a los 6 millones que ya habían pagado, si los secuestradores entregaban con vida al muchacho al que se llevaron a finales de mayo de los rumbos de Ciudad Universitaria.

Las pesquisas realizadas por el asesor contratado por la familia Martí, que incluyeron la posible participación de personal de seguridad de la familia o la participación de ex policías, llevaron al funesto desenlace del viernes 1 de agosto, cuando se logró identificar el cuerpo sin vida del joven de 14 años, que apareció en la cajuela de un auto abandonado en Coyoacán y que tenía más de un mes fallecido.

La mecánica de esta Banda de la Flor, bautizado así porque deja crisantemos amarillos junto a los cadáveres de sus víctimas, fue la misma con la que el 5 de junio, unos días después de cometido el secuestro, abandonaron los cuerpos sin vida del chofer Jorge Palma Lemus, de 61 años, y el guardaespaldas Cristian Salmones Flores, de 25 años, quienes habían sido secuestrados junto con Fernando cuando se detuvieron en un falso retén de la AFI. Al conductor lo torturaron y le arrancaron todos los dientes y al guardaespaldas lo ahorcaron, y creyéndolo muerto lo metieron a la cajuela del auto donde los peritos del MP aún lo encontraron con vida, aunque murió días después en el hospital.

Al parecer todo lo que no lograron indagar las instancias de seguridad oficiales, lo ha logrado el ex funcionario policiaco en apenas unos días, aunque la muerte del joven Fernando Martí ya había sucedido.

Sobre el otro secuestro “de alto impacto” que aún queda sin resolverse, tiene que ver con una historia igual de dramática e indignante que la de la familia Martí y la de muchas otras familias, quizá no “de alto impacto”, que viven el infierno de un secuestro. Es también un joven hijo de un prominente empresario y ex funcionario público que lleva varias semanas secuestrado sin que hasta el momento las autoridades hayan logrado avanzar en las indagatorias o detener a los secuestradores. ¿Qué esperan las autoridades para acabar con los funcionarios ineptos? ¿O tendrá también que recurrir esta familia al ex policía que ha resultado mucho más eficiente que todo el aparato de seguridad federal y de la ciudad?

NOTAS INDISCRETAS... El dato lo da una fuente de alto nivel: en territorio chiapaneco se localizaron hace unas semanas dos campamentos en los que unos 300 jóvenes recibían entrenamiento insurgente. Los campos contaban con equipamiento para entrenar a nuevos guerrilleros y se habla incluso de algunos detenidos. Lo que la fuente no precisa bien es si esos campos pertenecían al EZLN y a otro grupo guerrillero. ¿Será que Marcos y los zapatistas reactivarán la lucha armada?… Paran los dados. Serpiente.

Lo hicieron esos desalmados

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Empezar a vivir y empezar a morir son sinónimos. Florestán

El viernes pasado escribía aquí No tengo palabras, sobre un secuestro que hasta ese momento, aunque desesperado, estaba en progreso, me decían. Y se lo contaba a usted así:

Yo ya conocía del caso por personas cercanas a la familia que cuentan, y he confirmado que hace unas diez semanas unos agentes hicieron el alto a un automóvil en el que viajaba un joven acompañado de un chofer y un escolta.

Se trataba de un retén de la Policía Federal, por lo que el conductor se detuvo. Una agente uniformada se acercó, mostró su identificación, y el ayudante abrió la puerta.

En ese momento, la mujer y otros agentes los encañonaron y se los llevaron. Era un secuestro y los federales unos delincuentes.

A los pocos días encontraron ejecutados a los dos acompañantes del joven y los secuestradores entraron en contacto con la familia, que recurrió a un negociador. Se fijó el monto del rescate y se pagó.

Por comentarios de cercanos, supe de su drama: pasaban los días y no devolvían al secuestrado, a pesar de haber cobrado el rescate.

Seguí el caso y estuve al tanto del desarrollo del secuestro: para desesperación de la familia seguían sin saber nada de su hijo.

Así llegué al martes cuando por la mañana, al abrir el periódico, encontré un inusual aviso de un cuarto de plana que decía:

“Grupo de la Flor. Yo les cumplí. Llevamos dos meses esperando a nuestro hijo. Tenemos dos millones de razones para ustedes si nos lo regresan. COMUNÍQUENSE”.

Por la desesperación, de inmediato supe de quién se trataba y de qué caso. Era el mismo secuestrado en el falso retén de la Policía Federal.

Yo, desde aquí, no encuentro palabras para decir lo que siento, y menos para describir lo que debe estar viviendo esa familia desvastada.

Pero sí las tengo para denunciar una vez más, y lo haré todas las veces que sea necesario, la forma en que se han disparado los secuestros, para los que escucho muchas teorías de las autoridades y muchas estadísticas oficiales, pero ninguna solución.

Y que se lo pregunten a las víctimas. Obviamente que sabía de quién se trataba y de lo que estaba pasando la familia. Y por un respeto me reservé el nombre.

Al día siguiente viajé a Beijing y lo primero que me enteré aquí fue que habían encontrado el cuerpo del pequeño Fernando Martí, muerto por sus secuestradores que antes habían recibido el pago del secuestro.

Y si la noticia me devastó, no puedo siquiera imaginar lo que deben estar pasando sus padres, sus hermanos, su familia; que unos criminales hayan raptado y asesinado a un joven, casi un niño de 14 años, es imperdonable.

Y si el viernes pasado le decía que no tenía palabras, hoy no sé qué decirle ante este drama, esta injusticia, este crimen, esta vileza.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Balance (y punto) final de la consulta

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Con un fraterno y solidario abrazo para Jorge Fernández Menéndez, en estos días de pena.

Algunos piensan que con repetir muchas veces una mentira, ésta puede transformarse en verdad.

Hay veces que se salen con la suya y un segmento importante de la población termina por creerles.

Pero éste no ha sido el caso con la “consulta ciudadana”, pues a pesar de que sus promotores dicen y repiten que fue un éxito, lo cierto es que poca, muy poca gente, puede tragarse una mentira de tal tamaño.

De hecho, la votación del pasado 27 de julio demuestra que ni los perredistas creyeron en ese ejercicio y se abstuvieron de respaldarlo.

¿No es cierto? ¿Es una visión sesgada? Vamos a los números:

La primera fase de la consulta fue en diez estados, donde el PRD concentra la mayor parte de su fuerza.

En nueve de esos diez ganó Andrés ManuelLópez Obrador en la elección presidencial.

Por eso echaron por delante esas diez entidades y dejaron para otras dos etapas los estados restantes.

Querían dar un golpe espectacular, con una copiosa votación, y que los porcentajes de participación ciudadana no bajaran debido al desinterés que causa en la población de 20 entidades federativas donde el PRD no pinta.

Fracasaron.

Su militancia los desdeñó y los ha ubicado en su lamentable realidad.

En los diez estados donde hicieron la consulta, se concentra 66% del total de la militancia perredista, que es decir 4.6 millones de inscritos en el padrón del PRD.

¿Y qué pasó con ellos?

Pasó que 61% de los militantes del PRD no acudieron a votar a la consulta a la que convocó López Obrador y operaron autoridades locales, el PRD y el Instituto Electoral del DF.

De acuerdo con los datos que dio a conocer Manuel Camacho Solís, que apareció ante las cámaras con una gélida sonrisa y las cifras en un papel que enseñó para la fotografía, en la consulta votaron un millón 793 mil 876 personas.

Ese dato es falso, pues votó mucho menos gente, y si apareció esa cifra fue porque hubo relleno de urnas y personas que sufragaron en múltiples ocasiones, como ocurrió en la elección interna del PRD.

Pero vamos a suponer que la cifra es verdadera. Si votaron 1.8 millones y el padrón de militantes del PRD en esos estados es de 4.6 millones de afiliados, ello quiere decir que sólo acudieron al llamado de su partido 39% de los militantes.

Esa es la mejor prueba de que el PRD va en caída libre: sufre el desdén de la mayoría de sus militantes, por sus posturas dogmáticas, intransigentes y pendencieras.

Si vemos el total de ciudadanos empadronados en la lista de electores en esas diez entidades, notaremos que hay 32.2 millones de personas inscritas.

En conclusión, aun admitiendo que fueran reales las cifras de los organizadores de la consulta, el abstencionismo de la población fue de 94.4 por ciento.

¿Son para festejarse las cifras de la consulta?

Para el PRD, obviamente, no. Para quienes no votaron, la respuesta es sí: hasta los perredistas se dieron cuenta de que las preguntas estaban manipuladas y no avalaron la consulta.

Las elecciones de 2006 dieron al PRD 8.6 millones de votos en esos diez estados.

Y si ahora sólo votaron 1.8 millones de personas, eso quiere decir que cuatro de cada cinco que votaron por el PRD en 2006, esta vez se abstuvieron y no participaron en la consulta.

La entidad más perredista del país, el Distrito Federal, también arrojó un saldo negro para los organizadores.

En la elección presidencial votaron dos millones 810 mil personas por el PRD en la capital mexicana.

Y si ahora en la consulta sólo votaron 827 mil ciudadanos, quiere decir que aquí en el DF 41% de los simpatizantes perredistas no fueron a votar.

Ahí están los datos duros y fríos. Si se quieren engañar ellos mismos, pueden hacerlo, pero la población ya les retiró la confianza.

Ese nivel de participación no da para convocar a una movilización nacional en contra de nada ni con el fin de llamar a una huelga general, que era la cereza del pastel en la estrategia golpista de López Obrador.

Sí da, en cambio, para que los perredistas sensatos hagan sus cuentas y vean que la confrontación permanente los está llevando al despeñadero.

¿Quién no tiene miedo?

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

El cobro a plena luz del día resultó una señal inequívoca de que policías estaban coludidos con los plagiarios

Cuando los secuestradores del niño Fernando Martí fijaron a la una de la tarde la cita para recibir el dinero del rescate, las autoridades del DF se dieron cuenta de que estaban infiltrados.

El cobro a plena luz del día, con la mayor impunidad, les resultó una señal inequívoca de que policías de la capital del país, del estado de México y federales estaban coludidos con los plagiarios.

Los criminales prometieron comunicarse en la noche para decir dónde entregarían a la víctima. Nunca más lo hicieron.

En diciembre, el respetado empresario Alejandro Martí anunció que había vendido la prestigiada tienda de artículos deportivos que lleva su apellido por 561 millones de dólares. Los que lo conocen aseguran que arrancó ahí una de las temporadas más felices de su vida.

Cualquier festejo posible se vio interrumpido cuando el 6 de junio, camino a la escuela, su hijo de 14 años fue raptado por una banda que, según las primeras investigaciones, inició dedicándose a robar camionetas de lujo y ahora también secuestra, ambos delitos, en el sur del DF.

Quién iba a pensar que el hombre a quien vendió sus tiendas terminaría siendo su consejero en los momentos más ácidos de su vida. El comprador, Alfredo Harp Helú, lo puso en contacto con una empresa privada especialista en negociar secuestros, con la que ha mantenido una relación de confianza desde que en 1994 estuvo secuestrado más de 100 días por la guerrilla del EPR.

Las cosas comenzaron a complicarse y el señor Martí optó por recurrir a otro buen amigo: Marcelo Ebrard. La Procuraduría del DF hizo suya la investigación.

Lo primero que le llamó la atención fue la voz del secuestrador encargado de negociar por teléfono: un tonito como de quien padece algún retraso mental o finge padecerlo, y el uso recurrente de frases infantiles como “ja, ja, ja, te la creíste”. Lo ligaron de inmediato a otros casos.

La autoridad capitalina decidió no compartir esta información con el gobierno federal… hasta que la familia entregó el dinero y no hubo rastro del niño por días.

Fue entonces cuando una tercera mano fue urgida a entrar en el rescate: el departamento antisecuestros de la SSP federal. Ya no hubo comunicación con los delincuentes. Hacía rato que habían asesinado al adolescente.

El viernes, los padres de Fernando, cuya muerte nos enluta y atemoriza a todos, tuvieron que reconocerlo por la dentadura. Su cadáver, confundido inicialmente con el de un hombre de 40 años, está irreconocible, al grado que el forense no sabe cómo murió.

Esta semana alguien va a tener que pagar al confirmarse que varios de los secuestradores estuvieron en la cárcel por robo y lograron salir… para reagruparse.

SACIAMORBOS

Las autoridades “le traen ganas” a Mendieta, un negociador privado que aconseja a las familias de secuestrados no dar información a la autoridad y que, queda claro, no siempre tiene éxito en rescatar con vida a la víctima. Le quieren integrar una averiguación previa.

Votos hacia el 2009

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

Cada partido político prepara su estrategia rumbo al 2009. Poco a poco las piezas se empiezan a juntar y la agenda de estos días está anclada a dos asuntos: la reforma petrolera y las elecciones intermedias. Después de varios meses de un clima de confrontación, cada uno de los grandes partidos ha decidido poner en orden la casa.
El 2003 y el 2009 tienen similitudes y diferencias que es necesario analizar. La recuperación del PRI después de perder la Presidencia —en 2000 y 2006— es similar en los dos momentos. Las elecciones locales de 2007 dejaron una ganancia importante para el tricolor, como sucedió con los comicios locales de 2001.

Una diferencia a su favor es que ahora el clima interno de ese partido se encuentra menos tensionado que hace seis años. Otra diferencia es que la función de bisagra en el Congreso de la Unión es ahora un factor destacado, porque durante el sexenio pasado hubo varios intentos fallidos. Las reformas son discutibles, pero han salido y el mérito lo han compartido el PRI y el Ejecutivo. Quizá por ello la identidad partidista del PRI se ha recuperado, subió 2.4% en un año y ronda el 25.8%. En cambio el PAN pierde 3.6% y pasa de 28% a 24.4% y el PRD pierde 1.9% y pasa de 14.2% a 12.3% (Consulta Mitofsky, junio de 2008).

Hoy el PRI, fuera de la polarización entre PAN y PRD, está en un empate con el PAN en 30.3% de preferencia, con lo cual puede pasar del tercero al primer lugar en la Cámara de Diputados, como sucedió en 2003 (EL UNIVERSAL, 4/VIII/2008). En este contexto se puede ubicar y entender la propuesta del PRI sobre la reforma petrolera, muy cercana a la del Ejecutivo pero mejor envuelta para evitar el conflicto por una privatización de Pemex. Esta iniciativa, que unifica al tricolor, protege los intereses priístas (contratismo, sindicato) y balcaniza a la empresa.

El PAN se despliega en varias pistas: un nuevo acercamiento en el tema petrolero con el PRI y una estrategia de unificación interna con la recuperación de figuras como la de Vicente Fox y la pretendida “guanajuatización” del país. A la hora de los votos el panismo intenta juntar sus partes y alinearse con los sectores más derechistas. Las piezas de Guanajuato, el regreso del foxismo y el acercamiento con el yunquismo forman parte de una estrategia para impedir una derrota que les dificulte gobernar en condiciones más desventajosas la segunda parte del sexenio, como les pesó en 2003.

Mientras PRI y PAN puntean, el que ha perdido votos y prestigio ha sido el PRD. Este partido, que estuvo a punto de ganar en 2006, tiene el segundo grupo parlamentario en la Cámara de Diputados, ha regresado a sus niveles históricos de voto duro, incluso hoy tiene una preferencia de voto más baja de sólo 13%. Con el viento en contra por su división interna entre Izquierda Unida y Nueva Izquierda, por una elección interna impresentable, que finalmente fue anulado después de cuatro meses, cuenta con el mayor nivel de rechazo de su historia: 43.1% frente a 27% del PRI y 23% del PAN (Mitofsky).

Sin duda, el desastre del PRD ha reposicionado al PRI y ha mantenido al PAN. Después de haber logrado un debate petrolero amplio, una consulta popular, ahora el PRD anuncia que presentará su proyecto de reforma petrolera como una forma de empezar a juntar sus piezas internas. Además de un proyecto energético atractivo, que pueda hacer contrapeso legislativo al PAN y al PRI, tendrá que hacer una reforma interna de grandes dimensiones. Sin duda lo primero será más fácil que lo segundo. Los costos que ha pagado el PRD por sus estrategias después de 2006 son tan altos, que lo han descolocado de forma importante rumbo a 2009.

Los rumbos de 2009 todavía podrán moverse, pero es probable que ya estén marcados los carriles y las medallas de oro, plata y bronce…

Petróleo y Solzhenitsyn

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

Efraín Pin Peña era un personaje de esos que le dan vida y color a los pueblos michoacanos. Guadalupano y mujeriego. La barriga inmensa le impedía verse las botas blancas que lucía los domingos para ir a misa. Sus enormes cachetes se veían chicos frente a su mostacho negro. En la cabeza, como dibujo de Abel Quezada, su inseparable tejana gris.
Un día llegó a casa y encontró una revuelta familiar. Sus hijos —nunca supo cuántos tuvo— estaban bronqueados por la televisión. Unos querían ver futbol y otros hacían causa con la mamá para ver la telenovela.

Pin Peña terminó con el problema de raíz. Abrazó el televisor, lo posó encima de la panza, caminó al patio y ante la mirada de toda la prole lo aventó al piso. Ordenó recoger los añicos y se fue a dormir, con la tranquilidad de haber apaciguado al rebaño.

Algunos perredistas fundamentalistas dejan ver la misma actitud totalitaria de Pin Peña frente a los problemas del país. Son capaces de arruinar todo y, luego, intentar gobernar sobre las ruinas.

No saben y no quieren convivir con quien piensa diferente. Y como no saben y no quieren vivir con quien piensa diferente, “toman” las instituciones por asalto.

El líder del los fundamentalistas ya amenazó con nuevas tomas de tribuna y bloqueos de carreteras ante el inminente dictamen de las iniciativas de reforma a Pemex.

No tienen propuesta para Pemex y tampoco tienen iniciativa, pero tienen mantas, adelitas, gritos, sombrerazos y pancartas para detener el proceso legislativo.

La política carroñera de seguidores de López Obrador es capaz de devastar sus centros de trabajo antes que respetar a las instituciones. ¿Ejemplo? El viernes pasado en su versión electrónica EL UNIVERSAL informó que en Los Cabos, Baja California Sur, los perredistas “sitiaron” los hoteles —igualito a sus diputados federales cuando sitiaron las tribunas del Congreso— por una diferencia entre un grupo de taxistas perredistas y otros transportistas.

Los choferes perredistas —agrupados en la vieja CROC priísta—, al puro estilo Pin Peña, prefieren hacer trizas un destino turístico que acordar rutas y condiciones de la modernización del servicio.

Igual piensan los opositores extremistas a toda reforma en Pemex. Preferirán ver volar al Congreso y a Pemex, a poner voluntad política en un acuerdo legislativo.

Nadie en los foros negó la declinación de nuestras reservas petroleras. Nadie tampoco negó la necesidad de fortalecer las finanzas y transparentar a Pemex. ¿Qué esperan?

Sólo tienen de su lado el viejo discurso, fundamentalista y dogmático, de loas al Estado todopoderoso. Ese mismo canto ultranacionalista y estatista. Esas mismas peroratas excluyentes que cantaban en la Unión Soviética, hace 40 años, para encarcelar a disidentes como Alexander Solzhenitsyn.

Ahora que murió Solzhenitsyn, y con el recuerdo de su novela Pabellón de cáncer, en la que, atacó poniendo en riesgo su vida, al sistema totalitario ruso, no es difícil imaginar a los perredistas fanáticos con poder, con mando en toda la fuerza pública.

Buscarían un Archipiélago Gulag mexicano a dónde enviar a todos estos “traidores y entreguistas” que buscan reformar y hacer fuerte a Pemex.

Como Pin Peña, pues, acabarían de un golpe con las diferencias que tenemos en Pemex.

***

Una nueva biografía de Manuel Gómez Morín, escrita por María Teresa Gómez Mont, hurgadora profesional y entusiasta de la correspondencia gomezmoriniana. Fondo de Cultura Económica.