agosto 18, 2008

'R.S.V.P'. por Paco Calderón

Peor imposible para AMLO

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Aferrado al tema en que ha venido neceando, ahora en un contexto inesperado y cuando sus aspiraciones no son precisamente las de mayor interés popular, Andrés Manuel López Obrador no ha tenido la sensatez, pero está muy a tiempo, de posponer otra de sus movilizaciones contra la reforma petrolera.

El mitin que encabezará está previsto para la mañana del 31 de agosto en el Monumento a la Revolución, con la mala pata de que la noche anterior se habrá realizado la marcha nocturna de quienes reclaman seguridad pública.

Cierto, la convocatoria para la” movilización patriótica en defensa del petróleo” fue anunciada con antelación a la de México Unido contra la Delincuencia, pero ésta se perfila tan concurrida que las comparaciones van a ser irresistibles.

Las dos están planeadas con réplicas en diversas localidades del país, de modo que para los objetivos de AMLO sería letal que la concurrencia a la demostración contra la inseguridad fuera superior y opacara sus concentraciones.

Todo ello, en cuanto a lo que sucede fuera del movimiento contra la reforma petrolera.

Pero López Obrador tiene además la desventura de que su casa, el Partido de la Revolución Democrática, está en llamas: desde antes de marzo, cuando a uno de los mejores hombres de la izquierda mexicana le dio su abierto, poderoso y contraproducente apoyo, el perredismo ha venido capoteando su más grave confrontación interna entre “leales” y “traidores”, y ahora lo menos que importa ya es saber quién ganó la dirigencia nacional.

Pese a ser una verdad obvia que el destino de Petróleos Mexicanos es más importante que cualquiera de los partidos políticos, y que López Obrador la esgrime frente a la crisis en que se debate el suyo, también lo es que no ha tenido el mínimo interés por aprovechar su traqueteado liderazgo en intentar que no prospere la fractura.

¿Resultado?: la sede nacional del PRD está tomada por los perredistas pejianos, y el Consejo Nacional de la presidencia interina chuchiana (única reconocida por las autoridades constitucionales) tuvo que sesionar en el refugio alterno de Ciudad Nezahualcóyotl, donde se ratificó a Guadalupe Acosta Naranjo para conducir el partido hasta febrero de 2010.

El desgreñadero perredista repercute, claro, en el papel que el partido y sus legisladores tendrán en la reforma petrolera.

Y vaya paradoja: aunque López Obrador terminó entendiendo que no se podía dejar que sólo panistas y priistas hicieran la reforma y avaló la redacción de una tercera propuesta basada en la del fundador del partido, Cuauhtémoc Cárdenas, la operación está en manos de la dirigencia interina y los legisladores que le disputan la conducción del PRD, que presentarán la iniciativa el próximo lunes.

Como sea, hoy lo prioritario es la seguridad pública; con todo en contra de su causa, quizás esta vez AMLO dé la sorpresa de recapacitar y deje para mejores días la defensa de lo que entiende por “patria”.

Secuestradores: sin piedad con ellos…

Juan Pablo Becerra-Acosta
jpbecerracostam@prodigy.net.mx
Milenio

El asunto es detener a estos terroristas. La impunidad de que gozan los secuestradores es de arriba de 90%. Es decir, que sólo uno de cada diez de estos desalmados pena por sus monstruosidades.

Para detener a esta gentuza es necesario contar con unidades de nuevos (nuevos, no contaminados) policías federales de élite en todos los estados del país. Puede haber 30 miembros por unidad antisecuestro en cada entidad, entre jefes y tropa. Serían 960 efectivos –unificados en una sola policía nacional antisecuestros–, adiestrados en los países con mejores grupos antiterrorismo, elementos que deberán disponer de lo mejor en tecnología y que deberán ganar un sueldo enorme: $100 mil pesos mensuales, parejos. Serían $96 millones de pesos al mes para evitar los tentáculos de la corrupción. Y que no nos vengan con que no hay dinero, porque la seguridad, el principal deber del Estado, no tiene precio: siempre hay spots, teléfonos, asesores, viajes, comidas, etcétera, que eliminar y prohibir para juntar esos $104 millones de dólares anuales que se requerirían.

Ya capturados estos monstruos, viene lo de la pena: debe haber modificaciones constitucionales y legales de excepción: el secuestro, por su calidad de terrorismo, debe ser considerado un delito federal, en el cual se establecerá, como penalidad única (para cualquier secuestro, no nada más en el rapto de niños y mujeres, o en el asesinato de una víctima), la cadena perpetua sin derecho a preliberación. Punto.

Los ministerios públicos deberán ser capacitados y asesorados permanentemente (por expertos de la UNAM y por los mejores despachos de penalistas del país, que trabajarían pro bono), a fin de que presenten sus casos de manera irrefutable. Así, no habrá el menor resquicio para que los secuestradores queden en libertad gracias a algún piadoso miembro del Poder Judicial.

Posteriormente, estos terroristas, que al secuestrar perdieron cualquier derecho, deberán irse a pudrir –para siempre– en una nueva cárcel de máxima seguridad vigilada por las fuerzas armadas, la cual deberá estar aislada de cualquier zona urbana o rural. Ahí, los secuestradores podrán realizar, el resto de sus vidas, actividades productivas para la sociedad, como la siembra de alimentos.

Finalmente, todos los bienes (negocios, casas, coches, dinero) de estos sanguinarios y de sus familiares hasta en tercer grado deberán ser confiscados. Va a ver usted si no los empiezan a delatar pronto en sus propias madrigueras…

Sin piedad con estos monstruos.

Secuestradores: sin piedad con ellos…

Juan Pablo Becerra-Acosta
jpbecerracostam@prodigy.net.mx
Milenio

El asunto es detener a estos terroristas. La impunidad de que gozan los secuestradores es de arriba de 90%. Es decir, que sólo uno de cada diez de estos desalmados pena por sus monstruosidades.

Para detener a esta gentuza es necesario contar con unidades de nuevos (nuevos, no contaminados) policías federales de élite en todos los estados del país. Puede haber 30 miembros por unidad antisecuestro en cada entidad, entre jefes y tropa. Serían 960 efectivos –unificados en una sola policía nacional antisecuestros–, adiestrados en los países con mejores grupos antiterrorismo, elementos que deberán disponer de lo mejor en tecnología y que deberán ganar un sueldo enorme: $100 mil pesos mensuales, parejos. Serían $96 millones de pesos al mes para evitar los tentáculos de la corrupción. Y que no nos vengan con que no hay dinero, porque la seguridad, el principal deber del Estado, no tiene precio: siempre hay spots, teléfonos, asesores, viajes, comidas, etcétera, que eliminar y prohibir para juntar esos $104 millones de dólares anuales que se requerirían.

Ya capturados estos monstruos, viene lo de la pena: debe haber modificaciones constitucionales y legales de excepción: el secuestro, por su calidad de terrorismo, debe ser considerado un delito federal, en el cual se establecerá, como penalidad única (para cualquier secuestro, no nada más en el rapto de niños y mujeres, o en el asesinato de una víctima), la cadena perpetua sin derecho a preliberación. Punto.

Los ministerios públicos deberán ser capacitados y asesorados permanentemente (por expertos de la UNAM y por los mejores despachos de penalistas del país, que trabajarían pro bono), a fin de que presenten sus casos de manera irrefutable. Así, no habrá el menor resquicio para que los secuestradores queden en libertad gracias a algún piadoso miembro del Poder Judicial.

Posteriormente, estos terroristas, que al secuestrar perdieron cualquier derecho, deberán irse a pudrir –para siempre– en una nueva cárcel de máxima seguridad vigilada por las fuerzas armadas, la cual deberá estar aislada de cualquier zona urbana o rural. Ahí, los secuestradores podrán realizar, el resto de sus vidas, actividades productivas para la sociedad, como la siembra de alimentos.

Finalmente, todos los bienes (negocios, casas, coches, dinero) de estos sanguinarios y de sus familiares hasta en tercer grado deberán ser confiscados. Va a ver usted si no los empiezan a delatar pronto en sus propias madrigueras…

Sin piedad con estos monstruos.

Arenas movedizas

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

Si por causa del agua hay guerras, imaginar lo que viviremos en el siglo XXI, me lleva a escenarios sin precedente. Veo el camino de la humanidad —en este enorme rompecabezas— plagado de tropiezos, que por la lógica de las nuevas tecnologías, serán experiencias más traumáticas que las vividas en el siglo pasado. La relativa estabilidad es frágil. Sabemos que hay una tensión militar en Irak. Otra similar en Afganistán. Regiones separatistas en diferentes partes del mundo. Se expresan los fundamentalismos de todo orden con extrema violencia. Los recursos naturales escasean y el equilibrio que se traduce en paz, se bambolea. Pobreza, ignorancia e insalubridad detonan la prueba más grande por la que pueden pasar las democracias. Sé que estamos transitando por una fase de la historia del hombre, que requiere de expresiones de poder, mucho más contundentes que las formas que hemos pretendido. Si bien el totalitarismo reprime libertades. Las democracias inmaduras, las exacerba hasta un grado de irreflexión, que confronta hasta llegar… o bien al inmovilismo —que contiene estancamiento— o de plano a la confrontación de ideas, que conlleva violencia. Fenómeno que por cierto, ya estamos experimentando, en una fase del México bronco que ha despertado. Irrefrenable. Irreconciliable. Inmisericorde. Cada día que pasa, desespera a más mexicanos, tener a un Presidente sin poder. Arrinconado. Cuestionado de manera constante por la ilegitimidad, que corre de la mano de la ilegalidad. Ya que a ésta le conviene el grado ingobernable padecido. Un Felipe Calderón que sale todos los días a tratar de convencer, con argumentos… a veces vacuos, a veces válidos. Casi siempre inalcanzables. No obstante su vocación democrática —querido lector— No obstante la mía. Más de una vez, quisiéramos ver a nuestro Presidente, dar un manotazo, que haga posible que se enderecen las instituciones. Vivimos en la fragilidad de un estado de derecho, que suena y huele a utopía. El tiempo del verbo de los políticos, siempre es a futuro. Todo… ¡se hará! Aunque nada esté hecho. Las frases suenan huecas. Los posicionamientos volátiles. Resolver la coyuntura. El hoy, es salir del atolladero. Mañana, las condiciones serán peores, pero nuevas. Es como estar en arenas movedizas. El movimiento implica hundimiento. Lo mejor es lo estático. Lo inasible.

El hombre, si es que quiere sobrevivir en este siglo, tendrá que encontrar la salida en la disciplina. No hay espacio para el caos. No hay tiempo para consensos. Sobre todo si son necios. No avanzar, esperando la voz de todos… es retroceder. Hace falta un estado nación: sensato, objetivo, pragmático, efectista… eficaz. Hay demasiadas opiniones sobre la mesa. Demasiados intereses mezquinos. El chantaje se ha vuelto moneda de curso legal. El grito intenta aparentar congruencia. La necedad, se disfraza de valor.

Veo el advenimiento de tiempos de confrontación. El mundo se precipita a un umbral conocido, pero olvidado. Si bien, la historia nos enseñó el horror de la xenofobia, hoy la prohijamos. Si se incurrió en el exceso, hoy lo cometemos. Si caminamos a una nueva forma de vivir, movernos, producir, trabajar, ser y hasta vivir. Desconocemos el horror del escenario al que nos acercamos. Los tiempos de paz, no es que estén por terminar. Ya han terminado. Solo falta darnos cuenta. La realidad de un presente, solo se entiende con el reposo de los hechos consumados y un poco de tiempo. Todo nos tendrá que pasar, para aquilatar su peso.

Secuestradores invisibles

Lydia Cacho
Plan B
El Universal

Los ‘madrinas’ han hecho los trabajos sucios; deshacerse de alguna persona o darles escarmiento a periodistas

Los ‘madrinas’ han hecho los trabajos sucios; deshacerse de alguna persona o darles escarmiento a periodistas
Se llama José R., es un tipo alto, norteño, bien parecido. Su esposa y sus hijos lograron escapar de este hombre que fuera policía judicial de Torreón, y luego madrina de la Procuraduría de Nuevo León.

Él fue capacitado por un grupo israelí que presta sus servicios en México para entrenar cuerpos especiales de policías. El procurador de Torreón creó un grupo especial antisecuestros, y este policía se capacitó tan bien, que pasó a formar parte de un equipo que se dedicaba a “rescatar” secuestrados que ellos mismos habían raptado. Luego intentó contratarse como guardaespaldas para una afamada familia de lecheros de Torreón; cuando su hijo fue secuestrado, este policía estuvo involucrado, pero nadie lo tocó. El sujeto practicaba técnicas de tortura con su esposa, frente a sus hijos. Fue entrenado para soportar e infligir dolor y terror.

José R. viajaba a Tamaulipas para comprar armas de alto calibre. Usaba a su familia de carnada para cruzar y tenía amigos de ambos lados de la frontera. Jamás fue detenido con sus cargamentos. Las armas eran vendidas a varias procuradurías. Cuando José R. utilizó sus contactos en PGR para averiguar en dónde estaba su mujer, ella denunció todo, la información puntual se le entregó a agentes de SIEDO, hasta los niños dieron detalles de su padre. Meses después, su expediente desapareció de la PGR. El hombre llamó para amenazar, fue grabado y se le dio la evidencia a las autoridades, hasta que un agente de SIEDO me dijo: Deje de preocuparse, señora, a ese tipo nadie lo va a detener, los madrinas no existen, son parte del sistema. Sé de buena fuente que el tipo ya no les molestará más. Así fue.

Cientos de hombres invisibles como José R. son eslabones entre el crimen organizado y las procuradurías. Son intocables porque durante décadas los madrinas han hecho los trabajos sucios de gobernadores, alcaldes, procuradores y empresarios corruptos que necesitan deshacerse de alguna persona, o darles escarmiento a periodistas incómodos. La ineficacia de los ministerios públicos, aunada a la corrupción e incapacidad de los jueces, les aseguraron carreras criminales fructíferas.

No son, como el cine mexicano les muestra, bárbaros de calaña pulquera y evidente malicia. Son sujetos que visten bien y se expresan como hombres ilustrados, la mayoría tienen entrenamiento paramilitar, no levantan la voz, actúan como hombres de poder, porque lo son. Manejan sumas de dinero importantes; tienen cuentas de banco en México y en Estados Unidos.

El tráfico de armas y el secuestro mueven millones de dólares en México. Ellos saben bien, que lo que conocen de sus clientes y las corporaciones estatales y federales a las cuales pertenecieron, les mantienen invisibles ante las autoridades. Los madrinas se han sofisticado con los años, se contratan para ambos bandos, se infiltran en la PGR, en SIEDO, en la SSPF, o nacen en ellas y se subcontratan con grupos criminales. Son producto del sistema político-policiaco que sigue vigente.

Mientras los políticos pelean por el rating de quién es más grande para abatir el secuestro, las cuentas bancarias y sus nexos con gobernadores y procuradores siguen intocadas por la PGR. La impunidad real no la siembra el secuestrador exprés del taxi callejero, que con 3 mil pesos queda satisfecho; él se cobija en el miedo sembrado por los hombres invisibles que el sistema de justicia mexicano prohijó y que sigue sin mirarles.

El jueves mágico

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Los gobernantes más poderosos estarán en Palacio Nacional el jueves porque no les queda de otra. La crisis de inseguridad es a prueba de maquillajes y pretextos. Por eso fue sencillo ponerlos de acuerdo.

De ahí a que, como por arte de magia, la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública deje beneficios a los ciudadanos hay un mundo de distancia. Los políticos irán a no resbalar, flotar y, si se puede, tratar de anotarse un tanto. Apellídense Calderón, Ebrard, Peña Nieto, Moreira, Bours...

¿Qué van a acordar, a resolver, a crear? ¿En cuánto tiempo? Una lectura de lo más documentado y serio que han dicho, publicado y producido autoridades, especialistas y analistas solamente en las últimas dos semanas permite armar un índice de cuatro demandas básicas. Podría ser útil para los políticos convocados a Palacio el jueves:

1. México necesita tener una policía eficaz y confiable. Parece el momento para una Policía Nacional de atribuciones muy amplias.

2. Se tiene que erradicar la peste bubónica del “sólo uno de cada cien delitos son castigados”. La fórmula exitosa en otros lugares es simple: proyecto claro, inteligencia, seguimiento, policías y jueces confiables, leyes incontrovertibles y dureza. Dureza legal, pero dureza, mucha dureza.

3. Renovación absoluta de las cárceles. El problema aquí no puede ser de dinero. Dinero hay.

4. Creación y recuperación de espacios públicos. Las sociedades libres, seguras, viven en sus calles, caminan en sus banquetas; las derrotadas por el crimen, atrancan y se encierran.

A ello hay que agregar que las acciones son urgentes y deben sentirse lo más pronto que se pueda.

Parece ser un asunto de sentido común. No de magia.

Demagogia estilo DF... en náhuatl y con skateboarding

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Apenas la semana pasada se informó que 70% de los maestros que dieron el examen de aptitudes para aspirar a una plaza no lo aprobaron. Esta semana se darán los primeros resultados de la prueba ENLACE y tampoco se deberían esperar muy halagüeños. El rezago en educación se refleja en muchos ámbitos, desde la competitividad hasta la seguridad. En el mundo existe una convicción generalizada de que se debe acentuar la enseñanza del inglés y varias naciones europeas han incorporado cada vez más el mandarín como una opción destinada a adecuar a los jóvenes al mundo que se configurará con la entrada plena de China a los mercados.

Mientras todo eso ocurre en el orbe, el Gobierno del Distrito Federal ha dado la orden, terminante, de que todos los funcionarios y buena parte de las escuelas deberán comenzar a estudiar e impartir náhuatl. Nadie puede tener nada contra la enseñanza del náhuatl, pero es de lógica común comprender que, en términos de utilidad para los jóvenes y los funcionarios del DF, se trata de una absoluta pérdida de tiempo, un absurdo: ¿cuántas horas tendrán que estudiar, en sus horas laborables, por ejemplo, los funcionarios, con el fin de aprender el antiguo idioma indígena y dominarlo?, ¿en qué mejorará su relación con los gobernados, en qué los hará más eficientes? En el caso de los estudiantes (e incluso de los funcionarios) y aunque alguno sin duda asegurará que se trata de una traición a nuestras raíces, ¿no sería mejor que aprendieran inglés y computación, como decía aquella criticada propuesta de Francisco Labastida, que luego se comprobó que era lo mejor de su campaña en 2000? Eso sí, Ebrard ha dicho que no podrá concurrir a las clases, obligatorias para todos los funcionarios, pero las seguirá a distancia, desde su oficina. Demagogia pura, como lo fue la obligación de los funcionarios capitalinos de ir en bicicleta a sus labores una vez a la semana. Nadie lo cumplió pero ha servido para realizar un gasto sustancial en bicicletas y en publicidad.

Es tan demagógica y absurda la decisión como la insistencia del secretario de Desarrollo Social, Martí Batres (como siempre siguiendo la línea del gran timonel López Obrador), de que la inseguridad deviene directamente de la situación económica y la pobreza. En términos muy generales se podrá decir que sí, pero la realidad indica que el crimen organizado, el secuestro, la violencia que estamos viviendo a diario, no tiene que ver con la pobreza, sino con la falta de valores, la destrucción de instituciones de seguridad, la corrupción que las permea y la impunidad en la que se mueven los delincuentes. Reducir la inseguridad a la pobreza es no comprender nada de este fenómeno... y criminalizar a la pobreza. De esa manera no podría explicar Batres, por ejemplo, por qué, pese a todos sus pesares, es el estado de Chiapas la entidad con menores índices de delincuencia del país.

Pero asumamos por un momento que Batres y su jefe pudieran tener razón. ¿Cómo explicar entonces que las medidas que se adopten pasen, como lo anunció uno de sus más cercanos colaboradores, Javier Hidalgo, encargado del Instituto de la Juventud en la capital del país, por la construcción de entre 20 y 40 pistas de skateboarding, para patinetas?, ¿quién le dijo a Hidalgo que el skateboarding, como se le llama a esta práctica típica de la ciudad de Los Ángeles, debe ser parte de una política social?, ¿quién le dijo, entre otras cosas, que es un “deporte” que el gobierno capitalino “debe rescatar” con nuestros impuestos, como antes ocurrió con las pistas de patinaje sobre hielo?, ¿qué tiene que ver con las expectativas y las necesidades de los jóvenes mexicanos, que pasan por la seguridad, la educación y el empleo?

Los problemas que aquejan a la capital son demasiado importantes para ser ridiculizados. Cuando la ciudad está agobiada por la inseguridad, la delincuencia, la falta de servicios, de transporte adecuado, cuando la corrupción sigue creciendo, no se puede jugar imponiendo la enseñanza del náhuatl o gastando dinero en pistas de skateboarding y presentándolos como una política social responsable.

Apenas el sábado, la Comisión de Derechos Humanos del DF emitió una recomendación a la Procuraduría Capitalina por la detención arbitraria, la incomunicación y las torturas que sufrió la joven apodada La Monse, detenida luego del extrañísimo y nunca explicado bombazo que se produjo el 15 de febrero pasado en la avenida Chapultepec. Como dice la Comisión, nadie puede prejuzgar si la joven es culpable o no de los hechos de los que se le acusa, pero su investigación demuestra que fue detenida e incomunicada arbitrariamente, desnudada, agredida sexualmente y torturada para que involucrara a otras personas en el supuesto atentado, mismo que, por cierto, está lejos de haber sido esclarecido.

Ayer mismo, mientras el Gobierno capitalino se ocupaba del náhuatl y las patinetas, se divulgó que por unos pocos pesos en prácticamente cualquier tianguis de la ciudad se puede comprar todo tipo de uniformes falsos de la AFI y de la PFP, como también los de las policías capitalinas, incluidas insignias y otras identificaciones. El comercio se realiza públicamente, a la luz del día y ninguna autoridad lo impide ni castiga.

Ayer mismo supimos también que, de los 13 policías que trabajaban con el comandante José Luis Romero Ángel, acusado de ser uno de los secuestradores y asesinos del joven Fernando Martí y que se presentaron “espontáneamente” ante la Procuraduría capitalina, cinco dieron datos falsos y no son localizables. Y en el colmo de la impunidad, los grupos afines a López Obrador y que apoyaron a Alejandro Encinas, encabezados por Dolores Padierna, tomaron la sede de su propio partido, el PRD, para tratar de impedir la reunión de su Consejo Nacional. Y, por supuesto, ninguna autoridad capitalina movió un dedo para impedirlo.

Tercera Revolución

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

El cerebro está hecho para encontrar regularidades, pautas, patrones. Incluso en donde no los hay. Hasta en lo que resulta de una convención, como el calendario, imaginamos horóscopos, repeticiones, milenarismos. Algo así ocurre con la idea del fatídico año 10. Hace tiempo que Enrique Krauze equiparaba la modernización salinista con las reformas borbónicas, causa indirecta del levantamiento de 1810 y con el porfiriato, terminado con las revueltas de 1910. Esta comparación tenía al menos alguna lógica, puesto que a cada periodo modernizador le correspondía una reacción “popular”. Pero para la mayoría de las personas, no es necesario que existan causas para que los ciclos mágicos se cumplan. Reitero, así funciona la mente.

El mito del año 10 ha sido recuperado ahora por quienes pronosticaban la revolución año tras año. Ya forma parte de la bruma del pasado, pero hace muy poco que en la izquierda se revisaba si las condiciones objetivas y subjetivas del proceso revolucionario se cumplían. Hace muy poco que se insistía en el agotamiento del Estado capitalista y la necesaria revolución.

La derrota que sufrió la propuesta restauradora en 2006 es el último eslabón. Ante la incapacidad de asumir los errores propios, el único camino posible es la invención de un enemigo formidable, a la medida del líder, claro, que debe ser enfrentado mediante la heroica lucha del pueblo. La suma de esta necesidad sicológica del derrotado, la tradición de la revolución imaginada de la izquierda y el mítico año 10 no dejan lugar a duda: estamos al borde de la Tercera Revolución.

Poco importa, en esta demencial visión, que 1910 no haya sido un año de levantamiento general en México, que 1810 haya resultado en una orgía de sangre y fracaso. No importa nada más que la realidad construida con esa mezcla de víscera y engaño histórico, rencor e ignorancia, resentimiento, estupidez. Con todas sus letras lo dicen compañeros de estas páginas: se trata de derrocar al gobierno. Y lo dicen quienes formaron parte de los gobiernos de la guerra sucia de los setenta, para mayor cinismo.

El bien primordial del Estado, consigo mismo, es la permanencia. Con la sociedad, es la seguridad. Por ambas razones, no debe el Estado consentir conspiraciones. Pero es la sociedad la que debe romper la camisa de fuerza mental que el régimen autoritario le impuso: es hora de aceptar que los fracasos tienen su origen en esa mítica Revolución que está por cumplir su centenario. Es hora de enfrentarnos, no entre nosotros, sino a la verdad.

LoLo va a lo suyo y muy bien

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Entiendo a López Obrador y lo entiendo muy bien, pero no a sus corifeos. Él anuncia todos los días que habrá violencia… y todos los días trabaja para que la haya. Sigue la sencilla tesis de “entre más pior más mejor”. Llama “traición a la patria” a que otros realicen lo que él propuso y publicó en su libro Un proyecto alternativo de nación: un Pemex complementado con la participación de capitales privados. Condenó, hace meses, y con entera razón, que Pemex abriera una refinería en Texas y no en México. Ocultó en su discurso incendiario que Pemex se vio obligada a irse a Deer Park para poder asociarse con Shell porque aquí la Constitución lo prohíbe, allá toda inversión es bienvenida. Por eso son ricos.

Que condene esa aberrante inversión en el extranjero, y oculte que es su oposición, y la de los Bartlett del PRI, la que obliga a Pemex a dar empleo a texanos y pagar impuestos a Texas, es comprensible en su lógica dinamitera. Exige construir refinerías en México y muchos firmaríamos su demanda, pero sabemos todos que Pemex no tiene el capital necesario porque aporta el 40 por ciento del presupuesto federal. Si la petrolera lo dirige a refinerías y exploración, como debería hacer, ese 40 por ciento debe salir de otro lado. Y no hay otro que una reforma fiscal. Lo sabe y por lo mismo también se opone a esa reforma. Ya se lo gritó al senador Carlos Navarrete: “¡Que se hunda Pemex, yo lo rescataré cuando sea presidente!”.

Esta dicho y avisado, publicado y gritado. Va a lo suyo y por su Destino Manifiesto, que es la Presidencia. Su corte más cercana y envilecida, los Bejaranos, Padiernas et al., está con él porque tendrían hueso. Pero hay intelectuales que, estoy convencido sin pruebas, no buscan secretaría ni paraestatal alguna. Luego ¿están ciegos y sordos? La maldición de Jaime Sánchez Susarrey comienza a cumplirse: “El regreso de Chucky, el muñeco diabólico”. Vemos al Terminator destruido comenzar a autorreconstruirse: las gotitas de mercurio dispersas se unen, el cuerpo vuelve a formarse…

¿Es vanidad intelectual?: “No me equivoqué hace dos años y no me equivoco ahora”. ¿Es así de simple? Las personas inteligentes que apoyan los referendos sobre la reforma petrolera, ¿no saben que el PRI presentó la suya? ¿Que Cuauhtémoc Cárdenas con buena parte del PRD tienen la suya? ¿Que el Presidente y el PAN aceptaron que la reforma podría salir de un acuerdo y no de la original, que es la que motiva el referéndum? ¿No vieron las casillas vacías en el primero ni leyeron que hubo gente que llegó a preguntar para qué era ese tinglado, la casilla de votación? ¿No vieron que ni creyendo las cuentas del Gran Capitán mostradas por Camacho, alcanzaron los votos del primer “referéndum” al número de perredistas en la ciudad más perredista que es el DF? No votó ni el PRD completo.

Los secuaces lumpenizados van por el botín que ofrece el PRD hecho gobierno como antes iban por el que ofrecía el PRI. Van al pillaje ambulantes, taxistas piratas, policías que reinstalaron las redadas para esquilmar 1500 pesos a familias pobres de jóvenes detenidos sin motivo en discos de a 25 pesos la entrada. Pero, ¿y los escritores, las periodistas, los caricaturistas, los editorialistas? No logran decirnos de dónde saldrían cinco refinerías si Pemex sigue aportando el 40 por ciento del presupuesto. No explican por qué está bien comprar gasolina a refinerías privadas, en Texas o la India, y es traición pedirles que se instalen en México y así den empleo a mexicanos y paguen impuestos aquí. Por qué es tan grave que compañías, privadas, que transportan petróleo en camiones, lo manden por ductos.

Todo lo que sería bueno para Pemex lo sería para México, pero malo para LoLo, El Loco López. ¿Hasta allá lo siguen? ¿Hasta esa inmundicia? Chucky está jugando a darle una ayudadita a la crisis mundial causada por los desorbitados aumentos a precios del petróleo y los alimentos. Nos avisa que explotará la bomba que está colocando. Está en lo suyo y ya lo escribió: desde la Presidencia alentará todo lo que hoy prohíbe. No va solo, sus paniaguados más voraces van también por lo suyo. Pero, ¿y la gente pensante que aún lo rodea?

No dejan otra alternativa para entenderlos que la vanidad: “No nos pudimos haber equivocado tan rotundamente”, dicen ignorando la noticia de que Hugo Chávez, a cuyos pies caen con sonrisa lela, invita a petroleras españolas que aquí rechazan.

Donde está el problema está la solución

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Se entiende que el gobierno federal y el capitalino quieran parecer prestos y expeditos a las demandas ciudadanas de mayor seguridad.

Pero una cosa es dar respuestas rápidas y otra dar respuestas eficaces.

Ante la indignación ciudadana, ni los gobernantes panistas ni los perredistas ni los priistas han estado a la altura de las circunstancias.

Los priistas presumen de mucha experiencia pero han cometido errores monumentales. En Sinaloa, a la salida de Juan S. Millán, regresó la ley de la selva. En el Estado de México se dieron el lujo de prescindir de Wilfredo Robledo y la situación es caótica: eligieron a la imagen sobre la eficacia.

Ninguno de los tres partidos pasa la prueba de la realidad.

Y esa realidad —al menos buena parte de ella— nos dice que el problema de la delincuencia está en la descomposición de las policías.

La solución a esa calamidad, paradójicamente, se encuentra en las policías.

Las policías, coludidas o penetradas por la delincuencia organizada, nos metieron en la vorágine del secuestro y la extorsión.

De ese hoyo sólo se sale con una buena policía.

A ningún lado vamos a llegar si a la Policía Judicial del Distrito Federal se le cambia de nombre a Policía Investigadora.

Le pueden poner Scotland Yard, si quieren, pero eso no va a solucionar el problema.

Tampoco va a disminuir el secuestro si únicamente aumentan los años de cárcel para los secuestradores.

Durante el gobierno de Ernesto Zedillo —que es cuando se desbocó la delincuencia organizada—, se aumentaron los años de cárcel a los secuestradores.

Con Fox, igual se incrementaron las penalidades.

Ahora vamos en 70 años de cárcel para un secuestrador, lo que equivale a toda la vida, y no se ha podido bajar el índice de secuestros ni la crueldad ni los homicidios.

¿Cuál es la solución?

La experiencia indica que la solución no está en seguir aumentando las penas.

Lo que se necesita es evitar que los delitos mayores queden sin castigo por falta de buenos policías y temor de los jueces que no sancionan debidamente.

El país no puede aguantar tanto tiempo con más de 100 ejecuciones a la semana ni con secuestros operados por policías.

Los gobernadores, incluido el jefe de Gobierno del DF, no gastan lo que la Federación les entrega para seguridad pública.

¿Por qué? Si no lo gastan es porque tienen el problema resuelto —lo cual no es cierto— o porque no saben cómo.

El corazón de la crisis está en las policías. Y ahí está la solución.

Tan sólo en la Zona Metropolitana del Valle de México, ¿cuántas policías hay?

Está la Judicial del DF (próximamente “Policía Investigadora”), la Bancaria e Industrial, la Preventiva, está la policía municipal de Ecatepec, de Nezahualcóytl, de Tlanepantla… una por cada municipio conurbado al Distrito Federal, además de la Judicial del estado y sus delegaciones, la de Seguridad Pública del estado, más la Ministerial, etcétera.

Todas tienen charola. Todas portan armas. Todas tienen patrullas. Todas tienen poder.

De seguro hay buenos elementos entre ellos, pero una gran cantidad son bandidos que se aprovechan de la multiplicidad de mandos, para delinquir.

Donde mandan todos no manda nadie.

¿Qué coordinación puede haber entre ese enjambre de corporaciones?

Ninguna. Y a río revuelto ganancia de delincuentes, con uniforme y sin uniforme.

Ahora bien, ¿por qué el gobiernos del Estado de México y el del Distrito Federal no pueden o no quieren ponerse de acuerdo para que haya una sola policía metropolitana?

Lo ideal es que hubiera una policía nacional, bien pagada y bien instruida, no sólo en el manejo de armas y la investigación policial, sino en valores como la lealtad a la ciudadanía.

Pero eso no va a ser posible por razones políticas y económicas: los gobiernos y los municipios que tienen a sus policías, con ellas controlan la calle.

Y controlar la calle significa el control de los ambulantes, de los delincuentes menores, de los giros negros, de los narcomenudistas, de los revendedores, del contrabando, de la piratería, etcétera.

Todo eso es dinero. Un mundo de dinero.

Ahí está el problema.

Y ahí está la solución. Por lo menos, una parte importante.

PRD: “clausurado”… desde 2003

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Espectáculo vergonzoso que niega democracia y política
La crisis de hoy viene de lejos, y explica el fracaso en 2006


Los perredistas que desde 2006 clausuraron la elección presidencial, el IFE, el corredor Reforma-Zócalo, el Congreso, toda posibilidad de diálogo con el gobierno de Calderón, y la eventualidad de que el derrotado se convirtiera en el más grande líder opositor mexicano, son los mismos que el pasado sábado clausuraron el PRD.

¿Qué significa que los mismos que gritaron al mundo “¡fraude!” en 2006, que por esa razón clausuraron todas las instituciones del Estado, hoy clausuren su propio partido, luego de que son parte del monumental fraude para renovar la dirigencia?

Triste y vergonzoso el espectáculo del lumpen amarillo —con Noroña y Padierna a la cabeza—, y que confirma la razón del fracaso del más importante proyecto político electoral de la llamada izquierda mexicana; una derrota más allá de la crisis que hoy vive el PRD, que se enquistó desde antes de la derrota de 2006, y que en el fondo explica la derrota de eso que los vencidos quisieron ver y vender como fraude.

Todos están de acuerdo en que el PRD vive su peor crisis; de identidad, ideológica, de extravío programático y de liderazgos. Lo que no todos quieren ver es que el divorcio, la fractura, la división no se gestó hoy cuando se pelea por el control del partido, tampoco cuando los perredistas se creyeron el sueño y el cuento de invencibles, sino cuando tiraron a la basura todo su capital histórico, toda su doctrina y todos sus principios, con tal de llegar al poder.

El espectáculo vergonzoso, que niega la política y la democracia que pregona el PRD —parte de su ideario y doctrina—, de clausurar un partido por los mismos dirigentes que se niegan al juego democrático básico de saber ganar y saber perder, muestra con toda claridad quiénes son los amarillos, de qué están hechos, hasta dónde son capaces de llegar y, más importante, confirma que no estaban muy alejados quienes advertían sobre el “peligro para México”.

Nadie se salva; ni Los Chuchos, Los Amalios, los Gómez, los Bejarano, los Encinas, Noroña o Padierna. Lo que está claro es que uno de los dos grandes bandos, el de Los Chuchos, tiene el control del partido, del Consejo Nacional, de los delegados a la Asamblea, y de no pocos centros reales de poder, como el Congreso. ¿Por qué es importante esa aclaración? Como la democracia ciudadana, la democracia partidista se sustenta en mayorías. Y Los Chuchos la tienen en el PRD. Ese es el gran problema: cultura democrática. O incultura democrática. Los que hoy clausuran al PRD lo han clausurado todo en ese partido desde 2003.

Baste recordar que desde ese 2003, con todo el peso del Gobierno del DF, de la popularidad y de aliados nada democráticos —como los que hoy clausuraron al partido—, López Obrador asaltó al PRD. Con las peores artes de la política —engaño, intriga, chantaje y amenaza—, cometió parricidio político contra Cárdenas, eliminó a Rosario Robles, e impuso al “pelele” de Leonel Cota como dirigente del PRD. No se quedó allí. Metió al partido a lo peor del PRI, porque la prioridad era el poder.

Más aún, eran un estorbo la doctrina, los principios, la ética, la congruencia, los valores, la autocrítica... todo fue sustituido por la antidemocracia, el culto a la personalidad, la adulación, el sometimiento de las ideas y las palabras al culto al infalible, imbatible y enfermo de soberbia que antes del 2 de julio ya había repartido el gabinete; culto al mesías del edén tropical. Ay de aquel que dijera no, porque era hombre muerto.

Todo eso, ese verdadero Frankenstein crearon y estimularon los amarillos desde 2003. Y en las elecciones de 2006 fueron víctimas de su propia creación. Los derrotó no el supuesto fraude, sino el adefesio que habían creado, que llegó al 2 de julio de 2006 empalagado con un poder que aún no tenía, y despertó el 3 de julio convertido en una montaña de resentimientos y odios aplastó al PRD por partida doble: la desmedida ambición de un mesías, y por la energía del resentimiento y odio ante la derrota.

La clausura del pasado sábado, en el fondo, no es más que un paso más de ese fracaso cultural, político e ideológico de una izquierda que da tumbos y que, les guste o no, muy pronto caminará por senderos distintos. Pero primero tendrán que pasar muchas semanas, meses o años de diván, para que digieran y acepten los errores. Por lo pronto hoy, y hasta febrero de 2010, mandan Los Chuchos.

EN EL CAMINO

Por cierto, el puerto de llegada para el mesías tiene las siglas PT. Al tiempo.

Política y delito: ayuda de memoria, 5

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

En mayo de 1984 matan en la Ciudad de México, al salir de su oficina, al conocido columnista Manuel Buendía. En febrero de 1985 matan en Guadalajara al agente de la DEA (Drug Enforcement Agency) Enrique Camarena. El vínculo secreto entre los crímenes es la hoy desaparecida Dirección Federal de Seguridad, que protege ambos homicidios.

José Antonio Zorrilla, director de la Federal de Seguridad, manda matar a Manuel Buendía, de quien se reputa amigo, para evitar que Buendía publique que comandantes de la Federal de Seguridad protegen a los narcos.

Al parecer Buendía confía sus descubrimientos a Zorrilla en una comida, como quien informa al jefe confiable sobre la irregularidad de sus subordinados. Pero el jefe es el jefe de las irregularidades y manda matar al periodista.

Meses más tarde, un grupo de sicarios levanta al agente de la DEA Enrique Camarena en las calles de Guadalajara. Lo lleva a una casa de seguridad donde es torturado y muerto por Rafael Caro Quintero, joven capo del cártel de Miguel Ángel Félix Gallardo.

El asesinato de Camarena genera protestas del gobierno americano y destapa la cloaca: queda claro que el narco trabaja con la protección de la Federal de Seguridad, radicada en la Secretaría de Gobernación.

El gobierno clausura la Federal de Seguridad. Crea una primera versión de lo que es hoy el Cisen, una agencia de investigación e inteligencia, no de acción policiaca.

Sólo hasta que cambia el gobierno cae preso el asesino intelectual de Manuel Buendía, el ex director de la Federal de Seguridad, José Antonio Zorrilla.

El nuevo presidente, Salinas de Gortari, regresa a puestos claves de la seguridad a distintos personajes de la vieja guardia. Revive al legendario Gutiérrez Barrios como secretario de Gobernación, nombra a un duro, Javier García Paniagua, como jefe de Seguridad del Distrito Federal.

El gobierno puede dedicarse entonces a lo verdaderamente importante: la modernización económica de México. La creciente arbitrariedad policiaca obliga a crear la Comisión Nacional de Derechos Humanos. El gobierno prescinde poco a poco de la vieja guardia.

En 1993 unos sicarios matan al cardenal José de Jesús Posadas, en Guadalajara. En enero de 1994 hay una rebelión en Chiapas. En marzo matan el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio. En septiembre matan al secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu.

En diciembre se devalúa la moneda y el país entra en la más profunda crisis económica de la era del PRI.

El negocio de la protección

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

El sociólogo Charles Tilly dice que el Estado tiene cuatro funciones principales:

1. Hacer la guerra para eliminar o neutralizar a posibles competidores, es decir, otros estados que quieran apoderarse del territorio nacional.

2. Eliminar o neutralizar a posibles rivales que se encuentran dentro de su territorio; por ejemplo grupos subversivos que aspiran a tomar el control del Estado.

3. Proteger a la población eliminando o neutralizando a sus enemigos.

4. Extraer tributos para tener los medios con el fin de llevar a cabo las tres primeras tareas coercitivas.

En el caso de México, la primera tarea del Estado fue fundamental durante el siglo XIX. Hubo varias invasiones de otros estados que trataron de apoderarse del territorio nacional. El Estado mexicano logró retener la mitad de éste. En los albores del siglo XXI no parece existir una amenaza externa para el Estado mexicano aunque, en cuanto a la segunda función mencionada por Tilly, éste todavía combate a pequeñas guerrillas como el Ejército Popular Revolucionario.

Por lo que se refiere a la cuarta función, con muchos problemas, y malos estándares internacionales, el Estado mexicano hoy tiene una estructura tributaria que le permite llevar a cabo las otras tres funciones coercitivas. Donde está el problema para el Estado mexicano es en la tercera función: no protege eficazmente a su población. No neutraliza ni elimina a los enemigos de la sociedad. En este sentido, la principal amenaza a la viabilidad del Estado mexicano se encuentra en la competencia y la colusión que existen con las mafias del crimen organizado.

Entender a las mafias

Para tratar este asunto, vale la pena recuperar el magnífico libro de Diego Gambetta, La mafia siciliana. El negocio de la protección privada. El sociólogo de la Universidad de Oxford estudió a los legendarios mafiosos de la isla italiana durante varios años. Con una perspectiva económica, sin asumir todos los mitos existentes, llegó a la conclusión de que el principal negocio de la mafia es la venta de protección, tanto en actividades lícitas como ilícitas.

Cuando se trata de actividades legales, la mafia sustituye al Estado en la medida en que éste no existe o es débil. La interacción ciudadana demanda a un árbitro que minimice los costos de transacción. Y si no existe un Estado que arbitre, pues los mafiosos son los que toman este papel. En el caso de la lejana isla de Sicilia, las autoridades del Estado italiano no llegaron por mucho tiempo lo cual obligó a la sociedad a “contratar” a los mafiosos para proveer seguridad y certidumbre en sus transacciones cotidianas. En este sentido, Gambetta implica que las mafias son un competidor nato del Estado.

Ahora bien, el asunto es diferente cuando se trata de actividades ilegales. Aquí, por definición, el Estado no puede ni proteger ni regular actividades que están prohibidas por ley. La mafia, entonces, es la que se encarga de estas tareas. De esta forma, en los mercados ilegales, los mafiosos sustituyen al Estado.

Estado y mafias en México

De acuerdo con fuentes oficiales, al principio de este sexenio, en México había varias Sicilias. Municipios aislados, sobre todo en zonas serranas, donde el Estado no llegaba y cuyo papel, siguiendo a Gambetta, era sustituido por las mafias. El gobierno de Calderón decidió corregir esta situación enviando al Ejército Mexicano a recuperar estos territorios. Al parecer se logró el objetivo. Pero el reto para estas comunidades sigue ahí. Se trata de construir las instituciones que efectivamente provean protección a su población. Porque sería un error, y hasta un fracaso, dejar al Ejército en estos territorios de manera indefinida.

En cualquier caso, este fenómeno es aislado en ciertas poblaciones. En la mayoría del territorio nacional todavía no llegamos al punto de que, a falta de Estado, la sociedad recurra a los grupos mafiosos para comprar protección y certidumbre en las transacciones cotidianas.

Donde sí estamos metidos en un berenjenal es en el tema del Estado, las mafias y la economía ilegal. Para empezar, hay muchos grupos que económicamente viven en la ilegalidad y que operan gracias a la protección que les da el gobierno. Se trata de clientelas electorales de los partidos gobernantes quienes le venden protección a cambio de dinero ilícito y votos en las elecciones. Ahí está el caso del Distrito Federal donde taxis pirata, ambulantes e invasores de terrenos son protegidos por el PRD que gobierna la capital. Se trata de una sociedad simbiótica entre un Estado medio mafioso con grupos económicos ilegales claramente liderados por mafiosos.

Pero donde el tema es más complicado es en el de los mercados ilegales más arriesgados y por tanto más rentables: el robo de coches, el tráfico de drogas, el secuestro y el asesinato pagado. Aquí está, quizá, el mayor talón de Aquiles del Estado mexicano. Un Estado rebasado que no ha conseguido proteger a la población de los enemigos sociales que medran con estos negocios. Lo peor del caso es que son los mismos agentes del Estado, las policías, los que integran las bandas mafiosas o los que las protegen.

Para quitar el sueño

Toda esta discusión nos lleva a preguntarnos quiénes son los que verdaderamente protegen a los ciudadanos en México. ¿En manos de quién estamos? ¿No será que las mafias del narcotráfico, del secuestro, del contrabando, del robo de automóviles, en fin de todo lo que caracteriza al mundo más siniestro de la ilegalidad, ya le hayan ganado el negocio de la protección al Estado o, peor aún, se hayan asociado con éste y sean, en conjunto, los que hoy “gobiernan” el territorio nacional?

No lo creo, pero a veces parece que sí. Y eso debe quitarnos el sueño.

La estupidez crónica de la izquierda

Rafael Cardona
racarsa@hotmail.com
La Crónica de Hoy

Cuando uno ve el edificio de Benjamín Franklin cerrado y con un cartel de clausurado, igual a la manta gigantesca con la cual estos mismos patriotas revolucionarios y demócratas cubrieron hace meses la tribuna de la Cámara de Diputados no queda sino reírse de ellos.

Crónica en español quiere decir relato de las cosas en el tiempo, pero también significa condición permanente. La evolución de una enfermedad crónica puede ser relatada y de ella se hace una crónica. Un detalle del paso del tiempo. Recuerdo una crónica maravillosa de un periodista francés, Jean Francois Rêvel, quien escribió a lo largo de tres meses un relato pormenorizado de cómo avanzaba el crónico cáncer hasta matarlo.

También tengo en la mente a Julio Derbez con su Crónica del intruso, con un afortunado y diferente final.

Pero no es esta columna acerca de estas lecturas, sino de otra cuestión crónica, ésta en la vida mexicana: la facilidad como la izquierda se envenena a sí misma con altas dosis de dogmatismo, intolerancia, aprovechamiento innoble, estulticia a mares; fariseísmo, fantasía, mercantilismo e innumerables traiciones.

Cuando uno ve el edificio de Benjamín Franklin cerrado y con un cartel de clausurado, igual a la manta gigantesca con la cual estos mismos patriotas revolucionarios y demócratas cubrieron hace meses la tribuna de la Cámara de Diputados no queda sino reírse de ellos.

“…Pero no nos prestamos a la provocación. Esa etapa ya ha terminado. Iremos de nuevo a la calle, a analizar los problemas inmediatos del país, a examinar los actos del gobierno, a iniciar una etapa diferente en la vida de México, para que nuestro programa, que ahora se incorpora al rumbo del poder público (el gobierno de Ruiz Cortines), se lleve a cabo en breve plazo. ¡A trabajar por ese programa! La victoria ha sido enorme, pero pequeña junto a las que nos esperan. ¡Los compañeros que se cansan de luchar que se vayan a sus casas! Otros se quedarán”.

Eso lo dijo Vicente Lombardo Toledano en 1952. Los ingredientes del discurso son los mismos: el programa de una revolución proletaria o en beneficio de los pobres, según el caso; el avance de las causas justas, la calle como escenario natural de la dignidad política, la denuncia de los provocadores, el desprecio de los diferentes; la analogía permanente entre la agitación política y el trabajo; el “stajanovismo” de la movilización de masas…

“…Que se vayan a sus casas….”

Hoy los mismos grupos por cuyo enfrentamiento el PRD lleva meses y meses sin ser capaz de resolver una simple elección interna, mientras medio país se burla de ellos, pretenden realizar un Consejo Nacional pero los ingredientes de su explosivo y purgante cóctel son los mismos. Nueva Izquierda contra Izquierda Unida, el pejismo contra el chuchismo. Y en eso se van a llevar la vida mientras otras corrientes políticas, con pleitos, broncas y pendencias, van más o menos en el arreglo de sus circunstancias y el avance de sus posiciones.

¿Adónde va un partido cuyo ejemplo mayor de talento político es el señor Gerardo Fernández Noroña? Pues de seguro no va a la victoria.
Hoy tienen una sede clausurada y una sesión política en domicilio casual y transitorio. Les impidieron usar el centro de convenciones de Abraham González y avenida Morelos y se fueron con la música a otra parte. Se marcharon del DF y hallaron cobijo en Ciudad Nezahualcóyotl, al pie de un enorme coyote rojo.

Guadalupe Acosta Naranjo, presidente sustituto —podría serlo hasta el año 2010—, no goza de la simpatía de AM López quien ha lanzado al ataque a sus “adelitos”.

“Aquí vamos a estar —dijo Gerardo el Magnífico—, hasta que Acosta Naranjo dimita del cargo. Propusimos a Lázaro Cárdenas Batel para que se quede al frente del partido.”

Y don Lupe, amagado en sus oficinas casi como los disidentes atacaron a Carlos Romero Deschamps, pero sin golpeadores para reventar la ocupación, se les queda mirando y nomás les dice:

“No acostumbro recibir órdenes y no estoy de acuerdo con que el Consejo Nacional sea sustituido por San Luis… Potosí”.

Si estos hubieran estado en los juegos olímpicos de Pekín, todavía estarían azuzando a Minoran Cavic para pedirle al COI, un “dedo por dedo, alberca por alberca” y quitarle la medalla de oro a Phelps cuyo triunfo se dio nada más por lo negro de una uña. Ya habrían invadido y clausurado el “Cubo de agua” y el serbio sería hoy “medallista de oro legítimo”.

ERRORES Y MINFALDA

Se dijo ayer en esta columna: Mary Qant inventó la minifalda. Mentira, la inventó Mary QUANT.

Esta señorita, como todos sabemos, fue la creadora de un estilo notable en la moda mundial: el “Chelsea Look”. Ella, nacida en 1934, ha sido junto con Louis Reard una de las grandes benefactoras de la humanidad.

—¿Y cuál fue el mérito del señor Reard? Casi nada, el bikini (1946).

Como dijo un amigo mío en la playa mientras pasaba una de aquellas: “mira, eso es invento, no la pinche bomba atómica…”

La muerte de un niño

Jacobo Zabludovsky
Bucareli
El Universal

El único antecedente de un secuestro infantil en México con efectos traumáticos en el ánimo popular comparables al causado por el de Fernando Martí, ocurrió el 4 de octubre de 1945, cuando a las puertas de su casa en la calle de Liverpool, en la colonia Juárez, desapareció, en un descuido de su madre, Fernando (también) Bohigas de dos años y medio.

El comandante Jesús Galindo, jefe del Servicio Secreto, recibió la denuncia de los padres y repartió ese día fotos del niño en todo el país, Guatemala y Estados Unidos. Las estaciones de radio pidieron la colaboración del público y los periódicos dedicaron las cabezas de sus primeras planas a informar del asunto.

El robo de niños traía de cabeza a la policía por su frecuencia y el fracaso de las investigaciones.

El secuestro duró seis meses, mismos en que la noticia se mantuvo en el primer lugar del interés general.

El comandante Galindo siguió una pista que lo llevó a la colonia Moctezuma y rescató vivo al niño, secuestrado por una señora que no podía tenerlos. La mujer confesó, Fernando volvió con sus padres, el comandante Galindo se colgó la medalla y Salvador Novo escribió: “El caso del niño Bohigas que trae tan excitados a los periódicos, me parece incompletamente abordado por cuantos apresuran su opinión al respecto. No ven más que: a) algunos la final eficacia de la Policía: b) otros, la beatífica, cinematográfica dicha de los padres que lo recuperaron”. Y colorín, colorado.

Muy distinto el final del actual secuestro, porque otros fueron los motivos y diferentes las consecuencias: en el caso Bohigas, gratas para todos, excepto para la secuestradora que pagó su delito en la cárcel; en el caso Martí, la tragedia familiar y una conmoción social que unifica, por primera vez en mucho tiempo, a todos los mexicanos indignados, temerosos, decepcionados de sus dizque autoridades que, desorientadas y a la deriva, buscan soluciones en el cajón de sastre donde cayeron los fracasos de sus antecesores.

Nunca se ha visto en México tal desconcierto de los gobiernos federal y capitalino, ni tantos boticarios ofreciendo remedios infalibles. Cuánta ineptitud allá arriba y cuántos sabios a nuestro nivel. Mientras en lo alto no saben ni por dónde pita el tren, en lo bajo recuerdan el capítulo aquel del Quijote en el que uno y otro se confunden con sus rebuznos.

Una organización llamada Iluminemos México convocó a una manifestación callejera para el 30 de agosto y causó alarma tanto en el Zócalo como en Los Pinos. La primera reacción de los achichincles fue comprar las pilas que sus jefes desde hace tanto tiempo necesitan con urgencia. Cuando la lumbre les llegó a los aparejos, rescataron viejas propuestas de pánico como aumentar las penas de cárcel o cambiarles el nombre a grupos de policías delincuentes, ineficientes y corruptos. Vieron que la paciencia ha llegado a un límite y que darnos atole con el dedo o dorarnos la píldora ya no son conductas sensatas. El Presidente de la República, el jefe del Distrito Federal, los gobernadores de los estados y otros funcionarios y representantes de grupos dentro y fuera de la burocracia, van a buscar soluciones a un problema complejo y luego, sobre todo, a vigilar que lo acordado se cumpla.

No es tarea fácil. Al empezar a hurgar, abrir y destapar para reconstruir desde abajo, puede ocurrir lo que en los establos de Augías, que no se habían limpiado durante 30 años y la basura casi cubría a los 3 mil animales, bueyes por cierto. Se necesitaría que Hércules volviera para quitar la inmundicia y, de paso, escabecharse al perverso Augías y a sus dos hijos. Soñar no cuesta nada.

La prosaica realidad nos muestra la clase de establo en que vivimos los mexicanos. La mitología no vendrá en nuestra ayuda. Es distinto el tamaño de los protagonistas, empeñados los nuestros en ser los primeros en fijar fechas, convocar juntas, escoger lugares, listar invitados, decidir si se saludan o no, si se sientan juntos, si se toman la foto, si se pasan el chicle. Como si algo de eso o todo junto tuviera maldita importancia. Por fin, será el jueves.

La muerte de un niño viene a confirmar, por si alguien dudara, que no estamos preparados para enfrentar los problemas de fondo en México. Improvisamos de acuerdo al escape clásico del relajo mexicano: la frase oportuna, nunca el análisis de fondo. Otra vez lo mismo. Este jueves, o el otro. Este palacio o el otro. Estas conclusiones o las que sean. La experiencia nos agobia con la convicción de que todo se repetirá, seguirá igual. Los convocados se felicitarán con la satisfacción de quien ha cumplido su deber.

Sobre la pequeña lápida pondrán otra.