agosto 21, 2008

CNSP por Paco Calderón

Inseguridad: lo que está en juego

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Cuando el Estado fracasa en proveer seguridad a la población, ésta encuentra manera de protegerse. El primer síntoma de un Estado que no protege a sus ciudadanos es la aparición de bardas, muros y rejas en viviendas y comercios. Los ricos se encierran a vivir en unidades habitacionales que cuentan con todos los servicios (gimnasios, parques, albercas, etcétera) para no tener que salir a los espacios públicos que consideran peligrosos. Murallas y guardias privados, muchas veces armados, protegen estas minicomunidades privilegiadas. Los más ricos salen a la calle con ejércitos privados de escoltas. Esto ya es común y corriente en México desde hace varios lustros.

Sin embargo, la autodefensa ciudadana, por llamarla de alguna manera, ha venido escalando. La nueva ola de inseguridad ha generado que muchos ciudadanos comiencen a armarse. De acuerdo con una nota reciente de El Universal, “la compra legal de armas de fuego en México se incrementó llegando a dos mil 500 los ciudadanos que, en promedio, adquieren al mes por lo menos un arma en la tienda de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), único lugar autorizado en todo el país”. En promedio, 30 mil mexicanos están adquiriendo cada año un arma legal. Esto no toma en cuenta a aquellos que la compran en los mercados ilegales o la importan sin declararla.

La misma nota informa que, de acuerdo con la Sedena, “en el último año, las afiliaciones a los 500 clubes de tiro y caza aumentaron 500%” de tal suerte que sus “miembros obtienen el derecho constitucional de tener armas de mayor calibre”. No hay duda: ante la debilidad del Estado, los mexicanos se están armando.

Y luego viene el vigilantismo que está apareciendo en comunidades chicas. Por ejemplo, lo que ocurrió hace pocos días en Tlapanalá, Puebla. De acuerdo con un sitio de internet de asuntos poblanos, “un comando de cinco sujetos, que se hicieron pasar por integrantes de la Agencia Federal de Investigación (AFI), intentaron secuestrar la noche de este sábado a un comerciante quien resultó herido de tres balazos. Al percatarse de la situación, pobladores de este lugar detuvieron a los plagiarios e intentaron lincharlos. Tres delincuentes resultaron con traumatismo craneoencefálico y a uno más le cercenaron una oreja”.

La noticia de que el pueblo salió a defender a uno de sus habitantes fue reportada por los medios nacionales. Los presuntos secuestradores “estuvieron retenidos casi 18 horas en el palacio municipal vigilados por unos 200 lugareños”, dice el sitio mencionado. Al lugar llegaron las autoridades poblanas y, después de negociar, les entregaron a los delincuentes. A cambio, la comunidad recibirá “patrullas y armamento para que se defienda de las bandas de asaltantes y plagiarios”.

¿Se equivocan los mexicanos que se están armando? ¿Erraron los habitantes de Tlapanalá al linchar a los presuntos secuestradores? ¿Ese es el tipo de país que queremos?

Hoy en Palacio Nacional se reunirán las autoridades de los tres poderes y de los tres niveles de gobierno. El objetivo: hacer que el Estado funcione mejor en materia de seguridad. Ojalá la clase política esté a la altura del reto. Ojalá que esto no termine en un ejercicio más de retórica. Ojalá las autoridades tomen decisiones concretas y operables en los delitos que más agravian a la sociedad como el secuestro. De lo contrario, no nos sorprendamos de vivir en un país de más muros, escoltas, armas y linchamientos de presuntos criminales. Un país que retrocede al estado natural del que hablaba Thomas Hobbes donde cada individuo se defiende en contra de una muerte violenta. Una vida, como diría el filósofo inglés, “solitaria, pobre, sucia, bruta y corta”. Eso es lo que está en juego en México.

www.visitmexico.com

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
La Crónica de Hoy

Las crisis son oportunidades. A lo largo del año, el turismo ha enfrentado un panorama adverso, que no tiende a mejorar, sino a complicarse. Será un segundo semestre difícil. Las previsiones para la “temporada alta” de fin de año han tenido que ajustarse a la baja.

La contracción obedece a varios factores. En el ámbito externo, destaca el incremento en el precio del barril de petróleo y, por lo tanto, de la turbosina. Esto tiene un impacto severo en las líneas aéreas de todo el mundo, que han tenido que revisar sus planes de negocios. Cerrar rutas y reducir frecuencias son opciones a la mano para bajar costos de operación. Hace un mes las aerolíneas nacionales ya habían cerrado 44 rutas, pero no es el dato definitivo. Para un destino turístico es fatal quedar aislado.
También afecta, como resultado del colapso inmobiliario, la caída de la economía norteamericana. Los amagos de recesión en la tierra del Tío Sam le quitan el sueño a los prestadores de servicios turísticos en nuestro país, pues todos sabemos que el grueso de los visitantes extranjeros son norteamericanos y, en menor medida, canadienses.

En el ámbito interno, la inseguridad pública tiene en el turismo a otra de sus víctimas. Los reportes de hechos violentos, como secuestros, asesinatos masivos, hallazgo de cuerpos decapitados, por citar algunos ejemplos que saturan la prensa, generan mala imagen para el país en medios de información de todo el mundo. La inseguridad es ácido disolvente para los proyectos turísticos. Con lamentable frecuencia se equiparan los niveles de inseguridad de nuestro país con los imperantes en Irak, lo que desde luego desincentiva a millones de probables visitantes. Nadie es su sano juicio quiere pasear en un país donde se juega el pellejo.

Para que un destino goce de buena reputación, se requieren años de trabajo compartido. Para que ese prestigio se derrumbe basta un par de notas negativas que tengan resonancia mundial. Ni siquiera es necesario que haya muertos. Es un sector con sensibilidad extrema. Las noticias del conflicto entre taxistas y transportistas en Los Cabos, BCS, redujeron las reservaciones de grupos de diversos países que pensaban pasar en ese destino paradisíaco las vacaciones de fin de año.

Primer semestre

Todavía no resentimos el golpe. Las cifras correspondientes al primer semestre del año son positivas. Se registró un crecimiento del 7 por ciento en el ingreso de divisas en relación con el mismo periodo del año pasado. Once millones y medio de visitantes gastaron 7 mil 338 millones de dólares, con lo que esta actividad se mantiene como pilar del desarrollo económico, en particular en el rubro de generación de empleos. Con respecto al mercado interno, la derrama de la temporada de vacaciones de verano constituyó más que un respiro para los trabajadores formales e informales del sector. Destaca en este periodo la realización en la ciudad de México de la Conferencia Mundial sobre el Sida, que disparó la ocupación hotelera en el DF, lo que demuestra que el turismo de convenciones e incentivos es un filón que podemos aprovechar mejor. Hay, sin embargo, flancos débiles, como el turismo fronterizo y el de cruceros, que no repuntan.

Lo peor que podemos hacer es incurrir en el desaliento y sentarnos a esperar vientos favorables. Al contrario, procede redoblar esfuerzos, echar mano del ingenio y la imaginación de la que nos gusta presumir y sentar las bases para sacar mayor provecho en la próxima época de vacas gordas. La tarea es aumentar nuestra competitividad, rubro en el que estamos, como en el medallero olímpico, en la parte baja de la tabla, incluso atrás de países con menor nivel de desarrollo.

Hay que diversificar nuestra oferta, optimizar el servicio y buscar nuevos mercados. Turistas norteamericanos y canadienses de altos ingresos que pensaban viajar a Europa, han cambiando de planes por el alto costo del euro. Muchos de ellos no se quieren quedar con las ganas de viajar y encuentran en México una alternativa atractiva. Por el mismo fenómeno del euro, es una exigencia multiplicar las acciones de promoción en el Viejo Continente, pues ahora por la fuerza de su moneda, a los europeos les resulta relativamente barato pasar largas temporadas en países americanos. Vamos por ellos.

También está el mercado asiático. China se ha convertido en una potencia turística, por lo que cabe desplegar una estrategia integral, que incluya la simplificación de trámites migratorios y la prestación de servicios en mandarín, para acercar a los orientales a nuestros destinos. Hace poco Aeroméxico puso en marcha la ruta México-Tijuana-Shanghai, que puede servir de plataforma para aprovechar un mercado de viajeros que está creciendo a tasas alucinantes, superiores al 15 por ciento anual.

Motor de reserva

Un buen ejemplo de los esfuerzos por aumentar la competitividad es el inicio de operaciones de un Motor de Reserva en la página visitmexico.com. Se trata de un hecho trascendente, fruto de dos años de trabajo conjunto del CPTM y la Sectur, que incorpora tecnología de última generación a los servicios de reservaciones turísticas, justo cuando a nivel planetario se extiende la costumbre de comprar vacaciones por internet. Es la mejor forma de estar cerca de los potenciales viajeros en todo el mundo.

El servicio está disponible en ocho idiomas, para comprar en tiempo real servicios turísticos mexicanos. Se puede encontrar, por el momento, la oferta más completa de vuelos y hoteles, así como información de los principales destinos, pero la idea es que los interesados, incluso empresas medianas y pequeñas, puedan subir información. La promesa de las autoridades es que habrá lugar para todos en este aparador, paso previo a la creación de un Portal Integral de Turismo, que tendrá, aseguran, información pormenorizada de la oferta nacional. Sugerimos al amable lector visitar la página, conocer las ofertas y, si pueden, pasar el plástico de una vez.

CONSEJO EN PALACIO

Como hemos dicho, ninguna de las áreas del quehacer nacional, mucho menos el turismo, se sustrae de la crisis de seguridad pública por la que atraviesa el país. Encontrar una solución, superar la emergencia, motivó el llamado al Consejo Nacional de Seguridad que hoy mismo sesiona en Palacio Nacional. Aunque el encuentro ha generado expectativas, sería absurdo suponer que el viernes amaneceremos en un paraíso de seguridad. No caímos tan bajo en un día, y tampoco tomará un día salir del hoyo. La responsabilidad es de la clase política en su conjunto, ninguno de los tres partidos principales ha entregado buenas cuentas. Los ciudadanos tenemos derecho, por lo menos, a exigir que se revisen las estrategias, que se reconozcan equivocaciones y se corrija el camino. Nada de grilla. Si las autoridades que se congregan hoy mismo en Palacio Nacional salen con cierta claridad sobre lo que harán en los próximos días para enfrentar el desafío del crimen organizado, habremos dado un paso adelante. Si, por el contrario, lo único relevante es si asiste o no al evento Marcelo Ebrard, o si los fotógrafos lo pueden captar cerca de Calderón, entonces no estamos entendiendo, ni de lejos, la gravedad de las cosas.

Pemex: las pifias del PRI

José Luis Calva
Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM
El Universal

Entre la bibliografía sobre la industria energética que el rector de nuestra Universidad, José Narro Robles, puso a disposición del Congreso de la Unión (véase Gaceta UNAM, 28/VII/08), se encuentra el libro Política energética, UNAM-Porrúa, México, 2007, que tuve el honor de coordinar con la generosa coautoría de destacados especialistas universitarios.
Muchos de ellos participaron además en los foros organizados por el Senado, la UNAM y la Academia Mexicana de Ciencias, que en conjunto reunieron a más de 300 expertos. Así, tanto la investigación de punta sobre nuestra problemática energética como las más consistentes propuestas de solución han sido puestas a disposición del Congreso. No obstante, el debate continúa.

Más allá de ideologías, como economista no deja de sorprenderme la propuesta energética presentada en el Senado a nombre del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Como es sabido, su proyecto de Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional en el Ramo del Petróleo establece en su artículo cuarto: “El Ejecutivo federal podrá constituir, por decreto, organismos descentralizados con carácter estratégico filiales de Petróleos Mexicanos, con el objeto de realizar, por cuenta de aquél, las actividades de construcción de ductos y los servicios de refinación de petróleo, transporte, almacenamiento y distribución de hidrocarburos y derivados de éstos”.

Y puntualmente especifica: “En los términos de su propia ley orgánica, Petróleos Mexicanos y sus organismos subsidiarios, así como los organismos filiales referidos en el párrafo anterior, estarán dotados de plena autonomía de gestión y presupuestaria, incluyendo la regulación para la contratación de obras, adquisiciones, arrendamientos y servicios”.

Es increíble: se trata de la medida técnicamente más absurda desde el punto de vista económico. Pasa por alto: 1) los rendimientos crecientes a escala (dilución de costos fijos, compras en grande de insumos y servicios, etcétera); 2) los factores que condicionan el desarrollo del conocimiento y la tecnología —asociados a las economías de aglomeración y de escala, así como a las políticas industriales—, que han sido rigurosamente analizados por la investigación económica moderna, explicando el crecimiento y dominancia de las gigantescas empresas; 3) las externalidades positivas de los complejos energéticos.

De hecho, cualquier gran estratega empresarial o economista del desarrollo juzgaría como un disparate fragmentar una gran empresa industrial en numerosas empresas con “plena autonomía”.

Sin embargo, detrás de esta pifia hay un premio: el proyecto de Ley Orgánica de Petróleos Mexicanos presentado a nombre del PRI (en su artículo 19, fracción IX) otorga la facultad al Consejo de Administración de Pemex para aprobar la “desincorporación de los organismos descentralizados de carácter estratégico filiales”, es decir, la privatización por la puerta trasera.

Desde luego, todo esto contradice los documentos fundamentales del PRI. Su Declaración de Principios afirma: “En materia energética (el PRI) se pronuncia en contra de todo intento de privatización”. Y en su Programa de Acción, el PRI sostiene: “Es necesario emprender acciones que permitan la recuperación financiera de Pemex, establecer un régimen fiscal que le asegure contar con recursos propios y suficientes para cumplir sus objetivos, eliminando las filiales”.

Sigo con la impresión de que la mayoría de los legisladores priístas no han leído la propuesta energética presentada a nombre de su partido. ¡Aguas!