agosto 29, 2008

Respalda ODCA marcha de Iluminemos México

eluniversal.com.mx

La Organización Democráta Cristiana de América (ODCA), que preside Manuel Espino expresó su respaldo a la marcha contra la inseguridad "Iluminemos México".

A través de un comunicado, la ODCA informó que Espino no asistirá al recorrido del próximo sábado, sin embargo "sí habrá presencia de colaboradores" de la organización.

Dicha movilización se llevará a cabo el próximo sábado 30 de agosto en distintas ciudades del país, por lo que la ODCA expresó su "espíritu solidario".

La organización dirigida por el ex presidente nacional del PAN, Manuel Espino aseguró que las manifestaciones libres de los ciudadanos son una expresión democrática que los gobiernos deben atender sin menosprecio ni regateo alguno.

La ODCA insistió que "el grito de exigencia de la sociedad para reclamar paz, libertad y seguridad es una determinación" que la organización respalda.

Además la ODCA ha permanecido atenta a la evolución de la inseguridad en México, lo mismo que al esfuerzo del presidente Calderón para combatir el crimen.

¿Por qué marchar?

Ana María Salazar
salazaropina@aol.com
Analista política
El Universal

Si somos pocos los que participamos este sábado 30 de agosto en la marcha Iluminemos México, será un mensaje a toda la clase política de que no nos importa nuestra seguridad y la de nuestra familia y que nadie les va a recriminar su irresponsabilidad.

Una de las formas más importantes de expresión ciudadana en una democracia es manifestarse en una marcha. Para la mayoría de los ciudadanos el marchar será la única forma de expresar nuestra furia por los años de negligencia por parte de las autoridades corruptas e incompetentes. Marchemos todos para recordarles a los malvados que son mucho más los buenos mexicanos que los malos.

Marchemos por solidaridad a las víctimas de la delincuencia y la violencia en México. Para ellos esta marcha será uno de los pocos espacios donde, gracias a las multitudes, podrán exigir justicia y cambios, sin que ellos y sus familias corran riesgos.

Debemos marchar por Fernando Martí, por Silvia Vargas Escalera, por Alberto, Juan, María, José, Luisa, y todas aquellas personas que han sido víctimas de los delincuentes, sin importar su clase social, actividad económica a la que dedican, creencia o lugar de residencia.

Este sábado marcharemos además por los cientos de niños robados y desaparecidos en el país, y que la mayoría son hijos de comerciantes o de la clase trabajadora, según la Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos. A estos niños no sólo se los llevan para exigirles dinero a sus padres, sino para venderlos en adopciones ilegales, o, peor aún, para prostituirlos.

¿Por qué marchar? Porque nuestros hijos se merecen una oportunidad de vivir en un país en donde, cuando vayan a la escuela en la mañana, su mayor preocupación pueda ser no llegar tarde a clases o no olvidar su tarea. No deberían tener que preocuparse por ser la siguiente víctima de secuestro o del narcomenudeo que merodea sus escuelas. Nuestros hijos no se merecen vivir en el país con más secuestros en el mundo y uno de los más violentos. Con esta marcha les decimos a los secuestradores que ya basta, nuestros esposos, esposas o hijos no son mercancía que pueden disponer o desechar por dinero.

Marchemos en señal de apoyo a todos los funcionarios públicos que hacen su trabajo en una forma honesta y preocupados por el bienestar del ciudadano y por los que murieron cumpliendo su deber. Pero también al marchar les estamos diciendo a los funcionarios corruptos, malvados, flojos e ineptos que la sociedad les estará exigiendo que “no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, porque eso también es corrupción”, como lo dijo Alejandro Martí, padre de un niño asesinado por secuestradores.

En esta marcha les recordaremos a los partidos políticos y a los candidatos a las gubernaturas, legislaturas y presidencias municipales que hay elecciones en julio del año que entra, y que el tema sobre la mesa será la inseguridad en el país. ¿Cuáles serán sus propuestas? ¿Qué cuentas nos van a rendir?

Recordemos a Martin Luther King cuando dijo que “aquel quien acepte pasivamente el mal está igualmente involucrado que el que lo perpetúa. Aquel que acepte el mal sin protestar, en realidad está cooperando con éste”. No seamos cómplices de los criminales debido a nuestra complacencia.

Para más información de dónde marchar ir a los sitios electrónicos: www.iluminemosmexico.org.mx y www.anamariasalazar.com.

¡Suerte, Iluminemos México!

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

No tengo el optimismo de hace cuatro años, cuando el jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, se hizo cargo de la promoción de la inolvidable marcha contra el secuestro. Él y sus propagandistas nos insultaron sin parar, nos dijeron pirruris paranoicos. Y eso que las encuestas marcaban que 89 por ciento de los ciudadanos pensaban que el problema de la inseguridad era muy grave.

López Obrador, lo sigo creyendo, perdió en ese episodio los 250 mil votos que lo hubieran instalado en la Presidencia de la República. Y es que era una insensatez alinearse contra esa marcha, porque nunca habrá razón ni estrategia política que valga para despreciar el dolor ajeno.

Por eso hoy no hay político que se alineé contra Iluminemos México.

Ojalá me equivoque, pero no siento que haya la misma rabia del 2004. Ni la ilusión de entonces. Creo que muchos ya no quieren volver a entusiasmarse con la idea de presionar desde la calle a todas las autoridades, porque todas han fallado. Hay demasiadas derrotas en cuatro años para ser optimista.

Además, algunos de los grupos más notables de la sociedad en la batalla contra el hampa y la impunidad no bendijeron ni bendecirán la marcha de mañana. Sus razones tendrán.

Suerte a Iluminemos México. Y a cada uno de quienes van a marchar con la angustia y la duda de si hay escapatoria a este azar de horror que rige a México.

Suerte a quienes, como el 27 de junio de 2004, van a marchar para decirle a Alejandro, a Mati, a Silvia, a Nelson y a miles de nombres propios con tragedias consumadas, que la vida sigue y tiene que ser mejor sin Fernando, sin Silvita, sin sus, nuestros desaparecidos.

Suerte a la gente que va a llegar al Zócalo con su dolor. A la gente que no se piensa rendir.

Marchar, ¿eficaz?

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

(Primera de dos partes)

Para Silvia y Nelson

El domingo 27 de junio de 2004 cientos de miles de ciudadanos participamos en la marcha a favor de la seguridad contra la delincuencia, demandando del gobierno el cumplimiento de la única tarea que justifica su existencia y, por lo tanto, el cobro de impuestos. Esa tarea consiste, en caso de que haga falta recordarlo, en garantizar la seguridad de los gobernados contra la delincuencia y, en caso de fallar, en impartir justicia en sus dos vertientes: castigar al agresor y resarcir a la víctima. Han pasado más de cuatro años y las cosas en materia de seguridad y justicia no solamente no han mejorado, sino que han empeorado, por una razón que sobresale del resto: la complicidad de muchas autoridades con los criminales, complicidad que deja al ciudadano en la indefensión. ¿De qué se trata? No de un problema de redacción de la ley, o de aplicación de la misma, sino de ética, siendo la falta de la misma el principal problema que enfrentamos, en todos los ámbitos, los mexicanos. Ética.
Transcurrieron ya más de cuatro años de aquella “histórica” marcha y las cosas en materia de seguridad y justicia siguen, no igual, sino peor. Y escribo histórica entre comillas porque, a cuatro años de distancia, resulta claro que de histórica aquella marcha no tuvo nada, sobre todo si por históricos entendemos acontecimientos que marcan un antes y un después, antes y después que, en materia de seguridad y justicia, con relación a la mentada marcha, no existen. Puede ser que, en función de la cantidad de gente que, voluntariamente, acudió a la marcha, la misma pueda ser calificada de histórica. Pero no hay que olvidar que la marcha no fue un fin en sí misma, sino un medio de presión sobre los gobernantes para que, con honestidad y eficacia, cumplan con la única tarea a la que no pueden renunciar sin dejar de ser gobierno: garantizar seguridad e impartir justicia, tarea que siguen sin cumplir.

Ahora, de nueva cuenta, se convoca a los ciudadanos a una marcha, el sábado 30 de agosto, para, nuevamente, exigir a los gobernantes que cumplan con su tarea, exigencia que podrá tener cierta eficacia, pero no toda la que debería. ¿El nombre de la marcha? Iluminemos México. Ojalá y que esta marcha resulte más eficaz que la anterior, pero a mí me queda claro que ya podremos marchar todos los días, que las marchas no serán suficientes para obligar (y esta es la palabra que hay que usar: obligar) a los gobernantes a cumplir con su tarea esencial: garantizar seguridad e impartir justicia. Entonces, ¿qué medida puede resultar más eficaz? Es más, ¿cuál es, si de lo que se trata es de obligar a los gobernantes a que cumplan con su deber, la medida más eficaz? Dejar de pagar impuestos, mismos que se justifican, únicamente, si el gobierno garantiza la seguridad e imparte justicia.

¿Qué es lo único que justifica que el gobierno obligue al gobernado a entregarle parte del producto de su trabajo, es decir, qué es lo único que justifica el cobro de impuestos? Que el gobernante, con honestidad y eficacia (y en tales menesteres la eficacia comienza por la honestidad) garantice la seguridad e imparta justicia. Si no lo hace el cobro de impuestos pierde legitimidad, hecho ante el cual el ciudadano no tiene ninguna obligación moral (por más que la legal persista), de cederle parte del producto de su trabajo al gobernante.

¿Queremos presionar a los gobernantes para que cumplan con sus tareas esenciales? Dejemos de pagar impuestos, pero hagámoslo como debe hacerse. ¿Cómo? Lo veremos en la siguiente entrega.

Continuará.

La marcha, la desestabilización, la legalidad

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Mañana esperamos marchar, con muchos miles más, a partir de las seis de la tarde en la Ciudad de México, acompañando a manifestantes que lo harán simultáneamente en otras 60 ciudades del país, para exigir a la autoridades de los tres órdenes de gobierno que cumplan con su obligación de garantizar la seguridad de la ciudadanía.

Hace cuatro años, cuando se dio aquella magnífica marcha contra la inseguridad, quien entonces gobernaba la Ciudad de México, la descalificó, diciendo, públicamente, que era una marcha de “pirrurris” que en realidad querían afectarlo políticamente: que el descalificador gobernara la ciudad con mayor índice de criminalidad del país no era su problema. Ahora, días atrás, el inefable Gerardo Fernández Noroña sostuvo que todo el “escándalo” por la inseguridad se debía a que había muerto “un niño rico”, en alusión a Fernando Martí. El jueves pasado, a la entrada del Palacio Nacional, los provocadores de siempre, manejados por Noroña, insultaron a todo aquel que se atreviera a ir al Consejo Nacional de Seguridad Pública, comenzando por los perredistas, incluido Marcelo Ebrard. Y ahora, desde la más diversas fuentes surge otra expresión que se atribuye a López Obrador, que encaja perfectamente en esta lógica: qué bueno que todo esto sucede, habría dicho, según estos testimonios, porque es “un punto malo para Calderón y un pirrurris menos”. ¿Alguien puede sorprenderse entonces de que muchos de los secuestros sean cada vez más crueles, violentos, vejatorios para las víctimas, si se está haciendo apología del crimen y se le justifica con una versión tercermundista de la lucha de clases?

Nuestros políticos, muchos de ellos por lo menos, no entienden que la ciudadanía está cansada de tanta mezquindad y cuanto mayor es ésta, más amplio resulta el retroceso: hoy, según muestran todas las encuestas, el índice de rechazo a López Obrador es mayor que el que en su momento generó Roberto Madrazo entre potenciales votantes, mientras que las expectativas electorales del perredismo se derrumban por debajo de sus cifras históricas. Por eso la vía que le queda al lopezobradorismo y a sus actuales voceros, como Porfirio Muñoz Ledo o Manuel Camacho, es la amenaza, el chantaje de que debe caer el gobierno de Felipe Calderón para iniciar, ahora sí, una auténtica transición. Por supuesto, ellos se encargarían de conducirla por el bien de todos nosotros. El motivo esperaban encontrarlo en la inseguridad, pero, ante la reacción de la gente, que tomó en sus manos ese derecho, han decidido concentrarlo en el tema petrolero. Resulta paradójico que el PRD haya tomado tribunas, impedido el debate parlamentario, convocado a un inútil ejercicio de cien días, realizado una “consulta popular” (de la que ayer dieron los resultados, aunque todavía no terminan de contar los escasos votos que fueron emitidos hace semanas) y que, finalmente, presenten una iniciativa que no incluye nada nuevo y, en realidad, está por debajo, en el diagnóstico y la propuesta, de la que había presentado Cuauhtémoc Cárdenas hace ya meses. De todas formas es una propuesta que puede, en algunos términos, compatibilizarse con la del PRI y la del gobierno federal, incluida la participación privada en obras de Pemex. Lo único que se logró fue crispar a la opinión pública en un debate falso sobre una supuesta privatización que nunca estuvo sobre la mesa y paralizar al país otros seis meses, un semestre que hubiera sido muy importante para paliar, por la vía de la reactivación del sector energético, los efectos de la crisis económica internacional.

El lopezobradorismo apuesta ahora a una triple jugada, aunque sus fuerzas sean cada vez más escasas: por una parte, exacerbar la polarización social, mediante el tema de la inseguridad; por la otra, a través de la reforma energética, presentándola como “una entrega del petróleo a las multinacionales”, provocar una crisis de gobernabilidad y, por ese mismo medio, exhibir a los sectores del PRD a quienes considera “traidores” a su líder. Son objetivos ambiciosos, mas dependerá de la madurez de los otros actores políticos dejar ese esfuerzo en el vacío o abrirle un espacio para que prospere. Porque ninguno debería engañarse, el interés de esos grupos es deshacerse de todos, al costo que sea. Cerremos, como sociedad, también ese espacio, marchando el sábado en la noche.

Una tibia cultura de la legalidad

Según la Secretaría de la Función Pública, el presidente del Comité Olímpico Mexicano, Felipe El Tibio Muñoz, está impedido de ejercer cualquier puesto público por los malos manejos presupuestales en su paso por el gobierno en el sexenio de Vicente Fox. O sea que, un hombre inhabilitado por la SFP se convirtió en líder del COM, lleva las riendas del deporte olímpico mexicano y recibe para ello recursos públicos que legalmente no podría administrar. Olvidemos, por un momento, el pobre desempeño de nuestros representantes en Pekín; olvidemos que todos y cada uno de esos atletas han logrado mucho o poco con base, exclusivamente, en su propio esfuerzo, sin ayuda o apoyo de nadie, por lo menos, no de las instituciones del deporte olímpico; es más, olvidemos que enviamos una delegación oficial de 86 integrantes, pero que fueron muchos más los “dirigentes” que viajaron con todos los gastos pagados, incluidos los de sus familiares, y dejaron fuera a entrenadores, nutriólogos y médicos para los deportistas. Olvidemos todo eso y quedémonos sólo con un dato: ¿cómo puede ser que un hombre inhabilitado por hechos de corrupción comprobados por el gobierno al que perteneció pueda encabezar el deporte mexicano y seguir recibiendo recursos públicos que, para colmo, continúa manejando mal y discrecionalmente? ¿Cómo nos pueden hablar luego de una cultura de la legalidad?

Ramírez, ‘El Nigromante’, ¿palabras para hoy?

Juan María Alponte
México y el mundo
El Universal

Ignacio Ramírez, conocido como El Nigromante, nació en 1818

Ignacio Ramírez, conocido como El Nigromante, nació en 1818. Su padre, Lino Ramírez, federalista, fue partidario de las reformas de Gómez Farías que anticiparían las Leyes de Reforma de Juárez. Ello, sin más, se olvida. Su hijo, Ignacio Ramírez, definido como ateo y jacobino, tiene escritos que obligan a repensar su biografía. Uno de ellos, firmado el 16 de octubre de 1867 —La Muerte de Maximiliano— lo ratifica. Después de condenar las guerras del Imperio señala que el Partido Progresista, “despreciando la desatinada grita de Europa tiene un profundo respeto a sus propias convicciones”.

¿Cuáles? Las explica: “Arengando a la tropa y al pueblo hemos salvado a los principales reaccionarios de Hermosillo. Cumplimos así con la Constitución de 1857, que hemos jurado…”.

Añade: “Pero ¡matar a un hombre con las formalidades de un juicio! No culpamos al Consejo de Guerra; sus miembros tenían obligación de obedecer; pero el superior y el gobierno, a quienes se permite y toca deliberar, ¿buscaron la venganza? Eso es indigno. ¿Quisieron imponer un castigo? La primera de las leyes, la Constitución, protegía la cabeza del reo. ¿Procuraron impedir un nuevo crimen de parte de Maximiliano? ¿Sabían, por ventura, que volvería al trono de México? La Europa y el criminal no les merecían ninguna consideración, pero debieron respetar la Constitución que les ha concedido las armas para salvarla y no para corromperla. Salvando a Maximiliano y sus cómplices en nombre de nuestro Código, ¡con cuánta admiración hubiera sido proclamada como divina la primera ley que contiene palabras de vida para nuestros enemigos… Si los que convirtieron las tablas de la ley en una piedra de sacrificios como la de Huitzilopoxtli pueden, consultando con su conciencia, jurar que han salvado a la patria, dignos son de respeto por sus servicios, y de piedad porque la suerte los condenó a tan duro ministerio; levanten con mano firme el corazón de la víctima y declaren los agüeros de su propia fama ya que la patria no necesita de tan funestos auspicios…”.

Leyéndole, al Nigromante, que dijo que no creía en Dios, pero parece lo contrario y su respeto a la ley conmociona, pensaba si había leído, él, a su vez, la memorable carta de Víctor Hugo a Juárez (28 de mayo de 1867) en la que le pedía no condenara a muerte a Maximiliano: “… Usted viene de vencer las monarquías con la democracia. Después de ese golpe del rayo, revelad la aurora. Al cesarismo que masacra, mostrad la república que deja vivir. A las monarquías que usurpan y exterminan, mostrad al pueblo que reina y se modera. A los bárbaros mostrad la civilización. A los déspotas mostrad los principios”.

De principios hablaba El Nigromante. En el mismo año, en un texto titulado El Atentado, El Nigromante condenaba otros horrores: “Hemos oído al general Ortega que en el estado de Zacatecas, en los tres años de la revolución por la Reforma, fueron ejecutados más de 2 mil ladrones; será mucho suponer que desde la Independencia hasta nuestros días ha matado la Justicia a razón de mil por año: ¡46 mil ajusticiados por robo! ¡Y los robos continúan! Nosotros también hemos creído que el terror era una medicina. Las autoridades militares, en tiempos de guerra, tienen necesidad de ensangrentarse no sólo cuando pelean, sino cuando juzgan, pero en la paz, cuando la miseria pide un pan a la misma muerte, ¡46 mil cadáveres dicen a sus jueces: Nosotros, ladrones, vosotros asesinos!”.

Esas impresionantes palabras del Nigromante, nos plantean, conciencialmente, ante la tragedia de los secuestros, un tema capital: si las penas más implacables contra los delitos, que pueden incrementar el posible autoritarismo de lo arbitrario ¿pueden imponerse antes de que los ciudadanos estén convencidos de la existencia, incorruptible, de la Justicia ordinaria?

'Pan comido' por Paco Calderón

Provocación

Francisco Garfias
Arsenal
Excélsior

Los obradoristas van a realizar una manifestación en el Zócalo el 15 de septiembre. El legítimo anunciará, en la Plaza de la Constitución, su radical plan de acción para la defensa del petróleo. El senador pejista Ricardo Monreal explica que se escogió esa fecha por una razón. Están convencidos de que en la tercera semana de septiembre irá al pleno del Senado la iniciativa de reforma energética, que previsiblemente aprobarán el PAN y el PRI.

La noche de ese día está programada la ceremonia del Grito en el Zócalo. La plaza va a estar atiborrada de elementos del Estado Mayor Presidencial. Una concentración de opositores radicales al gobierno de Calderón no parece sino una provocación. En 2006, Vicente Fox aceptó dar El Grito en Dolores Hidalgo, Guanajuato, para alejar el peligro de una confrontación. Dudamos que Felipe le deje el campo libre a su acérrimo enemigo quien, junto con Porfirio Muñoz Ledo y Manuel Camacho Solís, promueven abiertamente la caída de su gobierno.

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Al perredista Carlos Navarrete, quien no pudo llegar a la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores, le dieron un premio de consolación. Va a presidir el Instituto de Investigaciones Legislativas, que actualmente tiene la misma importancia que la Comisión de Parques y Jardines. Pero, eso sí, le prometieron que van a reforzar el Instituto para ponerlo a la altura de los otros órganos de gobierno. “Se lo chamaquearon”, nos comentó Monreal.

Navarrete llegó ayer a Xicoténcatl sin el traje de guerrero que amagó con ponerse si el PRI y el PAN se repartían los órganos de gobierno en la Cámara de Senadores. No presentó planilla y hasta participó en la votación para elegir al panista Gustavo Enrique Madero como presidente de la Mesa Directiva. Nada pudo hacer tampoco para evitar que Manlio Fabio Beltrones se quedara en la presidencia de la Junta de Coordinación Política.

El compromiso al que llegó con sus pares coordinadores fue que se revisaría a la baja el porcentaje que la Ley Orgánica exige para ocupar la presidencia de la Junta de Coordinación Política. Actualmente es requisito que la bancada del aspirante tenga, por lo menos, 25% de los escaños. A Navarrete no le alcanzó. Tiene apenas 26 de los 128 senadores. A ver si el año que entra…

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A Santiago Creel también le dieron su premio de consolación. Será uno de los tres panistas que van a integrar la Junta de Coordinación Política. Los otros dos son el coordinador Madero y el poblano Humberto Aguilar Coronado. A este último ya le volvió la sonrisa. Le restituyeron, por lo menos momentáneamente, el lugar que tenía al lado del coordinador de la bancada. Se lo quitaron durante las sesiones de la Comisión Permanente para que allí se sentara el diputado Héctor Larios.

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La gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, está convencida de que los doce cuerpos decapitados que se encontraron ayer en Mérida no pertenecen a personas que vivían en esa entidad. “Los vinieron a tirar aquí, para aterrorizarnos”, dijo a este espacio. La joven mandataria está muy preocupada por la violencia que empieza a aparecer en ese estado, pero se declara decidida a evitar que, uno de los más seguros en la República, se convierta en terreno de vendettas de narcos.

“No voy a dar un paso atrás, no nos van a amedrentar. Yo vivo aquí, mi familia vive aquí, ya saben que no nos interesa el dinero, y que no vamos a permitir que perturben la seguridad de los yucatecos…”, subrayó. Dijo también que el secretario de Seguridad Publica local, Luis Felipe Saidén Ojeda, recibió recientemente amenazas de muerte.

No hay precedente en esa entidad de una masacre parecida. El prestigiado Diario de Yucatán lo definía ayer, en su pagina electrónica, como “el episodio más cruento en la historia policiaca del estado…”

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El ambiente que rodeó la pasada Asamblea Nacional del PRI, en Aguascalientes, no fue tan terso como pareció. La madrugada del sábado, a unas horas de que se inaugurara el evento, el gobernador de Sonora, Eduardo Bours, amenazaba con desfederalizar al PRI estatal. No estaba de acuerdo con las facultades que se arrogó la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, de desconocer a los comités estatales rebeldes. “Se quería despachar con la cuchara grande. Manejar al PRI en su tierra como si fuera de su propiedad”, nos dijo un senador. Otras dos entidades, entre ellas San Luis Potosí, amagaron con lo mismo.

El legislador destacó también que la delegación del PRI en el Estado de México —léase Enrique Peña Nieto— estaba en desacuerdo en transformar al PRI en un partido socialdemócrata. A Beatriz, sin embargo, todo le salió a pedir de boca. La de Aguascalientes fue la Asamblea más ordenada de la que se tenga memoria.