agosto 31, 2008

Ciudad de la esperanza

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Desde Bogotá puedo averiguar que si bien los viajes forman la juventud, también despiertan a uno de un sueño que en nuestro caso es resignación sumisa a la dura realidad. ¿Herencia de muchas generaciones que vivieron bajo “la dictadura perfecta”? No sé, pero se expresa en el famoso dicho “Aquí nos tocó vivir”, que desemboca en “ni modo, ¿qué le podemos hacer?”.

Pero en Bogotá se ve que se puede hacer mucho, que un alcalde de primera puede hacer milagros, milagros confirmados y aumentados cuando, como en este caso, se siguen varios alcaldes de primera. En Bogotá, en cinco años realizaron el milagro, que se antoja imposible en nuestra gran Tenochtitlán, de sacar la capital del abismo en el cual se encontraba hundida: caos vial, terrible inseguridad, suciedad, contaminación, basura.

Hoy el mexicano que pone pie en tierra en Bogotá se asombra de lo liso, parejo, ancho de las banquetas. Y de la multitud de peatones que caminan hasta altas horas de la noche, como en Nueva York, París o Berlín. Multitudes de todas edades y condiciones sociales, hermosas muchachas que andan solas sin miedo. Cuando sube al carro, nuestro compatriota no puede creer que no haya baches, que las calles no parezcan bombardeadas, y en las carreteras se repite el milagro del pavimento parecido a una pista de hielo. ¿Qué no saben robar allá las constructoras? Y qué decir de los 340 kilómetros de “ciclorrutas” enteramente separadas de las vías transitadas por los coches? Hacen de la bici un verdadero medio de transporte y no sólo una diversión para el domingo.

¡El Metrobús! El nuestro es ridículo en comparación. Varias líneas recorren grandes distancias sobre vías reservadas, tan separadas de las calles y avenidas como una línea de Metro; gozan de dos vías en ambos sentidos que permiten que las unidades se rebasen. Anoche, viernes, entre 9 y 10 horas, cuando todo el mundo sale; pude contar hasta 10 unidades, una tras otra, corriendo, parando, sin bloquear la siguiente, todas llenas de gente sentada toda, nada que ver con nuestras latas sardineras.

Ya que nuestras autoridades capitalinas han pretendido inspirarse de Bogotá para la bici y el Metrobús, debo contar una anécdota: hace unos años tuvo lugar en nuestro país un encuentro entre los alcaldes de ciudades multimillonarias; el de Bogotá abogó a favor del transporte público y de la disuasión del carro individual. Concluyó que había dos maneras de destruir una metrópoli, lanzando una bomba atómica o construyendo un segundo nivel sobre las vías rápidas. Nuestro buen alcalde, Andrés Manuel López Obrador, se levantó ofendido y dio un portazo.

No tengo espacio para desarrollar el tema de la seguridad, de la creación de una policía eficiente y respetada, pero ahora sé que sí, se puede. Bogotá tuvo la suerte de contar con tres excelentes alcaldes sucesivos; de partidos diferentes, ninguno de ellos tuvo durante su mandato ambiciones presidenciales, a diferencia de los tres últimos nuestros. El PRD ejerce el poder en el DF desde tres sexenios, sin haber logrado gran cosa, precisamente porque piensa sólo en la Presidencia de la República. A Marcelo Ebrard le quedan cuatro años para olvidar la Presidencia y hacer el milagro.

Chocan cúmulos de galaxias

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Si resulta impresionante imaginar el choque de dos mundos, el de dos galaxias era el más formidable espectáculo observado por los astrónomos, si bien “choque” debe entrecomillarse ya que ninguna de las estrellas que por cientos de miles de millones conforman una galaxia choca con otra. Las distancias interestelares son tan inmensas que las galaxias se entrecruzan sin que sus estrellas se toquen. Para darnos una idea de la separación entre las estrellas de una galaxia, hagamos un modelo en que el Sol y nuestro planeta, separados por 150 millones de kilómetros, estuvieran a 15 centímetros de distancia. Así, la estrella más cercana al Sol, llamada Próxima, del sistema binario (de dos estrellas enlazadas por gravitación) Alfa del Centauro, estaría a unos 10 mil kilómetros: un granito en el DF y otro más allá de Nueva York en nuestro modelo a escala.

Hay sin embargo efectos gravitatorios formidables que producen “mareas” entre las estrellas y transforman, en ocasiones por completo, la forma de las galaxias una vez que vuelven a separarse y se alejan. Con poderosos programas de computación se han logrado crear modelos de estas mareas gravitatorias para observar los resultados de tales colisiones. Aplicando a galaxias reales los resultados obtenidos con los modelos computarizados, se pueden explicar algunas formas anómalas como el posible resultado de un choque galáctico.

Pero las galaxias no son la mayor acumulación de materia en el universo, hay además cúmulos y súper cúmulos de galaxias. Y estos cúmulos también pueden entrar en colisión, como han descubierto astrónomos de la Universidad de California en Santa Bárbara, empleando observaciones proporcionadas por los telescopios satelitales Hubble y Chandra para rayos X, anunció el pasado 27 de agosto la NASA. El conjunto de las galaxias en choque fue denominado MACSJ0025.

El equipo estuvo conducido por Marusa Bradac, de la UCSB, y Steve Allen del Instituto Kavli para Astrofísica de Partículas y Cosmología, en la Universidad de Stanford, también California.

La colisión de cúmulos anunciada por la NASA está ocurriendo a casi seis mil millones de años luz. Esto significa que observamos un hecho como era cuando nuestro planeta aún no existía.

“Es un importante paso hacia el entendimiento de las propiedades de la misteriosa materia oscura”, dice Bradac. “La materia oscura es más de cinco veces más abundante que la materia ordinaria en el universo. Este estudio confirma que estamos tratando con una muy diferente clase de materia, nada similar a algo de lo que estemos hechos. Y pudimos estudiarla en una muy poderosa colisión de cúmulos de galaxias.”

La hipótesis de un diverso tipo de materia, no observable con los medios clásicos de la astronomía, fue propuesta para resolver un enigma: si se considera la velocidad de rotación de las galaxias y la cantidad de materia contenida en ellas, las matemáticas predicen que la fuerza centrífuga debería destrozarlas: no deberían existir las galaxias. Puesto que existen, deben ser forzosamente más pesadas, tener una masa mayor de lo calculado a partir de sus estrellas y nubes de gas y de polvo. Los cálculos dicen que unas cinco veces más pesadas. A ese material que aporta la masa necesaria se le llamó “materia oscura” por inobservable.

Entre las primeras respuestas para definir de qué está constituida esa diversa forma de la materia, se pensó una muy sencilla: materia ordinaria en formas opacas, como el polvo y los aerolitos. Nada ha confirmado esa parsimoniosa explicación y más bien las observaciones tienden a señalar que es materia constituida quizá por otro tipo de partículas.

El equipo logró inferir la distribución de la masa total, tanto de materia ordinaria como oscura, implicada en el choque de cúmulos MACSJ0025. Las velocidades de millones de kilómetros por hora tienden a disminuir en el gas caliente en cada cúmulo, pero no en la materia oscura. La evidencia apoya el punto de vista de que las partículas componentes de la materia oscura interactúan entre sí sólo muy débilmente o nada en absoluto, excepto por el tirón de la gravedad.

Uno de los mayores logros de la astronomía moderna ha sido levantar el inventario completo de la materia y la energía contenidas en el universo. Por diversos caminos se ha llegado a establecer que la materia oscura es cinco veces más abundante que la ordinaria. Los resultados obtenidos con observaciones del choque de cúmulos MACSJ0025 confirma tanto esa hipótesis como la que sostiene que no se trata sólo de materia ordinaria difícil de observar, sino de otra forma de materia, hasta hoy desconocida y sólo deducida por sus efectos gravitatorios.

Una luz al final del túnel ecológico mexicano: Transforma

Luis Manuel Guerra
quimicoguerra@quimicoguerra.com
La Crónica de Hoy

En este México convulso que pareciera sumergirse cada vez más en una espiral descendente de violencia, incertidumbre y falta de propósito, surge una iniciativa orquestada por cinco organizaciones exitosas que le han apostado al futuro de nuestro país para crear una cultura de sustentabilidad en nuestra sociedad.

Estos cinco gigantes son líderes mundiales en lo que cada uno hace, son empresas globales que inciden de forma importante en la economía del mundo.

Si han mantenido su liderazgo a lo largo de muchas décadas es porque hacen sus cosas muy bien, y esta semana que termina comprometieron su reputación e imagen en una aventura ecológica que a mí, querida, querido lector, me motiva a renovar mi esperanza en un México exitoso y bondadoso en lo económico, en lo social y en lo ambiental, un México que le haga justicia al maravilloso legado que recibimos como custodios de una biodiversidad sorprendente y exuberante, de paisajes que lo dejan a uno sin aliento por su majestuosidad, de una plétora de ecosistemas que nos regalan tanto la voluptuosidad embriagante de las selvas siempre verdes como los secretos ocultos a la vista humana de los desiertos vivos, la permanencia estable y amable de los bosques y la asombrosa productividad biológica de nuestros mares tropicales.

Esta custodia ha quedado en entredicho por mucho tiempo por la ausencia de una participación masiva de la sociedad mexicana en su conjunto a favor de la sustentabilidad.

No hemos sido capaces los mexicanos de crear una mística nacional en torno a la salvaguarda de nuestra riqueza natural. Cierto que han existido, y existen actualmente, muchos proyectos y programas que tratan de encauzar a los mexicanos por el derrotero del desarrollo sustentable, pero estos esfuerzos han fallado en cuanto a la creación de una masa crítica de ciudadanos suficientemente grande para impulsar a nuestros compatriotas a crear un colectivo social que proteja nuestro legado natural: a pesar de contar con el programa de reforestación más ambicioso en la historia de nuestro país, seguimos perdiendo 280 millones de árboles por año, más de 200 mil hectáreas de cobertura forestal por cambio de uso del suelo, a pesar de tener un sistema de 168 áreas naturales protegidas que abarcan actualmente 23 mil 098 hectáreas, perdemos aceleradamente hábitat que pone en riesgo a cada vez más especies animales y vegetales. Es por eso que la iniciativa TRANSFORMA se presenta como una luz al final del túnel negro del ecocidio en nuestro país.

Cada uno de los cuatro gigantes que suscribieron este compromiso el pasado martes 26 de agosto tienen ya por sí solos una serie de iniciativas en favor del desarrollo sustentable que inciden positivamente en la preservación de nuestra riqueza biológica: Wal-Mart México es la primera empresa privada en Latinoamérica que alimentará a más de 100 de sus tiendas con energía eólica; Coca-Cola está creando en este momento los bosques necesarios para compensar el volumen total de agua que vende como refrescos en México; Philips está creando la primera “Ciudad Luz” en México para reducir el consumo eléctrico municipal por iluminación en hasta el 30 por ciento; Natura y Unilever exigen ya a todos sus proveedores que cumplan con estrictos controles ecológicos en las materias primas que utilizan.

Pero esta nueva iniciativa va más allá de estos programas individuales. Establece un foro común para unir recursos, compartir conocimientos, financiar conjuntamente proyectos encaminados a elevar la conciencia ecológica de la sociedad.

La unión de los cinco puede representar el primer esfuerzo colectivo de la gran empresa para verdaderamente detonar una mística entre todos nosotros, ciudadanos, para actuar a favor de un medio ambiente sano, para aprender a vivir en armonía con la naturaleza.

Esta iniciativa está encaminada primordialmente a los jóvenes de México, quienes tendrán en unos pocos años la responsabilidad de timonear nuestro país hacia una forma de desarrollo que contemple al medio ambiente como su centro de preocupación. TRANSFORMA quiere precisamente transformar la conciencia de los jóvenes de nuestro país para convertirlos en promotores de un desarrollo que satisfaga sus ambiciones legítimas de empleo cuando terminen sus estudios, de acceder con condiciones razonables a una vivienda digna cuando formen una familia, de tener el respaldo de un sistema de salud eficiente que promueva el fomento a la salud, de confiar en un estado que garantice su seguridad.

Los cinco gigantes han reconocido que es a través de la modificación de hábitos y costumbres de los jóvenes como mejor se puede acceder al desarrollo sustentable, y para eso están uniendo su experiencia y capacidad de gestión para impulsar proyectos dirigidos primero a los muy jovencitos, de cinco a 11 años, y luego a los jóvenes de 11 a 18 años. Para el año 2050, ellos dirigirán los destinos de México.

Para entonces, los enormes desarreglos que le hemos causado al planeta se habrán evidenciado despiadadamente como el gran reto de la supervivencia de nuestra raza humana, y los jovencitos de hoy serán los adultos que tendrán que resolver lo que nosotros no pudimos, o no quisimos, resolver.

Es por eso que una iniciativa como TRANSFORMA nos da luz al final de este túnel negro de la incertidumbre actual, incentivando la creatividad a favor del medio ambiente entre los jóvenes, motivándolos a pensar en nuevas categorías del desempeño humano, financiando proyectos con alto contenido educativo, proyectos de nuevas aplicaciones de la energía como son las celdas de combustible o la generación de hidrógeno a través de bacterias, etcétera.

México necesitaba una alternativa como TRANSFORMA. En esta página le damos la más cálida y comprometida bienvenida.

TRANSFORMA, nos la queremos jugar con ustedes, por el bien de México.

México, de blanco

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
Excélsior

A la memoria de Gilberto Rincón Gallardo

Hay momentos que dejan huella en la historia de una sociedad. En México, durante mi vida consciente, esto ha sucedido seis veces: los terremotos de septiembre de 1985, las elecciones presidenciales de 1988 y 2000, el alto al fuego contra la insurrección zapatista de 1994 y las dos movilizaciones de rechazo a la inseguridad: la de 2004 y la de ayer.

En todos estos episodios, los ciudadanos han sido los protagonistas. Se trata de momentos en que el curso del país cambió por voluntad de la gente, espontánea pero resuelta. Tal vez esos momentos no hayan dado lugar a todas las expectativas que levantaron, pero quienes los vivimos los tendremos siempre presentes en cualquier revisión de la historia.

Ayer, desde un lugar de la marcha, tuve esa impresión: los mexicanos vivimos algo histórico y, por tanto, irrepetible. Quizá lo sucedido el sábado no nos conduzca al país que deseamos, pero estoy seguro de que hoy nuestra sociedad amaneció distinta.

Como ocurre en estos casos, no hubo guión. Faltaban diez minutos para las seis de la tarde cuando se dejó ver la cabeza de la marcha. No era la vanguardia que se esperaba, integrada por los organizadores de Iluminemos México, sino un grupo de ciudadanos que en otro contexto habría calificado de ordinarios, pero en éste, eran extraordinarios. Ciudadanos adelantados, en los dos sentidos de la expresión.

Sólo hora y media después aparecería la avanzada original, cuando el Zócalo estaba prácticamente lleno.

La de ayer fue una marcha sin latas de pintura en aerosol, sin las consignas clásicas y ensayadas de quienes suelen tomar la calle para protestar, sin equipo de sonido para conducir las demandas ni responsables de ordenar el avance de los contingentes. Cientos de miles —¿quién sabe cuántos?— que caminaban sin control, pero con absoluto orden.

“Somos más que ellos”, decían algunas pancartas, tan improvisadas como el torrente humano que llenó el corredor Paseo de la Reforma-Zócalo. Y sí: fueron más, fuimos más… más que nunca. Ya vendrán los debates sobre las cifras de la movilización, pero algo tengo claro: nunca, en dos décadas y pico en este oficio, había visto algo semejante.

Mientras los veía pasar, desde la base de la escultura de Felguérez, en el entronque de Paseo de la Reforma con Juárez, no pude dejar de pensar en los equivocados, los que no estaban porque no quisieron ir o porque no fueron convocados. Los que desdeñaron el hartazgo ciudadano, calificándolo de “reacción de las élites” (si hubieran estado ahí habrían visto que los manifestantes provenían de todos los estratos sociales). Los que corrieron la versión, la noche anterior, de que la movilización sería un desastre, que el boicot de algunas organizaciones y la lluvia reducirían la concurrencia. Y los periodistas desdeñosos e incrédulos de la capacidad de la gente de unirse, en una tarde fría y lluviosa de sábado, para decir nuevamente “ya basta” a la incapacidad gubernamental frente a la delincuencia.

Llegué a mi escritorio en Excélsior, una vez concluidos en el Zócalo el Himno Nacional y el encendido de las veladoras. Prendí la computadora y acudí a la página de internet de la BBC, mi termómetro para los asuntos internacionales. La marcha de la Ciudad de México y las que se llevaron a cabo en los estados eran su segunda nota en importancia, sólo detrás de la evacuación de Nueva Orleáns por el huracán Gustav y antes que el artículo del primer ministro británico Gordon Brown sobre la “agresión rusa” en el Cáucaso. Si las movilizaciones mexicanas contra la inseguridad no son un acontecimiento de talla mundial, no sé qué sean.

“La reacción asertiva comienza en Martí”, decía uno de los primeros carteles que me tocó ver en la marcha. El juego de palabras con el eslogan, como homenaje al empresario que catalizó la indignación social desembocada ayer en la calle. La gente tiene claro el hecho que la sacó de su casa para marchar, otra vez, contra la falta de seguridad. Pero también tiene claro el rumbo: “O se ponen a trabajar o mejor se van”. Esa es la consigna. Cortesía, ella también, del valeroso Alejandro Martí.

Una marcha que puso un dique al aprovechamiento partidista del descontento, como demostró el cartel —elaborado en casa, igual que la mayoría— que reproducía los logotipos de los tres principales partidos, pero con siglas cambiadas: “BLA”, “BLA” y “BLA”. Si las urnas que se colocaron en el trayecto para recibir las propuestas ciudadanas para acabar con la inseguridad hubieran tenido por propósito recoger sufragios, el BLA tricolor, el BLA blanquiazul y el BLA negro y amarillo seguramente habrían terminado empatados… con cero votos.

Una marcha que en su caudal llevaba los testimonios, en cartulina o en tela, de miles de víctimas de la delincuencia, quienes ayer perdieron el miedo a la represalia y dejaron de ser anónimos. Como Eduardo Marín, quien llegó de Hidalgo para denunciar el secuestro de su hermano y la inmovilidad de la Procuraduría estatal ante el caso. O Marión Velarde, una mujer a la que le dieron un balazo en la tibia izquierda luego de asaltarla y aun así se aventó los 3.7 kilómetros de la marcha. O Carlos Ovidio, a quien, en su propio automóvil, lo trajeron paseando quienes lo secuestraron mientras decidían cuánto dinero podrían arrebatarle.

Una marcha de gente enojada, sí, pero con suficiente esperanza para aceptarle un abrazo al chavo que ofrecía “abrazos gratis”.

Una marcha que da fe de que esta sociedad aún tiene el instinto de exigir cuentas a la autoridad que cumple mal su encomienda, por muy dejados e indolentes que seamos los mexicanos la mayor parte del tiempo.

Y es que la gente, como el agua, siempre encuentra su curso. Eso lo tendrán que aprender los gobernantes que, por incapacidad, desidia o complicidad, se han dejado rebasar por los delincuentes.

Peligra el ajolote por contaminación en Xochimilco: UNAM

Notimex
El Universal
Ciudad de México
Domingo 31 de agosto de 2008

De acuerdo con el estudio sobre densidad poblacional de la especie de 2007 a 2008, la cantidad de estos anfibios disminuyó una décima parte, en comparación con 2004

El investigador del Instituto de Biología de la UNAM, Luis Zambrano González, advirtió que en cinco años podría desaparecer el ajolote, especie endémica de Xochimilco, por causa del deterioro ambiental que sufren los canales.
De acuerdo con el estudio sobre densidad poblacional de la especie de 2007 a 2008, la cantidad de estos anfibios disminuyó una décima parte, en comparación con 2004, debido al crecimiento poblacional en la demarcación y la sobreexplotación del agua.

Según un comunicado, especies como la carpa y la tilapia fueron introducidas por la FAO para promover la acuacultura en el país, y representan casi 95% de la biomasa de la zona, por lo que resultan dañinas para el ajolote, explicó el investigador.
Zambrano González resaltó que aunque la UNESCO ha generado proyectos para conservar el área de Xochimilco, el deterioro y la erosión de la zonas chinamperas origina la continua desaparición de ecosistemas y biodiversidad.

"Para conservar al ajolote es indispensable conservar a Xochimilco, el sistema acuático es rescatable por sí sólo, pues es una zona generadora de biodiversidad", subrayó el especialista.
Consideró además que el mal estado del lugar se debe a que todo el líquido que entra a los canales es residual, lo que ha vuelto el terreno salitroso.

Respecto a la posible creación del acuario más grande de América Latina en Xochimilco, señaló que es poco recomendable un acuario en esas condiciones, pues "en el largo plazo la factura que nos pasará el ecosistema lacustre será mayor que cualquier beneficio social o económico", señaló.

¿Por qué voy a la marcha?

Ivonne Melgar
Retrovisor
Excélsior

Será porque sí puedo decir que una guerra marcó la ruta de mi historia, cuando en mi patria original, El Salvador, el odio, la sangre, el miedo, la muerte y el exilio se hicieron parte de la vida nacional. Acaso por ese sentimiento de desamparo frente a un destino, experimentado en plena adolescencia, una suerte de naufragio, ante el hecho obligado de cambiar de suelo. Supongo que por esa huella de la imposición de lo inevitable, no hay guerra ni guerrilla ni ejército ni fuerza armada que me ilusionen.

Antes de que las lecturas subversivas universitarias pudieran entusiasmarme, como ocurre en la juventud sensibilizada frente a la desigualdad, me había tocado conocer el costo social y emocional de la guerra, la herencia de una polarización que divide a las comunidades y, lo peor, paraliza su desarrollo.

México era, para los desterrados de aquellos años ochenta, una puerta al futuro. La escuela pública aún tenía esa fuerza republicana expresada en las aulas donde convivían los hijos de servidores públicos, obreros, microempresarios, militares, intelectuales. Recuerdo aquella novedad descubierta entonces con mi hermana. Lo disfrutábamos como alivio, porque nadie hablaba ahí de odio de clase.

Ya en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, con ese sello republicano todavía en el encuentro de alumnos procedentes de distintos grupos sociales, ajenos como generación a la idea de que una cosa era la formación en universidades públicas y otra en privadas, comprendí que la diferencia entre aquel país centroamericano herido por la guerra civil, y este México que apenas despuntaba hacia la transición democrática, no estaba sólo ni principalmente en el petróleo o en sus riquezas diversas, sino en la existencia del Estado.

Es cierto, era un Estado autoritario y censor. Pero en comparación a la asfixia de la bota militar salvadoreña de la que habíamos escapado, el régimen priista era, en el peor de los casos, eso, un régimen aferrado al poder y dispuesto a muchas triquiñuelas para conservarlo.

Por eso marchamos, un sábado del verano de hace 20 años justamente, porque ese Estado nos había arrebatado la posibilidad de la alternancia y porque al frente del reclamo iba un hombre, Cuahtémoc Cárdenas que no azuzaba a la violencia ni al odio.

Y eso era fundamental para quienes buscábamos seguir al pie de la letra la lección de Ryszard Kapuscinsky, el escritor polaco dedicado a reportear el mundo: si alguna misión tenía el periodismo, era la de hacer comprender y comprendernos. Nada de redentores ni de tribunales de oficio. Sólo y únicamente tomar esa complicada tarea de hacernos entender.

Han corrido dos décadas y en el oficio cotidiano he confirmado el daño del periodismo militante y del que deja de ser periodismo para convertirse en publicidad del poder.

Y sigo aspirando al periodismo de la comprensión. Nunca tanto como ahora que tocamos, colectivamente hablando, el sentimiento de desamparo frente a la delincuencia, como si fuera un destino.

Pero hay algo más que miedo al asalto y terror al secuestro. Hay polarización, un clima de desconfianza, de ausencia de Estado, de guerra.

Suponíamos que era asunto de la retórica oficial, echar mano del lenguaje bélico como parte de la estrategia de combate, señalando al crimen organizado como el enemigo a vencer y a sus protagonistas como traidores de la patria. Y lo son, por supuesto que sí. Pero no basta con enfrentarlos para sacarlos de aquí. Tampoco el arsenal moderno y la inteligencia castrense resultan suficientes. Porque, como en las guerras, no todo es bala y bayoneta. Existen bases de apoyo, redes económicas, poderes fácticos. Es decir, el Estado pierde su capacidad de colocarse por encima de la pugna.

¿Cómo, cuándo y por qué perdimos la capacidad del Estado en el ejercicio de la violencia institucional? ¿Existió acaso una transición en ese aspecto para un Estado que hace 40 años ejerció esa violencia institucional contra sus jóvenes, masacrándolos?

¿O esto es una consecuencia más de ese camino hacia la privatización que paulatinamente le quitó el carácter republicano a la escuela y a la universidad, hasta llegar a la pretensión, fallida como nunca, de privatizar la seguridad?

Ya nos lo había advertido en su dramática y excelente historia de La Zona el cineasta mexicano Rodrigo Plá: no se puede dividir al país entre los que tienen capacidad de pagar un sistema de resguardo y quienes deben aguantarse con la ineficiente policía. Eso es irreal. O tenemos Estado para todos o no tenemos. O la seguridad es colectiva o no es seguridad.

Por eso lastima tanto la incapacidad de los partidos políticos y sus actores de primera línea para comprender la indignación ciudadana. Sea en la molestia de Beatriz Paredes porque Alejandro Martí pide a las autoridades rendición de cuentas o en la simpleza de Gerardo Fernández Noroña al desdeñar la movilización de esta tarde porque surgió ante el asesinato “de un niño rico”.

El Estado también falla porque ese componente imprescindible que son los partidos no quieren ciudadanos, sino clientelas.

Por eso regreso, 20 años después, a una marcha. Porque respiro el odio, la desconfianza y el miedo de clase. Porque quiero que mis hijos conozcan el alivio de la convivencia republicana, porque sé que no es fácil denunciar cuando en la colonia, en la unidad habitacional, los narcomenudistas son los hijos de la vecina y la comadre, en un país donde las cárceles están llenas de pobres y la clase política es la principal beneficiaria de la impunidad.

Porque tenemos que romper la trampa del reparto de culpas y el círculo vicioso de que los gobiernos no amputan sus gangrenados órganos porque los gobernados hemos aprendido a soportar la pus.

Antes de que nos paralice la polarización, digamos no al odio. Menos guerra y más reconstrucción del tejido social con cero tolerancia a los funcionarios simuladores. Y que si la administración federal sabe qué gobernadores no cumplen, lo diga. Basta de insinuaciones. Menos sangre y más eficiencia institucional. Menos soldados y más Estado. Por eso voy a la marcha, por eso prenderé mi vela, porque el Estado requiere de ciudadanos movilizados por la responsabilidad y la propuesta.