septiembre 03, 2008

Calderón, un 2 de septiembre

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Esperaba encontrarme a un personaje abatido. Los secuestros, los decapitados, el hombro roto. Pero no. El presidente Calderón llegó a la comida sereno y bromeando. Dicen que así deben ser los estadistas, pero a uno le queda la duda de si la vida adentro de Los Pinos tiene que ver con la del otro lado de Constituyentes y Parque Lira. Con la vida de la angustia, el dolor, el miedo.

Hizo análisis detallados sobre varios temas. Conversación privada. Temas sobre los que, minutos después, le pregunté en la radio. Me interesaba tener tres respuestas. Con una negativa, me dio la primera: hoy no está en condiciones de decirle a los mexicanos que su gobierno le va ganando la guerra al narco. Seis mil muertos después, no puede decirlo, porque “no sería creíble para la gente”.

Con una afirmativa sólida, me dio la segunda: la reforma de Pemex es ahora, es ya. Es inexplicable para él que se siga difiriendo, porque “está suficientemente discutida”.

Para la tercera le pedí una valorización de la amenaza lopezobradorista, de que es el momento de tirarlo del poder. Se encendió. Los calificó como un grupo “cada vez más reducido, al cual el pueblo le ha dado la espalda por su intransigencia y violencia”. Negó que se tratara de una insurrección, la calificó de gesto ilegal “que el Estado no permitirá”.

Y aseguró, con la firmeza que no tuvo en el tema del narco, que no meterá reversa en la reforma de Pemex: “Al contrario. Sería absurdo que un Estado como el mexicano se deje chantajear por espíritus verdaderamente autoritarios y dictatoriales, por berrinches antidemocráticos. Querer imponer por la fuerza el capricho propio es una acción dictatorial, a la cual, ni México ni su gobierno, le van a dar paso”.

Los Pinos, septiembre 2 del 2008

Ahí viene el coco… digo, el Peje

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Llegó el mes patrio y como a los mexicanos nos encanta el merequetengue, inevitablemente ya estamos planeando lo que haremos para dar el Grito. Y por ahí dicen las malas lenguas —y no por lenguas, sino por malas— que ya se está preparando una verbena popular en el Zócalo capitalino. No sólo nosotros, sino los tlatoanis, también están empezando a perfumar sus plumas…

¿Quién la organiza? Pues nuestro Chanok venido a menos: Andrés Manuel López Obrador.

Así es, el Peje se prepara (¡otra vez!) para escuchar aplausos, gritos de euforia y ver pirotecnia en su honor, perdón, en honor de la patria de la que se ostenta como guardián.

Y ya nos avisó que la noche del 15 de septiembre, el movimiento que encabeza dará el Grito de Independencia en el mismo lugar donde lo dará Felipe Calderón.

También nos hizo saber que, con el fin de evitar ver a gente no grata para él, la celebración la realizarán horas antes del evento oficial. Una vez hecho esto, les dejarán el espacio libre para su fiesta ilegítima, así que les barrerán y levantarán su kermés antes de que lleguen. No vaya a ser que les roben las cazuelas del mole, así como dice que le robaron la Presidencia.

Pero, además, y con esto del inicio de sesiones en el Congreso y donde la reforma petrolera está subrayada con rojo, AMLO nos hizo saber, en un mitin al que convocó el domingo en la Plaza de la República, que él y su movimiento se encuentran en “estado de alerta”, es decir, preparándose para actuar con pancartas, consignas y movilizaciones en caso de que la luz verde se asome frente a la reforma energética.

Y aunque no dijo qué acciones realizarán, sí nos amenazó, digo, avisó, que su lucha no ha dado tregua, que seguirán defendiendo el petróleo (y sus cazuelas de mole) de los “vendepatrias” que tomaron el gobierno del país.

Hace unos días, el Frente Amplio Progresista, que representa al PRD, el PT y Convergencia, entregó su contrapropuesta de reforma energética al Senado, misma que contó con el aval de López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas y que esperan sea analizada antes de dar carpetazo y veredicto.

Y aunque el líder sustituto del PRD dijo que están dispuestos a debatir y tener un diálogo preciso, el Peje señaló que no se confíen tanto, que harán todo lo que sea necesario para evitar la venta de la nación.

Así que quienes hemos cantado victoria en varias ocasiones al pensar que el Peje dejará los escenarios, pues no demos el grito aún; éste vuelve a ser de uno de esos lamentables momentos en que vemos llegar a un Andrés Manuel López Obrador recargado, reloaded.

Aunque con mismas causas, dice que sus estrategias serán mejores y más efectivas: pero él y sus secuaces ya andan cantando un cuasi golpe de Estado contra Felipe Calderón. ¡Uy, qué miedo..!

Su movimiento ha perdido fuerza, tanto así que sus mítines pasaron, de celebrarse en el Zócalo, en esa afición por llenarlo de gente, a realizarse en la Plaza de la República que es, a lo mucho, una tercera parte del que era su escenario principal.

¿Será que para la próxima se mude a la Glorieta de Insurgentes..? Lo dudo, un conflicto con los emos no sería nada oportuno…

El Peje se deprimiría más de lo que ya debe de estar…

Atrapan en Edomex a 20 narcoplagiarios

Martha Yolanda Nieto y Atalo Mata
Excélsior


VILLA NICOLÁS ROMERO, Mex.— Un agente federal y cuatro secuestradores murieron ayer en un operativo policial que logró rescatar a una mujer y a su hijo en este municipio mexiquense, informó la Secretaría de Seguridad Pública (SSP ). La dependencia señaló que durante el rescate perdió la vida el policía federal Pedro Solana Cobaxín y otros dos oficiales fueron heridos.

Durante el operativo de rescate de los rehenes resultaron muertos, además, cuatro secuestradores, añadió la dependencia. Las Fuerzas Federales de Apoyo llegaron al filo de las 4:00 horas, cuando todavía estaba oscuro. Rodearon la casa de dos pisos marcada con el número 38 de la calle Magnolias, en la colonia Vista Hermosa. Y es que de acuerdo a investigaciones derivadas de una denuncia anónima, se sabía que el lugar era utilizado como casa de seguridad de secuestradores. Minutos después, los elementos fueron descubiertos por los delincuentes, que inician un tiroteo, en ese momento al sentirse superados, piden refuerzos.

Cerca de las 5:30 horas llegaron 100 más. Los efectivos se colocaron se en sitios estratégicos, se inicia una segunda balacera. Pero esta vez, al ser más los policías logran someter a los delincuentes. Las fuerzas federales lograron detener a 20 personas, entre ellas el presunto líder de la organización criminal, Lázaro Bustos Abarca, alias El Indio, y quien según reportes de inteligencia estuvo tres años preso en Estados Unidos, además de pertenecer a la La Familia, grupo de narcotraficantes con presencia en Michoacán y el Estado de México.

Las detenciones de los delincuentes tuvieron lugar en la casa en la que se encontraban ambos rehenes y en otro domicilio del Estado de México, en donde tenían 14 rifles tipo AK-47, diez armas cortas y ocho granadas de fragmentación. Adentro de la casa, madre e hijo, maniatados y con los ojos vendados, al escuchar la balacera, pensaron que “morirían”.

Se metieron a mi casa, relata él: “Golpearon la puerta con un mazo y llegaron diciendo que eran policías judiciales, todos armados nos sacaron de la casa, nos subieron a una camioneta y hasta ahorita, que nos acaba de sacar la policía”. Sin salir aún de la pesadilla por la que pasaron ambos familiares, aseguró que tenían ocho días de secuestrados y pedían un millón de pesos por su liberación.

“Desde que nos atraparon nos tenían vendados de los ojos y de las manos también, los primeros días me estuvieron pegando hasta que se cansaron. Miércoles y jueves estuvo más tranquilo. Viernes, tapados en un cuarto, en el suelo.”

Cada vez peor

Alejandro Gertz Manero
editorial2003@terra.com.mx
El Universal

Las recientes expresiones públicas de una comunidad acosada por la desmesurada violencia y la impunidad que nos abruman son sólo una parte de los muchos signos del fracaso total de un sistema político anquilosado y corrupto que se niega al cambio y que se esconde tras la supuesta alborada democrática que vivimos entre 1997 y 2000.

La nación entera se equivocó al creer que el permiso que nos concedieron los perennes detentadores del poder para que nuestros votos fueran contados en los sufragios era la señal del cambio tan esperado y demandado desde el movimiento vasconcelista, pasando por todas las frustraciones que hemos padecido durante casi un siglo, para llegar, al día de hoy, en que todo sigue igual o peor. La aplastante corrupción de los líderes sindicales actuales no es diferente al cinismo brutal de Luis N. Morones o de los tres lobitos de Fidel Velázquez; todo ello mientras el poder público se sustenta en las mismas raíces de inmoralidad sindical que ahora se hallan más fuertes que nunca.

La corrupción integral del aparato de seguridad y justicia, que planteó Calles para usar ese sistema como el gran controlador de las masas indefensas, está llegando a niveles que creíamos imposibles, al compartir su colusión entre lo que queda del poder formal y los nuevos capos de la delincuencia en todas sus expresiones. Las burocracias arrogantes y corruptas siguen siendo el azote de la sociedad civil, y al mismo tiempo las socias obligadas de cualquier saqueo despiadado, manteniendo a la economía y al empresariado mexicanos como un rehén de los tiburones internacionales del despojo.

En la educación nos debatimos en los últimos lugares de las calificaciones mundiales, mientras los esfuerzos de unos cuantos chocan contra los intereses implacables de la corrupción y del gansterismo sindical. Los veneros petroleros que nos escrituró el diablo nos están cobrando, como a Fausto, con el alma de la nación y el hambre de los mexicanos, en el final de esta orgía de especulación y de latrocinio internacionales que ha llevado al mundo entero a una de sus peores crisis económicas.

Hoy, los gatos pardos del poder bailan su danza agónica y autista en la soledad y en la angustia abrumadora de su insensibilidad y su fracaso, en este México que no merece lo que le está ocurriendo.

Acción paralela

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Empieza a hablarse de construir un ya bautizado “Instituto Ciudadano para la Prevención Social del Delito y la Seguridad Pública”. (Reforma 1/9/2008)

La iniciativa parece sacada del paródico país de la Acción Paralela descrito por Robert Musil en El hombre sin cualidades: todo pompa, buena conciencia, inutilidad y burocracia.

Se enfrenta un desastre institucional con una fuga hacia adelante, creando una institución anexa de las centrales que no funcionan.

Difícil entender por qué un “instituto ciudadano” podrá lograr algo mientras las instituciones responsables por ley y dotadas de recursos al efecto no cumplan su cometido.

Me resisto a todas las formas de sugerir que la inseguridad puede tener una “solución ciudadana”. Salvo casos de excepción extrema en que un ciudadano aclara un crimen, los ciudadanos no pueden ser la solución para los problemas de la seguridad pública. Toda exageración en ese rumbo es inocencia o demagogia.

Si una tarea no se quiere en manos de los ciudadanos es la seguridad, que implica violencia, represión y uso de las fuerzas del orden.

Pero en esa noción vacía de “ciudadanizar” hay tela suficiente para hacer como que se hace algo un instituto “ciudadano” para la seguridad. Se piensa en una entidad autónoma, desde luego, especie de Comisión Nacional de Derechos Humanos, que emita recomendaciones, tenga presupuesto propio, etcétera. Todo, con tal de no ir al corazón de los problemas.

No sé cuánto tiempo dedicarán los legisladores a imaginar, diseñar, negociar, normar y crear este nuevo instituto.

Es claro que si lo crean entrarán en una actividad lucidora orientada a no encarar la situación.

Irían mejor encaminados si pusieran a trabajar a la comisiones de justicia y seguridad del Congreso para volverlas verdaderos vigilantes, insobornables contrapesos informativos, fiscales políticos permanentes de la insolvencia de los poderes ejecutivos en materia de seguridad.

Vigilando y exigiendo al Poder Ejecutivo en esa materia le harían más bien a la República que inventando autonomías ciudadanas huecas.

Aceptémoslo de una vez: no hay alternativa ciudadana, ni de ningún otro tipo, al funcionamiento de las instituciones obligadas a garantizar la seguridad pública. Y no hay sustituto a los responsables políticos que han sido electos para hacerlas funcionar.

El cuerpo de la República está enfermo de inseguridad. Necesita medicinas, no placebos.