septiembre 15, 2008

Cumple Calderón con Grito de Independencia


Redacción
El Universal
Ciudad de México
Lunes 15 de septiembre de 2008

El mandatario lanzó las arengas tradicionales y, tras entonar el Himno Nacional, ondeó el Lábaro Patrio con la mano derecha

El presidente Felipe Calderón cumplió con la ceremonia del Grito de Independencia en el Zócalo de la Ciudad de México.
Ante miles de mexicanos, el Presidente lanzó vivas "a los héroes que nos dieron patria".

Desde el balcón central de Palacio Nacional, Calderón ondeó la Bandera Nacional y tocó la campana de Dolores, al conmemorar el 198 aniversario del inicio de la Independencia.

El mandatario lanzó las arengas tradicionales...

¡Vivan los Héroes que nos dieron Patria y Libertad!

¡Viva Hidalgo!

¡Viva Morelos!

¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!

¡Viva Allende!

¡Vivan Aldama y Matamoros!

¡Viva nuestra independía nacional!

¡Viva México, Viva México, Viva México!

Luego sonó en la plaza el Himno Nacional, para después ondear el Presidente el Lábaro Patrio con la mano derecha.

Septiembre

Demetrio Sodi de la Tijera
El Universal

Durante casi un siglo, septiembre fue el mes de la patria, en el que se dejaban de lado las diferencias políticas y los problemas nacionales y personales y se apostaba a la unidad de la nación.

Los festejos alrededor de los héroes nacionales y la Independencia eran una razón para fortalecer la unidad y el orgullo de ser mexicanos. El grito en el Zócalo era una auténtica fiesta en la que participaba gente de todos los estratos socioeconómicos y unidos cantábamos, junto al presidente, el Himno Nacional.

Lamentablemente, esas fechas que promovían la unidad, al igual que otras conmemoraciones como la marcha obrera, el 1 de mayo y el desfile deportivo por el aniversario de la Revolución, el 20 de noviembre, han sido convertidas en nuevos espacios para la confrontación.

Nuestra transformación política ha fortalecido sin duda nuestra democracia y pluralidad, pero ha debilitado la unidad y tranquilidad del país. Lo que vamos a ver el próximo 15 de septiembre en el Zócalo, en donde se va a dar una auténtica disputa en la plaza para boicotear el grito presidencial, es sólo una muestra de la profunda confrontación política que vivimos.

La descalificación y lucha política no respetan nada, ni las fiestas patrias, y están provocando una división entre los mexicanos que no sabemos a qué extremos puede llegar. Declaraciones de políticos irresponsables sobre la posible caída del presidente Calderón o actos para provocar que el gobierno fracase no tienen justificación, y ponen en riesgo no sólo la estabilidad económica y del empleo, sino la paz y la unidad del país.

Qué triste ha sido ver cómo se eliminó el informe presidencial en lugar de sustituirlo por un diálogo abierto y respetuoso entre los legisladores y el Presidente, como sucede en la mayoría de los países democráticos. El informe era un acto presidencialista, pero eliminarlo en lugar de sustituirlo por un diálogo respetuoso es un retroceso.

Más allá del costo político electoral que esta estrategia de confrontación y descalificación está teniendo en el PRD, su efecto negativo en la economía, las inversiones, el empleo y, sobre todo, el optimismo y la unidad del país y los mexicanos es cada día mayor.

Faltan cuatro años del gobierno actual, Felipe Calderón no va a caer, pero mantener durante todo el sexenio este clima de confrontación y descalificación afectará severamente a la gente.

En estas fiestas hay poco que festejar, pero si queremos revertir la actual situación llegó el momento de aislar a aquellos a quienes lo único que les importa es hacer fracasar al gobierno, y comprometernos todos en este mes patrio con el diálogo, la búsqueda de acuerdos y la unidad nacional.

Felices fiestas patrias.

No, no acusé de plagio

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Un video subido a YouTube me obliga a aclarar un asunto, espero que por última vez: No, no, yo no demandé a Elena Poniatowska por plagio, como se le dijo al término de una conferencia en Estocolmo. Le pedí, hace 11 años, desde Nexos de octubre, que corrigiera varias decenas de citas que señalé con página y párrafo, puntualmente. No la podía demandar por plagio porque la autoricé a citar el manuscrito de mi relato sobre el 68, Los días y los años. Ocurrió así: en 1970 yo, aún preso, tenía concluido mi relato. Elena iba a Lecumberri a entrevistarnos a los presos para escribir su crónica La noche de Tlatelolco. Debía basarse en entrevistas porque, no habiendo conocido los hechos sino por los relatos deformados de la prensa de entonces y las conversaciones con su hijo mayor, que le contaba la parte más divertida, debió partir de lo que los dirigentes y otros participantes le informáramos.

Replica en Estocolmo, y con razón, que me tardé 30 años en pedirle esas precisiones. Lo repito: así fue. Me tardé porque, como tanta gente ahora, sentía absoluta veneración por Elena y un proceso, llamado por Freud “represión”, me hizo olvidar que, desde mi primera lectura de su crónica, había observado inexactitudes. No les había dado importancia. Y aunque hubiera querido responderlas, estaba preso y no tenía voz alguna en la prensa. Elena era conocida por su columna de entrevistas en Novedades. Lo olvidé.

Pero la figura de Elena se me comenzó a derrumbar: la primera piedra la quitó Carlos Monsiváis: yo, como muchos lectores, creí por años que la dedicatoria de su narración “A Jan. 1947-1968” significaba que su hermano Jan había muerto a causa de lo que Elena relata en ese libro. Monsiváis, esa fuente de información variopinta, me hizo saber que Jan había muerto en un accidente de carretera sin relación alguna con Tlatelolco. No me gustó porque vi que Elena, sin mentir, se acercaba peligrosamente a la delgada línea roja de la deshonestidad intelectual.

Luego comencé a leerla con un “Ay, Elena”, que se fue transformando en un “¡Aaay Eleeenaa!” al verla hacer cabriolas para quedar bien con la gayola que la aplaude a rabiar. Mi ruptura definitiva vino cuando atacó injustamente a un entonces desconocido José Woldenberg sin haber siquiera leído lo que citaba (como me reconoció ella) y sin disculparse con él cuando la convencí de su error garrafal. El capítulo de La presidencia imperial, de Enrique Krauze, acerca del presidente Díaz Ordaz, donde me atribuye un lenguaje tan cursi que me sonrojé, me llevó a descubrir que Krauze no me citaba directamente, sino tomado del libro de Elena. Lo releí completo.

Ya sin el mecanismo de defensa freudiano de mi adoración por la frágil, delicada y afable Elena, subrayé todos los errores y le pedí corregirlos. Ella y nuestros comunes editores, ERA, se negaron y lo exigí por vía legal. Gané la demanda y la versión de su crónica hoy disponible mejoró mucho.

Elena se ha seguido hundiendo en un mar de pensamiento trivial y ha enseñado a sus lectores a practicarlo: es su peor daño al país. Se opuso a que un McDonald’s abriera en Oaxaca diciendo que hacían sus hamburguesas con carne “de gata desvelada y de rata de alcantarilla”. Deseaba la demanda por calumnia que, viniendo de una transnacional, habría sido su coronación como Virgen de Guadalupe de ciertos mochos que se creen de “izquierda” y son de derecha. El cálculo más sencillo hace ver que resultaría más cara la tonelada de carne de rata que la de res. En cambio, al taquero y a la seño del mole negro sí que les resuelve la venta del día el cadáver de un perro atropellado. Elemental, Elena.

En resumen: se ofreció a sacar de Lecumberri mi manuscrito, luego me pidió autorización para tomar citas y se la di. No hubo pues plagio. Pero no autoricé los cambios que hizo, algunos graves, como poner a relatar la llegada del Ejército a Tlatelolco al miembro del CNH que no la vio. Esa página la eliminó en la edición corregida. Las otras correcciones las hizo, todas, y su libro ganó mucho como fuente histórica confiable.

Pepe Revueltas. Una nota sobre la nueva edición de Los días y los años, ahora en Planeta, señala que escribí ese relato bajo la supervisión de José Revueltas. Es falso. Pepe estaba en otra crujía y las visitas entre presos se prohibían. Le pasé el manuscrito completo a través de la reja y, en lo que escribió un largo y hermoso ensayo, mi libro ya se estaba imprimiendo.

Independencia mítica

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Hoy por la noche, festejando el grito, estaremos recordando el 16 de septiembre de 1810, la fecha que asociamos con nuestra Independencia. Como sabemos, esa noche fue el inicio de un muy largo proceso, 11 años, culminado por personas muy diferentes a las que lo habían iniciado. Para cuando nosotros nos separamos del imperio español, toda Sudamérica lo había hecho. Se trató del hundimiento del imperio, bajo el aciago gobierno de Carlos IV y Fernando VII, los peores reyes de un país que ha tenido malos en abundancia.

A diferencia de lo que creemos, las independencias americanas no ocurrieron porque nuestros países quisieran ser más liberales. Cierto es que varios caudillos lo eran, pero lo que hoy llaman poderes fácticos, es decir, Iglesia, burocracia y comerciantes, lo que buscaban era evitar ese proceso de liberalización que les haría perder poder. A partir de la segunda década del siglo XIX las nuevas naciones americanas van a sufrir un proceso de deterioro económico y político en la lucha interna: de un lado quienes buscaban mantener los privilegios; del otro, los pocos que apostaban a la gran novedad: capitalismo y democracia.

Para fines del siglo, prácticamente en toda América han ganado los capitalistas, que para entonces ya olvidaron la democracia. Es el momento del cambio, el gran crecimiento de Argentina y Uruguay, el más moderado de México, Brasil y Chile. Pero quienes logran este crecimiento lo hacen precisamente sobre las cenizas de los poderes fácticos previos. Tal vez el mejor ejemplo sea precisamente México, que a través de la Reforma y la Intervención logra uno de los procesos de redistribución de riqueza más significativos. No de ricos a pobres, sino de conservadores a liberales, que una vez avituallados, olvidarán también el capitalismo para vivir de las rentas.

Las nuevas disputas, ya en el siglo XX, incluirán a los obreros, de reciente aparición, pero que en realidad nunca harán una diferencia significativa. Para inicios del siglo XXI, América Latina sigue siendo el continente con mayor desigualdad, el que menos aprovechó los éxitos del capitalismo (la posguerra y la posguerra fría), y en el que es más visible la discriminación social.

A 200 años, no hemos querido aceptar que nos independizamos para no cambiar, que mantenemos privilegios propios de la premodernidad, ahora repartidos con tal amplitud que han acabado con nuestras economías y ya casi con la sociedad entera. Doscientos años perdidos en una mítica independencia y una muy real explotación interna. Dos siglos de inflamada retórica y lacerante miseria. Dos siglos de mentiras.

Qué ganas de joder

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Lo más probable es que no ocurra nada grave esta noche en el Zócalo, ya que, en efecto, los seguidores de López Obrador no parecen esta vez interesados en que se registre una “provocación de las fuerzas de la derecha”. Pero si no quieren pleito, ¿para qué van a la plaza?

Dirán que el Zócalo y el Grito y la patria son de todos y no nada más de la “persona que usurpa la Presidencia de la República”. Un argumento bobalicón. ¿A qué van?

Discrepo en este punto con lo expresado por alguien que ha padecido al lopezobradorismo, como es Ricardo Pascoe. Él piensa que al carismático ex candidato presidencial le urge “algo” para mantener a su movimiento vivo y unido, y ese “algo” puede ser un muerto en 15 de septiembre.

“Imagínese un muerto a manos del aparato represor del Estado”, explica Pascoe. “Un sincero e inspirado defensor del movimiento de López Obrador, que acudió al Zócalo para escuchar la voz del honesto líder insurgente de México. Y entonces alguien disparó, nunca se sabrá quién, y hay un muerto. Y con ese muerto nace un héroe”.

Discrepo. Creo que van al Zócalo sólo por joder. No les importa la tragedia de la inseguridad, de la que tienen su cuota de responsabilidad. Saben, como afirmó Javier García Diego, presidente de El Colegio de México, en una espléndida entrevista en emeequis, que “el país está triste”. Pero les importa un carajo.

Van porque hay que ensuciar. Van a escupir al piso. No creo que busquen votos, adeptos, ni héroes. No se trata del país. Tampoco del petróleo. Van porque así lo diseñó el gran controlador del pueblo bueno.

Y el controlador quiere joder un rato para mantenerse en forma en su cacareado “septiembre patrio”.

1810

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

Nada es cierto. La marcha tortuosa, afanosa de México, ha vuelto a empezar en su punto de partida. Cerca estamos de cumplir dos siglos de la lucha emprendida por lograr la independencia. Esa mayoría de edad que reclamada, derramó nuestra sangre, torció el acero de la espada. Montada a caballo, sufrió silenciosa el juicio. La mirada implacable del conquistador. Zafarse del yugo movió corazones. Era una hazaña… una meta insondable. Como subir la montaña más alta y de rodillas. Independencia marcada por la confusión. Confusión animada por la desesperanza. Desesperanza razonada en la necesidad de respirar un país libre de cadenas. Eslabones rotos, inconexos. Torbellinos de pasiones que en su marasmo, tomaron el sendero irremontable… pero sensato. México quería ser México. Nosotros sus hijos. Lugar de tradición, emociones. Canción rasgada en la guitarra de un son. Pregonero y melodioso, que en sus vibraciones habla de nosotros. Jugueteando con la muerte. Muriendo con la alegría.

Todo se puso a prueba. Valor, templanza y patria. Nada quedó exento de revisión. 1810. Año que bifurcó el camino. Momento tajante y desbordado. Lugar del todo o nada. No quedó espacio de duda. Había que hacer, y se hizo. Había que matar, y hubo muerte. México entendió lo doloroso del parto. Sin dudar, cortó el cordón.

¿Qué ha sido de esta lucha, casi dos siglos después? ¿Dónde está México? ¿Dónde nosotros con él?

No puedo cantar la independencia, porque no la siento. Si como tú, hoy vivo aprisionado… ¿Dónde quedó la lucha? Independencia es paz… y no la tengo. Libertad creativa. Independencia es concordia… y no la encuentro. Amor compasivo. Independencia es luz… y no la veo. Espíritu que nutre los veneros de mi patria. Patria encadenada por la sinrazón. Lugar que choca, como el agua, contra una roca que ha dejado de sentir.

Habrá que revisar de nuevo. Origen, destino. Medios y remedios. Si en 1810, rompimos con todo. Si en 1910, rompimos también. ¿Estamos por volver a rasgarnos, cerca ya del 2010?

No me da alegría el camino tomado. Los últimos kilómetros, no me satisfacen. A nadie le gusta nada. Nadie quiere transigir. Cada quien toma lo que piensa suyo. Nuestras leyes, como si no las hubiera. Nuestra justicia, como si no se entendiera. Nuestra concordia, endurecida. La razón, cuando menos aturdida. Cada quién es dueño de la verdad. Unos porque callan al verla de frente. Otros, porque en vez de regalarla, la aprisionan.

No. ¡No es sensato lo que veo! Veo un México roto. Siento que sin remedio, pierde el aroma. Duele ver a mi pueblo aprisionado. Su olor a tortilla encarcelado. Sus sabores variados, solo amargos.

No. ¡No es sensato lo que veo! Quiero enderezar de un solo golpe, este camino torcido. Quiero enmendar y enmendarme. Recobrar aliento y paz. Sendero. Entender que tu camino, es el mío. Como mi ruta es la tuya. Quiero ver de frente el blanco, para borrar el negro.

México se me va… y no lo alcanzo. Ese país que conocí, ya no lo encuentro. ¡Devuélvanmelo ya, que desespero! Esto que tengo enfrente… ¡ya no existe!

Independencia es luz… y no la veo. Espíritu que nutre los veneros de mi patria. Patria encadenada por la sinrazón. Lugar que choca, como el agua, contra una roca que ha dejado de sentir.

Buenas noticias

Lydia Cacho
Plan B
El Universal

Dolores Tarín llega al juicio con la valentía de una mujer que sabe que su cabeza tiene precio

En medio de tanta masacre, una extraordinaria noticia, una luz en el camino sobre la transformación del Sistema de Justicia Penal mexicano se dio en la ciudad de Chihuahua, y claro, con la cantidad de dramas sangrientos, casi pasó desapercibido: el primer paso para un juicio oral por feminicidio, personificado por dos extraordinarias mujeres.

Lucha Castro, abogada del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres, AC, logró llevar la denuncia de un intento de feminicidio ante el nuevo Sistema de Justicia Penal de Chihuahua. El viernes 5 de este mes la abogada llegó al juzgado al lado de Dolores Tarín, una valiente mujer que sobrevivió al atentado de un sicario.

La experiencia del juicio oral fue dramática y emocionante para todas y todos los involucrados, incluido el propio juez, quien hizo un buen trabajo; hasta los policías estaban entusiasmados.

Por un lado, el Ministerio Público representando a la Procuraduría del estado presentó una solicitud al juez de Garantía para que se negara el juicio oral, quería un juicio abreviado. En su propuesta, el sicario se declararía culpable y obtendría el beneficio de la pena más baja por haber aceptado matar a la mujer. La abogada argumentó que eso se podría considerar sólo si el sicario, a cambio, proporcionaba información para procesar al autor intelectual, quien se fue de la ciudad sin dejar rastro y a quien el MP jamás investigó.

El juez escuchó a todas las partes, debatieron abiertamente con buenos argumentos, la víctima se sintió validada por el juez e incluso pudo decirle al Ministerio Público lo que todas las víctimas de delitos en este país quieren decir cuando la autoridad en lugar de defender los intereses de la sociedad, defiende a los criminales.

La víctima y su abogada argumentaron mientras el juez, considerablemente azorado ante la parcialidad del Ministerio Publico hacia el sicario, anotaba las contradicciones. Al final se dio la razón a las mujeres y se admitió un juicio oral por un delito de violencia de género.

Imagine usted que algún día todas y todos los mexicanos tengamos derecho a ser escuchados, a evidenciar claramente cuando el representante de la Procuraduría representa a los criminales. Un día en que las víctimas y sus familiares ya no serán interpretados en cientos de hojas escritas en lenguajes anacrónicos con términos legales incomprensibles; sometidos a la opacidad de un sistema en el que las decisiones se toman con discrecionalidad, y sin que la jueza o el juez pueda escuchar toda la historia en vivo, de una buena vez.

En unas semanas comienza ya este juicio oral, en el estado que durante más de una década ha sido desgarrado por la destrucción sistemática de vidas, cuerpos y dignidad de mujeres y niñas.

Dolores Tarín llega al juicio con la valentía de una mujer que sabe que su cabeza tiene precio; Lucha Castro, con amenazas de muerte del crimen organizado de Chihuahua; pero allí estuvieron, en el juzgado, preparadas, fuertes, congruentes; haciendo historia.

En medio de tanto dolor y tragedia, podemos celebrar que en México no se vale darse por vencida. Aunque siga el debate sobre el costo millonario del sistema de juicios orales, sobre el poder que perderán abogados que cobran sumas millonarias para resolver casos en la opacidad y la corrupción, y sobre las dificultades para su implementación, lo cierto es que hoy podemos celebrar un paso pequeño para la justicia; inmenso para las mujeres de Chihuahua.