septiembre 16, 2008

Festividad mexicana se tiñe de sangre con el primer atentado a la población civil


México, 16 sep (EFE).- Dos explosiones que causaron al menos ocho muertos y más de ochenta heridos en la ciudad mexicana de Morelia tiñeron de sangre la Fiesta nacional de la Independencia, en el primer atentado perpetrado contra civiles desde el recrudecimiento de la ola de violencia del crimen organizado.

Aunque hasta el momento nadie ha reivindicado la acción, Leonel Godoy, gobernador del estado de Michoacán, cuya capital es Morelia, aseguró que las primeras hipótesis apuntan a un "atentado terrorista" de bandas organizadas que, por primera vez desde la llegada al poder del presidente Felipe Calderón, habrían apuntado a objetivos civiles.

Godoy aseguró en una entrevista televisada que las autoridades recibieron amenazas de posibles atentados en Michoacán, estado del que es originario Calderón, durante las celebraciones de la Independencia y el desfile militar previsto para hoy pero cancelado tras el atentado.

"Estamos consternados porque los muertos y los heridos son gente del pueblo, es gente del pueblo de la más humilde, entre los heridos hay mujeres y niños", afirmó Godoy.

En su discurso oficial del 198 aniversario de la Independencia en la capital mexicana, Calderón calificó a los autores del atentado de "asesinos sin escrúpulos" y "cobardes".

Arremetió contra los criminales que han mostrado su "verdadero rostro de traidores a la patria" y pretenden infundir temor a los mexicanos, al tiempo que advirtió que lo único que lograrán es el repudio de todo el país.

El gobernante convocó a todas las fuerzas sociales a unirse en esta hora crítica y pidió dejar de lado las acciones que buscan dividir a México.

Calderón aseguró también que México ha pasado por situaciones difíciles en diferentes etapas de su historia y sostuvo que el de hoy es un momento que, como otros, podrá ser superado.

El portavoz de la Procuraduría (Fiscalía) del Estado, Víctor Arredondo, afirmó a Efe que, hasta el momento, han sido trasladados siete cadáveres a las instalaciones del Servicio Forense.

Sin embargo, Jorge Romero, comandante de Protección Civil del estado de Michoacán, dijo a la prensa local que el número de víctimas se elevaba a ocho, seis mujeres y dos hombres.

Las explosiones registradas la noche del lunes se produjeron cuando el gobernador Godoy encabezaba en la plaza cívica de Morelia, a 300 kilómetros al oeste de la capital mexicana, el llamado "Grito de la Independencia", una celebración a la que acuden familias enteras en las principales ciudades del país.

La Procuraduría indicó que la primera explosión causó el pánico entre los asistentes al acto cívico y "dejó un cráter de cuarenta centímetros de largo por cuarenta de ancho y ocho centímetros de profundidad".

"La siguiente explosión fue a una cuadra (calle)", instantes más tarde, según las fuentes, que confirmaron que todas las víctimas son civiles.

El de Morelia sería el primer atentado indiscriminado contra la población civil desde que se desató la ola de violencia del crimen organizado, que este año ha causado ya más de 3.000 muertos.

Analistas políticos consultados por los medios no dudan en señalar al crimen organizado y, en concreto, a las bandas de narcotraficantes como los causantes de los atentados, perpetrados en el estado natal de Calderón y que está gobernado por el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).

La batalla contra el crimen organizado emprendida por Calderón y la lucha por desmantelar las rutas de la droga ha llevado a las bandas de narcotraficantes a una guerra sin cuartel, que ha provocado cientos de muertes entre miembros de organizaciones rivales pero que hasta ahora no había afectado a civiles.

El pasado fin de semana 24 cadáveres, al parecer de miembros de estas organizaciones, fueron encontrados a unos 12 kilómetros de la capital mexicana con evidentes signos de haber sido asesinados en un presunto ajuste de cuentas.

Suman ocho los muertos por bombazos en Morelia

Redacción EXonline

El saldo de víctimas del atentado con granadas en Morelia, Michoacán aumentó a ocho personas muertas y 85 lesionadas.

Seis mujeres y dos hombres fallecieron a causa de dos explosiones minutos después de las arengas del gobernador Leonel Godoy cerca del Palacio de Gobierno de Morelia, informó Cadenatres.

Las personas fallecidas fueron identificadas como Alfredo Sánchez Torres, de 52 años; María del Pilar Navarro Mendoza, de 30; Gloria Álvarez Bautista, de 32; Martha Quintero y Elsa Guerrero García, de quienes no se tiene información sobre su edad. Mientras que dos hombres y dos mujeres permanecen sin identificar.

Hasta el momento se reportan 101 personas lesionadas, cuatro de gravedad, quienes fueron trasladados a diversos hospitales públicos de esa ciudad.

Se estima que los estallidos se suscitaron alrededor de las 23:05 horas, a unos metros del balcon principal del Palacio de Gobierno.

En su momento, el presidente Felipe Calderón, desde la Ciudad de México, advirtió que su gobierno investigará los hechos.

“Ante los acontecimientos de violencia ocurridos en la ciudad de Morelia, Michoacán, durante la celebración del Día de la Independencia, el Gobierno de la República manifiesta su más enérgica condena y su disposición a redoblar esfuerzos para apoyar al Estado de Michoacán y a su gobierno en la investigación de los hechos, para desterrar la criminalidad y la violencia que padece.

“Al mismo tiempo, el Gobierno de la República expresa su más sentido pesar a los familiares de las víctimas y expresa su deseo de recuperación a los heridos.

“Actos tan cobardes y reprobables como los ocurridos merecen el repudio de la sociedad entera y la reacción inmediata de las fuerzas del Estado Mexicano para castigarlos conforme a Derecho.

“Tan pronto como tuvo noticias de los hechos, el Presidente de la República se comunicó con el Gobernador de Michoacán, y sostuvo una reunión con el Secretario de la Defensa Nacional, el Secretario de Marina, el Secretario de Seguridad Pública y el director del CISEN, en Palacio Nacional, donde giró las instrucciones necesarias para proceder de inmediato al esclarecimiento de lo acontecido, así como a la búsqueda de los posibles responsables”, señala la Presidencia en su comunicado.

'Vivan los Chiles en Nogada' por Paco Calderón

Vivan los Chiles en Nogada

Tuvimos Grito espurio

Román Revueltas Retes
rrevueltas@milenio.com
Interludio
Milenio

Qué fastidio, lo de soplarnos esas machaconas cantilenas que tanto embelesan a Rayito y otros patrioteros profesionales de su calaña, ya saben, estribillos tales que “el Zócalo es de todos los mexicanos”, “el petróleo es de todos los mexicanos”, etcétera, etcétera, declaraciones que pretenden ser una revelación ahí donde no pasan de constituir obviedades proferidas con una abusiva deliberación para encender rudimentarios fervores nacionalistas. La retórica tricolor es necesariamente simplista, señoras y señores, y no necesita de demasiadas elaboraciones: “¡La patria no se vende!”, gruñe, con fiereza, el caudillo, y las masas enardecidas responden al instante lanzando vítores obligadamente vehementes.

Naturalmente, nadie se pregunta si hay compradores y si la oferta es verdaderamente tentadora. Si López Obrador bramara: “¿Quién quiere comprar Pemex?” el asunto se complicaría aunque la galería respondiera, todos a una, que los presuntos aprovechados son aviesos capitalistas del exterior. El hecho, sin embargo, es que nadie quiere hacerse de nuestra vetusta empresa paraestatal. Las cosas están muy bien como están ahora: jugosos contratos para poderosas corporaciones que no necesitan siquiera negociar las pesadas cargas de una fuerza laboral privilegiada ni desenmarañar la intrincada red de canonjías sindicales. Pemex ya se vendió: trabaja con empresas privadas de medio mundo. Ésa es la realidad.

En cuanto al Zócalo, supongo que es de todos y, a la vez, de nadie porque, con perdón, ninguno de nosotros podría poner allí su vivienda y mudarse. Tampoco sería muy factible que 100 millones de mexicanos lanzaran simultáneamente El Grito desde esa plaza por más que aspiren a su tajada de patrimonio nacional. Justamente por ello es que, cada 15 de septiembre, la ceremonia tradicional es encabezada por el presidente de la República, representante constitucional de todos los ciudadanos de México. Tan sencillo como eso. Aunque el otro haya querido protagonizar su grito espurio.

No lo sé, Epigmenio

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Por ser uno de “los colegas que han señalado con dedo flamígero las intentonas golpistas”, Epigmenio Ibarra me pregunta en su columna del viernes ¿qué pasaría en México si Felipe Calderón no terminara su mandato?

No lo sé, Epigmenio. No me dedico a la prospectiva, ni a la ciencia ficción ni a profetizar calamidades. Tampoco a la propaganda.

Lo que a estas alturas sí conozco bien es el lloriqueo marrullero del pueblo bueno lopezobradorista, sus voces y plumas. Ellos se inventaron este cuento del derrocamiento. Ellos. Sólo ellos. No se requiere del Cisen para saberlo. Basta leerlos y escucharlos con un poco de atención, algo que debo hacer todos los días.

Con López Obrador siempre marcando la vanguardia, llevan meses hablando de la resistencia civil “pacífica” que tomará “pacíficamente” aeropuertos, carreteras, etcétera, si “violentamente” los legisladores deciden legislar; meses advirtiendo que llegarán “pacíficamente” a las últimas consecuencias si no ocurre esto, si no se da aquello. Hace unas semanas, dos o tres de ellos dijeron que era hora de derrocar a Calderón y que faltaba poco ya para que los tercos hechos acabaran con su gobierno.

Ni hablar, vivimos días en que por hacer una relación periodística, uno se convierte en un fusilero de la “guerra sucia” contra el “líder de los humillados”; en una pluma más, en una voz más de la siniestra conspiración de las fuerzas corruptoras contra el pueblo bueno. Ni hablar, con esas fichas se debe jugar esta partida.

Ellos amenazan, insultan y después se ofenden porque alguien recuperó sus palabras, las juntó y trató de interpretarlas, sin darse cuenta que, como explica Epigmenio, eran “puros arrebatos retóricos”.

El narco la imita, no es la guerrilla

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

A nadie le cabe duda de que el mayor desafío a la seguridad nacional que tiene México pasa por la violencia del crimen organizado y sus secuelas de inseguridad, violencia contra la sociedad, secuestros y narcomenudeo. El caso de la veintena de cuerpos encontrados en la zona de La Marquesa, en el Estado de México, maniatados y con un tiro de gracia, es la demostración de los límites a los que puede llegar esa violencia pero también, paradójicamente, de sus debilidades.

Expliquémonos mejor: en lo que va de este sexenio la cifra de muertos entre ajustes de cuentas de los cárteles del narcotráfico ha alcanzado los cinco mil 500 aproximadamente, tres mil sólo en lo que va de este año. La violencia es cada día mayor y las demostraciones de brutalidad crecen día con día, pero dudo de que eso sea una demostración de fortaleza de estos grupos. No eran grandes sicarios los que fueron asesinados y decapitados en Yucatán; tampoco lo eran los que fueron detenidos en Villa Nicolás Romero; los que hasta ahora han sido identificados de entre los muertos de La Marquesa resulta que los han reconocido como jornaleros y lo más probable, como ocurrió en Yucatán, es que estemos hablando de narcomenudistas u operadores de bajo nivel de alguno de los cárteles. No es fácil para cualquier organización armada perder miles de hombres y mujeres de operadores y sobre todo de sicarios en un plazo corto de tiempo y poder reemplazarlos sin una fuerte merma de su capacidad operativa. Es verdad que, en México existen unas 100 mil personas que estuvieron en el Ejército y desertaron y pueden ser la base de estas organizaciones y que las policías están profundamente infiltradas. Pero tampoco nos engañemos: ni todos los que por una u otra razón han abandonado el Ejército se han convertido en sicarios de la guerrilla ni todas las policías están bajo control del narcotráfico (e incluso una de las consecuencias de esta batalla irracional es que son los propios grupos los que terminan depurando y exhibiendo esa penetración con sus respectivos ajustes de cuentas). ¿De qué otros ámbitos puede abastecerse de sicarios y operadores el narcotráfico? Por ejemplo, de elementos militares de países limítrofes: hay unos 19 mil kaibiles desmovilizados en Guatemala, entrenados para operar y matar en condiciones idóneas para el narcotráfico. Y del otro lado de la frontera están los llamados soldados de la fortuna o elementos desmovilizados del ejército estadunidense que, como ha sucedido con Los Zetas en ranchos de Texas, funcionan de entrenadores a cambio de dinero.

Las fuentes de abastecimiento de drogas, entonces, se reducen porque cada vez más mariguana consumida en Estados Unidos es producida en ese país; se han reducido los envíos de cocaína y ello se ha visto reflejado en un aumento del precio y una disminución menor pero real en el consumo, al mismo tiempo que aumenta el de drogas sintéticas y metanfetaminas, fenómeno que ha obligado, por ejemplo, a que cárteles mexicanos vayan a buscarla a Argentina, donde los precios son menores y la accesibilidad notoriamente mayor, para enviarla a México y de aquí a la Unión Americana.

¿Qué es lo que queda de todo esto percibiéndolo estrictamente como un negocio? Un mercado externo cada vez más reducido que debe recurrir a eliminar a sus competidores y al mercado interno para sobrevivir. Adicionalmente, tiene cada vez menos operadores calificados y eso le hace perder competitividad y posibilidades. ¿Cómo se los puede ver desde el punto de vista de la violencia? Debería leerse como una suerte de guerra de guerrillas sin contenido ideológico. Lo que están haciendo los grupos del narcotráfico, en términos de operación y violencia, incluso de publicidad, narcomantas, etcétera, no se diferencia en nada a la forma en la que actuaría cualquier organización guerrillera relativamente seria: que no tenga todo ese accionar un contenido ideológico no es impedimento para que utilice los métodos, e incluso, como vimos en algunas narcomantas, parecen tentados a comenzar a enmascarar su accionar en uno. Si no se percibe así el combate que se está librando contra estas organizaciones se perderá de vista lo esencial. Como también el mayor de los peligros: que esa lucha adquiera, naturalmente o como bandera de conveniencia, algún fin ideológico o político para fortalecerse en un momento de debilidad.

Porque si esta lógica es correcta, estos grupos tienen que estar pasando por un momento de debilidad: no pueden reponer cuadros con tanta rapidez y si fueran atacados con golpes más precisos y certeros esa debilidad se agudizaría. Para ello se requiere mantener muchas de las medidas que se han implementado hasta ahora, pero también modificar algunos puntos. Los operativos son correctos y ayudan a recuperar el control territorial, pero se debe pasar mucho más a los golpes selectivos para que esas acciones se puedan percibir como un verdadero golpe. ¿Cuál fue percibido como el mayor que se ha dado al narcotráfico en este sexenio y el que mejor fue recibido por la gente?: las extradiciones que, por alguna causa, el gobierno federal no quiso poner en su verdadero contexto tanto como hubiera podido. ¿Por qué entonces no comenzar a atacar las debilidades de estos grupos en el contexto en el que realmente les duele? Por supuesto que se deben desarticular las redes, se debe seguir la pista al dinero, se deben implementar las acciones firmadas en agosto, depurar a las policías y crear una sólida policía federal bien coordinada con estados y municipios. Como en todo, es mucho lo que queda por hacer, pero forma parte de un proceso. El Estado mexicano hoy es atacado a través de una suerte de guerra de guerrillas sin ideología o partido de por medio. Desde esa óptica se debería responder y al no tener un contenido ideológico detrás ese desafío debería ser más sencillo de encarar.

Grito

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

El cura Hidalgo puso el grito en el cielo cuando supo que se filtró la conspiración que organizaba con Ignacio Allende y Juan Aldama para levantarse contra la autoridad del Virreinato de la Nueva España.

Ese grito de Dolores marcó el arranque atropellado e inesperado de la lucha por la Independencia mexicana. Era una voz de enfado, de un ardimiento personal de Miguel Hidalgo y Costilla producto de la urgencia, pero sin una ruta exacta para caminar. Siempre cuesta trabajo advertir que el grito del cura Hidalgo incluía “vivas” contradictorias al rey de España y “mueras” al mal gobierno.

Como sea, nuestra identidad nacional nace de un grito. Un grito que nos convoca a la guerra, como dice la letra de Francisco González Bocanegra en el Himno Nacional.

Nacimos producto de un parto histórico y doloroso, que duró 11 años llenos de violencia, traiciones y fusilamientos. En los que José María Morelos le da orden, reglas y objetivo a esa lucha armada. El movimiento igualitario de Morelos, paradójicamente, terminó por colocar en un trono a un rey mexicano: Agustín de Iturbide.

Desde entonces gritar es parte de la fiesta que nos uniforma como mexicanos. “México sabe gritar”, dijo, en alguna de sus visitas, el papa Juan Pablo II. Y en los eventos deportivos internacionales, algunas delegaciones extranjeras cantan, otras bailan, las nuestras gritan.

La época dorada del cine nacional estuvo marcada, entre otras señas inconfundibles, por los gritos de dolor o de gusto de Pedro Infante para reclamar un amorío, un tequila o retar a un duelo.

Todo mexicano sueña con que un “gritón” de la Lotería Nacional le cante su número de suerte para convertirse, de la noche a la mañana, en nuevo millonario.

El problema es que el grito invada a la política. Todas las confrontaciones inician con gritos. El grito es el peligroso anuncio de la hostilidad; pero la política sólo se puede hacer en el diálogo razonable y pacífico entre diferentes.

“A grito pelón” pueden moverse sensaciones, pero no razones; pueden animarse multitudes, pero no acordar entendimientos parlamentarios.

Gritar, pues, es una ruta del desdén por el otro. “A mí no me vas a gritar”. También es un camino en el que la palabra, el argumento y la razón no cuentan. Gritar exhibe fuerza, no pensamiento. Es un ejercicio gutural, no intelectual; y la política es un ejercicio de reconocer y estar dispuesto a intercambiar ideas con otro.

Algunos izquierdistas radicales han hecho del grito su bandera. Incapaces de redactar un plan, una propuesta de modernización del país, llenan las calles con sus gritos. No tienen más ofrecimiento que el fácil griterío. Si es ensordecedor, muchísimo mejor.

Los profesionales del grito fueron convocados ayer al Zócalo de la capital del país para gritar durante la conmemoración del grito de Independencia. Sólo querían gritar, es decir, vociferar, berrear, sin nada más.

Eso son: un simple grito efímero, momentáneo, fugaz, perecedero. Qué lástima. Teniendo todo para construir un verdadero movimiento.

***

Hace 69 años, precisamente durante las fiestas de la Independencia, encabezados por Manuel Gómez Morín, se reunieron en el frontón México, junto al Monumento a la Revolución, en la ciudad de México, varios mexicanos, muchos de ellos maestros de la Universidad Nacional, para fundar al Partido Acción Nacional. Prefirieron la ruta paciente de construir una organización a la apuesta fácil de seguir el grito de un caudillo.