septiembre 18, 2008

Disparo exitoso de un misil intercontinental ruso Bulava de ojivas múltiples

MOSCU (AFP) - Un submarino ruso efectuó el jueves un disparo exitoso de un misil intercontinental Bulava de ojivas múltiples, capaz de traspasar el escudo antimisiles estadounidense, según Moscú, anunció la marina rusa en un comunicado.


"El submarino nuclear estratégico Dimitri Donskoi efectuó hoy con éxito el disparo de un misil balístico moderno Bulava desde el mar Blanco (noroeste de Rusia) contra el polígono de Kura, en Kamchatka (extremo oriente ruso)", indicó la nota.

"El lanzamiento y el vuelo del misil se desarrollaron normalmente. Las cabezas de prueba del misil hicieron blanco a las 07H05 locales (15H05 GMT)", informó por su parte el ministerio ruso de Defensa, según la agencia Interfax.

De un alcance de 8.000 km, el misil Bulava tiene una capacidad para transportar diez cabezas nucleares de trayectoria independiente.

Los responsables rusos afirman que es "capaz de penetrar todos los sistemas antimisiles existentes y futuros" y está llamado a garantizar la estabilidad estratégica rusa hasta mediados del siglo XXI, según su creador, Yuri Solomonov.

El primer disparo de ensayo de un misil Bulava tuvo lugar en 2005. En 2006, tres de esas pruebas fracasaron.

Los rusos denuncian el proyecto de Estados Unidos de extender a Europa su escudo antimisiles. Washington asegura que la instalación de un radar en la República Checa y de proyectiles antimisiles en Polonia persigue hacer frente a países que considera peligrosos como Irán y no a Rusia.

Detienen a dos presuntos sospechosos de los atentados de Michoacán

El Ejército implementó un operativo especial en el estado de Zacatecas, en donde los dos hombres pretendían huir.

México. Milenio.com con información de Primero Noticias y Zacatecas Hoy.- Elementos del Ejército, capturaron a dos presuntos sospechosos de los estallidos del pasado 15 de septiembre en Morelia, Michoacán, que dejó un saldo de siete personas muertas.

Según la versión transmitida por Primero Noticias, a través de una llamada anónima se logró la ubicación de las dos personas.

Mientras que, la versión en línea de "Zacatecas Hoy", detalla que los dos hombres originarios del Estado de Michoacán son sujetos a intensos interrogatorios por efectivos federales y oficiales del Ejército Mexicano después de que estos sujetos provocaran una aparatosa volcadura cuando huían de la Policía Federal en hechos que ocurrieron al filo de la media noche de este miércoles en la carretera Ojo caliente- Las Arcinas en la entidad zacatecana.

Decenas de efectivos Militares, así como agentes investigadores federales y del Ministerio Público montaron una importante operativo de resguardo en las instalaciones del Hospital General de Zona en Zacatecas, lugar en donde los dos presuntos implicados se ecuentran hospitalizados.

La versión extraoficial indica que los dos sujetos manejaban una camioneta tipo Suburban color blanco de reciente modelo con placas de circulación de los Estados Unidos y se dirigían a gran velocidad hacia suelo zacatecano, sin que hasta el momento se haya podido establecer las causas del accidente ni los intereses de estos hombres por llegar a esta entidad.

De igual forma trascendió que uno de los dos detenidos presenta lesiones, que pudieron parecerse a las provocadas por las esquirlas o el impacto de perdigones en su humanidad, de igual forma fueron localizadas dentro del vehículo algunas evidencias que ameritan el aseguramiento de la camioneta y el inicio de una exhaustiva investigación tras los lamentables sucesos ocurridos el pasado 15 de Septiembre en Michoacán.

'Más cara' por Paco Calderón

Un mal ambiente

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Que yo recuerde, México no había tenido un tan mal ambiente público desde el fatídico año de 1994. En todos los ámbitos, hay un sentimiento de desasosiego. Por donde se vea, son muchos los problemas que aquejan al país.

El principal, por supuesto, es el de la inseguridad. No terminamos de digerir un espantoso caso cuando el siguiente ya comenzó. En pocos días, al secuestro y asesinato del niño Fernando Martí le siguieron 12 decapitados en el apacible estado de Yucatán. Luego aparecieron 24 ejecutados en La Marquesa y, cuando todavía estábamos en estado de shock por esta masacre, explotaron dos granadas en Morelia que mataron a siete víctimas inocentes durante la ceremonia del Grito de la Independencia en la capital michoacana. Este último episodio se trata de un inédito acto terrorista en México para atemorizar a la sociedad.

La ciudadanía, con toda razón, se pregunta qué es lo que está pasando. Estos días he recibido una serie de cuestionamientos que denotan la gran incertidumbre que existe: ¿No estarán los gobiernos rebasados? ¿Tiene el presidente Calderón la capacidad para enfrentar el reto de la delincuencia? ¿No sería mejor negociar con las bandas del crimen organizado? ¿En dónde va a terminar esta crisis de inseguridad? ¿Ya tocamos fondo o apenas comienza lo más sangriento de la lucha en contra de la criminalidad?

Las preguntas son acompañadas de historias tétricas. Del conocido que fue secuestrado. Del joven empresario que apareció decapitado por no querer pagar el dinero que los extorsionadores le exigían. De la señora que raparon en un salón de belleza por haberse quejado de los narcotraficantes. Es un hecho: el miedo cunde en varias ciudades del país.

Luego está el mal ambiente económico. El fenómeno es global y se debe, en buena medida, a la crisis financiera de Estados Unidos. Aunque hasta ahora México ha capoteado de manera razonable el temporal, lo cierto es que, por un lado, la economía se está desacelerando y, por el otro, la inflación está creciendo. Es una mala combinación. Por desgracia, hacia adelante, todavía no se ve luz al final del túnel. Al igual que 2008, 2009 se ve como un año de más malas noticias económicas que buenas. Y la gente también está preocupada por las consecuencias que este fenómeno global tendrá en su economía familiar.

Ni qué decir del ambiente político. Una parte de la izquierda sigue empeñada en desconocer al Presidente cuando éste necesita toda la ayuda política posible para enfrentar a los verdaderos enemigos del Estado que son los grupos del crimen organizado. En el ambiente existe la amenaza de movilizaciones, bloqueos y tomas de tribunas. Además, ha comenzado una nueva competencia por el poder. Las heridas de 2006 todavía no cicatrizan cuando entramos a un nuevo ciclo electoral. Ya se manifiestan las luchas internas en los partidos para definir las candidaturas de mil 505 puestos de elección popular que estarán en juego el próximo 5 de julio. Luego vendrá la pelea entre los partidos por ganar las elecciones.

Todos quisiéramos olvidar el terrible 1994 que comenzó con un levantamiento guerrillero y terminó con una profunda crisis económica pasando por dos magnicidios. Fue un año funesto donde el mal ambiente público fue empeorando día con día. Nadie quiere que se repita un año así. No se trata de invocar viejos fantasmas. Se trata de evitar que el mal ambiente público siga generalizándose en este 2008 porque como vamos…

No es lo mismo...

Germán Dehesa
german@plazadelangel.com.mx
Reforma

Haré dos citas de dos autores españoles cercanos a mi corazón. El primero es Fernando Savater quien aguantó como los buenos la persecución de la ETA. En alguna línea memorable de "Ética para Amador", un padre habla con su hijo acerca de qué es la ética y cómo se aplica a la vida y por eso le dice: "no es lo mismo ser cobarde que ser valiente". Si no es mucho pedir, todos los jóvenes de este país tendrían que imbuirse de esta verdad: no es lo mismo ser cobarde que ser valiente.

Obviamente no estoy hablando nada más por hablar. Las razones que me mueven a establecer la valentía como el único camino de hacernos hombres, tienen mucho que ver con la situación de un mundo al borde de la quiebra y con la violentísima crispación de un país tomado por el narco, la violencia, la inseguridad y la impunidad. No es difícil ser valiente cuando todo fluye con tersura; es cuando se ponen las aguas tan broncas y amenazantes cuando averiguamos quién es quién en los precios. Desgraciadamente la cobardía tiene hoy todo tipo de paliativos y apapachos. Nunca falta una de estas terapeutas babosas que se ganan la vida destrozando parejas y que hoy nos salen con que tal hombre o mujer son cobardes por culpa de su mamá. El miedo fabrica infinidad de argumentos. Me encanta oír (o leer) a esos hombres maduros y razonables que toman la decisión de abandonar el país porque, según dicen, ellos no se irían, pero lo malo es que tienen también que pensar en su familia, o en su empresa (no siempre piensan en ésta), o en la "calidad de vida" que los suyos merecen (y a nosotros que nos atropelle el micro) y patatín y patatán y mexicanitos ahí se ven, porque yo voy a pasar a retirarme. Hablan tan bonito, que hasta les aplaudimos y les deseamos todo tipo de parabienes. Yo no; yo digo que cada quien con su conciencia, pero, para mí, los que se van en estas condiciones, dejan de existir, se vuelven niebla y concentro toda mi solidaridad en los que se quedan. Ahora bien, les voy a decir que hay muchos que se quedan porque no tienen presupuesto para exportar su cobardía. Ellos, digo yo, como si ya se hubieran ido. Me interesan los que se quedan a dar la pelea, a obsequiarle a la patria nuestro trabajo, nuestra pasión y nuestra indeclinable esperanza de que hemos de mejorar; y esto lo haremos como una retribución que le hacemos a la patria por lo mucho que nos ha dado. Yo entiendo plenamente a Savater y sé sin fisura alguna que no es lo mismo ser cobarde que ser valiente. Yo, Germán Dehesa, aquí me quedo y me quedaré siempre. Tengo dos razones muy sencillas: a) yo soy de aquí y lejos de aquí moriría como loto desmayado y b) ¿a dónde voy que más valga?, ¿a causar lástima en otro país?, ¡niii madre!. ¿Que ahora permanecer aquí requiere de una dosis mayor o menor de valentía?. Pues nos la echamos. Sería una infamia que no lucháramos hasta el último esfuerzo por arrebatarle a los felones la posesión y usufructo de México. ¿Me entendiste, funcionario, o vas a seguir zanganeando?.

Por lo que se refiere a la segunda cita que quería hacer, es de Arturo Pérez Reverte. En ella un soldado viejo y curtido le explica a un joven aprendiz que se pelea y se da la vida por la honra de la patria y que jamás se pregunte ¿qué tan honrada es su patria?, porque la honra de un país es la suma de las pequeñas honras de sus habitantes. O sea, mexicanos: con toda inteligencia y alegría ¡vámonos recio!.

ENVÍO

Estas líneas son para Nelson Vargas. Mi nana me daba migajón para recoger la bilis. Yo le envío esto para que le recoja las lágrimas.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MCCCLXXXIV (1384)

Me llegan historias del suntuoso vivir de los hijos de MONTIEL. Su papá ya lo había advertido: es que son muy inteligentes. Ah, pues sólo que sea por eso.

Cualquier correspondencia con esta columna que no se raja, favor de dirigirla a german@plazadelangel.com.mx (D.R.)

La guerra… y la historia

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Tal vez la joven cadete del Heroico Colegio Militar, Ingrid Berenice Martínez Murguía, no había leído el discurso de Winston Churchill del lunes 16 de junio de 1941 en la Universidad de Rochester, pero no le hizo falta.

En aquella fecha, cuando Gran Bretaña enfrentaba prácticamente sola el avance de las fuerzas nazis sobre Europa, y el ejército de Hitler se engullía Polonia, Grecia, Checoslovaquia, Noruega, Francia y los ingleses daban la pelea por el mundo libre, Churchill dijo algo tan sencillo como cierto: “unidos, aguantaremos; divididos, caeremos”.

Esa verdad tan sencilla, nos la recordó la cadete Martínez Murguía en el acto de conmemoración del 161 aniversario de la gesta de los Niños Héroes de Chapultepec.

La vorágine de los acontecimientos han hecho pasar desapercibidas las palabras de la joven alumna del Colegio Militar, pero conviene recordarlas porque apuntan, sin exageraciones, a lo que estamos viviendo en México en estos días.

“Durante este trayecto de la invasión a la fecha, México ha debido enfrentar retos muy altos y grandes desafíos, incluyendo el capricho ideológico, la violencia sobre la razón, conspiración e insidia.

“Los resultados: devastadores, sufrimos invasiones, perdimos territorios, padecimos asonada, golpe de Estado, traiciones reiteradas, y lo más lamentable, se bañaron de sangre y desolación entre hermanos, nuestras tierras, valles, mares y ríos”…

Esas han sido, en efecto, las consecuencias que ha pagado el país cuando su población ha estado dividida en lo fundamental.

Esa es la importancia de la unidad nacional en momentos como el actual, en que hay un enemigo que ataca, mata, tiene mil cabezas y se enfrenta a un estado poroso, infiltrado en algunas de sus instituciones de seguridad.

Un sector de la sociedad ha entendido la gravedad del problema, pero hay otro, minoritario, que no cree en la necesidad de unirse “todos en uno” contra el enemigo común.

Creen, lamentablemente, que llamarlos a la unidad es convocarlos a claudicar.

El enemigo está aquí, y la cadete Martínez Murguía lo comparó con las fuerzas invasoras extranjeras, y con quienes desde dentro les hicieron el juego:

“Cuando todos deberíamos estar empeñados a fondo para superar las desigualdades y retos de la modernidad, se tiene que combatir a quienes manchan sin escrúpulos la tierra que nos vio nacer.

“Enfrentamos todos los días a los nuevos traidores de la Patria, que inhumanamente siembran el miedo en la sociedad, acotan las libertades de nuestros compatriotas y pretenden que prevalezca el pánico, segando con saña la vida de nuestros propios paisanos.

“No les importa envenenar a jóvenes, adolescentes o niños, ni ser lo más vergonzoso, repulsivo y denostable de nuestra sociedad. Tampoco miden el alcance de sus prácticas perversas, alevosas, sanguinarias y cobardes por los señuelos del dinero fácil.

“Esos individuos que desean mantener privilegios y poderes fundados en el patrocinio de la violencia y criminalidad, pretenden también sembrar dudas, discordia y desconfianza sobre la determinación con que se enfrenta la felonía de sus actos.

“Sus hechos protagonizan acciones fratricidas en un camino sin retorno, de error, daño e ilegalidad.

“Ayer murieron mexicanos ante huestes extranjeras por defender lo nuestro, ahora manos y mentes criminales arrebatan vidas y patrimonio sobre sus hermanos de suelo, cielo y religión”.

Esas palabras fueron pronunciadas horas antes del atentado criminal en la capital de Michoacán.

Ahora se oyen voces que aconsejan ceder ante la presión de los grupos criminales.

Sería muy bueno que volvieran a leer el discurso de la cadete Martínez Murguía.

O que lean a Churchill, en aquel pasaje que recuerda su secretario privado John Colville en su libro A la Sombra de Churchill, referido a quienes sugerían una paz negociada con Hitler, en enero de 1941:

“Nunca cedas, y nunca lo lamentarás”.

Así se salvó el mundo.

Así se debe salvar México.

Y lo reitero

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Crisis mata crisis y tema mata tema. Florestán

Sé que se ha dicho, pero debo insistir en la gravedad del atentado registrado en la plaza Melchor Ocampo de Morelia, el lunes por la noche, de lo que no hay registro en la historia del México moderno.

Y también debo reiterar el calificativo de “terrorista”.

Sabíamos, sí, de actos criminales como este en otros países, pero nunca en el nuestro. El lunes por la noche, eso que nos era tan lejano y tan ajeno, nos alcanzó, dejando una estela de muerte y terror.

Pero, ¿por qué le llamo un acto de terrorismo?

No porque necesariamente haya sido realizado por un grupo terrorista, sino por su pretensión, por su objetivo, que es crear, no temor, sino terror en la sociedad mexicana, provocando la muerte y heridas para siempre en personas que celebraban la noche del Grito en la plaza pública de Morelia.

Otra razón para calificar este golpe de terrorista es que apuntó a víctimas inocentes, lo que es otra vertiente de lo inédito del atentado. Esta es la primera vez en que un acto de terror apunta y estalla hacia donde fue direccionado: la sociedad civil, y pega en víctimas inocentes.

Este atentado de Morelia debe llevar a reacciones en dos sentidos: primero, reforzar las acciones de gobierno en el combate al crimen organizado y, segundo, mover a una actitud más crítica de la sociedad en el modo de ver y juzgar la violencia de esa delincuencia.

Pero que no quede duda: estamos ante una expresión inédita de terrorismo en México, ante la que más que juzgar hay que condenar porque han matado a siete personas que no debían haber muerto y herido a otras 130, que no deberían haber lastimado.

En una primera impresión, conforme se fue conociendo y confirmando la magnitud y gravedad de estos hechos, por el país comenzó a correr una expresión de indignación por el atentado criminal y de solidaridad con las víctimas inocentes y sus familias, a las que nos unimos a su dolor y nos sumamos a su indignación.

Pero, cuidado, que esa indignación no se gaste por la tentación de mantenerse en ese cómodo y cómplice ámbito de lo políticamente correcto.

Retales

1. OLVIDOS.- Toma aire, Marcelo Ebrard. El caso Michoacán distrae del jefe de la banda de La Flor, el comandante de la judicial y la mujer acusados por el caso Martí. Pero que nadie se distraiga porque todos los estamos viendo;

2. TODOS.- La canciller Patricia Espinosa fue la primera integrante del gabinete deCalderón en acudir al Congreso para hablar bajo protesta de decir verdad, como los indiciados en los procesos judiciales. Y los legisladores, ¿no deberían hacer el mismo juramento cuando hablan?; y

3. NEW YORK.- El presidente Calderón viaja la semana que viene a la Asamblea Anual de las Naciones Unidas. Estará en Nueva York el martes, para hablar por primera vez ante el pleno de la ONU.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Objetivo: “Quebrantar la voluntad de combate del enemigo”

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Terrorismo: Cualquier acto criminal dirigido contra un Estado y encaminado a/o calculado para crear un estado de terror en las mentes de personas particulares, de un grupo de personas o del público en general.

Sociedad de las Naciones, 1937


Los actos terroristas cometidos por el crimen organizado están directamente relacionados con su potencial debilidad, no con su fortaleza. Existen, más allá del recuento cotidiano de muertos, cifras que resultan mucho más significativas a la hora de analizar la debilidad o no de estas agrupaciones. En 2007 se le decomisaron al narcotráfico 50 toneladas de cocaína, más de dos mil 186 toneladas de mariguana, se han erradicado 22 mil hectáreas de cultivos de mariguana y 11 mil hectáreas de cultivo de amapola; varios miles de kilogramos de drogas sintéticas en todas sus presentaciones; se detuvo, siempre en 2007, a más de 22 mil operadores del narcotráfico; se han decomisado cuatro mil 500 vehículos, 92 embarcaciones, 57 aviones; en el armamento, los decomisos del año pasado fueron de cuatro mil 500 armas cortas y unas cuatro mil 300 armas largas, con 725 mil cartuchos y 547 granadas como las utilizadas en Morelia. A eso deben sumarse 32 laboratorios, 51 millones de pesos y 223 millones de dólares. Pero, entre enero y agosto de este año, de la misma forma que aumentó la violencia, esas cifras se incrementaron 165% en los decomisos de cocaína; 32 mil por ciento en incautaciones de sicotrópicos y 100% en incautaciones de efedrina. Hubo 25% más de detenidos (entre enero y agosto se detuvo a más de 16 mil personas); en vehículos, las incautaciones crecieron 91%, en embarcaciones 20.3%, en aviones 812% (228 aviones entre enero y agosto de este año); en armas cortas 71%, en armas largas 131%, en granadas 263% (iban en agosto 690 granadas decomisadas).

Es verdad que a eso debemos sumar los miles de muertos, muchos de ellos miembros de las organizaciones. Pero el índice de violencia crece con el de golpes, no es al revés. La violencia aumenta con la debilidad ante los golpes, no los está impidiendo. Nadie, en una lógica militar, de combate, puede tener tantas pérdidas y no estar en una situación de debilidad, aunque algunos analistas consideren que el narcotráfico tiene poderes inconmensurables, mayores al del Estado mexicano y lo que sucede es que lo ha superado.

Pero el crimen organizado puede ganar esta batalla si logra sus objetivos e impone esa percepción: el narcotráfico ha recurrido cada vez con mayor frecuencia al terrorismo para fomentar la división, intimidar y desarrollar una suerte de guerra de guerrillas, con métodos terroristas, contra el Estado y la sociedad. Le Duan, que fue secretario general del Partido Comunista de Vietnam y el verdadero ideólogo de la guerra de guerrillas, insistió en que en esa lógica se deben mantener abiertos los frentes de la lucha armada, la política que se debe realizar en “la retaguardia” del enemigo y la económica. El objetivo, además de lo militar, pasa, dice, por “quebrantar y aniquilar la voluntad de combate del enemigo”. Para ello recomienda, además de las acciones militares, realizar una “labor de agitación constante sobre las tropas enemigas” (¿recuerda las narcomantas?). Dice que se debe atacar en la montaña, en el campo y en la ciudad en forma simultánea, para evitar la concentración de fuerzas en su contra.

“El resultado más acentuado de esta dirección estratégica, dice Le Duan (y olvidemos por un momento la concepción ideológica, compartible o no que está detrás del razonamiento militar), es el de reducir al enemigo a la pasividad frente a la situación estratégica de ofensiva en todos los planos y a los métodos de guerra, de arrinconarlo a cada ins tante a una situación política pasiva y a una situación estratégica crítica, de sumirlo en el desconcierto para elegir entre la dispersión y la concentración de fuerzas, entre las operaciones para ‘pacificar’ y aquellas para ‘investigar y destruir’, entre la defensiva y la ofensiva. Con ello se logra que el poderoso ejército del enemigo se vea extremadamente débil; dotado de modernas armas y de numerosos medios de desplazamiento, revela no obstante una pobre eficacia de combate; es de un gran poderío pero de una perfecta inoperancia”. ¿Alguien puede negar que esto es lo que percibe buena parte de la ciudadanía aunque todos los números, todas las cifras frías, estén señalando a la violencia como un síntoma de debilidad, no de fortaleza del crimen organizado?

El punto clave en todo esto es generar división, buscar pactar a como dé lugar, justificar esa claudicación con argumentos válidos pero parciales, que van desde el atendamos sólo el narcomenudeo hasta el considerar que al narcotráfico sólo puede derrotársele eliminando la pobreza, cuando percibe que nada se puede hacer ante un fenómeno que aterroriza y rebasa. La estrategia gubernamental por supuesto que debe tener modificaciones importantes y centradas sobre todo a encarar este tipo de lucha que le ha planteado el narcotráfico, esta guerra de guerrillas sin ideología, que busca doblegarlo cultural, social y políticamente (la guerra, dicen los clásicos, es la continuación de la política pero por otros medios), mas no puede claudicar: sus propios números tendrían que confirmar las razones de esta violencia. Pero se debe insistir en que todos los actores tienen una parte de responsabilidad que asumir. E incluso después de los atentados en Morelia, pareciera que algunos siguen pensando que obtendrán un beneficio de una eventual derrota del Estado. No comprenden que a ellos sólo los necesitan, hoy, como aliados para “quebrantar la voluntad del enemigo”.

El efecto: ‘siempre viene algo todavía peor’

José Carreño Carlón
Agenda del debate
El Universal

Táctica comunicativa de las bandas, sin estrategia del gobierno
Un vacío de poder sólo favorece al movimiento armado del hampa


Cuando te dices a ti mismo: “Esto es lo peor que he visto”, mejor confórmate con eso, porque siempre viene algo todavía peor, le advierten a George Clooney en “Intriga en Berlín” (The Good German) ante las ruindades humanas que se van revelando tanto en los alemanes vencidos como en los aliados triunfantes.

Con esa sensación pasamos del hallazgo en La Marquesa de 24 cadáveres de jornaleros ejecutados la semana pasada, al cruento ataque de esta semana a la población civil reunida para la conmemoración del grito de la Independencia en la plaza principal de Morelia.

Todavía seguimos en la incertidumbre sobre cuál sería el móvil para matar a dos docenas de mexicanos pobres, no beneficiarios visibles de policías ni sicarios, cuando pasamos a debatirnos entre las más inquietantes hipótesis en busca de una explicación para el ataque con granadas contra la gente del pueblo que asistía a la principal conmemoración del calendario cívico de México en la capital michoacana.

Como se ha repetido en las últimas horas, se trata de un paso en la estrategia de las bandas criminales que va de los ajustes de cuentas entre esas mismas bandas y de éstas con las fuerzas estatales, al terrorismo que ataca, mata y hiere indiscriminadamente a la gente común con sus familias.

Guerra de percepciones

Pero se trata de un tránsito cuyos efectos buscados son netamente de comunicación política: acelerar la desconfianza social para precipitar el aislamiento del gobierno —o su abierto rechazo— por parte de una población atemorizada y sin esperanzas de protección por las leyes y las instituciones del Estado.

Como parte de la estrategia criminal de generar sentimientos de desprotección ante una fuerza imbatible e impune, se busca crear en la gente la expectativa de que después de que se piensa haber visto lo peor, siempre vendrá algo todavía peor. Así se explica la zozobra de ayer de los padres de familia tabasqueños ante el rumor de que había bombas en las escuelas.

Frente a esta estrategia de comunicación que procura el vacío de autoridad, la aspiración superior de las organizaciones criminales, sorprende la indefensión del gobierno por la ausencia de una estrategia de comunicación asociada a la guerra contra el crimen. Porque no se trata sólo de hacer frente a un desafío armado por los territorios físicos e institucionales controlados por las bandas. Lo que está en juego también es el control de las percepciones de un público en el que se intenta todos los días hacer patente la impotencia, la incapacidad y la corrupción del gobierno al lado del indiscutible poder, la eficacia y —en algunos casos, incluso— el arraigo social de los criminales.

AMLO: delgada línea roja

Es aquí también donde se desvanece la de por sí delgada línea roja entre las bandas de la violencia criminal a secas y las organizaciones comprometidas con la violencia por motivaciones políticas. Porque sea que se trate de anular al Estado para consolidar el dominio territorial del hampa o que se trate de destruirlo para instaurar el reino de la justicia, el efecto que buscan termina siendo el mismo: la desintegración de la autoridad y de sus aparatos de seguridad y defensa. Por eso no sorprende que una y otra formas de violencia terminen fundiéndose en lo que se ha llamado narcoguerrilla o narcoterrorismo.

En este punto, Andrés Manuel López Obrador acertó el martes al abandonar explícitamente la apuesta a la crisis política y su propuesta de renuncia del presidente Calderón. La oposición de AMLO a cualquier “acto de violencia que afecte al pueblo y transgreda la estabilidad política del país” responde a una realidad en que la acumulación de víctimas civiles de la violencia criminal ha concitado un movimiento de unificación del país que condena al aislamiento toda propuesta de ruptura. Así sea por vías supuestamente “constitucionales”, parece obvio que un vacío de poder sólo puede favorecer hoy a quienes encabezan ese proyecto con la fuerza de las armas: las bandas criminales.

Manual de los terroristas

Francisco Garfias
Arsenal
Excélsior

En la mesa del céntrico restaurante El Mesón Andaluz charlaban animadamente los socialdemócratas Jorge Díaz Cuervo, asambleísta, Ricardo Pascoe, vicepresidente de ese partido, Enrique Pérez Correa, también asambleísta, y el petista disidente José Narro Céspedes, entre otros.

De pronto surgió el tema del viaje del presidente Calderón a Morelia. Los comensales compartían la idea de que Felipe se tardó demasiado tiempo en visitar a sus agredidos paisanos. El atentado ocurrió el 15 de septiembre y el Presidente de la República llegó a la capital michoacana la tarde del 17 de septiembre.

Ninguno entendía por qué no canceló la fiesta palaciega del 15 de Septiembre, cuando el luto y el dolor empañaban el aniversario de la Independencia en todo el país. “Salinas la hubiera suspendido para trasladarse inmediatamente a Morelia”, comentó Narro. El asambleísta Díaz Cuervo coincidió en que al primer mandatario le faltó sensibilidad política frente a la tragedia. Los demás, incluido este reportero, asentimos.

* * *

Los bombazos iniciaron la cuenta regresiva para el gobierno federal en materia de combate al crimen organizado. Roberto Pombo, director del periódico colombiano El Tiempo, recordaba ayer, en el programa radiofónico de Denise Maerker, lo que establece el manual de los terroristas en materia de atentados con explosivos dirigidos en contra de la población civil: la primera bomba es culpa del terrorista; la segunda también, pero la tercera es culpa del gobierno “y se pedirá que (ya) no se le mueva eso, porque hay gente inocente que sufre…”

El periodista está convencido de que la manera de operar en la capital michoacana es semejante a la utilizada, en su tiempo, por el crimen organizado en su país. “El narcoterrorismo empezó en Colombia con un terrorismo indiscriminado, para atemorizar a la ciudadanía, para arrinconar al gobierno, también como resultado de una reacción tardía del Estado para combatirlos, cuando antes había sido un Estado bastante complaciente frente a ellos”, recordó.

¿Le suena que algo parecido sucede en México? A mí sí, y mucho…

* * *

Los atentados en la capital de Michoacán impactaron de manera directa en el Segundo Informe de Gobierno de Marcelo Ebrard. Los partidos, salvo el PAN, se olvidaron de las estridencias y le bajaron al tono de sus discursos, sabedores de que no es la hora de las disputas pueriles, sino de cerrar filas. Todos, incluido Marcelo, se solidarizaron con las familias de las víctimas, con los michoacanos y con su gobierno.

Ebrard mantuvo un bajo perfil a lo largo del acto. Se le vio conciliador, receptivo e incluso más humilde de lo acostumbrado. Reconoció implícitamente que solo no puede con el tema de la seguridad y pidió a la ALDF respaldo para que en el Presupuesto de 2009 se incrementen suficientemente los recursos para poder cumplir con las metas del Acuerdo Nacional por la Seguridad.

Cerró su mensaje con una petición —un minuto de silencio por los caídos en Morelia— y un llamado a no caer en tentaciones autoritarias ni en la desesperanza y el temor.

“Es el momento de actuar con valentía para fortalecer nuestras instituciones, trabajar muy de cerca con la sociedad, tener claridad de que la defensa del Estado y las instituciones deben estar por encima de la disputa política”, dijo.

¿Qué pensará de estas palabras el hombre que mandó al diablo a las instituciones y que apadrinó al jefe de Gobierno los últimos años de su carrera política?

* * *

La nota discordante la dio el diputado azul Humberto Romero. En los 18 minutos que utilizó el micrófono —15 para posicionar al PAN y tres en la réplica— abusó del sarcasmo y la descalificación. Comenzó por acusar a Marcelo de utilizar la estrategia salinista de ni los veo ni los oigo… El histriónico asambleísta recordó que de los 20 puntos que Ebrard prometió en su primer Informe, sólo cinco se cumplieron a cabalidad. “Es usted 25% cumplidor”, subrayó. Y dijo más:

“Ojalá nos pudiera dar su opinión con respecto al cobro del ‘diezmo’ a todos los funcionarios de esta administración, para financiar ya sabe qué oficinas; a lo mejor nos anticipamos a su respuesta y sabemos que esa fue una directriz del legítimo, pero por lo visto del ‘legítimo jefe de Gobierno del DF’.”

El tono “estridente y soberbio” —así lo calificaron— del muy novato asambleísta azul incomodó, no sólo a los perredistas, sino a sus propios compañeros de bancada. Algunos asambleístas de ese partido se nos acercaron para manifestar su desacuerdo con Romero.

Y no sólo eso. Nos dijeron también que es uno de los más faltistas y de los que menos iniciativas producen. “Su único mérito es ser pareja de Mariana”, aseguraron. Se referían, obviamente, a la presidenta del PAN-DF, Mariana Gómez del Campo.

Algunas moralejas post-Grito

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Las explosiones criminales en Morelia convirtieron ya (inclusive si no vuelven a ocurrir atentados) en fiesta popular de altísimo riesgo la mayor de carácter cívico en México, y cunde el temor por lo que pueda suceder en cualquiera de las muchas que tienen lugar en todo el país y por la razón que sea durante todo el año.

El deplorable suceso incita a discutir cuando menos el servicio a la delincuencia que pueden estarle prestando quienes atizan la polarización política y el debilitamiento de las instituciones (empezando por las policiacas).

De paso, como cuando salen a flote las excrecencias, los granadazos dejan expuesta la profunda crisis ética de amplias capas de la población, entre las que resaltan los “trabajadores” administrativos de los hospitales General, Infantil y De la Mujer de Morelia que, a diferencia del personal médico (que ante la emergencia se puso a chambear), los miserables no han retornado para proveer de sangre y medicamentos a quienes resultaron heridos.

Y es que la impunidad forma parte de los usos y costumbres gremiales.

Adam Smith y la “mano invisible” han muerto

Juan María Alponte
México y el mundo
El Universal

Para Peter Bernthaler

Mi predicción del desastre financiero y ético que se avecinaba se ha cumplido. Desastre que dejara tras de sí Alan Greenspan y “su” Federal Reserve imperial. Ha culminado con la quiebra del “acorazado” de Wall Street: el banco Lehman Brothers. Un agujero de 453 mil millones de dólares, es decir, poco menos que la mitad del PIB de México, país con 107 millones de habitantes.

El ataque de Bin Laden y los 19 suicidas a las torres gemelas fue un elemento novedoso, pero accidental, entre dos concepciones: la guerra revolucionaria desde abajo y la guerra superestructural desde arriba. Más relevante y significativo que las torres gemelas fue la quiebra de Enron. En octubre de 2001 Ken Lay, el financiero predilecto de una clase social hechizada por el dinero y no por la responsabilidad, anunció, sin más, que sus acciones eran supervaliosas e invitaba a sus empleados —arruinados— a adquirirlas. Michael Lind, en un libro implacable, Made in Texas, George Bush and the southern takeover of american politics, afirma “que no se sabe bien si Bush creó Enron o Enron creó a Bush”. Lo cierto es que cuando el financiero que tenía enajenado a Texas señaló que Enron era an incredible bargain, ese increíble negocio estaba ya en quiebra en octubre de 2001 y sucumbía en diciembre. El encuentro sobre ese tema (las auditoras de fama mundial avalaron, hasta el último momento, la solvencia de Enron) entre el secretario del Tesoro, Paul O’Neill, que dimitiría, y Greenspan, el presidente de la Federal Reserve fue, el 10 de enero de 2002, más importante que las torres gemelas. Greenspan, que había dejado discurrir impávido la superestructura financiera en ruinas, se sintió atrapado: “Es la crisis del capitalismo”, dijo.

Desde entonces lo he señalado aquí, en la soledad, los grandes bancos de Estados Unidos, con la bancarrota del sistema hipotecario y los créditos basura, entraron en el naufragio de la codicia desde una inmensa irresponsabilidad. Irresponsabilidad servida, al país y al mundo, desde la burla. Sus banqueros, en vez de ir a la cárcel, se marcharon cubiertos los riñones. Charles Prince, la voz cantante del Citigroup (37 mil millones de euros de pérdidas), tuvo una indemnización de decenas de millones, y el patrón de Merryl Lynch (34 mil 500 millones de pérdidas) fue indemnizado con 105 millones de euros.

No hago más larga la lista. Sí cabe advertir algo de importancia para el futuro inmediato: que Adam Smith, con un largo retraso, ha muerto. En efecto, ese amable y discreto profesor de Filosofía Moral (ya saben ustedes que de ninguna manera puede confundirse la Moral con la Ética aunque nuestra tribu política las use indiferentemente) abandonó la cátedra y se transformó en un hombre célebre con un libro, publicado en 1776, sobre la riqueza de las naciones.

En la teoría económica se deben a Adam Smith tres hipótesis centrales: primo, el liberalismo económico; secondo, la metáfora de la “mano invisible” o invisible hand y, tertio, la división del trabajo que ahí queda.

Respecto a lo primero, Adam Smith insistió en que el egoísmo de los individuos termina por convertirse en el interés general (esperemos que eso nos ocurra, antes de morirnos, con Carlos Slim) y, en cuanto a la “mano invisible”, Adam Smith convirtió en teoría universal la idea de que el mercado, como una invisible hand, se autorregula y a escala. El derrumbe del sistema financiero estadounidense, y de una parte del mundial, significa, oficialmente, el requiescat in pace de la autorregulación del mercado. Una inmensa mutación está ante nosotros en el cuadro —nadie se engañe sobre sus proporciones— a la hora de la crisis de los socialismos que se quedaron sin una revolución crítica. La mutación exigirá una refundación teórica con el entierro de Alan Greenspan y Adam Smith.

Los nuevos traidores

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
La Crónica de Hoy

Heraldos negros

La cadete Íngrid Martínez lo dijo, el día 13, con una precisión que estremece: enfrentamos todos los días a los nuevos traidores de la patria, que inhumanamente siembran el miedo en la sociedad, acotan las libertades y pretenden que prevalezca el pánico. Un par de días después, la noche del 15, sobrevino el ataque terrorista en la plaza principal de la ciudad de Morelia.

Fue un golpe durísimo, tan fuerte como el odio de Dios. Como si la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma, diría el poeta del dolor humano. El daño está hecho. No podemos abandonarnos al desánimo y al miedo. Recurro otra vez a la cadete Martínez: quienes se oponen a que México se transforme en un Estado sin impunidad ni corrupción, donde el derecho, la justicia y la seguridad consoliden el entramado del quehacer nacional, no tienen sitio en esta nación incluyente, democrática y respetuosa de las ideas y los esfuerzos, pues México es un país de valores y no puede permanecer impertérrito ante quienes lo sangran y denigran.

Las palabras de la cadete deben iluminarnos para salir del túnel. El país está inmerso en una espiral de violencia sin llenadera. La variedad de atrocidades nos rebasa. Un día nos indignamos ante el secuestro y asesinato de un adolescente. Otro día asistimos estupefactos al asesinato de 13 personas en un poblado serrano de Chihuahua. Después vemos atónitos las imágenes de una pila de cuerpos decapitados; para enterarnos, poco después que aparecieron 24 cadáveres en las goteras de la capital o que una granada de fragmentación estalló a la mitad de la fiesta popular más relevante del calendario cívico. ¿Qué sigue?

La coartada de la unidad

Los llamados a la unidad nacional en estas horas aciagas son pertinentes y necesarios. Siempre y cuando provengan de la sociedad, que es la que requiere evitar fracturas mayores.

La unidad contrarresta desaliento y miedo, pero no es suficiente para inclinar la balanza a favor de la gente, como sí puede hacerlo reducir la impunidad. Hay que responder tan sinceramente como podamos, la siguiente pregunta: ¿caímos en este barranco por falta de unidad? Desde luego que no. Nos tumbó la corrupción, la impunidad y la ineficacia de la estrategia seguida para combatir al crimen organizado.

Exhibir a policías, funcionarios y empresarios corruptos, abatir la impunidad y corregir la estrategia son las tareas indispensables. Nadie discute que estas tareas se desarrollarían mejor en un entorno de unidad, pero la marcha Iluminemos México dejó clarísimo que la falta de unión no es nuestro problema.

Calderón Hinojosa demanda unidad mientras confecciona un gobierno de puros cuates. Pide unidad y se enconcha. Los llamados a la unidad no deben ser artimaña para eludir responsabilidades o desviar la atención hacia actores políticos rivales en particular los agrupados en el Frente Amplio Progresista.

Imaginemos el siguiente escenario: hoy en la tarde, en un arranque de sensatez, López Obrador, Muñoz Ledo y Camacho lo piensan dos veces y dicen que Calderón siempre sí ganó, sin trampas, la elección presidencial del 2006. ¿Eso cambiaría el dantesco escenario del zócalo de Morelia, de La Marquesa y del montón de decapitados en Yucatán? Por desgracia, no.

Hasta donde se sabe, el tabasqueño no tiene el mando en el Ejército ni en la PFP ni sobre los agentes federales ni tampoco en Hacienda, el SAT ni en lo que queda del Cisen. No controla ninguna de las instancias que el Estado tiene para combatir al crimen organizado. Calderón sí tiene el mando. Querer confundir gimnasia con magnesia es un ardid político de baja estofa. Lo que la gente exige, desde los señores Martí y Vargas, hasta los familiares de los michoacanos destrozados la noche del grito, son resultados inmediatos. No más discursos.

Si lo de la unidad es en serio, Calderón tiene que dejar los lugares comunes y dar paso a un gobierno incluyente, con figuras políticas de peso, aunque no pertenezcan a su círculo de amigos. Un gobierno de unidad es el que está conformado por diversas corrientes políticas que tienen un punto superior de coincidencia: en este caso la viabilidad del Estado mexicano.

Macabra explicación

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

De todo lo leído en la prensa de ayer, sólo la versión de un diario ofrece una explicación, macabra pero creíble, de los móviles del increíble atentado de Morelia la noche del Grito.

Esa explicación es que los cárteles del Milenio y del Chapo Guzmán, adversarios de Los Zetas y La Familia, que operan con ventaja en territorio michoacano, habrían querido “calentar” la plaza para obligar al gobierno federal a sellar con soldados y policías ese estado y dificultar así el negocio de sus rivales.

La aberrante decisión habría sido en respuesta a la matanza de veinticuatro miembros del cártel del Chapo, cuyos cadáveres aparecieron tirados en La Marquesa, con el tiro de gracia, tres días antes.

La versión que refiero, publicada sin fuente en la primera plana del diario Reforma (17/9/08), sugiere una nueva modalidad, la más macabra ideada hasta ahora, de cómo poner a la fuerza pública al servicio de uno de los cárteles.

No se trata de comprar protección y lanzar a las fuerzas cómplices del Estado contra el cártel enemigo, sino de obligar al Estado a redoblar su vigilancia de un territorio determinado, siendo ese territorio el del cártel enemigo de los terroristas.

Es una estrategia de inteligencia criminal consistente con la inteligencia criminal del narcotráfico. Salvo que no habían llegado nunca hasta ahí. Estamos frente a un salto cualitativo, en brutalidad e inhumanidad de la guerra que libran los cárteles entre sí, con el gobierno y ahora con los mexicanos en general.

Si la bárbara estrategia sugerida es verdad, la población civil ha adquirido la doble condición de víctima y escudo. Se atenta salvajemente contra ella como víctima inerme, infinitamente disponible, para que, en reacción obligada, el Estado proceda con fuerza redoblada a ocupar el territorio, sirviendo como ariete contra el cártel enemigo de los terroristas y como escudo para estos.

La situación es nueva, siniestramente nueva, pero no hay que cansarse de decir que la solución es la misma de siempre.

Me refiero a la solución que los gobernantes no han abrazado con el valor y la urgencia que la situación demanda desde hace décadas: hacerse responsables directos, comprometidos, personales, de la seguridad en el territorio que los votantes les han entregado para gobernar.

La autoridad debe volver a lo básico de su tarea que es garantizar la seguridad de sus gobernados, combatir lo que la pone en riesgo, ir de frente a la guerra que tienen enfrente y de la que no pueden ya, ni ellos ni nosotros, escapar.

Narcoterror

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Como debe ocurrir en este tipo de hechos, con lo sucedido en Morelia comienzan las indagatorias y surgen líneas de investigación.

Para las autoridades ha resultado sospechoso lo consecutivo de los cuerpos encontrados en La Marquesa y las explosiones en la Plaza Melchor Ocampo, de la capital de Michoacán.

Esa es la principal línea de investigación. La Procuraduría de Justicia de Michoacán cree que lo hallado en el famoso paraje del Estado de México tiene que ver con una venganza o una artimaña de la célula del narco autodenominada La Familia, en contra del cártel de Sinaloa.

A esto, el grupo del Chapo Guzmán respondió con el detestable y terrible episodio de Morelia, la noche del pasado lunes.

Todo con la finalidad de marcar y hacer propio el territorio michoacano, para así afianzar sus negocios y el tráfico de drogas sintéticas.

A la lista de pistas para seguir esta línea se une la fijación de ambos cárteles con el fin de usar granadas similares a las empleadas en el atentado de hace tres noches.

Desde hace tiempo, los operativos antinarcos realizados en el estado que gobierna Leonel Godoy habían dado como resultado el decomiso de armamento de todo tipo, armas de fuego y municiones entre lo más incautado.

De acuerdo con informes de la PGR, durante estos 21 meses que lleva el sexenio de Felipe Calderón se han decomisado mil 402 granadas en todo el país y esto las convierte en una de las armas favoritas de los sicarios.

Durante el mismo periodo, en el sexenio de Vicente Fox, sólo fueron 47 los artefactos explosivos decomisados. En ese entonces, ya era demasiado.

Hasta este momento, esa es la línea de investigación mejor sustentada.

Entre las condolencias y las condenas al hecho, escuchadas de todas partes del país, también se oyen discursos que no sólo hacen eco al grito dado por la ciudadanía, sino también recuerdan lo acordado y la enorme carga que los gobiernos tienen a cuestas en materia de seguridad.

Y es que el hecho terrorista acontecido en Morelia debe ser tomado como la llamada final para los gobiernos.

Y no sólo por lo peligroso que se vuelve el escuchar en la cotidianidad sobre ejecuciones y venganzas entre grupos delictivos, sino porque estas organizaciones ya nos demostraron que todos somos blanco.

También debe ser el conteo final, no sólo de la nota roja que ya nos ha rebasado, sino de unas autoridades que no han sido capaces de resolver, dejarse de pleitos partidistas de vecindad, y actuar a la altura de los retos que enfrenta el Estado mexicano.

Ya no queremos escuchar rumores de chivos expiatorios, casos olvidados con el tiempo o comisiones especiales que no llegan a nada.

En un escenario ideal, ya no habría que escuchar una sola detonación más, pero, por ahora, queremos ver actuar, queremos ver resultados y, de lo que ya está en sus archivos, queremos ver procesados…

No habrá otra forma de hacerle frente a este nuevo e inédito narcoterrorismo…

A pagar…

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
Economía Informal
El Universal

Ya sabe usted que hay problemas en el paraíso. Esa gran ruleta que es la bolsa de valores de Nueva York se desploma, arrastrada por una crisis financiera que inició con la crisis hipotecaria hace ya dos años

Pero ahora alcanza niveles de terror. Para comprender lo que pasa es necesario entender el funcionamiento de los créditos, y de un instrumento que se empezó a utilizar hace apenas cinco años, y que es el núcleo del problema, los swaps de incumplimiento de crédito, más conocidos en el sistema financiero por su nombre en inglés, credit default swap, o CDS.

Un CDS es un contrato entre dos empresas relacionado con un crédito. Una de ellas, que es el acreedor, se asegura con la otra. Le paga mensualidades a cambio de que la otra empresa se haga responsable de cubrir el principal en caso de que el deudor no pague.

Digamos que usted tiene una hipoteca con el banco A. Este banco decide contratar un CDS con el banco B, al que le pagará mensualmente una cantidad a cambio de que éste se comprometa a cubrir el costo de la hipoteca en el caso de que usted no pague. De esta forma, en lugar de tener garantizada la hipoteca por usted, la tiene garantizada por otro banco, y puede calificarla mejor en su cartera de créditos.

Para el banco B, esto es un ingreso que no tiene un costo asociado, puesto que el CDS sólo se aplica en caso de que usted no pague, pero mientras eso no ocurra, no hay costo alguno. Así, el banco B puede tener grandes resultados, aunque su balance va empeorando. Sin embargo, si el banco B le pone una probabilidad baja a que usted no pague, pues en el balance no se refleja el problema. Pero cuando usted no paga, entonces se pone feo: el banco B tiene que pagar, de golpe, todo el crédito.

Cuando se empezaron a otorgar hipotecas a lo tarugo en Estados Unidos, todas las instituciones, para limpiar sus balances, contrataron CDS, lo que le permitió a otras empresas tener ingresos muy elevados, y por lo mismo grandes resultados en la bolsa. Los CDS crecieron de manera exponencial: según el Banco Internacional de Pagos (BIS), en diciembre de 2004, el primer año en que se utilizaron, se hicieron contratos por 6.4 billones de dólares (de 12 ceros). Eso representaba 2.5% del total de instrumentos derivados en el mundo. Además, en su mayoría eran contratos sobre deuda soberana (por ejemplo, de México), que son muy seguros.

Para fines de 2006 ya eran 28.6 billones de dólares, es decir, poco más del doble del PIB de Estados Unidos. Pero en ese mismo momento se vino abajo el mercado inmobiliario, y aparentemente las instituciones financieras intentaron cubrirse a gran velocidad, de forma que casi triplicaron los contratos en el siguiente año, 2007, para llegar a 58 billones de dólares, casi cinco veces el PIB de Estados Unidos. En diciembre pasado, los CDS ya eran 10% de los contratos derivados del mundo, y en su mayoría se trataban de contratos entre privados, mucho más riesgosos que la deuda soberana.

Cuando resulta que los deudores originales no tenían con qué pagar, entonces las instituciones que habían contratado CDS deciden exigir el pago, y resulta que quienes habían ofrecido cubrir las deudas no tienen con qué pagar. Para hacerlo, empiezan a hacer uso de sus activos disponibles, pero no les alcanza, y por la forma en que se contratan los CDS, empiezan a subir sus precios. Esto hace que los balances de estas instituciones, que parecían sólidos, de pronto se vean terriblemente frágiles. Los inversionistas reaccionan, y las acciones caen, haciendo cada vez más difícil conseguir los recursos.

Esto ocurrió con Bear Stearns hace seis meses, pero con tanta rapidez que el gobierno no tuvo más remedio que rescatar los balances a través de JP Morgan. Pero a partir de entonces empezaron a vigilar con más detalle el mercado, y ahora que Lehman Brothers sufrió el mismo problema, lo dejaron quebrar. No sólo eso, sino que la Reserva Federal decidió no bajar las tasas de interés. Estas dos medidas van en la dirección correcta: permitir que el mercado corrija sus excesos y no trasladar el costo al fisco. Pero no está nada sencillo el asunto, inmediatamente después de la caída de Lehman y la venta apresurada de Merrill Lynch, el gobierno estadounidense sí tuvo que entrar en el caso de AIG, prácticamente nacionalizándola.

Lo que hoy está pasando es que todas las instituciones financieras en Estados Unidos están revisando con lupa sus balances, cancelando créditos y recuperando lo posible. Lo que viene es una contracción brutal del crédito, muy parecida a lo que ocurrió en Japón en 1989. Antes de la crisis inmobiliaria de ese país asiático, nueve de los 10 bancos más grandes del mundo eran japoneses. Después, ninguno de los 10 mayores del mundo lo era. Japón, la estrella de los años 80, no ha podido volver a crecer. Veinte años después. Pero ya no tengo más espacio para los pronósticos, así que le seguimos el martes.