septiembre 22, 2008

Vivir Mejor

(Me llegó por mail, chistoso pero triste)

Barcos militares rusos viajan con rumbo a Venezuela, donde realizarán ejercicios conjuntos con la Armada venezolana

MOSCÚ, Rusia, sep. 22, 2008.- Una escuadra naval rusa zarpó este lunes de la base de Severomorsk, en el norte de Rusia, con destino a Venezuela, informó el portavoz de la Armada rusa, capitán de navío Igor Digalo.

"La escuadra está integrada por el crucero atómico 'Piotr Veliki' (Pedro el Grande), la fragata cazasubmarinos 'Admiral Chabanenko' y buques de apoyo", dijo Digalo, citado por la agencia Interfax.

La escuadra visitará puertos venezolanos y efectuará ejercicios conjuntos con la Armada de Venezuela.

El portavoz de la Armada recordó que la decisión de efectuar ejercicios navales conjuntos fue adoptada en Moscú el pasado mes de julio durante las conversaciones celebradas por los presidentes de Rusia, Dmitri Medvédev, y Venezuela, Hugo Chávez.

Las maniobras navales conjuntas ruso-venezolanas tendrán lugar en aguas del Caribe entre el 10 y el 14 de noviembre próximo.

Según Digalo, los buques de los dos países realizarán ejercicios de búsqueda y salvamento en el mar, así como pruebas de telecomunicaciones.

El "Piotr Veliki" y la "Admiral Chabanenko" están adscritos a la Flota rusa del mar del Norte.

La víspera, el comandante en jefe de la Armada de Rusia, almirante Vladimir Vysotski, inspeccionó los buques en la base de Severomorsk.

"Los ejercicios navales conjuntos de Rusia y Venezuela no apuntan contra terceros países y no tienen ninguna carga de agresividad", recalcó Digalo, quien resaltó que en estas maniobras "no hay que buscar trasfondo político".

El portavoz agregó que las maniobras en las aguas del Caribe "son similares a las que realiza la Armada de Rusia con las fuerzas navales de otros países".

La escuadra rusa levó anclas y tomó rumbo a Venezuela apenas tres días después de que dos bombarderos estratégicos rusos Tu-160 regresaran de Caracas, tras más de una semana de permanencia en territorio venezolano, desde donde realizaron varias misiones de vuelo.

El próximo viernes, el presidente de Venezuela llegará a Rusia en un visita de dos días, en el marco de una gira internacional que incluye visitas a otros cuatro países.

"No sólo Venezuela, sino toda América Latina necesita ahora de amigos como Rusia", dijo Chávez en una entrevista difundida ayer por la televisión rusa.

Según el presidente venezolano, la amistad con Rusia es necesaria "para el desarrollo económico y el apoyo de toda América Latina, para la vida de los pueblos de nuestro continente, para el mundo".

Buenos y malos

Román Revueltas Retes
rrevueltas@milenio.com
Interludio
Milenio

López Obrador suele evocar la existencia de un pueblo de México obligadamente virtuoso, sabio e infalible que, al encarnar de manera absoluta la esencia nacional, debiera disfrutar de cuantos merecimientos pueda ofrecer un caudillo salvador. Si hubiera justicia social en este país, todos los esfuerzos públicos se encaminarían a asegurarle a ese “pueblo bueno” las retribuciones que no le han tocado luego de la aviesa repartición de los bienes decretada por los “ricos y los poderosos”. No le falta razón a Rayito pero en su visión no parecen caber millones de mexicanos independientes y emprendedores que, siendo tan buenos y cumplidores como el más sufrido de los proletarios, viven sus vidas sin reclamar los derechos especiales, canonjías y privilegios de que gozan ciertos grupos a los que el líder fáctico de la izquierda jamás ha cuestionado.

Hablemos, por ejemplo, de los maestros de Morelos o de los taxistas vandálicos de Ecatepec o de esa turba sanguinaria de Tláhuac que presenció, sin pestañear, el bárbaro linchamiento de tres policías: nunca hemos escuchado una condena ni un llamado al orden. Por el contrario, el anuncio de que el Frente Amplio Progresista va a tomar avenidas, plazas, carreteras y aeropuertos en caso de que el Congreso, en pleno uso de sus atribuciones legales, decida promulgar una reforma energética, nos avisa de que el orden público se va a quebrantar. Desde luego, será todo muy pacífico: no habrá vitrinas rotas sino puras pérdidas económicas; por ahí, algún herido grave no alcanzará a llegar en la ambulancia al hospital. Eso es todo. Pero, el verdadero “pueblo” habrá salido a las calles.

Ahora bien, dejemos de lado este asunto de representatividades otorgadas arbitrariamente para consignar la estremecedora realidad de nuestros días: hoy, estamos viendo, justamente, una lucha entre un México “bueno” y un México “malo”. Hay un país que trabaja honradamente todos los días. Otra nación, siniestra y aterradora, amenaza el futuro mismo de los justos. Ahí sí que me quedan claras las diferencias.

El diablo

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

La oscuridad llega con la insensatez… No existe nada que me pueda explicar, cómo un grupo decide salir una noche a matar familias en una fiesta nacional. Imagino la escena previa. “Vamos a la plaza a gritar vivas a nuestra patria” —habrá dicho el papá—. “Órale vieja… nuestros hijos deben saber qué es México… y el porqué de este jolgorio”. Compraron sus globos. “La chiquita” seguro no olvidó llevar a su muñeca, para que también viera tanto color. Oliera todos los aromas que despide nuestra comida favorita. Ilusionaba sentarse en una de esas mesitas que “se ponen” afuera de las casas. No faltaría el caldo, el taco, el elote o la tostada. No faltaría el dulce, la capirotada. Pa’ todos alcanza. Siempre hay una silla. Siempre hay un lugar para vernos todos a la cara. Siempre sale el chiste… y la risotada. Siempre el cariño y la regañada. ¡Siempre! Los grandes, pendientes de que los chamacos se fijen en todo lo que les rodea. Son cosas nuevas, pero conocidas. Costumbres de un pueblo, que a fuerza de repetir sus tradiciones, acaso riega la plantita de lo que es la patria. Es un pueblo que se asegura, que cuando los viejos se vayan, vengan otros para repetir la escena. Querer a México es vivirlo. Sentir en las venas alegres tonadas. Focos que lastiman, pero que calientan la carne de puerco. Vitrinas de grasa. Sabor de la masa. Salsa martajada que acomoda todo. Como si nada existiera, sin su complemento. México y su fiesta, su historia. Esas campanadas que enchinan la piel. La bandera ondeando. El himno. ¡Los vivas! ¡Por todos los héroes que nos dieron patria!

Esa es mi tierra, mi gente… mis cosas. No sé si haya pueblos que tengan su fiesta. Con los mismos cohetes y mismas tonadas. No sé si haya pueblos lindos como el mío. ¡Pero cómo quiero lo que me hace vivo! Este suelo y cielo. Esas sus cañadas. Sus ríos, sus playas. Su gente y sus sueños. Eso era México antes de las 11. Eso era mi patria. Hombres y mujeres. Viejos y chamacos. Hasta el policía parecía gozarlo… Antes de las 11 y las campanadas.

Luego todo cambió… El diablo salió a las calles. La idea era muy clara. “Voy por la venganza” se pudo escuchar. “No importa en qué pare, con tal de matar”. “¿A quién?… ¡a quien sea!” el diablo espetó. “Que al cabo que nadie me puede encontrar”. “Voy de mexicano, como los demás” Solo que distinto, aunque no lo sepan. El diablo es así. Diferente a todos. Es como un garbanzo quemado entre todos. Aunque por momentos nos parezca igual.

Fueron dos segundos. ¡No más! …A volar muñecas, globitos y más. Toda la familia que contenta estaba, no podía entender lo que le pasaba. Una pesadilla. No es cierto, no pasa. ¿“Qué es todo este estruendo”? “Seguro son cohetes”. Murió mi hermanito. También mi mamá. Logró con su cuerpo taparme y ¡ya está! Los ojos de mi padre salían de su cara. No podía creer lo que nos volcaba. El diablo llegó sin ser invitado. No sé cuántos años, que esto no pasaba. Me retumba el alma, no puedo creerlo. Fueron dos segundos y todo cambió. Ya no tengo a nadie. Mi familia es nada. Ya acabo la fiesta. Resultó celada. ¡Pobre de mí! Vine a ver la luz y acabé en las sombras. Hoy mi Patria sufre. El diablo la acosa. El diablo ha llegado en diversas formas. Llegó disfrazado de mi misma gente. No puedo creer que sean mexicanos. Es la voz del diablo que en su risotada, no sabe que reta a un pueblo que ama y sabe pelear. Pelear contra el diablo para rescatar, el alma de una niña que no entiende nada. Es lo que nos toca. Rescatar la patria.

No tengo duda de que Dios creó al mundo. Nos dejó las formas de que seamos libres. Y en plena libertad, hemos decidido echar al diablo en 69 días.

El hundimiento

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

El atentado del grito de Morelia ocurre apenas dos semanas antes de que se cumplan 40 años de Tlatelolco. Del régimen autoritario que no quería iniciar un proceso de democratización, al interregno prolongado que no puede culminarlo, son cuatro décadas de desastre. Quien quiera entender lo que ocurre en México debe ampliar su visión. Nada surge de la nada.

En la posguerra, México no crecía por ser más productivo, sino porque agotábamos los recursos. Esto terminó a mediados de los 60. Justo entonces, cuando ya sembrábamos lo sembrable, cuando ya no había cómo mantener el ritmo, justo entonces el Estado debe enfrentar la rebelión juvenil. No puede hacerlo, porque no había manera de hacer compatibles las demandas (limitadas) estudiantiles con la estructura del régimen. Inicia así un periodo de demencia en ambas partes. Unos creyendo que había condiciones “objetivas y subjetivas” para derrocar al régimen, otros creyendo que esos pequeños grupos eran efectivamente un riesgo: la guerra sucia.

Lo que nadie quería entender, lo que todavía no entienden, es que el régimen de la Revolución había sido un fracaso monumental. 30 años después de la heroica nacionalización petrolera, se había agotado la capacidad de crecimiento del país, se requería abrir espacio a los jóvenes y no era posible, la miserable población rural invadía las ciudades. Nada funcionaba. Economía, política, sociedad. La solución fue voluntarista: crecimiento compartido, financiado con deuda externa y después con el milagro de Cantarell; control político con guerra sucia, después con amnistía, después el hundimiento del régimen dejando deformes herederos por todas partes; y con la sociedad, condescendencia absoluta, porque no había cómo mantenerla: franeleros y limpiaparabrisas, después ambulantes, después piratería, después narcomenudeo… después la guerra.

Lo que tenemos es producto de lo que hemos hecho. Y pensar que si seguimos haciendo lo mismo obtendremos resultados diferentes no es más que locura. ¿Qué país construimos con profesores que consideran su plaza un patrimonio y a sus alumnos rehenes? ¿Con gobernadores irresponsables, empresarios abusivos, líderes venales, con masas que llamamos ciudadanos y que no pueden hacerse cargo de ellos mismos, sino sólo de pedir: recursos, prestaciones?

No hemos entendido el 68. No lo hicieron quienes lo vivieron. No fue el genocidio, ni la lucha por la democracia. Evidenció el fracaso del régimen de la Revolución, el inicio de su hundimiento. No habrá salida si no lo entendemos.

Ni hubo Grito ni Independencia

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Datos duros: A las 11 de la noche del 15 de septiembre de 1810 no ocurrió nada, absolutamente nada: el virreinato de la Nueva España (hoy México) durmió plácidamente. A las 7 o las 8 de la mañana del 16, el cura de Dolores, Miguel Hidalgo, repicó la campana de su iglesia para llamar a misa no sólo porque era domingo, sino porque estaba avisado de que la conjura independentista, que él y otros organizaban, había sido descubierta y era necesario adelantar vísperas.

Y las adelantó de la peor manera: al llamado a misa dominical llegaron feligreses. En vez de misa escucharon, en el atrio, una fervorosa arenga para levantarse en armas, así que fueron “a por ellas”, y no encontraron, como era de esperarse, sino azadones, uno que otro machete, palos y los más acomodados algún pistolón. Luego Hidalgo se apresuró a enajenarse cuanta voluntad independentista había, y era nutrida hasta entre españoles, pues abrió cárceles para hacer soldados de los criminales y comenzó una carrera de sangre inútil que, en Guadalajara, llegó a su mayor sevicia con fusilamientos de hombres, mujeres y niños por ser españoles. Cuando, al cabo de apenas diez meses, el cura fue detenido y juzgado, se le interrogó sobre el motivo para no someter a juicio a aquellas personas ejecutadas. Su respuesta hiela la sangre: “Porque sabía que eran inocentes”. He ahí, en su sangre, al Padre de la Patria.

¿Y qué consiguió Hidalgo? Nada, absolutamente nada. Removió el Bajío, algo de Jalisco, parte de Michoacán y del hoy Estado de México. Nada en un país que, entonces, llegaba por el sur hasta Colombia y por el norte limitaba con el actual estado de Oregon. Morelos duró un año más, Guerrero se subió a las montañas de la región que hoy lleva su nombre, y allí pudo morir de anciano porque en nada interrumpía la marcha del virreinato.

Otros levantamientos ya los había tenido el virreinato. La idea de la independencia había madurado hasta en las autoridades españolas. El virrey José de Iturrigaray y el Ayuntamiento de la Ciudad de México, con la participación del síndico Francisco Primo de Verdad, dos años antes, en 1808, habían planeado llamar a un Congreso Nacional que condujera al país hacia la independencia, sin derramar sangre ni destruir la economía. Fray Melchor de Talamantes, fray Servando Teresa de Mier, el obispo Abad y Queipo y muchos españoles estaban entre los partidarios de la independencia.

Pero entonces comenzaron las desgracias de este país: un golpe derrocó al virrey ¡precisamente la noche del 15 de septiembre!, pero de 1808, Talamantes fue refundido en San Juan de Ulúa, por donde ya había pasado fray Servando, y Primo de Verdad murió, en su celda del arzobispado, bajo circunstancias nunca esclarecidas.

La independencia debió esperar hasta 1821, cuando, sin disparar una bala, una negociación de terciopelo con el recién desembarcado virrey, Juan O’Donojú, logró la independencia de “la América Septentrional” en Córdoba, Veracruz, durante el viaje del virrey a la Ciudad de México y sin haber tomado posesión de su cargo. El 27 de septiembre, once años después del infructuoso y sanguinario levantamiento de Miguel Hidalgo, con la entrada clamorosa de los insurgentes a la capital, concluyeron 300 años de colonia. El virrey, ya ex virrey, formó parte de la Junta Provisional que gobernó el nuevo país hasta el nombramiento de Iturbide como Agustín I, el primero de dos infortunados emperadores de México.

¿Y el Grito del 15? Como ya (casi) todo mundo sabe, el 15 de septiembre era cumpleaños y santo del presidente Porfirio Díaz, el dictador más longevo hasta Fidel Castro, que ya lo superó. Así que había gran fandango en el Palacio Nacional y una verbena popular abajo, en la plaza del Zócalo. El Presidente salía al balcón central del Palacio a recibir las felicitaciones de su pueblo. Eso era todo.

Pero, en 1896, Porfirio Díaz hizo llevar la campana de Dolores a la Ciudad de México, y el 14 de septiembre quedó colocada sobre el balcón central; eso bastó para acompañar la tradicional salida del cumpleañero al balcón con el tañido de la campana de Dolores y los gritos a los dirigentes de aquella fallida revuelta.

Así que el “Grito” se origina en la ocurrencia del dictador y el bailongo por su cumpleaños. Toda historia patria es fantasiosa y debe simplificarse a los niños, pero la nuestra es patológicamente falsa. Desde ahí arrancan nuestros males presentes.

La huella del PAN en 69 años

María Elena Álvarez de Vicencio
malvarezb@diputadospan.org.mx
La Crónica de Hoy

Sesenta y nueve años han transcurrido desde la fundación del Partido Acción Nacional. Encabezados por Manuel Gómez Morín, los fundadores se dieron a la tarea de sembrar en la República nuevos conceptos de pensar y hacer política, inspirados en la dignidad humana y la realización del bien común.

Dos han sido las fuerzas poderosas que cristalizaron el sueño del fundador: la doctrina del partido y los hombres y las mujeres, que en sus inicios, lo dieron todo sin esperar nada que no fuera la transformación del país.

En el ámbito nacional han habido y hay muchos ejemplos de liderazgos que explican el crecimiento y permanencia del partido; figuras como las del fundador Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Miguel Estrada Iturbide, Luisa Isabel Salas, Alfonso Ituarte, José González Torres, Rafael Preciado Hernández, Adolfo Christlieb Ibarrola, Manuel González Hinojosa, Abel Vicencio Tovar, Luis H. Álvarez, Manuel Clouthier, entre otros, han sido flamas señeras que iluminaron rumbos claros.

Cientos de dirigentes, militantes y luego miles de ciudadanos por todo el país, se unieron a la incansable brega para derribar intereses, sacudir letargos, despertar conciencias e inspirar la confianza en el destino personal y nacional.

La doctrina que propuso Acción Nacional fue el imán que atrajo las voluntades. Sus principios convencieron no sólo a los militantes, sino que en cuanto eran conocidos, se adherían los votantes, muchos abiertamente y muchos también en privado por temor a las represalias.

La doctrina del PAN es una doctrina elaborada a partir de un enfoque moral de la política. Sus supuestos básicos son la dignidad de la persona humana como principio y fundamento de la sociedad y el bien común como finalidad del Estado.
El respeto a la dignidad de la persona humana es la primera propuesta panista —y no de menor importancia—, es el de privilegiar el bien común sobre los intereses individuales o de grupo. Sostiene además que el bien común es el objetivo primordial de la acción política.

La responsabilidad social es inseparable del ejercicio de la libertad personal y de la propiedad privada, y es la piedra angular de la solidaridad social, que es otro de sus principios básicos. Al lado de la solidaridad entre los miembros y grupos de la comunidad, está el principio de la subsidiariedad, por el que las decisiones públicas deben tomarse al nivel tan próximo del individuo y de la familia como sea posible. La autoridad debe intervenir sólo cuando sea necesario. De aquí surge la necesidad de respetar el federalismo como aplicación práctica de la subsidiariedad.

La democracia es otro de los principios y programa de acción del partido y no se limita al derecho que tenemos de asegurar, mediante elecciones universales, libres, periódicas y sin coacción, a que la autoridad la ejerzan los que hemos escogido, sino al deber que tienen los legisladores y representantes populares de hacer realidad sus promesas de campaña y de cumplir los puntos que contenga el mandato popular que recibieron. A la ciudadanía corresponde, a su vez, interesarse e involucrase en los asuntos políticos para que ninguna decisión que le afecte se tome sin su consentimiento. Así, el mandato popular no se limita al voto que se emite cada tres o seis años, sino que la participación ciudadana lo renueva diariamente.

La democracia insiste en el respeto de los derechos humanos y en trabajar firmemente contra la discriminación. En una sociedad en desarrollo como la nuestra, compuesta de varias etnias y con diferencias económicas tan marcadas, la democracia luchará por encontrarle su lugar, dentro del progreso general, a los grupos rurales, indígenas, urbanos y a todos los más vulnerables, más necesitados.

A través de la lectura de los diversos documentos del partido se puede percibir un deber moral que siente Acción Nacional para mostrar a México el camino. Su razón de su ser se sustenta en las constantes que aparecen en su doctrina, alrededor de las cuales gira lo demás. Una de ellas es este fin básico de vincular en forma explícita la política con los fines éticos de la existencia humana.

Los logros de Acción Nacional se han cimentado en la mística que ha animado a sus dirigentes y militantes: desinterés personal, deseo de servicio, propósito de alcanzar el bien común, cumplir con la acción política la exigencia de un deber moral, honradez en el manejo de los recursos, ayudar a la persona a alcanzar su fin trascendente.

Todo esto que ha sido su principal fuerza, puede ser amenazado si ahora que ha llegado al poder, la corrupción existente alcanza a sus militantes y gobernantes; si el burocratismo invade a su cuerpo administrativo y si se buscan los cargos públicos sólo con interés de beneficio personal y no de servicio.

La influencia del partido en casi siete décadas de trabajo constante, ha sido invaluable para nuestra patria. Su presencia en el panorama político de México ha dejado huella en todos los campos, sembrando inquietudes y valores que van ayudando a forjar la conciencia ciudadana.

El camino todavía es largo, pero el día en el que todos los ciudadanos se decidan a participar en esta lucha, el partido habrá cumplido su misión.

No entiendo

Agustín Basave
abasave@prodigy.net.mx
Excélsior

Tanto el desafío del crimen organizado como la debacle del sistema financiero se originan en el fracaso del repliegue del Estado. No critico la desaparición del Estado bulímico sino el advenimiento del Estado anoréxico.

Para Orla, mi esposa.

Escribo estas líneas a horcajadas entre dos importantes y venturosos acontecimientos en mi vida. Tengo razones personalísimas, pues, para estar de buen ánimo. Pero los momentos que atraviesa México me hacen absolutamente imposible inyectar una dosis de optimismo a mi análisis. Son dos variables, una endógena y otra exógena, las que elevan mi preocupación: la escalada de la violencia a niveles de terrorismo en Michoacán y el desbordamiento de la crisis económica de Estados Unidos. Ambas ponen a nuestro país en circunstancias asaz calamitosas. Por desgracia, me queda claro que el peor de los escenarios ya no se ve tan lejano como antes.

Pero hay varias cosas que no entiendo. A mi juicio, tanto el desafío del crimen organizado aquí como la debacle del sistema financiero allá se originan en buena medida en el fracaso de la receta globalmente prescrita del repliegue del Estado. Me anticipo a las objeciones neoliberales: no critico la desaparición del Estado bulímico sino el advenimiento del Estado anoréxico. Fue la maldita obsesión de volar sin escalas de la estatolatría a la soberanía del mercado la que nos llevó al desastre. En el primer caso no fue tanto una estrategia específica cuanto el estancamiento y la erosión que sufrieron las instituciones de la seguridad pública y la seguridad nacional como subproducto de una mentalidad, dogmática a cual más, que a priori e indiscriminadamente desdeña lo público y privilegia lo privado. En el segundo caso sí se trató de un modelo que incluye una serie de medidas desreguladoras, todas ellas fruto de la mercadolatría.

No entiendo la sorpresa. Se ha repetido hasta la saciedad que la primera responsabilidad del Estado es garantizar la seguridad de los ciudadanos, y la sentencia de Weber sobre el monopolio de la violencia legítima ha sufrido la ignominia de volverse un cliché. Y sin embargo, los gobernantes mexicanos de los últimos años no han puesto “su” dinero donde está su boca, para usar una expresión anglosajona. Y no es únicamente un asunto de falta de presupuesto, sino también y quizá principalmente de abandono. No ha habido profesionalización ni fortalecimiento estructural ni visión de largo plazo en ese ámbito porque no ha sido prioritario, y no se le ha priorizado porque el Estado mismo, al que el aparato de la seguridad es intrínseco, es la última de las prioridades. Después de todo, el eslogan del fundamentalismo individualista es cada quien se rasque con sus propias uñas. Aunque ya ni las uñas de una minoría den para rascarse bien.

No entiendo la obstinación de los adalides de la globalización desbocada que se niegan a embridarla. No aprendieron del susto que les dio a sus ancestros la respuesta revolucionaria al capitalismo salvaje, ni han comprendido que la voracidad es muy mala consejera, ni se percatan que la subregulación es tan dañina como la sobrerregulación. No deja de asombrarme su fe de carbonero en la capacidad autocorrectora el mercado. Una y otra vez las inefables fuerzas de la oferta y la demanda han provocado estropicios y una y otra vez las han exonerado de toda culpa, paradójicamente con el mismo argumento que los marxistas puros usaron para deslindar a su doctrina del fracaso del socialismo real: que no aplicaron bien la teoría y desvirtuaron el arquetipo. Pero resulta que esas contrahechuras que se ven lo mismo en el capitalismo de hoy que en el comunismo de ayer son el resultado de sumergir las maquetas teóricas en el ácido de la realidad. Así funcionan los modelitos en la praxis. Salvo que, claro está, se hagan ajustes que desafíen la ortodoxia en aras del sentido común.

No entiendo por qué hasta ahora los líderes del establishment empiezan a darse cuenta de que, contra lo que creían, el encogimiento del Estado les perjudica también a ellos. Era obvio que sus recursos privados no alcanzarían indefinidamente para protegerlos del crimen organizado mexicano o del desastre económico norteamericano. Ojalá que ese descubrimiento, al menos eso, nos permita revertir la tendencia y reivindicar la cosa pública. Ya se escuchan muchas voces en Estados Unidos que reconocen que fueron el crédito desenfrenado y los instrumentos financieros sin supervisión los que causaron la explosión. Hago votos por que en México empecemos a aceptar que ese desmantelamiento del incipiente andamiaje estatal que consciente e inconscientemente se llevó a cabo en este país nos está pasando la factura también en lo que a seguridad se refiere. La privatización de las policías y en general del sistema de procuración de justicia, no la que trasladó funciones de vigilancia a empresas de protección sino la que dejó que grupos de delincuentes se adueñaran de las instituciones, también nació del desdén por una organización que debe trascender a cualquier individuo para servir a la comunidad. La corrupción ya estaba ahí, sin duda, pero ahora está acompañada del caos.

No entiendo por qué tuvimos que esperar a un abominable atentado como el de Morelia y a la amenazante avalancha de Wall Street para abrir los ojos. No entiendo, en suma, a los templarios de la mano invisible, cuyo rechazo a la intervención del Estado me hace pensar que en el fondo tienen alma de anarquistas. En fin, así es la vida. Estoy cumpliendo medio siglo de existencia y nomás no entiendo.

No entiendo a los templarios de la mano invisible, cuyo rechazo a la intervención del Estado me hace pensar que en el fondo tienen alma de anarquistas.

Mano dura o mano precisa

Leonardo Curzio
Analista político
El Universal

El gobierno federal lleva la principal responsabilidad en esta crisis de seguridad y hasta ahora ha demostrado que se jugará todas sus cartas para conseguirlo. Creo, sin embargo, que podría mejorar el funcionamiento general de la estrategia si lograra los siguientes objetivos.

a) Crear la figura de un vocero que cumpla las funciones que en su momento desempeñó el doctor Valenzuela en la crisis de 1994. Explicar la profundidad del problema y la estrategia gubernamental todos los días, se ha convertido en un problema central para organizar la agenda pública. No es casual que cada quien se vaya por su lado, e incluso se rellenen los vacíos con especulaciones en esta materia. Por ejemplo, quién puede contestar en el día a día a la pregunta: ¿qué relación hay entre los muertos de Yucatán y la operación italo-estadounidense contra el cártel del Golfo? Hay un vacío lamentable que no se llena con los boletines de cada institución. Hace falta que la formulación de la agenda pública se haga desde el gobierno con un vocero especializado.

b) Lanzar compromisos específicos al sector privado y social. A falta de un Estado que proteja a los usuarios de servicios financieros, se les podría pedir como contribución propia que cesara el trasiego de datos personales. Aterroriza la idea de que las bases de datos con información personal se manejen con tanta ligereza y puedan caer en manos delincuenciales, si no es que han caído ya. La mano dura que piden los empresarios la podrían aplicar en casa prohibiendo las ventas de bases de datos con los datos de sus usuarios.

c) Señalar periódicamente a los responsables territoriales de la crisis de inseguridad y no solamente a Marcelo Ebrard. Varios gobernadores se merecerían un llamado de atención público, desde hace un buen rato.

d) Procesar a algún pez gordo. La estrategia del crimen organizado es cada vez más sofisticada y no es creíble que no tengan protección política. ¿Cuándo caerá el primero?

e) Hacer reportables todas las operaciones en efectivo de cierto monto. Concesionarias de coches, inmobiliarias, casas de cambio y colegios de notarios no deberían tener objeción para colaborar con esto… y si la tienen, que lo digan públicamente.