septiembre 26, 2008

Paul Newman

Shaker Heights, Ohio, EEUU, 26 de enero de 1925
Westport, Connecticut, EEUU, 26 de septiembre de 2008

Paul Newman será recordado, tanto por su excelente desempeño en el cine como por su interesantísima vida y su innegable actuar como gente 'normal', cosa poco frecuente en las luminarias de Hollywood.

El desorden interno

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Para enfrentar al enemigo, que es el crimen organizado y el narcotráfico, la premisa fundamental es tener en orden la casa.

Y ahí las cosas no andan bien.

El miércoles pudimos presenciar la marcha de un centenar de policías de la Agencia Federal de Investigación, en protesta contra una medida administrativa.

¿Qué es eso?

Es insubordinación de un cuerpo de élite.

Ya no estamos hablando de que no hay control sobre la delincuencia, sino que tampoco lo hay sobre la policía especializada en combatirlo.

El desorden es evidente. Aunque sean pocos los policías insubordinados que toman las calles, es una señal de descontrol que no se puede permitir.

Los agentes de la AFI no son burócratas normales que manifiestan sus inconformidades, sino el grupo selecto que tiene el Estado para combatir a la delincuencia más pesada.

Y ahí están, en las calles, con pancartas que piden la intervención de diputados y senadores para evitar su traspaso a la Federal Preventiva.

Con esos elementos no se puede ir a la guerra, que es lo que los criminales le han declarado a la sociedad.

El secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, tiene enormes dificultades para expresar lo que piensa. Y sus subsecretarios lo contradicen en público.

Es cada vez más fuerte la versión de que es mala su relación con el secretario de la Defensa, e igual cosa le ocurre con el titular de la PGR.

Tal vez tengan razón los que dicen que al nombrar a García Luna al frente de la SSP perdimos al mejor policía de México, al distraerlo en tareas burocráticas y de relaciones públicas que no son lo suyo.

Las señales que se mandan en el ámbito de la seguridad son desalentadoras, a pesar de los aciertos que sin duda ha habido.

Se ve que el presidente Calderón tiene claro qué es lo que hay que hacer, pero el equipo parece no ser el más idóneo.

Fue lamentable el mensaje del secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, ante los diputados, de que el gobierno no puede garantizar la seguridad de los ciudadanos.

El “no poder” nos remite a la ya célebre, para bien o para mal, frase de Alejandro Martí, de que renuncien los que no puedan con su cargo.

¿Por qué dijo eso Mouriño? Es cierto que las policías están infiltradas por el narco y otros delincuentes, pero el titular de Gobernación debe asumir su papel y contestar en positivo.

Lo menos que esperamos de él es que diga que en el gobierno están limpiando la casa para hacer más eficaz el combate a la criminalidad.

Pero el mensaje que manda es de claudicación. ¿De qué sirven los empeños en combatir al narco y a las bandas delictivas si el secretario de Gobernación nos dice que el gobierno no está en condiciones de dar seguridad a la población?

Además, ¿qué papel tiene el secretario de Gobernación en materia de seguridad interna?

Debería tenerlo todo, pero no controla a ninguna policía ni al Cisen.

La Secretaría de Gobernación se ve flotando en el espacio, sin conexión real con las demás ramas del Ejecutivo. Y esta declaración, emitida desde la tribuna de San Lázaro, se recibió como un balde de agua fría.

Desde que llegó a Bucareli el secretario Mouriño ha estado contra las cuerdas, noqueado sobre sus piernas por un golpe artero, injusto y mentiroso que le propinó López Obrador.

Del lado del gobierno no hubo la capacidad o la voluntad para devolverle ese golpe a AMLO.

¿Por qué ese miedo? ¿A poco el derrotado candidato presidencial y su círculo cercano son unas blancas palomas?

Los maestros de Morelos, una minoría sin argumentos, tomaron la carretera de Cuernavaca, la cierran cuando quieren, vienen al DF y entran a patadas a la SEP, bloquean Gobernación y ponen el centro de cabeza, y no pasa nada.

¿Por qué se tolera ese desorden?

Es cierto, lo importante no es la marcha, sino la Alianza por la Calidad de la Educación y evitar dar pretextos para que más maestros se sumen a las movilizaciones.

Pero el mensaje que se manda es brutalmente negativo: aquí cada quien hace lo que quiere, al cabo que la autoridad no reacciona.

Están peleados entre sí, reconocen que no pueden y dejan que los violentos bailen el jarabe tapatío encima de la ley y del resto de los ciudadanos.

No hay orden en el frente interno. Eso da al traste con la eficacia, aunque se tengan claros los objetivos.

Nota. Esta columna volverá a aparecer el lunes 6. Gracias y hasta el regreso.

Del partido de Lenin al de Stalin

Juan María Alponte
México y el mundo
El Universal

La apertura de los archivos y la posibilidad de la investigación libre están permitiendo la ampliación de todas las informaciones, secretas, sobre la URSS y sus dirigentes.

El libro de Simon Sebag Montefiore, El joven Stalin, lo prueba. El Instituto de Marxismo-Leninismo guardaba 30 mil 820 textos autógrafos de Lenin. De ellos 3 mil 724, censurados, no se habían publicado nunca, hasta ahora. Eran los que invitaban a la violencia implacable. Como el del 11 de agosto de 1918, dirigido a los tres líderes bolcheviques de la región de Penza.

En esa nota invitaba a la destrucción “sin piedad, de los kulak”. Termina con una posdata: “Encontrad la gente más dura”.

Sebag Montefiore esclarece lo que sabíamos a medias: la etapa de Stalin (el seudónimo, “hombre de acero”, lo adoptó en 1918) como recaudador de fondos, mediante asaltos y robos, era ya conocido. Su asalto al Banco del Estado en Tbilisi, Georgia, su tierra natal, fue famoso. Recaudó para el partido 3 millones (equivalentes) de euros. Entonces se consideró una “catástrofe” bancaria. Stalin tenía 28 años. Esa etapa fue clausurada y, ahora, se reconstruye. No con ánimo destructivo, sino como recuperación del silencio.

Un alto funcionario soviético que colaboró después con Gorbachov en la etapa de la perestroika y el glasnot, Alexander Yakolev, encargado por acuerdo para aclarar los asesinatos de los 4 mil 500 oficiales polacos, en Katyn, aclaración indispensable para lograr la paz con Polonia y que terminó con el reconocimiento oficial de su asesinato por la URSS, dice en su libro sobre el tema (Ce que nous voulons faire de l’Union Soviétique) (página, 117) lo siguiente: “El comunismo ha sido excelente en la manipulación y amputación de la historia con el fin de que sirva al poder. Hecha de silencio y olvido, tenía por tarea ‘educar’ a las masas, acreditar las leyendas y los mitos forjados en todas sus piezas. Stalin, el primero, se construyó una historia a la medida, que escribió él mismo, que él dicta, corrige y vigila…”.

Eliminado el exceso lo esencial permanece. Desde la muerte de Lenin en 1924, hasta la muerte en 1953 de Stalin, este fue el poder absoluto. A nosotros nos faltan 30 o 40 libros muy importantes de las memorias de la perestroika. Han sido best-sellers en otras lenguas. Es un enorme vacío, como lo revela el libro de Jarasov, Premio Lenin de Ciencias y padre de la bomba atómica soviética que, al final de su vida, fue el defensor de los derechos humanos.

Las contradicciones entre el Terror de Estado y la formación de una sociedad nueva, los conflictos entre Lenin, Stalin y Trotski —recuerden que yo mismo he escrito un libro sobre el tema, Lenin, vida y verdad que publicó Grijalvo en 2002 utilizando ya documentos secretos del Kremlin— son relevantes. Lenin, que murió en 1924, y Trotski, desterrado de la URSS, perseguido y asesinado en México, no pudieron contender con el gran sistema staliniano. El magnífico libro, reciente, de Vladimir Federodski, El fantasma de Stalin o las asombrosas Memorias del hijo de Beria, el superpolicía de Stalin, han sido traducciones en inglés, francés, alemán, etc.

El papel gigante durante la “guerra patriótica” contra Hitler —su aliado entre 1939 y 1941 por el Pacto de No Agresión y Cooperación de 1939— le hicieron el líder de un pueblo invadido, con millones de muertos, pero en abril de 1945, sus tropas colocaban la bandera roja en la Puerta de Brandemburgo mientras Hitler se suicidaba. Ese gran conflicto, esas contradicciones, arrasadas por el terror, conforman parte esencial de la historia contemporánea y es preciso asumirlas. Una inmensa realidad, como una experiencia colectiva pero desposeída de lo legendario para que sea parte de la historia real. Es duro, pero, sin hacerlo, no se puede cambiar el mundo porque, en caso contrario, nos negaríamos a vivir en él.

“Padre nuestro que estás… en la cama”

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Con una tenacidad formidable, Jason Berry, el periodista que en 1997 dio a conocer junto con el hoy finado Gerald Renner la historia de abusos sexuales del fundador y guía de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, regresa a México para estar presente mañana en la premiere de su celebrado documental Votos de Silencio (Cinemex Insurgentes, 16:30 hrs.).

Votos de silencio es la adaptación del libro clásico publicado por Renner y Berry en 2004 y que, sin duda, ayudó a que se terminara de precipitar la bola de nieve que en 2005 y 2006 forzaría al Vaticano a reconocer las faltas de Maciel (fallecido el 31 de enero de este año), y a suspenderle sus derechos religiosos. Maciel murió derrotado.

Votos de silencio se presentará en la versión doblada al español por la voz de Carmen Aristegui. Al evento acudirá también un irlandés con el sargentopimenteano nombre de John Paul Lennon. Es un cofundador de la Legión de Cristo que acaba de publicar el primer libro póstumo sobre Maciel: Padre nuestro que estás en la cama, otra revisión crítica, que aporta fotografías y documentos inéditos.

Lennon enfrenta un litigio con la Legión por la difusión de materiales presuntamente no autorizados en internet.

Decía la maravillosa escritora Doris Lessing que uno reconsidera su vida conforme la va viviendo, de la misma forma que si estuviera escalando una montaña y continuamente viera los mismos paisajes desde distintos puntos de vista.

Así veremos algunos Votos de silencio. Once años atrás parecía imposible confrontar a Maciel. Hoy podría pensarse que es incluso excesivo no dejarlo descansar en paz.

Como sea, la de mañana es una excelente oportunidad para ver un trabajo literalmente histórico.

¿La Iglesia católica?, ¡fuera del Bicentenario!

Francisco Martín Moreno
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

Esa religión estuvo en contra de la Independencia de México, como lo estuvo en contra del movimiento armado de 1910.

En lugar de beatificar a los sacerdotes Hidalgo y Morelos y consagrarlos como dos de los grandes padres fundadores de nuestra nacionalidad, la Iglesia católica los declaró herejes, muy a pesar de que el cura de Dolores hubiera puesto en su estandarte con el que convocó a acabar con los malos gobiernos: “Viva la Religión. Viva nuestra Madre santísima de Guadalupe”. Por lo tanto, ordenó que a los dos humildes sacerdotes les humedecieran la superficie de sus manos con ácido por haber sostenido los Santos Sacramentos, con los cuales fueron ungidos al ordenarse en el seminario y se las rasparan con un cepillo de acero. Por si fuera poco, se ordenó el fusilamiento y la decapitación de Hidalgo, así como la colocación de su cabeza en una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas durante diez años, como una medida ejemplar de la que deberían tomar nota otros religiosos y civiles de la Nueva España.

En relación con Morelos, su propia Iglesia lo mandó fusilar por proclamar la soberanía e independencia de la América mexicana y por proponer, a través de la Constitución de Apatzingán, la primera Carta Magna mexicana, un gobierno republicano con cambios radicales en la organización política y económica del México naciente. El cura Morelos exigió un humanismo igualitario y cristiano, la proscripción de la esclavitud, la instrumentación de una reforma tributaria, la derogación del impuesto per cápita de los indios, proclamó los derechos fundamentales del hombre y del ciudadano, la cancelación de la tortura, la abolición de privilegios, el rechazo al régimen colonial… Este “supuesto” hereje, solicitó, entre otras tantas medidas más, la adopción del 12 de diciembre para celebrar a la Patrona de nuestra libertad, María Santísima de Guadalupe: un digno, dignísimo liberal católico amante de la evolución y del progreso. En el acta de excomunión de Morelos la Iglesia católica no sólo ordenó que el cadáver de Morelos fuera decapitado, sino que fue sentenciado también a la mutilación de su mano derecha para que fuera exhibida en Oaxaca…

Si la alta jerarquía clerical, adinerada, rica e influyente, dueña de vidas y haciendas, ordenó la ejecución de Hidalgo y Morelos, dos curas católicos nobilísimos, es porque no estaba dispuesta a poner en juego sus enormes intereses políticos y económicos. Los auténticos príncipes de la Iglesia católica, sus superiores jerárquicos, fueron los asesinos. ¡Claro que al gobierno virreinal le interesaba fundamentalmente aplastar el movimiento, sí, por supuesto que sí, sus razones eran evidentes, pero no perdamos de vista que el clero, integrante del tribunal que los juzgó a ambos, estaba igualmente deseoso de acabar, a como diera lugar, con la vida de los dos, pero por diversas razones..!

Los virreyes fueron inocentes de semejante crueldad. La vesania clerical de sus correligionarios, ese celo fanático y enfermizo por impedir la movilidad política y segar de un tajo la menor amenaza en contra de sus múltiples intereses, ocasionó que casi destazaran a esos dos sacerdotes, en el nombre sea de Dios. He aquí algunos de los cargos de los que fue acusado Morelos por la Santa Inquisición: … el Presbítero don José María Morelos, es hereje materialista y deísta y traidor de lesa majestad divina y humana… Se le degradará por confitente diminuto, malicioso y pertinaz… Se le declarará hereje formal negativo, despreciador, perturbador y perseguidor de la jerarquía eclesiástica, atentador y profanador de los Santos Sacramentos; que es hereje y fautor de herejes desde que empezó la insurrección; y como a enemigo cruel del Santo Oficio…

La Iglesia, es claro, estuvo en contra de la Independencia de México, como lo estuvo en contra del movimiento armado de 1910: “La revolución es contraria al orden cristiano y a la realeza temporal de Cristo.” Satanás, dice el clero, es el padre de toda revolución y, por ello, nadie debe obedecerlo, porque hacerlo equivale a acatar las disposiciones del diablo, quien siempre guió de la mano a los revolucionarios mexicanos, para ya ni hablar de los constitucionalistas que coronaron la obra de Mefistófeles poniéndola en blanco y negro y promulgando una legislación suicida para la gran tragedia de México.

De la misma manera en que la Iglesia estuvo del lado de Santa Anna, de Bustamante, de Miramón y de Porfirio Díaz, discretamente lo estuvo del lado de Victoriano Huerta, a quien le cantó una misa de gracias, un Te Deum, además de proporcionarle ayuda económica después de asesinar a Madero… Por si fuera poco, el alto clero católico le volvió a declarar la guerra al gobierno mexicano durante la rebelión cristera, cuando aquél trató de imponer las disposiciones contenidas en la Constitución de 1917.

¿Cómo se atreve la Iglesia católica a tratar de celebrar el bicentenario cuando estuvo en contra de la Independencia y de la Revolución y luchó denodadamente en contra de la libertad y de la superación de México?

fmartinmoreno@yahoo.com

El alto clero le volvió a declarar la guerra al gobierno durante la rebelión cristera, cuando aquél trató de imponer las disposiciones contenidas en la Constitución de 1917.

Acostumbrados a la violencia

Ana María Salazar
salazaropina@aol.com
Analista política
El Universal

El presidente Felipe Calderón sostuvo ante la anual Asamblea General de la ONU que “el terrorismo, cualesquiera que sean sus explicaciones o motivaciones ideológicas, no tiene cabida en la comunidad de valores que con tanta dificultad hemos forjado”, condenando la práctica del terrorismo.

¿Por qué habló el Presidente sobre terrorismo en este importantísimo foro internacional? ¿Tanto así le preocupa la bomba que explotó hace unos días en un importante hotel de Islamabad? ¿Fueron comentarios “politiqueros” ya que México busca ser un miembro no permanente del Consejo de Seguridad? ¿O será que estaba pensando en los muertos del 15 de septiembre en una plaza en Michoacán, su estado natal?

Considero que continuará el debate en México acerca de si lo acontecido en Morelia debe o no considerarse un acto terrorista. Yo me pregunto si el problema es que en México nos hemos acostumbrado a vivir en un país violento. En cualquier país “normal”, si un individuo lanzara dos granadas en una plaza repleta de familias no habría ninguna duda de considerarlo un acto terrorista, apenas que las autoridades claramente identificaran a la persona involucrada como un desquiciado con serios problemas sicológicos, llevando a cabo este atentado sin ningún vínculo con otros individuos, pero nadie en este momento está contemplando esta posibilidad.

Parte del problema es que cuando uno hace un recuento de los múltiples actos de violencia y crueldad en los últimos años en México, una granada lanzada en una plaza pública no debería ser un acto tan cuestionado. ¿Recuerdan cómo en 2006 explotaron petardos en la sede nacional del PRI? ¿Cómo entender los ataques a los ductos de Pemex con un impacto económico devastador? También ese año se encontró un carro con explosivos en el estacionamiento de la Torre Mayor en el DF que requirió que se evacuara por completo el edificio más alto de Latinoamérica.

¿Y qué pasó con el bombazo que sucedió en avenida Chapultepec, también en el DF, en febrero pasado? Parecería que a todos se les olvidó lo que pasó en Sinaloa. Presuntos sicarios del narcotráfico se enfrentaron y uno de los grupos hizo estallar un carro-bomba con tres recipientes con gas. En esta ocasión se encontraron un total de cuatro carros-bomba.

En todos estos incidentes o no murieron personas inocentes o los muertos y heridos estaban vinculados de una forma u otra al narcotráfico (por lo menos eso insinuaron las autoridades). Todavía están por verse las razones de la reciente masacre de 24 personas en el estado de México, y lo que sucedió recientemente en Sinaloa es claramente una infamia: el asesinato de ocho personas (entre ellas tres niñas de entre 13 y 15 años) que esperaban la luz verde en sus carros. En un país donde suceden todos estos eventos y las autoridades no empiezan a considerar que son actos terroristas, pues a la mejor dos granadas lanzadas en una plaza llena de personas no es tan grave.

En una democracia, el gobierno necesita tener claridad y transparencia con la ciudadanía, ya que el apoyo de la sociedad civil es clave para cualquier gobierno que tiene que enfrentar amenazas a la seguridad nacional. Imagínese a un doctor que le dijera a su paciente enfermo de cáncer que no se preocupe, que sólo tiene un fuerte resfriado. Esta negligencia le costaría la vida del paciente ya que éste no tomaría los pasos necesarios para enfrentar esta mortal enfermedad. Ni hablar de la pérdida de credibilidad del doctor. De la misma forma el Presidente y su gabinete tienen que decirle al país cuál es el diagnóstico real de la situación de seguridad, para tener el apoyo de la población, ya que la “cura” será dolorosa, pero necesaria