septiembre 30, 2008

Multa legítima

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Un político tiene tres debilidades: dinero y votos... bueno, y ego. Extrañamente, nos resulta difícil decir cuál de ellos les duele más.

Hace ya casi un par de años, cuando Andrés Manuel López Obrador se quedó con su orgullo y sin la Presidencia —que ostentaba soberbio y presuroso en la campaña electoral—, puso al DF de cabeza al tomar el Paseo de la Reforma durante semanas, 48 días para ser exactos, en reclamo de un reconteo de votos que nunca llegó. El ya clásico “voto por voto, casilla por casilla”. A la par, tomó la tribuna en San Lázaro para impedir que el entonces presidente Vicente Fox rindiera su Informe anual de actividades.

Han pasado 24 meses y el Partido de la Revolución Democrática, junto con la corriente del Frente Amplio Progresista, que encabeza López Obrador, sigue sin aceptar los resultados de esa elección, continúan llamando “ilegítimo” al gobierno de Felipe Calderón y desdeñan cualquier declaración, acto o decisión que les afecte directamente. Su herida sigue abierta.

Y justo ahora que el Instituto Federal Electoral pretende imponer una multa de un buen número de millones de pesos al PRD a causa de aquellas manifestaciones poselectorales, es cuando los miembros del partido del sol azteca, vuelven a la carga contra ese Instituto y el gobierno federal.

Para los miembros del partido, esta multa no es sino una “revancha política” con el fin de mermar cualquier movimiento similar ahora que la reforma energética está por ser discutida. Acusación en respuesta a la iniciativa presentada por el panista Federico Döring, para castigar monetariamente las tomas de tribuna (y de calles y de plazas públicas) realizadas por cualquier partido.

Claro está que Andrés Manuel no iba a quedarse callado y en su clásico y dominguero mitin (aunque ahora se llamó Marcha en Defensa del Petróleo) salió con un “miren cómo tiemblo” y aseguró que no hay sanción capaz de impedir que ejerza, él y su corriente, su también pejítimo derecho a manifestarse. Que seguirán con lo planeado en caso de ser aprobada la reforma energética que, según él, pondrá a Pemex en manos de empresas privadas y bla, bla, bla.

El argumento de los perredistas para descalificar y llamar ilegítima esta multa consiste en que con ella se estaría inhibiendo y reprimiendo la libre expresión de los ciudadanos. Para ellos, manifestarse tan violentamente —sí, violentamente, porque coartar el libre tránsito no es cualquier cosa— es su camino de construir una política más justa, humana e igualitaria. Aunque en el transcurso se lleven entre los pies millones de pesos a causa de las afectaciones que sufren los negocios que están al paso de sus marchas.

Y es que finalmente no se trata de una sanción producto de una propuesta que afecte exclusivamente al PRD, pero sabemos que los genes de este partido reaccionan como niños y hacen efectivo el clásico “se lleva, pero no se aguanta”.

Con esta multa, el Partido de la Revolución Democrática y Andrés Manuel López Obrador engordan el costo que han tenido que pagar por sus berrinches. No sólo han perdido fuerza política y credibilidad, ahora también, en caso de aprobarse, tendrán que desembolsar 60 millones de su presupuesto, como castigo. Éste sí, legítimo. ¿O acaso usted no lo considera justo por las incuantificables pérdidas en esos oscuros días vividos en el glorioso Paseo de la Reforma?

Habrá que ver si el PRD insiste en sus técnicas ahora que los costos políticos ya no sólo incluyen a un talón de Aquiles…

‘Maquío’

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

“Cuando todo mundo hablaba de la necesidad de la reforma electoral, de la urgencia de modernizar la actividad política, y sacarla de la época de las cavernas, para que los ciudadanos recobren la confianza por saberse partícipes en el proceso de toma de decisiones, hay algunos gobernadores dinosaurios, inmovilistas, que no acaban de entender, quizá por tercos o dogmáticos, obcecados o tontos, que siguen atropellando a la ciudadanía con el primitivismo de sus acciones”.

Así empezó, con esta denuncia a los gobernadores, el último artículo de Manuel Clouthier publicado en EL UNIVERSAL el día 2 de octubre de 1989.

Ese día, este periódico cabeceó a ocho columnas: “Pereció Clouthier; un camión embistió a su vehículo”. Clouthier había enviado esa colaboración a la redacción un día antes de su muerte. “Primitivismo de gobernadores”, la había titulado.

En ese escrito de hace 19 años se quejó de los gobernadores por el control de los medios, por el uso indebido del poder, por favorecer a su propio partido, por el abuso del poder; en suma, por obstaculizar el avance democrático, incipiente, tímido y dubitativo del entonces naciente sistema democrático mexicano.

Clouthier vio con claridad el escollo. Entendió, con mirada de lince, de anticipación profética, lo que ahora es una realidad: necesita más control y mejor rendición de cuentas el poder local, ese poder de los gobiernos de los estados de la República.

Héctor Aguilar Camín escribió recientemente: “La democracia hizo nacer autonomías estatales de facto que en muchos estados tienen rasgos de feudo. Hay que ordenar eso antes de que acabe de viciar el de por sí contrahecho pacto federal”.

El poder personal y centralista del presidente de la República que Manuel Clouthier en el Partido Acción Nacional ayudó a repartir, controlar y fiscalizar terminó alojado con algunos desenfrenos e inmoralidades en la provincia mexicana con los gobernadores.

Poco a poco, las reformas electorales y las partes de reforma del Estado que hemos aprobado, desde hace 20 años, entregaron el poder político del presidente de la República a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a los diputados y senadores y, también, una parte importante de esa fuerza política quedó suelta e indisciplinada con las prioridades de la nación en cada gobernador constitucional.

Por eso en la llamada conferencia de gobernadores ellos marcan sus prioridades, no al presidente (finalmente el presidente sólo tiene derecho de iniciativa en leyes o presupuesto), sino al Congreso de la Unión, que en teoría define las políticas públicas que vertebran y hacen solidarios a los mexicanos.

El acceso a la democracia plena mexicana está suspendido en varios estados de la Federación. Varios gobernadores se comportan, como diría Manuel Clouthier, como dinosaurios inmovilistas que no acaban de entender que el poderío político radica en la sociedad.

Meten la mano en su propio Congreso, en los jueces, no tienen transparencia, no depuran la policía, manejan a algunos medios y su hacienda a su antojo, y encima piden más dinero a la Federación.

Combatir ese feudalismo está en el legado de Maquío. Hacerse de la vista gorda frente a esos gobernadores significa traicionar a ese sinaloense, hombre mayor de sombra inmensa, como le diría don Luis H. Álvarez.

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Hoy es el aniversario del natalicio de José María Morelos y Pavón. Es la fiesta cívica de Morelia. El presidente Calderón estará allí en la calle, en sus plazas, y los delincuentes asesinos de la fatídica noche del grito de Independencia estarán en la cárcel.

'Lunes negro' por Paco Calderón