octubre 01, 2008

A 40 años, no se olvida

José Sandoval
pepesandoval@terra.com.mx
Política al estilo Hidalgo
Milenio

Parece que fue ayer cuando estando en la universidad se preparaba la marcha para conmemorar los 25 años de la masacre de Tlatelolco, flotaba como cada año esa impotencia entre los estudiantes de ver pasar el tiempo, sin que pase absolutamente nada. Frustración ante la posibilidad de que los últimos sobrevivientes de aquel hecho sangriento queden bajo la sombra de la impunidad. Vivíamos el último sexenio de dominio priista.

Hoy, a 40 años, se supone que las cosas cambiaron en este país, y creo desgraciadamente que cambiaron para seguir igual, por lo menos en lo que respecta a ese tema. Han pasado 15 años más y sigue sin haber culpables por la muerte de cientos de mexicanos que sólo pedían libertades en ese tiempo inexistentes. El Presidente anterior incluso promovió la creación de la Fiscalía Especializada en Delitos del Pasado.

Se supondría resolvería o esclarecería los hechos, ya que contó con facultades para enjuiciar a los culpables. Realizó algunos dictámenes, encontró culpables, los indició, pero la presión política pudo más, simplemente se perdió en el mar de noticias y sucesos diarios, y finalmente no sé, al parecer pasó a mejor vida. Mientras, esa herida seguirá sangrando. Mencionó a algunos culpables, mismos que el sentir popular ya enjuició históricamente, pero que todo indica jamás pagaran por el genocidio cometido no sólo en 1968, también en 1970, 1971, 1974, años que arrojaron cientos de desaparecidos que jamás tendrán justicia.

Todo indica que uno a otro se irán sucediendo los aniversarios del 2 de octubre y el Estado seguirá con la ilusión de que el hecho quede en el olvido por el bien de ¿todos?. La justicia no llegará, morirán los últimos sobrevivientes y testigos y pasará a ser una página negra en la historia de este país, pero página sin cerrar. La herida quedará abierta por mucho tiempo más. Hay quienes pese a no haber vivido en esos tiempos, sentimos como propias las demandas de justicia.

Peor aun, estamos marcados con ese rencor hacia los que perpetraron los hechos, pero también rencor ante los que por omisión han dejado que las cosas pasen, se les olvida que también la complicidad silenciosa y la omisión son culpables de que este país vaya dando tumbos en materia de justicia, ayer y hoy los poderosos siguen teniendo la razón. Pasarán diez, 20 años más y habrá quién les recuerde que este crimen no tuvo justicia. Como tampoco la tuvo la muerte de Manuel Clouthier en aquel 1 de octubre, pero de 1989. Parece que fue ayer, no pueden matar la memoria.

Remaches: en Villa de Tezontepec todo indica que por tercera ocasión se volvió a equivocar el PRI. Está bien que es pequeño el municipio, pero hay más de una familia en el mismo como para que una sola se turne en el poder, si a eso le sumamos un trabajo bueno del actual alcalde, todo pinta para que el PAN retenga el poder, cosa rara en este partido. Al respecto de este último, es importante comentar que si se llegan a dar algunos triunfos estos serán producto de coyunturas locales o el trabajo de los candidatos y equipos, no de su dirigencia estatal para la cual desde siempre sólo existe Pachuca y Tulancingo.

Remache de oro: Finalmente, qué mejor respuesta se puede tener a la demanda que perdieran los periodistas que firmaron el libro de La Sosa Nostra, que la medalla otorgada a uno de ellos, Miguel Ángel Granados Chapa.

'Sentimientos de la Nación' por Paco Calderón

Desesperación

Mauricio Merino
Profesor investigador del CIDE
El Universal

Mañana se cumplirán 40 años y el 2 de octubre no se olvida. La masacre con la que culminó aquella crisis que desafió al régimen autoritario sigue presente en la memoria colectiva, y muchos agravios están todavía vigentes. Pero lo cierto es que, después de Tlatelolco, ese régimen ya no pudo lidiar con la desesperanza y poco a poco fue cambiando, hasta desembocar en el que hoy tenemos. No fue automático, ni mucho menos. Pero sin el 68 no sería posible explicar ni los orígenes ni el cauce que tomó esa mudanza.

También han cambiado las razones del recuerdo. Primero fue importante para evitar que el régimen volviera a utilizar la fuerza como lo hizo entonces, y especialmente tras la nueva ofensiva de junio del 71. Lo fue para evitar la impunidad, aunque el resultado fuera tardío y tibio, como lo ha sido. Lo fue después para defender los principios democráticos, los derechos fundamentales, la emergencia de la sociedad civil, los límites al ejercicio del poder político.

Y siempre, para no olvidar que tuvimos un régimen que fue capaz de matar, desaparecer y apresar a cientos de jóvenes reunidos en un movimiento político pacífico, con tal de no ceder un ápice.

Hoy también merece la pena recordarlo por todas esas causas pero, además, para impedir que la desesperación con los resultados del nuevo régimen político nos lleve a creer que deberíamos reconstruir un sistema autoritario.

Que se piense que, después de todo, un gobierno fuerte e ilimitado en sus atribuciones sería mejor que el equilibrio precario en que vivimos. Que la crisis de seguridad, los descalabros económicos, la exclusión social patente o los conflictos y caprichos políticos interminables acaben por minar las bases de legitimidad del régimen recién nacido, y la gente crea que más vale pasar por un periodo de autoritarismo cobijado en la eficacia, que seguir bregando con una democracia que tropieza.

Los datos de las encuestas más recientes nos dicen que hay cada vez más mexicanos desencantados con las novedades democráticas. Según Latinobarómetro, solamente 26% de los mexicanos creía, en 2007, que la situación económica del país sería mejor este año; un porcentaje igual pensaba que el Estado sería capaz de resolver los problemas de la sociedad, y apenas 31% se declaró satisfecho con la democracia. No obstante, 66 de cada 100 seguíamos pensando que ese régimen era, a pesar de todo, mejor que cualquier otro.

El año 2008 no ha traído noticias gratas. Por el contrario, la guerra incivil contra la delincuencia organizada, la disputa por la propiedad de Pemex, los insaciables despropósitos de los partidos y las amenazas económicas derivadas de la crisis financiera de Estados Unidos se añadieron o se acrecentaron durante este año.

En cambio, las buenas noticias han sido muy magras. De modo que cada vez son más las voces que se olvidan del 68 y de su significado, para imaginar que el país podría ser mucho mejor con un gobierno autoritario y duro, que ponga orden en el desconcierto.

La desesperanza puede convertirse en desesperación. Pero no es verdad que un régimen autoritario podría solucionar nuestros problemas.

No hay ninguna posibilidad empírica de sostener esa afirmación, respetando al mismo tiempo los derechos y las libertades de los ciudadanos y pensando en la estabilidad política, el crecimiento y la igualdad social como destinos viables. No tiene sentido matar a la criatura para curar la enfermedad. Quizá estamos ya desesperados, es cierto. Pero a pesar de todo, el 2 de octubre no se olvida.

Las razones de la multa

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

El viernes aquí se publicó una corta definición de la razón de ser del IFE.

Sobre el prejuicio de que sólo “está para organizar y garantizar elecciones limpias, no para velar por la vialidad (en las calles) o poner orden en el Congreso, y menos aún para atizar los fuegos”, el texto fue titulado IFE incendiario.

No fue justo.

Entre sus obligaciones está velar por la legalidad del comportamiento de partidos que viven gracias a las prerrogativas que drenan del erario: de los impuestos pagados por quienes cumplen con la ley.

Hoy se sabe que la multa de 57 millones de pesos que se impuso al PRD se funda en que fueron “resolutivos” de su Consejo Nacional: a) que sus legisladores impidieran que Fox rindiera su último Informe; b) que impidieran también “la toma de protesta al usurpador” (Calderón), y c) que se estimulara (con la “medalla de la orden esfuerzo Benita Galeana) a los autores del plantón poselectoral que desmadró la capital porque “fueron ejemplo de dignidad y compromiso con los principios e ideales…” perredianos.

El Tribunal Electoral dirá si vale la sanción.