octubre 02, 2008

"Desde 1968' por Paco Calderón

Politicastros felices

Román Revueltas Retes
rrevueltas@milenio.com
Interludio
Milenio

Hay un México real, que es el azaroso escenario donde ustedes y yo vivimos, estimados lectores, y hay otro país –muy acogedor y apacible— habitado por los privilegiados cofrades de nuestra casta política: un lugar de calles sin baches, de barrios tranquilos, de bienestar asegurado y de sabrosos entretenimientos subvencionados, encima, por los impuestos de los ciudadanos de a pie.

Si estos mundos se entrelazaran, entonces los grandes problemas nacionales serían solventados en un abrir y cerrar de ojos; digo, a nadie le gusta sobrellevar innecesariamente los agobios de la existencia en un entorno de incertidumbres y crónicas imposibilidades. ¿Han visto ustedes alguna vez a don Beltrones al volante de su coche en la apocalíptica cola de cualquier estación de servicio? Les apuesto la décima parte de mi jubilación a que no. Luego entonces, el petróleo jamás de los jamases será privatizado ni se abrirá el sector energético a la competencia. Y es que el señor Manlio –lo mismo que sus compinches en el supremo Congreso—no es un consumidor: es un político, o sea, que su cotidianidad no está hecha de esperas, de trámites engorrosos y de situaciones obligadamente absurdas sino, por el contrario, de permanentes exenciones –el hombre está exento de papeleos, exento de tareas, exento de quehaceres, exentos de acosos, exento de riesgos y exento de fastidios— que le permiten vislumbrar, sin mayores molestias, el refulgente horizonte de una Patria que no es un lugar concreto sino una majestuosa abstracción.

Esta gente, por lo tanto, no tiene ningún sentimiento de urgencia: las reformas pueden esperar, las soluciones pueden demorar y los cambios no son realmente necesarios en tanto que, en su exclusiva burbuja, la vida de todos los días le resulta fundamentalmente disfrutable. Vamos, hasta cuando deciden actuar de modestos y, por ejemplo, ir en bici al trabajo –como el alcalde del DeFectuoso— llevan una imponente guardia pretoriana que ya la quisiéramos los comunes mortales para tramitar la mera supervivencia. Qué envidia, oyes.

“…la culpa es del Tío Sam”

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

La ola de violencia que se vive en el país y de la que damos cuenta todos los días no podría entenderse sin sus variables: capos, droga, armas, oferta-demanda y leyes que no alcanzan.

Y aunque se entiende, no se disculpa, porque no hay pretexto que valga.

Finalmente, lo que vemos es prueba de que a los criminales les vienen guangos los discursos y las promesas de “dónde te escondas, te hallaremos” que las autoridades sueltan como respuesta inmediata a la petición: ¡Ya basta!

Y no es para lavarle las manos a nuestros gobernantes y a los responsables de nuestra seguridad, porque no hay razones para hacerlo, pero ahora que Carlos Slim se reunió con algunos de mis colegas del extranjero y después de anunciar una alianza con el premio Nobel de la Paz 2006, Muhammad Yunus, que permitirá a personas en situación de pobreza, en nuestro país, que son la mayoría, acceder a microcréditos, el hombre más rico de México, y tercero del mundo según la revista Forbes, alzó la voz con un discurso sobre la inseguridad y sus causas.

No demeritó los escasos resultados que el gobierno ha entregado y que quedan opacados ante el poder que las redes criminales ya nos demostraron. Pero hizo una observación importante, misma que ya hemos dicho y escuchado: “Parte de la violencia (del narcotráfico) es en relación con Estados Unidos, con las armas que vende”.

Y sí, tiene razón: tanta, que incluso la Procuraduría General de la República ha analizado con datos y números.

Cien mil licencias para vender armas en todo el territorio estadunidense, de ellas, 12 mil están ubicadas a lo largo de la línea fronteriza con nuestro país.

Lo extraño es que, mientras en el interior de Gringolandia, las licencias permiten sólo la adquisición de armas cortas, en los alrededores de su frontera sur se puede adquirir armamento de alto poder.

Obviamente, estas armas —grandes y pequeñas— pasan con facilidad a nuestro país y van derechito a las entrañas de las organizaciones criminales.

A esto le sumamos las acusaciones que el gobierno de Estados Unidos hace a nuestro país, al responsabilizarnos de la droga que llega a su territorio, a pesar de que tal es la demanda en aquellos lugares que se calcula que la venta de droga mueve unos mil millones de dólares al día.

Y no es que Slim haya descubierto el hilo negro, pero sin duda estas declaraciones nos sirven para entender que el poder de los delincuentes debe atacarse en ambos lados de la frontera.

Porque a este par de países se les ha ido de las manos el problema.

Narcotráfico, al mayoreo y al menudeo, existe de los dos lados.

Aunque sólo de uno vienen las armas que facilitan su tránsito.

La construcción de un muro de dimensiones ridículas no es obstáculo para el paso de armas y menos de droga.

Eso lo sabemos todos, pero al parecer en territorio washingtoniano no…

Entre Álvaro Obregón y Fernando Martí

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

El 40 aniversario de nuestro 68 despierta interés esencialmente entre quienes hablaban y escribían y producían sobre el tema en el 98, 88, 78. Son escasas las visiones renovadoras, como la que expuso Armando González Torres el sábado en Laberinto: “El 68 en México alude también a la charlatanería y el infantilismo”.

Nuestro muy estudiado 68, nos han dicho, fue el final de un generoso proceso de movilización. “Las escuelas eran un hervidero de agitadores, nos partíamos la madre en las calles por Vietnam, por Cuba, por cualquier cosa”, recordó Marcelino Perelló en 1987, en una de sus conferencias sobre… el 68.

Dice el filósofo alemán Boris Groys que hoy la gran ideología es el consumo. Y que en la época de la cultura del espectáculo, todo el mundo quiere ser protagonista, y de paso tener éxito.

Quizá por ello, amén de por el calendario mismo, el 68 suene a trillado capítulo de la ideologizada zozobra social de mediados del siglo pasado. ¿Díaz Ordaz formó parte luego de la Corriente Democrática? ¿Echeverría mandó liquidar al agente de la DEA Kiki Camarena? ¿El Batallón Olimpia reprimió también al EZLN?

El medio centenar de muertos en Tlatelolco es, además, del tamaño de los 45 de Acteal. Y de una octava parte de las víctimas en la guerra contra el narco en septiembre de 2008.

El 68 como punto de partida de la lenta democratización nacional, ¿es más determinante que el fraude del 88, el asesinato de Colosio, el triunfo de Fox, o la rebelión contra el desafuero en 2005 y la derrota de López Obrador en 2006?

El 68: herida que, apunta Luis González de Alba, unos pocos no quieren dejar cicatrizar.

El 68: equidistante 40 años de los asesinatos de Álvaro Obregón y Fernando Martí.

Lo recordaré, pues, con Janis Joplin y Richie Havens.

PRI-Calderón: avanza el pacto

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

Un cuarto tema será el “platillo fuerte” en el acuerdo entre el Ejecutivo y el tricolor
La polémica reforma energética es la negociación que más interesa al Presidente


En un reacercamiento estratégico, que busca aprovechar al máximo el poco tiempo que les queda de “aliados” —antes de enfrentarse con todo en la elección de 2009—, el presidente Calderón y la cúpula del PRI, con Manlio Fabio Beltrones a la cabeza, pactaron tres grandes temas “inmediatos” para ir juntos en el Congreso: la aprobación del paquete de reformas constitucionales y legales en materia de seguridad; la modificación del presupuesto y paquete económico del próximo año; y la revisión del tema de los “combos” en concesiones radiofónicas.

Dos de los tres temas pactados avanzan ya. Calderón envió al Congreso el martes un paquete de reformas sobre seguridad —varias elaboradas por el PRI— que se negocian ya para su pronta aprobación; en cuanto a lo económico, los priístas pidieron ser ellos los que propongan los ajustes obligados al paquete 2009 presentado por Hacienda, y que los economistas del tricolor, junto con los del gobierno, reorienten el proyecto presupuestal para enfrentar el estancamiento económico del próximo año.

El mismo martes, unas horas antes de que el Presidente anunciara el envío de las iniciativas de seguridad al Congreso, recibió en su despacho a Manlio Fabio, a Emilio Gamboa y a Beatriz Paredes. A Calderón lo acompañó el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, y en ese encuentro privado, los priístas le entregaron sus iniciativas de seguridad al Presidente (de las que hablaron en su reunión del viernes 26 de septiembre) y pactaron también los cambios al presupuesto y el ajuste a las variables macroeconómicas, incluido reducir el crecimiento para 2009 a 1.5% o 2% máximo.

El tercer tema de la nueva fase de negociación PRI-Calderón tiene que ver con la creación de los “combos” en concesiones de radio, para convertir las estaciones de AM a frecuencias moduladas. Pero ese asunto se negocia en un canal aparte. Directamente Beltrones dialoga con Juan Camilo Mouriño, a quien Calderón encargó el tema, para que la iniciativa que ya tenían lista Manlio y un grupo de senadores de todos los partidos no se anule por el decreto presidencial que —en un “madruguete” que irritó al Senado— se publicó el 15 de septiembre en el Diario Oficial.

Pero hay un cuarto tema que será el “platillo fuerte” en el pacto entre el Presidente y el PRI. La polémica reforma energética es la negociación que más le interesa a Calderón con los priístas; pero éstos, colmilludos como son, le han pedido, antes de decidir si votan o no la iniciativa petrolera en este mes de octubre, primero sacar los temas de seguridad, el económico y los llamados “combos”.

No tarda mucho para que, en una de las frecuentes reuniones que están teniendo en Los Pinos el Presidente y la cúpula del PRI —porque Manlio condicionó la negociación a que fuera directa con Calderón—, se aborde el tema de la reforma energética y se defina claramente si PRI-PAN y gobierno se lanzan a la aprobación de la iniciativa calderonista, con todo y las amenazas de protestas y movilizaciones por parte de Andrés Manuel López Obrador y su movimiento de resistencia.

Tanto en Los Pinos como en las oficinas del PRI tienen muy claro que la reforma energética “si no es en octubre, difícilmente será”. Si en este mes no se aprueba la iniciativa de Calderón el tema se iría forzosamente hasta después de 2009. En el gobierno debaten si vale la pena sacar a López Obrador a la calle en este momento “complicado” y si, con su fuerza actual, realmente causaría problemas. Entretanto, los priístas están en el dilema de si aprobar la propuesta energética les significaría un costo muy alto para los comicios del próximo año.

Pero mientras las dos partes lo piensan, y del lado lopezobradorista velan armas, es un hecho que la alianza Calderón-PRI, en su nuevo reacercamiento, avanza.

NOTAS INDISCRETAS… Desatado el futurismo en Chihuahua, ayer los presidentes del Senado, Gustavo Enrique Madero, y de la Cámara de Diputados, César Duarte, asistieron al cuarto informe del gobernador José Reyes Baeza, a quien aspiran a suceder. El mandatario reconoció la crítica situación de inseguridad en el estado, al afirmar que éste ha sido el año más complejo de su gobierno y de la historia moderna de Chihuahua. En un ejercicio de autocrítica, aceptó también que la seguridad y las narcoejecuciones son el gran pendiente de su gobierno. Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes acudieron también al informe igual que varios gobernadores que, sabedores de lo que pasa en Chihuahua, llegaron algunos con doble seguridad… Los dados se reponen. Escalera doble.

Y entonces me hice periodista

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Dejad que el recuerdo entierre a los muertos, pero no al olvido. Florestán

Aquella tarde había llegado a la redacción de El Heraldo de México, en la colonia Doctores, como lo hacía todas las tardes desde la primavera de aquel 1968, que marcaría mi vida para siempre.

Aún estaba en la escuela de Derecho de la Universidad Anáhuac, pero ya sabía que en el periódico estaba en lo mío.

Madrugadas antes había conocido la muerte, cuando soldados del Ejército tomaron las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional, allá en el Casco de Santo Tomás. En la oscuridad, y desde las cercanías del hospital Rubén Leñero, escuchaba las descargas de los fusiles entre los fantasmas de la escuela de Enfermería Rural.

Con el amanecer, tropecé con los primeros cadáveres, en medio del olor a sangre, que se parece mucho al de la muerte.

Amanecía cuando, por la parte trasera, se dio otro tiroteo que nos atrapó a un grupo de periodistas en medio. Lo que más miedo daba era el estruendo y la frecuencia, arrafagada, de los disparos y los gritos de los soldados, y entre ellos los agentes de la Dirección Federal de Seguridad, inconfundibles, ametralladora en mano.

Ya había sido testigo, en aquel intenso bautizo de periodismo, del sangriento desalojo del Zócalo, tomado la tarde anterior por los estudiantes y donde se izó una bandera rojinegra, símbolo del movimiento. A la mañana siguiente, todos amanecimos allí, se efectuó una ceremonia oficial de desagravio a la bandera, el gobierno de Díaz Ordaz había calificado aquello como un agravio, se izó la enseña nacional y se escuchó una advertencia por las bocinas de la plaza: “La ceremonia de desagravio al lábaro patrio ha finalizado, tienen tres minutos para desalojar la plancha”.

Vencido e ignorado el ultimátum, de las calles adyacentes a Palacio Nacional salieron los carros blindados, tanques con ruedas de goma, y con los primeros disparos empujaron a la multitud hacia la calle de Madero, desde donde venía otro destacamento policiaco-militar y donde estalló un tiroteo eterno.

Esos eran mis antecedentes, más la guardia cotidiana de aquel 68.

Aquella tarde del 2 de octubre, Miguel Reyes Razo llamó desde Tlatelolco al jefe de información, Mario Santoscoy, quien miró y me dijo: “López-Dóriga, váyase a Tlatelolco y encuentre a Reyes Razo”.

Y así lo hice.

Aquello era el caos. Cientos de jóvenes descalzos, aterrados y ateridos, hacinados entre los restos prehispánicos, los cadáveres apilados a un lado del atrio de la Iglesia y los soldados con el control.

Nadie sabía qué había ocurrido, pero de nuevo la sangre, el miedo y la muerte, anunciaban que se había cometido un gran crimen, y al contar los muertos, una masacre.

Me llevó años entenderlo.

Y hoy, a 40 años de distancia, aún no he podido comprenderlo.

Pero sí que entonces me hice periodista.

Nos vemos mañana, pero en privado.

El 68 sin levadura

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Por supuesto que lo sucedido hoy, hace 40 años, no se olvida.

Fue tan rotundo como traumático el tlatelolcazo diazordacista: transcurrieron dos años, ocho meses y una semana, sin que ningún contestatario “subversivo” se atreviera a marchar por las calles de la Ciudad de México. Y el 10 de junio de 1971, cuando comenzaba a asomarse una nueva protesta estudiantil, el halconazo echeverrista recordó a la sociedad que el Estado mexicano era lo que fue: autoritario y criminal.

El movimiento del 68 enarboló justas y elementales demandas de carácter civil e inspiró cambios esenciales en México.

Dos ejemplos contrastantes: cualquiera puede hoy realizar una marcha callejera (inclusive con protección policiaca), y la impunidad de los asesinos de entonces terminó por “socializarse”.

Tiene sentido recordar el 2 de octubre, pero no mitificarlo. Ni el Ejército, que fue usado como “cuerpo de granaderos”, llegó disparando (nadie se habría salvado) ni hubo, como llegó a inventarse, “500 muertos”.

Para intentar entenderla y digerirla, la realidad no requiere de levadura.

¿De la presidencia al congreso imperial?

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Desde que en 1997 el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, el sistema político ha sufrido toda una serie de modificaciones que en buena medida se concentraron en la idea de ir desmontando los poderes supraconstitucionales del Ejecutivo (y que continuó restándole atribuciones legales cada vez mayores al ejercicio presidencial), para otorgárselos al Legislativo y en mucho menor medida al Judicial. Conceptualmente, se trataba de acabar con lo que Enrique Krauze llamó la presidencia imperial: el problema es que el Congreso asumió atribuciones cada vez mayores, como lo hicieron los gobiernos estatales y, también como éstos, no asumió responsabilidades similares y mucho menos la rendición de cuentas correspondiente.

Lamentablemente, y no hay ninguna razón para que estemos como sociedad satisfechos con ello, para la gente no hay institución pública con menos prestigio que los diputados y los senadores, están en muchas de las encuestas de aceptación por debajo de las policías, lo que en el actual contexto ya es mucho decir. Los legisladores argumentan, en ocasiones con razón, que la visión es injusta, como también con razón lo hacen muchos policías, pero el hecho es que esa percepción no es gratuita, es lo que vive la gente y es la consecuencia del accionar de los propios legisladores que no parecen comprender que están en esa posición por el voto de la ciudadanía, y concentran buena parte de su actividad en cumplir con las agendas de sus partidos o, mejor dicho, de los grupos partidarios que les dieron ese escaño o curul. La agenda legislativa y sus tiempos no están marcados por las agendas de la sociedad y su trabajo parlamentario tampoco suele estarlo.

En 2007 uno de los ejes de la actividad del Congreso fue un tema prioritario... para los partidos políticos: la reforma electoral. Se cometieron verdaderos abusos de parte de los partidos y se ejecutaron venganzas particulares, comenzando por el desmembramiento del IFE, lo que acababa con la inamovilidad de los funcionarios de los organismos autónomos, salvo por juicio político. Muchos pensamos que esa reforma electoral, que incluye capítulos positivos, en otros lisa y llanamente vulnera los derechos esenciales establecidos por la Constitución y, en los hechos, la reforma se concentró en otorgar más poder y recursos a las dirigencias de los partidos a costa de la ciudadanía y de la sociedad. Ninguna de las reformas votadas acerca a la política y a los partidos con la sociedad: en todos los casos se restan espacios a la gente en beneficio de los partidos y se refuerza la posición de sus dirigencias, haciendo depender los cargos de elección popular exclusivamente de la relación con las mismas. La rendición de cuentas, en sus formas esenciales, desaparece.

Se han presentado diversos amparos contra esas reformas constitucionales. Algunos de centros empresariales, algunos de partidos pequeños, otro (en el que este autor participa), por un grupo de periodistas, intelectuales, artistas, que sostiene básicamente que una reforma constitucional (como la electoral) no puede vulnerar los derechos básicos establecidos por la Constitución. El tema está en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que en una decisión histórica aceptó que sí podían ser admitidos a discusión esos amparos y rompió con la tesis de que no se podían reclamar actos del Constituyente contra la Constitución.

Los senadores de mayor peso en los tres grandes partidos han puesto el grito en el cielo: “No puede un poder constituido revisar un poder constituyente”, declararon y llegaron al verdadero exceso de decir que se trataba de “un golpe de Estado técnico”. Se indignan porque un grupo de ciudadanos ha decidido recurrir a las vías legales para determinar la legalidad de sus acciones y la Corte acepta analizarlo (o cuando el Instituto Federal Electoral que ellos crearon le aplica una multa a sus partidos, por violar la ley), pero esa misma indignación no les aparece por ningún lado cuando sus colegas toman tribunas, calles, rompen comparecencias. Pareciera que algunos de nuestros legisladores prefieren que las diferencias se litiguen en las calles y por la fuerza, en lugar de en los tribunales y apelando a las leyes.

No es verdad lo que dicen los senadores y cualquier razonamiento lógico, sin necesidad de ser un experto en leyes, demuestra que la tesis de la Corte es la correcta, fuera del hecho de que la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, a la cual debe responder el gobierno mexicano, acaba de aprobar una resolución en el mismo sentido. La pregunta es: ¿qué sucede si el Constituyente vota en contra de los principios básicos de la Constitución?, ¿qué pasaría, por ejemplo, si decidiera que no todos somos iguales ante la ley, que no todos tenemos el derecho al libre tránsito o a la libre expresión de las ideas o a no ser condenados sin un juicio previo?, ¿si decide convertirnos en una monarquía, aprobar una presidencia vitalicia o convertirnos en un protectorado de Islandia? Son exageraciones, por supuesto, pero sobre todo en estos días en los que vemos tantos cambios constitucionales para darle un disfraz democrático a verdaderas dictaduras, no deberíamos pensar que están tan alejados de la realidad. La Corte es nuestro tribunal constitucional y allí se debe acreditar la legitimidad de esas reformas.

Los legisladores no han querido renunciar a su fuero o reducirlo; no han querido abrir la política y el poder a la sociedad; no tienen mecanismos de control externo sobre la utilización de los recursos (cada legislador cuesta un millón de pesos diario) y se fijan su propio presupuesto. Es parte, dicen, de la autonomía de un poder legislativo. Pero ahora no quieren ni siquiera que la Corte pueda establecer la legitimidad o no de algunas de sus acciones más trascendentes. ¿Tendremos que comenzar a hablar de el congreso imperial?

IFE: la impunidad que no llegó

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Los partidos creyeron que eran intocables, pero “crecieron los enanos”
Sanción legal, pero política, ya que requerían romper el cordón umbilica
l

A partir del 3 de julio de 2006, la “partidocracia” se quejó de un IFE “sin dientes” y complaciente. Por eso tumbaron al Consejo General, lo repartieron a modo y… hoy se quejan de un IFE “mordelón” y “vengativo”.

¿Qué es lo que querían entonces y lo que quieren hoy? Está claro que los partidos no reclamaban otra cosa que impunidad. O si se quiere reclaman ser intocables, que ni el IFE ni nadie los toque siquiera con el pétalo de una sanción.

Y cínicos, desvergonzados y hasta desmemoriados, los prohombres de PAN, PRI y PRD hoy gritan que el Consejo General del IFE se excedió en sus funciones, que tendió “una emboscada”, cobra una vendetta contra las indefensas instituciones del Estado que son los partidos políticos; se van contra el IFE porque —motejan— se desempeña como “policía de tránsito”, porque sanciona libertades ciudadanas como las de libre manifestación, y gritan por la injusticia de castigar a intachables legisladores que “éticos”, “responsables” y “chambeadores”, asaltan tribunas no por mala fe, sino porque son dueños del mandato popular.

Ya todos saben que el IFE sancionó al PRD con 57 millones de pesos —por el plantón Reforma-Zócalo y por impedir la toma de posesión del presidente Calderón—, al PAN con 38 millones —porque el presidente Fox incumplió la tregua electoral navideña—, y al PRI con 1.7 millones, por excesos en la misma campaña electoral.

Lo que pocos saben es que los barones de la “partidocracia” intentaron destruir al IFE en la más vulgar de las venganzas políticas, que repartieron el Consejo General a su antojo —para mantener a raya y bajo control los resolutivos del nuevo IFE— y que nunca imaginaron que “crecieran los enanos” y menos que “la chacha saliera respondona”.

Y en efecto, se puede discutir todo lo que se quiera el basamento legal de las sanciones que determinó por mayoría el Consejo General del IFE contra los partidos políticos; que no es ilegal el plantón, impedir la toma de posesión del Presidente, asaltar la tribuna; romper la tregua electoral navideña. Lo que gusten y manden. Al final de cuentas corresponderá al Tribunal Federal Electoral resolver al respecto, porque todos intentarán la impunidad, sobre todo a través de las vías legales.

Pero en el fondo, cuando PRI, PAN y PRD lloriquean por millones de pesos que perderán del dinero público por las sanciones que les impuso el IFE, lo que hacen los partidos políticos, sus beneficiarios y detentadores del poder es apelar al deporte favorito de la clase política y de la sociedad en general; reclamar impunidad. Todos se quejan de la impunidad del crimen organizado y el narcotráfico, de los secuestradores, de la impunidad que es motor de los irresponsables maestros paristas de Morelos; de que en todos los órdenes vivimos en el reino de la impunidad.

Y para estar a tono, parece que los jefes de PRI, PAN y PRD apelan a esa misma impunidad. Parecen decir: “¡A qué mente calenturienta se le ocurrió que puede sancionar con dinero público a los partidos políticos, a quienes deben su cargo los consejeros del IFE! ¡Qué los consejeros del IFE no entienden que fueron llevados al cargo para defender la impunidad de los partidos!”.

¿Qué fue lo que pasó? Algunos dirán que “crecieron los enanos”, otros que “las chachas salieron respondonas”, los de más allá insistirán en que se trata de una vendetta, “horrible complot” de la derecha. Misa si se quiere. Pero según especialistas serios, que ven la sanción sin las gafas amarillas, azules o tricolores, el IFE sólo hizo lo que tenía que hacer. Cumplió lo que le manda la ley. Les guste o no a las partes. ¿Y entonces por qué razón el lloriqueo de los partidos? Porque creían que colocaron en el IFE a incondicionales.

Y por supuesto que en el otro extremo tampoco se puede hablar de pureza en la raza y menos de ejemplos de imparcialidad. Está claro que las sanciones llevan una buena dosis de carta política. El nuevo Consejo General del IFE sancionó como lo hizo, porque requería de un bono de confianza, luego de que los consejeros fueron objeto del más vulgar y grosero manoseo político. Rompieron el cordón umbilical que los mantenía unidos a los partidos —si se acepta la metáfora—, y enviaron el mensaje de que no son peones de nadie. ¿Hasta cuándo? Ya veremos cuánto les dura a los partidos el enojo.

Por lo pronto, resulta curioso que hasta los más sesudos analistas y conocedores de la cosa electoral se pregunten: ¿por qué hasta ahora la sanción a los partidos? La respuesta está en el sentido común. Porque los partidos destruyeron al IFE, lo medio reconstruyeron y aún así pagarán.

La foto de MILENIO


Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La foto de la primera plana de ayer de MILENIO me ha hecho pensar en el papel de los medios en eso que llamamos la guerra contra el crimen organizado.

La foto muestra a un astronáutico inspeccionador de tres tambos que contienen, nos dice el diario, tres cuerpos de ejecutados por el narco. Los tambos tenían ácido, nos informa el diario, y uno supone que los cuerpos fueron descuartizados para ponerlos ahí.

El letrero pegado a uno de los tambos dice textualmente: Esto le pasar a al ingueniero y a todos los que andan con el los bamos aser posole.

Es una de las más espeluznantes imágenes que he visto sobre las ejecuciones del narco. Deja todo a la imaginación del lector, estando la imaginación tomada por las mil imágenes sangrientas vistas sobre el tema.

No me queda duda de la inteligencia ni del poder periodístico de esa foto: sugiere el infierno sin mostrarlo.

Es precisamente esa calidad periodística, de alto impacto en la cabeza del lector, lo que me induce a preguntarme por el sentido y la utilidad pública de la foto –de ésta y de tantas otras, de la ya innumerable colección de horrores que la realidad arroja y la prensa refleja cada día.

¿Qué se pretende y qué se consigue con eso? Se pretende informar y sugerir una realidad atroz en todos los niveles en que puede expresarla una foto, cosa que se logra admirablemente.

¿Qué se consigue –con esta y todas las otras? Se consigue algo más que informar, mucho más que sugerir. La foto impacta y amedrenta, lleva el espanto cotidiano de los ejecutados un grado más allá.

¿Necesita la opinión pública ir ese grado o esos grados más allá? ¿Se le presta un servicio impactándola de esa manera? ¿O más bien simplemente se la asusta, se la amedrenta, se la desmoraliza?

¿No hay detrás de esa foto, y de todas las otras, el mensaje involuntario de un narco invencible en su crueldad y su sevicia, una especie de épica negativa en la que el Estado que debe protegernos es impotente y el narco que debemos combatir, una fuerza imbatible?

¿Asustar y desmoralizar al público con la verdad atroz de cada día es la misión irrenunciable del periodista? Me queda claro que en las actuales condiciones el miedo no sirve a la sociedad ni al estado en su guerra contra el narco, sino al narco.

¿Eso es lo que debemos y queremos hacer los periodistas en la parte que nos toca de la guerra? No lo creo. Salvo que no hayamos creído todavía que estamos de verdad en una guerra.

Para no olvidar el 2 de octubre de 1968

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

“Si le preguntas a un joven de hoy en qué consistió el 68, nueve sobre diez te dirán que fue una masacre. Muy pocos te podrán decir qué decíamos y cómo lo decíamos. Como si nosotros no hubiéramos estado. Pasábamos por ahí. Y es para salirle al paso a ese ninguneo infame por lo que alguna vez dije que éramos unos cabrones, unos hijos de la chingada. Pero no ‘al igual que el gobierno’ ni mucho menos. No de la manera en la que puede serlo, y lo fue, el gobierno. De ninguna manera. Cabrones e hijos de la chingada como Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Víctor Rico Galán y tantos otros revolucionarios recluidos en las ergástulas del reino, y por cuya libertad tomamos la calle. Subversivos, intransigentes e irredentos. Peligrosos, nocivos e intolerables para el gobierno y sus sistemas”. Marcelino Perelló, líder del movimiento estudiantil de 1968.

“Lo que queríamos era vivir”. Marcia Gutiérrez, participante del movimiento estudiantil de 1968.

“Nadie puede arrogarse el ’68 como suyo. Fue un movimiento colectivo donde todos los que se opusieron activamente en las aulas, en los auditorios, en las plazas, en la calle o en la prensa (líderes, estudiantes, profesores, intelectuales, artistas, periodistas) tuvieron su importancia. Sin embargo, considero que hay tres personajes altamente emblemáticos de la revuelta estudiantil: un rector, un escritor y un poeta: Javier Barros Sierra, José Revueltas y Octavio Paz. El primero, por su defensa a ultranza de la autonomía universitaria contra el Presidente más autoritario del México moderno; el segundo, no sólo por sus apuntes de análisis extraordinarios sobre la realidad inmediata, y los cuales se hallan recogidos en su libro México 68: Juventud y Revolución (Era, 1978), sino por su integración a los cincuenta y cuatro años, no como líder o ideólogo, sino como un estudiante más de la Facultad de Filosofía y Letras, y el tercero, por ser el único funcionario con valor civil del gobierno mexicano en atreverse a renunciar y por publicar un año y cinco meses después el libro más brillante de análisis político del ’68”. Marco Antonio Campos, estudiante de derecho en 1968.

“Me cargaron al departamento de abajo, donde llevaron a todos los del tercer piso. Ahí les robaron todo y los golpearon. A mí me pusieron en un rincón apartada de la bola y más tarde, en una ambulancia, me llevaron ya con orden de aprehensión a la Cruz Roja de Ejército Nacional. Unos médicos me dijeron que iban a sacarme a los jardines para poder escapar, pero después me amarraron a una cama como santo Cristo, de las piernas y los brazos”. Myrthokleia González, participante del movimiento estudiantil de 1968.

“Nos salvamos porque corrimos y corrimos. Escuchábamos los balazos detrás y nos escondieron los padres de unos compañeros, allá por la Guerrero, hasta la madrugada del tres”. Adriana Corona, participante del movimiento estudiantil de 1968.

“Cuando el secretario de Gobernación, Luis Echeverría, nos ofreció recibirnos ¿no contestamos, en plena euforia, que su invitación, por ser telefónica, no había sido pública y que por ese motivo no asistiríamos? Esa barrabasada (que fue, quizá, el punto de quiebre rumbo al precipicio) sólo se entiende si la vemos como un acto fallido: no queríamos dejar la fiesta y cualquier pretexto era bueno. Pero así convencimos a un gobierno paranoico y autoritario de que estábamos planeando un golpe revolucionario. Algunos, con militancia en la izquierda, habríamos deseado ese golpe y si no lo dimos fue porque no teníamos ni idea de cómo darlo, de cómo armarnos; pero, sobre todo, porque no nos lo habrían permitido los centenares de miles que marchaban por las calles. La prueba es que pocos se armaron, en la década siguiente; pero la inmensa mayoría volvió a su vida cotidiana como después de una gran borrachera”. Luis González de Alba, líder del movimiento estudiantil de 1968.

Tres fantasmas a escena: 1968-2008

José Carreño Carlón
Agenda del debate
El Universal

¿De inseguridad física, a inseguridad económica, a crisis política?
Del riesgo del poder sin contrapesos, al riesgo del vacío de poder


Enhorabuena, Miguel Ángel

En la prolongada cresta de inseguridad física que mantiene a la población en el terror, incluso los hallazgos macabros de la semana se han visto desplazados de la agenda por el terror de la inseguridad económica que se cierne en forma de mayor desempleo, pobreza ycarestía, como secuela de la fuerte caída del sistema financiero estadounidense.

Con esos terrores aparecen los gestos y gesticulaciones que elevan la apuesta por la erosión —hasta el eventual derrumbe— del gobierno de Felipe Calderón, sacudido por una peligrosa acumulación de violaciones de expectativas de la población.

Son los mismos tres fantasmas: el de la violencia, el de la crisis económica y el de la inestabilidad política, que cobran vida recurrentemente en la escena nacional desde hace 40 años, cuando el movimiento estudiantil de 1968 puso en entredicho los rendimientos del México posrevolucionario de crecimiento y estabilidad, bajo el control de un sistema político autoritario.

Al llegar hoy a este 2 de octubre de 2008, no hemos podido expulsar de nuestra agenda, en efecto, el fantasma de la violencia aparecido con la brutal represión del presidente Díaz Ordaz, el 2 de octubre de 1968, seguido por brotes guerrilleros en los 70, hasta llegar al narcoterrorismo y a la industria del secuestro de hoy. Tampoco se ha terminado de despedir el fantasma de las crisis económicas, que se materializó en ciclos sexenales desde el siguiente periodo presidencial, el de Luis Echeverría. Ni acaba de irse el fantasma de la crisis política que desde aquellos tiempos se hizo presente periódicamente con campañas de desestabilización y rumores de golpes de Estado y de renuncias presidenciales, hasta llegar a las actuales propuestas de remover al Presidente de su cargo.

Las diferencias de época no menguan los efectos perniciosos de la materialización periódica de estos fantasmas. En 2008 no se trata sólo de la violencia desatada desde el monopolio estatal de su ejercicio, como en 1968, sino de una violencia descentralizada en poderosas bandas criminales que penetran las instituciones del Estado y que igual hacen víctimas a personas, familias y comunidades, incluso con mayor alcance que el de la represión gubernamental de hace 40 años.

La violencia represiva de Díaz Ordaz desató en 1968 efectos de desmovilización de los impulsos democratizadores, mientras que la violencia criminal de hoy ha impuesto serias regresiones en sus zonas de influencia: la supresión de derechos (el primero, el derecho a la vida) al lado de la cancelación de libertades, empezando por las informativas y las de tránsito.

Otra diferencia que tampoco hace diferencia en cuanto a los estragos sobre la población es que la violencia institucional de 1968 partió de la concentración —sin contrapesos— del poder en un Estado fuerte, con una figura presidencial en la cúspide que subordinaba a todas las fuerzas del país y a todos los órganos del poder estatal: el Legislativo y el Judicial y los gobiernos de los estados y municipios. Mientras que la violencia criminal de 2008 encuentra las mejores condiciones de auge, al contrario, en la fragmentación del poder de un Estado débil, con una figura presidencial sin recursos para cohesionar a los sectores más significativos, ni al Congreso, ni siquiera a las fuerzas del orden público dispersas tanto a escala federal como estatal y municipal.

De aquí —y del fantasma en el umbral de la crisis económica— la tentación de llamar al fantasma del derrumbe presidencial, del vacío de poder, a ser llenado por el hampa, como ya ocurre en varas regiones del país.

En fin, a diferencia de la maestría con que el gran novelista estadounidense Philip Roth echó fuera de la escena a su fantasma en Exit Ghost (2007), su personaje-alter ego que había estado en sus novelas por casi 30 años, en México no nos podemos deshacer de los fantasmas que nos agobian desde hace 40 años.