octubre 09, 2008

Paco Calderón

Una recesión más

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

El martes analizamos el posible comportamiento del mercado inmobiliario de Estados Unidos, suponiendo que el problema financiero esté razonablemente acotado en las próximas semanas

Es claro que, si esto no ocurre, el escenario económico será en extremo malo, y precisamente por ello no lo vamos a estimar. No hay estimación que pueda hacerse en ese caso.

Por cierto, no se espante demasiado con lo del dólar ni vaya usted a comprarlo a 12 o 13 pesos por unidad. No vale la pena… Lo más lógico es que, como pasó en México en 1995, y en muchos otros países, el sistema financiero pase unos meses malos, pero con ayuda de las autoridades monetarias y fiscales empezará a moverse después.

Sin embargo, si todo esto funciona bien, y no entramos en un proceso de depresión como el de los años 30, entonces lo que debe pasar es que la recesión que todos esperaban para 2008 ocurra durante el próximo año. No es nada sencillo determinar de qué tamaño puede ser esa recesión ni cuánto durará, pero esta columna va a intentar una aproximación siguiendo la lógica del profesor Edward Leamer, de UCLA, que ya el martes le comentamos. Según este profesor, en un documento de trabajo publicado en septiembre de 2007, no existen los ciclos de negocios que los economistas estudian desde hace un par de siglos. Al menos no en Estados Unidos. Lo que hay es un ciclo de consumo, que se refleja en el comportamiento de las empresas, pero que es el que determina la actividad económica. Más fácil, cuando los consumidores dejan de comprar es cuando las empresas producen menos, y no al revés. El proceso inicia con el consumo.

Más todavía, los consumidores dejan de comprar de lo más duradero a lo menos. Así, el proceso inicia con una caída en la compra de las casas, luego de los bienes durables, después del resto de bienes y sólo hasta el final de los servicios. Lo mismo ocurre en la recuperación: primero toca fondo la compra de casas, y después lo demás.

Con base en esta idea, que suena lógica y el profesor demuestra razonablemente en su documento, lo que hicimos fue determinar los ciclos que hemos visto desde mediados de los 60 en EU, su duración y profundidad, para tener una estimación razonable de lo que puede ocurrir ahora. Reitero, si los mercados financieros se estabilizan en estas semanas.

Lo que podemos esperar es que la caída en el mercado inmobiliario toque fondo en el primer trimestre de 2009, y su recuperación paulatina se lleve al menos los siguientes 24 meses. No para llegar al nivel que tuvo la construcción de nuevas casas en el pico más reciente (2.3 millones anuales), sino al nivel promedio de esos picos en las últimas décadas (cosa de 1.7 millones anuales). La industria llegará a su punto más bajo en el segundo trimestre de 2009, o tal vez al inicio del tercero. Entre junio y agosto, digamos. La caída desde el pico más reciente alcanzará cerca de 9%, lo que implica una contracción de entre 7% y 8%, en crecimiento anual, para el punto más bajo.

En el promedio, en 2009 la industria de EU tendrá una contracción de 5%, y algo así podemos esperar para la nuestra. Si quiere usted comparar, es algo similar a lo ocurrido en la recesión de 2001, aunque un poco más fuerte (en ese año la contracción de las industrias fue de 3%). Con una caída en la industria de ese tamaño, lo más que podemos esperar de crecimiento para la economía mexicana es de alrededor de -2%. Por cierto, la recesión de 2001 implicó una caída en el precio del petróleo de 35 a 18 dólares por barril. Son precios que ya olvidamos, pero la caída fue importante. Una contracción del mismo tamaño nos llevaría a un precio de 55 a 60 dólares por barril del crudo de referencia para 2009, cosa de 50 dólares para la mezcla mexicana.

Si estas estimaciones fuesen correctas, entonces habría que pensar muy bien qué hacer con el presupuesto federal para el próximo año, porque ya de entrada nos estarían faltando cosa de 150 mil millones de pesos, entre un menor precio de petróleo, menor cantidad por producir (según veíamos hace una semana), y ahora menor actividad económica.

La incertidumbre que tenemos en este momento sobre cómo funcionará la economía de Estados Unidos en los próximos meses es muy grande. Frente a ello, lo que hemos hecho es aplicar una hipótesis bastante bien demostrada por el profesor Leamer, utilizando los pocos datos que hoy tenemos. Con base en ello es que llegamos a las conclusiones que usted ha leído, y que seguramente suenan muy fuerte, sobre todo cuando las estimaciones oficiales andaban entre 2% y 3% de crecimiento para el próximo año.

Es posible que nuestra estimación sea incorrecta, pero en este momento no hay ninguna manera de hacerla mejor. En unas semanas, cuando quede claro en dónde se estabilizan los mercados, qué hará la Reserva Federal, quién gana la presidencia de Estados Unidos y cuál es su propuesta de recuperación económica, entonces se podrán hacer mejores estimaciones. La que le he platicado, me parece, es un poco pesimista pero no demasiado. Iremos afinando los números con usted en las próximas semanas.

Uno de aprovechados

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Por afirmar antier en este espacio que el PRI “no ganó”, sino que el PRD perdió (como quien extravió a la novia) las elecciones guerrerenses, el lector Flavio Ordóñez deduce que el autor de estas líneas “debe ser panista o perredista”.

Comenta que el ganador de la alcaldía de Acapulco (el priista Manuel Añorve) “se aprovechó de las circunstancias, pero son estas últimas las que definen todo”.

Y se pregunta si Vicente Fox no se aprovechó de los videos de René Bejarano; si Calderón desaprovechó el pleito entre Roberto Madrazo y Elba Esther Gordillo; si no se hizo un mártir de Luis Donaldo Colosio para que el PRI ganara la Presidencia en el 94.

“Todos se aprovechan; algunas veces se gana perdiendo, como fue el PRI de Madrazo, y otras se gana con pleitos ajenos”, dice.

Y remata con un llegue a Ciro:

“Me parece tonto y absurdo lo que dice Gómez Leyva en su columna (La historia en breve del martes): que si hubieran ido juntos, PRD, PT y Convergencia hubieran tenido 130 mil votos, jajajaja”.

Pues… ¡Juajuajuajua!

Administración Calderón, crisis y destino

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Es verdad que, como sostuvo ayer el presidente Calderón, México se encuentra en una situación financiera y económica que le permite sortear mejor que en el pasado la inagotable crisis financiera que se ha desatado a partir de la caída del sistema estadunidense. Los bancos mexicanos en particular, están en buenas condiciones y nadie tendría por qué temer la pérdida de recursos invertidos o una devaluación brusca que modificara las cosas radicalmente. Incluso el movimiento del dólar en los últimos días parece ser más una espiral especulativa y un reflejo del temor de inversionistas internacionales que han buscado refugiarse en bonos estadunidenses de tasa fija que una oscilación natural del mercado: la subasta ayer de dólares pareció confirmarlo.

Pero también es verdad que, como en todo, se trata de una cuestión de percepciones. Y habrá afectaciones que, como también se dijo ayer, no se pueden ocultar: está el tema de las remesas (cuya reducción será importante pero seguirán estando en aproximadamente 20 mil millones de dólares, una cifra que no es en absoluto despreciable); el alza, por lo menos en estos meses, de algunas tasas de interés para distintos servicios; un aumento de precios controlado pero significativo; una caída de las exportaciones y, sobre todo, la caída del precio del crudo. Quienes se dieron el lujo de perder todo un año en debates inútiles en el Congreso sobre el futuro del petróleo podrán ver ahora cómo el precio del barril, de la misma manera que había subido a precios estratosféricos, puede ahora caer a la mitad de su valor en semanas, mientras nuestra producción disminuye al mismo ritmo que nuestras reservas.

Ayer el presidente Calderón presentó un proyecto económico de contraflujo que puede convertir la crisis en oportunidad y, además, ajustar una serie de desequilibrios que se habían acumulado en los últimos años, apostando, ante el entorno internacional desfavorable, por el mercado interno y la inversión, sobre todo, en infraestructura. El plan propuesto tiene muchos capítulos importantes y que difícilmente pueden ser cuestionados, desde la inversión en una nueva refinería (que costará 12 mil millones de pesos) y una serie de medidas para Pemex, independientemente de lo que ocurra con la reforma energética aún en ciernes (es fundamental la absorción o el pago de los pidiregas y liberar la posibilidad de inversión de la paraestatal hasta en 78 mil millones de pesos), hasta la inversión de 53 mil millones de pesos en infraestructura. Se trata de medidas ampliamente compartibles y que permiten demostrar, por una vez, que todos los ajustes económicos realizados en el pasado pueden tener un beneficio tangible para la gente a contraflujo de la crisis financiera internacional. Ésta golpeará las finanzas nacionales y la economía real, pero con este tipo de medidas se pueden imponer condiciones diferentes que hagan mucho más suave el tránsito por la tormenta financiera.

Es importante porque en nuestro caso la crisis financiera se suma a muchos otros desafíos: a la crisis de la seguridad; a la política; a los intentos desestabilizadores, como lo vemos con claridad en Morelos y el DF; a la crisis de algunos partidos y a una falta de confianza de la ciudadanía, cada vez mayor, en todos los actores políticos.

La crisis es una oportunidad para dar la cara y plantear un nuevo rumbo, marcado por una política económica de contraflujo pero también por una política-política diferente. El gobierno federal está en condiciones de marcar, no sólo y como lo ha hecho en la economía, un rumbo distinto: es verdad que no tiene todos los instrumentos en sus manos como en el pasado y que incluso hay sectores de poder, desde el Congreso hasta ciertos gobernadores, que están apostando a un debilitamiento aún mayor del Ejecutivo federal en su propio beneficio. Pero todavía tiene armas e instrumentos, políticos y económicos, como para poder volcar las expectativas hacia la política interna, el mercado nacional, el fortalecimiento de los programas sociales esenciales que permitan consolidar las instituciones y superar el mal momento de la economía internacional y, de paso, aislar a los grupos desestabilizadores.

Se requieren para ello cambios: en el rumbo, en las formas de ejercer el poder y sin duda también en los equipos de gobierno. Si se está en una guerra contra el narcotráfico que no es asumida como tal por otros actores políticos, si se está en una crisis internacional de consecuencias difíciles de prever, si existen grupos desestabilizadores que son cobijados por algunas fuerzas políticas pensando que algún provecho sacarán de ello, se debe responder a esos desafíos y establecer un equipo leal pero también más abierto, más operativo, con mayores y mejores expresiones políticas y trascender desde el gobierno la camisa de fuerza de la configuración partidaria.

Ello permitiría, y de alguna manera lo vimos con el programa presentado ayer, tener a un Presidente con más y mejores operadores, de forma tal que el Ejecutivo pueda ejercer su responsabilidad con mayor margen de maniobra y más profundidad política.

Se podrá argumentar que en el panismo u otros sectores no recibirán esas medidas con beneplácito, incluida la intervención del Estado en forma mucho más firme en la economía. Puede ser, pero el PAN primero tiene que asumirse como lo que es: un partido en el poder, debe comenzar por defender sus bastiones tradicionales, como no lo hizo en Taxco, en lugar de pelear por posiciones en los equipos en el poder. El PAN se tiene que convertir en un partido competitivo y dejar que el gobierno haga su tarea. En última instancia será de allí de donde se beneficiará políticamente y a veces no lo comprende. El gobierno federal, ante la crisis, tiene una gran oportunidad, y no sólo en lo económico. No debería dejarla pasar.

México en la gran crisis de 2008

Francisco Suárez Dávila
Ex subsecretario de Hacienda
El Universal

Dice el dicho: “El que no está confundido no está bien informado”. El comportamiento de los mercados financieros desafía la razón. Para ordenar mi confusión, extraigo 10 reflexiones:

1. El mundo global enfrenta la mayor crisis financiera desde 1929.

2. El sistema ya cambió. Se acabó la gran banca de inversión. La banca comercial, con base en depósitos, vuelve a ser el baluarte del sistema. La supervisión y regulación bancaria (o su ausencia) fracasaron y se reformarán.

3. El cáncer financiero ya se extendió a la economía real. EU, Europa y Japón están en recesión, y China e India se contraen. La recesión será larga y severa.

4. Réquiem para el neoliberalismo dogmático. Los paradigmas de política económica se transformarán dando al Estado un papel más activo, pero no es el fin del capitalismo.

5. El mundo al revés. Los países emergentes, chinos y árabes rescatan grandes bancos soberbios. Los gobiernos liberales ahora frenan la inversión extranjera y “nacionalizan” gigantes financieras. No practican lo que predican.

6. El programa de rescate financiero de EU, su Fobaproa, es sólo un paliativo difícil de operar que no resuelve los problemas de fondo.

7. La economía mexicana no está blindada. Se sigue la política del avestruz. Los efectos de la crisis serán más graves que un menor crecimiento del PIB y de las exportaciones. El paquete económico 2009 se modifica, después de un mes. El tipo de cambio y la BMV. ¡Uff!

8. Grandes riesgos y vulnerabilidades. El petróleo a la baja, expulsión de migrantes mexicanos, reducción de remesas. El cierre del crédito internacional afectará a las grandes empresas nacionales y transnacionales en México. Los grandes bancos comerciales están sólidos, por el momento. Los riesgos están en la periferia del sistema financiero.

9. La mentalidad y los instrumentos de política económica están orientados a la estabilidad, no a enfrentar una recesión. Hay instituciones destruidas. Las finanzas públicas equilibradas no son contracíclicas. La inversión en infraestructura, sin excedentes petroleros y con débil capacidad de ejecución, tendrá efectos limitados. Los tres niveles de gobierno están petrolizados. La banca de desarrollo está inerme. La capacidad de proponer planes de acción se ha desgastado en programas cosméticos. El gabinete, con excepciones, no está a la altura para enfrentar una crisis. La inseguridad y la ingobernabilidad minan la confianza.

10. Virgen de Guadalupe, evita que el precio del petróleo se derrumbe, y Guillermo Ortiz, ¡por favor quédate!

El futuro del peso mexicano

GERARDO ESQUIVEL
gesquive@colmex.mx
El Colegio de México
El Universal

Todos los factores económicos sugieren que, terminada la presión temporal, el tipo de cambio en México seguirá siendo relativamente elevado

En días recientes, el peso mexicano se ha depreciado en forma importante con respecto al dólar estadounidense. Así, después de que hace apenas un par de meses el tipo de cambio se acercara a la barrera de los 10 pesos por dólar y se hablara de la existencia de un “superpeso”, ahora la moneda mexicana se ha debilitado en forma importante y en tan sólo un par de semanas el tipo de cambio ha llegado a cotizarse hasta en 14 pesos por dólar y la depreciación de nuestra moneda ha llegado a ser hasta de 25%.

¿Por qué ha ocurrido este cambio (aparentemente) tan súbito y qué es lo que podemos esperar del peso mexicano en el futuro cercano?

Lo primero que debe mencionarse es que no se trata de un problema exclusivo de la moneda mexicana, es decir, el dólar se ha fortalecido en los últimos días con respecto a prácticamente todas las monedas del mundo con excepción del yen japonés. Por ejemplo, el euro y el real brasileño se han depreciado alrededor de 15% y 35% con respecto al dólar en los últimos dos meses, respectivamente.

La razón de este comportamiento tiene que ver con la gran incertidumbre financiera mundial y las crecientes necesidades de liquidez de diversas instituciones para poder cumplir con sus compromisos financieros. Lo primero ha llevado a que los grandes inversionistas mundiales busquen deshacerse de sus activos en otros países y traten de convertir esos recursos de moneda local a dólares. Esto explica tanto la caída generalizada en las bolsas de valores de muchos países como la simultánea depreciación de las monedas de esos países. Es por ello que no es casual que las bolsas de valores que más han sido afectadas en las últimas semanas sean las de países como Rusia y Brasil, las cuales habían recibido grandes inyecciones de recursos provenientes de inversionistas estadounidenses.

En ese sentido, y en un contexto mundial en donde sigue prevaleciendo una gran incertidumbre financiera, es posible suponer que el tipo de cambio en México seguirá mostrando una cierta volatilidad en los mercados. Lo anterior será aún más fuerte en la medida en la que el Banco de México siga absteniéndose de participar en el mercado de divisas. Debe recordarse que hace precisamente unas semanas, en el contexto de la existencia de un aparente “superpeso”, el Banco de México y la Secretaría de Hacienda decidieron suspender el mecanismo que permitía que el banco central subastara dólares en el mercado cambiario, pero ayer tuvieron que acceder y subastar 2 mil 500 millones, aunque sólo colocó 998 mdd, lo que ayudó a reducir la volatilidad.

En cualquier caso, incluso una vez que el Banco de México ha decidido regresar al mercado cambiario (de no haber sido así los costos para la economía empezarían a crecer rápidamente) y que la incertidumbre financiera mundial empiece a disiparse, es altamente probable que no regresaremos pronto a una época con un peso relativamente “fuerte”.

En realidad, todos los factores económicos actuales sugieren que, una vez que termine la presión temporal a la que se está viendo sujeto el peso mexicano, el tipo de cambio en México seguirá siendo relativamente elevado, dado que la demanda por divisas se mantendrá alta y la oferta de dólares en el país disminuirá como resultado de las menores remesas y de un menor precio del petróleo.

Por todo lo anterior, es posible concluir que el peso mexicano tenderá a estabilizarse en el futuro cercano en un nivel mayor al que había venido mostrando en los meses anteriores, pero menor a los niveles de pánico y nerviosismo que observamos en días recientes.