octubre 10, 2008

El diluvio que vino

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

El riesgo de pedir pruebas es que las presenten. Florestán

Durante las últimas semanas, la versión oficial ante la crisis que venía era que manitas les iban a faltar para hacerle los mandados a la economía mexicana.

Y así se la llevaron, como pateando una lata vacía, hasta que una mañana, al viejo estilo, la devaluación del peso encendió todas las alarmas y les puso las pilas.

Esto ocurrió la mañana del miércoles, cuando los responsables de las finanzas públicas despertaron con el dólar a 14.40, lo que representaba una devaluación del 40 por ciento en menos de tres semanas, siendo esta la caída más dramática pues en una noche saltó de 11 pesos a más de 14.

A partir de ese momento, todo fue correr.

El gabinete económico se reunió de emergencia en Los Pinos, la Comisión de Cambios fue convocada en el mismo tono de urgencia, recuperando el esquema de subastas diarias de dólares, pero multiplicada por doce: de 32 a 400 millones, y una inicial para contener la caída cambiaria libre de otros dos mil quinientos millones de dólares.

Al mismo tiempo, se llamó a una conferencia de prensa conjunta a cargo del gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, y del secretario de Hacienda, Agustín Carstens, en la que los doctores dieron un diagnóstico de lo que había dejado de ser un catarrito.

Al mismo tiempo, se corría el lápiz para corregir el proyecto de presupuesto de Egresos, que ya estaba en el Congreso y el Presidente preparaba un mensaje que dio por la tarde, previo al que a la Nación enviaría anoche.

Ayer le pregunté al doctor Carstens si no había subestimado el problema y me respondió con una honestidad que hay que saludar:

“Yo, en lo personal, nunca anticipé que hubiera un desmoronamiento del sistema financiero internacional como el que hemos visto. Realmente no tiene precedente en la época moderna, y yo pensaba que no íbamos a llegar a estos niveles”.

Y por eso.

Retales

1. SIN CAMBIOS.- Rafael Macedo de la Concha seguirá en su cargo de Primer Magistrado del Supremo Tribunal Militar, a pesar de las informaciones que hablaban de su regreso a la PGR. El arribo de Maricela Morales a la SIEDO no pasa por la vuelta de Macedo;

2, ISIDRO.- El presidente del Instituto Electoral del Distrito Federal, Isidro Cisneros, pondrá en marcha el año electoral 2009 hoy viernes, a las dos de la tarde. Cisneros dijo que permanecerá en su cargo al menos hasta después de las elecciones del próximo año, y se quedaría hasta el fin de su mandato en 2013, luego de las presidenciales de 2012; y

3. CÁRDENAS.- Ayer le adelantaba la kermesse que el sector campesino del PRI había preparado para la comparecencia de Alberto Cárdenas ante el pleno de los diputados. Pero al mediodía se canceló el bloqueo previsto y pospuso la protesta por el subejercicio del presupuesto para el próximo día 23.

Nos vemos el martes, pero en privado.

El fondo es de a cómo

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Uno de los activistas de la protesta magisterial puntualizó con Ciro Gómez Leyva que los movilizados quieren que el gobierno federal resuelva: “La represión en Morelos”, “lo de la Alianza por la Calidad de la Educación”, “lo del tema del ISSSTE”, “lo del tema del SNTE con todos los charrazos que tenemos en las secciones del país y el caso de la señora Elba Esther Gordillo”, y “la construcción de una propuesta alternativa”.

De tomar en serio sus demandas, los protestantes debieran: responder por las madrizas que han propinado a policías locales y federales, apechugar que no tienen derecho a seguir medrando del erario, reclamarle al Congreso y a la Corte la ley del ISSSTE, ganar en elecciones los liderazgos en el SNTE y dar a conocer su plan de mejoramiento de la educación pública.

Lo real es que quieren conservar el sucio mercado de plazas y les vale sorbete la mediocridad de la enseñanza.

Quizá, como sucedió en Oaxaca, estos rijosos maistros maticen su indignidad si, como al Borras, se les dan millones pa’ sus chescos.

Paco Calderón

Una más

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Me cuenta Julián Andrade, colaborador de MILENIO y del noticiario que Carlos Puig tiene por las mañanas en la W, otra historia de impunidad ministerial ante evidencias aportadas por militares.

El hoy célebre prófugo Joaquín El Chapo Guzmán, fue capturado en Guatemala en el mes de junio del año de 1993 y traído a la Ciudad de México en un avión de paracaidistas del Ejército mexicano, bajo la custodia del entonces jefe de la lucha contra el narcotráfico de la Procuraduría General de la República, el también militar Jorge Carrillo Olea.

Durante los interrogatorios que se le hicieron en el avión, El Chapo Guzmán reveló los nombres de los funcionarios y autoridades que tenía en su nómina, entre ellos algunos comandantes, un ex procurador, un ex subprocurador.

Las declaraciones de El Chapo fueron levantadas por sus custodios militares ante suficientes testigos, entre ellos el propio Carrillo Olea y el entonces director de la policía judicial militar, el general Álvarez Nahra.

Pero nadie tomó la precaución de subir al transporte militar a un agente del Ministerio Público, por lo que esas declaraciones no tuvieron nunca el carácter de una prueba ministerial, pues esta sólo puede acreditarla como tal el propio Ministerio Público.

Cuando llegó la hora de declarar ante el Ministerio Público, El Chapo desconoció lo dicho en el avión y fue esa versión la que dominó el expediente. Por no tener calidad jurídica plena como prueba, el oficio con sus declaraciones del avión quedó en calidad de “indicio” o “pista” para la averiguación previa, no como lo que era: la pieza que portaba la verdad.

Aquellos oficios fueron utilizados por el Ejército y la Procuraduría para hacer sus propias investigaciones de los implicados. Pero una vez suprimida la prueba del testimonio de Joaquín Guzmán, las pesquisas se perdieron en el usual laberinto de la falta de pruebas contundentes, característica de nuestra investigación judicial.

En ese laberinto la verdad legal no sólo es distinta de la verdad real, sino que a menudo la diluye y la desmiente.

La historia puede leerse a partir de la página 89 del libro escrito por el propio Julián Andrade y Jorge Carpizo: Asesinato de un cardenal. Ganancia de pescadores. (Nuevo Siglo Aguilar, 2002).