octubre 13, 2008

El fin del consumo

Román Revueltas Retes
rrevueltas@milenio.com
Interludio
Milenio

El individuo modélico de la subespecie capitalista sería un tipo que vive esencialmente para consumir las baratijas y los servicios que le ofrece una sociedad que no puede funcionar si no crece, es decir, si no vende productos y no fabrica un número creciente de bienes. Tal es la naturaleza de nuestro modelo económico y tales son los perentorios mandatos del libre mercado. Y así, ese arquetipo de persona se rompería el lomo trabajando de sol a sol en alguno de los sectores productivos de la economía para, a la vez, comprar toda suerte de artilugios en sus ratos libres: ya ven ustedes que las clases medias se entretienen recorriendo las galerías de los malls, mirando los escaparates como si los trapos de marca y los gadgets que ahí se exhiben fueran un espectáculo en sí mismos, y deglutiendo las apresuradas —aunque muy copiosas— viandas que ofrecen los locales del food-court.

Ése es el paseo dominical de la modernidad, una excursión al centro comercial donde, por cuenta de la crónica exigüidad de los bolsillos, las compras son más un anhelo que una realidad. Pocos son los que salen de las tiendas cargados de esos bolsos deliberadamente ostentosos para simbolizar el estatus del adquiriente y que, por lo tanto, son alardeados con el engreimiento del que gusta de aparentar. Las mayorías se contentan de practicar el window-shopping, un cruel entretenimiento de la modernidad hecho de antojos no satisfechos aunque permanentes, de extraños deseos que no tienen nada que ver con la real condición social del aspirante y de rendir culto a objetos que no son fundamentalmente necesarios. Somos esclavos consintientes de necesidades que nos han sido inoculadas artificialmente y que brindan muy efímeras satisfacciones. La felicidad del consumo es fatalmente decreciente: el coche que te compras con tu primer sueldo es un acontecimiento eminente pero las sucesivas máquinas que te agencias cada tres años van perdiendo significado.

Pues bien, todo esto se acabó. No tenderemos más remedio que liberarnos de estas servidumbres. Decepcionante libertad.

Honestidad

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

Son más los que no alcanzan a comprender la dimensión del problema financiero que enfrenta el mundo. En México, nuestra cultura no nos ha enseñado a entender, qué es esto del mercado accionario. En desahogo del “problema incomprensible” trataré de ser escueto.

En los países sajones, con el final del renacimiento, se creó un esquema que intentó socializar al capital y el trabajo. Gente solía observar el desempeño de las primeras “empresas” del hombre, lo que atraía a terceros que “apostaban” por ellas, invirtiendo sus ahorros en la compra de “un pedacito”. Si la empresa progresaba. También el pedacito comprado. Pedacito que después se le conoció con el nombre de “acción”. Comprar acciones de empresas bonancibles se convirtió en una turbina que propaló el desarrollo de nuevos proyectos de los hombres que empezaron a ver al mundo en un espectro mayor. De hecho, hubo un tiempo en el que la colonización de los territorios del norte de América empezó a no ser “viable”, porque se chupaba los capitales individuales de sus primeros colonizadores… y fue entonces cuando los valores “accionarios” apoyaron los primeros desarrollos agrícolas e incipientes intentos urbanos por hacer rentable la conquista de lo que hoy es la costa noreste de los Estados Unidos. Sir Walter Raleigh, como uno de tantos, promovió un mercado accionario para apoyar la colonización con el ahorro de la sociedad inglesa, que imaginaba las grandes riquezas que de ahí derivarían. La diferencia con la conquista de la Nueva España, fue que ésta se hizo a base de subsidios de la Corona. Ante la expectativa de explotar los enormes recursos naturales y humanos de los nuevos territorios. El dinero que financió la colonización de Canadá y Estados Unidos, fue de la gente que en Europa compró un pedacito del futuro progreso. El dinero que sostuvo a los gobiernos y actividad de la Nueva España y hacia el sur, provenía de las arcas del Rey.

Esta cultura accionaria viene de hace 400 años. Difícil pensar que ahora hubiéramos tenido una idea de las consecuencias que toda esta histeria en Wall Street nos iba a acarrear. La falta de confianza en la honestidad con que las instituciones financieras movieron capitales. Préstamos, hipotecas, fondos empresariales, proyectos de desarrollo. La falta de transparencia aunada a la ambición, hizo que se formara una “bolsa tóxica” de movimientos faltos de escrúpulo, que al cabo del tiempo han venido haciéndose evidentes. Bancos de inversión quebrados. Intermediarios de capital comprometidos en programas inviables. Masas monetarias mundiales atadas al consumismo y sobre todo a una insaciable ambición de los hombres que movían las finanzas. En otras palabras. Le prestaron a quienes sabían… no podrían pagar. Con tal de sacar comisiones por el movimiento de capitales, se comprometió al dinero bueno al mezclarlo con el malo. Es decir actos no productivos, dominaron a las organizaciones que hacen cosas tangibles.

El colapso que desploma al capitalismo del mundo occidental es eso. Es el desenlace de la historia de una ambición constante. Desenfreno en el gasto, bonos desproporcionados, premios, concesiones fáciles al desempeño, permisividad de un sector financiero que se sentó encima de la estructura que realmente alimenta a la riqueza de las economías. Ganaba más el director de un banco, que el dueño de una empresa de colchones. Es decir… más el que te presta de lo que es de todos para que duermas a gusto, que para quien te fabrica en donde dormir.

La crisis hoy vivida, tiene que ver con la ruptura de este círculo de confianza. Es lo más grave que ha enfrentado el mundo capitalista. Aunque llego a la conclusión, que también era necesario. Con el andamiaje financiero que pensábamos, nos serviría para apoyar el progreso de este siglo. Hoy resulta claro que no hubiéramos llegado muy lejos. Ésta caída la veo nos impactó en el momento oportuno. Es terminarlo todo para empezar de nuevo. Es como volver a establecer “las colonias” de un mundo diferente, basado en un valor universal. Honestidad, palabra que a decir verdad… ha estado ausente por mucho tiempo.

Luz y sombra en la Suprema Corte

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha dado un paso para restituir su poder al amparo. Los legisladores mexicanos se habían dotado de una atribución sin control: la de modificar la Constitución a su antojo y, si un ciudadano interponía un “amparo contra actos de la autoridad”, contra ese acto legislativo, claramente de autoridad, se escudaban en un trabalenguas: La Constitución no puede ser acusada de anticonstitucional. Mejor, imposible. Si un día, escudados en Morelos, se les ocurre decretar una religión obligatoria no habría nada que hacer.

Y no han reinstalado el catolicismo, pero sí decapitaron el IFE sin que fuera posible detenerlos en su afán de poner riendas partidarias a una institución que, por definición, como todo árbitro en cualquier contienda, debe ser autónoma de las partes contendientes. También nos impusieron una legislación electoral por la que ni los partidos pueden llamar ladrón al ladrón sentenciado ni racista al racista publicado porque “denigrar” a un candidato, aun con la verdad, quedó prohibido luego de los últimos atracos legislativos. Pero menos aún lo podemos hacer en medios electrónicos los ciudadanos sin partido y, por ende, sin tajada de tiempos oficiales. La SCJN aún calla al respecto.

Distingamos dos asuntos nítidamente separados: una cosa es que la ley, no sólo la electoral, sino la ley a secas, penalice la calumnia, y los electores penalicen los insultos, y muy otra que los candidatos a puestos de elección popular, por el sólo hecho de serlo, se vuelvan intocables. Dice el artículo 49 del Cofipe en su inciso 4: “Ninguna persona física o moral, sea a título propio o por cuenta de terceros, podrá contratar propaganda en radio y televisión dirigida a influir en las preferencias electorales de los ciudadanos, ni a favor o en contra de partidos políticos o de candidatos a cargos de elección popular.”

La comunidad judía no podría, por lo tanto, contratar tiempos para denunciar que la candidata perredista al duodeno distrito, Irma Serrano, la amante del presidente Díaz Ordaz en 1968, se declaró admiradora de Hitler “salvo porque dejó demasiados judíos vivos”. Y asistía al Senado (a donde la llevó el PRD cuando Cárdenas y Muñoz Ledo) con una suástica de joyas colgada del pescuezo (y no hubo senador con huevos que se la arrancara de un tirón). Una denuncia de La Tigresa con suástica ya no puede pasar por tv: ¡Lo prohíbe la ley electoral!

Y no es todo. Veamos: Capítulo cuarto. De las obligaciones de los partidos políticos. Artículo 38.

1. Son obligaciones de los partidos políticos nacionales: b) Abstenerse de recurrir a la violencia y a cualquier acto que tenga por objeto o resultado alterar el orden público, perturbar el goce de las garantías o impedir el funcionamiento regular de los órganos de gobierno… (Como impedir el funcionamiento de las cámaras ocupando las tribunas)… p) Abstenerse, en su propaganda política o electoral, de cualquier expresión que denigre a las instituciones y a los partidos…

Denigrar: Ennegrecer. Deslustrar, ofender la opinión o fama de alguien (DRAE).

A ver: si el PRD dice que el PAN ha demostrado no saber gobernar, si el PRI señala el incremento de la delincuencia donde gobierna el PRD, si el PAN recuerda que el PRI gobernaba cuando ocurrió la matanza del 2 de octubre y las crisis económicas posteriores a Echeverría, a López Portillo y a Salinas, o que el PRD está conformado por priistas… atentan contra la ley electoral. Son hechos verificables, no calumnias, pero tampoco se pueden decir porque “denigran”. Demostrar que el Verde es propiedad de una familia va también contra la ley, no porque sea calumnia, que no lo es, sino porque ennegrece al Niño Verde.

Muy tiquis-miquis resultaron los partidos. Y ni siquiera saben escribir (y al decirlo los denigro) porque, al prohibir que se denigre a las instituciones “y” a los partidos, sólo prohíben el hecho cuando es simultáneo. Con lo cual es fácil evadir la ley: si denigro al Senado pero no a los partidos, al PRD y no a las instituciones, no infrinjo la ley así redactada.

Es que, además, nuestros legisladores son faltistas, ignorantes, ineptos, burros y estúpidos… digo, para de una vez denigrarlos bien. Luego, por si algo faltara, en estos tiempos de “afroamericanos” y “adultos mayores”, el verbo mismo tiene un sentido racista: denigrar es “poner negro”. ¿Y qué tiene de malo lo negro? ¿No que “black is beautiful”?

El Estado, la economía, la crisis

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

La crisis financiera que estamos viviendo es global pero las soluciones o las formas de atacarla, fuera de los acuerdos que pudieran establecer las grandes economías del mundo, local. No es verdad que el mercado, por sí solo, va a poder solucionar los aspectos más controvertidos, difíciles, de una crisis. No lo es ni nunca lo ha sido: no ocurrió así en 1929 ni en las crisis previas; no sucedió así al final de la Segunda Guerra cuando se consumaron los acuerdos de Bretton Woods; o cuando, en los años 70, Estados Unidos abandonó el patrón oro lo que coincidió con la primera gran crisis del petróleo; no pudo el mercado en los 80 por sí solo solucionar las crisis de la deuda en las naciones en desarrollo, incluido México; ni pudo el mercado encauzar las crisis de 1982 y 1995 en este país, con todas sus repercusiones nacionales y globales.

Estoy muy lejos de considerar que el Estado debe dedicarse a regular hasta en sus más mínimos detalles la economía: siguiendo esa lógica, hace algunos años el Estado mexicano fabricaba desde bicicletas hasta camiones, pasando por la producción de tortillas y la administración de hoteles. Es más, ni siquiera el término, tan en boga en el pasado, de “la rectoría del Estado”, me parece atinado para la realidad económica actual. Pero existen situaciones en las cuales todos los países necesitan recurrir a la intervención del Estado para poder regular los desajustes y las insuficiencias que tiene el mercado, además de los que las propias realidades políticas, económicas y sociales generan en el ámbito local.

Todos los financistas serios opinan, en México y fuera de nuestro país, que tendremos un relativamente largo periodo de intervención estatal en la economía a partir de la crisis financiera: coinciden en ello desde George Bush hasta Barack Obama, de Nicolas Sarkozy hasta Angela Merkel, de José Luis Rodríguez Zapatero hasta Silvio Berlusconi. ¿Por qué es necesaria esa intervención? Porque el mercado, como la democracia o la seguridad social, son mecanismos, instituciones, que funcionan en un mundo globalizado, con desafíos comunes, pero en un mundo que no es ni equilibrado ni igualitario y está marcado en muchas ocasiones por debilidades tan humanas como la ambición, la codicia, la ignorancia, la impericia. Y cuando hay crisis debe intervenir el Estado: claro, puede hacerlo con la torpeza inaudita con que lo hizo el gobierno de José López Portillo “nacionalizando” la banca en 1982 o con mecanismos que resultaron a la postre tan redituables como el respaldo del gobierno de Clinton a México en 1995, para evitar que la desconfianza siguiera profundizando la crisis de nuestro país.

El programa contracíclico, contraflujo, o como se lo quiera llamar, que presentó el presidente Calderón la semana pasada es, en ese sentido, un acierto. El Estado mexicano debe usar sus posibilidades y recursos para corregir las deficiencias que pudieran haberse generado en el mercado y permitir con ello que la economía (y el mercado) supere parte de los mayores problemas que se van a presentar en el futuro. Las críticas que se han referido al mismo son, en la mayoría de los casos, insustanciales: por supuesto que sería mucho más positivo que la iniciativa privada invirtiera 12 mil millones de pesos en la construcción, no de una, sino de varias refinerías en el país, en vez de tener que utilizar para ello recursos públicos: el pequeño detalle es que la ley, absurdamente, no lo permite y la mayoría de los legisladores del PRI y los del PRD ya han adelantado que no aceptarán esa reforma en el terreno energético. La alternativa es tener o no una nueva refinería. Sería preferible que las gasolinas se vendieran a precio de mercado y los recursos destinados a ese subsidio se utilizaran, por ejemplo, en gasto social, pero resulta que, si el ciclo de producción de gasolinas no se completa y se sigue dependiendo de las importaciones y se deja el precio librado exclusivamente al mercado, las consecuencias sociales de ello serían altísimas. ¿No es preferible que el Estado transparente los pidiregas y así se pueda liberar la inversión de Pemex? Seguramente, con el Fobaproa se cometieron irregularidades e injusticias, pero, ¿era preferible ese mecanismo imperfecto y que nadie perdiera sus depósitos bancarios o una crisis como la que años después vivió Argentina, en la cual no sólo se derrumbó la economía sino que hasta ahora ni siquiera se ha completado plenamente el regreso del dinero de los inversionistas?

Por supuesto que sería preferible que el Estado no invirtiera en la construcción de carreteras y que a eso se dedicara la iniciativa privada, el problema es que, ante la situación global, hay muchas obras de este tipo, incluso ya iniciadas, que no tendrán financiamiento para concluirse. Es verdad que en vez de utilizar dólares en subasta para estabilizar la cotización del peso, se podría dejar al mercado que operara libremente, pero resulta que existe un ambiente especulativo y que en ese terreno el país tiene suficiente fortaleza para evitar una devaluación desmedida que, sabemos por experiencia, termina repercutiendo en toda la economía y no tiene vuelta atrás. La subasta, en última instancia, establece condiciones para que, sin salir de las políticas de mercado, estabilizar y llevar a niveles racionales esa relación monetaria.

El programa presentado en días pasados es positivo e incluye una serie de providencias que ya se había presentado antes y que por diversas razones no se han aprobado ni implementado. Es responsabilidad del Congreso asumir que existe una crisis internacional que no contempla ni admite los plazos legislativos nacionales, casi siempre lentos e improductivos (¿qué mejor ejemplo que el año perdido en el tema petrolero?), y debe ser aprobado, como lo han hecho otras naciones, entre ellas EU, con urgencia y sin mezquindades preelectorales.

Señales cruzadas

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

No es la más coherente de las señales despenalizar el consumo personal de drogas mientras se libra una guerra de miles de muertes al año contra quienes las proveen.

No he entendido nunca la lógica de permitir el consumo personal de drogas mientras se persigue con violencia sin igual a quienes las ponen en manos del consumidor.

¿Dónde habría de encontrar el consumidor las drogas que puede consumir legalmente sino en quien trafica ilegalmente con ellas? ¿Cómo permitir una cosa y prohibir la otra?

El consumo implica el tráfico de drogas del mismo modo que el mercado de cereales supone la cosecha y venta de cereales.

La despenalización del consumo personal de drogas que el gobierno ha enviado al Congreso prohíbe el proceso pero legaliza el resultado.

Es una legislación considerada con el consumidor adicto o reincidente, a quien impone penas leves y remedios médicos. Pero es invitadoramente permisiva con el verdadero soporte del mercado de las drogas que es el consumidor ocasional.

En México y en el mundo el mercado de las drogas no lo sostienen los adictos, aunque el crecimiento de las adicciones sea uno de sus síntomas. Lo sostienen esos consumidores que se llaman “recreativos”, que se drogan como parte de su diversión.

Ellos son los verdaderos pilares del gigantesco mercado de las drogas. Para abastecerlos a ellos se libra la feroz batalla por los mercados que deja cada año miles de muertos y desaparecidos en las calles de las ciudades mexicanas.

Para llegar con la mercancía requerida a los millones que quieren fumarse un cigarrito de mariguana antes de hacer el amor o tomarse una pastilla de éxtasis para elevar la experiencia sabatina del antro o aspirar una línea de coca para seguir bebiendo una noche de juerga, se han formado los cárteles de la droga que se matan entre sí y a los que el gobierno mexicano les ha declarado la guerra, con los saldos de violencia que vemos cada día.

Yo legalizaría la producción y el consumo de todas las drogas en todas partes. Pero ya que esto es imposible y la realidad política del mundo obliga a perseguir a quien vende drogas, legalizar el consumo personal es un tanto esquizofrénico, algo así como permitir el consumo personal de carne pero perseguir a los dueños de rastros, carnicerías y restaurantes que la venden.

El mercado de las drogas es multitudinario pero es personal. Proteger legalmente a la persona que se droga por diversión es proteger al monstruo que esa persona alimenta, el monstruo que trafica y mata por profesión.

Ahí vienen los violentos

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

La semana anterior estuvo marcada, además de la inestabilidad financiera, por las tomas de carreteras y ataques de profesores de Morelos a policías, en demanda de la anulación de la Alianza por la Calidad de la Educación.

Esta semana será igual.

Ya están en el DF maestros de Michoacán, Morelos y de otras entidades que se instalaron en plantón permanente afuera de la SEP, previa visita a la Secretaría de Gobernación donde la emprendieron a pedradas y patadas contra policías.

¿Qué tiene que ver la Alianza por la Calidad de la Educación en esta ola agresiva de protestas que confluyen en el DF?

Nada. Absolutamente nada.

Las movilizaciones hacia la capital son para concentrar en el DF a grupos violentos que se harán sentir cuando se discuta reforma petrolera en el pleno de la Cámara de Senadores.

Vienen a intentar una escalada de violencia callejera para echar abajo la reforma petrolera, sea la que sea, y a retar a la presidencia constitucional de Felipe Calderón.

Nada de lo que ha ocurrido y ocurrirá en estos días de movilizaciones, bloqueos carreteros y ataques violentos contra los cuerpos de seguridad, es ajeno a la obsesión de Andrés Manuel López Obrador contra la estabilidad institucional del país.

La crisis de los sistemas financieros que se desató en Estados Unidos y que desde luego nos va a pegar en México, no estaba en los planes de los que a garrotazos han entrado o se acercan a la capital, pero les cayó como anillo al dedo.

Ellos tomaron el pretexto de la Alianza por la Calidad de la Educación para calentar los ánimos con miras al dictamen sobre la reforma petrolera.

Al vocero de los maestros que llegaron al DF desde Michoacán y otros estados, Artemio Ortiz, le preguntamos en el programa Frente al País por qué la emprendieron a patadas y golpes contra policías que no los habían agredido, y dijo que “pues en estos casos los ánimos se calientan”.

Eso hicieron la semana pasada: calentar los ánimos para cuando se discuta la reforma petrolera en el pleno del Senado. Ahí van a armar el zafarrancho que tanto han preparado.

No vienen por el tema educativo.

Vienen a desestabilizar y a intentar convertir al Distrito Federal en otro Oaxaca-2006.

Así como no les importa la Alianza por la Calidad de la Educación, tampoco les importa la reforma petrolera.

Lo que quieren es el desorden total en la capital del país para crear el “gobierno de salvación nacional”, con López Obrador o un incondicional suyo (Muñoz Ledo, por ejemplo) a la cabeza.

Ellos saben que no pueden crear la ingobernabilidad desde los estados, porque no tienen ni la fuerza ni el eco para movilizar contingentes significativos.

La apuesta es hacerlo en el Distrito Federal, donde está la sede de los poderes y cualquier incidente tiene connotaciones nacionales.

Van contra la República.

Su marcha hacia el DF es con el objetivo anunciado por Muñoz Ledo en diversas entrevistas: “Primero se tiene que acabar con el gobierno de Calderón, luego tiene que surgir un gobierno interino”.

Eligieron Morelos como laboratorio de operaciones porque está cercano al DF, no porque ahí hubiese problemas con el tema de la educación.

De hecho, el 11 de agosto se celebraron en Morelos exámenes de oposición para llenar las plazas vacantes y no hubo ninguna inconformidad.

Los conflictos se armaron después, con un objetivo político, desestabilizador, y no para mejorar la situación de los maestros ni de los educandos.

Sí, ahí viene la carta peligrosa de López Obrador.

La de la convulsión social en la capital del país con un grupo pequeño de seguidores, pero dispuestos a todo.

Él, desde luego, se mantendrá físicamente al margen.

Sólo faltan horas para comprobarlo.

Tratando de caer parada

Ricardo Raphael
Analista Político
El Universal


Elba Esther Gordillo, líder vitalicia del magisterio, ha sido rebasada por su propia base social y ya no cuenta con los apoyos políticos de antes. Estas son las primeras conclusiones que pueden retirarse de las declaraciones que ella misma hiciera, el pasado fin de semana durante las sesiones del Consejo Político de su sindicato.

Contrario a sus deseos, el conflicto de los maestros no se limita a las fronteras del estado de Morelos, ni tampoco está circunscrito a los bastiones tradicionales de la disidencia (Michoacán, Chiapas, Oaxaca, Baja California, Distrito Federal), encabezada por los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Gordillo ha tenido que reconocer en voz alta que existe movilización intensa en Coahuila, Puebla, Veracruz, estado de México y Quintana Roo; entidades que su liderazgo tenía bien controladas hasta hace unos días. “Con todo respeto: existe traición interna… hay simulación en la dirigencia,” dijo el sábado pasado.

Hizo explícita también su desconfianza hacia los líderes magisteriales formados detrás de Rafael Ochoa Guzmán, muy particularmente hacia varios secretarios generales que antes eran contabilizados dentro de su nómina institucional.

Señaló igualmente como responsables del conflicto a los gobernadores que han apoyado la movilización disidente. Interrogó en público a Humberto Moreira, gobernador priísta de Coahuila; a Mario Marín, de Puebla, y a Fidel Herrera Beltrán, de Veracruz. Los acusó de simuladores por haber signado la Alianza Educativa al mismo tiempo en que están apoyando por debajo del agua las movilizaciones de los maestros.

Según ella, este hecho prueba que el Partido Revolucionario Institucional se encuentra detrás de la crisis.

Gordillo Morales anotó, por otra parte, como culpable de la situación a la secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota. Tal y como lo hiciera a principios del año pasado, acusó a los funcionarios de la SEP de ineptitud.

La maestra es hoy una líder sindical muy vulnerable porque varios de sus seguidores la han traicionado, porque los gobernadores priístas que antes la respaldaban la han dejado sola y porque su falso acercamiento con Josefina Vázquez Mota resultó ser de cristal.

Sabe pues que debe reaccionar rápido o sus días al frente del magisterio están contados. En esta secuencia de hechos debe leerse una de sus declaraciones más importantes: “El conflicto en Morelos rebasó las instituciones… (lo cual) requiere una respuesta categórica”.

Tres son las estrategias que ha anunciado para recuperarse de la neumonía política: asegurar la lealtad de los líderes de sección que todavía están con ella, exigir al Estado doblar el presupuesto de educación para el año próximo y arrebatarle a sus adversarios el liderazgo de la movilización social.

Como muestra de que está dispuesta a otorgarles a sus líderes sindicales cualquier cosa que le pidan, la maestra tuvo la osadía pública de regalarle a cada sección una camioneta Hummer, (cuyo valor es alrededor de 600 mil pesos). ¿Cuántos privilegios más les habrá ofrecido a los secretarios generales en lo oscurito?

Por otra parte obtuvo un voto unánime en el Consejo para exigirles a los legisladores un incremento de 5 mil millones en el presupuesto educativo. Se trata de una cantidad enorme que, en acuerdo con Felipe Calderón, podría servir para apagar los ánimos enfebrecidos de la disidencia.

Finalmente, y ésta es la apuesta más peligrosa de todas, convocó a una gran movilización callejera donde supuestamente la acompañarán más de 300 mil profesores. Con esta maniobra tratará de demostrar que todavía es la cabeza legítima del magisterio. Se trata de una jugada arriesgada porque quizá los maestros ya no estén dispuestos a seguirla en esta ocasión. Al tiempo.

Profes a examen

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

La estrategia y la táctica, decía Lenin, son esenciales en “la ciencia de la dirección política revolucionaria”, que se manifiestan en la conducta política (carácter, orientación y procedimientos de actuación) de partidos y sindicatos.

El resultado de estrategias y tácticas está a la vista en los éxitos o fracasos de actividades tan distintas como la milicia, la industria o el deporte.

Tener una estrategia es básico para dirigir cualquier asunto y aplicar tácticas es el método para conseguirlo.

El breviario viene a cuento por las desacertadas estrategia y táctica que venían siguiendo los profesores morelenses que luchan contra la supresión de un par de los privilegios que tienen: impartir clases como les parece y jinetear las plazas que detentan.

Puesto que rechazan someterse a exámenes de oposición para que los mejores garanticen calidad en la enseñanza, y que de manera cínica proclaman que quieren seguir cediendo a parientes o marchanteando sus plazas, el “objetivo” que buscan es, de entrada y de salida, repulsivo.

Los profes morelenses inconformes (que según la SEP son aproximadamente tres mil del millón 300 mil maestros que hay en el país) apuestan a la aventurera estrategia de la confrontación.

Así, en pos de un objetivo impopular y con una estrategia que ya probó ser estéril, los paristas ejecutaron hasta la semana pasada las mismas tácticas que llevaron al fracaso a sus camaradas de la sección 22 y de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca: acampar en las calles del centro y cerrar los accesos a Cuernavaca (además del recurrente desquiciamiento de la Ciudad de México).

Esta vez, sin embargo, la Policía Federal Preventiva tenía mejor estudiada la receta oaxaqueña:

Si la salida de Cuernavaca es a y el punto inicial del bloqueo en cada carretera es e, a lo largo de seis o siete kilómetros, en el trecho e-d, colocación de miles de rocas sobre el asfalto; entre d y c, quema de llantas; c a b, quema de vehículos, de preferencia tráilers; entre b y a una barricada, y en a el grueso de activistas para enfrentar a “las fuerzas de la represión” que, además de sortear estos obstáculos, se toparon con el tapón de siete u ocho kilómetros de todo tipo de vehículos que quedaron varados ante las primeras piedras.

Pero la Oaxaca de 2006 con siete meses de pesadilla no pudo resurgir en la Cuernavaca de 2008.

Los federales aprendieron que, sin matar a nadie, se pueden combatir los delitos asociados a bloqueos de carreteras, valiéndose inclusive de respetables Black Hawk.

Y en la capital estatal, por cierto, vista la demostración de decisión, fuerza operativa y detenciones que la PFP realizó en la última carretera que tenían tomada (la federal Alpuyeca-Jojutla, que mantuvieron durante 11 días), los maistros decidieron desbloquear también las calles del centro de Cuernavaca.

Reprobados en objetivo, en estrategia y en táctica, a los paristas les queda la esperanza de aprobar un examen, pero de conciencia.

La hora de las reformas

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

En medio del huracán financiero de la semana pasada, pasó desapercibido el anuncio del estudio de competitividad que realiza cada año el Foro Económico Mundial. Pésima noticia para la economía mexicana: cayó ocho lugares en el ranking del mundo. Del 52 pasó al 60. México sigue teniendo una competitividad mediocre. Desde hace más de una década el país ha estado en medio de la tabla. No sale de ahí y ahora va a la baja. En el contexto económico actual, es una noticia malísima si se toma en cuenta que la poca inversión que habrá considera este indicador que mide la capacidad que tiene la economía nacional de competir con el extranjero. Estamos en el lugar 60 entre las 134 naciones.

Paliar, ¿pero no liderar?

El presidente Calderón anunció la semana pasada un programa para paliar los efectos negativos de la crisis económica mundial que viene. Contempla cinco acciones: 1. Ampliar el gasto público en materia de infraestructura. 2. Cambiar las reglas en el ejercicio de ese gasto para agilizar su ejercicio. 3. La construcción de una nueva refinería. 4. Un plan de apoyo a las pequeñas y medianas empresas. 5. Un programa de desregulación y desgravación arancelaria.

La apuesta del gobierno, que viene operando desde principios de este año, es una política fiscal anticíclica: gastar en la construcción de infraestructura para estimular el crecimiento y la generación de empleos. Mientras tanto, la Comisión de Cambios, integrada por el Banco de México y la Secretaría de Hacienda, ha vendido aproximadamente 10% de las reservas internacionales para mantener estable el peso mexicano. Todas estas medidas son las correctas para atacar la crisis financiera/especulativa inmediata y la desaceleración económica que vendrá.

Sin embargo, lo que no está presente en la acción gubernamental son las reformas estructurales para fortalecer la competitividad económica. Quizá están ausentes porque el gobierno no tiene los votos en el Congreso para sacar adelante estas reformas. Mucho menos en vísperas de un año electoral donde los partidos estarán compitiendo por el poder. Al parecer, Calderón sólo quiere paliar los efectos negativos de la crisis pero no liderar el proceso político para mejorar la competitividad del país.

La crisis como oportunidad

Históricamente, las grandes reformas económicas se han hecho en México después de episodios de violencia política o de profundas crisis económicas. Desgraciadamente, los políticos sólo reaccionan cuando el país está contra la pared. Cuando hay un sentido de urgencia. Pues bien, lo que viene en la economía mundial, y en México, es un periodo aciago. Para empezar, habrá una contracción en la inversión de capitales privados, nacionales y extranjeros. Esto generará una caída en el empleo que en México se agudizará por el regreso de cientos de miles de compatriotas que no encuentran trabajo en Estados Unidos. Los afortunados que tengan empleos, verán menguados sus ahorros e incluso sus ingresos. En suma, viene un mal periodo económico.

Y este tipo de periodos no benefician inmediatamente a ningún partido. Se genera un clamor popular por que los políticos se pongan de acuerdo y resuelvan los problemas de la gente. La gente no está para pleitos partidistas. Quiere soluciones prontas. Por eso, más allá de aplicarle vendajes al herido, hay que aprovechar la oportunidad para operarlo de sus grandes males. La crisis que viene, en este sentido, abre la oportunidad para que reformas que han sido dilatadas por varios lustros finalmente sean aprobadas.

¿Qué reformas?

Pues todas aquellas que fortalezcan la competitividad económica. Que resuelvan los problemas que están frenando nuestra capacidad de competir con el exterior. Aquí es donde hay que volver al estudio del Foro Económico Mundial para ver las debilidades competitivas de México. ¿Cuáles saltan a la vista?

En primer lugar están los efectos perniciosos para hacer negocios en México que tiene la presencia del crimen organizado y la falta de confianza que existe en la policía. Esto implica necesariamente que se aprueben ya las iniciativas en materia de seguridad y justicia que están durmiendo en el Congreso. En segundo lugar está todo el asunto de la mala educación. Esto implica no sólo apoyar la Alianza por la Calidad educativa, actualmente amenazada por una minoría de maestros radicales, sino profundizarla más con incentivos que premien el mérito pedagógico de profesores y estudiantes. En tercer lugar está la existencia de monopolios privados y públicos que son ineficientes, obstaculizan la competencia y elevan los precios de hacer negocios en México. Para solucionar este problema hay que darle más dientes a la Comisión Federal de Competencia Económica y aprobar muchas reformas (energética, de telecomunicaciones, etcétera) que actualmente fortalecen los monopolios y oligopolios en diversos sectores de la economía. Finalmente, el estudio del Foro Económico Mundial menciona la falta de flexibilidad en los mercados laborales que implicaría la aprobación de una nueva ley en la materia que lleva varios lustros en la congeladora legislativa.

Cuatro condiciones

La crisis económica que se viene es una oportunidad para realizar reformas que fortalezcan la competitividad. Para que esto ocurra me parece que tienen que darse por lo menos cuatro condiciones. Una: el liderazgo del presidente Calderón dispuesto a dar la lucha más por el futuro que sobrevivir en el presente. Dos: un gabinete a la altura de un gran desafío con capacidad de negociación política. Tres: la voluntad del PRI de apoyar a Calderón como el PAN estuvo dispuesto a apoyar al presidente Zedillo en los días aciagos de la crisis de 1994-1995. Y cuatro: que Andrés Manuel López Obrador no le eche más gasolina al fuego en un momento delicado para la economía nacional.

No se ve nada fácil que se den estas condiciones. Pero los políticos tienen que entender que en tiempos de crisis no se puede jugar políticamente con la economía.

El reto de los privilegios

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Como sabemos, el régimen político en que vivimos durante la mayor parte del siglo XX se construyó sobre grupos que recibieron, en pago por sus servicios políticos, privilegios económicos. En todos los casos, estos privilegios son una forma de redistribución de la riqueza, de quienes la producen hacia estos grupos. Los economistas llaman a esto la apropiación de rentas.

Para los sindicatos, se ha tratado de empleos innecesarios, salarios muy superiores a la aportación del trabajador, pensiones sin sustento, transferencias directas. Para los empresarios, mercados concentrados, bajos impuestos, apoyos financieros y fiscales, mala regulación. Para los intelectuales, plazas universitarias sin control, asesorías ficticias, premios y foros.

Pero todo esto tiene un costo para la sociedad. Cuando agotamos los recursos, a mediados de los 60, fue necesario endeudar al país para sostener esos privilegios. Cuando la deuda ya no pudo sostenerse, fue el petróleo el que los financió. El Estado había trasladado los costos de los privilegios hacia el futuro: deuda por pagar, agotamiento del petróleo, pensiones sin reserva. Peor todavía, mantener los privilegios implicó no invertir en el futuro: ni en infraestructura ni en capital humano. La infraestructura con que cuenta México es deplorable, pero es peor aún la situación del capital humano: dos terceras partes de los jóvenes, cuando salen de secundaria, están condenados a la miseria, porque no tienen las capacidades mínimas para ganarse una vida digna. Por eso México no es competitivo, pero tampoco es un país justo. No hay forma más eficiente de perpetuar la desigualdad que condenar a dos terceras partes de los jóvenes a la ignorancia en una economía que hoy depende del conocimiento. Transformar a los grupos privilegiados, es decir rentistas, en grupos productivos es el reto más importante que tiene México. El costo que estos grupos han significado para el país es muchas veces más grande que cualquier crisis financiera, no perdamos perspectiva.

El reto es convertir al sindicalismo corporativo mexicano en una fuerza laboral organizada, democrática, transparente y comprometida con la generación de riqueza; convertir al abarrotero rentista, oligopólico, en un emprendedor que arriesgue; convertir al profesor rollero y apoltronado, crítico por deficiencia, en un creador de ideas. Pero nadie deja privilegios fácilmente. Unos quieren vender sus plazas, otros quieren rescates, unos más piden subsidios, y otros siguen vendiendo la crítica fácil, que siempre hay quien la compre. Quede claro el reto: acabar con los privilegios sin destruir a los grupos. La renta deja de serlo cuando se corresponde con lo producido. No es un privilegio ganar más que los demás, privilegio es no habérselo ganado.

Es una inmoralidad

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

El Banco de México soltó 8 mil 900 millones de dólares de la reserva federal entre el miércoles y el viernes; 8 mil 900 millones de dólares de los mexicanos; dos millones de dólares por minuto. ¿Para qué?

Para defender al peso frente al dólar y evitar males mayores, explicarán los políticos y especialistas que por una década nos han dicho que la reserva (que ahora debe rondar los 80 mil millones de dólares) no es para inyectarse en la economía, ni para corregir la pobreza, sino para proteger al país.

¿A quién se protegió esta vez? ¿A dónde se fue el dinero?

La mayor parte, lógicamente, a consorcios estadunidenses y europeos con oficinas en México que ordenaron a sus filiales: ¡agarren cuanto dólar puedan, envíenlo ya y difieran pagos! La sobria y cumplidora Procter & Gamble, por ejemplo, anunció a sus acreedores que, en vez de pagar a 30 días, lo hará a 120. La acción de Citibank (dueño de Banamex) cayó 21 por ciento en un mes. Les urgen los dólares.

El diez por ciento del dinero acumulado por una generación de venta de petróleo, turismo y remesas de mexicanos se usó en unas horas para que los CEO de Nueva York, Madrid, Frankfurt no se pusieran más nerviosos. Es una inmoralidad.

Y el peso ni siquiera se acomodó. En este auge global de medidas proteccionistas, ¿no tendría también el presidente Calderón que levantar el teléfono y presionar a las empresas con base en el territorio nacional para que piensen un poco en México?

¡Bah! Los analistas extranjeros dicen que está naciendo un nuevo mundo casi sin que se note, y en él Estados Unidos no será más que una entre varias grandes potencias. Pero nuestro México, por lo visto, como en 1982 o 1994, seguirá viajando en el vagón de tercera.

A superar el anarcocapitalismo

Agustín Basave
abasave@prodigy.net.mx
Excélsior

En más de un sentido 2008 está más cerca de 1989 que de 1929. EU necesita hoy algo más parecido a una perestroika que a un new deal. Es tiempo de rescatar la imaginación, de pensar en grande.

Hace casi dos décadas, contrariado por el ensayo “historicida” de Fukuyama, escribí un par de artículos que pretendían refutarlo. Los titulé “La esperanza de matar a la historia” y “El retorno de la imaginación” y se publicaron en dos espacios ya entonces en vías de extinción: el primero en el Cuaderno de Nexos de marzo de 1990 y el segundo en el editorial de primera plana de Excélsior del 31 de marzo de 1992 (“Eclecticismo…”). En ellos argumentaba que el tránsito de la bipolaridad a la unipolaridad se había dado porque el capitalismo había desarrollado inductivamente sus principios a partir de la experiencia y el marxismo había aplicado deductivamente su credo con una alta dosis de dogmatismo y sin haberlo probado empíricamente. El derrumbe de la Unión Soviética, primer país forjado a imagen y semejanza de una ideología, se lo propinó la rigidez, la disfuncionalidad y la estirpe platónica del socialismo real: si la realidad no se adapta a mi teoría, peor para la realidad. En contraste, un liberalismo económico flexible y pragmático se quedó con las llaves de la flamante aldea global.

Hoy uno de esos papeles se ha invertido: el capitalismo se ha vuelto dogmático y deductivo. Le tomó tan sólo 20 años vaciar sus principios en bronce. Ya sin rival al frente, ensoberbecido por su triunfo, dejó de ser experimentador y se convirtió en predicador. Decretó urbi et orbi que el “dejar hacer y dejar pasar” se convertía en ley inmutable y abandonó su sensata práctica de dejar de hacer lo que deja de pasar. Peor aún, llevó ese decreto a extremos impensados y lo aplicó, con singular vehemencia, al terreno de la especulación. Pasó así del realismo a la ficción. Ahí exacerbó un impulso primario que le es inherente pero que había aprendido a supeditar a su instinto de supervivencia: la avaricia. Se volvió, en su etapa global, tan voraz como lo fue en sus inicios. Digamos que al reencontrarse con un hábitat selvático volvió al estado salvaje. Y es que, tanto en su carácter bárbaro como en su deseo de ganancias fáciles, rápidas y desorbitadas, el capitalismo del siglo XXI retornó a sus orígenes del siglo XVIII.

Con todo, entre 2008 y 1989 hay una diferencia fundamental. Cuando cayó el muro de Berlín había alternativas —se podía elegir entre dos grandes modelos— y ahora no las hay. El fracaso de la URSS y sus aliados dejó a la intelligentsia de izquierda en un marasmo creativo del que aún no sale, y nos dejó a todos con un menú doctrinario de una sola sopa, si acaso con la opción de cocinarla con más especias. En esas estamos: nadie se atreve a dejar el capitalismo para abrir brecha en la nada ideológica. Y sin embargo, es imperativo superar el facilismo de la especulación, privilegiar la economía productiva y reencauzar el desarrollo. No se trata de burocratizar sino de acabar con el caos inmanente mediante la regulación eficiente y por tanto simple de un Estado equilibrador. En todo caso, la disyuntiva está sobre la mesa: aferrarse al anarcocapitalismo realizando ajustes insustanciales o superarlo y empezar a construir un postcapitalismo que desaliente el darwinismo de ruleta e incentive el progreso sustentable de todos.

No es esta coyuntura, pues, igual a la del fin del socialismo realmente existente. Pero tampoco es una crisis cíclica equiparable a las anteriores, como pregonan los templarios de la mano invisible. De hecho, en más de un sentido 2008 está más cerca de 1989 que de 1929. En mi artículo del lunes pasado aludí a Gorbachov y no a Roosevelt porque a mi juicio, y al de gente de la talla de los premios Nobel de Economía Samuelson y Stiglitz, Estados Unidos necesita hoy algo más parecido a una perestroika que a un new deal. No sale sobrando retomar algunas ideas neokeynesianas para salir de la debacle, pero creo que las circunstancias demandan ante todo filoneísmo. En vez de tahúres requerimos apostadores de mira alta, capaces de desmontar el casino y de idear una globalidad incluyente. Es tiempo de rescatar la imaginación, de pensar en grande y de forjar un nuevo molde en la mejor tradición pragmática y desmitificadora del capitalismo vigesémico. Que se haga lo que se tenga que hacer, sin reparar en tabúes, para edificar una economía progresista, una cuyo único criterio válido para medir su progresismo sea el nivel de prosperidad de los miembros más desafortunados de la sociedad.

Puesto que prefiero ser profeta del pasado e historiador del futuro, me voy a limitar a expresar deseos. Hago votos por que de este desastre empiece a surgir un orden mundial multipolar, con un Globo de Bienestar que se apoye en fondos estructurales manejados por instituciones emanadas de un nuevo Bretton Woods, bajo una nueva y democrática organización de naciones. Espero que la transición no provoque más daño prolongando la agonía del neoliberalismo especulativo ni se detenga en la segunda domesticación del capitalismo, sino que avance a una democracia de amplio espectro y a un nuevo sistema económico que logre al fin conciliar libertad individual y justicia social. Porque de lo contrario, de imponerse la rigidez, la disfuncionalidad y la estirpe platónica del anarcocapitalismo, acabaremos mereciéndonos el fin de la historia.

abasave@prodigy.net.mx

El capitalismo decretó que el “dejar hacer y dejar pasar” se convertía en ley inmutable y abandonó su práctica de dejar de hacer lo que deja de pasar. Peor aún, en su deseo de ganancias fáciles, rápidas y desorbitadas retornó a sus orígenes del siglo XVIII.

La SEP abre una esperanza para México

María Elena Álvarez de Vicencio
malvarezb@diputadospan.org.mx
La Crónica de Hoy

La necesidad de que la ética se aplique en la vida pública se ha hecho presente en todas las etapas de nuestra historia y más aún en este momento en el que la crisis económica global tiene también algún sustrato de manejos no éticos, y de especulación de quienes pueden aprovechar la situación para aumentar sus ganancias.

En México se han creado mecanismos perversos de incentivos, los cuales permiten que los beneficios por cometer actos de corrupción sean superiores a los posibles costos relacionados con tales actos. Para obtener dichos beneficios, muchos funcionarios se las han ingeniado para burlar las leyes o para aparentar su cumplimiento. La cultura del sector público ha sido el resultado de la interacción de los incentivos del sistema con los valores de la sociedad.

México dispone de un amplio marco normativo, con instrumentos jurídicos que todavía pueden perfeccionarse, pero que serían suficientes para lograr un nivel aceptable de transparencia y rendición de cuentas en la administración pública, así como para fincar responsabilidades y aplicar las sanciones correspondientes. Sin embargo, a través de la historia se ha demostrado que el marco normativo no ha sido eficaz para impedir que México llegara a tan altos índices de corrupción. La mejor legislación puede ser inoperante si no hay la disposición de respetarla y cumplirla. La corrupción disminuirá en la medida en que la necesidad de obedecer las leyes se arraigue en la cultura popular.

El respeto a la ley y el ejercicio de la denuncia no forman todavía parte de nuestra cultura, por el contrario, las prácticas más comunes son la abstención en el cumplimiento de las responsabilidades ciudadanas y la habilidad para burlar la ley. Ante esta realidad, un suceso reciente viene a dar aire fresco a estos problemas haciéndonos abrigar nuevas esperanzas.

La Secretaría de Educación Pública ha sacado a la luz y enviado a las escuelas los textos para los alumnos de primaria sobre la Formación Cívica y Ética. Estos textos “han sido pensados para el trabajo conjunto de una comunidad escolar que cada día se ve enriquecida por alumnos, docentes, directivos escolares y padres de familia, todo ello con objeto de involucrarlos en la construcción, el desarrollo y el ejercicio pleno de las capacidades ciudadanas que requiere el México de hoy y del futuro”.

“El programa fue desarrollado con la participación de docentes en servicio, directivos y supervisores de educación básica, connotados especialistas académicos y universitarios, además de legisladores, gobernadores y presidentes municipales, así como ciudadanos destacados en muy distintos campos de acción. Asimismo, se incorporaron aportaciones de 20 mil profesores de todas las entidades, como producto de las jornadas de exploración de los nuevos materiales”.

Al finalizar el ciclo escolar se evaluarán los materiales y se harán las adecuaciones que resulten pertinentes para el siguiente ciclo escolar y así en forma sucesiva.

Uno de los propósitos de estos libros es que surja en todos los alumnos el orgullo de ser mexicano y que, como consecuencia, crezca su autoestima y se consolide su identidad.

Un segundo propósito es que los alumnos aprendan a prevenir riesgos; que distingan los cambios experimentados durante su crecimiento y que tengan una postura crítica frente a lo que pueda influir en su vida, cuiden su salud y tomen medidas contra la adicción al alcohol, al tabaco y a las drogas. Además, ofrece pautas de aprendizaje de la libertad, de la autonomía y de la justicia. Orienta sobre la equidad, la discriminación y el cuidado del medio ambiente para que conozcan el beneficio colectivo de la interdependencia sustentada en principios de igualdad y justicia.

Explica los beneficios de los acuerdos y procedimientos democráticos, y muestra la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos como la ley que nos protege y que establece las funciones de los poderes de gobierno. Los textos se proponen que los alumnos conozcan la ley, aprendan a cumplirla, actúen con justicia y comprendan y aprecien la democracia.

Por varias décadas en los programas de educación pública se omitió la enseñanza de valores cívicos y éticos y el resultado ha sido que varias generaciones de mexicanos no aprendieron la verdad, la justicia, el respeto a las personas y a sus propiedades, así como la obligación de cumplir la ley. Tampoco aprendieron a comprender y a apreciar la democracia ni aprendieron a usar la libertad con responsabilidad.

No aprendieron que el conocer y respetar la ley es la base de la democracia y la condición para vivir en paz. Esta realidad es una de las causas por la que nuestro país está colocado entre las naciones más corruptas.

Los nuevos textos orientan a los alumnos a reconocer las ventajas de vivir en sociedad y a relacionarte de forma justa con los demás, conociendo y cumpliendo las leyes. Orientan a resolver situaciones de discriminación; a evitar la intolerancia, a conocer valores, a apreciar la riqueza cultural étnica de México, a respetar y apreciar la diversidad y a tomar conciencia de que forma parte de la comunidad, de la nación y del mundo.

Los valores se arraigan en la conciencia de las personas en los primeros años de su vida, por lo que este programa que se aplicará en la educación primaria nos hace abrigar nuevas esperanzas para México.

La educación viaja en Hummer

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Escándalo que sublima cinismo y corrupción de la profesora Gordillo
Disidentes, con la misma genética, defienden venta corrupta de plazas


El pasado sábado EL UNIVERSAL informó que México es segundo lugar mundial en la compra de camionetas tipo militar, Hummer.

¿Quién compra esos vistosos vehículos, que en promedio cuestan medio millón de pesos...? Nuevos ricos, ciudadanos adinerados, uno que otro político —como Jorge Kahwagi—, señoras que por aquello de la inseguridad confunden las calles de la ciudad de México —y de Nuevo León y Guadalajara— con Bagdad. Algunos distribuidores presumen que las Hummer se venden “como pan caliente” en las regiones de potente presencia del narcotráfico.

¡Pero qué creen...! Hoy la exclusiva camioneta tiene nuevos clientes en México. Y no es clientela cualquiera. No, se trata nada menos que de los exigentes líderes del magisterio, comandados por la dispendiosa jefa del SNTE, Elba Esther Gordillo, quien sorprendió a por lo menos 60 de los jefes de secciones sindicales del magisterio —subordinados de la profesora—, con un regalo que ninguno se atrevió a despreciar: una Hummer modelo 2009, con un valor de casi 500 mil pesos. Es decir, el “regalito” habría significado erogar 30 millones de pesos de las arcas sindicales. ¿O serán de dinero público?

Pero no, que nadie se escandalice. Mal pensados, envidiosos de los siempre responsables y honestos líderes sindicales del magisterio, esos que todo merecen y que, ¡por supuesto...!, todo obtienen de su jefa. Y sólo basta recordar que por allá de 2003 la señora Gordillo regaló —como hoy, a cada uno de sus subordinados jefes de las secciones sindicales— una camioneta. ¿Y por qué o para qué fue el regalo de entonces? Casi nada, “para amarrar” a sus incondicionales en una tarea de largo aliento: la construcción del Partido Nueva Alianza. Es decir, compró las voluntades con un “regalazo” para lograr la construcción del partido de la señora Gordillo —que es lo que sabe hacer, y hace muy bien la profesora Gordillo—, quien meses antes regaló a cada uno de los diputados bajo su liderazgo en San Lázaro —cuando era jefa de los diputado del PRI— una computadora personal.

En Hermosillo, la capital de Sonora —estado gobernado por su aliado Eduardo Bours, presidenciable que cree que será empujado por la señora Gordillo a Los Pinos—, se llevó a cabo durante tres días el 26 Consejo Nacional Extraordinario del SNTE, en el que la profesora Gordillo lanzó un ultimátum a los disidentes y rebeldes profesores de Morelos. En ese mismo Consejo Nacional, la lideresa entregó los “regalos de lujo” a sus líderes subordinados —las Hummer del escándalo—, y en el extremo del cinismo lanzó una grosera advertencia al Congreso: movilizar a 100 mil maestros, si no le entregan a la Alianza para la Calidad de la Educación 8 mil millones de pesos, vía presupuesto.

En lo que parece la sublimación del cinismo y la corrupción del cuestionado liderazgo vitalicio del SNTE, la profesora Gordillo enseñó de nueva cuenta el secreto de su control sobre el magisterio: precisamente el cinismo y la corrupción. Es decir, comprar las voluntades, al precio que sea, y someter políticamente, por los medios que sean.

Cuando en el Consejo Nacional de Hermosillo la señora Gordillo blandió sus armas preferidas, la corrupción y el cinismo, y cuando anunció una movilización multitudinaria para apoyar el mayor presupuesto posible para la Alianza para la Calidad de la Educación —que confirma la alianza Gordillo-Calderón—, en realidad el mensaje que pretende enviar es el de su fuerza y control sobre el destino del SNTE. “Aquí estoy”, parece decir. Pero ratifica que es y seguirá siendo aliada de Calderón. Alianza que ya es un lastre para el alicaído gobierno federal y sobre todo para el perdidoso partido azul. Sí, el de la señora Elba Esther Gordillo es un liderazgo harto cuestionable.

Por eso, el escándalo “de las Hummer”, con seguridad dará todo el parque a los malquerientes de Elba Esther Gordillo, quienes seguramente contrastarán la corrupción y el cinismo de “la profesora” con la lucha titánica y casi sobrehumana que empujan los maestros disidentes de Morelos. Maestros pobres que luchan contra esa corrupción.

¿Pero qué no es la corrupción de la venta de plazas, la corrupta negativa a someterse a evaluaciones, lo que defienden los maestros? ¿Qué no es esa la lucha de los corruptos disidentes, el otro extremo del cinismo y la corrupción del magisterio? Unos, los aliados de Gordillo, defienden las Hummer; mientras que los otros, los rebeldes de Morelos, defienden la impunidad en la venta de plazas, la mediocridad educativa como cultura magisterial y sindical. Les guste o no a las partes, a quienes sin autocrítica justifican la rebelión de Morelos, la señora Gordillo y los disidentes tienen la misma genética: el cinismo y la corrupción. Pero muchos prefieren no ver.