octubre 20, 2008

Sigamos igual, por favor

Román Revueltas Retes
rrevueltas@milenio.com
Interludio
Milenio

Generaciones enteras de mexicanos no conocen otra cosa que la crisis económica. Llevamos años y años de magro crecimiento, de oportunidades perdidas, de desempleo orgánico mañosamente encubierto por las extrañas mediciones del Inegi y de pobreza generalizada. Islandia, que ahora está en total bancarrota, disfrutó por lo menos un esplendoroso período de bonanza mientras que aquí no tenemos siquiera el recuerdo de prosperidades que pudieran mitigar la catástrofe que se nos viene encima. Afortunados sean aquellos que han pagado ya la hipoteca para que, en estas épocas de despidos y “ajustes” laborales, puedan por lo menos conservar el techo en vez de perderlo todo, el dinero ya pagado al banco y la casa donde vive la familia.

La economía mundial se volvió ficción pero las consecuencias de las fantasiosas aventuras de los financieros son tan concretas, e inmediatas, como la imposibilidad de llegar a fin de mes o de pagar las colegiaturas. Alguna gente cree que un país que ya tiene puesto el freno de mano no puede caer mucho más bajo. La realidad, sin embargo, nos enseña que todo puede siempre estar peor. Finalmente, en los últimos tiempos, a pesar de los mediocres índices de crecimiento debidos a la mezquindad de nuestra clase política, comprábamos coches y casas, íbamos al cine los fines de semana y nos pagábamos, por ahí, un viajecito al extranjero. Hablo, naturalmente, de las clases medias de este país porque los demás, los millones que no consumen y no compran porque no tienen con qué, seguirán igual. Con el agravante, encima, de que la Tierra Prometida no sólo cerrará sus puertas sino que enviara de vuelta a aquellos que ya habían comenzado a disfrutar el “sueño americano”.

Bueno, un país que no puede ofrecer bienestar durante largas décadas a sus habitantes ¿no es un país que debería de comenzar a preguntarse sobre la urgentísima necesidad de cambiar? Pues no. En México, los dogmas son más importantes que los provechos. Y, por lo visto, seguiremos sin aprender.

Padecemos la obra del PRI

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Nos dice Beatriz Paredes que México está urgido de que el PRI vuelva a la Presidencia porque ya está claro que nadie más puede con el paquete. Estamos viendo un torvo juego de priistas del PRI y priistas del PRD para hacer realidad ese diagnóstico. Los vemos impedir cuanta acción propone el gobierno encabezado por otro partido: ¿reforma fiscal? No, aunque rebaje el IVA de 15 a 10 por ciento. ¿No son los perredistas de hoy quienes, como diputados priistas, aplaudieron el incremento de 10 a 15? Los mismos que, al festejar su triunfo, nos hicieron la señal que significa “ya nos los cogimos”.

El PRI creó el sistema sindical que agobia a Pemex, a la educación y a la producción de electricidad. En afán de conservar clientela electoral aceptaron aberraciones como la jubilación antes de los 50 años, posible en el IMSS y en el ISSSTE, dejando la carga de jubilados tan en plenitud de sus fuerzas a las generaciones del futuro… que ya llegó y lo estamos viviendo.

Fue el PRI quien creó la compra-venta de plazas en Pemex que hace de esta petrolera una de las más ineficaces del mundo en términos de producción por número de empleados. Fue un presidente priista, Echeverría, quien inició la debacle económica del país cuando se propuso curar con dinero a manos llenas la herida abierta en 1968 por otro presidente surgido del PRI. Solamente el PRI, en el mundo entero, logró crear un sistema de refinerías de petróleo que pierde dinero.

El vicioso sindicalismo mexicano era necesario para la persistencia del PRI en el poder. Para ganar aquel presente (que hoy es pasado) hipotecaron el futuro (que hoy es presente). Para conservar su hegemonía, el PRI pagó a cualquier precio la lealtad en las elecciones, sus corporaciones le daban triunfos en las urnas a cambio de cheques a pagar en este siglo, y así admitió electricistas que se reparten entre ocho el trabajo de uno, pero cobran los ocho; maestros que, ahora nos enteramos, crearon la costumbre de vender su plaza, rentarla o heredarla. Tan acostumbrados están que lo gritan por las calles cuando debería ser una práctica vergonzante.

¿No veía el PRI el daño profundo que causaba al país esa forma de asimilar clientela política? Es posible, pero cada presidente esperaba que otro, el sucesor, pudiera maniobrar la papa caliente que le caía en las manos. Y así, desde Obregón hasta Zedillo, los intereses sobre los intereses crecieron. Ya es normal cerrar carreteras, cobrar “para el movimiento” en las casetas de cobro, bloquear avenidas completas. Y si la policía interviene, es represión injusta. Es la herencia maldita del PRI y sólo del PRI.

Cuando las demandas de un gremio no podían ser satisfechas, o no quería satisfacerlas el gobierno priista porque la dirección no era del PRI, sus gobiernos no se arredraban para repartir palos: en la última mitad del siglo pasado a ferrocarrileros, maestros, médicos, estudiantes, campesinos. De inmediato el PRI y su prensa los transformaban en agentes de la reacción, en esquiroles de la Revolución, enemigos del pueblo: la misma oratoria de todos los regímenes autoritarios, sea el soviético, el cubano, el chino o el mexicano.

Y ahora, con esa cara dura, nos vienen a decir que en escasos ocho años ya deberíamos habernos convencido de que sólo el PRI nos puede gobernar. Apuestan a la desmemoria. Pero todos sabemos quién nos acostumbró a que sea normal la patanería e insolencia de los diputados: el PRI; que sea normal la riqueza fastuosa de quien preside un sindicato, como el de maestros, con bajos salarios: el PRI. Si alguna riqueza hay inexplicable es la de Elba Esther Gordillo, la de los líderes sindicales petroleros y mineros. Esa estructura corporativa es la obra maestra del PRI.

El más grande error de Fox fue haber dejado intacta esa estructura y suponer que la había dinamitado a fuerza de chascarrillos. El PRI es necesario para gobernar mientras el PAN no tenga mayoría en el Congreso. Pero no a cualquier precio. No al de doblegarse una y otra vez ante quienes, ya se ve, están apostando a meter zancadilla al corredor para que la gayola pida por aclamación el regreso del PRI. No sería la primera vez que ocurra en nuestra historia: ya alguna vez la capital recibió entre arcos triunfales al dictador Santa Anna, aunque hubiera perdido desde California hasta Texas y se hubiera proclamado “alteza serenísima” en una corte enloquecida. Volverá el PRI como volvió Santa Anna.

El temor de las élites

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Finalmente, en unos días más tendremos reforma energética. Será, como las anteriores, una reforma negociada, distinta de las aspiraciones de cada uno, pero aceptable para todos. Cada quien ganará lo que supo ganar, con su estrategia, sus votos en el Congreso, sus decisiones.

La actual Legislatura es histórica. Desde que Benito Juárez subordinó al Congreso, México no tuvo un Legislativo independiente hasta que en 1997 el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. Sin embargo, ha sido hasta ahora cuando el Congreso ha logrado constituir una mayoría estable que ha sacado adelante cambios profundos en cuestión electoral, pensiones, reforma fiscal, penal y ahora petrolera. Es decir que ésta es la primera Legislatura de una nueva manera de gobernar, o dicho de otra forma, de un régimen nuevo, aunque sea incipiente.

Ahora bien, si la coalición es un gran avance, ¿por qué entonces las reformas no tienen la profundidad requerida? La respuesta está en las fuerzas políticas que disputan el poder en México. Aunque hay tres partidos grandes, en realidad hay sólo dos grandes ideas detrás. Una es el retorno al régimen de la Revolución, a su sociedad orgánica y corporativa, al líder poderoso, a la justicia por encima de la ley y a la economía cerrada. La otra es el cambio hacia una democracia liberal, necesariamente individualista, obligadamente capitalista, en la que no hay líder poderoso ni certeza del futuro.

Estas dos ideas atraviesan todos los partidos, aunque tengan mayor presencia en alguno de ellos, y son las dos ideas sobre las que la población construye su visión del México que quiere. Unos prefieren la certidumbre de la dependencia y subordinación, otros la autonomía que implica riesgo. Pero esto no parece ser entendido ni por los políticos, ni por los medios de comunicación. Nuestra interpretación de la realidad se sigue haciendo con las herramientas que conocíamos, y con una superficialidad absoluta, aunque a veces no lo parezca. Los lugares comunes del neoliberalismo, del papel del Estado y el mercado, del conservadurismo reaccionario y el liberalismo nacionalista, son etiquetas absolutamente vacías en el México de hoy.

Aunque no nos guste la idea, las únicas posibilidades de México son el retorno a un régimen autoritario, nacionalista, cerrado e incompetente, o el paso a una democracia liberal, capitalista, abierta e incierta. La indecisión, el absurdo intento de combinar estas dos posibilidades, lleva ya 20 años demostrando su inutilidad. Pero es que políticos y comunicadores tienen miedo de reconocer cuán grande fue el fracaso del régimen de la Revolución. El miedo a la libertad, pues, la cobardía…

Legalización de las drogas y sus asegunes

Cecilia Soto
Excélsior

Precisamente porque cada ser humano es potencialmente un bien precioso para la sociedad, hay leyes para que éste pueda decidir responsablemente cómo hacer uso de su cuerpo.

Tres son los argumentos más socorridos para impulsar la legalización del consumo de drogas: la libertad del individuo para hacer con su cuerpo lo que le pegue en gana, los mecanismos de formación de precios según las leyes de la oferta y la demanda y la evidencia histórica que demuestra que desde hace miles de años se consumen drogas. Si el mundo fuera como el papel que está usted leyendo, en blanco y negro, estos argumentos serían de sobra atendibles: en efecto, es nuestro cuerpo y mientras no hagamos daño a los demás, podemos convertirlo en lienzo con los tatuajes, pincharlo con los piercings y expandir placentera o asustadoramente la frontera de nuestros sentidos con la mariguana. El argumento de la oferta y la demanda reza que en cuanto haya una libre oferta de las drogas, se va a desplomar el precio y por tanto se acabará el negocio para los narcotraficantes y que, en cambio, será el libre mercado el mecanismo que regule este comercio.

Por supuesto, es difícil hablar o proponer la legalización de las drogas o de algunas, si no se supone que esto sería extensivo para Estados Unidos. En la actualidad hay una diferencia de tres años entre la edad permitida para consumir alcohol y fumar en México, a partir de los 18, y en Estados Unidos, a los 21. Esa diferencia incentiva que durante los fines de semana y especialmente durante las vacaciones primaverales nuestras poblaciones fronterizas y muchas de las playas mexicanas se conviertan en cantinas para los adolescentes de ese país. Pero vamos a suponer que la legalización se logra en ambos lados de la frontera.

Los asegunes comienzan con el primer argumento, ¿nuestro cuerpo es totalmente nuestro? Sí y no. Lo es y en la práctica podemos hacer lo que nos plazca con él, ¿pero por qué la sociedad y las diversas religiones promueven un trato cuidadoso hacia nuestro cuerpo? Una de las razones es sencilla: para existir y preservarnos dependemos no sólo de nosotros ni nada más de nuestros padres, sino de la sociedad como un todo. Podemos destruirlo sin aparentemente hacerle daño a terceros, pero con la pérdida de nuestros talentos y capacidades, la sociedad (“los terceros”) pierde como un todo. Más aún, se ha comprobado médicamente que el consumo reiterado de algunas drogas, incluidos el alcohol y la mariguana, afectan a los hijos que se engendren durante el periodo de adicción. La mariguana daña, en forma visible al microscopio electrónico, la estructura química del espermatozoide. Entre los daños comprobados está el de una mayor tendencia/dependencia hacia ciertas drogas en los hijos de los adictos. ¿No viola esto la libertad de elección del hijo por venir?

Bajo el efecto del consumo de la mariguana, un conocido mío atropelló y mató a cinco personas: una madre y sus cuatro hijitas que esperaban en una parada de camión. Muchas de las víctimas de asaltos y violencia atestiguan que los atacantes estaban visiblemente drogados. ¿Cómo asegurar que quienes pudieran consumir mariguana lo hicieran con moderación y no causaran daños a terceros? ¿Además de alcoholímetros tendríamos que tener “motímetros”, etcétera?, ¿tendríamos que exigir que sólo se consumieran drogas bajo la responsabilidad de otra persona que no se drogara, el equivalente al “conductor designado”?

Precisamente porque cada ser humano es potencialmente un bien precioso para la sociedad, hay leyes para que éste pueda decidir responsablemente cómo hacer uso de su cuerpo. Si quiere fumar o beber, podrá hacerlo hasta después de los 18 años, cuando se supone que deberá tomar una decisión más o menos informada. Esto viene a matizar y multiplicar los asegunes para el segundo argumento: el de las leyes del mercado, cuya imperfección escandalosa tiene al mundo financiero y a la economía real al borde de una reescenificación de la depresión de 1929, pero en escala planetaria. Resulta interesante que muchos de los críticos del capitalismo salvaje, que reconocen la necesidad de que el Estado modere y regule los mecanismos del mercado que por sí mismos han llevado una y otra vez a catástrofes financieras, piensen que, en el ámbito de la oferta y la demanda de drogas, las leyes sí funcionarán a la perfección.

De legalizarse las drogas, se tendrían que poner límites de edad. Esto originaría cuando menos dos consecuencias: por una parte, se crearía un incentivo para proveer de drogas ilegalmente a este sector de niños y adolescentes, precisamente el más vulnerable de la sociedad, con lo que la delincuencia no sólo no estaría del todo inactiva sino que, expulsada del mercado “grande”, tendría un mayor incentivo para atacar el mercado más joven. Por la otra, se daría un mensaje simbólico muy problemático a los jóvenes: ser adulto es no solamente poder beber y fumar sino además poder drogarse.

Es cierto, siempre habrá un porcentaje de personas que decidan drogarse. Entiendo los argumentos de quienes están a favor de la legalización pero, al reflexionar sobre las dificultades prácticas de su implementación, veo más problemas y riesgos que beneficios.

¿Qué hace el Instituto Nacional de Migración?

María Elena Álvarez de Vicencio
malvarezb@diputadospan.org.mx
La Crónica de Hoy

Vivimos en el siglo de las migraciones y la globalización las ha hecho casi obligadas. Cada día más personas abandonan sus países en busca de oportunidades que mejoren su calidad de vida. Cada país, de acuerdo a sus circunstancias, establece sus políticas migratorias con el objeto de satisfacer sus necesidades y minimizar los riesgos.

Desgraciadamente, la migración en la actualidad no sólo se da para buscar lícitamente mejores oportunidades de vida; hay migrantes cuyos propósitos pueden ser el tráfico de drogas, de armas, o el contrabando en general, incluso pueden tener propósitos terroristas. Es por todo esto que la atención a los procesos migratorios se considera un asunto de seguridad nacional.

México reúne todas las características de los flujos migratorios: la internación, la salida, el regreso y la estancia; pero también es territorio de origen, tránsito y destino de migrantes. De enero a agosto de 2008 se documentó la entrada al país de más de 16 millones 930 mil personas; la mayoría vino en calidad de turistas y poco más de 285 mil extranjeros entraron al país como visitantes de negocios, cifra mayor al mismo periodo del año anterior. Más del 58 por ciento ingresó por aeropuertos, siendo el de la ciudad de México el de mayor flujo; además, 32 por ciento lo hicieron por puertos marítimos, Cozumel fue el de mayor recepción, y 9.7 por ciento entraron por puntos fronterizos terrestres.

El Instituto Nacional de Migración es una entidad que facilita los flujos migratorios de manera eficiente y honesta, con apego a las leyes y con pleno respeto a los derechos y a la dignidad humana, para favorecer el desarrollo y la seguridad nacional. Tiene además la función de repatriar a los indocumentados que ingresan a nuestro país, por los puntos de cruce informal que existen a lo largo de más de mil kilómetros de la frontera sur, en los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche y Quintana Roo, así como la repatriación, desde la frontera norte a sus estados de origen, a los mexicanos indocumentados que intentan, sin lograrlo, ingresar a los Estados Unidos.

Entre los indocumentados hay un número considerable de niños que viajan solos, razón por la cual la institución tiene una red de albergues, no sólo para adultos, en las fronteras norte y sur.

En 2007 se repatriaron 120 mil personas y en 2008 se han registrado 406 mil 394 eventos de repatriación de mexicanos de Estados Unidos, y es en la delegación de Baja California donde se concentra el 47 por ciento de los mexicanos repatriados. De enero a agosto de 2008 se han rechazado a 1,145 extranjeros, 30 mil 646 fueron asegurados y 26,808 se expulsaron del territorio nacional.

El avance de la globalización, la ampliación de los aeropuertos, la incorporación de líneas para pasajeros frecuentes, los ingresos de viajeros en los nuevos puertos y los filtros en la frontera sur, además de la presencia de agentes migratorios en todos los filtros instalados en los aeropuertos del país, durante las 24 horas del día, así como la atención a los extranjeros en los trámites que deben realizar durante su estancia en nuestro país, obligan al instituto a agilizar los procedimientos para autorizar las solicitudes de internación. Todo esto da como resultado un aumento exponencial en la demanda de servicios al instituto.

Los trámites y servicios que presta este órgano, deberán realizarse con una gran responsabilidad ética. Con relación a este aspecto, en 2007 fueron cesados 120 elementos por actos deshonestos. Es un área de atención muy vulnerable que se puede prestar a la discrecionalidad y al soborno, por lo que se requiere una vigilancia estricta del personal y de todos los procesos.
El Instituto Nacional de Migración creó en 1990 el Grupo Beta de Protección al Migrante, cuyo objetivo es la protección y defensa de los derechos humanos de los migrantes, así como su integridad física y patrimonial, sin importar la nacionalidad ni la condición de documentados o indocumentados.

El desempeño de este organismo puede ser impulso para el crecimiento, pero también obstáculo para la seguridad y el desarrollo de la nación. Es muy importante que desde el primer momento de su llegada a nuestro país, se dé una buena imagen a los turistas y a los visitantes que vienen con fines empresariales. Es un reto acortar el tiempo en los trámites migratorios y ofrecer servicios de calidad y calidez.

La dependencia requiere además tener comunicación eficaz con la red consular en el mundo, a través de herramientas tecnológicas modernas, así como la integración de bases de datos con otras dependencias para facilitar consultas y optimizar las infraestructuras.

El Instituto Nacional de Migración necesita aumentar sus recursos humanos y materiales, de acuerdo al incremento de las demandas, para que la presencia de la autoridad migratoria atienda, controle y supervise la entrada de extranjeros a nuestro territorio cualquiera que sea el motivo o la forma de ingreso.

En la asignación del próximo Presupuesto Federal se deberán tomar en cuenta estos requerimientos del Instituto Nacional de Migración sin olvidar que parte de la Seguridad Nacional y de la buena marcha de áreas estratégicas, dependen de su eficiente desempeño.

Carlos Fuentes

Jacobo Zabludovsky
Bucareli
El Universal

Nunca en mi vida he visto un país tan difícil como México en este momento”, dice Carlos Fuentes.

Al cumplir 80 años, Fuentes es, además del escritor mexicano más leído, no poca cosa, uno de los intelectuales más solicitados en el mundo para conferencias, encuentros, mesas redondas y lecciones magistrales. Y de los más premiados. El rey de España le entregó hace ocho días el primer Premio Internacional Don Quijote de la Mancha. El jueves inauguró los cursos de la Universidad de Alcalá de Henares y después, con el rey, el foro de América. A ese ritmo seguirá en España, donde es figura popular, hasta el lunes próximo con una plática en la Casa de América, pequeña para recibir a quienes no se la quieren perder.

Como en una rendija de su agenda, presentó esta semana en Madrid su última novela, La voluntad y la fortuna. Evoca para Bucareli la primera, La región más transparente, aparecida hace 50 años. “Incorporé por primera vez a la ciudad en la novela mexicana, que estaba muy ocupada todavía de la Revolución. Había dos grandes novelas que culminaron el tema, digamos, del campo, que eran Al filo del agua de Yáñez y Pedro Páramo de Rulfo, yo creo que la mejor que se ha escrito en México, pero dije caramba, después de esto no se puede uno acordar ya de la Revolución, de los campesinos, de los caciques, del campo y ¿quién se ocupa de la ciudad de México como protagonista de la novela? Ese fue mi impulso cuando tenía 25 años; escribir una novela en la que la ciudad de México fuera protagonista y he seguido con esa obsesión como te lo demuestra La voluntad y la fortuna que vuelve a ser urbana. Los personajes no son retratos sino prototipos inventados por mí que toman de aquí y de allá rasgos de personas vivas pero no se basan en nadie en particular”. Le pregunto qué escribe ahora. “Mira, tengo ya otra novela terminada, se llama Aquiles el guerrillero y el asesino, que pasa en Colombia. Cuento la historia de Carlos Pizarro, un joven de la clase media que fue la cabeza de una guerrilla en los años 80 cuando la guerrilla fue penetrada por el narco, la abandonó para hacer política en su país, fue candidato a la presidencia y fue asesinado en un vuelo de campaña por un joven sicario que salió del baño y lo mató a tiros. Enseguida las guardias de Pizarro, que no supieron protegerlo, mataron a este muchacho de 17, 18 años y encontraron en su zapato, imagínate Jacobo, qué cosa tan terrible, una nota que decía: no se olviden de pagarle a mi mamacita los dos mil dólares que me prometieron, dos mil dólares le costó la vida a este chico”.

¿Cómo ves a México en este octubre borrascoso? “Los desafíos del narcotráfico son enormes para nuestro país y no sé bien cómo se van a atacar, cómo se van a resolver. Yo digo de broma que llamaría a la policía alemana para que pusiera todo en orden. Quizá pediría al presidente Calderón que hable con el presidente Obama y se den cuenta de que el problema del narco es bilateral, lo compartimos México y Estados Unidos y no es, como ha pensado Bush, un problema que sólo México le crea a Estados Unidos. Finalmente, Jacobo, los grandes capos no son estos pequeños capos mexicanos, están en Estados Unidos.

Los bancos lavan el dinero y quienes reciben los grandes beneficios son gente que no conocemos, no sabemos quiénes son. Esto hay que arreglarlo, combatirlo mediante un acuerdo fundamental entre los dos jefes de Estado, el de México y Estados Unidos. En cuanto al crimen y a la peligrosidad en nuestro país, yo creo que debe haber un gran programa, muy parecido, sabes, al de Franklin Roosevelt en los años 30, el ‘nuevo trato’. Quiere decir: tenemos en México mano de obra barata que seguramente ya no va a ir a Estados Unidos porque nos van a cerrar la frontera. Tenemos que emplearla en México y necesitamos que haya infraestructura, puentes, carreteras, renovación urbana, escuelas y hay mano de obra abundante para hacerlo y no dejarnos hundir en la crisis económica”. Carlos, acabas de nombrar presidente a Barack Obama, ¿no quieres esperarte a que se realicen las elecciones en Estados Unidos? “No, ya no, ya no, creo que es un hecho a menos que Dick Cheney invente alguna trampa por ahí. Yo creo que Obama ya es el presidente para fortuna del mundo, porque es un hombre muy inteligente”. ¿Y por qué hablas del vicepresidente Cheney como tramposo? “Porque es un diablo, es un hombre malvado que siempre está inventando alguna cosa y además es un mal tipo, le tirotea a sus compañeros de caza, acaba tiroteándolos en vez de tirotear a los ciervos, es muy peligroso Cheney”.