octubre 21, 2008

'TEMEX' por Paco Calderón

Nos llevan a todos entre las patas

Román Revueltas Retes
rrevueltas@milenio.com
Interludio
Milenio

Cuando el PRI retorne al poder, una perspectiva que parece muy posible si el gobernador Peña Nieto le gana la partida al tenebroso señor Beltrones, se encontrará con los mismos problemas que actualmente tiene el Ejecutivo para gobernar, a saber, un sistema corrompido hasta la médula que compromete la viabilidad misma del Estado mexicano.

Fueron ellos, los priistas –como bien dice mi amigo Luis González de Alba en su columna de ayer— quienes criaron a los cuervos que ahora nos están sacando los ojos: esos grupos clientelares a los que había que dar gusto y complacer a punta de perniciosas canonjías para asegurar su lealtad en las elecciones; esos usos y costumbres, muy dañinos también para la vida pública, que perpetuaban la ancestral ineficiencia de la Administración; esas prácticas de extorsión encubierta enclavadas en la burocracia; esos reglamentos que contravienen escandalosamente el sentido común; etcétera, etcétera…

Podríamos decir, entonces, que estamos viviendo una especie de sexenio perdido –un triste y lamentable compás de espera propiciado arteramente por los propios priistas y sus clones del Perredé— para que nada pueda realmente funcionar en este país hasta que, en un futuro que está ya a la vuelta de la esquina, retornen los autores materiales de este engendro que es el México contemporáneo, un escenario de pavorosas desigualdades y de criminales inercias. La apuesta de la patriótica oposición mexicana es el fracaso puro y simple de los regímenes de la alternancia.

Una vez que estén ahí, sin embargo, les tocará su ración de realidad inmanejable, su cuota de problemas insolubles y su porcentaje de agobios insoportables. Uno, con toda lógica, pensaría que ésa sería una buena razón para que trataran de cooperar en estos momentos con los que están al mando y mitigar así las broncas que les esperan. Pues no. Su apuesta es estorbar, joder, entorpecer, obstaculizar. Aunque nos vayamos luego todos al despeñadero.

El fetiche del IFE

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Después de las elecciones federales de 1997 y las de 2000, los mexicanos comenzamos a venerar al Instituto Federal Electoral (IFE). Lo considerábamos como una institución modelo que había permitido la transición a la democracia. Sin menospreciar el papel que jugó el IFE en este proceso histórico, hay que recordar que la oposición ganó esos comicios de manera contundente y que el partido gobernante, en particular el presidente Zedillo y el candidato presidencial priista, Francisco Labastida, reconocieron las victorias opositoras y respetaron los resultados.

La historia del IFE hubiera sido muy diferente si el 2 de julio de 2000 hubiera ganado Labastida a Fox por menos de un punto porcentual que fue exactamente lo que ocurrió en 2006, es decir, el candidato del partido gobernante ganó por un margen de 0.58 por ciento. Otro hubiera sido el destino del IFE si Fox hubiera desconocido los resultados de los comicios argumentando que hubo un gran fraude producto de una vasta conspiración en la que estaban incluidos las autoridades electorales, como efectivamente sucedió con López Obrador en 2006.

En su nuevo libro,Luis Carlos Ugaldecuenta cómo vivió la polémica elección de 2006. Desde su designación como consejero presidente hasta el día que renunció, pasando por las campañas, el 2 de julio y el conflicto poselectoral. Muchas conclusiones se pueden sacar de la lectura de Así lo viví que incluye un capítulo final con reflexiones de cómo mejorar nuestro sistema electoral.

En lo personal, lo que más me gustó de este libro es la evidencia del mal diseño institucional del IFE. Resulta una extraordinaria institución cuando los resultados son contundentes y los actores políticos aceptan los resultados. Es, sin embargo, una institución muy vulnerable para una elección cerrada donde los jugadores están dispuestos a desconocer los resultados.

Está mal, por ejemplo, el proceso de designación de los consejeros, incluido el presidente. Ugalde narra cómo llegó a serlo después de un proceso absurdo y desordenado de rebatiña política entre los partidos. No es posible que el consejero presidente del IFE se entere unas cuantas horas antes de que él será el elegido sin estar preparado, profesional y emocionalmente, para ello. Peor aún es que uno de los tres grandes partidos se quede fuera de las negociaciones y, al hacerlo, mantenga el derecho de descalificar las decisiones de la autoridad electoral si los resultados no le favorecen.

El recuento de Ugalde es fascinante porque, desde su llegada, comienzan las presiones de los partidos. Jorge Emilio González lo amenaza para que el Consejo General apruebe los estatutos del Partido Verde. Manlio Fabio Beltrones le solicita que nombre a su concuño como contralor del Instituto. Felipe Calderón le reclama no tener derecho a retirar las campañas negativas en contra de AMLO. El presidente Fox lo presiona para dar los resultados del conteo rápido la noche del 2 de julio. Elba Esther Gordillo le exige que proclame vencedor de los comicios a Calderón en aquella jornada. Manuel Camacho, Horacio Duarte y Ricardo Monreal lo amedrentan para que el IFE abra todos los paquetes electorales sin justificación jurídica alguna. A diestra y siniestra, los jugadores presionan al árbitro para que éste, en lugar de cumplir la ley que los partidos mismos se han dado, les haga favores especiales.

Después de leer este libro, me quedo con la impresión de que el IFE es hoy en día un fetiche que vive de las glorias de 1997 y 2000 pero que, en 2006, enseñó un sinnúmero de fallas en su diseño institucional. No es sano que los entes regulados (los partidos) elijan al ente regulador (el IFE). Tampoco que los jugadores presionen al árbitro para que les arbitre a modo la competencia. Mucho menos que los partidos remuevan a los consejeros porque están enojados con ellos. Esa es la historia que narra Ugalde en Así lo viví. Se trata, por eso, de un testimonio invaluable.

Crisis de confianza

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
Economía Informal
El Universal

Ya estamos en la quinta semana de la crisis financiera global iniciada en Estados Unidos, pero que con fuerza similar viene también de Europa

En ambos lugares, la causa próxima es la burbuja inmobiliaria, que no nada más afectó al país vecino, sino que alcanzó niveles de locura en Inglaterra y España. La causa detrás es un exceso de gasto de la población en esos países, que en Estados Unidos se reflejaba en un déficit de cuenta corriente de más de 6% del PIB, pero que en España llegó hasta los dos dígitos.

Una vez iniciada la caída de precios de los bienes raíces, hace dos años, empezaron las faltas de pago de las hipotecas, que hace un año se convirtieron en un problema por primera vez. Sin embargo, es hasta mediados de este año cuando eso se convierte en un problema de pagos en el sistema financiero, porque las instituciones que habían ofrecido pagar cuando los deudores no lo hicieran vieron multiplicadas sus obligaciones, y no pudieron enfrentarlas. Ésa es la crisis de los credit default swaps (CDS) que hace unas semanas le comenté aquí mismo.

Esa crisis es la que inicia con la caída de Bear Stearns, y llega a su clímax en el fin de semana del 13 y 14 de septiembre, cuando Lehman Brothers enfrenta una situación similar (si bien más grande) y el gobierno de Estados Unidos decide no hacerse cargo. La quiebra de Lehman pone a todo el sistema en problemas, empezando por AIG en ese mismo fin de semana, pero siguiendo por todas las instituciones financieras no bancarias en Estados Unidos, y en el resto del mundo. Ésta es la crisis que inicia su quinta semana.

Como puede usted ver, se trata de fenómenos diferentes, todos encadenados, pero que exigen diferentes interpretaciones. Hay una burbuja inmobiliaria y después una crisis de hipotecas; luego viene una crisis de pago alrededor de los CDS, pero lo que todo mundo ha visto, la crisis del 15 de septiembre en adelante, es ya una crisis de crédito, es decir, de confianza, a través de todo el sistema. Ésa es la razón por la cual la caída sólo se detuvo cuando apareció un liderazgo que restaurara un poco esa confianza perdida.

El liderazgo no podía venir de Estados Unidos, en donde el presidente es rechazado por cuatro de cada cinco ciudadanos, ni de su secretario del Tesoro, que dio inicio a la crisis y propuso un plan de rescate absurdo (muy diferente del que finalmente se aprobó, aunque la cantidad sea la misma, 700 mil millones de dólares). Tampoco pudo venir de la Unión Europea (UE), que se reunió en el primer fin de semana de octubre para señalar a Estados Unidos como el causante de la crisis, sin ver las tremendas vigas que traían encima. Pero el 8 de octubre, Gordon Brown, el primer ministro británico ofreció un paquete de rescate más serio (construido con pedacitos de todas partes, como bien dice The Economist esta semana), al que se sumó la UE el fin de semana siguiente y nos ha permitido una semana de tranquilidad, todo lo relativa que quiera.

Esta crisis de confianza no ha terminado, ni mucho menos, pero la idea de Brown ha sido de gran utilidad para evitar que la espiral descendente continuara. Sin embargo, es necesario que sea Estados Unidos el que recupere el liderazgo, por el tamaño de su economía y la dependencia de que de ella tienen los países con más crecimiento en el mundo, como China. Si Estados Unidos no muestra una dirección clara, y razonablemente buena, entonces el mundo entero seguirá en la incertidumbre, y poco a poco entrará en pánico. Y es que no existe la posibilidad de que funcione la economía global sin crédito. Y los ignorantes que creen que esta crisis nada más le cuesta a los ricos, no tienen la menor idea de lo que dicen.

Estados Unidos no estará en capacidad de tomar la estafeta sino hasta después del 4 de noviembre, cuando decidan quién será presidente de esa nación. Pero incluso entonces, habrá que actuar de manera muy diferente a lo normal. Tradicionalmente, el presidente electo no decide nada sino hasta que toma posesión, el 20 de enero, pero no creo que esperar 45 días en las condiciones actuales sea una buena idea. Es muy probable que el ganador de la elección en Estados Unidos sea el senador Barack Obama, y sería muy bueno que, inmediatamente, señalara a quien será responsable del Tesoro. Hay insinuaciones de que se trataría de Warren Buffet, el mago de Omaha, lo que sin duda sería una señal muy apreciada por los financieros de todo el mundo. Pero lo importante es que, con toda la celeridad posible, se estableciese el rumbo que tomará la economía más grande del mundo.

Porque el problema, le reitero, es de confianza, y no hay sociedad humana que sobreviva a eso. Un buen ejemplo es la nuestra, que ya prácticamente hemos destruido, precisamente por nuestra incapacidad para generar confianza.

Así que habrá volatilidad e incertidumbre, hasta el 4 de noviembre, o hasta el 20 de enero. Ni modo.

López Obrador, Calderón, el PRI y el artículo 61

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

La iniciativa de Calderón ha sido derrotada y la del PRI, acotada, le dijeron desde hace días a Andrés Manuel López Obrador sus más sobresalientes asesores en materia petrolera. Parece que tienen razón: de la propuesta para reformar Pemex que el presidente Calderón envió en abril al Congreso no quedaría mucho. Y de lo que los priistas proyectaban entonces, tampoco.

Si el cálculo (o la víscera) no le falla, López Obrador podrá cantar victoria esta tarde, o mañana, o pasado. El artículo 61 del proyecto de decreto de la nueva Ley de Pemex, que es la esencia de la reforma, le estaría dando la razón.

El 61 establece que Pemex y sus organismos subsidiarios podrán celebrar con personas físicas o morales contratos de obras y de prestación de servicios, pero severamente restringidos por el artículo 6 de la Ley Reglamentaria del 27 Constitucional. Los contratos se sujetarían, entre otras limitantes, a:

Mantener, en todo momento, el dominio directo de la Nación sobre los hidrocarburos. No conceder derecho alguno sobre las reservas petroleras. Las remuneraciones que en dichos contratos se establezcan serán siempre en efectivo, por lo que en ningún caso podrá pactarse como pago un porcentaje de la producción o del valor de las ventas de los hidrocarburos, ni de sus derivados. No otorgar derechos de preferencia de ningún tipo para la adquisición de petróleo o sus derivados, o para influir en la venta a terceras personas. No suscribir contratos de exploración o producción que contemplen el otorgamiento de bloques o áreas exclusivas para un contratista. No suscribir contratos donde se reúnan para un mismo contratista las actividades de exploración y producción de un campo determinado…

Es lo que el lopezobradorismo peleaba hace seis meses. Ganaron.

Crisis

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

Un grave incendio mundial provocó el resquebrajamiento del sistema financiero estadounidense. El cerillo que prendió fuego, todos lo sabemos, fueron unas hipotecas llamadas subprime, garantizadas sólo con artificios financieros.
El incendio llegó a México. También aquí, no lo dudo, pudieron organizarse algunos negocios con juegos de magia económica o compromisos ficticios de saliva.

Ni tardos ni perezosos, muchos actores políticos empezaron a pedir cabezas y a exigir responsables del incendio. Nombres y apellidos surgieron de manera irresponsable para dañar prestigios o sembrar dudas.

No lo dudo. Muchos negocios se debieron haber realizado al amparo de huecos legales e incluso de omisiones en la tarea de fiscalización de las autoridades. Tampoco debemos dudar de que quienes cometieron alguna falta a las leyes del país o a las disposiciones hacendarias o del mercado de valores deben responder.

Pero la pregunta es simple: ¿es el momento de buscar las cabezas de los pirómanos o es el momento de apagar el incendio en nuestra economía? ¿Es el momento de poner en la picota a todos los empresarios y esperar que el incendio se apague solo o, de plano, es la hora de proteger los empleos?

El porvenir del desarrollo económico del país es difícil; armar el patíbulo para algunos administradores que especularon, no con dólares, sino con la información financiera de sus negocios, no va a evitar el bajo crecimiento económico del país. ¿Colgar una cabeza de un patrón del edificio de la Bolsa de Valores Méxicana, como estuvo la de Miguel Hidalgo en la Alhóndiga de Granaditas, animará el feo panorama económico?

Es la hora de intentar apagar el incendio. Es la hora de promover el gasto público, según afirma el más reciente premio Nobel de Economía, Paul Krugman, quien de plano sentenció recientemente: “Está políticamente de moda despotricar contra el gasto estatal y pedir responsabilidad fiscal. Pero ahora mismo, un mayor gasto estatal es lo que el doctor receta, y las preocupaciones sobre el déficit presupuestario deben ser dejadas en suspenso”.

La afirmación es contundente. No sé si sea el único método correcto para abordar la crisis, pero sí estoy seguro de que ese es el debate de fondo. ¿Más John Maynard Keynes y menos Milton Friedman? ¿Más Estado promotor y controlador del mercado y menos libertad de mercado? ¿Más regulación? ¿Menos “mano invisible” de Adam Smith y más “mano visible” de la autoridad en los intercambios mercantiles?

Ese debate debería estar resuelto por aquel principio que afirma que la libertad económica de los particulares es condición necesaria, pero no suficiente, para construir un orden económico fuerte y justo.

La justicia en las relaciones económicas no puede ser sólo el resultado de pretendidos procesos económicos, que sólo estimulan la prepotencia económica, como quieren los liberales; ni tampoco del control totalitario de la economía por el gobierno, como sueñan los estatistas.

El Estado debe fomentar el empeño personal, estimular y coordinar todas las actividades adecuadas para la estabilidad y la prosperidad de la economía y, al mismo tiempo, corregir las injusticias que existen en la aplicación y distribución del ingreso nacional.

Este camino de Estado activo frente a la libertad individual, para alcanzar el desarrollo económico justo, lo sostiene Efraín González Morfín desde que en 1970 fue candidato del PAN a la Presidencia de México.

***

México debe entenderse con todos sus vecinos. Es usted. bienvenido, canciller Felipe Pérez Roque.

Nomás porque sí

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Carlos Navarrete, coordinador de la fracción perredista en el Senado, está seguro de que no habrá toma de tribunas contra la aprobación de la reforma energética:

“No hay argumentos, no hay razones, no hay ningún pretexto para regatear una victoria de todos y construida durante varios meses…”, dice.

Y el dirigente nacional interino del PRD, Guadalupe Acosta, llama a la militancia “a cerrar filas alrededor de la propuesta que el Congreso de la Unión va a aprobar en estos días”.

Los gobernadores perredistas avalan ya los acuerdos en el Senado.

En contraste, el más famoso de sus correligionarios, Andrés Manuel López Obrador, hizo ayer un mitin con este llamado:

“A ustedes, como a las brigadas de mujeres de la Ciudad de México, les tocará iniciar las acciones de resistencia civil pacífica en tanto llegan los defensores del petróleo de todo del país (…), ya se están aglutinando fuerzas”.

La reforma energética va… pero el adelitazo también.

Retos de Estado

Armando Salinas Torre
Excélsior

Además de la crisis de inseguridad que padecemos debemos añadirle la financiera mundial. Ante este escenario, ¿cuál será el papel que jugarán las instituciones de nuestro país?, ¿cuál la actuación de quienes encabezan las mismas?, ¿cómo quieren ser recordados aquellos que ahora tienen bajo su responsabilidad tomar las decisiones que marcarán el presente y el futuro de este país?

Cada uno de los protagonistas institucionales y personales construye no sólo su participación en el ejercicio del poder de una sociedad determinada, sino también en la historia. Este país se encuentra ávido de la consolidación de sus instituciones democráticas y de verdaderos líderes políticos.

Estoy seguro de que la ampliación de la participación de los partidos en el ejercicio de las responsabilidades ha permitido generar cambios importantes en el sistema político mexicano, sin embargo, aún estamos lejos de alcanzar los ideales de quienes con su pensamiento le dieron sentido a las luchas democrático-partidistas en nuestro país. Afortunadamente lograron incubar en la sociedad la semilla del libre pensamiento y se han abierto los espacios de discusión al margen del control político.

En la actualidad, día a día se exige que las instituciones y quienes las encabezan rindan cuentas de su desempeño. El Congreso de la Unión y los líderes parlamentarios, así como quienes participan en las decisiones con ellos, deberán responder si los acuerdos alcanzados son las soluciones que este país requiere para enfrentar los problemas que a diario se padece en la cotidianeidad. Sin duda alguna que no estoy ajeno a la construcción de los acuerdos posibles, en ocasiones en demérito de los acuerdos ideales. No obstante lo anterior, las condiciones actuales exigen que los actores políticos hagan lo mismo o, mejor dicho, un mayor esfuerzo del que solicitan que la sociedad realice. Se aplaude que se logre una reforma energética; sin embargo, ¿en verdad dicha reforma responde a las necesidades de millones de mexicanos que verán mermadas sus expectativas debido a la crisis económica mundial? Cuando el Ejecutivo federal presentó su iniciativa, nos dijo a los mexicanos que no era la reforma que él hubiera querido pero que, ante las circunstancias, consideraba y proponía al Congreso de la Unión una reforma que permitiría responder adecuadamente a los mexicanos. Era claro que la correlación de fuerzas partidistas en el Congreso exigía una propuesta realista, conciliadora, pero, a la vez, que permitiera avanzar en la dirección correcta. ¿Qué ha quedado de aquella propuesta? ¿Acaso se trata de una propuesta que permitirá administrar la crisis por algunos años más? Quienes le apuestan a la división, incluso a la quiebra del país, podrán estar contentos de tener elementos para seguir ondeando una bandera que les permita llegar a las próximas elecciones con un discurso que intente legitimar la contratación de mítines que, aprovechando la miseria de la gente, se pagan con el erario.

El ritmo que le imprimimos a los avances de nuestras reformas opera en relación directa con las transformaciones sociales. Es posible que los acuerdos permitan ajustar las cuentas que existen en el interior de ciertas organizaciones partidistas y un reacomodo de las mismas, así como dar un mensaje de logros y acuerdos, sin embargo, ¿a qué precio se está alcanzando ello? Será necesario que el tiempo nos permita hacer un balance objetivo de lo hasta ahora conseguido.

Hace un par de décadas se destacaba el avance en la construcción de un andamiaje democrático: un organismo apartidista que organizara los procesos electorales, un tribunal que con base en criterios jurisdiccionales los juzgara; así como una regulación extraordinaria de dichos procesos. Tales avances han permitido mayor participación de distintas fuerzas político-partidistas en los órganos legislativos de todo el país, así como la alternancia en el poder de los diferentes órdenes de gobierno. No sólo hay que analizar ¿qué ha quedado de todo ello y cuál es el resultado de dichos cambios?, ¿cómo se han honrado los cambios que permitieron el estado de cosas que tenemos ahora a lo largo y ancho de nuestro país?

¿Estamos preparando la consolidación de la siguiente generación de cambios y reformas que se dirijan a hacer realidad los ideales por los que lucharon quienes nos antecedieron o estamos precisamente ante el umbral de lo contrario? Sin duda alguna que en el pasado existieron problemas fundamentales para nuestro país y fue necesario que se tomaran riesgos, en un constante balance de pros y contras. Ahora mismo, cada grupo parlamentario y lo que representan hacia afuera están haciendo lo propio. Estoy seguro de que cada uno tomará la mejor decisión en ese momento, pero en lo que no lo estoy y deberemos analizarlo con toda responsabilidad es si en un contexto más amplio lograremos responder a las generaciones que nos seguirán que fue lo mejor que pudimos hacer.

En las calles los ciudadanos libramos una batalla día a día, no sólo para conseguir lo que requieren nuestras familias con el fin de tener una vida mejor, sino con miras a defender la existencia misma ante una criminalidad desenfrenada, que se agrava ante la respuesta de las instituciones de “seguridad” en todos los niveles. Las historias se multiplican geométricamente ante la doble victimización que se sufre: primero ante los delincuentes y luego frente a los criminales del Estado.

Se habla también de la reforma de seguridad que se ha propuesto al Congreso de la Unión, así como de la constitucional que deberán implementar los órganos legislativos de las entidades federativas. Es encomiable la labor que significa el proceso de elaboración, discusión y aprobación de tales proyectos. Sin embargo, una vez más se repiten las mismas preguntas: ¿Las reformas están a la altura de los retos que está padeciendo la sociedad o servirá para administrar la crisis?, ¿cuántos crímenes más se necesita que lleguen a las pantallas para que se cobre conciencia, en quienes se consideran líderes, para que se asuman como tales e impulsen las transformaciones que nuestro país requiere, no solamente en las leyes?

Muchos años se invirtieron en la consolidación de las reformas electorales que dieron fruto más pronto de lo que se esperaba. Ahora no tenemos ese tiempo para postergar las reformas energética, de seguridad, educativa, laboral, de salud y tantas otras que aún seguimos sin alcanzar.

Si no pueden con los de adentro...

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Ya entendí: no era un problema de confianza, era sólo de dinero. Florestán

Una de las peores expresiones del desastre nacional en el tema de la seguridad es el de las cárceles en poder de la delincuencia, que, vía la corrupción, ha desplazado y sustituido al Estado en el sistema penitenciario mexicano y anulado el principio constitucional de la readaptación, al convertirlas en universidad del delito, y su mejor y más protegido centro de operaciones.

Los casos se documentan por todo el país: motines, fugas, luchas por su control, cuotas, armas, drogas, hacinamiento, cárceles en las que todo se compra y todo se vende, y en las que todo se puede.

Apenas veníamos de los motines en La Mesa de Tijuana, en los que aún no se sabe cuántos murieron, cuántos escaparon y cuántos quedaron en aquel penal para dos mil 400 reos, y en el que había más de ocho mil, y ya pasó el de Culiacán, en el que los internos se atacaron con granadas y a tiros, y estamos con el de Reynosa, en el que luego de una fuga de peligrosísimos reos, que siguen prófugos, se dio una batalla, dicen, por su control, en el que mataron a 21 internos, la mayoría quemados, e hirieron a otros nueve.

Y como La Mesa, Culiacán y Reynosa, hay testimonios en casi todos los estados: motines, choques, fugas, tiros, muertos, heridos, y el sistema penitenciario sigue igual.

Es una vergüenza para los gobiernos que esto ocurra mientras miran hacia otro lado, se llenen la boca llamándoles "Centros de Readaptación Social" y sigan echando discursos sobre la justicia y la seguridad.

Si no pueden con los delincuentes que tienen en las cárceles, menos van a poder, como no han podido, con los que están en las calles.

Y por eso el desastre.

Retales

1. REFORMA. Hoy se da en el Senado la primera lectura a la reforma energética, y la idea es darle la segunda el jueves, aprobarla y mandar el dictamen a San Lázaro. En caso de una toma de tribunas, se irían a otro recinto y, ahí sí, la aprobarían hoy mismo, con dispensa de lectura, y por la noche llegaría a los diputados;

2. VISITA E INGRESOS. Hoy, los senadores se harán un espacio en la aprobación de la Ley de Ingresos para recibir al canciller cubano Felipe Pérez Roque. Antes, y es lo importante, se reunirá en Los Pinos con el presidente Calderón, terminando así con casi una década de distancia, desde que en 1999, Ernesto Zedillo recibió a Roberto Robaina, su antecesor, que vino a reclamarle un discurso; y

3. BODA. El subsecretario de Gobernación, Abraham González, sí, el que trabaja en su misma calle, estará muy ocupado este fin de semana: se casa el sábado en Guadalajara, su tierra. Estaría por confirmarse la asistencia del presidente Calderón. De ir, coincidiría con su ex secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, al que recibió en Los Pinos hace unos días.

Nos vemos mañana, pero en privado.

La espera de Felipe

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

Aunque no puede hablarse de una “reforma calderonista”, fue el Presidente quien llevó el tema al Congreso y en Los Pinos querrán ver en esto un triunfo político

En los primeros meses de 2004, en una reunión social, le preguntamos a un alegre Felipe Calderón: “¿Cómo va la reforma energética, Felipe, para cuándo?”. El entonces secretario de Energía respondió a bote pronto: “Pues mira, mano, a mí me dijeron que esperara a que saliera primero la reforma fiscal... y yo sigo esperando”.

Cuatro años después, ya como Presidente, la espera terminó para Calderón. Aunque lo que terminará por aprobarse hoy en el Senado no puede considerarse “la gran reforma energética” (si acaso una “minirreforma”), y ni siquiera puede hablarse propiamente de una “reforma calderonista” —porque a la iniciativa presidencial le cambiaron hasta el modito—, fue finalmente el jefe del Ejecutivo quien llevó el tema a discusión al Congreso y en Los Pinos querrán ver en esto un triunfo político del Presidente.

Pero antes de cualquier celebración, tendrán que lidiar con su principal opositor que, como era de esperarse, no se conformará con que se haya modificado totalmente la iniciativa original de Calderón y está listo para volver a lo suyo: la protesta callejera. Para Andrés Manuel López Obrador y su “resistencia” no fue suficiente que en los cambios se incluyeran casi todas las propuestas del PRD y el FAP, o que los senadores perredistas participaran en la redacción final y en las negociaciones con el PRI y el PAN, que arrojaron algunos dictámenes de unanimidad y otros de consenso.

Desde el Hemiciclo a Juárez, donde citó a sus seguidores, Andrés Manuel seguirá hoy la votación en el Senado y todos dan por hecho que iniciará plantones y bloqueos en el primer cuadro de la ciudad para “resistir” las leyes energéticas y petroleras que, paradójicamente, aprobó y en parte elaboró su mismo partido.

En Los Pinos le apuestan a una convocatoria no muy nutrida y al desgaste inmediato que el anuncio de los plantones le traerá al tabasqueño y a su movimiento por el antecedente del largo y cuestionado plantón de Reforma en 2006. Dudan que, más allá de su núcleo duro de seguidores —claramente medido en sus últimas movilizaciones— la protesta lopezobradorista logre un respaldo ciudadano, y prevén que la fractura del PRD y del FAP en la votación de las reformas reste fuerza a la “resistencia civil”.

Y si en Los Pinos se preparan para lo que hoy empieza, en el Senado también toman previsiones. Además del tema energético, en la agenda de los senadores están para los próximos días la votación de la Ley de Ingresos y las reformas en seguridad pública, así es que la Mesa Directiva senatorial ha tomado medidas; para empezar, desde el viernes se multiplicó la presencia de elementos de la Policía Federal Preventiva para resguardar tanto la sede de Xicoténcatl como los salones de Donceles y la Torre del Caballito.

El PRI y el PAN tienen ubicado a Ricardo Monreal como el senador que encabezará las acciones de resistencia que les indique López Obrador, y en previsión de la anunciada toma de la tribuna, el piso cinco de la Torre del Caballito está listo nuevamente para ser la sede alterna y poder sesionar ahí para sacar las reformas mencionadas.

En el PAN, el coordinador Gustavo Madero ordenó a los senadores blanquiazules “no salir de la ciudad” y por ninguna razón faltar a la sesión de este martes, mientras en el PRI están citados a una plenaria previa a la sesión en la que les indicarán cómo actuar si se concretan las tomas del recinto parlamentario.

Inicia la cuenta regresiva. El debate será una reedición de lo que hemos visto los mexicanos a partir de 2006: “resistencia callejera” vs “democracia y mayorías institucionales”. Mientras vemos quién puede más, para Calderón terminaron años de espera para ver aprobada en el Congreso una reforma energética, o algo que se le parece.

NOTAS INDISCRETAS... La designación de Jorge Tello Peón como asesor presidencial en seguridad nacional puede leerse de dos maneras. La oficial dice que el experto fue nombrado para resolver el grave problema de descoordinación, filtraciones y pugnas internas que se daban entre las áreas responsables de la seguridad, léase PGR, SSP o Cisen. La otra lectura sostiene que el colmilludo y experimentado policía de la época priísta vuelve —tras meses de insistencia de Los Pinos— por la ineptitud e incapacidad mostrada por los Medina Mora, los García Luna o los Valdés, a quienes el Presidente les baja el perfil y les pone “ultimátum” porque ahora el mando real en la política de seguridad lo tendrá Tello Peón, de quien por cierto varios de ellos fueron alumnos, aunque no muy destacados. ¿Usted con cuál se queda?... Los dados mandan serpiente. Tiramos de nuevo.