octubre 23, 2008

Rictus en Reforma

Resistencia civil confronta a PRD

Francisco Reséndiz y Alberto Morales
politica@eluniversal.com.mx
El Universal

Jueves 23 de octubre de 2008

Cerca al Senado la PFP para evitar sabotaje pejista

Andrés Manuel López Obrador rompió un compromiso con su partido el PRD, con sus leales en el Frente Amplio opositor y con él mismo. En un albazo político, improvisó una consulta exprés con sus más fieles seguidores para votar por el inicio de la resistencia civil en contra de la reforma de Pemex.

Los dictámenes que hoy se deben poner a votación habían sido acordados por todos los partidos, incluida la totalidad de senadores perredistas. También fueron respaldados hasta ayer en la tarde por el propio López Obrador y por el consejo de intelectuales que lo asesoró en la materia.

Con una votación favorable de 12 mil de sus simpatizantes, anunció el inicio de acciones de resistencia civil. Desde anoche, la PFP movilizó unidades para cercar el Senado y evitar un sabotaje a la votación.

Fuentes de la Cámara Alta informaron que el senador Gustavo Madero solicitó a autoridades locales y federales apoyo ante la previsión de que la reforma energética estaba a punto de lograrse.

'¿El pollo es para usted?' por Paco Calderón

La energética

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Después de tanta grilla, marcha, posturas encontradas, foros de discusión y hasta una encuesta con dudosos resultados, finalmente hoy se discutirá y aprobará, en la Cámara de Senadores, un dictamen que conjugue las propuestas en materia de reforma energética del gobierno federal y del Frente Amplio Progresista. ¡Por fin!

Y es que desde que ambas palabras —reforma, energética— se volvieron recurrentes en los discursos de los candidatos presidenciales desde hace unos años (y satanizadas para la oposición), con lo igualmente ocurrido en las elecciones de 2006, las esquinas políticas se alejaron aún más y, ante un gobierno autoproclamado legítimo, cualquier propuesta de reforma sugerida por el presidente Felipe Calderón ha sido objeto de críticas y opositores al por mayor.

Por supuesto, Andrés Manuel López Obrador, el líder de ese gobierno de chocolate, ha sido el encargado de realizar acciones en contra de dicha propuesta (necesaria y más hoy en que la economía global anda por los suelos).

Y es que éste ha sido el pretexto perfecto para un AMLO derrotado en las urnas.

“La defensa del petróleo”, “la lucha contra los derechistas que buscan vender al país”, “la defensa de los ideales de Lázaro Cárdenas”, todo esto, convertido en estandarte del movimiento del Peje para seguir bajo los reflectores.

Desde que la propuesta se hizo oficial y llegó a las manos de los legisladores, Andrés Manuel y sus secuaces, los del Frente Amplio Progresista se las han arreglado para ponerle el pie al diálogo.

Desplegados, mítines —cada vez menos concurridos— y amenazas con actuar “pacíficamente” han sido su estrategia para mantener vivo su movimiento.

Ese que aboga por los desprotegidos al más puro estilo de Robin Hood…

No es que dudemos de sus “buenas intenciones” (sic) pero hoy, que podría aprobarse el dictamen en la agenda de la Cámara alta, Andrés Manuel comienza a preparar los festejos.

Si bien no terminarían las intenciones de darle un nuevo cauce a Pemex, el movimiento pejiano logró ponerle algunos traspiés a como el Ejecutivo planeó la reforma.

Para ellos, esto es un triunfo. Y se alistan con el fin de festejarlo. A pesar de que el mismo PRD ya dijo que la propuesta de Calderón no se refiere a una privatización como tal.

Con todo, y mientras se espera el sí o no al dictamen que mezcle las propuestas de ambas esquinas, Andrés Manuel López Obrador ya anda en los preparativos de su próxima lucha.

Se habla de una nada predecible estrategia para hacerle frente a la crisis financiera: ¡la lucha por la economía popular! Y si bastantes dolores de cabeza nos provocó con sus manifestaciones para “defender el petróleo”, qué nos esperará con esta nueva causa, que es el mero mole de AMLO.

La reforma energética espera hoy un nuevo ritmo. En realidad, lo esperamos todos…

Pero, además —y eso es lo lamentable—, la reforma que hoy sube al pleno no fue la mejor y ni siquiera la posible: fue la reforma que Andrés Manuel saboteó desde el principio…

No es que dudemos de sus “buenas intenciones” (sic) pero hoy, que podría aprobarse el dictamen en la agenda de la Cámara alta, AMLO comienza a preparar los festejos.

Brillante futuro energético

Román Revueltas Retes
rrevueltas@milenio.com
Interludio
Milenio

Veamos dos de las recetas de Barak Obama para salir de la crisis: invertir en infraestructura y en el desarrollo de… nuevas energías. Buenas noticias para el planeta, para los mercados y para los ciudadanos de Estados Unidos (de América). Malas noticias para Pemex, para el tesoro público de este país y para los habitantes de Estados Unidos (Mexicanos). Porque, señoras y señores, siendo el petróleo, según parece, algo así como la esencia misma de la mexicanidad y un recurso estratégico, aparte de propiedad inalienable de la nación, entonces, ¿qué habrá de ocurrirnos cuando nuestro principal comprador de hidrocarburos se ponga a mover sus coches eléctricos e iluminar sus casas utilizando la fuerza de las mareas, la energía del
sol, la potencia del viento y la combustión de la materia orgánica?

No estamos hablando de un futuro distante ni de una utopía sino de una realidad perfectamente alcanzable en un tiempo corto considerando la colosal capacidad de recuperación que tiene la economía norteamericana como expresión fundamental del sistema capitalista.

Se habla del declive de los USA. No lo creo. Estamos presenciando, simplemente, el fin de cierto modelo y de algunas prácticas financieras. Esta crisis es una de tantas –en el sentido de que los mercados han experimentado altas y bajas desde la instauración misma del capitalismo— por más que, en esta ocasión, pueda alcanzar dimensiones vagamente apocalípticas. Pero, no es el fin del mundo ni la sentencia de muerte de un sistema que no tiene otras alternativas viables. Y así, en cuanto se ponga de nuevo en marcha la maquinaria, la primera potencia económica del mundo va a dedicar todos sus esfuerzos y sus recursos a un sector que, en los hechos, es tierra virgen.

Vista como una gran oportunidad de negocios, la explotación de nuevas energías será la gran apuesta del futuro, una epopeya de inversiones y desarrollos tecnológicos surgida, paradójicamente, de las cenizas de la actual crisis. Y la aventura comenzará muy pronto. Nosotros, lo repito, ¿qué vamos a hacer?

No es la reforma que el país necesita

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Hoy se discutirá y se supone que aprobarán en el Senado de la República los siete dictámenes que conforman la reforma petrolera. ¿Es esta la reforma que el país necesita? Por supuesto que no, se queda corta en demasiados aspectos y lisa y llanamente no contempla otros, desde la participación privada en áreas de apoyo a la industria hasta la generación, impulso e inversión en energías alternativas. ¿Es positiva la reforma? En algunos puntos, sí: la liberación de Pemex de los candados que le coloca Hacienda, para poder así invertir gradualmente en su propio desarrollo; la posibilidad de encontrar mecanismos destinados a la explotación de los yacimientos en aguas profundas; la participación de consejeros independientes en la administración de la empresa, son aspectos positivos, pero sirven sobre todo para reordenar a aquélla y al sector.

Veamos el tema de las refinerías. Allí reina la más absoluta insensatez. Se ha mantenido y reforzado la concepción de que no puede haber inversión privada en refinerías, sin embargo, Pemex ya tiene socios privados en refinerías, el único detalle es que se encuentran en Houston, Texas, allí generan los empleos, allí pagan impuestos y allí se produce 40% del combustible que utilizamos en México. Entonces, para nuestros legisladores, sobre todo en el caso del PRD y parte del PRI, es más nacionalista refinar el crudo mexicano en el exterior que hacerlo dentro del país.

Ayer escuchaba a un diputado perredista decir que la demostración de que en ese tema ellos y López Obrador tenían razón era que finalmente el presidente Calderón había decidido construir una nueva refinería en México con recursos públicos. En realidad es una demostración de que esos sectores y particularmente López Obrador están equivocados. Se tendrán que invertir 12 mil millones de pesos de recursos públicos en una refinería porque se cerró la posibilidad de que la construyera la iniciativa privada. Y por supuesto que con dinero del presupuesto se pueden construir una, dos o diez refinerías. El tema es que los recursos públicos son finitos y hubiera sido preferible utilizarlos en programas sociales, infraestructura básica, educación y salud, en lugar de en una refinería que simplemente haría lo mismo que lo que ya hace la que está en Houston (o la de los otros diez países donde se procesa petróleo mexicano y a los que les compramos gasolina y otros petroquímicos). Presentándose como una propuesta que “preserva” el patrimonio de los mexicanos, en realidad, la cerrazón en estos puntos coadyuva a dilapidarlos.

Lo mismo pasa con el sistema de ductos: ¿alguien puede explicar cómo afecta la soberanía nacional y la propiedad pública sobre Pemex el que la iniciativa privada construya ductos para transportar el crudo y sus derivados, mismos que hoy se llevan en camiones, que son también privados? Por supuesto que en nada, en todo caso tendrán que estar agradecidos los transportistas de carga que se encargan, con un costo mucho mayor y más riesgo para la gente y las comunidades, a transportar esos productos por tierra. Otro legislador, también perredista, decía que permitirle a la iniciativa privada construir ductos pondría la distribución del crudo en manos de ella y entonces ésta podría decidir cuándo cerrar o no la llave. Es una tontería monumental: como cualquier otra área estratégica (desde los aeropuertos hasta las de comunicación), el Estado, en una emergencia o situación de riesgo, puede tomar el control de la misma. Pero en este caso ni siquiera hubiera sido necesario eso porque sería simplemente un servicio subsidiado.

Podríamos seguir con muchos otros capítulos que demuestran que esta reforma no es la solución que Pemex requería, que se debería haber ido mucho más allá y no se hizo. Y no se hizo por razones estrictamente políticas, en las cuales las necesidades de Pemex o las del país, estuvieron al margen. En los hechos, la idea, sembrada por López Obrador, de que se estaba privatizando Pemex, aunque fuera irracional y no se apoyara en un solo dato, permeó en la gente que sigue concibiendo a Pemex como un tótem intocable, aunque a lo largo de los años ha sido más manoseado y utilizado para intereses particulares que cualquier otra empresa pública del país. La idea de que se quería privatizar Pemex, como muchas otras acerca de esos sectores, no sólo no son nacionalistas ni responden a los intereses populares, sino son profundamente conservadoras: en realidad lo que se busca es preservar privilegios, a base de evitar la apertura en cualquier sentido. El hecho de que la reforma es insuficiente lo proporciona un solo dato: la industria petrolera de México es la más cerrada del mundo, aun después de la reforma, incluso por detrás de Corea del Norte y, por supuesto, muy atrás de Irán, Cuba o Venezuela.

Eso no quita que, como dijimos, incluya algunos capítulos positivos o que, políticamente, casi siempre será preferible que se pueda llegar a acuerdos legislativos que a enfrentamientos partidarios sin salida, sobre todo cuando estamos a meses de una elección intermedia. En ese sentido hay quienes ganan y pocos son los que pierden: en el PRD, ganan los moderados, quienes demostraron que pueden sacar acuerdos que no se alejen de las posiciones históricas de su partido. Pensará López Obrador que en realidad él ganó porque impuso por la fuerza negociaciones y tiempos que podrían haberse evitado con meses de anticipación. El PRI es quien más gana: sacó una reforma en la que impuso casi todo y volvió a quedar como gozne entre el gobierno y el perredismo. Y el gobierno federal piensa que también ganó porque salió la reforma, aunque sea parcial y le sirve, sobre todo en estos momentos de crisis financiera, para solventar su programa económico anticíclico. Lo que no queda claro es si gana el país.

El tiempo, prueba de ácido

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

No es malo quedarse solo sino creerse acompañado. Florestán

Cuando el presidente Calderón apostó en abril por una reforma energética, la respuesta de la oposición que lo desconoce fue que ni hablar, nada, cero; eso era una traición a la patria y defenderían a Pemex hasta el último de sus militantes.

Hoy, a seis meses de que enviara su iniciativa, se aprobará una, no la suya como la mandó, claro, pero habrá una reforma energética que si no es la ideal, porque esas no existen, es la posible, que por lo mismo siempre es la mejor de las reformas.

Esta propuesta reposicionó a López Obrador, quien ordenó tomar las tribunas legislativas y relanzó su movimiento social dando pie a los foros del Senado en los que un abanico de especialistas y expertos expresaron sus puntos de vista, escenario en el que el Frente Amplio Progresista acudió con su iniciativa de reforma, como ya la había presentado el PRI.

Pero si a López Obrador le funcionó su estrategia, al presidente Calderón también, porque fue él quien puso el tema de la reforma energética en la agenda nacional y hoy el Senado aprobará una, no la suya, claro, pero sí una reforma energética que no existía, y de la que puede reivindicar la paternidad política.

Lo destacable de este proceso es que todos los actores políticos pueden cantar una parte de victoria: el presidente Calderón, porque habrá reforma; los partidos de oposición, porque modificaron el proyecto y presentaron iniciativas; los especialistas, porque fueron escuchados, y López Obrador, si hubiera querido, también, aunque anoche incendió sus últimos barcos.

A pesar de este lance, todos ganan, pues, y eso en política es una victoria porque de lo imposible, una reforma energética, se transitó a lo posible, una reforma energética, y por consenso.

Ya el tiempo dirá si fue o no suficiente.

Retales

1. REENCUENTRO.- La boda del subsecretario Abraham González, el sábado en Guadalajara, serviría para el primer reencuentro público entre el presidente Calderón y su ex secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, a quien ya recibió en Los Pinos hace unos días;

2. SAN LÁZARO.- El proyecto de Ramírez Acuña es buscar una diputación federal en 2009, y desde ahí poner la mira en la candidatura panista a la Presidencia en el 2012. Cuenta con fuertes apoyos, como el del cardenal Juan Sandoval Iñiguez. No sé si habrá hablado ya con Germán Martínez; y

3. DESASTRE.- El Instituto Electoral del Distrito Federal es un desastre, víctima de los intereses de partido y del gobierno Ebrard, que busca esa posición a la pérdida de Isidro Cisneros. Lo que llama la atención es su ingerencia, a través de su secretario de Gobierno, José Ángel Ávila, que sabe que esa posición es clave para los proyectos de su jefe Ebrard y del mismo PRD en este su bastión, la Ciudad de México.

Nos vemos mañana, pero en privado.

La metáfora de Alejandro Junco

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Miguel Ángel Granados Chapa publicó el martes extractos de la carta que Alejandro Junco, presidente y director general del Grupo Reforma, envió a “sus colaboradores cercanos y a otras personas en Monterrey, donde nació el Grupo que encabeza”.

Junco explicó las razones por las que decidió exiliarse con su familia, irse de un país en que los “periodistas viven bajo amenaza de los capos del narcotráfico y de los criminales, y mientras más exponemos sus actividades con más fuerza responden”.

Dibujó en la carta una metáfora para ligar al pueblo de su abuela, Ciudad Guerrero, Nuevo León, con el México deprimido de hoy. Al confirmar que el pueblo sería inundado para construir una presa, los lugareños lo abandonaron a su suerte. “Eso fue lo más doloroso. Cuando la noticia cundió, toda mejora, toda reparación se dejó de hacer. ¿Para qué pintar una casa que iba a estar cubierta con agua? ¿Para qué reparar un edificio cuando toda la villa iba a ser destruida? ¿Para qué preocuparse de los baches o la basura o arreglar el jardín y la puerta que rechina?”

Ciudad Guerrero se convirtió en algo inhabitable. La metáfora me recordó también la del espléndido libro Ejércitos (Premio Tusquets 2006), del colombiano Evelio Rosero: la historia de un pueblo más bien dichoso que primero padeció, luego murió y al final quedó sepultado con la postrera vejación del cadáver de la mujer más bella, debido al paso de “los ejércitos”. En plural, pues no importaba si el que entraba y salía era una guerrilla, una sección de criminales, los paramilitares o el Ejército-Ejército, si es que quedaba algo de él que lo distinguiera de los otros.

Por lo que Alejandro Junco y Reforma le han traído a la prensa mexicana, su exilio tiene un inexorable sabor colectivo. Triste. Agrio.

El culto a la fuerza bruta

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Senadores del PAN, del PRD y del PRI proclaman que los acuerdos para la reforma petrolera que hoy se vota, es el resultado de “la fuerza de la política”.

Pamplinas. Es el resultado de la política de la fuerza.

Si López Obrador y los dirigentes del Frente Amplio Progresista no hubieran amagado con violencia para frenar la reforma petrolera, hoy se estaría votando algo distinto en la Cámara de Senadores.

Tal vez fue más responsable, prudente o sabio, hacerlo así.

Pero el mensaje que se manda a la población es que en nuestro país las cosas no se consiguen por las buenas.

Vaya usted, como ciudadano pacífico que es, a solicitar una audiencia a una secretaría de Estado, y seguramente le dirán que mande una carta a la oficina de quejas o a la oficialía de partes.

Pero si usted va acompañado de un grupo de vecinos o de amigos, y agrede a los custodios y amaga con incendiar el edificio, tenga por seguro que en menos de una hora será recibido por una comisión oficial que va a escuchar sus quejas.

Esa es la enseñanza que recibimos todos los días, de parte de los distintos y sucesivos gobiernos.

Con el solo amago de que habría desmanes en la capital si se daba un paso adelante en la reforma petrolera, fue suficiente para tirarla.

Es cierto que la correlación de fuerzas en el Congreso, donde el PRD tiene un peso importante debido a la alta votación que alcanzó en 2006, no favorecía echar a andar la fuerza de la mayoría y ganar la votación en medio de rasgaduras internas del PRI y con motines en las calles.

Tal vez, dicen, aprobar esa iniciativa era resucitar a López Obrador y hacerlo Presidente.

Todo eso puede ser cierto, pero el caso es que se impusieron los que amagaron con la violencia.

Ni en el gobierno ni en el PRI se sintieron con la fuerza necesaria para modernizar nuestra anquilosada e improductiva industria petrolera.

Ganó la política de la fuerza, y no al revés.

Somos rehenes de una minoría que desde hace tiempo le tiene tomada la medida al gobierno y al legislativo.

Y para disimular la derrota y lo incómodo que resulta doblegarse ante la amenaza del desorden y del caos callejero, los partidos han optado por echar incienso sobre la reforma petrolera que acordaron.

¿De veras sirve para algo?

Lo único novedoso es que las empresas que contraten con Pemex tendrán una recompensa si ejecutan su tarea de manera eficaz y en buen tiempo.

Ya no va a ocurrir, suponemos, lo que pasó en años anteriores, que Pemex gastó una fortuna de miles de millones de dólares en exploración, y no se encontró mayor cosa.

Así es que por el lado de los contratos podría haber cosas positivas, pero falta saber que en realidad funcionen.

Si después de publicada la nueva ley en el Diario Oficial, hay filas de contratistas entusiasmados por participar en los contratos incentivados, entonces puede ser que haya valido la pena ese pasito.

Pero todo indica que no va a ser así.

En realidad estamos ante un enorme retroceso por los nuevos candados que se le han puesto a la contratación.

Estamos ante un retroceso por la creación de nuevas burocracias en Petróleos Mexicanos.

Estamos ante un retroceso al permitir que se designen “consejeros ciudadanos” en Pemex, y que sean nombrados por el Congreso, que es decir por los partidos políticos.

Te toca uno PRI, uno PAN, uno PRD, y al chiquito mejor portado le van a dar el otro.

Estamos ante un retroceso al cerrar la puerta a la refinación por parte de empresas privadas, y al iniciarse la construcción de una refinería del Estado.

Ahí el Estado pierde dinero. Aunque operara de manera óptima, la ganancia sería marginal.

Lo importante está en ir a aguas profundas a recuperar reservas para Pemex.

El petróleo no es de los partidos ni de los legisladores ni de los gobiernos, que se lo están acabando sin reponerlo.

El petróleo es de todos los mexicanos. De los de ahora y de los que nazcan después.

Pejeputsch, con música de La adelita

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Con la pena pero, como se previó el martes aquí, “la reforma energética va… y el adelitazo también”.

Era previsible, dada la característica, inaudita soberbia de Andrés Manuel López Obrador, que lo llevó a la derrota electoral de 2006.

Contra todo y pese a todo ni siquiera tomó en cuenta el criterio de los intelectuales y especialistas en que quiso apoyar su falsa coartada de que pretendía impedir una fantasiosa “privatización” de Pemex.

Lo inimaginable, sin embargo, es que ayer manipulara de manera descarada una supuesta “consulta” o “votación” dizque “popular”.

¿Resultado?: por la soberana y patriótica voluntad de 11 mil 999 de sus adeptos (y contra la de cuatro mil 700 compañeros de viaje), un país de 105 millones de habitantes resentirá un avieso, autoritario sabotaje a los trabajos de una de las cámaras del Congreso de la Unión.

Ignora por lo visto que un líder de masas respetable, por popular que sea o se crea, motiva, orienta y dirige a sus adeptos.

La de ayer del Peje ni siquiera fue la decisión de un verdadero caudillo, sino la barata provocación de una turba fascistoide.

Cinco apuntes de la reforma de Pemex

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

1. Lo que comenzó como una propuesta de reforma energética luego se degradó a reforma petrolera para terminar en reforma de Pemex. La apuesta de la clase política nacional es que el monopolio público tendrá las capacidades para resolver el problema de la caída en la producción de crudo. En este sentido, tal como lo proponía la izquierda, se trata de una reforma estatista.

2. Lo que aprobará el Congreso no incluye los contratos de riesgo que son el mecanismo más utilizado en el mundo para proyectos complejos de exploración y explotación de petróleo. Tampoco se autorizarán los contratos incentivados que proponía el Ejecutivo. De acuerdo con Pemex, la propuesta contempla “esquemas más flexibles de contratación que permitirán contar con incentivos al desempeño. Ello se traducirá en obtener mejores resultados y acelerar sus trabajos en las zonas donde se encuentra el potencial de hidrocarburos más importantes del país”. Además, “se autoriza a Pemex un nuevo esquema fiscal que permitirá desarrollar proyectos en yacimientos más complejos”. A estas alturas, no queda claro en qué consisten estos esquemas. Habrá que estudiar los detalles con detenimiento. La pregunta es si atraerán a empresas privadas para que éstas participen financiera, tecnológica y gerencialmente en proyectos complejos de exploración y explotación de crudo. En este sentido, la reforma será un éxito si Pemex logra, a través de estos esquemas, atraer a las empresas privadas y compensar rápidamente la caída en la producción petrolera. La reforma será un fracaso en la medida en que Pemex no atraiga a estas empresas y continúe el declive en la extracción de crudo.

3. Si la reforma funciona, la oposición (léase el PRI y el PRD) se colgará la medalla al haber demostrando que Calderón estaba equivocado cuando proponía contratos incentivados que le abrían la puerta al capital privado en la exploración y explotación de petróleo. Si la reforma fracasa, la misma oposición se lavará las manos echándole la culpa al gobierno por no haber implementado bien la reforma. Aducirán que los altos funcionarios de Pemex y la Secretaría de Energía, quienes no estaban de acuerdo con lo aprobado por el Congreso, sabotearon los cambios para abrirle el paso a “los siniestros intereses del capital privado”. En cualquiera de los dos escenarios, el gobierno panista queda mal.

4. Al parecer, el Ejecutivo apoyó una reforma que tiene más sabor al PRI y al PRD para evitar un conflicto político. En la grave situación económica actual, el gobierno no tenía apetito de enfrentar las movilizaciones que prometía López Obrador. La apuesta fue a la estabilidad política. Quizás haya sido responsable pero, en el camino, el gobierno reivindicó la estrategia ambigua de López Obrador con respecto a las instituciones. Si la reforma final se ve como un triunfo de la izquierda, en particular de AMLO, el gobierno panista incentiva que en el futuro haya más tomas de tribunas, bloqueos al Congreso, movilizaciones y amenazas de paralizar al país.

5. Si el gobierno estaba preocupado por mantener la paz en la República en estos momentos de crisis económica, quizá la mejor opción hubiera sido la de retirar su propuesta de reforma y mantener el statu quo y dejar esta pelea para un mejor día. El Ejecutivo, en cambio, aceptó una reforma que dejó muy poco de lo que Calderón originalmente proponía. Esto evidencia que el gobierno está más en el negocio de sobrevivir en el presente que de pelear por el futuro. Por ello, no me queda claro qué quiere decir el Presidente cuando afirma que “México tiene rumbo claro. Sabemos a dónde queremos ir y qué debemos de hacer para llegar a donde queremos ir”. Quizá Calderón lo tenga claro pero, como se comprobó con la reforma de Pemex, no tiene ni el poder ni el estómago para llevar al país hacia ese destino.

Reforma y otras mentiras

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Pues ya está la reforma, que no fue energética desde el principio, pero que ahora ni siquiera resultó petrolera, sino sólo de Pemex

Después de un mal lanzamiento de parte del gobierno, de la increíble nulificación de Mouriño, de la pésima negociación de Creel, del prolongado e inútil debate, de las amenazas de López Obrador y seguidores, del oportunismo del PRI, tenemos un conjunto de dictámenes en el Senado que hoy seguramente votará el pleno y que en la semana próxima serán ratificados por los diputados.

Cabe todavía que los despistados voten en contra, o incluso tomen la tribuna, pero no parece existir nada en los dictámenes que pudiera poner en riesgo los valores que con tanta enjundia han defendido perredistas y priístas. Como lo he dicho en muchas ocasiones, se trata de defender un pasado que a México le costó mucho, y por eso mismo me parece un muy serio error. Pero así funciona la democracia, y si el Congreso ha llegado a este acuerdo, pues así será la ley, y hay que seguirle.

Sin embargo, reconocer el derecho y obligación de los legisladores no implica abandonar el propio derecho a la crítica. En breve, me parece que hemos cometido un error de proporciones colosales. No cabe duda que la reforma que se aprobará le permitirá a Pemex funcionar mejor, pero ése no me parece que sea un objetivo de interés nacional. Lo que sí es relevante para los mexicanos es que el petróleo se administre de la mejor manera posible, y estas dos cosas no son sinónimos. Lo que hace la reforma es darle a una empresa ineficiente más recursos, lo que llevará a mayores pérdidas en el futuro. Y eso no va a generar ni más petróleo, ni más gasolina, ni nada parecido.

Pero también desperdiciamos esta oportunidad para enfrentar, seriamente, el verdadero problema de este país. Durante el siglo XX, México fue un fracaso, como lo muestran todos los datos: no crecimos más que otros países similares, no alcanzamos mejores niveles de desarrollo social, no construimos infraestructura ni capital humano, y sí sentamos las bases para el deterioro generalizado que hoy enfrentamos. Y frente a esto, la solución que plantean quienes hoy ganaron la reforma es regresar a ese fracaso. Fortalecer Pemex es apostar, nuevamente, al mítico desarrollo industrial nacional, que no fue más que otra mentira del régimen de la Revolución.

La próxima semana podremos compartir con usted las cifras petroleras para septiembre, que en el adelanto que hace Pemex muestran una pequeña mejoría, pero que mantienen una caída de 300 mil barriles diarios con respecto al año pasado. Las cifras nos ayudarán a entender por qué ha sido una pésima idea esta reforma.

Pero ahora permítame comentar acerca de una más de las mentiras que fluyen por internet, debido a que ésta en particular ha tenido mucha difusión en los últimos días. Se trata de un video de YouTube que presenta a un señor de nombre Hal Turner hablando sobre la inminente debacle y desaparición del dólar. Para reforzar su invención, el señor presenta una moneda de oro que, en su opinión, va a sustituir al dólar, de nombre “amero”, que sería la moneda de la asociación de América del Norte. Entre tantas tonterías que dice, el señor asegura que Estados Unidos ha hecho monedas por el equivalente a 800 mil millones de dólares que tiene guardados en alguna parte del mundo. El problema es que es imposible hacer monedas de oro en la cantidad que dice este señor. La razón por la que se usa oro es por su valor intrínseco, que permite que la moneda no se deprecie frente a problemas financieros. Puesto que el video se hizo en 2007, en ese momento una onza de oro valía cosa de 500 dólares. Para poder tener 800 mil millones de dólares en monedas harían falta mil 600 millones de onzas, que son poco más de 45 millones de toneladas de oro. Pero el mundo entero ha producido, desde 1830, sólo 160 mil toneladas de oro. En toda la historia humana es probable que la producción de oro ronde las 200 mil.

Ésa es la razón por la que ya no se usa un patrón metálico para darle valor al dinero. No hay patrón oro, ni es posible imaginar un patrón plata (como otra tontería muy repetida en México). El volumen de transacciones en el mundo supera, por órdenes de magnitud, los metales preciosos. El dinero, desde hace muchos años, vale porque creemos en él, y no porque tenga relación alguna con el oro, la plata, el cacao o cosas parecidas.

La ocurrencia del peso plata, la mentira del “amero”, y el nacionalismo revolucionario son, en el fondo, lo mismo: creencias que ayudan a no pensar, a culpar a otros, a reducir nuestra incertidumbre a cambio de someter nuestra inteligencia. Cada quien puede creer lo que guste, pero por favor no lo confunda con la razón, la lógica o el pensamiento. Son cosas diferentes.