octubre 25, 2008

Completan diputados reforma energética

Andrea Merlos
El Universal
Ciudad de México
Sábado 25 de octubre de 2008

Se aprobaron 7 dictámenes, de los cuales, cinco tuvieron el voto a favor en lo general de todos los partidos, y dos sólo del PRI, PAN y dos legisladores del PRD; se turnarán a la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados

Con un clima de confrontación, con la salida de la mayoría del PRD, así como de los diputados de Convergencia y PT que están en la comisión de Energía de la Cámara de Diputados, se aprobaron los siete dictámenes de la reforma energética.

Los dictámenes, de los cuales cinco tuvieron el voto a favor en lo general de todos los partidos, y dos sólo del PRI, PAN y dos legisladores perredistas, serán turnados a la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, para agendarlos en la sesión del próximo martes.

El séptimo dictamen se aprobó también sin la participación del Frente Amplio Progresista, a excepción de los perredistas David Maldonado y Moisés Dagdug.

Este último dictamen expide la Ley de Petróleos Mexicanos; se adicionan el artículo 3o. de la Ley Federal de las Entidades Paraestatales, el artículo 1 de la Ley de Obras Públicas y Servicios Relacionados con las Mismas y un párrafo tercero al artículo 1 de la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público.

Los dos diputados del PRD propusieron reservas en torno al manejo y administración de los bonos petroleros, las cuales fueron rechazadas por la mayoría del PRI y del PAN.

Sobre el conflicto desatado en torno a si se incumplió o no un acuerdo por el que sólo se aprobarían este sábado cinco de siete dictámenes, y lo cual provocó la salida de siete diputados, el PRI en voz de Marco Antonio Bernal aclaró que no hubo tan compromiso.

En tanto, Mariano González Zarur (PRI) exigió al Frente Amplio Progresista respetar las decisiones de las mayorías, pues eso es ejercer la democracia.

El presidente de la Comisión de Energía, el panista David Maldonado, celebró la aprobación de los dictámenes de la reforma energética, y dio por cerrada la comisión permanente del grupo de trabajo de Energía.

La reforma

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

1. Lo bueno.

Se trata, sin duda, de un paso adelante. La aprobación por consenso, incluidos senadores y diputados del PRD y el FAP, constituye un hito. Hace unos meses parecía imposible. Sobre todo en el asunto del petróleo. Porque los mitos y los prejuicios de la clase política, particularmente de priistas y perredistas, bloquean la inteligencia. De ahí la importancia del acuerdo. López Obrador es, hasta ahora, el gran derrotado. Las diferencias en el PRD se agudizaron. El ala moderada selló su apuesta por los cambios legales en el marco de las instituciones. Es una victoria para Guadalupe Acosta Naranjo. Atrás quedó la tesis lopista de que a Pemex hay que salvarlo desde la Presidencia de la República, es decir, hasta que AMLO llegue a Los Pinos. Por eso se puede afirmar que el beneficio mayor es de orden político.

2. Lo malo.

La reforma es a todas luces insuficiente. Lo posible, en este caso, no resuelve lo urgente ni lo importante. El consenso impuso la lógica del mínimo común denominador. Todos los temas que provocaban tensiones o diferencias fueron eliminados. Poco quedó de la propuesta de Felipe Calderón que era muy moderada. Las ideas rectoras del senador Beltrones también fueron desechadas. Cada partido podó y rasuró sus posturas para evitar conflictos internos. Los perredistas fueron particularmente acuciosos por el temor de provocar a López Obrador. Y en el PRI ocurrió otro tanto. Las corrientes más conservadoras y estatistas levantaron la voz y obligaron a retirar las ideas innovadoras. Así que para decirlo en pocas palabras: esta reforma privilegió el consenso sobre el contenido. Por eso no da solución a los problemas de Pemex. El balance, en ese sentido, es muy claro: si éste es el primer paso de una serie de transformaciones futuras, bienvenido; si no es así, más temprano que tarde las insuficiencias y las carencias de la nueva legislación confirmarán que los cambios fueron meramente cosméticos y no sirvieron para nada.

3. El mínimo común denominador.

Panistas, perredistas y priistas han echado las campanas a vuelo. La aprobación de la reforma, dicen, confirma que se pueden alcanzar acuerdos pese a las diferencias. Todas las fuerzas políticas supieron anteponer la razón de Estado a sus intereses particulares. Los tiempos del entrampamiento legislativo quedaron atrás.

Pero no, no y no. La verdad es otra. El consenso no es la esencia de la democracia y mucho menos una panacea. La esencia de la democracia es el pluralismo, el debate y el gobierno de la mayoría. Ningún régimen en ninguna parte del mundo puede operar bajo el principio del consenso. Y en caso de hacerlo terminaría empantanado en la mecánica del mínimo común denominador. La historia reciente en México lo ejemplifica a la perfección. Las reformas de gran calado entre 1988 y 1994 fueron el efecto de un acuerdo entre el PRI y el PAN. Las minireformas de este sexenio obedecen a otra lógica y por ello son insuficientes. Lo que urge cambiar es un régimen político que no premia las alianzas de largo plazo ni consolida mayorías estables para gobernar. El principio del mínimo común denominador reedita el entrampamiento disfrazándolo de cambio y movimiento.

4. Ductos, aguas profundas y refinerías.

Hay tres indicadores que muestran y confirman que la reforma no tocó, siquiera, los problemas fundamentales. El primero de ellos se refiere a la prohibición de construir ductos privados para transportar la gasolina. Sin embargo, el transporte de la gasolina se realiza mediante pipas que son de empresas privadas. El ahorro que se habría generado con esa simple innovación hubiera ascendido a 2 mil 500 millones de pesos anuales. Segundo, el senador Beltrones fijó al inicio del debate petrolero la posición del PRI: no a la reforma constitucional, no a los contratos de riesgo, sí a las alianzas estratégicas con otras empresas. La tesis abría la posibilidad de que Pemex se asociara con Petrobras para explorar y perforar inmediatamente en aguas profundas. Pero tampoco pasó y el tesoro escondido ha quedado en el limbo. Tercero, la importación de gasolina asciende ya al 50 por ciento de consumo interno y la tendencia va en ascenso. La construcción de refinerías privadas que maquilaran el petróleo de Pemex era una solución financiera y técnica de ese problema. Pero también fue eliminada.

5. Cuando el futuro nos alcance.

Todo el mundo sabe, incluidos los diputados y senadores de todos los colores, que la reforma no resuelve los problemas importantes. Lo que no está claro es qué va a pasar en el futuro inmediato.

Un primer diagnóstico afirma que la caída de la producción de crudo será imparable y que en unos cuantos años México se volverá importador de petróleo, para no hablar de gasolina y otros hidrocarburos. La catástrofe que nos espera está a la vuelta de la esquina, en el entendido de que las finanzas públicas están completamente petrolizadas (40 centavos de cada peso fiscal provienen de la renta petrolera).

Un segundo diagnóstico va en sentido contrario. El gobierno y Pemex, se dice, ya tienen localizados los pozos que pueden reciclar y un programa de exploración y perforación en aguas someras y en tierra para compensar la caída de la producción. Esta estrategia no resuelve el problema de fondo, pero permite mantener la producción durante unos 10 años. En ese lapso se podrán gestar nuevos cambios en la legislación y Pemex podrá ir a aguas profundas.

Sobra decir que el futuro del país depende de quién tenga la razón. Porque si el primer diagnóstico es el correcto en menos de lo que canta un gallo estaremos enfrentando la peor crisis de la historia.

6. López Obrador ha seguido su guión a pie juntillas. Primero exigió el debate en el Senado y lo obtuvo. Luego impulsó su consulta patito para desacreditar la reforma. Ahora lanza a sus adelitas y monitos contra los diputados y los senadores. La coyuntura, sin embargo, no le favorece. El PRD se le salió del huacal. Y no sólo eso. El fantasma de la privatización de Pemex se desvanece por razones evidentes. Los mejores defensores de la reforma son los propios perredistas. Lopitos se ha quedado solo y por lo mismo se radicaliza cada vez más. Corre incluso el riesgo de quedar en el peor de los ridículos. Va cuesta abajo. Y, sin embargo, no hay que darlo por muerto. El panorama internacional e interno es muy complicado. Si la recesión mundial se mezcla con la crisis de las finanzas públicas, fundada en la caída de la producción de crudo y del precio del petróleo, estaremos en una situación límite. Y eso es, justamente, lo que espera López para resurgir como Ave Fénix.

Otra vez AMLO

Fernando Mejía Barquera
fmejia@milenio.com
Milenio

Nuevamente Andrés Manuel López Obrador es figura central en los medios. Lo ha sido de manera cíclica durante casi un lustro, lapso en el que se convirtió en punto de referencia, lo mismo para ser denostado que para recibir alabanzas. Provocador de odio o de idolatría, pocos medios y periodistas han logrado establecer una relación equilibrada, analítica, al margen de pasiones, con este político.

CICLOS MEDIÁTICOS

En 2005, con el episodio del “desafuero”; en 2006, con las campañas electorales y los “plantones” en las avenidas Juárez y Reforma; en 2007 con su gira por diferentes lugares del país como presidente legítimo; y en 2008 con su petición de espacios en los medios para “romper el cerco informativo”, y después con el “movimiento en defensa del petróleo”, López Obrador ha permanecido como protagonista de la política nacional para enojo de sus detractores y entusiasmo de sus partidarios.

En todos esos episodios el ex candidato presidencial del PRD ha dibujado ciclos cuyas características y trayectoria pueden identificarse fácilmente. Primero elige un conflicto relevante en la vida del país, lo convierte en bandera política, convoca a sus partidarios para envolverse en ella y “movilizarse” a través de la “resistencia civil”. Como las marchas, mítines o “asambleas informativas” organizados por el movimiento lopezobradorista continúan siendo masivas —hecho que provoca molestia entre los enemigos de AMLO—, los medios tienen que incluirlos en su agenda; la mayoría, sin embargo, coloca el acento en la opinión, que es generalmente negativa hacia López Obrador —a veces la información se mezcla con la opinión, a través de reporteros que “editorializan”— y, por lo tanto, el político tabasqueño pide espacios mediáticos para responder a las impugnaciones que recibe. Finalmente, como hay medios que prefieren criticar a López Obrador sin otorgarle derecho de réplica, éste se queja de “un cerco informativo” en su contra.

AMLO ha colocado en el debate sobre la deontología mediática un tema muy interesante: ¿en un país democrático los medios que en el ejercicio de su derecho a establecer la línea editorial que más les convenga deciden impugnar a un personaje político que actúa en el marco de la legalidad deben otorgarle espacios para que ejerza su derecho de réplica? Una postura ética y plural indicaría que sí. Pero no todos los medios lo entienden de esa manera.

UN NUEVO PERIPLO

Como en todos los ciclos, la atención que dan los medios a cada una de las recurrentes movilizaciones lopezobradoristas tiene un periodo de ascenso, un momento culminante y un lapso final en el que desciende hasta desaparecer en espera de que se abra un nuevo ciclo. Aparentemente el movimiento en defensa del petróleo empezará su periodo descendente la próxima semana cuando en la Cámara de Diputados se apruebe la “reforma petrolera” ya autorizada en el Senado. Si el lopezobradorismo consiguiera la inclusión de las “12 palabras” que en opinión de AMLO le faltan a esa reforma para no dejar resquicios a la privatización de Pemex, podrá festejar y elegir en la amplísima baraja de problemas nacionales alguno que le permita iniciar otro ciclo de movilizaciones. Si no se incluye la docena de palabras, AMLO podrá afirmar que el movimiento social encabezado por él “impidió el intento gubernamental de privatizar el petróleo”, pero llamará a sus partidarios para mantenerse atentos —es decir, listos para movilizarse— con el fin de impedir un nuevo intento en tal sentido.

Concluido el ciclo petrolero, la multiplicidad de conflictos que tiene México dará a López Obrador oportunidad de iniciar un nuevo periplo político-mediático. Ayer MILENIO publicó (p. 5) una frase sugerente de AMLO: “Vamos a seguir trabajando a favor de la gente y a exigir se congelen precios”. Tema perfecto para el nuevo ciclo. Luego vendrán otros hasta que en 2011 se inicie formalmente la carrera por la Presidencia.

Fin del primer acto

Ivonne Melgar
Retrovisor
Excélsior

Nos asomamos al fin de un ciclo en el que las fallas, ausencias y falacias gubernamentales tocan fondo.

Mientras de cara al marcador se concluye que el presidente Felipe Calderón perdió su apuesta energética a cambio de una reforma de tintes lopezobradoristas para Pemex, en Los Pinos hay euforia mezclada con respiros de alivio.

Claro que las cosas no quedaron como el gobierno quería. Pero un semestre después de aquella iniciativa presidencial que buscaba recursos privados para capitalizar a la paraestatal en ductos, refinerías y exploración marina, la balanza de las ganancias se recarga a favor del primer círculo de Calderón, cuyo saldo se mide no en función a lo que se pretendía alcanzar, sino de frente a las limitaciones políticas y partidistas que sobre la marcha se comprobaron.

Ni del gobierno ni del PAN y sus bancadas emergieron los operadores necesarios para sortear la falta de mayoría en el Congreso y la beligerancia permanente de Andrés Manuel López Obrador.

De manera que desde la óptica calderonista pesan en la evaluación los delicados momentos en que se puso en jaque la vida parlamentaria. El hecho de que, a pesar de aquel tribunazo, ahora todas las fuerzas políticas, con el PRD a la cabeza, se digan satisfechas de los cambios diseñados para la paraestatal, es visto en Los Pinos como un logro de la capacidad de las instituciones y del sistema político mexicano para conseguir arreglos, sin descarrilamientos.

Hay finalmente un paquete de reformas para Pemex, analizadas hoy por especialistas para determinar su alcance. Y lo mejor: un López Obrador con muchos seguidores aún, pero sin la estructura del perredismo que, institucionalmente hablando, dos años después de emprendido el juego de la supuesta ilegitimidad de Calderón, por fin le dio la espalda.

En medio de la efervescencia de la discusión legislativa hubo una señal de la distancia tomada hacia el tabasqueño por parte del PRD en su expresión parlamentaria. Nos referimos a la asistencia del presidente Calderón al Senado para atestiguar la entrega de la Medalla Belisario Domínguez, sin que los perredistas recurrieran al ausentismo. Desde entonces, 7 de octubre, estaba en marcha la ruta del arreglo concretado esta semana.

Pero más allá del resultado en pesos y centavos de las transformaciones que podría experimentar la paraestatal, en Los Pinos este momento se vive como el fin de un ciclo. Están a unos pasos de cerrar el círculo de las reformas “posibles”.

Y a pesar de la difícil coyuntura financiera internacional, también están a unos pasos de conseguir una cantidad inédita en la historia contemporánea en materia de infraestructura: 580 mil millones de pesos que podrían ejercerse en 2009 en obras diversas, si se concretan los 53 mil millones de pesos adicionales derivados de los cambios a la Ley de Presupuesto y Responsabilidades Hacendarias, cambios centrados en modificar asuntos administrativos de Pemex.

Si esto se logra, la gestión calderonista dará por concluido su primer tercio del sexenio, con una plataforma de transformaciones relevantes en las finanzas públicas pero, sobre todo, con un presupuesto que le dará amplios márgenes de maniobra no sólo a la administración federal, impulsando miles de obras millonarias, sino también a gobernadores y alcaldes.

Esa es la expectativa gubernamental. Cerrar este ciclo y, ahora sí, meterle el acelerador a la estrategia de seguridad y a la política social.

El nuevo ciclo, el arranque del segundo tercio del sexenio, no estará exento de ajustes obligados por la pelea electoral que se avecina y porque hay preguntas insoslayables que, si de acrecentar los márgenes de poder se trata, deberán responderse.

Por ejemplo: ¿qué pasa con una Secretaría de Gobernación, encabezada por Juan Camilo Mouriño, que nada tuvo que ver en el desenlace petrolero legislativo?

¿O cómo entender el arremangue de camisa del titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Genaro García Luna, el jueves anterior, cuando personalmente se encargó en la sede alterna del Senado de garantizar su resguardo?

¿Cómo entender la designación el domingo de Jorge Tello Peón como asesor del Presidente en materia de seguridad?

Es a todas luces una rectificación, un reconocimiento de que siempre no es cierto que todo se puede cubrir con la generación calderonista, con los nacidos después del 68, porque supuestamente la experiencia es mañosa.

El destacado experto en inteligencia, pilar clave del Cisen en administraciones pasadas y del aparato de seguridad, es de otra generación y formación política. Pero ya está despachando en Los Pinos y su tarea no es la de apuntar consejos prescindibles en tarjetas, sino la de reformular una estrategia que trae problemas y, según lo admitió el propio Ejecutivo federal, “traslapes” entre Seguridad Pública y la PGR.

Y sin detenernos en las siempre significativas minucias del organigrama, hay que poner en rojo el hecho de que el Presidente incluya a un nuevo elemento a su primer círculo de confianza, un grupo caracterizado por el recelo hacia aquellos que no vienen de atrás, de los días malos.

Porque esta incorporación revela que pasado el primer tramo sexenal, se imponen las evaluaciones y acaso las rectificaciones en ideas consideradas antes como inamovibles.

Para muestra basta recordar que Calderón ha dicho que para él, la lealtad resulta fundamental y determinante en la conformación de su equipo. Y sin renunciar a este criterio, es evidente que ahora habrán de sumarse nuevas valoraciones, como la de la experiencia probada.

Lo cierto es que está por terminar el ciclo del denominado aprendizaje, un ciclo en el que los riesgos políticos se sortearon con arreglos que fortalecieron a la partidocracia, sea con el nuevo IFE o con la naciente reforma petrolera.

A cinco semanas de que se cumpla el segundo año de gobierno, inicia el ciclo implacable de la prueba de las urnas, con unas elecciones legislativas intermedias que en 2009 estarán marcadas por el reto de demostrar que sí puede con la crisis económica y con lo que el calderonismo bautizó como la guerra al crimen organizado.

Se acabó el beneficio de la duda. Y el margen para la inevitable depuración del primer acto está por cerrarse.

El mal ‘timming’ de Ugalde

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”, decía Wittgenstein

En momentos en que el IFE enfrenta fuertes presiones de los partidos y del Congreso, su ex presidente salta a la palestra para tocar heridas no cicatrizadas

De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”, decía Wittgenstein. Pero Luis Carlos Ugalde decidió que tenía que hablar y aportar su testimonio sobre lo ocurrido en las polémicas y tensas elecciones presidenciales de 2006.

Con su libro Así lo viví, que promueve actualmente, el ex presidente del IFE intenta una defensa, algo desfasada y tardía, de su actuación en la organización y conducción de ese proceso que polarizó y dividió a la sociedad mexicana, y cuyas secuelas todavía se sienten hoy en el crispado ambiente político y social.

En el contexto de una crisis económica de tamaño aún impredecible, cuando la inseguridad y la violencia en todo el país siguen siendo reclamo pendiente, y en momentos en que el IFE enfrenta fuertes presiones de los partidos y del Congreso en sus afanes de partidizar al organismo autónomo, su ex presidente salta a la palestra para tocar heridas no cicatrizadas y remover los polvos de aquellos lodos de 2006.

Sin demérito del valor que tiene el testimonio de un hombre que fue protagonista directo, tal vez el momento elegido por Ugalde no fue el mejor para lanzar su libro y su defensa. El plan original del ex presidente del IFE era salir con su texto testimonial el 2 de julio pasado, en el segundo aniversario de las elecciones, pero amigos suyos lo convencieron de que no era conveniente en esa fecha. La pregunta es: ¿quién le aconsejó que este era un buen momento para sacar cadáveres del clóset?

Justo ahora que el aniversario número 18 del IFE acaba de cumplirse, afloraron públicamente las divisiones, fracturas y confrontaciones internas que aquellas elecciones dejaron en la institución, que acusó el desgaste de errores humanos y ambiciones partidistas.

El desangelado festejo de aniversario, encabezado el miércoles pasado por su presidente, Leonardo Valdés, se llevó a cabo en un ambiente de tensión interna. Las notorias ausencias de José Woldenberg y del propio Ugalde se sumaron al cisma que sacudió, justo ese día, al organismo por la remoción de dos funcionarios de primer nivel, el director de Prerrogativas y Partidos Políticos, Fernando Aggis Bitar, y el director del Servicio Profesional Electoral, Ignacio Ruelas.

Tres consejeros electorales desairaron también el festejo: Alfredo Figueroa, Marco Antonio Baños y Marco Antonio Gómez Alcántar, quienes abiertamente y en privado expresaron su rechazo a esos “despidos disfrazados de renuncia”.

La molestia de los consejeros tiene que ver con los señalamientos de que Valdés Zurita empezó a hacer a un lado a funcionarios que no le son afines, para lo que utiliza como su operador al secretario ejecutivo, Edmundo Jacobo Molina.

Jacobo Molina cuestionó el trabajo de ambos directores ejecutivos, con amplia experiencia en la materia, y desató la molestia interna porque su trayectoria no habla precisamente de una amplia carrera en el ámbito electoral. Procedente de la Universidad de Guanajuato, donde era compañero de Valdés, Molina es filósofo de profesión y su actual cargo es su primera experiencia en materia electoral.

Y aunque Valdés niega afectaciones por los súbitos movimientos en las direcciones del instituto, Aggis era el encargado del diálogo permanente con los partidos y enlace ante Hacienda para la entrega de recursos federales, además de ser quien extendía los cheques para las administraciones partidistas. ¿Con quién lo van a sustituir y cuándo?

Entre los consejeros se maneja que no son las únicas áreas en las que Valdés busca hacer sus inoportunos cambios. Al próximo funcionario que piensan remover, afirman, es al director del Registro Federal de Electores, Alberto Alonso Icoria, nada menos que el encargado del padrón electoral.

Así que, entre el mal timming de Ugalde para revivir los graves problemas y el desgaste que vivió el IFE en el proceso electoral de 2006 y las maniobras del actual presidente del organismo, las cosas se pueden complicar en al organismo electoral, justo cuando todo debería marchar sin contratiempos para la organización de las elecciones intermedias de 2009, que tienen la complicación especial de ser las primeras en las que se aplica la reciente reforma electoral.

NOTAS INDISCRETAS... El rector de una importante universidad pública del país se reunió a comer con la secretaria de Educación Pública. “Es una vergüenza, secretaria, que en pleno siglo XXI, en la era del conocimiento, México tenga 6 millones de analfabetas. No podemos aceptar eso, habría que emprender una cruzada nacional que se proponga como meta llevar a cero el analfabetismo”, dijo el rector esperando que la secretaria se entusiasmara con la idea e hiciera suya la propuesta. “Es una gran idea, señor rector. Le deseo mucha suerte”, le respondió la funcionaria federal para sorpresa y desencanto del rector… Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard se han aliado para cabildear juntos ante el Congreso su demanda de 6 mil millones de pesos para el Fondo Metropolitano durante 2009. Y por si la fuerza de ambos fuera poca, han sumado también al gobernador de Hidalgo, Miguel Osorio Chong, en la búsqueda de que los diputados les aprueben ese presupuesto para obras y servicios de las zonas conurbadas de las tres entidades que, dicen, beneficiaría a 21 millones de habitantes de 59 municipios del estado de México, 19 hidalguenses y 16 delegaciones del la capital. Bien dicen que la unión hace la fuerza… Tras la postura de AMLO en el tema energético, el grito de buena parte de los senadores perredistas que antes coreaban “!Es un honor estar con Obrador” cambió; a más de uno se le oyó adecuar la consigna: “¡Es un horror estar con Obrador!”. Y es que en la bancada senatorial del PRD, y también en el resto de las fracciones, hay molestia en serio contra la senadora Yeidckol Polenvsky, a quien responsabilizan de haber metido al recinto alterno al grupo de diputados perredistas que iban con la intención de “reventar” la sesión y evitar por la fuerza la votación de las reformas. Ayer por la noche, personal de mantenimiento cambiaba las puertas que rompieron los diputados que después se dijeron víctimas de la policía. Y aunque a nadie le gustó que la PFP haya tenido que intervenir en el recinto parlamentario, hay quienes creen que ese fue “el mal menor”, porque detrás del embate por la fuerza de los diputados perredistas, a los que Yeindckol abrió paso, había una intentona de un virtual golpe de Estado, similar al de Tejero en España, porque se intentaba secuestrar al Congreso. ¿Lo volverán a intentar el próximo martes ahora en San Lázaro donde los congresistas lopezobradoristas son muchos más?... Se baten los dados. Cierre con serpiente.