octubre 29, 2008

'Otras 17 palabras' por Paco Calderón

Y la volvió a hacer...

Francisco Garfias
Arsenal
Excélsior

La confusión era total momentos después de que unos 30 legisladores pejistas tomaron la tribuna en el Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados, con la aparente intención de reventar la sesión en la que se discutiría la reforma energética.

Andrés Manuel López Obrador acababa de retirarse de la Cámara de Diputados, donde fue recibido casi como un jefe de Estado. Durante 35 minutos tomó la palabra; dijo lo que quiso; su discurso fue transmitido en vivo y en directo por el Canal del Congreso, llevó invitados, tuvo su porra. Pero ni así...

“Allí está la seriedad y el respeto que le tiene López Obrador a las instituciones. Es vergonzoso lo que están haciendo”, soltó, inconforme, Emilio Gamboa, coordinador de los diputados del PRI, en dirección de Roberto Garduño, reportero de La Jornada, como si quisiera convencerlo de la irracionalidad de lo que sucedía.

Eran segundos de incredulidad, incertidumbre, desconcierto. La necesidad de aplicar el “plan b” para aprobar la reforma energética —irse a sesionar a otro sitio— parecía la única solución. “Hay tres sedes alternas; una de ellas es fuera de la Cámara”, informaba a los reporteros.

Gamboa bajó enseguida por la llamada “escalera imperial” (corredor central) y a la mitad del salón se metió entre curules. Allí se entrevistó brevemente con Héctor Larios, coordinador de los azules, y César Duarte, presidente de la Mesa Directiva. El FAP garantizaba condiciones mínimas para sesionar.

Noventa segundos después sonó la campanita que anunciaba el inicio de una sesión que se desarrolló en condiciones verdaderamente deplorables. Cada vez que un diputado subía a la tribuna para defender la reforma, los legisladores pejistas, que mantuvieron tomada la parte alta de la misma, hacían sonar cornetas, sirenas, o golpeaban la mesa, para que no se escuchara al orador.

Las protestas fueron de más a menos. Ni siquiera la parte más cuestionada de la reforma (el artículo 60 de la Ley de Pemex) reavivó a los derrotados inconformes. A las 17:30 horas, los pejistas doblaron la tercera manta que exhibieron y se retiraron calladamente del Salón.

Quedaron sólo panistas, priistas, verdes y neoaliancistas. La reforma se aprobó entre aplausos eufóricos y gritos de ¡sí se pudo..!

A final de la sesión, casi a las seis de la tarde, volvió a sonar el celular de Gamboa. Era el presidente Calderón. Le pedía al coordinador felicitar a los diputados del PRI, por la forma “comprometida y nacionalista con la que actuaron en beneficio de México”.

En la atmósfera flotaban, como espada de Damocles, las últimas palabras pronunciadas por AMLO antes de abandonar la Cámara de Diputados: “Vamos a regresar antes del 15 de noviembre, antes de que se apruebe el Presupuesto, para defender la economía del pueblo de México”.

* * *

César Duarte, priista de Chihuahua y aspirante a gobernador, se ganó el aplauso de los legisladores del FAP, por haber recibido a López Obrador. “Es muy generoso”, reconoció el coordinador de Convergencia, Alejandro Chanona. Otros diputados del Frente, como los perredistas Antonio Soto y Tonatiúh Bravo o el convergente Cuauhtémoc Velasco elogiaron públicamente la apertura del priista.

Algo muy diferente a lo sucedido el jueves pasado en el Senado con el panista Gustavo Enrique Madero, presidente de la Mesa Directiva y también aspirante a gobernar el estado más grande de la República.

El legislador azul se fue por la mano dura y no le dio audiencia al legítimo. Tampoco tregua a los diputados pejistas que intentaron boicotear la sesión en la Torre del Caballito. Acabaron zarandeados por la Policía Federal. Dos estilos diferentes. ¿Cuál prefiere?

* * *

Sólo un diputado panista asistió motu proprio a escuchar a López Obrador en el Salón Protocolo, donde el legítimo fue recibido junto con sus diez distinguidos acompañantes. Se trata del tabasqueño Gerardo Priego. Hubo otros diputados azules que allí se encontraban, como Margarita Arenas o Jesús Espinosa, pero son miembros de la Mesa Directiva.

Lo curioso es que el grueso de los diputado azules siguió la visita de López Obrador al Palacio Legislativo en las pantallas de televisión instaladas en el otrora llamado “spa del PAN” —construido en los tiempos en que Felipe Calderón era el coordinador del grupo—.

* * *

El panista Ricardo García Cervantes se voló la barda. Tuvo la puntada de solicitar a Gustavo Madero que invite al ex presidente Vicente Fox a reunirse con los integrantes de la bancada en el Senado, para que conozca el contenido de la reforma energética.

“Seguramente el ex mandatario no ha leído la reforma”, dijo García Cervantes, quien, mordaz, manifestó su disposición con el fin de explicar, a él o a cualquier persona de su confianza, los alcances de la misma, “para que lo orienten, antes de hacer declaraciones”. ¡Sopas..!

Fox calificó los siete dictámenes aprobados por el Congreso como “reformita”.

Lo suyo es el conflicto

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Pero si él es el único que está satanizando al movimiento. Florestán

Me preguntaban por qué Andrés Manuel López Obrador iba a aceptar la reforma energética si lo suyo, lo que le ha servido de plataforma y lanzadera, ha sido el conflicto.

Y desde el silencio, a conflicto pasado, me quedó claro que esa es la respuesta que no atinaron a encontrar los confiados en que iba a decir que sí después de las mesas del Senado, de la propuesta del FAP, de la recomendación de su Comité Técnico, de lo descremado de las iniciativas, de la eliminación de la privatización de Pemex, su eje central, y del respaldo mayoritario de los legisladores del PRD.

Pero la respuesta fue no.

López Obrador llevó la decisión hasta el último momento, la víspera de la discusión en el Senado, con su votación, bloqueo y advertencia.

De haber dado su beneplácito a la reforma no hubiera sido recibido ayer, como exigió, por la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados en una sesión especial en la que manejó horario de llegada, tema del encuentro y duración de su discurso; impuso forma y fondo, y todos, desde esa instancia que entre otras mandó al diablo, apechugaron. Hizo lo que quiso con ellos, los manejó a su antojo.

Ante los integrantes del más alto órgano de gobierno de la Cámara de Diputados que le escuchaban, el personaje les advirtió, amenazó, exhibió y dio línea de cómo votar, calificando de cómplices y traidores a los que no lo hicieran en el sentido que les marcaba, no obstante el voto de los senadores, dándoles una clase de cómo se hace política. Y como llegó se fue, cuando quiso, y en medio de gritos de ¡pre-si-dente-pre-si-dente!

Hasta esa instancia legislativa, vedada a cualquier otro mexicano, López Obrador llegó desde el conflicto que fue el que le abrió esta puerta, y otras, cerradas para todos los demás.

Por eso, ¿por qué iba a dejar el escenario de conflicto si es el que le ha dado todo?

¡Qué ingenuos!

Retales

1. RICARDO.- Me escribe el senador Ricardo Monreal para comentarme que no ha sido notificado por nadie del PRD de un proceso de expulsión por el caso Acapulco, que aún no presentan las pruebas que exigió de su apoyo a Luis Walton y que fue el Tribunal Electoral, y no López Obrador, el que lo restituyó de sus derechos partidistas luego del caso Zacatecas. Yo te agradezco el tono, Ricardo;

2. AL ANDAR.- El endurecimiento de López Obrador y su alejamiento del camino electoral fortalecen a Marcelo Ebrard para la selección de 2012, aunque tampoco se puede confiar en quien ha hecho de lo impredecible, un ejercicio predecible; y

3. FERNÁNDEZ.- Lo que es la estirpe. En la primera cumbre Iberoamericana, Guadalajara 1991, Vicente Fernández cantó a los presidentes en el Hospicio Cabañas; 17 años después, Alejandro, su hijo, lo hará en la cumbre de El Salvador, esta semana.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Democracia, esencia y valor

Lorenzo Córdova Vianello
Investigador y profesor de la UNAM
El Universal

En un famoso texto de 1929 (Esencia y valor de la democracia), Hans Kelsen, uno de los más importantes teóricos de la democracia, señalaba que la tendencia al compromiso revelaba la naturaleza misma de esa forma de gobierno. En ese sentido, el procedimiento democrático, que es incluyente por definición, parte del reconocimiento y respeto de la pluralidad ideológica existente en una sociedad y de la interacción recíproca de las diversas posturas políticas de cara a la toma de las decisiones colectivas.

Por ello, democracia significa discusión entre dos o más bandos y el resultado favorecido por esa discusión en el proceso de formación de la voluntad de la comunidad es el compromiso. Esa es la esencia, a su juicio, de esa forma de gobierno.

Por supuesto, en la democracia las decisiones se toman por mayoría (lo que constituye su “regla de oro”), pero eso no es suficiente. El mero mayoriteo no es democrático en sí: éste se asemeja más a la “tiranía de la mayoría” de la que Tocqueville alertaba a cuidarse. La decisión para ser realmente democrática siempre tiene que estar precedida por la discusión, el debate, la confrontación de ideas. Y esto propicia la mayoría de las veces la tendencia al acuerdo, a matizar las diferencias y a privilegiar los consensos.

El acuerdo, decía Kelsen, supone la “solución de un conflicto por una norma que no coincide enteramente con los intereses de una de las partes ni se opone enteramente a los de la otra”.

Eso es, me parece, lo que sucedió en una de las decisiones políticas más importantes de los últimos años y que se plasmó en la reforma petrolera en vías —hasta ayer— de aprobación: ninguna de las posturas particulares se impuso y el resultado (que muchos trasnochados fundamentalistas del liberalismo económico hoy lamentan) fue el resultado de una amplia discusión pública, una intensa interacción entre las partes y una inevitable matización de posiciones. Fue una reforma típicamente democrática en la que la lógica del todo o nada se diluyó ante una decisión que implicó concesiones recíprocas y atenuación de los planteamientos originales.

Eso, en buena medida, fue conseguido, debe reconocerse, gracias al movimiento que propició López Obrador, por eso es lamentable que ahora de ese lado se desvirtúen los logros legislativos obtenidos. En las democracias nadie tiene el monopolio de la verdad ni de la decisión; se tienen convicciones y es legítimo defenderlas por todos los medios lícitos (incluso la movilización permanente) y pretender que las mismas prevalezcan sobre las opiniones contrarias, pero eso no es lo mismo a negarle reconocimiento y validez también a las posturas de los adversarios aunque difiramos en mucho de ellas. Eso es una perogrullada, pero no sobra recordarlo.

Lo acontecido deja lecciones para todos. Por un lado, esperemos que de aquí en adelante todas las “grandes decisiones”, las que interesan particularmente a la sociedad, sean el resultado de discusiones amplias e incluyentes en las que se privilegien los consensos (como acaba de ocurrir), dejando de lado la tentación a los albazos y los simples mayoriteos que de democrático, como señalábamos, tienen poco. Por otra parte, ojalá prevalezca la disposición al acuerdo, lo que no supone la de renunciar a la defensa legítima de nuestros propios puntos de vista, pero sí a su prevalencia a toda costa. En una sociedad tan polarizada y lastimada como la nuestra, no aspirar a eso significa apostarle simple y sencillamente a un choque de trenes.

¡Es un error estar con Obrador!

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Pues si creyeron que Andrés Manuel quitaría minas del camino para darle paso a la discusión en San Lázaro que puede volver realidad la reforma energética, ¡qué ingenuos! O, ja-ja-ja, como debe estar pensando el Peje.

A pesar de haber dicho que se manifestaría “pacíficamente” en las afueras de la sede de los diputados, en busca de quien escuche y nos salve de las ambigüedades que él y su equipo han notado en el texto aprobado en Xicoténcatl, la hizo de nuevo y mandó a los ocupantes de curul identificados con el Frente Amplio Progresista a que tomaran las tribunas otra vez, con la finalidad de impedir la discusión.

Con todo y la presencia de elementos de la Secretaría de Seguridad Pública y la Policía Federal Preventiva, según lo había indicado Marcelo Ebrard hace unos días, a petición del propio Congreso, por supuesto.

Así, brazo con brazo, los 30 diputados —del Partido de la Revolución Democrática, el del Trabajo y Convergencia— que subieron al pleno, no dejaron que se iniciara la sesión.

Pero el resto de los legisladores —ya con la lección aprendida— hicieron sonar la campana.

Esto, a la par de los panistas, quienes también hicieron una valla humana en los alrededores de la parte baja de la tribuna, donde se dio comienzo a la discusión.

El Pleno, convertido en escenario otra vez.

Dato curioso fue que el número de legisladores perredistas que intentaron impedir las actividades era menos de la mitad de los demás perredistas, los de la llamada Nueva Izquierda, que sí permanecieron en su sitio a la espera de discutir y votar.

Porque la postura generalizada del PRD, desde el jueves pasado en que se aprobaron los dictámenes en la Cámara de Senadores, fue de votar a favor y así lo hicieron. Esto a petición expresa del líder de la bancada de los perredistas, Javier González, quien reconoció el riesgo en que se pone a Pemex con la búsqueda de contradicciones, ambigüedades y manifestaciones callejeras.

Su lugar está, según lo expresó, en las curules, en busca de aclarar lo pertinente a través del diálogo.

Y es que la voz generalizada sigue siendo: ¿por qué AMLO pretende imponer el punto de vista de su minoría de incondicionales en la Cámara?

A veces se pensaría que él mismo cree que su supervivencia política depende exclusivamente de su capacidad de “armarla de jamón”.

Que toda vez que la carrera por la candidatura perredista se le irá cerrando en la medida en que la Jefatura de Gobierno que encabeza Ebrard, por un lado, arroje resultados, y la dirigencia perredista, liderada por el ala de Los Chuchos, del otro, su camino se irá cerrando cada vez más.

Entonces, parece decidido: el Peje se atrincherará como el ala más radical de la izquierda de aquí a 2012.

Y, para muestra, el tema de la reforma energética: a raíz de que el Ejecutivo entregó su propuesta, el Congreso recibió otras más, una de ellas, del Peje, quien entiende que su presidencia pejítima, sólo tendrá cierto sentido —para él y sus seguidores— si se convierte en un clon bizarro, un espejo oscuro a todas las propuestas del Ejecutivo de Calderón.

Finalmente, es el Peje…

Por fortuna, nada impidió la sesión, el debate se realizó y los votos aprobaron los dictámenes discutidos… y, desde luego, tampoco hubo nada que impidiera a AMLO mandar a su clan hacer el oso, pues el mismo Carlos Navarrete reconoció como un error la toma de tribunas… lo que podría traducirse como un cántico renovado: para muchos, ya no es un honor, ya, ¡es un error estar con Obrador!

La estrategia de AMLO

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

¿Fue necesario convertir en carpa la Cámara de Diputados, o que sus gerifaltes la hicieran de patiños para corroborar que la “lucha patriótica” por la soberanía petrolera es una farsa?

Lo que menos pretendió (con auténtica “honestidad valiente”) Andrés Manuel López Obrador fue que se debatiera su señuelo de parchar la reforma de consenso propuesta por el Senado.

Desde principios de 2006, cuando inició su campaña por la Presidencia (que su soberbia le hizo perder, pero que quiere alcanzar en 2012), su estrategia sigue siendo la de “cuchillito de palo” (que no corta, pero bien que chinga): el sabotaje popular prolongado a cualquier debate democrático de ideas.

“Respetuosamente”, López Obrador traicionó su palabra de aguardar en la calle, en compañía de sus devotos, la respuesta legislativa a su tramposa solicitud.

Cobijados en la impunidad que les garantiza el fuero, sus propios acólitos asaltaron la tribuna… en que debió ventilarse la propuesta del remiendo, con lo que delataron el burdo engaño.

Magnates en fuga

Alejandro Gertz Manero
editorial2003@terra.com.mx
El Universal

La imagen de un empresariado que parecía infalible e impecable se está derrumbando en México con motivo del asalto a la sinrazón que ejercieron muchos magnates de nuestra industria y comercio, que creyeron ser magos del financiamiento virtual y de los préstamos en petrodólares; lo que les iba a permitir la multiplicación de sus emporios con base en las mismas premisas falsas que llevaron a la economía mundial a hundirse en el inmenso fraude que estamos padeciendo.

La especulación desaforada de quienes quisieron enriquecerse hasta el infinito con créditos casi gratuitos en dólares falsos ha llevado a muchas vacas sagradas del empresariado a quiebras estrepitosas y a los consecuentes desastres financieros para toda nuestra economía; y en razón de ello, sería interesante saber si a esos magnates tan patriotas e impolutos les importó en algo el daño tan enorme que podían causarle al país con su desmesurada avaricia e irresponsabilidad.

Ahora, la doble moral de esos próceres financieros ya es irrelevante, ante su derrumbe a causa del tsunami fraudulento que urdieron los petroleros y los industriales de la guerra, que son los responsables fundamentales de esa inmensa burbuja de préstamos impagables que ha contaminado hasta las entrañas mismas de la economía mundial.

Esta crisis generada por esas pandillas delincuenciales es la que está provocando las “corridas” suicidas contra el peso por parte de todos aquellos que se “apanicaron” y que ahora buscan refugio en el mítico dólar, o de quienes tienen que pagar con pesitos cada día más chiquitos y devaluados los préstamos en dólares que supuestamente los iban a llevar a multiplicar exponencialmente sus riquezas; y que ahora se han convertido en víctimas de las caídas abismales en las bolsas, los derrumbes del oro y la picada del peso, que les han arrebatado todo el dinero que creían suyo y que ya se fue para siempre, a pesar del financiamiento de emergencia que el gobierno ahora les está concediendo, que sólo hará más larga y profunda su agonía y la del país.

En estos momentos tan aciagos ojalá y nuestros fracasados magnates vuelvan los ojos al cielo y le pidan clemencia al Creador, flagelando sus cuerpos pecadores con los agudos cilicios de la austeridad, para así expiar su pecado de avaricia, que los llevó a arrodillarse y a danzar frente a un becerro de oro que tenía sus patitas hechas de pura composta.

Vergonzoso

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Sólo faltó que a López Obrador se le rindieran honores como Presidente Legítimo de los Estados Unidos Mexicanos durante su presentación ayer en la sede del Congreso.

La vergüenza que vivió ayer la Cámara de Diputados explica en buena parte por qué estamos como estamos.

Y estamos de cabeza. Caminamos al revés.

Los diputados, presididos por el priista César Duarte, le dieron a López Obrador la tribuna que le negaron al Presidente de la República.

Si fuera por convicción y creen que AMLO ganó las elecciones, adelante. Y hagan lo que legalmente corresponda para instalarlo en la silla presidencial.

Pero lo que hicieron ayer los diputados ante López Obrador no fue por convicción, sino por miedo. Fue un acto de supina cobardía.

Si López Obrador quería dar su opinión sobre la reforma energética, tuvo a su alcance los 22 foros que organizó el Senado, y no asistió a ninguno.

Y si para mostrar absoluta buena fe querían darle un espacio el mismo día en que se votaban los siete dictámenes de la reforma, debió ser con preguntas y respuestas.

No se abrió la posibilidad a cuestionar ni siquiera mínimamente al personaje que tuvo a su disposición el micrófono por 45 minutos, en un monólogo plagado de insultos, mentiras y lugares comunes.

Cero réplica. Cuánta cobardía.

Lo dejaron insultar, azuzar, incitar a la confrontación, se levantó y se fue al cordón de partidarios suyos que rodeaba San Lázaro.

Por eso el país está como está. Por la cobardía de buena parte de la clase política.

Al Presidente de la República se le niega el derecho de ir a presentar su Informe a San Lázaro, se le pide que lo mande por escrito y los diputados se reservan el derecho a citarlo a comparecer en caso necesario.

A López Obrador, en cambio, alfombra roja y caravanas.

Le dieron tribuna, micrófono, cadena nacional de televisión y cero preguntas, porque le tienen miedo.

Los diputados han confirmado lo que tantas veces hemos señalado en esta columna: se doblan ante los violentos y son soberbios ante el ciudadano que es respetuoso de la ley.

A pesar del daño que López Obrador le ha hecho al país, le permiten el uso de la tribuna en los salones del Congreso, sin formularle una sola pregunta.

Le abrieron el canal de televisión del poder Legislativo para que insulte a las instituciones, mienta sobre la reforma energética y azuce a la población para aumentar la polarización… sin que nadie le hiciera un cuestionamiento.

El formato de la reunión lo impedía. Nada de preguntas (que habrían mostrado su ignorancia sobre el tema).

Le dieron tribuna a quien ha enseñado al país que las cosas se consiguen por la fuerza.

Es mentira lo que dijo el presidente de la Cámara, César Duarte, quien afirmó que a López Obrador se le dio tribuna “como a cualquier otro ciudadano que quiera dar su opinión respecto de la reforma energética”.

Falso. Esa oportunidad, en el Salón de Protocolo del Congreso y sin derecho a cuestionamientos, sólo se le da a quien amaga con la violencia, insulta y amenaza.

Lo que hizo la Cámara de Diputados es una acción ominosa de cobardía, de falta de respeto a sí misma, y envía un malhadado mensaje a la población.

Duarte le pidió al coordinador de la bancada del PRD en San Lázaro que a cambio de dejar hablar a López Obrador los diputados de ese partido guardaran un comportamiento civilizado durante la sesión de debate y votación de los dictámenes de la reforma energética.

¿Cuál fue la respuesta?

Lo mandaron por un tubo. Así y todo, el priista permitió que López Obrador tuviera todos los privilegios de un Jefe de Estado en la sede del Congreso.

Por cobardía, nada más.

Porque López Obrador y sus seguidores saben abrir puertas a patadas.

Eso es lo que cuenta en México. La fuerza, la amenaza y el chantaje.

Estamos a años luz de construir un país con Estado de derecho y certeza jurídica, que son lo mínimo indispensable para el desarrollo de un país.

Veamos China. Veamos India. Ahí van rumbo al desarrollo, gracias a la educación de calidad y a la certeza jurídica.

Aquí a un impostor se le da trato de Jefe de Estado, y se educa a la población a conseguir las cosas por las malas.

¿Que no es una derrota?

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Agradezco los comentarios sobre mi texto de ayer, “La derrota de la que no se quiere hablar”. Personas a las que respeto criticaron mi escepticismo ante la, por fin, aprobada reforma de Pemex. Pero no desmontaron el argumento central de mi desencanto: la esencia de la reforma original era inyectar dinero privado que el erario difícilmente puede pagar, al menos en los plazos y ritmos que la competencia y el agotamiento de las reservas demandan para levantar a una empresa que acumula una caída de 60 por ciento en sus utilidades en lo que va del año.

No habrá inversión privada en ductos, refinación, almacenamiento. La nueva ley, además, no facilita la inyección de capital fresco en las mitológicas aguas profundas. El dinero que traerá la reforma será público. Que me disculpen los conformes: eso no era lo que se pretendía.

Me parece muy voluntarista, y muy parcial, el razonamiento de que es una buena reforma porque, en teoría, se mejorará la administración de Pemex, aunque para ello se crearán más instancias burocráticas.

Y para quienes celebran el triunfo del acuerdo político, retomo las palabras finales de Andrés Manuel López Obrador ayer en San Lázaro: “Paramos su reforma privatizadora, pero (a propósito de los “bloques” en el Golfo de México) vamos a evitar que se cometa el mayor agravio en la historia de nuestro país, porque es evidente la trampa que hay en la ley que piensan aprobar”.

El personaje central de esta larguísima comedia petrolera se levanta de la mesa con las bolsas llenas de fichas y diciendo: ¡me quisieron robar!

Triunfaron los tabúes, el nacionalismo decimonónico; la superstición y el miedo. Si la quieren llaman victoria, pues llámenla victoria.

¿Y los 9 mil millones, Andrés?

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Manuel Camacho confirma que el gobierno de Salinas sobornó a AMLO
La mafia política de Obrador se benefició de Pemex con millones de pesos


Durante 16 años fue parte de la picaresca mexicana. Pero hoy son firmes las pruebas de que en 1992 Andrés Manuel López Obrador recibió 9 mil millones de pesos a cambio de retirar un plantón del Zócalo.

Sí, a despecho de sus fanáticos, hoy no sólo es posible hablar de la farsante “honestidad valiente”, sino que obliga a preguntar sobre el destino de los millones que dio el gobierno de Carlos Salinas a López Obrador en ese 1992. ¿Dónde quedaron los 9 mil millones de pesos, Andrés?

Pero no basta confirmar que Salinas “maiceó” a AMLO con ilegales y millonarios sobornos —¿quién lo creería?—, sino que corresponde a las endiabladas instituciones del Estado mexicano indagar y explicar la responsabilidad de los secretarios de Estado que —en 1992— sobornaron a AMLO con montañas de dinero. ¿O nadie va a decir nada ante la evidencia de esos sobornos millonarios? Van las pruebas.

En su sesión del 11 de febrero de 2004, en la Comisión Permanente del Congreso protagonizaron un peculiar debate el senador Juan Rodríguez Prats —tabasqueño del PAN— y el diputado Manuel Camacho Solís, del PRD. Legisladores de PRI y PAN cuestionaban con severidad la ausencia de transparencia en el GDF, lo que motivó un “raspón” al ex regente del salinismo, Manuel Camacho, quien defendía su relación con AMLO. En esas andaban cuando Rodríguez Prats interpeló a Camacho Solís.

“Señor diputado, conteste nada más sí o no… en 1992 proporcionó usted 9 mil millones de viejos pesos, 9 millones de pesos de ahora, a Andrés Manuel López Obrador para desalojar el Zócalo”.

Camacho trastabilló, defendió la honradez de su regencia y dejó caer: “No le entregué yo a López Obrador ningún recurso; lo que hizo el gobierno de la República fue cumplir con compromisos que estaban establecidos y, eso sí, con el visto bueno del resto de las secretarías que tenían intervención en esos asuntos. No fue una decisión del jefe del Departamento del DF, se cubrieron las indemnizaciones correspondientes a trabajadores que tenían derechos laborales y que Pemex estaba obligado, de acuerdo con el criterio del secretario del Trabajo, en esa época, Arsenio Farell”.

Como queda claro, Camacho intentó salir del brete. Pero en su intento por deslindarse y exonerar a AMLO de un soborno que todos saben que existió, sólo “embarró” al gobierno de Salinas. Y es que quedan sin responder montañas de interrogantes. ¿A poco los derechos laborales se pagan con costales de dinero y a cambio de levantar un plantón? Camacho aporta más elementos sobre el tema en entrevista con el investigador George W. Grayson el 9 de julio de 2004 —parte del libro Mesías mexicano—, en donde la versión cambia y resulta más puntual.

Dice Grayson (pág. 91 y 92): “Además de proporcionar a los manifestantes baños portátiles, agua potable y otros servicios de primera necesidad, se dice que el regente Camacho Solís le dio a López Obrador una generosa suma de dinero para que retirara a los manifestantes. Un político tabasqueño colocó la cifra en 80 mil millones de pesos (Rafael López Cruz). El gobierno también puso a su disposición 200 autobuses para transportar a los tabasqueños a sus casas. Camacho subrayó que sostuvo conversaciones con López Obrador, Gutiérrez Barrios, (Arturo) Núñez, el director general de Pemex (Carlos Rojas) y el secretario del Trabajo (Arsenio Farell Cubillas)”.

Le dijo Camacho: “En vista de la probabilidad de que López Obrador y los manifestantes tuvieran la oportunidad de recibir indemnización de los tribunales, todos estuvimos de acuerdo en que era mejor proporcionarles fondos con los cuáles dispersaran su demostración y regresaran a casa”.

Y abunda: “Cuando los partidarios de López Obrador regresaron a Villahermosa, se propagó la noticia de que González Ballina, entonces presidente del PRD estatal, tenía un montón de pesos para distribuirlos entre aquellos que habían protestado en la capital. Un observador afirma que parecía una nueva fiebre de oro de California, cuando cientos de personas invadían la casa de Ballina, afirmando que habían tenido parte en el éxodo”.

Asistimos, en voz del propio Manuel Camacho, a la confirmación de que el gobierno de Carlos Salinas corrompió a AMLO, con cantidades millonarias entregadas a cambio de levantar un plantón político. ¿Cuántos millones, de viejos pesos, le entregaron? ¿A dónde fue a parar ese dinero? ¿Quién tiene registro del destino del dinero? ¿Dónde quedó la “honestidad valiente”? Los fanáticos no van a creer nada. Pero alguien, en el PRD, en la izquierda, en las instituciones, debe explicar lo ocurrido. ¿La mafia política de AMLO?