noviembre 02, 2008

'Calaveras exhumadas del mismísimo panteón' escritas y dibujadas por el yerto Calderón





El perfecto idiota

Manuel Gómez Granados
La Crónica de Hoy

En un artículo reciente, el poeta y ensayista mexicano Gabriel Zaid nos recuerda el origen de la palabra o sustantivo idiota: “En los mejores momentos de la democracia griega, se esperaba de todos los ciudadanos preocupación por la polis y una participación activa en la vida cívica. Se llamaba idiotas a quienes no atendían más que a sus intereses particulares, descuidando el interés colectivo”.

En el prólogo al Manual del perfecto idiota latinoamericano, Mario Vargas Llosa señala que este personaje es aquel que “cree que somos pobres porque ‘ellos’ son ricos y viceversa, que la historia es una exitosa conspiración de malos contra buenos en la que ‘aquéllos’ siempre ganan y nosotros siempre perdemos”, es decir, somos pobres porque los ricos han abusado y siguen abusando de los pobres. ¿Le suena conocido?

Con la reciente aprobación de la reforma petrolera –que no energética– afloraron una serie de actitudes que muestran claramente la idiotez de algunos actores de la política mexicana: el dirigente de la llamada resistencia civil pacífica demostró fehacientemente que su movimiento no es resistencia, sino una especie de obstinación ciega; no es civil, sino que se ha reducido a un expresión facciosa e intolerante, ni mucho menos es pacífica, sólo se trata de un vulgar ejercicio de grilla y agitación callejera.

Lo peor y lo insólito del caso es que todavía hay gente bienintencionada y sinceramente preocupada por el país que sigue creyendo en él. Algunas personas siguen convencidas del viejo cuento del compló. Sin embargo, lo realmente importante para este dirigente es continuar “con su lucha” (Mi lucha, diría Adolf Hitler), sin asumir su responsabilidad con el país, con el tan llevado y traído “pueblo”, que se convirtió en un fetiche en su discurso.

El reduccionismo que caracteriza sus razonamientos –sólo 12 palabras, dice él, serían necesarias para salvar a la patria de los aviesos y velados intentos privatizadores de la oligarquía nacional y extranjera– refleja no sólo pereza intelectual, sino oportunismo para continuar con una tozuda oposición a todo. ¿A qué parte de la reforma de Pemex se oponía? A ninguna y a toda. ¿Con la aprobación final se terminarán sus protestas? Por supuesto que no.

Parece que le encanta ser temido y adulado, sólo así se puede explicar la inexplicable petición a la Cámara de Diputados para ser escuchado, cuando desdeñó participar en los foros que se organizaron para debatir el tema: prefirió mandar a sus peones.

La aceptación de nuestro Congreso para abrirle la tribuna a esta persona y haber negado al presidente de México la posibilidad de debatir con ellos en septiembre pasado, como el mismo Felipe Calderón lo solicitó, es sólo una muestra de que triunfó la presión callejera y el miedo sobre la razón y la visión de Estado.

Le gusta ser temido, aunque paradójicamente también le gusta hacerse la víctima –como el compló del desafuero o el supuesto despojo de la elección de 2006–. A final de cuentas el pretexto es lo de menos, lo que importa es seguir con la negación y el rechazo a todo lo que provenga del gobierno, incluso de los miembros de su propio partido; crearse adversarios para seguir en el ring y seguir en el centro de la atención.

Por eso no debería sorprender que este personaje haya decidido continuar con su lucha salvadora del país hasta el infinito, o por lo menos hasta el 2012.

Ahora la bandera será la crisis económica; demandar la creación de empleos, que él mismo sabe que será prácticamente imposible crear; congelar precios de alimentos, frente a una inercia de aumentos a nivel mundial; bajar el precio de las gasolinas, cuando una de las políticas impositivas gubernamentales más difíciles de aplicar es precisamente eliminar el subsidio a las gasolinas; evitar la caída de los fondos de pensiones, cuando eso no depende exclusivamente del gobierno; aumentar el presupuesto al campo, como si todo se redujera a dar más dinero, cosa que ya se está haciendo, a veces sin capacitación, ni infraestructura…

En síntesis, nuestro perfecto idiota se prepara para capitalizar el malestar de la población a causa del previsible agravamiento de la crisis económica. Parece que no le interesa la gente, el pueblo, lo que le interesa es ponerle piedras en el camino al gobierno, hacerle la vida de cuadritos para imponer su visión de las cosas.

Atrás quedó el justo anhelo que le admirábamos de buscar auténticamente el bien de los pobres, reducir la desigualdad, combatir la corrupción, buscar la justicia social, y construir una izquierda moderna, propositiva, eficaz… y ganó el bochinche.

La condena de lo “posible”

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Mientras las grandes economías del mundo se aprestan para emprender una colosal revolución energética —la solución y salida a la gran recesión que se avecina— en México discutimos sobre las herejías, sacrilegios y abominaciones petrolíferas que no podemos cometer bajo la custodia de Santa Constitución. Está muy bien, lo de volver a los orígenes y de consagrar, una vez más, los sacrosantos dogmas nacionales. Después de todo, eso es lo que deseamos fervientemente los mexicanos: seguir siendo nosotros mismos, no parecernos a nadie, hacer las cosas a nuestra manera y rendir culto, de forma permanente e inamovible, a nuestros dioses aunque éstos no sean de prosapia muy antigua sino deidades modificadas a discreción por los últimos jerarcas del régimen nacionalista-revolucionario.

Se ha terminado la época de los cambios, sin embargo. Zedillo estuvo a punto de privatizar la electricidad de este país pero su intento no pasó de significar una de las primeras expresiones de ese presidencialismo acotado que tan rotundamente exhibe las miserias de un sistema político que, paradójicamente, no fue diseñado para funcionar sin un presidente fuerte. Así las cosas, hoy día se acometen, en México, las reformas “posibles” y no las “deseables”. Pero, nadie parece haberse detenido a reflexionar que un país que no aspira más que a lo posible —sin mayores perspectivas y ambiciones—es un país condenado a la mediocridad. Tal es, con todo, el destino nacional que ha decretado nuestra clase política, esa subespecie parasitaria conformada por individuos vulgares, oportunistas y cortos de miras incapaces de fijar el calendario más allá de las siguientes elecciones.

El petróleo fue nuestra gran oportunidad y, curiosamente, se ha convertido en nuestra gran derrota. Nunca pudimos entender que era una mera herramienta, un simple producto que facilitaría el desarrollo económico de un país que debía, al tiempo que extraía las riqueza del subsuelo, construir infraestructura, fijar reglas claras y crear certezas jurídicas en vez de traficar con el oro negro para beneficio directo de una casta gobernante y sus grupos clientelares. Naturalmente, para expropiar los hidrocarburos y transmutarlos en caja chica del Gobierno, sindicatos, contratistas y empleados de la empresa paraestatal, fue necesario santificar la propia naturaleza de la materia prima, consagrarla en el altar de los grandes principios de la patria y elevarla a rango de dogma indiscutible. El petróleo, así, dejó de ser un medio para alcanzar otros propósitos y se volvió un fin en sí mismo, una especie de representación de la esencia mexicana calculadamente avalada por los dirigentes políticos del momento. Tuvimos religión y derroche, en vez de pragmatismo y dividendos.

Nos encontramos, de tal manera, en la situación actual: Pemex, la gran empresa paraestatal explotadora de los hidrocarburos, tiene una deuda de pronóstico reservado, opera con pérdidas a pesar de los altos precios que ha alcanzado el barril en tiempos recientes, produce cada vez menos combustible, importa gasolinas del extranjero, se asocia con capitalistas privados en Texas para producir las gasolinas que la Constitución le prohíbe refinar aquí con financiamiento privado mexicano, carece de recursos para realizar las gigantescas inversiones que aseguren la soberanía energética de México en el futuro y no ha incursionado siquiera en el terreno de las nuevas energías. Ah, y, mientras tanto, la mitad de la población de este país vive en la pobreza.

Nada de esto, a pesar de todo, ha perturbado las conciencias de esos legisladores nuestros que, con sólo imaginar —en la intimidad— que algún empresario particular pudiera construir un oleoducto para trasportar, desde la frontera norte hasta el DeFectuoso, el diésel sin azufre que requieren los autobuses que compró Ebrard, se sienten traidores a la patria. Y así, con parecidas disyuntivas —traición o lealtad, patriotismo o entreguismo— hemos confeccionado una reforma petrolera… posible. Nada más. Sin grandes aspiraciones ni esperanzas. En el resto del mundo, mientras tanto, se preparan para explotar el hidrógeno, la energía solar, la fuerza del viento y las mareas, las nuevas tecnologías.

Pero, sigamos guardando nuestro petróleo. Amén.

Crisis económica mundial: oportunidad ecológica global

Luis Manuel Guerra
quimicoguerra@quimicoguerra.com
La Crónica de Hoy

Toda crisis viene acompañada de una oportunidad, dice el viejo proverbio chino. Todos hemos oído esta conseja y, sin embargo, querida, querido lector, cuando estamos en medio de una crisis, ya sea sentimental, de salud, de valores o económica, tendemos a creer las versiones más catastrofistas del futuro que nos depara.

Así está sucediendo con la crisis económica mundial que explotó como una bomba en medio de nosotros en septiembre 15 con la quiebra de uno de los bancos de mayor renombre y prestigio a nivel mundial: Lehman Brothers.

Ya desde junio del año pasado se presentaron negros nubarrones en el horizonte de la economía estadunidense, la más grande del mundo, con la crisis “sub-prime”, o sea la crisis de los créditos no buenos para la compra de vivienda. Esta fue una crisis anunciada con por lo menos dos años de anticipación, cuando se hizo evidente que los créditos para comprar casa en los Estados Unidos se estaban dando sin garantía alguna, con la expectativa de que el valor de esas casas iba a subir siempre y, por lo tanto, la deuda estaba garantizada con la plusvalía de la propiedad.

No pasaba nada con los malos créditos, porque el valor de la propiedad, siempre creciente, garantizaba el valor de la deuda. ¿Qué pasaría si el valor de esas nuevas casas se ubicaba por debajo del valor de la deuda? Nadie lo pensó (más bien, nadie quiso pensarlo), hasta que bajaron por la sobreoferta de las mismas. En ese momento se soltó una avalancha de créditos no cubiertos al 100% con el valor de las casas, que había bajado significativamente.

Hasta ahí se trataba de un problema inmobiliario estrictamente estadunidense. Se presentó así la primera de tres crisis concomitantes: la crisis hipotecaria. Como suele suceder en la vida, los males nunca vienen solos, e inmediatamente después de la crisis hipotecaria se desata un alza en el precio de otros bienes tangibles distintos a las casas, como son los granos (trigo, maíz, sorgo) y el petróleo, debido a que los inversionistas grandes (los fondos gigantescos de las pensiones de los jubilados estadunidenses y canadienses, entre otros) se salen del mercado inmobiliario estadunidense, que ya no era sano, y buscan invertir en mercados tangibles.

Esto desata una espiral hacia arriba en los precios de estas commodities, creando a su vez una crisis alimentaria y de combustibles (el barril de petróleo llega a los 150 dólares): la crisis del petróleo. Al disminuir el poder adquisitivo de millones de estadunidenses por los altos precios de los alimentos y de la gasolina, la calefacción y el aire acondicionado, muchos bancos se enfrentan a una caída en la solvencia de sus clientes y empiezan a restringir los créditos, generando una espiral descendente en caída libre de las garantías que sustentaban sus operaciones. Se crea así la tercera crisis: la crisis financiera, que desemboca en la quiebra de bancos importantes en los Estados Unidos.

Con estas quiebras, los inversionistas grandes huyeron entonces paradójicamente hacia un valor que consideraron seguro: los bonos del Tesoro de Estados Unidos, provocando la apreciación del dólar y causando un tsunami financiero en las bolsas de todo el mundo.

Bueno, querida, querido lector, ésta no es una página financiera sino ecológica, y se preguntará qué tiene que ver todo este análisis con el medio ambiente.

Pues tiene mucho que ver, porque desde el inicio de la primera crisis se empezó a hablar a nivel mundial de que el combate al calentamiento global se vería muy afectado por esta crisis económica, que ya no se contaría con los recursos ofrecidos por las naciones desarrolladas para transferir tecnología “suave”, eoloelécrica, fotovoltaica y fototérmica, biocombustibles, celdas de combustible, a los países emergentes.

Se preveía una disminución significativa en los estímulos económicos para la aplicación de estas energías alternas y, por lo tanto, un retraso peligroso en la puesta en marcha de las medidas para cumplir con los límites de reducción en la emisión de gases efecto invernadero previstos en el Protocolo de Kioto.

Adicionalmente a la pérdida de empleos, de valor de las afores, de falta de créditos, se anunció un retroceso en las políticas ambientales globales.

Se empezó a hablar de que al entrar la crisis económica por la puerta la ecología saltaría por la ventana, de que el cuidado del planeta tendría que esperar hasta que pasara la crisis. Pues es un buen síntoma de la madurez que hemos alcanzado como humanidad que la mayor parte de los líderes serios en el planeta, los europeos, japoneses, estadunidenses en estados individuales, que no su gobierno federal, han reafirmado su compromiso con la lucha global en contra del calentamiento global, la protección de la biodiversidad y la protección ecológica.

Lo más alentador, querida, querido lector, es el avance que se está teniendo, y que sigue recibiendo apoyo económico, en el desarrollo de nuevas áreas de aplicación de conocimientos científicos en tres campos primordiales para salvar al planeta: la producción masiva y barata de hidrógeno a través de nuevos nanomateriales que producen hidrógeno a partir del agua a través de electrólisis catalizada con recubrimientos de zinc y fierro para su uso en el transporte y en la generación de energía eléctrica a partir de celdas de combustible.

La captura masiva y barata de CO2 a través de algas genéticamente modificadas en los océanos del mundo.

La producción masiva y barata de biocombustibles usando los esquilmos y rastrojos de la producción agrícola mundial a través de procesos de fermentación de tercera generación, sin poner en riesgo la producción de alimentos para consumo humano.

Toda crisis viene acompañada de oportunidades. Yo estoy seguro que el ser humano, si deja a un lado sus pleitos torpes y primitivos, puede hacerle justicia a su característica de “sapiens”.

Te invito a ver mañana a las 11:30 de la mañana por el canal 412 de cable, el programa Vida verde con el tema de los resultados de la reforestación en México.

El retorno maléfico…

Francisco Javier Acuña
fjacuqa@hotmail.com
Excélsior

La nobleza de los mexicanos se pondrá a prueba: quienes vuelven necesitan un verdadero motivo para reencontrarse en casa justo ahora que el invierno se avecina.

“Mejor será no regresar al pueblo…” Tomo la cabeza y esta primera frase de un poema de Ramón López Velarde, pensando en los éxodos de paisanos que ya emprenden un apurado regreso de Estados Unidos. Qué ironía, se fueron allá porque no encontraban acá algo que diera sentido a su porvenir y ahora retornan derrotados porque el edén del norte se abisma en una crisis sin parangón que los ha expulsado con mayor eficacia que la temible patrulla fronteriza la cual, selectivamente, los persigue con saña para deportarlos. Paradójicamente, el vicio profundo del capitalismo magnético que les atrajo en su día, súbitamente, en una escandalosa caída de las bolsas de valores —cual efecto dominó— y en el crujir contagioso de bancos en quiebra y recesión, ese mismo capitalismo global enfermo, indolente de sus servicios aún clandestinos, los empuja sin mayor explicación y los remite a su origen.

Últimamente no sé cómo abordar mi compromiso de escribir unas notas pertinentes sobre la realidad que me parece cargada de sucesos impertinentes y, peor aún, de acontecimientos traumáticos e irremediables. Me ha pasado por la mente reconocer abiertamente en este espacio que acaso sea más honesto dejar en blanco el pedazo de plana que generosamente me asignan, en un signo de fidelidad al adagio de: “Si no tengo nada bueno para decir, mejor callar”. También por un signo de rebeldía ante la penosa realidad que me duele reseñar, pero esas son posturas que no me toca asumir a mí, por lo que, a regañadientes y con las reconocidas limitaciones anímicas, me dispongo otra vez a enviar cosas que hacen amargo el feriado de cada semana, es decir, que vengo con mis lamentos a contribuir insanamente al enturbiamiento del domingo, por aquello de ser el prometido día soleado (sunday).

Pero es inevitable ensombrecer más el de suyo pardo grisáceo paisaje nacional. Todo refiere violencia, ejecuciones y vendettas entre los “buenos” de la policía, que detienen y arraigan a los cabecillas, y lugartenientes de los malos del narcotráfico. En medio de ese fuego cruzado informativo de avances oficiales y de macabros hallazgos de cuerpos y de amenazas se conocen, cada día, dimisiones de unos mandos policiacos que eran supuestamente buenos hasta hace cosa de unos minutos.

Me aterra la sensación de ermitaños con la que han de venir a su propia tierra los desarraigados paisanos en un retorno involuntario y anticipado, desprovisto de buenas razones y, encima, cargando a cuestas la pena de volver con las manos vacías o con muy poco en ellas, fruto de ese esfuerzo celebrado a hurtadillas. Muchos de ellos, a diferencia de otras tantas veces, esta vez no traen consigo regalos vistosos ni billetes verdes (tan encarecidos) pero si traen la esperanza de sentir el calor del hogar familiar. La nobleza de los mexicanos, tan pregonada, se pondrá a prueba: necesitan una recepción cariñosa y desinteresada y un verdadero motivo para reencontrarse en casa justo ahora que el invierno se avecina.

No tengo en mente remedios para esos males: la violencia exponencial y la desolación de los que retornarán, eventos que agolpan nuestros sentidos visuales y auditivos. Acaso sea la poesía y sus poderes taumatúrgicos uno de los tónicos obligados para superar nuestras desdichas. Deberíamos pensar seriamente en exigir, como lo hubo en el Japón durante siglos, la creación de un ministerio dedicado a la poesía que estimulaba a traducir en arte las alegrías y las tristezas populares y a recrearse en ellas para sobrevivir; el problema es que acá, seguramente eso se volvería un artificio burocrático y se lo asignarían a un cómico (payaso) de humor negro o a un ex futbolista o a un ex boxeador o un ex policía. A los desterrados de una patria adoptiva que los expulsa no les vale invocar a Lincoln, están obligados, a pesar de su pesar, a recordar a Juárez.

De misil a islam

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Por lo apretado de la actualidad tengo que fundir dos proyectos de artículo en uno. El sábado 27 de octubre de 1962, hace 46 años, el mundo estuvo, como nunca, al borde del abismo nuclear; del 4 al 6 de noviembre de 2008 tendrá lugar en Roma el Foro Católico-Musulmán, durante el cual 24 dignitarios de las dos religiones debatirán sobre el tema “Amor de Dios, amor del prójimo”.

Desde aquel mes de octubre ya lejano, cada año nos ha traído un paquete de libros sobre “la crisis de los misiles” que, alrededor y encima de Cuba, enfrentó a la URSS y a Estados Unidos.

El último, Un minuto antes de medianoche. Kennedy, Jrushchov y Castro al borde de la guerra nuclear, escrito por Michael Dobbs, cuenta cómo “las reacciones iniciales de los dos líderes habían sido beligerantes. Kennedy se inclinaba por un bombardeo (de las bases de misiles construidas por los soviéticos en Cuba); Jrushchov pensaba seriamente en dar a sus comandantes en Cuba toda laxitud para usar las armas nucleares. Después de mucho pensarlo, ambos decidieron buscar una salida que evitara un conflicto armado. El problema era que les era prácticamente imposible comunicar francamente. Ambos sabían muy poco de las intenciones y motivaciones del otro y tenían tendencia a pensar lo peor. Los mensajes tardaban 12 horas en llegar… La cuestión ya no era si los jefes de las dos superpotencias querían la guerra, sino si tenían el poder para evitarla”.

El autor nos muestra cuan mal informados eran los dos hombres y cómo la CIA era incapaz de informar a Kennedy en tiempo real; así, el sábado 27, un día antes de la sabia decisión del soviético de retirar los misiles con cabeza nuclear, ocurrieron tres eventos que bien hubieran podido desatar el fuego atómico: la destrucción de un avión-espía estadounidense arriba de Cuba, el sobrevuelo de la URSS por otro avión espía (un error de navegación) y el despliegue en Cuba de armas nucleares tácticas para destruir la base de Estados Unidos de Guantánamo…

Un “sábado negro”, el día más negro de toda la guerra fría, cuando Bob Kennedy dijo a su hermano “tenemos que tomar una decisión en las 12 horas que vienen”. Seguro que los archivos soviéticos han de reflejar la misma terrible tensión. Moraleja: ¿qué tal si en lugar de tener a Kennedy y Jrushchov las dos superpotencias hubiesen tenido a Bush y Putin? ¡Qué espanto!

El Foro Católico-Musulmán de los próximos días corresponde a una invitación del Vaticano para contestar a los 138 religiosos musulmanes que el año pasado, con motivo de la clausura del mes de Ramadán, invitaban a los jefes de las iglesias cristianas a “una palabra común entre ustedes y nosotros”. Su carta correspondía al primer aniversario de una carta abierta mandada a Benedicto XVI por 38 religiosos musulmanes, en reacción a su discurso de Ratisbona, el cual había provocado la ira de cierto sector del mundo islámico.

Los numerosos firmantes (138) representan una coalición de actores que desean manifestar al mundo que, en el seno de la élite religiosa musulmana, existen muchas corrientes y que el fundamentalismo intolerante no puede pretender que él solo es todo el islam. Su llamado al diálogo con el cristianismo, con todas las iglesias cristianas, lo demuestra; dicen que puesto que cristianos y musulmanes suman más de la mitad de la población mundial, el porvenir de la humanidad depende de las relaciones entre las dos religiones.

Una palabra común pide que cristianos y musulmanes se pongan de acuerdo sobre los “dos mandamientos del amor”, amor de Dios y amor del prójimo. El texto asegura que “no tenemos nada en contra de los cristianos y el islam tampoco… por lo tanto, que los cristianos no declaren la guerra a los musulmanes a causa de su religión”: clara alusión a la política estadounidense después del 11 de septiembre 2001.

Los autores de Una palabra común son personalidades eminentes del mundo musulmán, desde Azerbaidján hasta Indonesia, desde Marruecos hasta Dinamarca, puesto que los millones de musulmanes que viven en Europa y América están representados. Su carta insiste sobre el ecumenismo, la tradición, el misticismo, la emoción, elementos todos a los cuales los cristianos no pueden sino ser sensibles. Quizá más los ortodoxos y los católicos que los protestantes, quizá solamente. Llama la atención que si la invitación va para todas las iglesias, el Papa, jefe de la Iglesia católica romana, encabeza, solo, la lista de los dirigentes cristianos.

¿Será por eso que ha sido el primero en tomar la mano tendida por aquellos musulmanes? Hay que esperar los resultados de un foro que podría ser histórico.

La computación cuántica dio otro paso

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

La revolución industrial que comenzará en menos de diez años con la computación cuántica, ha dado otro paso en lo que México sigue discutiendo si la participación de capitales privados en la industria petrolera, tal como preveían en 1939 las leyes del presidente Lázaro Cárdenas, son traición a la patria. Por qué habrían de serlo es un misterio más profundo que la superposición de estados en el electrón, base del lenguaje en la próximas computadoras.

Un equipo de la Escuela de Ingeniería en la Universidad de Princeton, Estados Unidos, ha conseguido resolver un problema para la computación cuántica. Si la base de la memoria en nuestras computadoras es el bit: 1 ó 0, hay o no hay electricidad en un puerto de un transistor, el qubit será la base de la memoria cuántica: 1 y 0 al mismo tiempo, en superposición de estados, un puerto donde hay y no hay, simultáneamente, paso de corriente. Es más fácil entender la superposición de estados en el electrón que la mente de los pejistas que se oponen, ya únicos sobre la corteza terrestre, a la inversión privada en refinación, aunque compremos el 40 por ciento de la gasolina a refinerías privadas y extranjeras que, si se instalaran en territorio nacional, darían empleo a mexicanos, además de reducir costos al consumidor.

El equipo de canallas extranjeros que harán obsoletas nuestras compus antes de que tengamos nuevo presidente en la Presidencia (y será del PRI, gracias al trabajo de zapa urdido por López Obrador, ese priista infiltrado) ha logrado guardar información en el núcleo de un átomo. Peor vileza no se puede imaginar: ¿cómo quieren que compitamos contra eso? Y se regodean en sus imperialistas publicaciones: “Este asombroso avance es un paso clave en traer a la existencia una computadora cuántica: un dispositivo basado en la teoría fundamental de la mecánica cuántica que podrá atacar problemas irresolubles para la actual tecnología”.

En el mundo cuántico, objetos subatómicos logran existir en múltiples estados de forma simultánea: “Esto es, pueden, literalmente, estar en dos lugares a la vez o poseer un número de propiedades de otra forma mutuamente exclusivas”.

Más claro: en computación cuántica cada elemento de información, o qubit, “puede tener más de un valor a la vez, al contrario de la tecnología actual que está limitada a tomar valores 1 o 0, pero no ambos a la vez”. El poder de procesamiento de datos se multiplicará por miles. Todas las claves bancarias y otras medidas de seguridad deberán cambiarse porque si hoy resultan seguras es por-
que nuestras más poderosas computadoras tardarían 100 mil años en romper ciertas claves. Pero la computación en qubits las resolverá en minutos o segundos. Adiós seguridad nacional de las potencias si una sola consigue esta tecnología.

Había un problema: la superposición de estados es de enorme fragilidad. Un electrón la posee mientras no haya ninguna observación ni, tampoco, posibilidad de observación. ¿Cómo aislar un qubit para que conserve su información mientras, al mismo tiempo, interaccione con el mundo exterior para que sea manipulado y medido?

“El equipo, con científicos e ingenieros de Oxford y Princeton, así como del Lawrence Berkeley National Laboratory, reportó una solución al problema en la revista Nature del pasado 23 de octubre”: un invento híbrido que emplea un electrón y el núcleo de un átomo de fósforo empotrado en un cristal de silicón. “Dentro del cristal el electrón es más de un millón de veces mayor que el núcleo [sic], y posee un campo magnético miles de veces más fuerte”. Esto hace apropiado al electrón para su manipulación y medida, pero no muy bueno para almacenar información, pues ésta se destruye fácilmente.

“Aquí es donde interviene el núcleo atómico: cuando la información en el electrón está lista para almacenarse, se lleva al interior del núcleo donde puede sobrevivir por tiempo mucho más largo”, entre 1 y ¾ de segundo: suficiente y excedido para su procesamiento.

No se han preguntado los investigadores si realizar eso con capital privado merezca la silla eléctrica. Aquí será la pregunta. Pero no nos preocupemos: las qucompus
nos llegarán de allá, donde la pregunta ni siquiera tiene sentido. Aquí nos limitaremos a comprarlas, y de a fuerza, porque un banco sin ellas será vaciado en segundos y sin armas ni habilidades circenses para entrar a sus bóvedas.

“Con el cristal del laboratorio de Berkeley estuvimos encantados de ver que los tiempos de memoria excedían el umbral” para ser procesada la información, dice Steve Lyon, líder del equipo de Princeton. Antes de este avance, no se había logrado preservar la información cuántica sino por unas pocas decenas de milisegundos.

Ya está señores, mientras el Congreso sólo permite pipas privadas, pero no oleoductos, y nuestras universidades quieren ir a poner campus en Berkeley… y dar clases de canto en la Scala de Milán.
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Contacto: Steven Schultz,
sschultz@princeton.edu

Presidente por 45 minutos

René Avilés Fabila
Excélsior

Los medios de comunicación no saben qué pensar de Andrés Manuel López Obrador. Dejaron de verlo como político para descifrarlo como hombre enfermo. Enfermo de poder. Porque lo tuvo y lo pierde aceleradamente. Y eso es una tragedia irremediable. Añadamos el rencor por el fracaso.

Hace muchos años hubo un programa, como la mayoría de los televisivos, idiota, que se llamaba Reina por un día. En esta transmisión, una mujer común y sencilla, a veces abiertamente humilde, ganaba como premio ser coronada, recibir el cetro que la acreditaba como reina por un día y así una serie de regalos y ridículas cortesías monárquicas. Esto exactamente le sucedió a López Obrador. Algún diputado de buenas intenciones e ideas cortas, decidió que debería ir a la Cámara de Diputados a explicar sus puntos de vista. Para calmar a la fiera, dijo. ¿A título de qué, si es un ciudadano sin cargo a no ser el que él mismo se concede como presidente legítimo, del mismo modo que en los filmes cómicos un loco siente que es Napoleón Bonaparte? Le dieron 15 minutos para repetir su proyecto y sanar sus odios y resentimientos. Él, ya en tribuna, recordó que lleva la banda presidencial que le puso la actriz Jesusa y se dio 45 minutos. Claro, era su momento de gloria. En efecto, era el presidente legítimo dirigiéndose a la nación desde una de las instituciones que había mandado al diablo. Pregunto, como Joaquín López-Dóriga, ¿me darían los diputados a mí, René Avilés Fabila, sin militancia política alguna, cinco minutos para explicarles por qué quiero hacer el Museo del Escritor ante la incomprensión de la burocracia panista? La respuesta es obvia.

Pero no contaban (Chespirito dixit) con su astucia y López decidió que, luego de un fatigante discurso, sus huestes, un grupo de fanáticos de todas las extracciones imaginables, desde el PRI hasta la iniciativa privada pasando por líderes formados en los bajos fondos de la política, tomaran la tribuna decididos a impedir que los demás diputados llevaran a cabo la sesión donde discutirían la reforma energética y, en su caso, la aprobarían. Allí están los resultados. Los ingenuos le creyeron, imaginaron tranquilizar al Frankenstein de los medios. Dudo mucho de que alguien haya sido tan hábil como para imaginar el papelón de la mafia de AMLO. Si querían dulcificarlo, fracasaron. El resultado fue genial: todos, menos él, somos traidores a la patria.

Sin embargo, si los políticos mexicanos son tontos, no así la mayor parte de la sociedad civil, la que ahora ha podido confirmar que el Peje está fuera de sus cabales y que tanto él como los suyos, sectarios y radicales, rijosos en extremo, no deben tener más presencia destacada. Que hagan lo suyo: tomar calles, instituciones públicas y vociferar; terminarán por aburrirse y retirarse a la agitación de pequeñas zonas. Las elecciones que siguen son el principio del fin que afanosamente ha buscado el PRD. Aunque muchos quieran salvar lo perdido, mantenerse en el poder, ya no volverán a contar con las votaciones históricas que les consiguieron primero Cárdenas y luego López Obrador, apoyados por la ingenuidad mediática.

Insisto: AMLO es un caso no para la política sino para la siquiatría. No tiene sentido buscar explicaciones estratégicas. Los diputados que lo invitaron se deshacen en disculpas y todos juntos están decididos a no darle más posibilidades de ingresar a las instituciones que desprecia porque no están a su servicio. Si hay temor de una revuelta, habrá que desecharlo: ¿Cómo la llevará a cabo, con qué recursos, con cuáles argumentos, quiénes lo seguirán fuera de un grupo de revoltosos de edad avanzada, conformados en la comunidad del poder y los recursos materiales? ¿Ebrard, Monsiváis, Poniatowska, Camacho, Rosario Ibarra, Jesusa, Polevnsky, Dante Delgado, Muñoz Ledo..? ¿En verdad el gobierno federal, encabezado por Felipe Calderón y un gabinete inexperto y de escasas luces, permitirá que lo sigan pisoteando? El mandatario ha hablado de la fuerza del Estado y que la usará para mantener el orden y la legalidad de las instituciones. Mientras los pejistas tomaban la tribuna y exponían mantas con faltas de ortografía, a un lado, los demás aprobaban los siete dictámenes. Salvo amenazas, nada ocurrió sino exhibir pobreza política.

Pero mientras todos buscan una explicación satisfactoria al informe presidencial del Peje y a su absurda postura, la inmensa mayoría de los mexicanos saben qué hacer en las siguientes elecciones. A su vez, el PRD necesita más que nunca poner distancia con el grupo extremista que ha secuestrado el partido. De lo contrario, la derecha seguirá en el poder largo tiempo, con sus hombres y mujeres que todavía ayer trabajaban en alguna trasnacional de productos de belleza o en una sucursal bancaria. Debe entender que el enemigo a vencer, como están las cosas hoy, es efectivamente Acción Nacional.

En cuanto al Peje, sí, fue presidente por casi una hora. Esa noche no necesitó terapia, durmió feliz.

Kafka en México

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Si Kafka viviera —suelen decir algunos— sería ciudadano mexicano

Si el Presidente es de izquierda
René Bejarano es la esperanza

Si Kafka viviera —suelen decir algunos— sería ciudadano mexicano. Otros van más allá y aseguran que la realidad mexicana es más punzante que la ficción de Kafka.

Como sea, en días recientes hemos sido testigos de un nada despreciable ataque de hechos vinculados con una inocultable cata kafkiana que, sin más, pudiera confirmar que —si no es mexicano— Kafka dejó una fuerte influencia en la clase política local. Así, políticos, líderes y gobernantes mexicanos parecen salidos de La metamorfosis; los más de ellos, o uno que otro de El proceso.

CALDERÓN... ¿DE IZQUIERDA?

La primera perla kafkiana la vimos la noche del martes cuando, en un mensaje en cadena nacional —que sorprendió por la euforia del Presidente a causa de la reforma petrolera aprobada esa tarde—, Felipe Calderón se dijo dispuesto al festejo a causa de una reforma que, según declaró, no era privatizadora. Por esa misma razón, según festejó: “El petróleo sigue siendo patrimonio de los mexicanos”. ¿Pues no que la reforma de Calderón no era privatizadora? Si es así, ¿entonces a quién iba dirigido el mensaje?

En realidad lo que vimos confirma lo que durante meses dijimos aquí. Es decir, que cualquiera que fuera la reforma petrolera, sería rechazada por lo más radical de los amarillos, pero sería festejada como un triunfo del gobierno de Calderón. Al final de cuentas, dicen en la Casa Presidencial, el responsable de la iniciativa petrolera enviada al Congreso se llama Felipe Calderón. Y resulta que por pura casualidad —la de los votos, claro— trabaja de Presidente.

Ya antes Calderón había dado respuesta a la crisis global con una iniciativa que mostró un tufo izquierdista, al proponer no una contracción económica ante la crisis, sino todo lo contrario. Reactivar la inversión pública y con ello la economía. Pero apenas era el principio, porque horas después, en una de sus participaciones en la Cumbre Iberoamericana en El Salvador, no sólo condenó el perfil perverso del neoliberalismo, sino que pronosticó su fin. ¿Alguien imaginó a Calderón con esos discursos y esas respuestas en el ejercicio de gobierno? No hay duda. Kafka recorre México.

BEJARANO: ¿POR LA ESPERANZA?

Pero la anterior no era más que una “probadita” de la fuerte cultura kafkiana que nos ataca al aproximarnos a la primera década del nuevo siglo. Resulta que sin pena alguna, sin vergüenza, amenaza con volver a la clase política René Bejarano, prohombre de la política, víctima de la siempre injusta “mediocracia”, quien con voz de mártir pide disculpas, reconoce sus errores, pero con el pecho al frente y la mirada en hinojos se dice dispuesto a volver para salvar a los mortales que, insiste, nunca lo entendieron. “Perdónalos, señor, que no saben lo que hacen”, parece musitar.

En una entrevista candorosa —de un humanismo heroico que por poco y arranca lágrimas— reconoció su papel de mártir de la democracia y —nomás faltaba— víctima de la dictadura mediática, mientras que su entrevistador pontificó para sancionar esas horribles prácticas de la radio, en la que se pregona que “se escuchan todas las voces”. Con la vista clavada en el piso, en posición de redención, Bejarano dijo que él sólo es guía de un Movimiento Nacional por la Esperanza que —quién sabe por qué, o acaso por pura casualidad— comulga con “el movimiento soy yo”. Bejarano es “la esperanza”. ¿Qué tal?

Pero tienen razón el político y el hombre de los medios. Ingratos, insensatos, insensibles ciudadanos que nunca entendieron que Bejarano atesoraba pacas de dólares y ligas —las expropiaba— porque era un enviado divino. Incrédulos y mal pensados que no entienden que ese dinero era para lo mejor de la democracia, para causas justas e iluminadas como impulsar la llegada al poder del enviado del cielo. De ahora en adelante se formarán vallas en torno a Bejarano, que a su paso pedirán perdón por no entender las causas superiores. Y claro, siempre fiel, Bejarano acepta que no es prudente buscar puestos de elección popular. ¿Por qué? Porque conocedor de la cosa política, sabe que no debe hacerle daño “al señor”. Retumba por todas partes el murmullo: “Perdónalos, señor, que no saben lo que hacen”.

Por cierto —y ya en serio—, ¿saben cuál es la religión que comparten Bejarano y “el señor”? Puro morbo. Por lo pronto, el zacatecano Ricardo Monreal mete las manos al fuego por Bejarano: “Ya pagó y es su derecho regresar”, dice. ¿De veras ya pagó, señor Monreal? La fidelidad mediática puede decir lo que quiera, misa si es necesario, pero lo cierto es que nadie ha aclarado nada de “la mafia” creada en torno a Bejarano, el ex jefe de Gobierno y Carlos Ahumada. Y sí, el tiempo dirá.

¿Y LOS 100 DÍAS, APÁ?

Por lo pronto, a Marcelo Ebrard y a Calderón se les acaba el tiempo, los 100 días, para responder a la sentencia de Alejandro Martí: “Si no pueden, renuncien”. ¿Renunciar? ¿Existe esa palabra en sus diccionarios? Otra vez insensatos ciudadanos que no entienden nada. Por ejemplo, que en los 72 días anteriores —hoy faltan 28 días para que se cumpla la fecha fatal—, los gobiernos federal y de la capital han mostrado una eficacia envidiable.

El jueves, por ejemplo, el GDF nos sorprendió con una perla. Que un juez encontró presunto responsable de 11 secuestros y cuatro homicidios a Sergio Humberto Ortiz Juárez, El Apá, a quien apenas la víspera nadie había declarado culpable. En realidad a El Apá le salvaron la vida en el IMSS para matarlo de nuevo en el GDF. ¿Por qué? Porque son muchas las evidencias de que no es más que uno de los harto socorridos “chivos expiatorios”. En efecto, Ortiz Juárez pudo ser presunto responsable de muchos otros ilícitos. Pero en los más altos círculos del poder se asegura que nada tiene que ver con el caso Martí. Y no tardará en aparecer el montaje.

La verdad es que el gobierno de Ebrard pretendió usar a un cadáver como chivo expiatorio. Pero nunca tomó en cuenta el factor Lázaro: que ese cadáver se levantara y por poco y se les va. Ortiz Juárez era la coartada perfecta, porque era un hombre muerto. Pero en el IMSS le salvaron la vida y con ello le complicaron el numerito al gobierno de Ebrard. Por lo pronto, aquí pronosticamos que no pasará el rigor de un juicio sólido. ¿Por qué? Porque si no existe una componenda, será difícil encontrar pruebas de que El Apá secuestró y mató al joven Martí. Y el corazón del asunto es el caso Martí. La pregunta es si el padre Martí se tragará ese cuento.

‘LA FAMILIA’ CUMPLIÓ

Y para terminar, le recomendamos el trabajo periodístico de María de la Luz González —en EL UNIVERSAL del sábado—, en el que nos ofrece “pelos y señales” de otro engaño mediático. ¿Se acuerdan del granadazo de Morelia, el 15 de septiembre? Bueno, pues en otro hecho kafkiano, resulta que son abundantes las pruebas de que La Familia Michoacana es la responsable del montaje que hizo aparecer a dos hombres confesos como los autores materiales del crimen al lanzar granadas a la multitud.

Y todo por los 100 días, de los que hoy faltan 28. Y llegaremos al día tres, dos y uno con golpazos mediáticos. Y si no, al tiempo.