noviembre 03, 2008

'Entre dos males' por Fernando Llera

¡Está en mandarín!

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

El ciudadano común de los Estados Unidos, está por decidir, no solamente quién presidirá su país por los próximos 4 años. No sólo reacomodará a su Congreso. También tendrá que hacerse una serie de preguntas sobre su presente y futuro. ¿Dónde quieren colocado al dólar? ¿Están dispuestos a seguir desembolsando 700 mil millones de dólares al año en compras petroleras a terceros países… o mejor se van a yacimientos profundos propios? ¿Se lanzarán por el desarrollo de energías alternativas aplicadas a la vida moderna? ¿Quieren seguir teniendo el ejército más poderoso del planeta? ¿Seguirán la conquista del espacio? ¿Desean continuar endeudándose con tal de vivir en la opulencia? Hoy hay 10 millones de millones de dólares de otros países, tomados por la garganta de ese apetito voraz. ¿Seguirán maquilando los productos que consumen en economías más baratas? ¿Su territorio se mantendrá abierto a la incorporación de migrantes? ¿Están dispuestos a invertir para mantener la vanguardia tecnológica? ¿Existirá la masa monetaria disponible para patrocinar la investigación y desempeño de sus universidades? ¿Sus libertades podrán seguirse ejerciendo hasta el abuso? ¿el racismo es cosa de la historia? ¿Quieren ser respetados o temidos en la escena internacional? Pero sobre todos los temas, la médula seguirá siendo si desean conservar la hegemonía del planeta durante el siglo XXI ó entregarán la estafeta a China, la Eurozona ó Japón.

El refrán reza que… “más tiene el rico cuando empobrece que el pobre cuando enriquece” y puede que sea cierto. Pero ante una posible pobreza, los norteamericanos habrían de despertar a un mundo de limitaciones, para ellos desconocido. Desde su fundación, la “Unión Americana” reconoció al capital y creación de riqueza como la semilla y razón de su existencia. El sueño americano” fue para sus súbditos, la quintaesencia de su estructura anímica y mental. Su definición. Pensar de otra manera era dibujar otro país. El belicismo como base. El expansionismo selectivo como norma. La iniciativa propia como religión.

Hoy, no puedo decir que todo lo han perdido. Aunque asegurar que no está en riesgo, sería inocente. Cualquiera que no identifique que estamos pisando terrenos desconocidos para el hombre, vive ignorante de una nueva realidad.

Usted y yo acabamos de presenciar el nacimiento de una nueva estrella. Los juegos olímpicos de Beijing, no sólo mostraron el concepto de un glamour desconocido. Fueron la clara imagen de que existen otros jugadores que pretenden llenar muchas de las preguntas que acabo de reflexionar. Ser hegemonía, siempre ha sido pretensión de los pueblos. El pasado está lleno de historias que lo confirman. Algunos llegan y otros pretenden mejores esquemas. Ahí está México y con él, nosotros. Por lo que vale preguntarnos. ¿Quién nos conviene que sea el país más pesado sobre la tierra? ¿Estados Unidos u otro? ¿Dónde abrazarnos al porvenir?

Existen términos por nosotros, desconocidos. ¿Qué es eso de aliado? ¿Qué es eso de conveniente? ¿Qué significa eso de simbiosis?

Ahora que está por definirse un nuevo camino para Estados Unidos, es común la pregunta entre nosotros. ¿Quién nos conviene más… Obama ó Mc Cain? La respuesta es… ¡El que sea! Lo que sé que nos conviene es que a Estados Unidos le “vaya bien”. Ya que de otra suerte, tendríamos que empezar de nuevo. Cosa que francamente… ¡Está en mandarín!

Obama no se ha enterado

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Siendo Estados Unidos (de América) una potencia mundial, los ciudadanos del mundo, incluyendo los de Estados Unidos (Mexicanos), deberíamos de poder votar en las elecciones de mañana. Digo, sus asuntos nos afectan directísimamente y el desempeño de un tipo como el Hijo de Bush ha tenido consecuencias catastróficas en la vida diaria de millones de habitantes de este planeta.

Gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte acordado por el maligno Salinas (me pilla, lectores, una repentina y avasalladora nostalgia de aquellos tiempos de presidencialismo funcional en que se podían todavía hacer cosas en este país; imaginen ustedes, para mayores señas, lo que sería, en las actuales épocas de Rayito y sus pretorianos, un mero intento de celebrar un acuerdo comercial de parecidas dimensiones), México devino en una auténtica potencia industrial (perdón, quise decir, la mitad de México porque, como sabemos, una parte de la nación no quiere saber nada de modernidades ni aperturas ni globalización ni acuerdos con extraños enemigos).

Pero, nuestro cliente principal es el vecino de arriba y como no hemos logrado fortalecer un auténtico mercado interno sino que vivimos de exportar manufacturas y vegetales a los que sí pueden pagarlos, cuando adelgaza la billetera de estos compradores entonces no tenemos a quién venderle nuestras mercaderías. Y así, la drástica contracción de la economía estadounidense tendrá fatales efectos en la actividad comercial y laboral de los estadounimexicanos. No hay escapatoria posible. Lo peor, encima, está por venir.

Barak Obama no es necesariamente el mejor valedor de nuestros intereses. Pero, señoras y señores, el señor McCain es simplemente invotable no sólo porque su presidencia significaría más de lo mismo sino, sobre todo, porque eligió como compañera de viaje a una mujer odiosa y vagamente cretina. Hay cosas que no se entienden. De tal manera, crucemos los dedos y esperemos que Obama descubra, algún día, un país llamado México

Operación Limpieza: “manos limpias” o Chapa Bezanilla

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

La Operación Limpieza, así ha sido denominada por la PGR, puede ser uno de los capítulos más importantes en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado que se ha hecho en muchos años. Dependerá de la profundidad y de la seriedad con que ésta se lleve a cabo, pero también de la decisión, que parece existir en el gobierno federal y deberá ser acompañada por las autoridades locales, de avanzar realmente en este esfuerzo. De alguna manera, con todas las comparaciones que pudieran realizarse, esta operación podría equivaler a la llamada Manos Limpias, que provocó un verdadero terremoto político en Italia y terminó llevando mucho más lejos todo el proceso hasta prácticamente desarticular, a fines de los 80, la clase política que había gobernado el país desde la posguerra, enjuiciando desde al líder democristiano Giulio Andreotti hasta al socialista y ex primer ministro Bettino Craxi. La corrupción y el involucramiento con el crimen organizado había llegado a tantos y de tantas maneras en la política italiana que fue necesario, luego de las muertes de Aldo Moro y de Giovanni Falcone, entre muchos otros, instrumentar y dar curso a una limpieza institucional que, sin embargo y a pesar de sus éxitos, ha dejado aún en etapa de reconstrucción a las instituciones italianas. Es comprensible, más de mil 200 hombres y mujeres del sector público y privado terminaron siendo juzgados por aquella operación.

Es un antecedente, pero quizás no debería, o podría ser, un equivalente real. Primero, por la profundidad de aquella operación, que terminó contando con el respaldo verdadero de todas las fuerzas políticas que veían cómo ellas mismas se estaban desarticulando a enorme velocidad por la corrupción. Segundo, porque la Unión Europea presionó a Italia para que tomara algunas de esas acciones que homologaran su seguridad y confianza jurídica con el resto de los países de la región. Y, tercero, porque la Operación Limpieza no puede convertirse, no debe serlo, en una caza de brujas.

Y en ello hemos cometido errores graves, que no pueden repetirse: el más notable fue aquel tristemente célebre proceso que encabezó Pablo Chapa Bezanilla, de la mano con otros funcionarios en la primera mitad del gobierno de Ernesto Zedillo. Aquel fiscal especial, pretendió desenmascarar las redes de la corrupción y de la violencia política y en vez de avanzar con certidumbre jurídica y pruebas, lo que hizo fue un espectáculo mediático, inventando pruebas, culpables, comprando testigos, construyendo complots y utilizando hasta brujas para confirmar sus “investigaciones”, en las cuales el trabajo científico y serio fue reemplazado por la filtración a los medios y un mal trabajo de éstos que, en muchas ocasiones, no verificamos la información que nos era proporcionada y la mayoría de las veces se componía de medias verdades o de mentiras rotundas. El daño que le hizo el periodo de Chapa Bezanilla a la confianza de la ciudadanía en la justicia sólo es equivalente al que le hizo a las investigaciones que encabezó: si alguien hubiera querido impedir que se tuviera alguna certeza histórica sobre los asesinatos del cardenal Juan Jesús Posadas, de Luis Donaldo Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu tendría que haber hecho exactamente lo que hizo Chapa Bezanilla.

El ejemplo en contrario se dio en dos casos: primero, en el de Jesús Gutiérrez Rebollo, quien en 1997 era zar antidrogas del Estado mexicano y llegó a ese cargo con el aval del gobierno de México y del estadunidense, así como con una larga cadena de éxitos. El problema es que esos éxitos se habían forjado a través de la información que uno de los grupos del narcotráfico, el que encabezaba entonces Amado Carrillo, le proporcionaba sobre sus rivales. Fue investigado y descubierto por el Ejército y se tuvo la decisión de encauzarlo y procesarlo públicamente, aun siendo conscientes del daño que ello podría provocar a la imagen de las Fuerzas Armadas. Pero la decisión fue ejemplar porque se basó en pruebas, datos e investigaciones duras, comprobables, verificables. Y, en ese momento, no debilitó sino que fortaleció al Ejército y a la lucha contra el narcotráfico.

Otro caso es el del ex gobernador Mario Villanueva, aunque allí se pusieron de manifiesto muchos de los problemas que se pueden presentar ahora. La investigación sobre los nexos de Villanueva con el crimen organizado comenzó prácticamente desde el inicio de su gestión y duró cinco años. Teniendo pruebas, solicitudes de extradición de Estados Unidos, documentos sólidos que incluso lo involucraban con funcionarios extranjeros que fueron socios de él, no se pudo detener a Villanueva porque tenía el respaldo del Congreso local: sólo unos días antes de que entregara el poder, el entonces gobernador se dio a la fuga para no ser detenido inmediatamente después de que dejara ese cargo público. Y aún así se tardó años en poder detenerlo. Sin embargo, la información era tan contundente que, para la opinión pública, salvo su propia clientela política, no hubo dudas de la corrupción de Villanueva.

Ahora el tipo de investigación es diferente. Se trata de una enorme oportunidad de limpiar el sistema de justicia y recuperar la credibilidad. El desafío consiste en hacerlo bien, con solidez, con pruebas duras y no a fuerza de delaciones o narcomantas. Sin confundir los señalamientos, filtraciones o rumores con complicidades reales y comprobables. Si la Operación Limpieza logra avanzar con toda la profundidad posible, pero con certidumbre jurídica y resultados en los juzgados y no mediáticos, logrará lo que no se pudo hacer en muchos años.

En otro tema, ponga atención en el seminario con figuras nacionales e internacionales sobre perspectivas económicas que organizará el secretario de Finanzas de Sinaloa, Óscar Lara, en ese estado. Es mucho lo que estará en juego en el mismo.

La comandante Lore

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

En su primera declaración pública y ante el juez que sellará su destino, Lorena González Hernández, la única mujer entre los acusados del secuestro y asesinato de Fernando Martí, afirmó el sábado que el 4 de junio, día del rapto, ella estaba fuera de la Ciudad de México.

Todas las imputaciones que la Procuraduría de Justicia del DF le hace, dijo, “son falsas”.

Aunque lo común es que los inculpados nieguen los crímenes que se les atribuyen, la imposibilidad de haber comandado el retén para consumar el plagio y estado al mismo tiempo “en Acapulco” fue lo primero que la señora protestó cuando la detuvieron agentes de la Policía Federal Preventiva, corporación ésta en la que hacía trámites para ser incorporada.

La captura de esta mujer de 35 años, un hijo de 14 y estudios de licenciatura en Comercio Internacional, se realizó con base en un par de testimonios:

Directo, el del guardaespaldas a quien sus captores quisieron matar y dejaron encajuelado y que asegura es la misma mujer con uniforme de la Agencia Federal de Investigación que detuvo el automóvil en que viajaba la víctima.

Indirecto, el de un “testigo protegido” que ante unas fotografías declaró haber visto en “jueves, viernes, sábado o domingo” y en varias ocasiones a Lorena González Hernández acompañando al supuesto jefe de la banda (Sergio Humberto Ortiz Juárez, el ex policía a quien llaman El Apá y que sigue parapléjico y hospitalizado a consecuencia de un intento de asesinato) y a uno de los hijos de éste (Miguel Ángel Ortiz Toriello), en la calle Jesús Carranza, preguntando “sobre el contrabando y la droga” que se comercia en Tepito. Asegura que “la comandante Lore” se mantenía de ellos como a un metro de distancia y que “nunca hablaba”, y que la última vez que vio al trío fue por abril o mayo.

Del guardaespaldas resalta el hecho de que la identificara “inmediata y plenamente” (entre varias mujeres que tuvo a la vista), pese a que la mañana del secuestro la “policía” que montó el retén llevaba puesta una gorra y portaba gafas oscuras.

En cuanto al “testigo protegido”, no asombra tanto la insinuación de que los inculpados tuviesen interés en “drogas y contrabando” como su recurrencia al lugar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente, para dizque averiguar cómo entrarle al negocio.

Una tercera duda razonable se deriva de las modestas condiciones en que vivía la probable secuestradora y asesina: una casita de dos niveles, escaso mobiliario y paredes cuarteadas en la colonia Ampliación Evolución, en el municipio de Nezahualcóyotl.

Como sea, el procurador del DF, Miguel Ángel Mancera, confía en que la señora (mañana vence el plazo en que le dictarán o no el auto de formal prisión) será juzgada, encontrada culpable y sentenciada.

Para recuperar su libertad, a Lorena le bastaría con probar de manera incontrastable que a la hora del secuestro ella estaba, como dijo, lejos del DF y a unos pasos de la playa.

De muchos, uno

Cecilia Soto
ceciliasotog@gmail.com
Excélsior

La fuerza de la futura presidencia de Obama no estará en su carisma ni en alguna idea mesiánica sino en su capacidad de despertar un resorte de esperanza hacia un futuro mejor.

Mañana martes se habrá confirmado la victoria de Barack Obama y con ella una de las sagas más formidables de la política estadunidense. Se trata no sólo del triunfo del primer afroamericano —hecho ya de por sí histórico— sino de la recuperación de la política como instrumento para inspirar y movilizar al electorado hacia causas mejores.

Confirma también que, en efecto, la esperanza es lo último que muere, pues el entusiasmo que ha despertado la candidatura de Obama en la mayoría de los países y, muy especialmente en México, muestra que no se han olvidado las raíces de esa gran nación, fundada en los ideales de la libertad, la democracia y la igualdad, como ejemplifica su lema e pluribus unum: de muchos, uno. En sus discursos más trascendentes, el que pronuncia después de la primaria de New Hampshire, en el que acuña su famoso Yes we can y en el de Filadelfia del 18 de marzo, dedicado al tema del racismo, Barack Obama vuelve una y otra vez a la rica fuente de los orígenes de su país. La batalla por la independencia, que llenó de esperanzas a grandes filósofos, como Emmanuel Kant, a poetas y escritores, por ejemplo Federico Schiller, y que inspiró a tantos independistas latinoamericanos, tanto así que el nombre oficial de México todavía es Estados Unidos Mexicanos, fue precipitada por la negativa de Inglaterra a la industrialización de la colonia y fue una lucha dirigida por un conjunto de intelectuales sobresalientes: su líder militar y político, George Washington, el gran diplomático, científico y enlace con los revolucionarios franceses, Benjamin Franklin, John Adams, con sus ideas republicanas, el teórico de la industrialización nacional, Alexander Hamilton, Thomas Paine y las ideas federalistas, y Thomas Jefferson, uno de los principales partidarios de la separación Iglesia-Estado.

Después de su papel decisivo en la derrota del eje nazifascista en la Segunda Guerra Mundial y de la iniciativa para la reconstrucción de Europa Occidental contenida en el Plan Marshall, hubo pocos momentos de la política oficial estadunidense que recordaran la grandeza de orígenes de ese país. La Guerra Fría lo dominaba todo y, aparte de algunos momentos esperanzadores del gobierno de Kennedy, las batallas las siguió dando, no el gobierno de Estados Unidos, sino movimientos populares como el de los derechos civiles encabezado por Martin Luther King y el de oposición a la Guerra de Vietnam o la energía formidable de su establishment científico e industrial, que dieron al mundo revoluciones científicas como las de internet y el Valle del Silicio.

Por ese capital acumulado en el imaginario de millones de personas, la figura y las propuestas de Obama despertaron entusiasmo dentro y fuera de Estados Unidos. Algo tenía que haber quedado. Algo se tuvo que haber salvado a pesar de los errores de sus últimos gobiernos y de la catástrofe del de George W. Bush.

La fuerza de la futura presidencia de Obama no estará en su carisma ni en alguna idea mesiánica en torno a su figura sino en su capacidad de despertar un resorte de esperanza y entusiasmo hacia un futuro mejor en sus connacionales y articular esta energía ciudadana en iniciativas concretas para modificar la economía, terminar ordenadamente la guerra en Irak y cambiar a profundidad el sistema de salud. La campaña mostró también a un político hábil y riguroso que supo construir una maquinaria formidable, capaz de derrotar a la aceitada maquinaria de los Clinton y que ha sabido vencer uno a uno los obstáculos esgrimidos por la derecha conservadora de Estados Unidos. Una campaña inteligente, bien administrada, audaz en los nuevos métodos para generar ingresos y movilizar a nuevos electores y feroz en la lucha por generar una mayoría en el Congreso y especialmente en el Senado, que le permita evitar las tácticas dilatorias tendientes a bloquear iniciativas importantes.

Su reto más inmediato será sin duda el de la economía. No hay indicaciones sólidas de que la crisis financiera haya sido resuelta y el papel del secretario Paulson, juez y parte de la crisis, ha sido reactivo y en frecuente contradicción con la Reserva Federal de Ben Bernanke.

La conformación del nuevo gabinete será especialmente delicada en el caso del secretario del Tesoro y del titular del Departamento de Estado, así como un Congreso que pueda aprobar rápidamente y sin traumas estos nombramientos.

En cuanto a nuestro país, repetiré la tesis que he estado esgrimiendo: de nada nos sirve un presidente estadunidense amigo de México —como McCain— si sus políticas van a empeorar el entorno mundial. Siempre será mejor negociar la abigarrada agenda bilateral en el contexto de una economía mundial en recuperación, con un liderazgo estadunidense respetado y con menos tensiones bélicas. No creo que se vaya a concretar una reapertura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Y si esto sucediera, tampoco creo que sería el fin del mundo. Hay realidades económicas profundas que sustentan el intercambio comercial bilateral y éstas continuarán existiendo, con todo y que Obama llegue a la Casa Blanca.

Suerte a Barack Obama, a su equipo y a sus seguidores; suerte, mañana martes y en los cuatro años que están por venir.

¿Una reforma para la reforma?

Ignacio González Sánchez
El Universal

Para que las negociaciones de una reforma en Petróleos Mexicanos se consideren satisfactorias, debería existir un espacio de acuerdo, bajo la base de “ganar-ganar”; sin embargo, los actores en la negociación y los representantes de la sociedad dejan la percepción de un “ganó-perdí” o, en el mejor de las casos, de que se consiguió que los dos frentes sientan que “se perdió lo menos posible”, que no es lo mismo a “ganar-ganar”.
Si lo moral no nos une a través de los valores para negociar, entonces estamos en problemas; si no se acepta la divergencia en la negociación de la reforma para Pemex, light o “chiquita” para unos, incompleta para otros, entonces ya estarán pensando en una reforma para la reforma, pues se percibe que la negociación no satisface, que parece inacabada: en este escenario parecería que todos dejamos de ganar.

La ética empresarial y los valores de los mexicanos pueden encontrar puntos de acuerdo en la negociación; la calidad de vida y la competitividad deben ser el marco para las negociaciones. Ahora sólo nos queda esperar a que se implementen los acuerdos tomados y que los beneficios se extiendan al bienestar de los mexicanos.

A propósito de la ética, cabe recordar el aniversario 83 del natalicio del doctor Fernando Salmerón Roiz (1925-1997), reconocido por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) por su valiosa trayectoria académica, de investigación y administrativa en el sector educativo.

“El homo sapiens academicus mexicanus”, lo denominó amistosamente el doctor Ruy Pérez Tamayo, quien además cita: “Don Fernando era un hombre ejemplar que con su conducta, su pensamiento y su experiencia, orientación significativa y trascendente, analizaba y resolvía los retos de nuestra generación”.

Pérez Tamayo alienta —sin que él lo mencione— una opción para que la reforma de la reforma la hagan los filósofos, que buscarían, como don Fernando: “El amor solícito y reconfortable de la familia, con la conciencia de que se invierte la vida en tareas útiles para la comunidad, con profunda fe cristiana en la caridad y en la justicia eterna”, valores que se requieren en la sociedad.

Valores que apreciamos los que tuvimos el honor de colaborar con el doctor Fernando Salmerón Roiz.

A Change is Gonna Come

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Para Jaime Almeida, maestro

Me sacudió leer el sábado en Babelia la lista de canciones que han inspirado a Barack Obama: la banda sonora del cambio.

Soy un escéptico de las elecciones de
Estados Unidos. Las sigo acaso con espíritu deportivo: Carter me gustaba más que Reagan; Clinton que Bush, desde luego. Dukakis, Gore y Kerry eran equipos de media tabla.

Hastiado de los redentores, me desentendí de Obama. Pero es muy difícil no entusiasmarse con un fenómeno capaz de hacer creer en tiempos del desencanto que, si votan por él, “juntos cambiaremos este país y este mundo”.

El fin de semana estudié el discurso de Obama. Vibrante, como nuestra Aretha Franklin de la adolescencia. Pegajoso, como “Signead, Sealed, Delivered”, el tema de Stevie Wonder con que cerraba sus mítines. Profunda y contenida, como la sin igual “What’s Going On”, de Marvin Gaye. Sabroso, como el rap de The Fugees. Y lo hice escuchando a mi preferido, Sam Cooke.

Según Babelia, “todos los expertos consultados coinciden al elegir una canción, ‘A Change is Gonna Come’ (en español, ‘El cambio llegará’), de Sam Cooke, como símbolo de las aspiraciones de Obama”.

En La vida de los otros (la película alemana que le ganó el Óscar a El laberinto del fauno), Ulrico Mühe, un director de teatro asfixiado por el “socialismo real”, le dice a su amada, Martina Gedeck, presa de la extorsión sexual de la Stasi, que nadie que haya escuchado realmente la “Sonata 23 para piano” de Beethoven puede ser una mala persona.

Pienso lo mismo de quien ha vibrado escuchando “You Send Me”, de Sam Cooke, y obtenido de ella la infusión para inspirar a otro, a otra, o a millones de personas. Sólo por eso, Obama se merecería todo.

¿Por qué Obama?

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

WASHINGTON, DC.- El otro día alguien me preguntó: “Si la elección presidencial en Estados Unidos estuviera empatada y tuvieras el último voto definitivo, ¿por quién votarías?” Sin titubear mucho, le contesté: Barack Obama. Y le expliqué por qué.

McCain y Clinton

Antes de hablar de Obama, es importante mencionar que creo que su adversario es un buen candidato. Fue el mejor que pudieron escoger los republicanos porque John McCain es uno de los políticos más alejados de George W. Bush en un momento donde lo que más les cuesta electoralmente a los republicanos es el desastre del actual presidente. Además McCain, en comparación con varios de sus correligionarios, es un político moderado siempre dispuesto a negociar con la oposición. Finalmente, es un hombre íntegro, con mucha experiencia y con una historia personal dramática al haber estado preso cinco años y torturado por las fuerzas del Vietcong. En las elecciones primarias también dije, y lo sigo sosteniendo, que Hillary Clinton era una muy buena candidata. Pero, como es el caso con McCain, creo que Obama ha resultado ser un mejor candidato.

Como mexicano, para mí lo más importante es que haya un presidente estadunidense que beneficie a México. Más allá de la compleja agenda bilateral de los dos países, lo que más le conviene al nuestro es que le vaya bien al vecino del norte y, para que esto ocurra, tiene que haber un buen presidente que arregle el desastre que dejará Bush. Por varias razones, la mejor opción es Obama.

Inteligencia y arrojo

Para recomponer a Estados Unidos, se va a necesitar un hombre con mucha inteligencia. Obama la tiene. Su exitosa carrera académica así lo demuestra. Hizo su licenciatura en Columbia, una de las mejores universidades estadunidenses, y su posgrado en leyes en Harvard. Allí fue director del Harvard Law Review, la prestigiosa revista jurídica cuyos directores son los mejores estudiantes. Luego fue profesor de otra casa de estudios de excelencia mundial: la Universidad de Chicago. Un currículum de este tipo requiere de una cabeza privilegiada, la cual ha evidenciado Obama durante los múltiples debates que ha tenido en su largo camino hacia la Casa Blanca.

Gracias a su arrojo, la carrera política del demócrata ha sido meteórica. Obama no se ha ceñido a los estándares de la política estadunidense que exigen mucha paciencia. Cuando el año pasado decidió lanzarse a la presidencia, muchos lo tildaron de loco: no tendría posibilidad alguna de ganarle a Clinton, la poderosa senadora de Nueva York, la ex primera dama, la que tenía el apoyo de los operadores del Partido Demócrata. Obama no se amilanó y, contra todo pronóstico, le ganó a la candidata favorita. Este arrojo también será necesario para gobernar un país que tiene múltiples problemas.

Juventud, agenda y gobierno fuerte

Para los estándares de la política presidencial estadunidense, Obama es un candidato joven. Tiene 47 años. Viene de una generación muy diferente de la de McCain quien podría ser su padre (tiene 72 años). En este sentido, entiende más el fenómeno de la globalización y de cómo el mundo ha cambiado. Un detalle así lo revela. Mientras que Obama se comunica con una Blackberry, McCain no sabe cómo utilizar internet (así lo ha confesado). En la coyuntura actual, creo que es mejor tener un presidente de una generación que, por formación, es más abierta y cosmopolita.

También me gusta la agenda gubernamental de Obama. En particular cuatro puntos. Primero, está dispuesto a decirle a los estadunidenses una verdad incómoda: que para pagar la abultada cuenta fiscal de un gobierno desbocado habrá que subirle los impuestos a los más ricos. Segundo, que ha llegado la hora de que Estados Unidos resuelva el tema de un sistema de salud cada día más caro y de peor calidad. Tercero, que va a sacar a Estados Unidos de Irak. Finalmente, que quiere recuperar el prestigio mundial que su país ha perdido en estos años desastrosos de Bush.

Un último punto de por qué creo que Obama sería un mejor presidente. Todo indica que los demócratas van a ganar la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Si Obama también vence, esto significaría que habría un gobierno unificado en Washington. Un gobierno con capacidad de sacar adelante una ambiciosa agenda gubernamental. Los tiempos económicos demandan eso: un gobierno fuerte que mande las señales adecuadas para reactivar una economía que está en recesión.

Lo preocupante

No sería justo terminar con esta respuesta sin decir qué me preocupa de Obama. En primer lugar está su falta de experiencia producto de una carrera política meteórica. El demócrata nunca ha tenido un puesto ejecutivo. Su breve carrera ha sido como activista y legislador. Para subsanar esta debilidad, de ganar, Obama tendrá que nombrar un gabinete de alto perfil con personajes de gran experiencia. Por los nombres que maneja aquí la prensa, todo indica que así será: que Obama se acompañará de profesionales de mucho peso.

Lo que más me preocupa de Obama es, sin embargo, su retórica proteccionista. Ha dicho que, de ganar, revisaría el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En este propósito lo acompañan muchos demócratas que tienen importantes lazos con los sindicatos cuyos intereses son, por definición, proteccionistas. Esta no es una buena noticia para México que, por ser el país chico de esta alianza comercial, sería el país que más podría perder en un proceso de renegociación.

La historia

Nótese que en mi respuesta no he mencionado la raza de Obama. Así lo he hecho a propósito porque creo que en este momento lo más importante para Estados Unidos es elegir al candidato que pueda asegurar un mejor gobierno más que el que pueda hacer historia. Y creo que la mejor opción en este sentido es la de Obama quien, de ganar, también implicaría un gran acto histórico por todo lo que significa que un hombre de raza negra finalmente llegue a una Casa que siempre ha sido Blanca.

Con todo respeto

Ricardo Raphael
Analista Político
El Universal

Esta semana mi correo electrónico se abarrotó de reclamos y recriminaciones; la gran mayoría en contra de la calidad moral de quien escribe estas líneas. Un lector, Roberto Escudero, aseguró que como periodista soy un fiasco. Rafael Carreño me tildó de palero y Álvaro Rodríguez de cortesano.

La más dura fue Rebeca Jiménez, quien después de llamarme tarado (¡ya parezco Francisco Labastida!), y acusarme de escribir artículos estúpidos, me mandó, la cito: “A besar el piso por donde pasa Andrés Manuel López Obrador”.

Normalmente suelo responder a esta correspondencia de manera privada. En esta ocasión consideré oportuno, sin embargo, utilizar este espacio para abrir un diálogo público con los lectores.

He de aclarar que no lo hago porque me haya sentido ofendido —los años que llevo en este oficio me han dejado bastante gruesa la piel—, sino por el síntoma social que tales líneas me han confirmado.

El argumento principal de mi entrega de la semana pasada fue que, por sus estrategias políticas, AMLO se estaba convirtiendo en un peligro para la viabilidad electoral de la izquierda mexicana.

Sigo teniendo para mí que las contradicciones en la conducción del Frente Amplio Progresista y, en particular, del PRD pueden terminar dañando fatalmente a esta corriente política con la cual, debo aclararlo, sostengo coincidencias éticas importantes.

Más allá del tono que estos lectores impusieron en su comunicación, lo que me sorprendió fue que casi ninguno refutó con argumentos el planteamiento que esgrimiera en mi anterior artículo.

No es mucho pedir el ofrecimiento de aquellas razones que llevarían a valorar la hipótesis contraria; es decir, que López Obrador está en lo correcto y que el año próximo llevará al PRD a obtener un porcentaje de votación superior al que recibiera en los comicios congresionales de 2006.

En lugar de construir la política a partir del intercambio entre argumentos diferentes, ésta se nos ha vuelto un territorio radioactivamente polarizante. Es el síntoma al que arriba hice referencia: la política ha dejado de ser un producto de nuestra inteligencia social para convertirse en un instrumento sólo dispuesto para la descalificación del otro.

Es notable la incapacidad que hoy padecemos para escucharnos. Son días en que solemos respetar únicamente a quien piensa como nosotros. No cabe por tanto la deliberación, sino la disputa. No cabe el diálogo, sino el monólogo. El lugar donde debiera estar la palabra ha sido ocupado por el recelo, la desconfianza y el menosprecio.

Con todo, quiero seguir suponiendo —necesito hacerlo— que entre los mexicanos todavía tenemos mucho en común. Eslabones afectivos, históricos e identitarios que nos permiten seguir compartiendo una existencia simultánea.

Cierto es que los diagnósticos sobre el país donde cohabitamos no son los mismos. Y menos aún lo son las fórmulas y los instrumentos propuestos para enfrentar la difícil circunstancia de este comienzo del siglo. Sin embargo, también lo es que nadie podrá escaparse del incierto futuro que se nos avecina.

Afuera, el mundo se desmadeja debido a una crisis financiera de proporciones atómicas. Adentro, el país se nos deshace por una angustiosísima crisis de inseguridad. Y todo esto ocurre mientras nuestra recién y muy frágil democracia se encuentra acechada por los intereses partidarios más mezquinos.

Aun si nos percibimos tan separados, así pinta ese futuro que viviremos, juntos, todos los mexicanos. Cabe entonces considerar si el método de la mentada de madre es el mejor para atravesar lo que se viene.

¿Será que hemos perdido la naturaleza humana que en otros tiempos nos ayudó a conciliar las diferencias? Prefiero creer que no. Por demasiadas razones este país merece un destino mejor. Y sus habitantes, entre sí, un trato más respetuoso.

¿Y qué festejan?

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

1. Soy de los muchos que no se entusiasman porque en el Congreso se haya pergeñado un guiso al gusto de todos los partidos (con excepción de los peleles de López) porque no resuelve el asunto central: seguiremos comprando gasolinas, el 40 por ciento, a refinerías pri-va-das, pero fuera de nuestro territorio porque la ley les sigue prohibiendo instalarse aquí y dar empleo a mexicanos.

Cómo festejar que Pemex deberá seguir dando brincos para asociarse con capitales privados en Texas, como hizo en Deer Park, lo cual la convierte en exportadora de capital y no polo de atracción de capitales; compañías pri-va-das seguirán a cargo del transporte de derivados del petróleo con el método más costoso: camiones-pipa, pero no podrán soldar pipas entre sí para hacer un oleoducto que nos abarate a los mexicanos los productos de Pemex. ¿Alguien entiende por qué?

No veo el entusiasmo por felicitar a legisladores que legislan, pues para eso les pagamos un millón mensual a cada uno entre sueldos, prestaciones, comilonas, masajes y peluqueros. No creo en los acuerdos unánimes ni en sacrificar la eficacia por el consenso, pues la democracia es el ejercicio de la mayoría luego de la discusión amplia e informada. Consenso había en la Unión Soviética y lo hay en Cuba (hasta para permitir a compañías brasileñas, españolas y noruegas que exploren sus aguas profundas, corran todo el riesgo y se repartan ganancias si encuentran yacimientos).

Tampoco veo el motivo de entusiasmo porque no se privatizó lo que nunca se propuso privatizar. Se sigue mintiendo con descaro y total impudicia que se impidió la venta de Pemex. Nadie la impidió porque nunca estuvo a la venta ni uno de esos fierros viejos que nadie en el mundo quería comprar. Los yacimientos no respetan fronteras y los texanos ya extraen de los que comparten con nosotros, lo comienzan a hacer los cubanos. Es como si tres chuparan del mismo refresco: cuando legislemos para meter el popote, el vaso estará vacío.

Se invertirán 12 mil millones en una refinería nueva para Pemex que, con su corrupto sindicato pierde dinero en sus refinerías. Perderá con la nueva porque la productividad de un trabajador de Pemex es siete veces inferior a la de las compañías más eficientes, y acabará comprando el crudo que refine porque durante los años de su construcción se nos habrán agotado los yacimientos por nuestro aberrante rechazo al capital privado.

2. A propósito de mi artículo pasado sobre el llamado de Granados Chapa a que los luchadores sociales dejen de emplear métodos criminales, recibí este mail de un amigo: “La entrega de la medalla Belisario Domínguez a Miguel Ángel Granados Chapa es el triunfo de las posiciones políticamente correctas aun cuando lleguen a la abyección. Granados Chapa defendió en todo momento al procurador Samuel del Villar, incluso en la aberrante acusación contra Paola Durante y co-acusados por el homicidio de Paco Stanley. No rectificó ni cuando Bátiz, sucesor de del Villar, se disculpó con Paola. Su defensa de AMLO, y en general del perredismo más pedestre, ha sido incondicional, con tópicos baratos y sin argumentos. Su estilo es acartonado y sus argumentos inexistentes. Eso es lo que admiran nuestros ínclitos senadores.”

Añado: cayó Granados en la patraña de la anciana violada en Zongolica y no ha corregido ni a la luz de datos que muestran la mala fe de los acusadores y el infundio lanzado contra soldados que, sin duda, habrían preferido hacerse una puñeta.

3. ¿Mentiras? Mi relato sobre los gritos de Monsiváis a Carmen Lira, directora de La Jornada, con la conclusión: “¡O Luis o yo!”, por la que fui echado de ese diario del que, para mi eterna ignominia, fui fundador y co-propietario, lo he repetido cada que me preguntan al respecto, la última ocasión en el programa de Pablo Hiriart y Jaime Sánchez Susarrey. Jamás he sido desmentido. Nunca.

Y no fue la primera vez en que CM puso tal ultimátum. A raíz de mi artículo “La fiesta y la tragedia”, recogido en Las mentiras de mis maestros, exigió lo mismo; pero Lira, sólo a cargo de la dirección, le pidió esperar al regreso del director, Carlos Payán, en España con regreso por París para comprarse su quincuagésimo octavo traje de pana estilo intelectual proletarizado. Cuando volvió ya había entrado al quite Octavio Paz en Proceso, texto que el poeta recogió en Itinerario (p. 218). Lira sólo me comentó: “Tenía qué meterse el pinche viejo”.

Amero, ¿el dinero por venir?

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

He recibido en los últimos días, docenas de correos electrónicos preguntándome qué sé acerca del amero, la nueva moneda que, supuestamente, entrará en circulación en enero próximo o, a más tardar, en la primavera del 2009.

Lo que sé del amero es que en septiembre de 1999, año en el que el euro entró en circulación, el economista canadiense Herbert Grubel publicó un libro cuyo título es The case for the amero, El caso a favor del amero, texto en el cual, entre otras cosas, analiza la conveniencia de que los tres países que integran el TLC norteamericano —Canadá, Estados Unidos y México—, lleguen a formar, como parte del proceso de integración económica, que hoy es más comercial y financiera que otra cosa, la Unión Monetaria Norteamericana, con una sola moneda de península a península, desde la de Alaska hasta la de Yucatán, moneda única que no necesariamente tiene que ser el dólar estadunidense, pudiendo ser una nueva, a la cual Grubel bautizó con el nombre de amero. Posteriormente otros economistas, entre ellos yo, hemos insistido en el tema, cuestión que, hasta el momento, no ha pasado de la propuesta.

Sin embargo, a partir de un video que ha circulado por internet, se ha hecho creer a mucha gente que el amero ya es una realidad, ¡inclusive se han mostrado las monedas!, y que es cosa de uno cuantos meses para que el mismo sustituya, en nuestro caso al peso, lo cual ha preocupado a más de uno, sin faltar los que consideran que dicha sustitución es la muestra más clara de lo mal que están las cosas en estos tiempos de “apocalipsis” económica.

De todo lo anterior, ¿qué es verdad y qué es mentira? Lo que sí es cierto es que se han acuñado monedas amero, acuñación realizada por Daniel Carr, orfebre estadunidense, que se dedica al diseño de todo tipo de monedas, pero no con fines dinerarios, sino con fines conmemorativos, e inclusive lúdicos, tal y como es el caso de los ameros que ha acuñado. Lo que no es cierto es que el amero esté listo para sustituir a los dólares canadienses y estadunidenses, y al peso mexicano, tal y como lo ha hecho creer el bribón de Hal Turner, responsable de haber difundido por la red el mentado rumor.

Todos los que se han preocupado por la supuesta sustitución del peso por el amero, pueden volver a dormir tranquilos, ¡no la habrá!, por lo que los mexicanos seguiremos usando, como medio de intercambio, dentro del país, el peso mexicano y fuera de él el dólar estadunidense o el euro.

Ahora bien, el que en un futuro previsible no se contemple la posibilidad de crear la Unión Monetaria Norteamericana, con una sola moneda desde Alaska hasta Yucatán, no quiere decir que esa unión no sea una mejor opción, en materia de dinero, que lo que tenemos actualmente, con tres moneda distintas en la zona del TLC norteamericano. No hay que olvidar que para que un mercado funcione lo mejor posible conviene que cuente con una sola moneda y si, poco a poco, al paso del desmantelamiento de las medidas proteccionistas, se está integrando un solo mercado desde Alaska hasta Yucatán, conviene contar, desde Yucatán hasta Alaska, con una sola moneda.

Por último una aclaración pertinente: lo que importa no es cuántas monedas circulan, sino la calidad de las monedas que circulan, tema que es el que debería discutirse a fondo, sobre todo si queremos evitar, en el futuro, otra crisis como la actual.

Nace una estrella

Agustín Basave
abasave@prodigy.net.mx
Excélsior

Mañana terminará esa suerte de neoreaganismo que encarnó George W. Bush. Si se cumplen los pronósticos que dan por hecho el triunfo de Barack Obama, el cambio será inexorable.

Mañana terminará esa suerte de neoreaganismo que encarnó George W. Bush. Aunque le quedarán algunas semanas en la Casa Blanca, para efectos prácticos sus nefandas políticas económica e internacional habrán pasado a ocupar sendas y sombrías páginas de la historia. El daño está hecho, desgraciadamente, en Estados Unidos y en el mundo entero: todos sufrimos en mayor o menor medida las graves consecuencias de su déficit, de su laissez faire especulativo, de su unilateralismo, de su guerra en Irak, del tráfico de influencias de sus colaboradores a favor de las industrias armamentista y petrolera, de su rechazo al Protocolo de Kioto, por mencionar sus más conspicuos errores. Pero a partir de la elección de su sucesor las cosas serán diferentes: si se cumplen los pronósticos que dan por hecho el triunfo de Barack Obama, el cambio será inexorable.

Ya que no puedo depositarlos, hago votos por que Obama gane. John McCain, que empezó su campaña como el menos republicano de los republicanos, se fue transfigurando gradualmente en un representante del cenáculo de la mano invisible y del empecinamiento belicista. La reunión en que su partido lo ungió como candidato fue un espectáculo espeluznante. Después del sabor de boca cosmopolita que dejó la convención de los demócratas, la de sus rivales hizo gala de un aldeanismo jingoísta y neoliberal que disipó cualquier duda sobre su vocación de aislamiento. Pienso en el escenario político europeo, recuerdo los discursos republicanos y me asalta una palabra: anacronismo. Sin un profundo aggiornamento, ese partido no puede ser contemporáneo de nuestro tiempo.

Afortunadamente, las encuestas coinciden en una clara victoria de Barack Obama. Existe, desde luego, el riesgo de un voto masivo de los indecisos por McCain o de que la distorsión del efecto Bradley —la expresión racista del social desirability bias que hace que algunas personas mientan a los encuestadores sobre su intención de votar contra Obama— nos haga abrigar falsas esperanzas. Pero es impensable que casi todos los que no han decidido su voto se inclinen por McCain y que los racistas vergonzantes constituyan más de 8% del electorado. Todo parece indicar, pues, que lo único que podría salvar al candidato republicano de la derrota sería un factor sorpresa ligado al terrorismo. Y tampoco parece probable que Al-Qaeda quiera “agudizar las contradicciones” de su enemigo o que los halcones conservadores cometan una locura en el afán de provocar una eclosión de miedo.

De manera que todo parece estar listo para que Barack Obama sea presidente de Estados Unidos. De ser así, la sociedad norteamericana daría una muestra de sensatez. Las circunstancias internas y externas exigen que el próximo líder de la superpotencia sea un estadista visionario y dispuesto a encabezar un cambio profundo en el orden político y económico internacional. No basta con castigar electoralmente a la ideología que ha llevado a ese país al desastre y está arrastrando a todos los demás al borde del abismo. Se requiere llevar al poder a alguien que pueda leer el signo de los tiempos y fluir con la corriente, y un hombre ligado al pasado, así sea un maverick como John McCain, tendría en sus hombros un lastre que más temprano que tarde lo haría ahogarse y ahogar cualquier transformación. La transición que la humanidad pide a gritos es de tal envergadura que sólo un político de mentalidad revolucionaria puede entenderla, y esa mentalidad parece haberse cultivado en el hijo de un inmigrante africano que ha padecido la discriminación.

Es evidente que es Obama y no McCain el hombre indicado para este momento histórico. No sé si el senador por Illinois estará a la altura de las exigencias y si comprenderá que, de cara a la grieta histórica que enfrentamos, la prudencia es sinónimo de audacia. Como he dicho en este espacio, su responsabilidad será incluso mayor a la que le correspondió a Franklin D. Roosevelt y no estará muy lejos de la que le tocó asumir a Mijaíl Gorbachov. Si sólo intenta salvar al capitalismo o, peor aún, si trata de remendar al anarcocapitalismo, y si pretende parchar las instituciones financieras internacionales o deja que la inercia se haga cargo de la Organización de las Naciones Unidas, corre el peligro de ser rebasado por los acontecimientos. Si, en cambio, decide presidir la construcción de un nuevo orden mundial, seguramente mantendrá el liderazgo de su país en un entorno multipolar, por encima de China, India, Rusia y cualquier otro país que adquiera un papel protagónico. Un verdadero adalid no espera a que el viejo andamiaje se le caiga encima para iniciar la edificación del nuevo.

Barack Obama tiene frente a sí la oportunidad con la que sueñan todos los políticos de estatura y ambición. La de echar a volar juntas la imaginación y la realidad, la de pensar y hacer en grande, la de cambiar el rumbo de la historia. Mañana presenciaremos el nacimiento de una estrella. No tardaremos mucho en evaluar su tamaño, su brillo y su posición en el firmamento global. Para juzgar la trascendencia del obamismo sus cuatro años, ocho a lo más, transcurrirán como un suspiro junto a la eternidad de una posible hecatombe económica. Ya lo veremos.

abasave@prodigy.net.mx

Obama tiene frente a síla oportunidad con la que sueñan todos los políticos de estatura y ambición.La de echar a volar juntas la imaginación y la realidad, la de pensar y hacer en grande, la de cambiar el rumbo de la historia.

Interregno permanente

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

El problema más importante que enfrenta el Estado mexicano, como cualquier otro, es la supervivencia. Ésta depende de que se pueda construir un régimen estable, un conjunto de reglas y valores, aceptados por la mayoría de los actores políticos, que limiten el poder: su acceso, uso, distribución y abandono. El fin del régimen anterior, en 1997, nos dejó un conjunto de reglas y valores mixtos, un proceso de sustitución inacabado, que exigía continuidad.

Para ese año, las reglas y las organizaciones que las hacían valer habían cambiado mucho: Congreso, gobernadores, Suprema Corte, Banco de México, IFE, CNDH, cada uno ocupando un espacio de poder arrancado al centro único de los tiempos del antiguo régimen. Pero la continuidad en el cambio de reglas requería una confluencia en valores que no ocurrió. Algunas de las organizaciones mencionadas perdieron el ímpetu liberalizador (CNDH), otras perdieron eficiencia (Congreso), y unas más se contentaron con el poder adquirido (gobernadores). Son ejemplos.

En el fondo, lo que impide la construcción de las nuevas reglas es la discrepancia en los valores, que no es un asunto sólo de la clase política. Los mexicanos no hemos podido decidir lo que queremos. Y no es una diferencia superficial, sino muy profunda. No sabemos si queremos un régimen democrático o no. Porque la democracia representativa (la única que existe como sistema de gobierno) implica varias características que no alcanzan a convencer a todos. Los valores asociados a ese sistema: libertad, competencia, meritocracia, responsabilidad, estado de derecho, libre flujo de información, no son aceptados por todos. De hecho, no son aceptados por cantidades significativas de la población, de los poderes de facto y de la clase política.

Nada nuevo: fue igual cuando Juárez y Cárdenas construyeron los dos únicos regímenes que hemos tenido en este país. Don Benito optó por un autoritarismo liberal, que llega a su máxima expresión con don Porfirio. El general Cárdenas optó por un autoritarismo antiliberal, más fácil de aceptar, que no comulgaba con ninguno de los valores antes mencionados. Y así nos fue.

La construcción del tercer régimen está atorada. La confluencia de valores ocurre en mínimos deplorables. La evidencia son las cinco reformas: dos medio avanzan (pensiones y fiscal), dos retroceden (electoral y petrolera) y una más no alcanza siquiera a moverse con claridad (penal I y II).

Podemos seguir como vamos, pero no vamos a llegar a ningún lado. Y será una victoria de quienes prefieren el pasado. Victoria pírrica, claro.