noviembre 07, 2008

Descarta PGR explosión previa al accidente aéreo

Redacción
El Universal
Ciudad de México
Viernes 07 de noviembre de 2008

Asevera el representante de la Procuraduría General de la República en el DF, Ricardo Nájera, que no se encontró rastro alguno de explosivos en los restos de la aeronave, en la que perdió la vida Juan Camilo Mouriño

Ricardo Nájera, representante de la Procuraduría General de la República (PGR) en el Distrito Federal, aseguró que de acuerdo a las primeras investigaciones no se encontraron ningún tipo de sustancias que pudieran demostrar que el avión tuvo una explosión previa al accidente, en el que murió el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, el pasado martes.

Tajante, Nájera aseveró que no se encontró rastro alguno de explosivos en las partes encontradas en los restos de la aeronave, ni anfodinamita, TNT o C-4.

"El evento no tuvo explosión previa al accidente", aseveró Ricardo Nájera en conferencia de prensa en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).

El titular del ramo, Luis Téllez, dijo que de acuerdo a los primeros peritajes no se encontró rastro alguno de sustancia explosivas en el aparato.

Por su parte, el director de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), Gilberto López Meyer, informó que en 48 horas se retirarán los restos del avión para resguardarlos en un lugar seguro en el hangar presidencial.

De igual modo, comentó que ambos motores de la aeronave rotaban a alta velocidad antes del impacto.

Así mismo se recuperó la memoria de ambos motores que son trasladados por un avión de la Fuerza Aérea a Tucson, Arizona para que la compañía fabricante se encargue de obtener la información que ahí se contiene.

También se informó que que la investigación de campo prácticamente concluyó, y que mañana habrá un recorrido en la zona del accidente para los medios.

Preguntas, más preguntas

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Ayer en el Campo Marte se realizaron los servicios para despedir a Juan Camilo Mouriño, José Luis Santiago Vasconcelos y demás ocupantes del jet que se estrelló el martes pasado cerca de la Fuente de Petróleos, en el poniente de la ciudad. La calma no ha regresado al resto de los ciudadanos. En las calles se siente una incertidumbre que pregunta qué está pasando en el país. Las dudas siguen saliendo y los cuestionamientos comienzan a ser respondidos, al menos, con los datos que, a cuentagotas, van saliendo.

Con el hallazgo de la caja negra de la aeronave y la salida a la luz pública de las grabaciones de la comunicación entre el jet donde viajaba Juan Camilo Mouriño con la Torre de Control del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, han comenzado a escucharse voces y, aunque el común es la exigencia de lograr una investigación lo más clara posible, varias son las hipótesis en que podría seguirse aquélla.

El mismo martes, después de hacerse oficial la muerte del secretario de Gobernación, Luis Téllez, el que despacha en Comunicaciones y Transportes, se encargó de echar atrás cualquier intento de pensar en un atentado: “Todo indica que es un accidente, porque las partes del avión están completas, están partes de las turbinas completas, parte del fuselaje completo, y cuando se cae un avión por otra causa que no es un accidente, generalmente se dispersan las piezas y este no es el caso”. Pero, con suspicacia, podemos pensar que un atentado no siempre se resuelve con un artefacto explosivo.

Y es que, según los audios dados a conocer el miércoles, hubo un momento en que, de repente, la comunicación entre el jet y el aeropuerto no falló, simplemente desapareció. Para el radar de la terminal aérea, fue imposible rastrearlo. Pero desde el mismo martes se supo que esta aeronave ya tenía en su historial una serie de reportes que daban cuenta de un mal funcionamiento. Cuando en 2005, el entonces secretario de Gobernación, Carlos Abascal, tuvo que suspender una gira de trabajo por Yucatán, después de que esa misma nave presentó varios desperfectos.

¿Será que quisieron aterrizar de emergencia? ¿Perdieron la capacidad de respuesta de ambos motores de la nave? Según algunos expertos, dadas las condiciones de vuelo, aun con los motores apagados, era posible que la nave alcanzara la pista de aterrizaje del aeropuerto capitalino. La distancia entre el lugar del impacto y el AICM es de apenas 12.5 km. Lo que han dicho los testigos es que el avión venía en picada y no había señales de un incendio momentos antes de tocar tierra.

Ayer entrevisté, en la segunda emisión de Cadena Tres Noticias, a Ángel Iturbe, secretario del Sindicato de Controladores de Tráfico Aéreo. Me dijo que “ni hubo exceso de velocidad ni una turbulencia generada por un avión comercial” que afectara o provocara la caída del Learjet donde viajaban el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y su comitiva, el pasado martes. Insistió en que los datos obtenidos en los registros de aviación demuestran que las aeronaves que se dirigían al aeropuerto capitalino guardaban la distancia correspondiente. Me dijo, además, que los controladores no tuvieron nada que ver en la ocurrencia del accidente, pues tanto en la Torre de Control como en la aeronave siguieron los procedimientos “al pie de la letra”.

También están las otras dudas, las que llegan por la evidencia de muchos descuidos en el protocolo de seguridad realizado en la visita de Mouriño a San Luis Potosí. ¿Por qué viajaron juntos dos altos funcionarios? ¿Por qué no hubo presencia del Ejército en los alrededores del aeropuerto de esa ciudad a sabiendas de las amenazas que había recibido Santiago Vasconcelos de algunos capos del narco?

Finalmente, alejados de las advertencias recibidas de los grupos criminales, es lógico pensar que, con lo desfasadas que se han visto las autoridades por estas organizaciones y, más aún, con la revelación de los nexos entre ex funcionarios de la SIEDO, dependencia alguna vez dirigida por José Luis Santiago Vasconcelos, los riesgos de alguna represalia eran por completo previsibles. Y máxime cuando, como lo ha señalado mi querido Jorge Fernández Menéndez, fue Vasconcelos quien más auxilió en las pesquisas de dichos funcionarios corruptos.

Y es que, desde el asesinato de Luis Donaldo Colosio —cuya investigación dio resultados nada convincentes—, no habíamos tenido un episodio que le diera tan fuerte a la política nacional. Mouriño no sólo era uno de los principales enemigos a vencer de la oposición, también se colocaba como el puente en la transición de la barrera generacional de la política del país, a pesar de los golpes que recibió desde su llegada a la Secretaría de Gobernación. Esto, en medio de un ambiente áspero y poco tranquilo, dada la lucha que el gobierno ha emprendido contra las organizaciones criminales.

Y es que, por más absurdas que puedan parecer las preguntas, en un caso como éste todo puede ser posible, sobre todo porque lo que está en juego no sólo son razones de lo sucedido con la nave donde viajaba Juan Camilo Mouriño, sino el concepto de Estado como tal. Y el Estado tendrá que ser la entidad encargada de responder a todas las sospechas y todas las preguntas… por su propia salud y su propia solidez.

Las horas decisivas del sexenio

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

En el emotivo homenaje que encabezó ayer el presidente Calderón en el Campo Marte a Juan Camilo Mouriño, José Luis Santiago Vasconcelos, Miguel Monterrubio y los demás funcionarios que fallecieron el martes pasado, hubo, como era previsible e incluso deseable, un discurso presidencial que se basó, sobre todo, en tres aspectos: la lealtad, la amistad y el compromiso generacional. La lealtad, que siempre ha sido un aspecto central para el presidente Calderón, destacada esta vez con un acento particular en la denuncia del acoso y las calumnias que sufrió Mouriño. La amistad que marcó la relación entre ambos y que ayer, como el martes en la noche, volvió a ser expuesta pública, abiertamente, por el Presidente, y dio espacio, incluso, para apartar, por lo menos ayer, el protocolo y las jerarquías en las guardias de cuerpo presente. Y el compromiso generacional, aunado, en este discurso, a un compromiso simultáneo con el diálogo y la democracia.

Con todo, con la tristeza, con la voz que en algún momento intentó quebrarse, con la congoja que envolvía el ambiente, la sensación de fragilidad (la humana, que va mucho más allá de lo político), la ceremonia de ayer hay que entenderla como el fin de una etapa en el gobierno de Felipe Calderón. El Presidente pidió mirar hacia el futuro y trabajar para tener en él un México próspero y justo. También un México unido. Y la tragedia debe servir para ello. Porque la vida y la gestión de una administración deben continuar, pero ya mucho no será igual.

Hace algunas semanas decíamos que, llegando al segundo año de su gobierno, el presidente Calderón parecía decidido a mover fichas pero, sobre todo, y eso era más importante, quería colocarlas sobre un nuevo tablero. Los hechos del martes obligarán, necesariamente, a hacerlo, quizás antes y sin la gradualidad y la ponderación que puede dar el tiempo, sin el abanico de posibilidades que éste otorga. Tendrá que haber cambios, pero antes habrá que tener claridad sobre lo que sucedió. El Presidente, si bien las investigaciones parecen inclinarse por un accidente, se ha cuidado, y ha hecho bien, en calificar lo sucedido, ha dicho que habría una investigación exhaustiva que incluirá todas las posibilidades y además ha decidido dar a conocer públicamente parte de la información, pero también la ha enviado para su análisis a los centros de investigación aeronáutica más reconocidos del mundo. El miércoles, a las 11 de la noche, salieron hacia Washington las dos cajas que contienen la información sustantiva de lo sucedido con el Learjet 45 durante todo su trayecto. Allí están las comunicaciones, ya conocidas, entre la Torre de Control y la tripulación, pero también está registrado el desempeño del equipo y se ha logrado rescatar otra caja que contiene la grabación de la tripulación y de lo sucedido en la aeronave, independientemente de las comunicaciones abiertas. Todo ello ha sido enviado a Estados Unidos para que el peritaje internacional, con base en esa información, proporcione la versión de lo realmente sucedido. Hasta ahora, son muchas más las especulaciones que la realidad. Y, de acuerdo con el conocimiento que el presidente Calderón tenga de los acontecimientos, tendrá que tomar las decisiones correspondientes.

En los hechos, se deberá decidir sobre varias opciones, que van mucho más allá de la definición del próximo titular de la Secretaría de Gobernación. Esa es una posición clave del gobierno, pero será necesario definir, en esta coyuntura, qué características tendrán quienes ocuparán esas posiciones y cuáles serán sus responsabilidades concretas. En este sentido, habrá que decidir el perfil del secretario y, con ello, los equilibrios internos, no sólo en el gabinete sino con el resto de las fuerzas políticas.

El presidente Calderón tendrá que decidir si esa posición es para un militante panista que lo convierta en forma automática en un precandidato; si busca un hombre o una mujer con un perfil independiente que lo aleje de la lucha sucesoria que, guste o no, ya está presente en los otros partidos y también en el PAN, aunque la muerte de Juan Camilo modifica términos y posibilidades; además, deberá decir si continúa con la misma apuesta generacional o busca integrar a personalidades con mayor experiencia en su equipo; también, decidir si para las elecciones de 2009 su apuesta será por el PAN, como partido, o por el futuro de su administración, lo que puede sonar parecido pero, definitivamente, no es igual. Si debe seguir apostando por el equipo compacto o llegó la hora de abrirlo hacia otras experiencias y lealtades de otro tipo.

Son muchas decisiones, son difíciles, complejas, y se deben tomar, además, en un momento en el cual la frialdad que requiere el gobernante se cruza con la emotividad de una tragedia inesperada. Pero en torno a esas decisiones se juega, en buena medida, el futuro del sexenio, la forma en la que se hará y se interpretará la política, la seguridad y la economía. Hace ya algunas semanas que resultaba evidente que el presidente Calderón se estaba preparando con el fin de iniciar el segundo tercio de su sexenio y la próxima elección federal desde una nueva perspectiva: como dijimos aquí, no sólo colocando piezas en lugares diferentes sino incluso cambiando el tablero sobre las cuales éstas se ubicarían. Ahora todo ello toma el carácter de urgencia, de la necesidad que sólo pueden otorgar las tragedias que marcan el destino de las personas y, a veces, como ésta, de las instituciones.

No es, en absoluto, un momento envidiable para hacerlo, pero al presidente Calderón y a su gobierno no les queda otra opción. Estamos viviendo, muy probablemente, los días más difíciles, complejos, pero también los más determinantes de su sexenio. Y, para eso, regresando al principio, el Presidente requiere tener la mejor y más fidedigna información de lo que sucedió el martes pasado.

Calderón, contundente

Luis Soto
Agenda CONFIDENCIAL
El Financiero

En los funerales de Estado para Juan Camilo Mouriño y colaboradores, el presidente Felipe Calderón pronunció un discurso que se caracterizó por un alto contenido emotivo y político. No sólo elogió a quien fuera su más cercano colaborador y entrañable amigo, sino también se refirió a sus detractores, que lo criticaron y calumniaron. Hizo además el mayor reconocimiento a José Luis Santiago Vasconcelos por sus servicios a la patria, con lo que intentó acallar los reclamos de algunos resentidos que criticaron al primer mandatario por no haberse referido a tan destacado funcionario.

Contundente, Calderón señaló que "como presidente de la República, y como amigo y compañero del licenciado Mouriño y de sus colaboradores, soy el primer interesado en que surja la verdad y se esclarezcan las causas de estos hechos". Y no es para menos, comentábamos en nuestra columna de ayer, pues de la verdad y las causas de los hechos dependerá el nombramiento del nuevo titular de Gobernación. Y para evitar las especulaciones de la sociedad y la opinión pública, el primer mandatario subrayó que en las investigaciones sobre las causas del accidente "estamos actuando y actuaremos con transparencia y con responsabilidad, a fin de informar al pueblo de México exactamente lo que ocurrió". Por eso comentábamos ayer que la colaboración de expertos extranjeros y de prestigio en peritajes de accidentes de aviación había sido una decisión atinada y oportuna del secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez.

Aclarado lo anterior, el presidente Calderón elogió la labor de quien fuera su secretario de Gobernación por unos cuantos meses. "En mi administración, el desempeño del licenciado Mouriño le imprimió mayor cohesión el equipo de gobierno. Su liderazgo político, su sensibilidad, su lealtad y su eficacia permitieron que el gabinete presidencial potenciara sus capacidades. Para sus compañeros y colaboradores fue un promotor de esfuerzos colectivos, un orquestador de tareas de conjunto. Desde la Oficina de la Presidencia y después desde la Secretaría de Gobernación, con Juan Camilo la administración que presido ganó en sensibilidad política y visión estratégica. El licenciado Mouriño fue un hombre de acción que acogió la política como el instrumento para hacer posible, más allá de las diferencias ideológicas o partidistas, las reformas que México necesita y que millones de mexicanos exigen.

"Desde la Secretaría de Gobernación trabajó por el bien de la patria al promover el diálogo y el acuerdo con los Poderes de la Unión, especialmente con el Legislativo. Su labor fue fundamental para avanzar en diversas reformas, entre ellas la Reforma en Materia de Seguridad y Justicia, o la Reforma para el Fortalecimiento de Petróleos Mexicanos. Sin duda, estas reformas a las que él contribuyó, además de participar desde la Oficina de la Presidencia en muchas otras, permitirán a nuestro país enfrentar los desafíos del siglo XXI. Los logros del licenciado Mouriño al frente de la Secretaría de Gobernación están a la vista: un clima de negociación, cotidiana interlocución, una relación de respeto con las diversas fuerzas políticas, la generación de acuerdos que se tradujeron en importantes reformas legislativas y que se beneficiaron de la sensibilidad política, la inteligencia y la amplitud de miras del licenciado Mouriño. Fue objeto de críticas y víctima de calumnias. Sin embargo, puedo asegurar que fue un hombre franco y honesto, con una extraordinaria capacidad para resolver problemas."

La suya es una pérdida muy significativa para el Estado mexicano. Su disciplina, su carácter y su profundo patriotismo fueron factores clave para que, en tan sólo dos años, el gobierno federal pusiera a México en la ruta de grandes transformaciones dirigidas a construir el bienestar de los mexicanos de hoy y del mañana, subrayó el presidente Felipe Calderón.

Los observadores políticos objetivos e imparciales se muestran medio sorprendidos porque no recuerdan que en vida el secretario Mouriño haya recibido tantos elogios, no sólo del presidente Felipe Calderón, sino de legisladores, líderes empresariales, dirigentes de todos los partidos políticos, incluidos los de oposición, y otros protagonistas de la vida política nacional.

A los detractores de su secretario de Gobernación, el presidente se refirió prácticamente de la siguiente manera: "Sabemos que son bienaventurados los limpios de corazón, bienaventurados los pacíficos, bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, bienaventurados los que por causa de lo alto son insultados y se diga toda clase de calumnias en su contra, porque su recompensa será grande."

Y aprovechó para enviar un mensaje político de aliento a la sociedad, que se encuentra preocupada por el trágico hecho y por el futuro del país. Dijo el presidente: "Sigamos adelante, trabajando con renovada convicción para que nuestra patria llegue a su cita con un futuro promisorio; para hacer de México un país más seguro que progresa por la vía de la ley y de la libertad. Un país con una economía fuerte que genera oportunidades y empleo, que logre superar el dolor de la pobreza y la desigualdad. Un país más democrático, con instituciones sólidas y confiables para los mexicanos, donde nos respetemos y sepamos convivir y construir patria, juntos. Ése es el país con el que soñó Juan Camilo Mouriño y sus colaboradores. Ése es el país que seguiremos construyendo paso a paso, todos los días en mi gobierno."

Qué cinismo

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

El calificativo más ligero que le echaron encima a Juan Camilo Mouriño fue el de “cero a la izquierda”.

¿A cuento de qué vienen ahora esos golpes de pecho y fingidas expresiones de condolencias?

Quienes criticaron a Mouriño y acudieron a dar el pésame a Gayosso o le aplaudieron ante su ataúd en el Campo Marte, mostraron la limpieza de su lado humano y urbanidad política.

Se vale criticar, luchar políticamente contra alguien, exhibir sus errores y confrontarlo con ideas y con sus incongruencias. Sí, todo eso se vale y así es la política.

Pero los que calumniaron a Mouriño hasta compararlo con un corsario e hicieron mantas que mostraron en la televisión para denigrarlo, hoy muestran su felonía al decirse apesadumbrados por tan sensible pérdida.

López Obrador le inventó a Mouriño una calumnia artera, baja, que usó como torpedo para golpear bajo la línea de flotación en la reforma petrolera y en la carrera política del joven campechano. Lo logró.

Y no nos extrañe que los seguidores de López Obrador que hicieron el trabajo sucio de montarse en la calumnia y divulgarla sin pudor, comiencen ahora a esparcir todo tipo de rumores sobre las causas de la muerte del ex secretario de Gobernación.

Así actuaron en el caso Colosio. Y son los mismos. O casi.

A Colosio le dijeron todos los días, desde su destape hasta el día de su muerte, que era “un pelele de Salinas”, que no daba el ancho como candidato, que era una simple marioneta de los intereses del grupo en el poder.

Decían, y escribían, que Colosio debía renunciar a su candidatura pues había otro priista más capaz que él.

¿Ya se nos olvidó?

Esa misma campaña de insidias se puso en marcha contra Juan Camilo Mouriño desde que pisó el Palacio de Covián.

Los calumniadores en uno y otro caso, hay que repetirlo porque la memoria es frágil, son prácticamente los mismos.

Luego del asesinato de Colosio, quienes habían alentado con calumnias su sustitución y lo acusaban de pelele, se dijeron grandes amigos del sonorense y tuvieron el descaro de señalar culpables y envenenar al país con conjeturas inventadas.

Esos personajes y sus medios afines, le dieron a Juan Camilo el trato de “corrupto”, de manera falsa y desde luego injusta.

López Obrador lo gritó en todas las plazas públicas del país y en cuanta entrevista concedió sobre el tema petrolero: Mouriño es un ladrón, decía, y lo acusaba de impulsar la reforma energética para favorecer a empresas españolas.

¿No es tiempo ya de que López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo y otros que le acompañan, guarden sus odios y dejen de mentir sobre sus adversarios políticos?

Lo que sea verdad, adelante, a gritarlo y exigir castigo y a sacar dividendos políticos de los yerros de los adversarios. Pero fabricar una mentira para denigrar y lastimar la reputación de una persona, es algo que debe tener un alto.

No sólo se metieron con el entonces secretario de Gobernación, sino como lo dijo el propio Mouriño, se metieron con su familia, con su padre, con sus abuelos ya muertos.

Fueron a hurgar en los archivos de Galicia supuestas pruebas por la nacionalidad de Mouriño. E inventaron.

Ese viaje para el linchamiento fue financiado por el dueño de un medio de comunicación.

¿No les da vergüenza decir ahora “sentido pésame”?

En todo caso, el silencio hubiera sido comprensible.

Ojalá que la muerte de Juan Camilo Mouriño haga reflexionar a los artesanos de la calumnia y el desprecio.

Se ve difícil.

Es demasiado cinismo.

Réquiem por Iván

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

A veces uno necesita morirse. Florestán

La mañana era fría, como deben serlo todas las mañanas tristes, todas las mañanas de duelo; y en el Campo Marte todo estaba alineado: los soldados, las sillas, las banderas, las armas, los ataúdes, los retratos de los nueve muertos el martes pasado en el accidente del avión de la Secretaría de Gobernación. Todo estaba alineado menos las emociones.

La bandera monumental distribuía, al ondear en lo alto, luces y sombras. En el centro del campo las ocho cajas (los familiares del capitán Álvaro Sánchez y Jiménez prefirieron lo privado), pero al frente, las fotos de los nueve muertos a menos de mil metros de donde ayer el Estado mexicano los despedía.

Al frente de los ataúdes, el de Juan Camilo Mouriño, que sonreía desde una fotografía colocada al pie de la caja.

En las tribunas, trabajadores de la Secretaría de Gobernación, gobernadores, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, dirigentes de los partidos, de las cámaras, de la Corte, del IFE, empresarios.

Una carpa era insuficiente para contener el dolor y devastación de los familiares de las víctimas. Madres y padres que habían perdido a sus hijos, hijos que habían perdido a sus padres, mujeres que habían perdido a sus hombres, hombres que habían perdido a sus mujeres. El Campo Marte los abrazaba.

A las nueve en punto ya había llegado el gabinete presidencial, arribó el presidente Calderón y su esposa Margarita, y fue directo al centro de la alineación de gobierno, justo frente al retrato y cadáver de su amigo.

Y allí habló el jefe de Estado en un tono que contenía su pesar. No dejó espacio para el sentimiento, duelo personal que no ha podido cubrir.

Lo único que se permitió al final fue un réquiem, el de los bienaventurados, y un apunte del legado de su amigo.

En medio de un doloroso silencio, un clarín rasgó el espacio. Le acompañó el redoble mortuorio de los tambores, suave, bajo, grave, acompasado.

El silencio pesado del Campo Marte sólo era roto por los sollozos, los latigazos de las cámaras y el flamear de la bandera.

El Presidente se acercó a los familiares al tiempo que efectivos de la PFP recogían y doblaban las banderas de los ataúdes. En fila, las llevaron, una a una, al presidente Calderón, que una a una las entregó a cada esposa, a cada padre, a cada hijo, a cada familia.

Fue el momento más intenso.

Y al terminar, la despedida. Comenzó el cortejo mortuorio, una tras otra, las ocho cajas. No hubo otro desfile que el de los ataúdes hacia la salida, en medio de un aplauso largo y triste.

Al final, cuando los muertos se habían ido y sólo quedaba el dolor, una niña recibió una foto que habían colocado frente a uno de los ataúdes. La pequeña María de los Ángeles besó el retrato desde el que le sonreía su papá, Juan Camilo.

Nos vemos el martes, pero en privado.

Se acabó la poesía, comienza la prosa

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

WASHINGTON, DC.- La gravedad de la situación en los Estados Unidos quedó clara desde el martes en la noche. Si bien muchos salieron a festejar el triunfo histórico de Barack Obama, en su primer discurso como presidente electo, el afroamericano fue muy sobrio. Su lenguaje corporal, lejos de ser festivo, era de mucha seriedad. Los fuegos artificiales que se tenían contemplados para la celebración en Chicago fueron cancelados porque, de acuerdo a la campaña demócrata, el país no está para grandes festejos.

La situación es grave y así lo entiende Obama. Lejos de tomarse unas vacaciones o salir a un tour festivo, el nuevo presidente se puso inmediatamente a trabajar desde el miércoles. Tiene 75 días hasta la toma de posesión el 20 de enero. En el centro de esta ciudad ya está listo el espacio que ocupará su equipo de transición. El presidente y vicepresidente electos ya recibieron sus primeros informes de inteligencia.

El mismo miércoles, los mercados les dieron la bienvenida a los demócratas con una caída generalizada de 5% en los principales índices accionarios. Y es que las malas noticias económicas siguen fluyendo. De acuerdo a The New York Times, diversas naciones ya están “calando” a Obama desde su primer día como presidente electo. El mandatario ruso Dmitri A. Medeved “advirtió que desplegará misiles si el señor Obama construye en Europa del este el sistema de defensa de misiles planeado por el señor Bush. En Afganistán, el presidente Hamid Karsai le pidió al señor Obama que pare los ataques aéreos que han matado a civiles”.

Con el Congreso de Estados Unidos también comenzaron los primeros escarceos. Obama quiere que la legislatura que termina apruebe un plan de estímulos fiscales por cien mil millones de dólares. Todo indica que no será fácil lograrlo, ya que tiene que convencer a los legisladores republicanos y al presidente Bush, quienes sólo quieren un paquete por 60 mil millones.

Mientras tanto, Obama le pidió a su amigo Rahm Emanuel, uno de los líderes demócratas en la Cámara de Representantes, que sea su chief of staff. Se trata de uno de los puestos claves del Ejecutivo estadunidense. Para mi sorpresa, en lugar de aceptar de inmediato, Emanuel anunció que lo está pensando. Es una mala señal. ¿Qué tal si dice que no? ¿Cómo quedará el presidente electo si ni siquiera puede convencer a uno de sus cercanos amigos de irse con él a la Casa Blanca? Obama no puede darse el lujo de ofrecer públicamente puestos a personajes que lo “están pensando” o que incluso los pueden rechazar, ya que manda un mensaje de debilidad.

Y desde luego el presidente no puede desdeñar a la oposición republicana que está herida y clama por venganza. Los republicanos ya anunciaron una serie de eventos para diseñar su estrategia futura. A Obama, por supuesto, no le van a dar ni un respiro. En cuanto puedan, lo van a atacar, sobre todo si el presidente electo comienza a cometer errores. Los ideólogos republicanos ya están preparando el terreno. Karl Rove, el estratega de Bush, escribió ayer: “en 75 días viene la parte dura. Ya vislumbramos el desafío el martes por la noche. El discurso del presidente electo, aunque lleno de gracia y a ratos motivador, fue ligero en la agenda”.

En medio de una crisis económica, la transición de un gobierno a otro no puede ser la normal. Lo que está en juego es mucho. Las expectativas son altas. Obama deberá moverse rápido y establecer una agenda clara incluyendo las prioridades para cuando llegue a la Casa Blanca. Deberá, además, nombrar un gabinete de peso que le permita subsanar su falta de experiencia ejecutiva. Las señales que envíe el nuevo presidente serán fundamentales en un momento donde cualquier error, por pequeño que sea, puede derrumbar aún más a la economía.

La campaña terminó. Ha llegado la hora de gobernar. Y, como bien decía Mario Coumo, “se hace campaña en poesía pero se gobierna en prosa”.

Cuando termina el duelo y comienza la política

Katia D´Artigues
katia.katinka@gmail.com
Campos Elíseos
El Universal

Ayer Calderón dio el último adiós a su amigo Juan Camilo Mouriño en el Campo Marte.

Toda —en serio— la clase política estuvo ahí en señal de unidad en el duelo: gobernadores —incluido Marcelo Ebrard—, ministros, embajadores, líderes sindicales, presidentes de partidos. Todo el gabinete.

Una pregunta incómoda: ¿cuándo termina el duelo y comienza la política? ¿Cuándo hay nuevo secretario de Gobernación? A eso llegamos después…

En la mañana, en el centro del campo estaban féretros de los funcionarios federales y de la tripulación; recibieron los honores correspondientes (de los otros, que murieron en tierra, poco se acuerdan las autoridades). Menos mal que fue en la mañana: en la tarde hubiera sido imposible por una falsa alarma de una megafuga de gas por la zona.

El discurso fue emotivo, pero de Estado, por llamarlo así. Supongo que escucharemos a otro Felipe Calderón el domingo en el PAN, en otro homenaje programado (además del que harán en Campeche) para el único secretario de Gobernación muerto en funciones tras el caso de Héctor Martínez Pérez, en el sexenio de Miguel Alemán… curiosamente, también campechano (eso lo recordó ayer el memorioso Miguel Ángel Granados Chapa).

No era para menos.

Con un rostro que dejaba ver que hubo llanto, Calderón dijo bíblicamente (paráfrasis del Evangelio de San Mateo) que Mouriño fue objeto de críticas y calumnias:

—Son bienaventurados los limpios de corazón, bienaventurados los pacíficos, bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, bienaventurados los que por causa de lo alto son insultados y se diga toda clase de calumnias en su contra, porque su recompensa será grande.

También —y eso es importante— que él es uno de los principales interesados en saber qué pasó.

En ese sentido hay pasos claros. Insisto en la importancia de acabar con cualquier duda de que haya existido un sabotaje. Ya se ha dicho mucho, pero es importante recalcar que es un asunto de seguridad nacional. Hablamos del segundo de a bordo del gobierno nacional.

Y si le sumamos que los mexicanos, lo sabemos, somos sospechosistas (Creel dixit), pero con motivos de casos pasados. Mmm.

Además, el contexto que no se puede evitar: estamos en una guerra contra el narco. Y en el avión en que viajaba Mouriño iba —error de seguridad básico— José Luis Santiago Vasconcelos.

¿Quién era él? Se le recuerda como el zar antidrogas. El que se aventó la “bronquita” de extraditar a narcos importantes. Que tuvo muchos atentados en su contra (sabíamos de algunos, de otros seguramente no). Que un cártel ofreció 5 millones de dólares por él. Dejó a un lado las sospechas sobre él con un solo hecho: si así hubiera sido, ¿lo velarían en una instalación militar?

Luis Téllez dio un dato importante: las instalaciones donde estuvo el avión siempre estuvieron resguardadas. Esa era otra duda.

En este caso es interesante lo que ha hecho el gobierno. La PGR con su Operación Limpieza no está para bollos y entonces llamaron a expertos internacionales, así como autoridades de la empresa Lear Jet.

Prometió que habría más datos de las investigaciones en cinco días, un récord internacional. Pero ahora, ¿si los distintos peritajes dicen cosas contrarias? Ya veremos, porque este tipo de investigaciones —al menos en el estándar— suelen tardar no semanas, sino meses. Ana María Salazar —experta en estos temas— decía que puede tardar hasta un año: es decir, en 2009, fecha de guerra, digo, elecciones intermedias…

Ahora, la vida del país sigue. Hay un proceso electoral en marcha y una guerra contra el narco. Será interesante ver cuál será la apuesta de Calderón del próximo o próxima secretari@ de Gobernación. Puede tener cuatro alternativas:

Uno.— Alguien del círculo cercano. Es su “marca”. Así llegaron Mouriño y Gerardo Ruiz Mateos a carteras. Entonces, el candidato más lógico sería César Nava. Y un error, creo yo. Se desprotege en Los Pinos…

Dos.— La apuesta “dura”, casi militar. Pasaría si tras algunos días tiene la sensación —no la prueba— de que hubo algo raro en el avionazo.

Tres.— La experiencia. Aquí hay un candidato que se menciona: Diódoro Carrasco, ex secretario de Gobernación y recientemente llegado a las filas del PAN, aunque sin afiliarse.

Cuatro.— La búsqueda del consenso. Alguien que pueda, más que nada, dialogar (algo que ha buscado Calderón). Ahí hay dos: Josefina Vázquez Mota o Juan Molinar Horcasitas.

Un “Adiós a Tijuana”

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Termina el testimonio tijuanense:

“El Director de Seguridad de Tijuana, Alberto Capella, pide la participación de la ciudadanía, sin la cual agrega, “perderíamos Tijuana” (El Sol de Tijuana, 30/10/ 2008). Pero no sugiere manera alguna para organizar o facilitar la participación ciudadana para una actividad potencialmente tan peligrosa.

“La ciudadanía, aún la políticamente neutra, se la pasa criticando y esperando lo que no llegará del gobierno. También, muchos “conocedores” se la pasan dando fórmulas genéricas para resolver los grandes problemas de inseguridad. Nada concreto, específico. Sólo vaguedades y más de lo mismo.

“Secuestraron a la sobrina de un abogado conocido. Afortunadamente ya fue rescatada mientras reviso el escrito. Hace años secuestraron a su abuelo.

“Un abogado toma muy en serio su papel en otro caso. Aboga ante los secuestradores por su compadre plagiado. Su inicial y creído éxito tiene una consecuencia: lo asesinan en la oficina de su familia.

“El secuestro termina siendo del tipo uno-dos. Se paga el rescate y se libera al jefe de familia, pero los criminales después secuestran a la esposa. Según la versión más confiable, la violan y la sueltan sólo tras recibir un segundo rescate.

“Otros casos son del tipo uno-dos-tres. Secuestran a un joven japonés-mexicano ingeniero en sistemas. Tras desgarradoras llamadas para que la familia se entere del tratamiento que recibe, se paga el rescate. Pasan semanas y el joven no aparece; la familia recibe una nueva llamada. Resulta que el pago siempre no fue suficiente y la familia, vendiendo todo lo que puede, hace un nuevo pago. Pasan meses y nada, hasta que reciben una nueva llamada. Los secuestradores quieren un tercer pago.

“El padre, enganchado por la tiranía de la esperanza, les dice que si. Sólo pide una prueba de que el joven está vivo. La respuesta es una serie de insultos y amenazas para el resto de la familia. En la noche llegan sicarios a la casa de la familia y la balacean.

“Todo esto se describe en una carta escrita por la hermana de la víctima, que hasta hoy no aparece. La carta se titula “Adiós a Tijuana”. En ella se informa que el padre del secuestrado murió de un ataque al corazón. El resto de la familia huye hacia Estados Unidos agregándose a la diáspora de tijuanenses exiliados en el norte”.

Coda: El mayor enemigo del presidente Obama es la esperanza despertada por el candidato Obama.

Sueño posible

José Rubinstein
jrubi80@hotmail.com
Excélsior

Diciembre 1 de 1955. Rosa Parks, de raza negra, viajando a bordo de un transporte público en Montgomery, Alabama, se negó a cederle su asiento a un pasajero de raza blanca. Rosa Parks fue aprehendida.

Este episodio, en apariencia intrascendente, provocó un boicot de protesta encabezado por Martin Luther King, mismo que se extendió por 381 días, lapso durante el cual el pastor bautista fue arrestado, encarcelado, amenazado de muerte y, su vivienda, destrozada. Finalmente, el Tribunal Supremo emitió su fallo y prohibió la segregación racial en el transporte público de Montgomery.

Luther King continuó su lucha emancipadora y en 1963 pronunció el emotivo discurso “I have a dream” —Tengo un sueño— y en 1964 se hizo acreedor al Premio Nobel de la Paz.

Hoy, un ciudadano de raza negra, que apenas medio siglo atrás le hubiera tenido que ceder su asiento a un “blanco” en Alabama, ha sido elegido presidente de los Estados Unidos de América.

Hoy, el conductor del vehículo que traslade a Mr. Obama al Capitolio a asumir la presidencia el próximo 20 de enero probablemente sea de raza blanca.

De entre lo que dijo Luther King: “Tengo un sueño, que un día esta nación se pondrá de pie y realizará el verdadero significado de su credo… que todos los hombres han sido creados iguales.

“Tengo un sueño, que un día sobre las colinas rojas de Georgia los hijos de quienes fueron esclavos y los hijos de quienes fueron propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos a la mesa de la fraternidad.

“Tengo un sueño, que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel, sino por su reputación.

“Suene la libertad y cuando esto ocurra y cuando permitamos que la libertad suene, cuando la dejemos sonar desde cada pueblo y cada aldea, desde cada estado y cada ciudad, podremos acelerar la llegada de aquel día en que todos los hijos de Dios, hombres blancos y hombres negros, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de juntar las manos y cantar con las palabras del viejo espiritual negro: ¡Al fin libres! ¡Al fin libres! Gracias a Dios todopoderoso, somos al fin libres.”

La singularidad de la figura de Barack Obama proviene de su nombre, difícilmente hallaremos algún tocayo suyo, tanto de nombre como de apellido y, en cuanto al intermedio Hussein, éste nos evoca sin remedio a un personaje de triste memoria.

Barack Obama, futuro presidente 44 de EU, presagia un vigoroso liderazgo no visto desde Kennedy. Político carismático de fácil palabra, agradable presencia y en plenitud física, ha atraído con un emotivo “sí se puede” a una esperanzada mayoría de estadunidenses que incluso patentizaron prácticamente su apoyo con aportaciones económicas sin precedente, por internet, a fin de contribuir al ofrecido cambio.

Seríamos ilusos en incurrir en la falsa expectativa de una notoria mejora en las relaciones de EU con México. Hasta hoy le somos ajenos a Mr. Obama, quien obviamente de entrada tendrá preocupaciones más urgentes que atender. Conformémonos con que la renegociación del TLCAN anunciada en campaña no prospere, que se materialice la necesaria reforma migratoria y exista un serio pacto de colaboración en la lucha contra el narcotráfico.

B.O. anticipó una serie de compromisos, de llegar a la Casa Blanca. Sacar con dignidad a las tropas estadunidenses de Irak en el plazo de 16 meses y enfocarse a desmantelar el terrorismo internacional donde verdaderamente esté ubicado. Invertir en nuevas fuentes de energía renovable, disminuyendo gradualmente la dependencia del petróleo extranjero hasta eliminarla en el término de una década, mediante mayor exploración interna. Facilitar el acceso a la educación superior a base de crédito fiscal cobrado a través de servicio comunitario. Proporcionar un seguro de atención médica, con costo reducido, por medio de métodos preventivos.

De B.O. se espera la conformación de un verdadero dream team de colaboradores y que sin preámbulo aplique los requeridos antídotos para reactivar la economía, estabilizar el mercado de vivienda, crear empleos, invertir en infraestructura y estimular fiscalmente la producción, principalmente a fin de restablecer la confianza en las instituciones y en el liderazgo presidencial.

El sueño de Martin Luther King se hizo posible.

De Lincoln a Obama: ¿espera cerrada?

Juan María Alponte
México y el mundo
El Universal

Quiero revivir la historia. Recordarles el largo proceso en busca del derecho. El 16 de junio de 1856, Abraham Lincoln, ante la convención republicana, hizo un discurso memorable: The house divided, La casa dividida. “Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer. Yo creo que este gobierno no puede mantenerse, permanentemente, mitad esclavo y mitad libre. No espero que la Unión caiga, pero espero que cese de estar dividida”.

En la elección de 1860, los demócratas eligieron como candidato a Stephen Douglas (de Illinois, ¿qué les parece?) que tuvo ásperos debates con el republicano Lincoln. Douglas aspiraba a mantener the house divided. Lincoln, que había nacido en la pobreza, pero que tenía la cabeza de un hombre de Estado, supo que finalizar la esclavitud era la guerra civil. Sobre la esclavitud se apoyaba una economía, atrasada, sí, pero opulenta que paralizaba el cambio. ¿La guerra civil? ¿Qué hombre de bien puede proponerla? Probó medidas de compensación para los propietarios, pero la esclavitud era una cultura del poder. En las elecciones de 1860 él obtuvo un millón 866 mil 452 votos y Douglas un millón 376 mil 957, pero Breckinridge, candidato de los demócratas del sur, un millón 376 mil 957 y Bell, de la Unión Constitucional, 588 mil 879. Los delegados del Colegio Electoral (33 estados entonces) 303 votos. Lincoln obtuvo 180. Mayoría legal, pero una vez más, en EU, un presidente minoritario. La casa dividida.

Todos sus esfuerzos para llegar a un acuerdo fracasaron. En 1861 estalló la guerra civil. El 17 de julio de 1862 autorizó, por vez primera, que en el Ejército de la Unión, frente a los estados esclavistas, se organizara una brigada de negros. Críticas duras. Le dijeron: “¿Para qué sirven? Son unos cobardes”. Los prejuicios en primera fila. ¿Los esclavos podían defender sus derechos? Terrible. La guerra civil, norte-sur, fue implacable. Lincoln, envuelto en los incendios, firmó el 1 de enero de 1863, la Proclamación de la Emancipación. Fin de la esclavitud. La guerra duró hasta 1865. Tuvo una baja última: la de la Lincoln asesinado el 14 de abril de 1865. La lucha por los derechos civiles de los negros duró, aún, un siglo. Las cosas no se arreglan firmando decretos en una house divided.

Se requiere mucho más. Por eso, Obama nos pertenece como portavoz de la historia. En efecto, en 2008 haría un discurso tan admirable como el de Luther King (“Yo tengo un sueño”) que definía una realidad social y conciencial: “Yo soy el hijo de un hombre negro de Kenia y de una mujer blanca de Kansas. He sido educado, en parte, por un abuelo blanco que sobrevivió a la Gran Depresión y fue soldado bajo Patton en la Segunda Guerra Mundial. Mi abuela blanca trabajó en una fábrica de montaje de bombarderos. Yo estudié en algunas de las mejores escuelas de EU y viví en uno de los países más pobres del mundo. Estoy casado con una estadounidense negra que tiene, en su sangre, la de los esclavos y los propietarios de esclavos, herencia, pues, que hemos transmitido a nuestras dos hijas adoradas. Tengo hermanos, hermanas, primos y sobrinos de todas las razas y de todos los colores de la piel en tres continentes y, hasta mi último día no olvidaré jamás que mi historia no hubiera sido posible en ningún otro país del mundo…”. Quiso decirnos, a los hombres y mujeres de todos los continentes que él aspira a terminar con la casa dividida. Existe, en todos los continentes. Esa es su palabra. Lo demás, terminar con la house dividida del mundo y separada por la desigualdad, es una tarea común. Obama entreabrió la puerta.

Miguel Monterrubio

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Miguel Monterrubio me llamó el sábado a media mañana. Educadísimo, como siempre, me hizo ver que uno de los trascendidos de la edición de ese día era incorrecto, pues su jefe, el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, sí había recibido un reconocimiento del presidente Calderón en el brindis de la noche del martes 28, el brindis de la victoria de la reforma de Pemex.

Quería convencerme de que decía la verdad, me daba datos, señas. Le dije que no era necesario, que creía lo que me estaba contando y al día siguiente se corregiría la imprecisión, como se hizo. Recuerdo la parte final del diálogo más o menos así:

—¿Se van, se quedan, Miguel?

—Están duros los rumores, ¿qué has oído? —respondió.

—Supongo que no más que tú.

—Pues aquí seguimos, metiéndole duro. Un abrazo.

Vaya si le metía duro el joven director general de Comunicación Social de la Secretaría de Gobernación. Había tenido por años un buen desempeño en el servicio exterior. Juan Camilo y Max Cortázar, el director de Comunicación de la Presidencia de la República, lo localizaron, acercaron y convencieron para que asumiera el cargo en el hoy tan lejano enero de 2008.

Cuatro cosas me llamaron la atención las tres o cuatro veces que me encontré a Miguel: su decencia, su prestancia, la lealtad a prueba de rumores y chismes con su jefe Mouriño y esa vocación por el servicio público que uno todavía puede hallar entre algunos funcionarios.

Discreto, supongo que viajaba en un asiento trasero del Lear Jet que despegó de San Luis Potosí el martes 4 por la tarde.

En remembranza de mis amigos

José Elias Romero
w989298@prodigy.net.mx
Excélsior

Frente a lo irremediable de la muerte sólo el recuerdo, la verdadera herencia de la vida, puede consolarnos. Por eso me gusta evocar y platicar de mis ausentes queridos.

Diría Miguel Hernández que muchas veces la muerte enamorada vence sobre la vida desatenta y nos arrebata a los amigos queridos. Quizá por eso mismo, decía Jaime Torres Bodet que caminamos entre tumbas. Es decir, que vivimos y convivimos con la muerte. Reconocerlo es parte del entendimiento de nuestra naturaleza actual y de nuestro porvenir. De lo que tenemos que hacer para el hoy, tan breve, y de lo que tenemos que preparar para el mañana, tan largo.

En el avión que sufrió el siniestro de Las Lomas viajaban dos amigos míos. Hoy los evoco con el afecto y el respeto que siempre les tuve.

A ambos los conocí, por separado, hace ocho años. Incluso, hoy me resulta una coincidencia curiosa que fue casi en los mismos días. Tengo la impresión de que ellos, entre sí, aún no se conocían, sino que la vida los habría de reunir algún tiempo más tarde.

A Juan Camilo Mouriño lo conocí a fines de agosto del año 2000. Ambos habíamos sido postulados, por nuestro respectivo partido político, como candidatos a diputados por la vía plurinominal. Los dos triunfamos en las elecciones de julio y, por eso, el 29 de agosto, ambos nos encontrábamos en el Palacio Legislativo jurando que desempeñaríamos nuestro encargo con respeto a la Constitución y con fidelidad a la nación. Los dos, también, supimos honrar nuestra palabra jurada.

Un mes más tarde, la madrugada del 30 de septiembre, ambos fuimos elegidos para presidir, durantes tres años, dos importantes comisiones congresionales. Mouriño sería presidente de la muy estratégica Comisión de Energía y yo lo sería de la poderosísima Comisión de Justicia. Nuestros respectivos líderes de bancada, Felipe Calderón y Beatriz Paredes, se habían esforzado y habían logrado para nosotros un encargo que en mucho nos honraba y al que corresponderíamos con nuestra entrega y lealtad.

Mi encargo era muy noble para la amistad. Me permitía ser uno de los principales abogados del Congreso de la Unión y eso me puso en relación con todos los temas y casi todos los diputados y senadores. Además de con mis colegas priistas, hice muchos amigos entre panistas y perredistas. De los azules, además de Mouriño, le cobré amistad y afecto a los diputados Felipe Calderón, Alejandro Zapata, Ricardo García Cervantes, Fernando Pérez Noriega, César Nava, Abelardo Escobar, Armando Salinas, Josefina Vázquez Mota, Luis Pazos, Emilio Goicoechea, Rocío García Gaytán y Manuel Espino. De los senadores panistas menciono a Diego Fernández de Cevallos, Marco Antonio Adame, César Jáuregui, Jorge Zermeño y Juan José Rodríguez Prats, entre otros.

No eran esos los tiempos de una reforma energética que nos juntaran a Juan Camilo y a mí en un mismo quehacer. La fallida reforma eléctrica se había presentado en el Senado y nunca llegó a nosotros. Pero nos reunió un caso muy importante. La controversia constitucional que la Cámara de Diputados presentó en contra del Presidente de la República en materia de tarifas eléctricas. Fue esa la primera de dos grandes victorias que obtuvimos contra Vicente Fox, por atropellos a la Constitución. La Suprema Corte nos dio la razón en este caso y, más tarde, en el asunto de la fructosa.

A José Luis Santiago Vasconcelos me lo presentó su entonces jefe Mariano Herrán. Hubo “química” y nos hicimos amigos. Nunca trabajamos juntos. Él llegó a la PGR cuando yo salía de ella. La década y media que cada uno le dedicó a la procuración fueron sucesivas y no simultáneas. Tampoco lo visité como defensor porque el bufete que presido no asume la defensa de acusados por narcotráfico ni por secuestro, las especialidades más importantes que atendía José Luis.

Pero, quizá por eso, nuestra amistad nunca tuvo ni intereses ni incumplimientos. Nos gustaba platicar de lo jurídico. Muchas veces con visiones contrapuestas. Él, muy fiscal. Yo, muy defensor. Pero nos divertíamos mucho, nos respetábamos mucho y nos apreciábamos mucho. Aspiraba a ser procurador de la República o ministro de la Suprema Corte. No sé si sus esperanzas tenían posibilidades pero eran sensatas y limpias.

En fin, frente a lo irremediable de la muerte sólo el recuerdo, la verdadera herencia de la vida, puede consolarnos. Por eso me gusta evocar a y platicar de mis ausentes queridos. Creo que es una forma de darles presencia y dar presencia es una forma de dar vida. Más aún, es de las mejores manifestaciones de la vida. Por eso la evocación es mi muy particular fórmula votiva de mantenerlos vivos.

Caminamos entre tumbas, decía Torres Bodet. Tenía razón. Pero yo agrego que, también, caminamos entre palacios. No sólo vivimos y convivimos con los muertos sino que, también, con los vivos. Y, al final de cuentas, éstos se encuentran más cerca y más a la mano. Creo que vivimos con los muertos para recordarlos, agradecerles y honrarlos. Pero vivimos con los vivos para cuidarlos, servirlos, acompañarlos y, sobre todo, muy por encima de todo, también para amarlos.

EU: nuevo presidente y seguridad

Ana María Salazar
salazaropina@aol.com
Analista política
El Universal

En una entrevista que hice recientemente a Robert Grenier, ex director de la Unidad Antiterrorista de la CIA, nos comentó que en materia de la estrategia de la lucha antiterrorista de Estados Unidos no se debe esperar grandes cambios (para ver la entrevista completa ir a mi blog: www.anamariasalazar.com).

Durante dicha entrevista, Grenier comentaba que sí ha habido avances en la estrategia antiterrorista de Estados Unidos en lo que respecta a la lucha por las mentes y corazones de los musulmanes en el mundo, ya que a Al-Qaeda y grupos afines han ido perdiendo terreno y aumenta el rechazo contra estos grupos que usan la violencia y el asesinato promoviendo supuestos valores religiosos. Pero uno de los pocos lugares en donde ha habido un retroceso en este esfuerzo es en Afganistán y parte de Paquistán, donde estos grupos terroristas de hecho han podido fortalecer su capacidad logística.

Obama ha criticado al actual presidente, George W. Bush, señalando que las actividades en Irak han dado como resultado que se disminuyan los recursos y la prioridad estratégica que debería tener la frontera de Afganistán y Paquistán para la seguridad nacional de Estados Unidos. Con la elección del senador por Illinois, podemos esperar que se vuelque más y más la atención de la Casa Blanca hacia Afganistán, donde podría incrementar aún más la presencia militar, reduciendo esta presencia en Irak.

También podemos anticipar un incremento sustancial en la presión que ejercerá el gobierno estadounidense al débil gobierno paquistaní. De hecho, en una entrevista televisiva, Barack Obama aseguró que si fuera necesario atacaría ese país, si es que no se tuviera la cooperación necesaria para enfrentar Al-Qaeda.

El ex funcionario de la CIA nos expuso también que consideraba que no se estaba pensando en esta lucha de la forma correcta, ya que incrementar la presencia de tropas estadounidenses en esos países, que es lo que se espera que suceda una vez que el nuevo presidente tome posesión, puede ser una espada de doble filo. Más bien, consideraba recomendable trabajar en fortalecer la capacidad de los afganos para hacer frente a esta amenaza no sólo a nivel nacional, sino local también, y proporcionar mayor libertad para llevar a cabo acciones efectivas.

Este es un ejemplo de los cambios en la estrategia de seguridad nacional ante la toma de posesión del presidente Barack Obama al tomar las riendas de un país en el cual para muchos analistas un siguiente ataque terrorista es inminente.

Pero para entender mejor cuáles podrían ser los cambios fundamentales en la estrategia de seguridad nacional del nuevo mandatario hay que leer un artículo publicado en la revista Foreign Affairs (número de julio-agosto de 2007), en el que el entonces relativamente desconocido candidato Barack Obama resumió cuáles serían sus prioridades en política exterior de ser electo presidente de Estados Unidos.

Además de subrayar la importancia de ver “más allá de Irak” y el combate al terrorismo, el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas estadounidenses y establecer nuevas y viejas alianzas alrededor del mundo, él pone un especial énfasis en resolver un serio problema interno que tienen actualmente los estadounidenses: no confían en su gobierno. Recobrar esta confianza es fundamental para poder enfrentar los grandes retos de seguridad que tiene en este momento Estados Unidos.

… y su papá también

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Los contratos que Juan Camilo Mouriño firmó como apoderado legal de la empresa de su familia con Pemex fueron explosivos porque lo hizo siendo funcionario público.

Pero, según las autoridades responsables y la comisión legislativa que se creó ex profeso, no hubo delito que perseguir.

Con sobrada razón, la revelación de Andrés Manuel López Obrador desató el escrutinio periodístico de la vida y los intereses económicos del mariscal de campo del equipo de Felipe Calderón.

Las indagaciones alcanzaron pronto al padre, y en vísperas del avionazo del martes hubo un absurdo forcejeo entre el Instituto Federal de Acceso a la Información y la Procuraduría General de la República por hacer o no público un viejo reporte del gobierno de España sobre si Manuel Carlos Mouriño Atanes había “blanqueado” en ese país dinero sucio.

Habrá que esperar pero, de ser cierta la enfermiza sospecha, al hombre que se vio ayer devastado por la muerte de su hijo no lo habrían dejado salir antier de España… aunque no faltará quien afirme que llegó nadando.

¿Mouriño?, una gran tragedia, ¿Calderón?, ¡una hecatombe..!

Francisco Martín Moreno
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

En el siglo pasado tres presidentes de la República fueron asesinados, el último de ellos a tan sólo unos días de haber sido nombrado presidente electo: Madero, Carranza y Álvaro Obregón, lo anterior sin contar el intento de privar de la vida a Portes Gil al volar la vía del tren en el que viajaba, a Ortiz Rubio, cuando le dispararon a la cara el mismo día de su toma de posesión, sin olvidar cuando envenenaron a Lázaro Cárdenas o trataron de balear, años más tarde, a Ávila Camacho.

En días pasados los mexicanos asistimos a hechos trágicos que conmovieron a la nación. La muerte invariablemente se constituye en una jugadora silenciosa, voraz, artera e inoportuna. El caso de Mouriño no podía ser una excepción. ¿Su desaparición deja un vacío? Sí, ni hablar, tal vez más, mucho más, en la órbita afectiva de Calderón que en la conducción de los asuntos públicos. La pérdida dolorosa del secretario de Gobernación de ninguna manera pone en jaque al país, tal como lo pondría la muerte abrupta, intempestiva y violenta del mismísimo titular del Poder Ejecutivo federal.

En un país con instituciones embrionarias, el destino de más de 100 millones de mexicanos va paradójicamente de la mano con la del primer mandatario. Nadie tiene la vida comprada ni la salud garantizada ni la integridad física asegurada. Los hombres más encumbrados en lo político o en lo económico o en lo científico o en lo artístico o en lo social no se sustraen a la fragilidad propia de los humanos. Una enfermedad artera, un golpe inesperado en la cabeza o un atentado criminal están siempre presentes en todos, absolutamente en todos los humildes mortales. ¿Y Colosio?

La Constitución carece de un mecanismo automático en materia de sucesión presidencial. Un Congreso incapaz de decidir qué horas son en el país, debe nombrar al presidente interino o sustituto a falta definitiva del Presidente de la República. La vigencia del artículo 84 de la Constitución constituye, en nuestros días, una ostentosa irresponsabilidad política de dimensiones absurdas.

En Estados Unidos murió Abraham Lincoln en el ejercicio del cargo, tal como aconteció con James Abraham Garfield, William Mc.Kinley, Warren Harding, Franklin D. Roosevelt en 1945 y John Kennedy sin que el vecino del norte resintiera mayores daños ni en lo político ni en lo económico. El mecanismo sucesorio operó de inmediato y el respectivo vicepresidente se hizo cargo de la Casa Blanca. El país continuó su marcha. Se guardó el debido luto. Las instituciones ejercieron sus facultades. La estabilidad de la nación nunca se vio amenazada.

Anteriormente, en términos de la Constitución de 1857, el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación era el sucesor inmediato; más tarde lo fue el vicepresidente. En la actualidad el titular del Poder Ejecutivo, interino o sustituto, tiene que ser nombrado por el Congreso o por la Comisión Permanente y, mientras lo anterior acontece —baste imaginar al PRI, al PAN y al “prd” tratando de imponer a través de todo tipo de negociaciones, corruptelas a su respectivo candidato—, las arcas del país se vaciarían, la bolsa se desplomaría, el peso se cotizaría a 100 por dólar, los capitales se fugarían, la confianza internacional desaparecería, el país se empobrecería, los narcotraficantes lucrarían, como siempre, con el caos, los militares levantarían la ceja, lo anterior, fundado en el escepticismo prevaleciente en la sociedad de nuestros días.

¿A quién le creen los mexicanos? ¿Al político, al cura, al maestro, a los medios masivos de comunicación? ¿Quién tendría la autoridad para contener una estampida originada por el pánico?

Cualquiera que lo intentara perecería arrollado por las muchedumbres enloquecidas y aterrorizadas.

Se impone la cordura. La lamentable pérdida del secretario de Gobernación, en condiciones todavía cuestionables, debe llamarnos a una serena reflexión. Antes que llevar a cabo la Reforma del Estado, cuando sea que ésta se lleve a cabo y si es que se lleva a cabo, se debe instrumentar mañana mismo una modificación a la Constitución que contenga un dispositivo automático para nombrar a un sustituto del Presidente de la República a falta definitiva de éste, sin que el nombramiento tenga que pasar por el Congreso de la Unión ni por Comisión Permanente alguna para evitar con ello el desquiciamiento de la vida nacional.

México corre un grave peligro si no se pierden de vista las condiciones temerarias que establece la actual Constitución. Por supuesto que nadie lo desea, pero, ¿tenemos que esperar a que el niño se ahogue para tapar el pozo? ¿Por qué, de acuerdo a la trágica experiencia sufrida en la persona de Mouriño y otros funcionarios, no nos atrevemos a imaginar lo que hubiera acontecido, si entre la carísima pérdida de vidas humanas provocadas por el reciente desastre aéreo se hubiera encontrado la del Presidente de la República?

fmartinmoreno@yahoo.com

Los hombres más encumbrados en lo político o en lo económico o en lo científico o en lo artístico o en lo social no se sustraen a la fragilidad propia de los humanos.

El sucesor: ¿quién y por qué?

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Un titular de Gobernación priísta sería la entrega anticipada del poder
Vivirá el proyecto de Calderón con un integrante de su primer círculo


En política, dicen los que saben, no es lo mismo planear y operar un cambio de rumbo y de estrategia, que verse obligado al cambio por circunstancias fortuitas o hasta trágicas.

Y esa es la situación a la que se enfrenta el presidente Calderón tras la muerte trágica de su hombre de confianza y amigo, Juan Camilo —al que según algunos pretendió proteger y preparar como gobernador, lejos del golpeteo federal—, y cuyo lugar está obligado a relevar no como cambio estratégico, sino porque lo reclama la tragedia.

En todo caso, el dilema es si el Presidente permitirá que el origen de la tragedia le imponga a su nuevo hombre fuerte y con ello lo obligue a cambiar de rumbo, o si Calderón será capaz de imponerse a esa adversidad y mantener bajo control el timón. Felipe Calderón se encuentra ante una de las grandes encrucijadas del primer tercio de su gobierno, porque sea a causa de un accidente, sea producto de un atentado, políticamente la realidad le arrebató no sólo a su hombre fuerte y mejor amigo, sino a su potencial sucesor.

Por eso, la decisión del reemplazo de Juan Camilo Mouriño es de la mayor importancia. Muchos suponen que llegó el tiempo de abrir aún más el gobierno de Felipe Calderón a esa suerte de cogobierno pactado con el PRI, y que es momento de que uno de los viejos zorros de la pradera que son los tricolores se ocupe de la Secretaría de Gobernación. Y hasta hablan de experimentados en el cargo como Diódoro Carrasco y, ya en el extremo, hasta se propone a Jorge Tello Peón, el actual asesor presidencial en materia de seguridad.

No resulta descabellada la hipótesis, sobre todo si de experiencia se trata. Pero el sentido político supone que recurrir a esa ruta sería lo más parecido a la entrega anticipada del gobierno al PRI. ¿Por qué? Porque el cargo de secretario de Gobernación es no sólo una pieza clave para la gobernabilidad, sino el vértice de todo proyecto de gobierno. Si Calderón pretende seguir con su proyecto, su estrategia y sus objetivos, deberá recurrir a un hombre de su primer círculo.

De lo contrario, habrán ganado la plaza quienes por acción, por percepción y hasta por fuego amigo, intentaron quitar a Mouriño de Gobernación. Y por si ya se nos olvidó, resulta que el PRI puede tener el control del Congreso a partir de julio de 2009, puede ganar más gobiernos estatales, y tiene todo para llegar al poder presidencial en 2012. Entregarles hoy la Secretaría de Gobernación —aunque sea a esos tricolores embozados con colores azules— no sería otra cosa que la entrega anticipada del poder.

Otros especulan sobre la necesidad de que el Presidente recurra a los expedientes que ya tiene en la casa azul y que cuentan con experiencia. ¿A quiénes se refieren? No son pocos los que hablan de Diego Fernández de Cevallos; de Antonio Lozano Gracia y hasta de Carlos Medina Plascencia.

Sin duda que se trata de panistas relevantes y de experiencia, en los tres casos, pero cada uno con sus respectivos asegunes. El jefe Diego no es santo de la devoción de la familia Calderón; Lozano Gracia es el padre del vergonzoso escándalo de La Paca y las osamentas de Chapa Bezanilla, en tanto que Medina Plascencia es un político retirado, de un perfil menor, y que saca la cabeza cada que puede para pretender ser tomado en cuenta.

Decidir por uno de los tres anteriores sería para el presidente Calderón como regresar sobre sus pasos o, si se quiere, sobre el pasado del PAN. También en ese caso estaríamos ante una prueba clara de que el gobierno de Calderón dejó de ser el que se pensó en el origen y que tiene un objetivo que el Presidente ha remarcado en los dos mensajes posteriores a la tragedia en la que perdió la vida Mouriño.

En esos dos mensajes ha dicho que la muerte de Mouriño ni lo amedrenta, ni lo hará flaquear, sino que será un motor para seguir adelante en el proyecto que, junto con Mouriño, diseñó al buscar el poder presidencial. ¿Cómo debe ser entendido ese mensaje?

En ese sentido parece que el mensaje es claro. Para fortalecer el proyecto de Calderón en sus aspectos político, estratégico y programático, no hay más lugar que el de su primer círculo. Algunos dicen que no debiera sorprender a nadie que el nuevo titular de Gobernación pueda salir de otro círculo político que no sea el de sus más leales colaboradores. Sin embargo, dar un viraje en ese sentido sería para el presidente Calderón como reconocer que debió venir una tragedia para darse cuenta de que todo estaba mal en su gobierno y entre sus colaboradores.

Y puede ser cierto, en cuyo caso, puede cambiar todo el gabinete.

EN EL CAMINO

Ejemplar el timing político de Marcelo Ebrard. Es el que extrañamos.