noviembre 10, 2008

Lic. Fernando Gómez Mont


• Licenciado en Derecho por la Escuela Libre de Derecho

• Ocupó la presidencia de la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados durante la "LV" Legislatura.

• Fue miembro de la Comisión Federal Electoral y representante del Partido Acción Naciona (PAN) ante el Instituto Federal Electoral.

• Fue promotor de reformas constitucionales en materia de justicia y derechos humanos

• Ha sido coautor de reformas a la legislación en materias electoral, penal, de seguridad pública y de responsabilidad de los servidores públicos.

• También participó en la formación de las leyes en materia de inversión extranjera, propiedad industrial, competencia económica, notario, petróleo, minas, pesca y bosque.

• Destacado conferencista en México y el extranjero.

• Era, hasta ayer, socio del despacho “Zinser Esponda Y Gómez Mont Abogados”.

Eligen a Gómez Mont para Segob

Redacción EXonline

El presidente Felipe Calderón designó a Fernando Francisco Gómez Mont Urueta como nuevo secretario de Gobernación, en sustitución de Juan Camilo Mouriño, acaecido el pasado martes junto con ocho funcionarios de la dependencia, tras desplomarse el avión en que viajaban sobre la Ciudad de México.

Calderón confió que Gómez Mont Urueta logrará mantener y estrechar el diálogo con todos los sectores sociales del país.

Destacó que el recién nombrado secretario de Gobernación tiene una amplia experiencia en la transición democrática que ha vivido el país desde 1988.

Por su parte, Gómez Mont Urueta agradeció la confianza del Ejecutivo Federal.

“Desempeñaré mi labor teniendo siempre en cuenta a los ciudadanos (…) Seguiré la pauta que inició Juan Camilo Mouriño”, expresó el nuevo titular de la Secretaría de Gobernación (Segob).

El encargado de la política Interior del país prometió avanzar en las reformas legislativas que se requieran para lograr llevar a México al desarrollo.

"Bajo sus instrucciones habré de mantener una relación estrecha con los gobernadores de las entidades federativas y el jefe de Gobierno del Distrito Federal", expresó.

En especial señaló que se enfocará en lograr avances en materia de seguridad y justicia, crecimiento económico, competitividad, combate a la pobreza, generación de oportunidades y gobernabilidad.

"Desempeñaré mi labor para que todas las familias mexicanas puedan vivir mejor", externó.

El encargado de la Segob afirmó que trabajará para fortalecer la libertad de expresión y el respeto de los medios de comunicación.

Con información de Reporte 98.5 FM.

Errores fatales

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Los aviones se caen, en su mayoría, por errores humanos. Es decir, una persona de carne y hueso se equivoca o no hace bien su trabajo. Puede ser el piloto o el mecánico o el controlador aéreo. Además, casi siempre se conjugan varias circunstancias como, por ejemplo, mal tiempo y cansancio de la tripulación o problemas mecánicos y errores de navegación o mala comunicación con la torre de control e inexperiencia de los pilotos. Cada uno de estos factores, por separado, no necesariamente significaría un desenlace fatal pero la coincidencia de varios problemas a la vez es lo que termina por provocar un “accidente”. El MD-83 que se estrelló en el aeropuerto de Barajas hace algunos meses despegó sin haber desplegado los flaps y los slats que debían brindarle mayor sustentación. Los pilotos, luego de volver a la plataforma de estacionamiento tras detectar una falla menor en uno de los sistemas del aparato, olvidaron volver a desplegar las aletas de las alas para el siguiente despegue. Un sistema automático debería de haberles advertido de que iban a emprender el vuelo sin la configuración adecuada pero, curiosamente, los procedimientos de la aerolínea sólo obligaban a activar el aviso para el primer despegue del día tratándose de la misma tripulación. Y, como el avión ya había despegado de Barcelona por la mañana, el sistema no se accionó. Pero, hay más factores: el jet despegó con viento de cola y esto le restó capacidad para levantar el vuelo. Por último, iba muy cargado. Tenemos aquí, pues, cuatro elementos diferentes que, combinados, provocaron la catástrofe.

Aunque la gente no creerá las explicaciones oficiales, algún día sabremos las causas precisas del desplome del Learjet que aterrizaba el martes 4 de noviembre en Ciudad de México. Hasta ahora, nos han dicho que llevaba la trayectoria correcta, que iba a la velocidad que le asignaron los controladores y que guardaba la distancia adecuada con el avión que le precedía. Y yo llevo cinco días pensando que eso no hace que un jet se desplome.

Pacto de unidad nacional

Agustín Basave
abasave@prodigy.net.mx
Excélsior

Nuestra democratización implicaba pasar de la exclusión a la inclusión y transitamos de un régimen que excluía a todos menos a uno, a un régimen que incluye a todos menos a uno.

Más allá de la lamentable tragedia, es imperativo redefinir el rumbo. Y en el nombre estará la estrategia. Porque el perfil de quien tome las riendas de la Secretaría de Gobernación enviará, por sí mismo, una señal muy importante. ¿Se impondrá la inercia y será una persona del primer círculo del presidente, sin mayor experiencia política? ¿Se privilegiará la militancia panista y la mano dura? ¿O se aprovechará la coyuntura para dar un viraje y se pondrá a operar a alguien con habilidad negociadora y talante conciliador, que no provoque el rechazo de ningún partido? ¿Cuál será la agenda del(la) nuevo(a) secretario(a)? ¿Cuál sus prioridad?

El colaborador idóneo de un gobernante es el amigo honesto y leal que posee, al mismo tiempo, talento y experiencia en el ámbito que se le asigna. Pero nadie puede contar entre sus amistades cercanas a los políticos más capaces y preparados del país en todas y cada una de las vertientes del gobierno. De modo que la disyuntiva en inevitable: ¿se escoge la incondicionalidad o la pericia?; ¿se apuesta a la capacidad de aprendizaje de quien tiene toda la confianza o a la capacidad para garantizar la institucionalidad del experto? La sensatez suele aconsejar un equilibrio de conjunto que combine lealtad y destreza. Pero un estadista seguro de sí mismo no teme invitar a trabajar con él a quienes son, como diría Kennedy, the best and the brightest. Parafraseando a un político mexicano que si bien no fue ejemplo a seguir en términos éticos sí lo fue en dotes de liderazgo, es mejor hacerse amigo de los líderes que hacer líderes a los amigos. Todos los miembros del equipo deben ser aliados, pues, pero no todos tienen por qué ser cuates.

Ahora bien, en las actuales circunstancias de México lo racional es buscar reconciliación y unidad. Dejarse llevar por el enojo precipitaría el desastre. Hoy un secretario de Gobernación ha de ser negociador de paz y no jefe de tropas, puente entre todas las fuerzas políticas y no catapulta de una de ellas. El partidarismo y la militancia activa, sumados a la dureza, sólo servirían para arrojar una antorcha encendida a un pasto social seco sobre el que flotan gases financieros y económicos. Desde luego, un político manco es un mal político, pero si es imprescindible optar es preferible uno de pura mano izquierda.

La pregunta clave es qué papel se quiere que juegue la Secretaría de Gobernación en este contexto. Sería un error asignarle como tarea prioritaria el combate al narcotráfico o encargarle de manera preeminente la concreción de una reforma legislativa específica o de algún programa migratorio. Más grave aún sería quitarle el silbato y darle la banda de capitán del equipo en el poder de cara a las elecciones de 2009, en un binomio PAN-gobierno a la usanza del antiguo régimen. El rol central de Gobernación debe ser, a mi juicio, el de garantizar la gobernabilidad democrática del país, y su objetivo prioritario mediato la construcción de un pacto de unidad nacional a concretar en 2010.

Desde hace 20 años existe una coalición de facto entre el PRI y el PAN que, con mayor o menor cercanía, ha gobernado al país durante los últimos cuatro sexenios. Pero su vida útil se está agotando a fuerza de impedir la culminación de nuestra transición democrática. Lo que ahora necesita México no es una alianza excluyente como ésa, que deja fuera a la izquierda, sino un pacto incluyente. Me anticipo a la crítica: sé que la democracia se mueve en función de mayorías y no necesariamente de consensos, pero eso sucede en países donde está vigente un acuerdo en lo fundamental con el que todos se sienten representados. Y justamente ésa es nuestra asignatura pendiente. Nuestra democratización implicaba pasar de la exclusión a la inclusión, de consensos intrapartidistas a consensos interpartidistas. Y transitamos de un régimen que excluía a todos menos a uno, a un régimen que incluye a todos menos a uno. Ciertamente, de esta exclusión tienen la culpa tanto la extrema derecha como la extrema izquierda, en ese orden, pero la responsabilidad primordial de remediarla es de quien ejerce el poder formal. Y a estas alturas debe quedar claro que la sociedad bipartidista ya no basta para gobernar, menos en medio de las siete plagas que tenemos encima.

Un pacto de unidad nacional sería costoso para todos en el corto plazo. El presidente y el PAN tendrían que ceder varias cosas para lograr la aquiescencia de López Obrador, el PRI perdería su ventaja de ser el fiel de la balanza y el PRD y el lopezobradorismo erosionarían parte de su voto duro. Pero el beneficio para México y a la larga para todos los partidos sería mucho mayor a la suma de esos costos. No hay diferencias insalvables entre las medidas que proponen el gobierno, los priistas, los perredistas y AMLO para enfrentar la crisis financiera internacional y la inseguridad pública, y de ahí a un programa económico consensuado sólo median cuatro o cinco voluntades. Eso sí, nada se ganará si el presidente no acepta que en esta coyuntura sus intereses son distintos a los de su partido. Y nada se perderá, en cambio, si da el primer paso en dirección a un nuevo pacto político y social nombrando a un secretario de Gobernación incluyente.

abasave@prodigy.net.mx

El rol central de Gobernación debe ser el de garantizar la gobernabilidad democrática del país,y su objetivo prioritario la construcción de un pacto de unidad nacional.

Nuevo proyecto

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

La caída del avión de la Secretaría de Gobernación el martes pasado es una tragedia. Personal, para los deudos de quienes fallecieron en el evento, tanto quienes sólo pasaban por el lugar como quienes venían en la nave, y aunque menor, para quienes resultaron heridos o dañados en su patrimonio.

Pero es también una tragedia para el gobierno del presidente Calderón. Lo es no sólo porque fallecen el secretario de Gobernación y el responsable de la implementación de la reforma de seguridad, sino porque ambos hombres representaban más que sus puestos. Santiago Vasconcelos había dedicado buena parte de su vida a la lucha contra el crimen organizado, como es normal, con éxitos y errores. Pero era un personaje central en esta guerra que el país debe ganar.

Debe ser claro que la pérdida mayor, para el gobierno, es la muerte de Juan Camilo Mouriño. Más que el puesto que ocupaba, como decía, representaba diversos papeles en los que no puede ser sustituido fácilmente: líder del equipo cercano, amigo personal, proyecto. No hay, a la vista, quien pueda cubrir estos roles simultáneamente.

Lo que esto significa es que el gobierno del presidente Calderón tendrá que cambiar profundamente para funcionar los próximos cuatro años. Lo hecho hasta ahora, bueno o malo, ha terminado y no puede prolongarse. Lo que se tendrá que hacer será un gobierno muy diferente, con nuevo equipo y con nuevo proyecto. Con la vista puesta en grandes retos que muy rara vez llegan juntos: nuevo presidente en Estados Unidos, recesión, posible cambio de rumbo internacional, elección intermedia, transición inacabada.

En este proceso, el nombramiento en Gobernación es importante, pero no tanto como sostiene el imaginario popular. La secretaría es la sombra de lo que fue en los tiempos del antiguo régimen. De hecho, es buena muestra de lo incompleto del proceso de cambio en México. Gobernación ya no gobierna, ni vigila, apenas actúa como correa de transmisión con el Congreso, y eso dependiendo del titular.

Reitero en lo que he insistido tantas veces: no hemos logrado construir un sistema de reglas que nos permitan funcionar adecuadamente, y por lo tanto dependemos mucho de las personas. No está de más recordar que no tenemos reglas para la sustitución del presidente de la República, y la tragedia nos recuerda que nadie es eterno.

Con todas las dificultades que se ven hacia delante, es necesario que México avance hacia la institucionalización de un régimen democrático, liberal y seriamente capitalista. Seguir jugando a la restauración de la Revolución, a la demagogia, al populismo, nos llevará por este camino de inercia y deterioro en que estamos. Éste es el proyecto, me parece, cómo y con quiénes, está por definirse.

El mexicano torvo

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Yo era casi niño cuando los vi descritos por primera vez: “Para ellos no hay mujer honesta, hombre honrado ni corbata bonita”. Fue en aquella revista Siempre! que era por entonces la lectura de la izquierda. No recuerdo el autor, pero se refería al mexicano torvo, rencoroso, agriado contra el mundo, segurísimo de sí mismo, ciertísimo de estar en la religión correcta, en el partido correcto y sostener las opiniones indudables.

Van por el mundo cargando un fardo de injusticias: les hacen fraude y no saben explicar cómo, los extranjeros les quieren robar su petróleo (y tampoco saben explicar cómo es su), saben con certeza absoluta que la prensa miente, los periodistas se venden; nadie tiene opiniones diversas, sino etiquetas con precios; nadie escribe contra lo que ellos creen por estar convencido, sino porque recibe una paga, y si no la recibe, la busca. Vomitan insultos como respuesta a pruebas.

No hay argumento ni lógica que los haga dudar un poco de sus certezas: recuerdan la macrolimosna del gobernador de Jalisco, pero no quieren oír nada de la megalimosna de López Obrador a la Basílica de Guadalupe en forma de terrenos públicos regalados para que los curas lucren con el paraíso y el entonces jefe de Gobierno con sermones favorables y la bendición de sus obras, nunca licitadas y entregadas a cambio de apoyo para su campaña presidencial.

Las acusaciones contra Juan Camilo Mouriño, los hijos de Marta y el cuñado del Presidente se caen porque los jueces son corruptos, dice el mexicano torvo como si estuviera ante las pruebas fehacientes. Hemos llegado al colmo: la falta de pruebas es la más eficaz de las pruebas porque prueba que hubo ocultamiento de pruebas… ¿Quién podría salvarse ante semejante “argumentación”? Pero no le digamos al mexicano torvo que nadie sabe cómo sostiene López Obrador su nueva campaña presidencial adelantada, porque este mexicano sí lo sabe muy bien: honestidad valiente y honradez.

Pero que López Obrador haya robado su terreno a un mexicano para regalarlo a una transnacional hospitalaria que sólo atiende a ricos es una muestra de que, quienes lo decimos, estamos pagados. De nada sirven las fotocopias de los títulos de propiedad, las órdenes de suspensión de obra, los videos del incumplimiento, el amparo roto en las narices del ciudadano: no, no es verdad y lo único cierto es que estamos con los riquillos, nosotros, los que denunciamos la entrega del terreno a la transnacional de la salud que atiende a ricos. Y cuando exigimos que se elimine el fuero al jefe de Gobierno para que un juez pueda revisar sus actos, estamos con la derecha.

El mundo al revés: no estuvo con la derecha quien hizo obra para autos y abandonó el transporte popular, el que pasó sobre amparos ciudadanos, el que presidió el PRI en Tabasco, el que todavía oculta costos de sus mayores obras; no, no, no hemos entendido: los que estamos con la derecha somos los que denunciamos tales hechos oprobiosos; la familia de Mouriño tiene unas pipas para el transporte de derivados del petróleo, no son diez, con años de trabajo. Los diputados poseen inexplicables flotillas de taxis. ¿Y los precios de los nunca concursados segundos pisos?: miles de millones ocultos por diez años gracias al trabajo legislativo de René Bejarano, el hombre a quien todos vimos llenar maletín y bolsillos con fajos de dólares entregados por un empresario extorsionado por el PRD.

Muerte no, tortura

Apenas se logra imaginar: inyectar ácido en las venitas de un niño de cinco años plagiado es tan escalofriante que un país entero debería perder el sueño… si no nos estuviéramos acostumbrando a lo peor. La pena de muerte es demasiado leve para tales bestias porque ni en tales casos se puede aplicar con tortura. Ante noticias como ésta es cuando se comprende la vieja ley del talión: ojo por ojo y diente por diente. Podríamos tener un comando que, sin ruido ni publicidad, la aplicara.

Con la pena, pero ¿por qué no les cortamos pies y manos y los echamos a la calle? Así nos ahorramos su manutención en el bote. Apliquen la “ley fuga” a dos o tres grupos de secuestradores, arrojen las cabezas de algunos en sus dominios. Verán si no se la piensan. Pero nuestra “izquierda” defiende el derecho “revolucionario” de las FARC colombianas, esa narco-guerrilla, a tener durante años miles de secuestrados, algunos con pérdida de la capacidad de hablar a causa del aislamiento. A esa bazofia le siguen llamando izquierda.

El accidente

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

El dolor más difícil, es el que no se puede desahogar con lágrimas. Contenerlas, envenena por dentro. Es antinatural no llorar un sentimiento tan profundo. Más cuando éste, es generado por la rabia. La lucha de Felipe es así. Viene desde sus primeros años. Primero contuvo la frustración de vivir la dictadura de un régimen partidista. Después el envilecimiento del partido político por el que tanto luchó. Más tarde le llegó el poder anhelado… y ya con él en la mano, emprendió una pelea sin cuartel. La más ambiciosa que —tal vez— jamás México haya abierto en su historia. No ignoro otras causas, pero la idea general de esto en lo que estamos metidos, tiene que ver con cambiarlo todo. Hacer que seamos un pueblo respetuoso de nuestras leyes. Ahorcar los hábitos de una mentalidad torcida —y aquí todos contenidos— no es menor. Limpiar la casa. Poner la basura en su lugar. Hacer que le entremos y entendamos los costos de la pretensión, implica que muchos levanten la ceja. Otros se crucen de brazos. Unos más, volteen la cara al otro lado de la realidad. O simplemente, ignoren el llamado. Así empezó la contienda. Para la gente sensata, resultaba ya imposible esta convivencia con la ilegalidad.

Siento lo prematuro del nombramiento de Juan Camilo al frente de Gobernación. Los enemigos de Felipe se encuentran emboscados por todas partes. Capricho o no, se hizo el cambio de Ramírez Acuña. Empezó el “vía crucis” y el desgaste. La batalla se recrudeció. Detenciones de capos. Decomisos de armamento enemigo. Persecución. Divisiones adentro y afuera. Infiltración putrefacta en las filas institucionales. Traición y desencanto cotidiano. La constante presión a focos de interés. La rotura de un esquema que funcionó en medio del fango provocó reacciones. Los barones de la droga. Los líderes del crimen. Las redes de corrupción. La forma eterna de “cómo se hacían las cosas en México” empezó a reaccionar amenazada. Así como hay paraísos en la tierra. El fiscal, natural, delincuencial, discrecional… el edén terrenal. México lo era todo. Aquí se podía hacer lo que fuera, sin ser vistos ni juzgados. Desde la oración hasta el crimen. Desde la virtud hasta la indolencia. Las reglas se hicieron a imagen y semejanza del poderoso… aceptadas estoicamente por el débil… más por el temeroso.

Como ven —queridos amigos— regresar al orden, no ha resultado fácil, barato… menos gratuito. “Habrá costos” dice Felipe. Como en las guerras. Morirán unos y otros. Los que luchen por “la causa” y quienes resistan en sus murallas de vileza. Habrá costos y dolor… ese contenido en ausencia de lágrimas.

Cuánta razón tiene Luis Téllez al decir: “No existen motivos para pensar que fue otra cosa más que un accidente”. Los accidentes se dan cuando se arriesga. Los accidentes, tienen su cuna en la osadía. Los accidentes no nacen, se hacen. Los accidentes se provocan cuando una situación se lleva hasta un extremo peligroso. Sí… fue un accidente. En las guerras hay muchos.

A los hijos de Juan Camilo. A María de los Ángeles, Iván y Juan Camilo. A su esposa Marigeli. A sus padres. Quiero decirles que Juan Camilo no murió porque se cayó un avión. Murió en un accidente. Esos que se dan, cuando sobra valor y razones para arriesgar —por un objetivo superior— hasta la vida misma. Algún día su nombre estará entre los que pusieron los cimientos de un nuevo México. Entre los “accidentados” de esta guerra sin lágrimas.

En eso quedamos

Germán Dehesa
german@plazadelangel.com.mx
Gaceta del Ángel
Reforma

Ante todo, quiero rendir tributo a Luis "El Osito" Téllez quien desde el miércoles a primera hora, se ha encargado de avisarnos paso a paso cómo va la pesquisa que está realizando entre los restos del Learjet. Todos los fragmentarios boletines que emitió el titular de Comunicaciones y Transportes, no logran articularse entre sí y dejan la sensación de que se están dando palos de ciego.

Yo digo que así no se puede, que una investigación tiene que realizarse, sobre todo en sus primeros pasos, con sigilo y con un cierto nivel de restricción de la información. De otro modo, lo único que se hace es dar pábulo para que surjan miles y miles de investigadores aztecas que, apoyados en alguno de los muchos datos que dio el diligente Osito, construyen su teoría del complot. En estos días, he escuchado las cosas más desbocadas y delirantes de toda mi vida. Casi todas éstas comienzan con un estribillo similar: "tengo un amigo que es piloto..." y de ahí se arrancan para decirnos que no fue accidente, sino que fue la mafia rusa, o la camorra napolitana, o, ya más modesta y localmente, el narco mexicano quien tramó esta desgracia. Yo, como al principio estoy "???????" y soy ajeno a las dos teorías.

De cualquier manera, he de decir que el Osito Téllez cumplió escrupulosamente su encomienda de comunicarnos los hallazgos que iban teniendo. No creo que en toda su ya larga carrera como servidor público, el Osito haya estado tan atareado como lo ha estado ahora.

Hoy, en este domingo triunfal para "los sorprendentes Pumas" y luctuoso para las ensoberbecidas Chivas que, por lo que a mí toca, ya fueron puestas en su humilde y merecido lugar; en este día, decía yo, recibimos la noticia de que los resultados de esta investigación tardarán, por lo menos, once meses y esto si logran trabajar en tiempo récord. ¿Se imaginan once meses con el Osito apareciendo cada diez minutos en la tele para decirnos cómo va la investigación?. Aquí el punto reside en que si a un mexicano le das once meses para que cavile por su cuenta, el país va a quedar abrumado de tanta teoría que se les ocurra a nuestros compatriotas.

Mientras todo esto ocurre y el Osito cumple con su encomienda, el PRI trabaja en la oscuridad para su único y personal provecho. En un primer momento, todos los jerarcas priistas, incluyendo a Gamboa Pascoe que tuvo que ser extraído del formol, para luego ser oreado y presentado en sociedad; todos los priistas manifestaron su profundo dolor por lo ocurrido y su voluntad de ayudar a esclarecer los acontecimientos. Todo esto ocurrió en el primer momento. Ahora, por lo visto ya se cansaron y ya manifestaron su rechazo a tanto homenaje y a tanta exaltación de la figura de Juan Camilo Mouriño. "Ni que fuera héroe nacional" manifestó un legislador tricolor; otro dijo que ya nada más le hicieron falta a Juan Camilo los 21 cañonazos y que lo importante era volver cuanto antes al trabajo. Yo nunca había visto a un legislador tenochca urgido de ponerse a trabajar.

Diga lo que diga Manlio Fabio con su voz de pito, los mexicanos seguiremos erre que erre emitiendo versiones de lo que ocurrió. Éste es el verdadero problema. Ya para cuando los resultados del peritaje estén listos, la percepción de que lo que ocurrió fue un atentado será ya general e imborrable. Yo no la comparto, pero tampoco puedo negarla. Sin embargo, creo que es hora de estar juntos y de apoyar a Calderón en la restauración de su proyecto de gobierno.

Una última cosa: si yo muero, no le digan ni a la Gordillo, ni a su hija. Son capaces de escribirme algo semejante a las cursilerías que ya le dispararon a Mouriño. En eso quedamos.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MCDXX (1420)

Ahí viene de regreso el PRI. ¿Se imaginan el regocijo de Marín y de MONTIEL?.

Cualquier correspondencia con esta columna que homenajea a osos, favor de dirigirla a german@plazadelangel.com.mx (D.R.)

Mensajes encontrados, ¿qué creemos?

Katia D´Artigues
katia.katinka@gmail.com
Campos Elíseos
El Universal

AMLO y Obama

Tengo un rosario de dudas a 5 días del accidente (que eso fue: la clave es saber si hubo o no sabotaje) que acabó con la vida de JC Mouriño, José Luis Santiago Vasconcelos y 12 personas más.

Van algunas de ellas:

Por un lado Luis Téllez se afana en probar —con alarde científico y apoyo internacional, la única triste forma, al parecer, de que creamos lo que nos diga— que fue un o una serie de errores humanos…

Por otro, está la carta publicada ayer en medios, de Manuel Carlos Mouriño Atanes, padre de JC y también el discurso de Germán Martínez en la sede del PAN. ¿No eran como señales a la delincuencia organizada a la que decían, había que continuar combatiendo pese a que “Iván” ya no está?

Más como amigo, eso sí, fue este último mensaje, el de ayer, de Felipe Calderón. Más cualidades, imposible. Que nunca nada lo detuvo. “Tampoco después de la muerte lo podrán detener”.

¿Es respuesta a la información que se anuncia? Un nuevo libro de Anabel Hernández, que ayer Proceso adelantaba: 170 contratos con varias dependencias del gobierno tendrían las empresas de los Mouriño. Ojo: 70% firmados en esta administración. Y peor: “En estas empresas, Juan Camilo aparece como socio activo o tesorero”.

Entonces, varias preguntas: ¿Hay contradicción? ¿Qué lectura se debe hacer entre líneas? ¿O ya es un uso político de la muerte del secretario? ¿El PAN como su héroe y mártir; otros como ejemplo de tráfico de influencias del miembro más destacado de la “nueva clase política”?

Si esta investigación concluirá en 11 meses, el hecho contaminará y será usado —ya verá cada quién cómo— en las elecciones de 2009.

¿O usted cuántos días le da a AMLO para que diga algo al respecto?

Y luego está la información que falta. ¿Qué pasó con el helicóptero A1505 que salió del edificio de ICA, en esa zona, rumbo a Toluca, y qué pasó a 600 metros de diferencia, de altitud, con el avión del gobierno federal?

Está en Reporte Índigo el testimonio de Emilio Hernández Galindo, el piloto que venía en la cabina de un vuelo de Magnicharters, justo detrás del jet de Mouriño. Hay decenas de testimonios de pilotos, pero este, el que venía detrás, desestima fallas. Es más, que ellos, en pleno vuelo, sintieron la turbulencia provocada por la explosión.

¿Existe alguna línea de investigación de por qué José Luis Santiago Vasconcelos viajaba en la aeronave? ¿Recuerdan que había granadas antiaéreas en el arsenal confiscado a quienes querían atentar contra él en diciembre de 2007 y enero pasado? ¿De quién fue la orden de disminuirle el número de guaruras, como lo recuerda su amigo y colaborador Edgardo Buscaglia?

Y de las versiones de que la aeronave venía con alguna de sus partes con fuego. ¿No hay videos, por cierto? ¿Ninguno?

OBAMLO… Diferencias y similitudes

Hay similitudes entre Barack Obama y AMLO: ambos son activistas sociales, a favor de los pobres y marginados. Estudiaron Ciencias Políticas. Destacan por sus vidas austeras, vienen de la clase media. Apostaron en sus discursos a “la gente” y no a “los poderosos”. Buscaron canales de propaganda no tradicionales y otras formas de financiamiento. Los dos provocaron pánico en la derecha y campañas negativas.

Pero hay cosas que claramente los diferencian. Obama se proyectó al centro eludiendo siempre presentar la elección como “negros y blancos”. AMLO, en cambio, polarizó a la opinión pública: “ricos y pobres”. Olvidó que los últimos aspiran a subir; los primeros no quieren bajar.

Obama insistió y provocó debates presidenciales, aún cuando encabezaba las preferencias. AMLO no fue.

Obama buscó el electorado joven desde el inicio de su campaña, recorrió universidades, movilizó a jóvenes por internet; AMLO se desentendió de este mercado electoral de 22 millones de cibernautas en 2006 y nunca visitó una universidad durante su campaña.

Obama blanqueó “la propaganda negra” y respondió como “chachalaca” a sus críticos; AMLO se pasmó, enmudeció y dejó correr los spots del “peligro para México”. Cuando reaccionó, el daño estaba hecho: el graznido de chachalaca pudo más que el coletazo del Peje.

La conspiración

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

A imaginar conspiraciones, desconfiar de los reportes científicos oficiales acerca de acontecimientos fatales inesperados propende más la sociedad en regímenes autoritarios y por naturaleza herméticos, pero ni las democráticas escapan al onanista juego de las adivinaciones.

Sobran quienes afirman que la desaparición de naves en el Triángulo de las Bermudas, la muerte de la princesa Diana, los “avistamientos” de ovnis (con todo y la vacilada de las “abducciones”), el acribillamiento del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, los “cuatro Aburtos” de Tijuana, los atentados de Al Qaeda en Estados Unidos, el suicidio de Digna Ochoa, “la violación y asesinato” de una viejita zongoliqueña o el homicidio de Brad Will, son una de dos: “secretos de”, o “crímenes de Estado”.

La misma noche del martes en que cayó el avión de la Secretaría de Gobernación comenzaron a surgir interpretaciones, hipótesis, opiniones que compiten contra las versiones de los responsables de aclarar qué diablos causó el siniestro.

Pese a lo preciso y frecuente de los reportes oficiales, tanto de la composición multidisciplinaria del equipo internacional de peritos como de los avances en las indagaciones, persiste la incredulidad, y la oportuna encuesta de María de las Heras en estas páginas retrata lo irresistible que a muchos les resulta escapar a la conspiracionitis.

La sospecha sembrada por algunos medios y charlatanes que medran con la fraudulenta práctica del periodismo faccioso y de ficción (“de investigación”, le dicen) es endeble y ridícula.

¿Qué ganaría nadie con el ocultamiento de las causas que motivaron el avionazo?

Las averiguaciones pueden conducir nada más a cualquiera de estas conclusiones: falla humana, técnica, o atentado.

¿Que nunca se sabrá la verdad pericial?

La única posibilidad de que al final de la investigación sean escondidas las conclusiones verdaderas requiere de un complot imposible… ¡que amarre otras nuevas conspiraciones!

Primero deberá convencerse a una treintena de expertos locales del Colegio de Pilotos Aviadores de México; de la Dirección General de Aeronáutica Civil; del Servicio a la Navegación en Espacio Aéreo Mexicano; del Centro Nacional de Medicina de Aviación, y de los centros de Control de las torres de los aeropuertos de la Ciudad de México y San Luis Potosí, para que ninguno vaya con el chisme.

Luego, habrá que cocinar la mayor de las conspiraciones que se requieren: que el gobierno de Felipe Calderón convenza a una instancia (National Transportation Safety Board) dependiente del Congreso estadunidense, y a otra, pero independiente (Federal Aviation Administration), del mismo país; a una empresa privada canadiense (Learjet Corporation), así como a las autoridades de aeronáutica civil de Gran Bretaña (Air Accidental Branch), de ocultar lo que lleguen a saber.

En síntesis: el supuesto conspirativo es muy, pero muy idiota.

In memoriam; ad futurem

Leopoldo Mendívil
lmendivil@delfos.com.mx
La Crónica de Hoy

PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN:

El último viernes en la vida de Juan Camilo Mouriño, este espacio afirmó en carta abierta dirigida, como ésta, a usted, que:
“Importa la buena marcha de su gobierno, pero importa más la buena marcha del Estado mexicano, junto con su estado de Derecho. De ahí que preocupe e incluso moleste la situación no totalmente aclarada en torno a la presunta conducta privada y a la fama pública de su titular de Gobernación y la de su familia…”
Y más adelante aclaró:

“Nada me mueve en torno y menos en contra del licenciado Juan Camilo Mouriño; más aún, el hecho de que las primeras acusaciones en su contra hayan sido lanzadas por Andrés López, en automático les restó credibilidad para quienes no hemos sido manipulados por él y sus mentiras.

“Sin embargo, presidente, la percepción general es que nunca fueron suficientemente aclaradas las conductas de quien, cuando el asunto trascendió, ya era secretario de Gobernación por designación de usted.”

Cinco días después, en las exequias de la República al secretario de Gobernación y los demás servidores públicos y ciudadanos que fallecieron el martes pasado, usted dijo de él que:

“Fue objeto de críticas y víctima de calumnias. Sin embargo, puedo asegurar que fue un hombre franco y honesto, con una extraordinaria capacidad para resolver problemas. Un secretario de Gobernación que cuando se le encomendaba algo, encontraba siempre los medios para lograrlo.”

También la política tiene sus renglones torcidos, Presidente. Diversos calumniadores de Juan Camilo Mouriño en vida, pasaron a compartir el luto por su muerte. Ésos, más que torcidos, son renglones cínicos, oportunistas y advenedizos. Pero entre críticas y calumnias la distancia es inmensa. Le aprecio mucho la diferencia que usted estableció entre ellas: “Fue objeto de críticas y víctima de calumnias”. En nombre de mis colegas que ejercen la crítica de buena fe le aprecio la clasificación.

En los renglones torcidos de la política, como en los más definitivos y sabios de Dios, la muerte vino a enaltecer la figura de Juan Camilo Mouriño. Hoy se conoce la magnitud de la tarea públicamente callada que desempeñó desde su oficina en la Presidencia, y a media voz en su despacho de Gobernación: la cohesión del equipo de gobierno, que potenció sus capacidades. Su liderazgo político, sensibilidad, lealtad y eficacia. La visión estratégica y la naturaleza dialoguista con que destrabó varias de las principales líneas de su gobierno, Presidente, en el tiempo transcurrido hasta hace una semana, día de su muerte en el que, triste coincidencia, los maestros morelenses retornaron a clases gracias a sus buenos oficios…

Por fortuna, el retorcido renglón del narcotráfico —en cuyo combate Mouriño fue el segundo comandante en jefe después de usted— estaría de momento eliminado como presunto responsable del percance. Muchos servidores públicos han muerto ya en las batallas de su gobierno contra ese cáncer nacional, pero un crimen de esa dimensión habría puesto las circunstancias en un camino sin retorno con la, quizá, total militarización del país e, incluso, la intervención más o menos encubierta de las agencias estadunidenses antinarcóticos.

Así las cosas, la dilucidación de la causa —sólo técnica, esperemos— del desastre, transitará si mucho por los caminos de una normatividad no respetada que en el peor de los casos se clasificará como la manera más injusta de acabar con un racimo de destinos promisorios, y de dañar todo el esquema de trabajo de su gobierno en el peor de los momentos.

Por lo anterior, presidente, quiero recordarle que el martes pasado aquí le pedí que “acepte y respete, con toda responsabilidad, las medidas de seguridad extremas que su Estado Mayor Presidencial tiene la obligación de adoptar por su seguridad, pues de ella depende la marcha del país”, como preámbulo para otra solicitud que me parece aún más urgente y delicada:

Si para usted sustituir el sentido de capacidad refinada, lucidez estratégica y lealtad a toda prueba con que su alfil Mouriño cumplió su encomienda es un trance sumamente arduo, dése tiempo para caminarlo. Habrá una torre o un caballo dignos del ascenso, pero es una selección que usted no puede arriesgar. Abraham González puede operar lo que usted y su gabinete político decidan, pero el sustituto de Mouriño será una responsabilidad de su absoluta incumbencia y responsabilidad. Napoleón decía que cuando recibía una bofetada se iba a dormir para responder en la mañana…

Ésta, presidente, deberá ser la más lúcida de sus decisiones hasta el momento en que la tome. Deberá ser mil por ciento pensada y 10 mil por ciento razonada. Merece, pues, el mínimo de serenidad que permite el mínimo de tiempo para enfriar los ánimos.

En historia y en política los tiempos se miden a largo plazo. Tiene usted, en consecuencia, el derecho y la obligación de evitar prisas, presiones y apremios muy leales a quienes los generan, pero muy ajenos a su principal compromiso que se llama México…

Gobernación: no es la militancia, es el diseño

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Si bien, como se ha dicho, tardaremos unos 11 meses en saber con mucha mayor exactitud qué sucedió la tarde del martes 4 de noviembre, cuando cayó el avión que transportaba a Juan Camilo Mouriño, a José Luis Santiago Vasconcelos, Miguel Monterrubio y otros colaboradores del gobierno federal, en estas horas la administración de Calderón debe comenzar a contar con los primeros elementos, descubiertos en las cajas negras enviadas ya a EU. Y con la información que ya posee puede tener, por lo menos, una visión un poco más clara de lo sucedido. Sobre todo si se trató o no de un accidente. Información suficiente como para poder tomar decisiones.

Ello influirá, no cabe duda, en las designaciones que se deberán adoptar en las próximas horas, pero quizás la definición mayor no pasa por el nombre del futuro secretario de Gobernación sino que lo trasciende. Lo que ya estaba antes del martes en el escritorio presidencial era la decisión de transformar o no a la Secretaría de Gobernación en una suerte de ministerio del Interior (lo que era, incluso, una percepción del propio presidente Calderón que no quiso instrumentar al inicio de esta administración para no forzar cambios en la estructura de gobierno cuando la situación de gobernabilidad era endeble), una decisión que implicaría, básicamente, regresar a la Secretaría de Gobernación muchas de las atribuciones que ha ido perdiendo a lo largo de los años, sobre todo cuando en el sexenio de Vicente Fox se decidió quitarle todas las atribuciones relacionadas con la seguridad pública; o insistir, incluso profundizar, en el esquema actual que transforma a la Secretaría de Gobernación en una instancia política para acuerdos legislativos y otros asuntos de gobierno, cuya dimensión dependen, directamente, de los espacios que decida otorgarle el presidente de la república. El perfil que se requiere para encabezar una Secretaría de Gobernación que incluya labores políticas y de seguridad y el de una dependencia enfocada a sacar adelante acuerdos puntuales es muy diferente.

En este espacio, desde que se dio el desprendimiento de la seguridad pública de la Secretaría de Gobernación dijimos, y debemos insistir en ello ahora, que era un error: toda institución de gobierno democrática tiene ambas instancias en las mismas manos, quizás la única excepción sean Estados Unidos, pero su esquema institucional es diametralmente diferente al nuestro y al del resto de las democracias occidentales. En otras palabras, la seguridad no debe ser entendida sólo como una suma de técnicas policiales, sino como un tema clave de la agenda política y si bien quienes se encargan de los grandes temas de la seguridad deben ser especialistas consumados en esa disciplina, la dirección que se otorga a esas actividades debe estar definida por la política. Los éxitos que ha tenido esta administración en temas de seguridad se deben a los aciertos de sus especialistas, pero los problemas e insuficiencias se derivan de una desconexión en ocasiones demasiado manifiesta de la propia marcha política. Esa decisión es crítica para el futuro de la administración.

El punto es si el presidente Calderón aceptaría adoptar un esquema de estas características que implica una forma de control diferente al que se ha tenido hasta ahora sobre el equipo de gobierno. La administración de Calderón se ha caracterizado por privilegiar el papel del llamado “grupo compacto”, aquel que acompañó al Presidente en los áridos días de la precampaña, pero más allá de ello se ha caracterizado por un esquema de control y seguimiento de la marcha de las cosas realizada por el presidente Calderón en forma personal, permanente y constante. Desde este punto de vista se podría considerar que el presidente Calderón no optaría por regresar a una Secretaría de Gobernación fuerte porque no la necesitaría, porque consideraría que esa fusión entre la política y la seguridad se da en sus propias oficinas y sólo debe eficientarse.

Ese fue el esquema adoptado originalmente. Con Francisco Ramírez Acuña las cosas no funcionaron porque en realidad la política se gestionaba más en Los Pinos que en Bucareli, mientras que la seguridad estaba en manos de Genaro García Luna, Eduardo Medina-Mora, el Cisen (que dependía de Gobernación pero que, en realidad, trabajaba, lo hace aún, directamente para la Presidencia) y las áreas militares, dependiendo todas, en los hechos, del control presidencial. Cuando Juan Camilo Mouriño fue enviado a Gobernación se interpretó que se extendía de facto ese control de Los Pinos hacia un espacio gubernamental sustantivo. Las cosas no se dieron así, porque, precisamente, son las instituciones las que terminan marcado límites cuando éstos no están bien definidos y porque las circunstancias políticas que hacían tan fuerte a Juan Camilo en la oficina de Los Pinos lo debilitaron en el escenario público de Bucareli.

Precisamente la búsqueda de la solución a esa disyuntiva era la que ya estaba en el escritorio presidencial antes de los hechos del 4 de noviembre. El presidente Calderón consideraba la posibilidad de regresarle a Gobernación atribuciones y espacios de gobernabilidad; en otras reconocía que la situación que se vivía en torno a Juan Camilo no era la ideal pero insistía en la idea de que “a él le funcionaba”; en muchas otras ocasiones, los perfiles personales que se requerían para esa posición, fuera con mayores o menores atribuciones, no terminaban de ser, en su visión, del todo idóneos. Todo ahora se ha vuelto urgente y las decisiones tienen menor margen de maniobra.

Mucho se ha dicho que si en Gobernación debe estar o no un panista: es una disyuntiva falsa. En Gobernación debe estar quien le garantice al presidente Calderón el mayor margen de gobernabilidad posible a partir del diseño que el propio ejecutivo escoja. Y desde esa óptica, la filiación partidaria no es tan importante.

Piensan que fue atentado

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Lo dejan ver en Los Pinos, en el PAN, en clan familiar de los Mouriño…
Regaño presidencial por las peleas, las intrigas, el ‘fuego amigo’…


Si no lo dicen públicamente, pareciera que en la casa presidencial, en el PAN y el patriarca de los Mouriño, piensan que fue un atentado.

No lo dicen con claridad, pero lo insinúan en el discurso. ¿Qué saben en Los Pinos, en el PAN, en la familia Mouriño —que no sabemos los mortales—, y que los hace asociar la muerte de Mouriño con el narcotráfico?

¿Qué saben, como para que el presidente Calderón se haya negado a hablar de un accidente —en los dos primeros discursos sobre el tema—; para que en carta pública el padre de Juan Camilo hable de “derrotarlos”, de que con la muerte de su hijo no deben cambiar el rumbo del gobierno, y para que Germán Martínez advierta que el PAN “no va a pactar con delincuentes”? ¿Qué olfatean que no nos han dicho?

Y no, no es ni “una filtración palaciega” —como imaginan los que por edad han olvidado el arte del reporteo—, ni se trata de una lectura fuera de contexto. La conclusión está en la discursiva de Germán Martínez en la carta personal y hecha pública de Manuel Carlos Mouriño Atanes, padre del desaparecido Juan Camilo Mouriño y, por si hiciera falta, en los dos primeros discursos del presidente Felipe Calderón.

Ayer, en la sede nacional del PAN —y antes del duro regaño del Presidente a la dirigencia del partido—, Germán Martínez dio forma a un discurso presentado como carta personal a Mouriño. Dijo, entre mucho más:

“Por la memoria de Juan Camilo Mouriño, no vamos a permitir que el narcotráfico y las drogas lleguen a nuestros niños… por tu memoria limpia y valiente, el PAN no va a pactar con delincuentes, por eso te prometo que sin flaquezas ni desmayos, sin miedo y sin vacilaciones, los panistas estaremos al lado del presidente Calderón… porque son más dolorosos los males por la cobardía que una muerte inesperada en plenitud de su vigor y participando de una esperanza común… nunca te dobló el miedo ni a ti ni a tu inseparable amigo Arcadio”.

¿Qué quiso decir el líder nacional del PAN? ¿A poco no es cierto que se crea una asociación nada casual entre la “guerra” del gobierno contra el narcotráfico y la muerte de Mouriño? El jefe del PAN no lo dice, pero lo insinúa —y peor aún—, lo refleja en su discurso.

Ayer se hizo pública una carta personal de Manuel Carlos Mouriño Atanes, en la que reflexiona sobre la muerte de su hijo, su desempeño en el gobierno y el futuro. Una parte del texto dice así:

“Iván, tu accidente no puede cambiar el rumbo de las cosas. El accidente nos tiene que quedar claro, que la lucha tuya y de las autoridades tiene que continuar con tanta o más fuerza que hasta ahora. Convencidos de que los vamos a derrotar, que hay un ejército ciudadano detrás de todos nosotros, del Presidente, de las cámaras, de los partidos, de las autoridades y de las instituciones, que nos empujan con fuerza.

“Que sabemos que en la dificultad está el empuje de miles de ciudadanos que han dicho basta. Que cada vez somos más y más decididos. Que los vamos a acorralar, empujar al precipicio y que, con su derrota, podamos sonreír y decirles a todos los que lucharon por los mismos ideales MISIÓN CUMPLIDA. Podéis descansar en paz”. Hasta aquí la cita.

¿A qué cambio de rumbo se refiere el padre de Mouriño? ¿A bajar la guardia frente al narco? ¿A quién está convencido que derrotará el gobierno, según el padre del secretario de Gobernación? ¿Acaso habla del narco? ¿A quién van a “acorralar” sociedad y gobierno? ¿A quién van a “empujar al precipicio”, para que con esa derrota se haga realidad el “MISIÓN CUMPLIDA”. ¿Acaso será al crimen organizado y el narcotráfico? Piensan en la eventualidad de un atentado. Pero no lo dicen.

En el hangar presidencial y en el homenaje en el Campo Marte, el presidente Calderón habló de la tragedia de Juan Camilo Mouriño, pero nunca la reconoció claramente como un accidente. Calderón también piensa en un atentado, aunque no lo dice con claridad. Y bueno, hasta el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, al hablar sobre el tema y enviar condolencias al gobierno de México, asoció la tragedia con la guerra que se libra contra el narcotráfico. Y es que en el contexto de una guerra contra el narco, un hecho como ése no deja mucho margen para las fallas mecánicas o humanas. El imaginario colectivo se queda en atentado.

EN EL CAMINO

¿Y quién acusará recibo del regaño presidencial? ¿Se refería a Germán Martínez? ¿A los que desataron el fuego amigo contra Mouriño? ¿A los que pelean por el cargo en Gobernación? Se acordará Calderón que Fox lanzó un regaño igual que movió su renuncia al gabinete? Al tiempo.

Gobernación

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Una estampa de lo que es la Secretaría de Gobernación es el plantón de Antorcha Campesina en Bucareli, entre Morelos y Ayuntamiento, a cuadra y media de donde despachaba Juan Camilo Mouriño; plantón que cumplió un mes de desquiciar la zona y herir al comercio. No son más de 200 personas y su protesta es localísima y difusa, pero nadie los puede tocar.

A punta de machetes y con la consigna “voto por voto, casilla por casilla”, el pueblo bueno les tomó la medida a los dos secretarios del foxismo, Santiago Creel y Carlos Abascal. Y luego al primero del calderonismo, Francisco Ramírez Acuña. Y al segundo, el difunto Mouriño.

Desde hace un mes me he vuelto a preguntar cómo podrá el secretario resolver los “grandes problemas del país”, si no es capaz de pedir el apoyo de la Policía Federal para que, con la presencia de derechos humanos, retiren a los antorchistas y devuelvan a Bucareli su razón de ser: conectar Reforma y Juárez con Chapultepec.

El secretario de Gobernación del siglo XXI ha sido un personaje que promete agotar las “vías de la negociación”, pero que difícilmente puede hacer más que un café. Llámese Creel el del cambio, Abascal el honorable, Ramírez Acuña el duro, Mouriño el de Los Pinos.

Hace ocho años que el secretario de Gobernación dejó de ser ese jefe de gabinete que todo lo sabía y podía. Hace ocho años que las cosas que verdaderamente importan no pasan por Bucareli.

El mejor trabajo de acuerdo político de Mouriño llegó con su muerte. El presidente Calderón tiene una tercera oportunidad para hacerse de un secretario de Gobernación. La tragedia del martes 4 lo deja mejor posicionado que en diciembre de 2006 y enero de 2008, las dos ocasiones en que se equivocó.

O que al menos no acertó.

Juan Camilo Mouriño Terrazo… adiós y para siempre

María Elena Álvarez de Vicencio
malvarezb@diputadospan.org.mx
La Crónica de Hoy

Juan Camilo Mouriño tuvo ante sí el mayor reto de su vida, al aceptar la responsabilidad de la cartera más importante del gabinete. Un gabinete que, según palabras del presidente Calderón, “ha sido adecuado a las nuevas circunstancias que enfrentaremos, a los desafíos de la nación y, desde luego, adecuado para dar atención a las principales necesidades y preocupaciones de los mexicanos y a los retos impuestos por el gobierno”.

En Campeche, al ingresar al PAN, había sido secretario del Comité Directivo Municipal, presidente Estatal del partido, coordinador Regional de la Campaña de Fox y posteriormente Diputado local. Su decisión, siempre firme, era actuar en política para cambiar al país.

Juan Camilo Mouriño conoció a Felipe Calderón en 1996; desde entonces siguieron trabajando juntos. Encabezó la Comisión de Energía cuando ambos fueron diputados y lo siguió como subsecretario cuando fue secretario de Energía. Juan Camilo fue pieza clave en su campaña presidencial y jugó un importante papel en el equipo de transición.

Como jefe de la Oficina de la Presidencia, Juan Camilo tenía las actividades formales escritas en el decreto que creó y que tienen que ver con “administrar Los Pinos; el tiempo del Presidente; la agenda; la imagen pública; la comunicación social; dar seguimiento a las prioridades del gobierno; a los proyectos especiales; a los gabinetes, y los acuerdos que se toman en ellos”.

Sobre la creación de esta oficina, Juan Camilo declaró que “nosotros preferimos, como en el resto de las cosas, transparentarla, simplemente hacerla más visible, darle además sustento jurídico, por eso se emitió a principios de diciembre el decreto por el cual se creó la oficina de la Presidencia y se dicen ahí claramente cuáles son las atribuciones y las funciones que tiene.

El Presidente decidió encargarme a mí la responsabilidad de ser el jefe de la Oficina de la Presidencia, que de alguna manera era un nombramiento bastante natural después de haber coordinado su equipo de precampaña y haber estado también encargado del equipo de campaña.

Para ocupar la jefatura de la Oficina Presidencial se requiere a alguien de la absoluta confianza del Presidente, cercano y con quien se sienta cómodo. Se supone u obliga que sea alguien del primer nivel de confianza del Presidente.

Tiene que tener reconocimiento del resto de los integrantes del staff para evitar pugnas internas, y en la propia definición del staff, que también es una de las decisiones más complejas que se toma durante la transición y para la conformación del equipo del gabinete.

En este caso, en nuestro país es literalmente meter gente a vivir a tu casa, es decir, la casa del Presidente está donde despachamos nosotros. Además, tiene que haberle demostrado al Presidente que se amolda a su forma de ser y que además le sirve, le es útil, le es eficaz, para las cosas que requiere en ese encargo en específico”.

En palabras del Presidente Calderón: “El licenciado Mouriño le imprimió mayor cohesión al equipo de gobierno. Su liderazgo político, su sensibilidad, su lealtad y su eficacia permitieron que el gabinete presidencial potenciara sus capacidades”.

La operación política, encargada a Juan Camilo Mouriño, que tan buenos resultados dio en el primer año de gobierno, fue parte de lo que seguramente vio el Presidente de la República en su jefe de la Oficina Presidencial, para encargarle la política interior del país al nombrarlo secretario de Gobernación.

En el discurso de aceptación al nombramiento como secretario de Gobernación, lo primero que expresó Mouriño fue el agradecimiento por la confianza que el Presidente depositaba en él.

Ya secretario de Gobernación, enfatizó en los nuevos retos de la Secretaría porque, según él, eran distintos a los que se planteaban al inicio de la administración.

“Se trata de una nueva coyuntura que presenta a su vez nuevas oportunidades para que este gobierno sirva mejor a los mexicanos en materia de gobernabilidad y de Estado de Derecho, de democracia efectiva, de derechos humanos y de protección civil. De acuerdo a las instrucciones que hoy recibo del Presidente de la República, buscaré seguir promoviendo el diálogo y el acuerdo entre los poderes de la unión, particularmente con el Congreso, a fin de avanzar en las reformas necesarias para el país”.

Juan Camilo se comprometió con diversos temas como: mantener una relación estrecha y respetuosa con los medios de comunicación, la protección civil y el cambio climático. Se planteó encabezar una Secretaría de Gobernación “que subraye el cumplimiento de la ley, la construcción de acuerdos con las diversas fuerzas políticas y sociales y los distintos órdenes de gobierno, que promueva el respeto por los valores de la democracia, que mantenga una relación de corresponsabilidad con los medios de comunicación, que defienda con firmeza los derechos de los migrantes y que impulse los mecanismos de atención y prevención de desastres naturales en beneficio de todos los ciudadanos”.

“El secretario de Gobernación –-dijo el Presidente Calderón–- es también un digno representante de una nueva generación de mexicanos. Lo digo en presente, un digno representante de jóvenes que asumen como propia la tarea de heredar a las siguientes generaciones una nación mejor que aquella que recibieron”.

Fortalecer al Ejecutivo

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Cuando me enteré de la trágica muerte de Juan Camilo Mouriño, lo primero que pensé fue en el golpe emocional que esto significaría para Felipe Calderón. A pesar de haber perdido a su entrañable amigo y principal colaborador, el Presidente salió a dar un discurso donde demostró mucho liderazgo. Calderón volvió a demostrar que se crece frente a la adversidad. Pero, una vez pasado el duelo, tendrá que tomar decisiones importantes. La muerte de Mouriño adelanta un proceso inevitable para él: planear la segunda parte de su sexenio. Más allá de la persona que sustituirá al fallecido secretario, Calderón tiene una extraordinaria oportunidad para hacer dos cambios estructurales que fortalecerían al Ejecutivo.

1. La relación con el Congreso a Los Pinos

En una democracia presidencial, donde existe una verdadera división de poderes, la negociación del Ejecutivo con el Legislativo es fundamental para el éxito de un gobierno, sobre todo si el partido del Presidente no cuenta con una mayoría en el Congreso, como es el caso en México. Los estadunidenses, que inventaron la democracia presidencial y que llevan muchos años ejerciéndola, han entendido que la negociación del Ejecutivo con el Legislativo se hace desde la Casa Blanca. La realiza el Chief of Staff apoyado por la Oficina de Asuntos Legislativos.

En México, durante el primer año del gobierno de Calderón, la negociación con el Legislativo se hizo al estilo estadunidense: desde Los Pinos. La realizó el entonces jefe de la Oficina de la Presidencia, Juan Camilo Mouriño. Y funcionó. El Ejecutivo logró la aprobación de importantes piezas legislativas como las reformas fiscal y de pensiones del ISSSTE. Cuando Mouriño fue designado titular de Gobernación en enero pasado, la operación del Ejecutivo con el Legislativo se trasladó a Bucareli junto con el nuevo secretario.

Alguna vez le pregunté a Mouriño si la negociación con el Congreso debía hacerse desde la Oficina de la Presidencia o la Secretaría de Gobernación, que es el organismo facultado para dicha labor y la que tiene una subsecretaría encargada de ello. La opinión de Mouriño resultaba invaluable ya que se trataba del único funcionario en la historia moderna del país que había ocupado ambos cargos. Sin titubear mucho, el joven político me contestó: es mejor desde Los Pinos (existen varios testigos que lo escucharon).

Le cuestioné al secretario de Gobernación por qué no, entonces, el gobierno enviaba dicha operación a la Presidencia. Aunque la idea no le causaba gracia a Mouriño, quien quería seguir siendo el protagonista de la negociación con el Congreso desde Gobernación, el funcionario me reiteró que lo conveniente era que se manejara desde Los Pinos, siempre y cuando se trasladaran todos los recursos de la subsecretaría de Enlace Legislativo a la Oficina de la Presidencia. Si no mal recuerdo, Mouriño me comentó que, sin estos recursos, dicha Oficina no tenía la infraestructura para tratar eficazmente la relación con el Legislativo.

En la actual coyuntura, el presidente Calderón tiene la oportunidad de finalmente corregir este asunto y fortalecer, así, al Ejecutivo: que la relación con el Congreso se maneje desde Los Pinos. Esto implicará el traslado, como sugería Mouriño, de la Subsecretaría de Enlace Legislativo a Los Pinos y, por supuesto, el nombramiento de un nuevo jefe de la Oficina de la Presidencia de más alto perfil que la actual titular.

2. La Policía Federal a la Secretaría de Gobernación

Mucho se ha escrito de cómo la actual Secretaría de Gobernación es un organismo del cual se espera mucho pero que no tiene los instrumentos para actuar eficazmente. Uno de los errores del gobierno de Fox fue quitarle el mando de la policía federal al haber creado la Secretaría de Seguridad Pública. Sin policía, Gobernación se quedó sin dientes.

Se trató de uno de esos cambios de moda sexenal que no tienen sentido. Como cuando la Subsecretaría de Egresos fue separada de la secretaría de Hacienda para formar la secretaría de Programación y Presupuesto. Este cambio lo único que hizo fue generar un pleito permanente entre un ministerio que administraba los ingresos y otro que manejaba los gastos. Tuvieron que pasar 16 años para que el Ejecutivo corrigiera el error y regresara al esquema anterior que funcionaba mucho mejor para la disciplina fiscal.

En la coyuntura actual, Calderón tiene la oportunidad de regresar la policía federal a Gobernación y hacer, así, una secretaría muy fuerte dedicada a combatir a los enemigos del Estado mexicano. Un ministerio cuyo propósito central sea recuperar la legalidad y el orden público en el país.

Un Estado amenazado necesita órganos centralizados con grandes capacidades de operación. El esquema actual de “coordinación” de varias dependencias para combatir al crimen organizado no funciona. Es hora de centralizar el mando con un secretario de Gobernación que cuente con una policía federal eficaz y un órgano de inteligencia civil igual o mejor al que tienen los militares. Evidentemente, esto le daría mucho poder al secretario de Gobernación quien, para funcionar, tendría que ser un hombre de Estado no de partido. Un personaje dedicado a proteger el monopolio legítimo de la fuerza, no alguien que tenga aspiraciones presidenciales.

Aprobación del Congreso

Para llevar a cabo estos dos cambios estructurales, el Presidente necesita que el Congreso reforme varias leyes, en particular la Orgánica de la Administración Pública Federal. En la actual coyuntura, después del trágico suceso, me cuesta trabajo pensar que la oposición, sobre todo el PRI, le negaría lo votos al Ejecutivo para llevar a cabo estos cambios.

Lo ocurrido el martes pasado es muy lamentable. Pero Calderón tiene que aprovechar esta coyuntura para reforzar estructuralmente su gobierno. Un mandatario fortalecido es, quizá, uno de los mejores homenajes que el Presidente pueda ofrendarle a su amigo fallecido.

Adiós Mouriño

Jacobo Zabludovsky
Bucareli
El Universal

Lo último que vieron tres segundos antes de morir fue quizás el tejado rojo del restaurante japonés Suntory. Ahí, en el mes de julio, hablé por segunda vez con Juan Camilo Mouriño.

Fue uno de esos domingos familiares. Cuando terminamos de comer, rumbo a la salida, Juan Camilo se levantó y me pareció que había prolongado su sobremesa para propiciar el encuentro. Saludamos a su esposa María de los Ángeles, a sus hijos Mari, Iván y Juan Camilo y a otra persona. Plática previsible: edades, escuelas, aficiones. Abrazo cordial. Nos hablaremos de tú. La despedida típica: te llamo para comer. Hubo varios intentos pero se atravesaron viajes, compromisos, problemas de agenda.

La primera había sido en la comunión de los hijos de Perla y Juan Francisco Ealy Ortiz. Se abrió paso entre los numerosos invitados para llegar a nosotros. Mientras lo veía acercarse pensé en la rara forma de conocernos: que vendría a reclamar, a quejarse de mis Bucarelis recientes. Por lo menos en dos había puesto en duda su eficacia en la Secretaría de Gobernación, con fundamento en acusaciones públicas contra él. El título de la columna el 3 de marzo “Mouriño herido”, explica su contenido. Y la del 31 de marzo “Calderón Mouriño S. A.” empezaba con la frase “La acusación me parece grave”. En el rincón de mi cerebro donde se aloja el instinto de conservación se encendió la alerta. Me puse en guardia, los artículos podían ser causa o presagio de una actitud agresiva del recientemente nombrado secretario, a quien jamás había visto en persona, huelga decir que tampoco cruzado palabra alguna.

Mis inquietudes eran infundadas. Mouriño llegó con la mano extendida, celebrando la oportunidad de conocernos, recordando trabajos de mi carrera periodística, ligándolos a sus recuerdos infantiles, juveniles, familiares. Le pregunté si había leído mis columnas. Me dijo que no se las perdía. ¿No le han molestado? “Tengo el más absoluto respeto a la libertad de expresión, usted es libre de opinar como guste, así deben ser las democracias”, dijo. La conversación derivó a otros temas, intervinieron más invitados, cada quien regresó a su grupo.

La tercera fue en la comida pendiente. Septiembre 12. Juan Camilo escogió un restaurante de Polanco, Bico, con dos comensales más: Miguel Monterrubio, director general de Comunicación Social de la Secretaría de Gobernación, quien falleció también en el accidente del Learjet, y Francisco Aguirre, presidente de Radio Centro.

No quiero detallar, no tomé notas ni vienen al caso los incidentes de una conversación en que privó más una intención de establecer vínculos que la de dirimir querellas. Cierta molestia surgió, única aspereza recordable, cuando se tocó el tema, vivo en esos días, de la interrupción del sexenio presidencial. Calificó la propuesta, mencionando a Porfirio Muñoz Ledo, como perjudicial, contra México, casi catastrófica. Me sorprendió la discreción y la cultura de Monterrubio, oportuno en sus intervenciones con citas históricas, menciones de libros, anécdotas. Pensé llamarle para tomar un café, saber más de él. No lo hice. El tiempo se fue hablando de periodismo, la historia de la televisión en México. Como aplazando temas para otras reuniones que nos prometimos periódicas y frecuentes.

Cuando vimos el reloj habían pasado cuatro horas, sobraba la mitad en la única botella de Rioja y funcionaban todavía las pilas del celular incesante de Mouriño. No coincidimos en la mayoría de las opiniones, especialmente en las políticas que cada quien defendió sin esperanza de convencer y sin interrupciones. Un joven menor que la mitad de mi edad expresaba su verdad que no era la mía, pero al mismo tiempo, desde su cargo público, el más importante después del Presidente, mostraba la paciencia necesaria para entender la razón de mis críticas. El intercambio de ideas no debe llevar necesariamente a un mundo de posturas iguales o similares. Tengo el recuerdo grato de una tarde valiosa. De los cuatro, dos están muertos. A Monterrubio esa sola vez lo vi. Luego supe de sus méritos en la Secretaría de Relaciones Exteriores, de sus estudios de periodismo en la Academia Nazionale Della Comunicazione, en Roma, Italia. Lástima. Lamento su muerte y la de todas las víctimas de esta tragedia.

Unas palabras sobre Juan Camilo Mouriño. A su esposa, sus hijos, a sus padres y hermanos, al presidente Felipe Calderón, a sus amigos, mi solidaridad en su tristeza. Echaré de menos esa esgrima mental. Su habilidad para exponer su criterio y defenderlo a capa y espada. Creo que nunca llegaríamos a coincidir. Pero no se trataba de convencer sino de poder diferir en torno a la misma mesa.

Eso, en el fondo, es todo.