noviembre 11, 2008

'SEGOB' por Paco Calderón

Secretario

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Ayer por la mañana el presidente Felipe Calderón anunció al nuevo secretario de Gobernación. Es Fernando Gómez Mont, quien despacha ya en el lugar que hasta el martes pasado ocupaba Juan Camilo Mouriño. Según muchos, esta es una decisión sorpresiva; para otros, necesaria.

Decimos sorpresiva porque en los días que siguieron a la tragedia de Reforma, donde perdió la vida el predecesor de Gómez Mont, la lista de probables candidatos a ocupar esa vacante iba desde Josefina Vázquez Mota hasta el jefe de jefes Diego Fernández de Ceballos, pasando por Antonio Lozano Gracia, Germán Martínez o Jorge Tello Peón. Finalmente, el ahora ocupante de la silla en Bucareli es alguien muy cercano al Jefe Diego y también cercano al presidente Calderón, a quien conoce desde sus días en la Escuela Libre de Derecho.

Decimos necesaria, porque con la muerte de Juan Camilo, conocido por todos como la única persona en quien Felipe Calderón confiaba ciegamente, tanto así que en el discurso dado por él en el homenaje póstumo que el PAN le hizo a Mouriño el domingo pasado, Calderón reconoció que gracias al ex secretario de Gobernación llegó a Los Pinos; también vino una oportunidad perfecta para cerrar las filas en su gobierno y convertirlo en lo que ya es hoy: uno netamente panista.

Y es que la designación de Gómez Mont nos deja ver que la intención del presidente es conjugar la política interna del país con cabezas emblemáticas blanquiazules y que validan las posturas tradicionales del PAN: un espacio que Juan Camilo Mouriño había ocupado completo y que a muchos viejos panistas no tenía de plácemes.

Lo que no queda claro es cómo un secretario de Gobernación, con amplia y destacada carrera en el ámbito del derecho penal y no del judicial, logrará incorporarse a esta lucha que el gobierno ha declarado contra la delincuencia organizada, específicamente, el narcotráfico.

Y es que tal es la percepción que se tiene de esta lucha, que el señor Manuel Carlos Mouriño Antanes, padre de Juan Camilo, la expresó en una carta que se hizo pública hace un par de días:

“El accidente, nos tiene que quedar claro, que la lucha tuya y de las autoridades tiene que continuar con tanta o más fuerza que hasta ahora. Convencidos de que los vamos a derrotar…”

De igual manera, Germán Martínez, dirigente del Partido Acción Nacional, hizo referencia a la lucha narco versus gobierno en el discurso que leyó en el homenaje póstumo a Juan Camilo:

“Por la memoria de Juan Camilo Mouriño, no vamos a permitir que el narcotráfico y las drogas lleguen a nuestros niños… por tu memoria limpia y valiente, el PAN no va a pactar con delincuentes…”

Con el nuevo secretario llegan muchas dudas, eso es inevitable, que solamente el tiempo y el actuar del gobierno en funciones, con su nuevo secretario, podrán resolver.

Pero también es claro que, desde ayer, el gobierno federal ya no está peleado, o con ligeros roces o mezquindades, con el partido que lo llevó a Los Pinos y eso, al menos, da un poco de certeza de unidad, porque sólo así, la lucha podrá seguirse y con el respaldo de todos los que tienen el poder de gobernar. Y buena noticia es que el PRD, en la voz de su presidente, Guadalupe Acosta Naranjo, se dijera abierto al diálogo con Gómez Mont, desde ayer mismo…

Con el nuevo secretario llegan muchas dudas, eso es inevitable, que sólo el tiempo y el actuar del gobierno en funciones podrán resolver.

¿Una tregua? Sólo cuando corre la sangre

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

La izquierda rabiosa no se ha atrevido a festejar la muerte de Juan Camilo Mourinho. Todavía se guardan ciertas formas en este país. Pronto, ni eso. Pero, en fin, disfrutemos lo disfrutable del presente.

En vida, el joven secretario de Gobernación recibió las arremetidas de Rayito –de quién más— y con dedicatoria. Hoy, devenida su presa en una suerte de mártir, el energúmeno mayor del PRD guarda un recatado silencio, sopesando cuidadosamente la rentabilidad de sus declaraciones. Hay límites al mal gusto, desde luego, y tanto las “chachalacas” como otras aves ruidosas deben de estar ahí, enfrente, para ser debidamente calificadas, más allá de que la crítica sañuda del poder sea, en sí misma, una profesión de tiempo completo.

Lo que quiero decir es que el señor López Obrador ha estado extrañamente silencioso en lo que se refiere a este trágico suceso. Lo cual, si lo piensas, es de agradecer. Si el hombre se prodigara todavía en esas inclementes conferencias de prensa que asestaba a sus adictos cada mañana, entonces podríamos esperar alguna declaración vagamente apropiada. Pero no. El fiscal acusador de la patria legítima ha cerrado la boca. El representante plenipotenciario del pueblo bueno, inventor de la especie del fraude y autor de tantas otras denuncias de prevaricaciones de personajes públicos (que no ha podido comprobar –entre ellas, justamente, las presuntas tramas financieras de Mourinho con Pemex) se reserva su opinión en espera de que las circunstancias le sean más favorables y proseguir así su indiscriminada estrategia de acoso y derribo.

No hay nada como la muerte para incitar a ciertos mínimos de decencia. Pero, no debemos confundirnos: no es por piedad. Es porque creen que han ganado un round de la pelea y porque la figura del fallecido ya no les inquieta. Sólo así se merece el respeto de esa gente. Sólo así otorgan una tregua. Sólo así se saben comportar. Qué pena.

La gran sorpresa

Francisco Garfias
Arsenal
Excélsior

Nadie esperaba que Felipe Calderón nombrara a Fernando Gómez Mont en lugar de Juan Camilo. En notas, columnas —ésta incluida— y sesudos análisis se manejaron nombres, listas, en las que el abogado nunca apareció. Ni siquiera panistas de alto nivel —fuera del círculo del Presidente— sabían por dónde venía la jugada.

Abogado de causas poderosas —defendió, entre otros, al líder petrolero Carlos Romero Deschamps; a Rogelio Montemayor, ex director de Pemex; a Raúl Salinas—, Gómez Mont no es parte del llamado ostión, como le dicen algunos panistas al grupo cercano al Presidente.

Su nombramiento rompe con lo que hasta ayer era una regla en el caso de Felipe. Los relevos en el gabinete salían de su grupo cercano. El mandatario atrajo críticas por este proceder, sobre todo en el caso del secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos. Otro reclamo —éste, de militantes de su partido— es que el sucesor de Iván fuera panista. Fernando cumple ampliamente con el pedigree. Su padre fue un notable del panismo de antaño.

* * *

A Gómez Mont lo traté cuando era diputado federal del PAN, allá por 1994. Presidía la Comisión de Justicia. Me pareció un hombre inteligente, hábil, abierto y, sobre todo, muy pragmático.

El pragmatismo de este hombre “muy cercano” a Diego Fernández de Cevallos —así lo declaró el Jefe al periodista Carlos Puig, en W Radio—, se ilustra con un suceso que me tocó cubrir entonces. Gómez Mont avaló una investigación de la PGR que daba por buena la firma del desaparecido diputado Manuel Muñoz Rocha, a quien acusan de haber organizado el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu.

La firma resultó apócrifa, según se supo mucho después, pero permitió a los diputados desaforar a Muñoz Rocha y permitir que se le investigara. El legislador nunca apareció y a la fecha nadie sabe si vive o no.

* * *

Buscamos a Diego para preguntarle su opinión sobre el nombramiento de su pupilo. El Jefe, obviamente, no tiene dudas de la capacidad del secretario de Gobernación. “Es honesto, talentoso, digno, tiene experiencia; le dará buenos resultados al Presidente”, adelantó. Consideró que tiene lo que hace falta. “Sobran los casos que lo demuestran”, subrayó.

—¿Te ofrecieron la Secretaría de Gobernación? —le preguntamos.

—Nadie me ofrece nada en esta vida y quedo agradecido de que nadie me ofrezca nada. Estoy atento a servir al Presidente, pero sin remuneración ni cargos —repuso.

La misma pregunta le hizo Puig, pero a él le respondió: “No tengo memoria…”

El nombramiento de Gómez Mont fue buen recibido en la clase política en general. Pero los seguidores de López Obrador de inmediato lo descalificaron y lo compararon con el abogado del diablo.

Otro al que consultamos fue Diódoro Carrasco, ex secretario de Gobernación. Nos dijo que el nombramiento echa por tierra las versiones de que la caballada está flaca. “Muestra que el Presidente sí tiene fichas”, puntualizó. El actual diputado externo del PAN, mencionado en las “quinielas” la semana pasada, está convencido de que hará un buen papel. “Su experiencia en lo penal servirá de mucho para lo que se viene”, auguró

* * *

Manuel Bartlett no cesa de disparar fuego amigo en contra del PRI de Beatriz Paredes, Manlio y Gamboa. “La transmutación de un PRI social a un neoliberal es mortal. Hoy es el momento de sacudirnos la imposición de las cúpulas”, instó el ex secretario de Gobernación, en un seminario sobre ¡capacitación ideológica a priistas!

Invitado por el presidente del tricolor en Chihuahua, Marco Adán Quezada, el ex senador, declaró textualmente: “Los priistas hoy somos colaboracionistas… Esta situación se evidencia en las decisiones de la cúpula del partido, como la propuesta de reforma energética de Beltrones, quien presentó la misma iniciativa del PAN, sólo que revolcada”.

Las reseñas señalan que los priistas se quedaron pasmados, a excepción de la diputada Lilia Merodio. La joven no sólo abandonó el auditorio donde se realizaba el evento, sino que rechazó que los diputados del PRI sean “paleros” del PAN. Merodio consideró que el PRI debe analizar la posibilidad de expulsar al poblano.

* * *

En los momentos en que el Congreso se dispone a aprobar el Presupuesto, el rector de la UNAM, José Narro, lanzó la voz de alerta. “México requiere un esfuerzo adicional en materia educativa, porque invertir en educación superior no es inflacionario ni llevará a las finanzas públicas a la bancarrota”.

Al participar en el Foro México Cumbre de Negocios en Monterrey: El Futuro es Hoy, Narro recordó programas de rescate, estilo Fobaproa, que han sido autorizadas. “Se necesita uno social imperioso, que incluya la educación y la salud”, puntualizó.

Juan Camilo

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

En Campeche era Iván y en el PAN era Juan Camilo. Era de esos ciudadanos generosos que, teniendo su vida resuelta, se dedican a la vocación pública. Podría haber llevado, sin problemas, una vida de placer.

No era un panista que recitaba la doctrina panista, sino que más bien la sentía; y además, la sabía expresar en políticas públicas concretas.

Juan Camilo era de esa nueva generación de políticos técnicamente solventes y preparados para construir argumentos, con cifras, datos y rigor científico. Entendía los problemas y les encontraba una solución precisamente técnica, no ideológica; por eso buscaban lastimarlo, justamente, los que creen que la ideología es dogma de fe que no puede ser confrontado con el argumento del adversario.

Era un panista técnico, igual que varios de los técnicos en economía y en derecho que un día siguieron a Gómez Morín para fundar al Partido Acción Nacional.

Si la calumnia no le gana la carrera a la razón, propios y extraños deberán reconocer, tarde o temprano, a un político que se preparaba para dialogar, que tenía un intenso diálogo con todas las fuerzas políticas. Que sabía cumplir lo que acordaba. Y que ponía por delante el interés nacional.

En particular la reforma a Pemex demostró la eficacia política de Juan Camilo. Cada paso en el Congreso, cada votación la seguía con una dedicación puntual y un trabajo a conciencia y a detalle.

Era un político triunfador, por eso generaba envidias y rencores, tenía hambre de triunfo. No era de los políticos que creen que la política sólo es testimonio.

Muchos de sus pasos estaban guiados, sin complejos, desde la ética de la victoria. Por eso fue el arquitecto del triunfo del presidente Felipe Calderón.

Sabía que el gobierno es la enorme ocasión de hacer realidad las ideas políticas. En ese sentido era un político y un panista pragmático, como lo calificó el presidente Calderón. Es decir, un político que actuaba en la práctica, en la realidad cotidiana, precisamente para modificar esa realidad.

Se le criticó y eso no le espantaba. La crítica es parte de la esencia del servicio público y de la democracia misma. Pero con injusticia se le insultó. Se le pretendió denostar, entre otras cosas, por ser hijo de padre español y eso demostró la vileza y el falso nacionalismo de sus adversarios.

Además, por qué no decirlo, Juan Camilo era buen amigo con sus amigos. En la política muchas veces se simulan afectos y Juan Camilo no simuló amistades. Maximiliano Cortázar, Jordi Herrera, Abraham Cherem pueden dar testimonio del afecto de Juan Camilo.

En todos los sepelios se oye aquello de que “era un buen hombre”. En esta ocasión es absolutamente cierto: Juan Camilo realmente era un hombre bueno.

***

Fernando Gómez Mont es un hombre de leyes. Sabe cómo hacer leyes, conoce el diálogo parlamentario y sabe cómo hacerlas cumplir, puesto que se desempeñó como abogado. Igual que con Juan Camilo, creo que empezarán los insultos por envidias a un abogado de excepción, a un abogado de éxito rotundo en el ejercicio de su profesión.

¡Qué pena con Gómez Mont!

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

¡Ah, qué reto! conjugar política con gobierno. Florestán

Los especialistas en asuntos de política deben estar debajo de la mesa, luego del absoluto fracaso en sus adelantos y previsiones sobre el relevo de Juan Camilo Mouriño en la Secretaría de Gobernación.

En las listas que elaboraron desde la muerte de Iván, todos tenían sólidos argumentos para colocar a su hombre en el cargo vacante.

Del miércoles al domingo se dieron por hechos muchos secretarios de Gobernación, empezando por César Nava, siguiendo un poco el método Calderón de colocar en el gabinete a los integrantes de su primer círculo, como hizo con el propio Mouriño; Ernesto Cordero, Gerardo Ruiz.

Al de Nava se añadieron otros seguros: Juan Molinar, director del IMSS; Josefina Vázquez Mota, el mismo Cordero, Javier Lozano, Héctor Larios, Germán Martínez, Ricardo García Cervantes, Alejandro González Alcocer, Carlos Medina Placencia, El Jefe Diego, Diódoro Carrasco.

En todos los casos, sus patrocinadores daban al suyo como el nuevo secretario.

Pero resulta que el presidente Calderón había operado con un sigilo tal en este caso que nadie se enteró que ayer por la mañana presentaría al abogado Fernando Gómez Mont como nuevo secretario de Gobernación, lo que fue una sorpresa.

El arribo de este penalista al viejo Palacio de Covián tiene la ventaja de que llega sin la corte que acompaña a estos personajes. Ayer al mediodía no se conocían los nombres de sus operadores.

Pero, ¿qué movió al presidente Calderón para decidirse por Gómez Mont, que hace una década se había alejado del PAN, aunque hace unas semanas lo fichara Germán Martínez?

No lo sé. Eso lo deberá contar en su momento el mismo Calderón.

Pero a partir de su mensaje, el domingo en el PAN, podríamos estar ante el relanzamiento de su presidencia, cuando está por cruzar su primer tercio e iniciar el segundo, el de la faena.

Y que así como la designación de Gómez Mont fue sorpresa, que lo sea su funcionamiento como secretario de Gobernación.

Retales

1. NAVA. Totalmente falso que César Nava vaya a dejar la secretaría particular del Presidente de la República para irse de subsecretario de Gobernación. No existe esa posibilidad;

2. MADRUGADA. Será la madrugada de este miércoles cuando el pleno de la Cámara de Diputados apruebe el Presupuesto de Egresos para 2009. La sesión permanente se instalará hoy a partir de las cuatro de la tarde y hasta que salga; y

3. VITRO. Inminente la salida de Federico Sada de la presidencia de Vitro para facilitar la reestructuración de su pasivo de mil 329 millones de dólares. Ayer, Vitro cerró con un valor de capitalización de 220 millones de dólares, que el pasado día 22 llegó a tocar los 133 millones, desde su pico más alto en los últimos 12 meses de 808 millones, el 26 de diciembre de 2007.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Del grupo compacto a los sucesores de don Luis

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

En 1988, cuando el panismo logra salir del marasmo en que lo habían envuelto las corrientes más conservadoras de ese partido, don Luis H. Álvarez era su presidente nacional; Manuel J. Clouthier su candidato presidencial, y sus dos grandes operadores, Carlos Castillo Peraza y Diego Fernández de Cevallos. Fallecido Clouthier, Diego y Carlos ocuparon prácticamente todos los principales espacios de operación: en el partido, en el Congreso, en lo que sería el largo proceso de negociaciones que llevaron a varios cambios constitucionales definitorios durante el sexenio de Carlos Salinas y allanaron el camino para que en 2000 el PAN llegara al poder, aunque sin ninguno de ellos como protagonista. Antes, en 94, Carlos era presidente del partido, Diego candidato presidencial. Ambos tenían a dos jóvenes que eran a su vez sus principales operadores y discípulos: Castillo Peraza a Felipe Calderón Hinojosa; Fernández de Cevallos a Fernando Gómez Mont. Esos jóvenes eran la gran promesa política del panismo: hijos, ambos, de las familias fundadoras, nacidos en la misma época (Calderón en 62, Gómez Mont en 63, los dos egresados de la Escuela Libre de Derecho) y fueron los dos que más rápido y más exitosamente se habían colocado en el panorama político nacional, cuando no terminaban de cumplir 30 años, detrás de sus respectivos jefes políticos.

Hoy, uno es Presidente de la República, el otro regresa de casi 15 años de muy exitosa labor de abogado en el sector privado, como secretario de Gobernación. La decisión del presidente Calderón, que sorprendió a todos, implica, manteniendo el compromiso generacional, pasar del grupo compacto a los sucesores de aquella generación que encabezó Luis H. Álvarez. El dato no es menor: aquellos jóvenes eran, en los hechos, los sucesores de sus jefes políticos, pero también hombres con visiones distintas, apuestas personales y políticas, aun perteneciendo a una misma corriente, diferentes. La distancia que los separaba era la misma que la que separó en vida a Castillo Peraza y Diego Fernández, pero el hecho es que nunca el PAN había tenido, ni volvió a tener, una dupla para la operación y el crecimiento partidario como aquélla. El nombramiento de Gómez Mont parece ser la búsqueda del regreso a esos momentos e implica, también, de parte del presidente Calderón, no cerrarse con los sectores más conservadores del panismo y, por el contrario, abrirle la puerta a quien se significó como uno de los operadores mejor preparados para el diálogo con otras fuerzas políticas.

Entre 1991 y 94, que fue cuando se popularizó aquello del JefeDiego en la Cámara de Diputados, Gómez Mont era su operador privilegiado y también el presidente de la Comisión que realizó una ambiciosa reforma al sistema de justicia que comenzaría a implementarse en el sexenio siguiente. En el clima de desconfianza que existía a fines de 94, el entonces presidente electo Ernesto Zedillo le ofreció la Procuraduría General de la República, que tendría que investigar los asesinatos del cardenal Posadas Ocampo, de Luis Donaldo Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu, a Diego Fernández de Cevallos. Diego, que acababa de ser candidato presidencial, no aceptó pero le propuso al presidente Zedillo que designara a Fernando Gómez Mont, quien aceptó esa oferta luego de consultarlo con su partido. El único problema es que descubrieron, de última hora, que Fernando no cubría los requisitos constitucionales... porque aún no había cumplido los 35 años de edad. En su lugar terminó siendo designado Antonio Lozano Gracia y Gómez Mont se retiró al sector privado, donde encabezó uno de los despachos de abogados más exitosos (y controvertidos por sus clientes de muy alto perfil) de México. Ayer fue enfático en que se había desligado de todos esos casos y del despacho antes de asumir su nueva responsabilidad.

En realidad, había comenzado a regresar a la política hace ya algunos meses cuando fue incorporado por Germán Martínez a la dirigencia panista. Pero no estaba entre los nombres que se especuló que pudieran llegar a la Secretaría de Gobernación. La designación fue, por lo tanto, sorpresiva pero inteligente: se mantiene a esa Secretaría como una posición para el panismo (aunque el panismo más conservador la hubiera querido para sí); se abre el espacio a una corriente del PAN que no había tenido participación directa en los primeros niveles de la administración de Calderón, mas que representa espacios muy importantes; se coloca a un político con personalidad propia, que ha demostrado ser duro pero estar muy capacitado para el diálogo y el trabajo legislativo y que, sobre todo con el PRI, y con una parte del PRD, podrá tejer acuerdos importantes.

Sin embargo, también se deja explícito el mensaje de que no será desde Gobernación donde se manejen las áreas de seguridad. Ni el presidente Calderón ni Gómez Mont se refirieron al tema en sus respectivos discursos y eso quiere decir que el presidente Calderón ha decidido mantener la coordinación de las áreas de seguridad en Los Pinos, a base de fortalecer el papel que desempeña Jorge Tello Peón y que ha rendido muchos frutos al Presidente en muy poco tiempo. Las responsabilidades de Gómez Mont son esencialmente políticas, legislativas y, sobre todo, destinadas en el corto plazo a sacar adelante las reformas judiciales y de seguridad en curso.

Finalmente habrá que ver qué equipo se forma en torno a Gómez Mont. En muchas ocasiones, nos hemos ocupado mucho del titular de la dependencia, pero sobre todo en Gobernación, por la influencia y el espacio que cubre, se debe tener un equipo de primer nivel en varias instancias, incluso más allá de las subsecretarías. En este sexenio, ni con Ramírez Acuña ni con Juan Camilo se les ocupó plenamente con funcionarios de alto nivel. Esta es una oportunidad de hacerlo.

Bretton Woods II

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
Economía Informal
El Universal

En referencia a la conferencia de 1944 que estableció el orden financiero mundial de la posguerra, que se llevó a efecto en Bretton Woods, New Hampshire, en EU, desde hace años se habla de un Bretton Woods II

Este sistema dejó de funcionar en 1971, cuando Estados Unidos abandonó su tipo de cambio fijo con respecto al oro, que era el pilar del acuerdo. Para inicios de los 80, cuando los países industrializados iniciaron sus planes antiinflacionarios y causaron la crisis de la deuda externa en otras naciones, se empezó a hablar de construir un nuevo acuerdo.

Sin embargo, la utilización más común de Bretton Woods II es para designar el funcionamiento, informal, del sistema financiero desde fines del siglo pasado. A partir de entonces fue muy clara la decisión de países en desarrollo de financiar a EU para poderle vender, y fue a eso a lo que Brad Setser y Nouriel Roubini llamaron Bretton Woods II, y fue lo que sugirieron que terminaría en una gran crisis cuando EU ya no pudiera sostener su tren de vida, porque el resto del mundo dejaría de financiarlo. No fue así, la crisis no ocurrió porque el resto del mundo haya dejado de prestarle a Estados Unidos, sino por una falla financiera al interior de ese país. Setser aclara muy bien por qué en http://blogs.cfr.org/setser/2008/10/21/the-end-of-bretton-woods-2/, por si quiere leerlo.

El establecimiento de un orden financiero mundial exige, principalmente, un acuerdo acerca de cómo valuar las monedas de los países. Además de eso, se pueden hacer muchas otras cosas, pero no son determinantes. Por ejemplo, en 1944 se decidió crear organizaciones que ayudaran a evitar problemas serios con balanza de pagos e inflación (FMI), o con desempleo (BM), y se intentó hacer lo mismo en materia de comercio exterior (OIC, que no se logró fundar). Pero no es esto lo relevante de Bretton Woods, sino el acuerdo de que el dólar tendría tipo de cambio fijo con el oro, y el resto de las monedas con respecto al dólar. Los tipos de cambio fijos impedían devaluaciones “competitivas”, como las realizadas en los años 30 por diferentes países para poder exportar más fácil. Una devaluación de este tipo es competencia desleal, porque es equivalente a imponer un arancel a las importaciones y subsidiar las exportaciones de manera simultánea. Y esto provocó, antes de la II Guerra Mundial, problemas muy serios entre países industrializados (recuerde que casi no había países en desarrollo entonces, sólo América Latina, porque toda Africa y buena parte de Asia eran colonias).

El sistema de tipos de cambio fijos no permitía mantener un gran desbalance en cuenta corriente, porque un déficit no podía financiarse fácilmente, y tampoco podía colocarse un superávit. No había gran movimiento de capitales en esos años.

Desde 1971, el dólar dejó de tener un tipo de cambio fijo, y para fines de los setenta prácticamente todos los países industrializados ya lo habían seguido hacia el tipo de cambio flexible. Nosotros lo hicimos muchos años después, porque mientras experimentamos con diversos regímenes cambiarios (flotación sucia, tipo de cambio dual, banda de flotación).

Pero un sistema de tipos de cambio flexibles sí permite mantener un desbalance en las cuentas externas. China, por ejemplo, ha mantenido un tipo de cambio artificialmente bajo en su moneda, aunque eso supone vender barato el trabajo de su gente. No le ha importado a ese país, porque su objetivo parece ser establecer una base industrial para el futuro, aunque eso le cueste a la generación actual. Al mantener el yuan barato, puede exportar mucho a Estados Unidos, lo que lleva a que este país tenga un déficit muy grande. Para evitar que Estados Unidos deje de comprar, una parte muy significativa de las reservas de China se colocan en Estados Unidos, financiando ese déficit. Es a este mecanismo al que Setser y otros han llamado Bretton Woods II.

Este fin de semana, cuando se reúnan los responsables de las finanzas de los países más importantes del mundo, habrá mucho que discutir, pero no será nada sencillo lograr un acuerdo, ya sea que se llame Bretton Woods II o III, o que tenga otro nombre. No está fácil porque, a diferencia de 1944, hoy existen dos centenas de naciones en el mundo. A diferencia de entonces, no hay un bloque de países “buenos” y otro de “malos”. No hay, tampoco, un liderazgo claro. Y, muy importante, a diferencia de Bretton Woods, en que hubo dos países negociando (Estados Unidos y Reino Unido) y varios otros viendo, ahora todos suponen que pueden participar en la negociación. Y como sabe cualquiera que se ha dedicado a esto, mientras más negociadores, menos negociación.

La verdad, hoy están China y Japón de un lado (superavitarios), Estados Unidos del otro (deficitario), y varios testigos enfrente. Tal vez la Unión Europea pueda considerarse un casi-participante, pero los demás seremos sólo testigos. Y cuando se discute de dinero, ni la retórica de Sarkozy ni la de Lula sirven de mucho.

Descreídos

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Nos dice la oportuna encuesta de María de las Heras que 56% de la gente “no se creería que lo de Mouriño fue un accidente” (MILENIO, 10/11/08).

Hubiera apostado a que los descreídos eran más. Según yo, la incredulidad en torno al siniestro en que murió el secretario de Gobernación rondaría 70 por ciento, porque la sospecha es una especialidad nacional, por lo menos desde el año terrible de 1994.

Nada se creyó entonces ni se cree todavía de las versiones oficiales sobre lo sucedido con el asesinato de Colosio.

En 2004, 88 por ciento de los mexicanos creía que el homicidio de Colosio había sido fruto de un complot, el complot que no encontró en ningún lado la exhaustiva investigación judicial, absurdamente reservada del escrutinio público, aunque disponible en un resumen de cuatro tomos notables, hechos por el último fiscal del caso, Luis Raúl González Pérez.

La incredulidad ante evidencias o versiones oficiales es una especialidad de regímenes autoritarios, como dijo Carlos Marín en su columna de ayer. La impunidad dictatorial acostumbra a la autoridad a mentir y la resignación ciudadana se venga descreyendo en privado lo que no puede desafiar en público.

En sociedades democráticas la incredulidad es la raíz misma del debate y de la crítica. Los gobiernos están sujetos a inspección obsesiva, como si fueran culpables de antemano, y lo normal en el espacio público es el escrutinio independiente y la exhibición de las miserias políticas, entre ellas, la inveterada necesidad de callar y mentir —democrática o autoritariamente.

Me temo que en México se han unido vertientes de la incredulidad autoritaria y de la incredulidad democrática para alumbrar una incredulidad genéticamente resistente a la verdad y a las pruebas.

Así las cosas, las cifras de María de las Heras parecen medir un ataque de incredulidad razonable. Sólo 56 por ciento de la gente no se cree lo del accidente, pero 44% sí. Esta última cifra es notable, sobre todo porque ni la investigación oficial ni los discursos del Presidente han asumido desde el principio que fue un accidente. Han dejado abierta siempre la rendija a otra cosa.

Los ciudadanos encuestados por María premiaron, en cambio, la actuación de las autoridades en el siniestro. 68 por ciento dijo que las autoridades lo habían hecho bien o muy bien. Y sólo 24 por ciento dijo que no, que no habían investigado correctamente.

No está mal para tratarse del país de la sospechas.

***

Coda: Gobernar con los amigos, suena mal. ¿Entonces, con los enemigos?

XC-VMC

Marcelino Perelló
bruixa@prodigy.net.mx
Excélsior

Recordemos que, según la definición clásica, tragedia es aquella representación de acontecimientos humanos terribles, con desenlaces hórridos, y en los que intervienen los dioses. El drama, en cambio, igualmente tremebundo, es obra y consecuencia, exclusivamente, del hacer de los hombres.

Es esa la disyuntiva hoy, acerca de lo que ocurrió, hace exactamente una semana, sobre la apacible callejuela de Monte Pelvoux. En fin, eso de callejuela, revisémoslo. Digamos, mejor, aveniduela. Ya no sé si lo que cuenta, como en otros dominios, es lo ancho o lo largo.

¿Fue tragedia o fue drama? En otras palabras, ¿fue un accidente o un atentado? La cuestión está abierta. O, como dice el gran Dylan, “the answer, my friend, is blowing in the wind”. No dudo que algunos iniciados ya sepan la respuesta, pero estoy seguro de que la probabilidad de que nosotros, los desamparados pedestres, la sepamos, es mínima.

Fue nada menos que Antonieta Rivas Mercado la que puso los nombres de las calles de Las Lomas. Su esposo, Albert Blair, había adquirido los terrenos, allá por los años veinte. Y le propuso a su joven cónyuge que eligiera la denominación de las futuras arterias, una vez que la urbanización había sido establecida. La Tonieta hizo gala de su erudición y escogió montañas. Quién sabe de dónde se sacó al Pelvoux, uno de los Alpes chiquitos. Probablemente de internet.

El caso es que el tal Pelvoux resultó trágico. O dramático. Ya sabemos que el montañismo es una práctica riesgosa. Ignorar por ignorar, nunca sabremos a ciencia cierta si el piloto pudo, en los últimos segundos, escoger estrellarse en pleno arroyo y evitar los múltiples grandes edificios que pueblan la zona y salvar así la vida de innumerables víctimas potenciales o si fue mero azar.

Sabemos, sí, que la aeronave se precipitó al suelo prácticamente en picada, en un ángulo que, según los conocedores, era al menos de 45 grados. De manera que las posibilidades de que el capitán pudiera maniobrar parecen mínimas. De todos modos, esos últimos segundos han de haber sido de un terror infinito, inhumano. O, tal vez al contrario, profunda, insoportablemente humano.

Imaginarlo es escalofriante. Quizá más, como suele acontecer, que vivirlo. Es ésa, la dimensión humana de la catástrofe, la que me interesa más. Más, al menos, que las connotaciones políticas, técnicas o criminales. No puede haber vivencia más extrema.

La violencia inaudita que está por tener lugar supera con mucho la que experimenta un hombre a punto de ser ejecutado o la de un enfermo terminal, cuando la conciencia empieza a difuminársele. Es, incluso, una experiencia erótica. El erotismo del espanto. Ni siquiera Ballard y Kronenberg en su Crash tuvieron los arrestos de evocarlo.

Pero también para los que estábamos fuera del avión el acontecimiento fue terrorífico. Espectacular, diría yo, en el sentido más horrendo y teatral, cinematográfico, del término. En primer lugar acotemos claramente que no era una “avioneta” como numerosos medios lo calificaron. Era un avión, hecho y derecho. Pequeño, eso, sí. Bimotor y con nueve plazas para pasajeros, más la tripulación, azafata incluida.

Era un Learjet, del modelo más reciente, el 45. Es fabricado por la empresa canadiense Bombardier, que surtió de carros, durante años, el Metro de la Ciudad de México y de la cual fue representante mi entrañable Miguel Yoldi, uno de los personajes indispensables del 68 mexicano. Los motores, las turbinas, son Honeywell y fue puesto en operación apenas hace diez años, en 1998. Hay miles de ellos surcando los aires del mundo como si nada. O seáse, es moderno, todo lo moderno que se puede ser, sin ser experimental. Con todos los implementos tecnológicos y computacionales de rigor. Ese avión volaba solo. A lo mejor por eso.

De todos modos, yo no me subía a una aeronave fabricada por Bombardier. El nombre suena mal. Mal y fuerte. Y menos si se llama Lear. A quién se le ocurre. Según el gran William, promete una vida atormentada y una muerte en público. Tal cual.

Que un avión caiga en medio de una ciudad ya es insólito y constituye un hecho atractivo en extremo y una gran noticia. En todo el mundo. No olvidemos, ni por un instante, que la muerte nos gusta. Pero si, además, cae en pleno centro de la que es tal vez la urbe más grande del mundo —el centro rico, digamos— en plenas Lomas, a unos metros de Reforma y de Polanco, y que trae a bordo nada menos que al primer ministro del país y al fiscal mayor contra la “delincuencia organizada” y el narcotráfico, el asunto resulta harto jugoso. Más que sensacional.

La sospecha de que se trató de un atentado es legítima. Y, más allá de legítima, inevitable. Ahora bien, hay quienes confunden las sospechas con opiniones, y las opiniones con certezas. No es una costumbre recomendable. Que hubiera quien quisiera echarse a Iván Mouriño es harto probable. Y a José Luis Santiago Vasconcelos, ni qué decir. Los dos, personajes sobresalientes de la política del país. Y ambos en la primera línea de fuego.

Pero no basta. Los accidentes existen. Y existen los accidentes espectaculares. La actitud amarillista de ciertos medios e informadores, que han propagado, de manera irresponsable, la hipótesis del atentado, es del todo reprobable. Puro marketing. De hecho, han convertido la hipótesis en tesis. Que si el avión no fue custodiado durante su estancia en San Luis, que después de despegar ya reportó fallas técnicas, que si los testigos lo vieron estallar en el aire. Jaladas. Seamos serios.

Si de lo que se trata es de servir carnaza fresca a la jauría sádica y hambrienta, defínanse como guardianes del parque natural, no como periodistas. Tal vez fue un atentado, sí. Es asaz probable. Pero ni los fabricantes del espectáculo ni yo tenemos los pelos de la burra en la mano.

Parece bastante establecido que el aparato no estalló en el aire. Aunque hay otras mil maneras de sabotear una aeronave. En ese caso, sin embargo, deberemos suponer que los presuntos atentadores jugaron rayuela, pues se desploma a unos segundos de aterrizar en el aeropuerto. Otro poquito y les falla. ¿Por qué no derribarlo en la sierra, al pie de los magueyales?

Por otro lado, resulta significativo que, en las grabaciones de la conversación entre los tripulantes y la Torre de Control del Benito Juárez, no haya ningún reporte de dificultades. La comunicación se interrumpe bruscamente, cuando el avión ya se encontraba sobre el carril de aterrizaje. De manera tan brusca como parece haber sido el incidente que provocó el accidente. La hipótesis del atentado ha lugar.

Toda tragedia, y todo drama, contiene elementos de comedia. Y viceversa. El secretario de Comunicaciones, Luis Téllez, informó que, tras arduas investigaciones, se pudo establecer que, en el momento del impacto, las dos turbinas se desplazaban a la misma velocidad (sic). Y la delegación Miguel Hidalgo decidió prohibir que los puestos de fritangas que se encontraban en la zona del desastre se vuelvan a instalar. Prudente medida. Ahí caen aviones.

¿Qué implica la desaparición de Mouriño y de Santiago Vasconcelos? Imposible responder. Cosas veredes, Sancho. Entre peras y lebreles, la historia del XC-VMC está por escribirse. Si es que alguna vez se escribiere. “Sin más testigos que la Luna, que esta noche está escondida”.

El no suspirante

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

Al exitoso abogado penalista no se le conocen, al menos hasta ahora, aspiraciones futuristas, y eso, de entrada, le puede dar al presidente Calderón tranquilidad

Así como al fallecido secretario de Gobernación no faltaron quienes le dedicaran panegíricos y apologías para ensalzar virtudes y dotes no tan notorias en su desempeño público, al nuevo titular de esa dependencia le sobrarán los que le encuentren muchos y muy variados atributos que lo hacen el “hombre idóneo” para el cargo.

Pero de todas las cualidades que se le puedan enumerar a Fernando Gómez Mont, hay una que será sin duda su principal activo y que seguro pesó en la decisión sorpresiva del presidente Calderón: no aspira a ser candidato presidencial.

Al exitoso abogado penalista que ha litigado algunos de los casos más sonados en la vida pública del país en los últimos años —desde la defensa de los Salinas de Gortari hasta la de Javier Moreno Valle— no se le conocen, al menos hasta ahora, aspiraciones futuristas, y eso, de entrada, le puede dar al presidente Calderón la tranquilidad de no tener al frente de la gobernación del país, en una coyuntura compleja y delicada como la que vivimos, a un político que aspire a sucederlo y que por eso caiga en la autocomplacencia o la inacción.

Calderón evita así, de entrada, algo que le ocurrió a su antecesor Vicente Fox con Santiago Creel, y que fue dañino para su gobierno y para el país. O lo que en algún momento también le pasó a Carlos Salinas con Fernando Gutiérrez Barrios, que a la menor insinuación de sus aspiraciones presidenciales fue sacado de inmediato de la Segob; o lo mismo que a Zedillo le sucedió con Emilio Chuayffet, y que afectó también a muchos otros presidentes ante la visibilidad y plataforma que da el codiciado despacho de Bucareli.

A su virtud de ser un “no suspirante”, se suman otras que explican el perfil elegido por el presidente para sustituir a Juan Camilo Mouriño. La amplia experiencia y conocimiento que Gómez Mont tiene en el sistema penal, en el que ha litigado en las últimas décadas, lo volverá un operador y un negociador natural de las reformas penales y judiciales que se discuten en el Congreso, e incluso de la implementación de las que ya se aprobaron.

El nuevo inquilino de Bucareli tiene también una interesante condición: además de ser cercano de Calderón, sin ser de su primer círculo, pertenece al grupo político de Diego Fernández de Cevallos, que de este modo confirma también el pacto que hizo hace un par de meses con el Presidente. Por esa cercanía con Diego y por su propia trayectoria como parlamentario, Gómez Mont tiene también importantes relaciones y contactos con priístas que lo ven como un interlocutor confiable, algo que le será muy útil al gobierno calderonista con sus principales aliados en el Congreso.

Un gobernador del PRI dijo ayer a esta columna sobre Gómez Mont: “Tiene mejores relaciones con los priístas que con los panistas”.

Eso explica por qué ayer, en su primer mensaje político, el nuevo titular de Gobernación se enfocó en enviar señales positivas a la izquierda perredista, a la que le ofreció “una mano extendida para la conciliación”, y por qué su primera llamada telefónica, tras la designación de Calderón en Los Pinos, fue al dirigente nacional del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo. Gómez Mont sabe que su principal reto es retomar la comunicación con el perredismo, que con Juan Camilo sólo se daba de manera subrepticia, y sabe también que con el priísmo no tendrá problemas de comunicación.

Al final, la designación de Calderón sorprendió a todos y representa una maniobra interesante porque el Presidente brinca el cerco de su cerrado círculo cercano y apuesta a un político experimentado y colmilludo que llega con cartas de gran penalista y tendrá ahora que mostrar sus dotes de operador político.

NOTAS INDISCRETAS... Como fajador que se levanta de un par de nocauts y sigue tirando golpes, así llegó Andrés Granier a su segundo año de gobierno. El domingo, en su informe, se refirió a las inundaciones en su estado y a los embates del narcotráfico. “No nos van a vencer. Ni con rumores, ni con intimidaciones, ni con violencia. Ni un paso atrás por Tabasco”. Por cierto, Granier aprovechó la presencia de la secretaria de Energía, Georgina Kessel, que acudió como representante presidencial a su informe, para soltarle: “Confiamos que con el apoyo y la sensibilidad de la secretaria Kessel logremos el beneficio de la primera refinería que se construirá en el gobierno del presidente Calderón, que por justicia merece Tabasco”. La Kessel se sonrojó y se reía nerviosa ante la petición que muchos estados deben hacerle… Escalera mandan los dados. La semana promete.

Un Día de los Inocentes con Fernando Gómez Mont

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Salimos del World Trade Center rumbo al cerro del Chiquihuite. Mediodía del sábado 28 de diciembre de 2002. El viernes 27, TV Azteca había tomado con pistoleros las instalaciones de CNI/Canal 40. Íbamos en un Audi deportivo chaparrito. Manejaba un aprendiz de litigante. En el asiento del copiloto, el abogado Fernando Gómez Mont fumaba y hacía lúcidas y divertidas reflexiones sobre nuestro conflicto, porque así lo asumimos: nuestro.

Creo que el objetivo era meternos y pernoctar en las instalaciones. Fracasamos. A cambio, ese Día de los Inocentes gocé el mejor espectáculo de un abogado que haya visto en la vida real, la televisión o el cine.

Gómez Mont peleó del otro lado de la reja con los pistoleros de Ricardo Salinas Pliego, a quienes no dejó de llamar facinerosos. Forzó el retiro de la Policía Bancaria. Le dio una tunda epistolar al entonces reportero Pablo Latapí, quien trató de ponerle un cuatro. Provocó la huida de dos jóvenes abogados de TV Azteca que no podían sostenerle la mirada. Dio entrevistas por teléfono, se durmió y despertó para confrontar a otros guardias raros que aparecieron cuando caía la noche helada.

Muertos de hambre, mis compañeros Marisa Iglesias, Rafael Ocampo, Roberto Velázquez y yo le dijimos que no tenía caso quedarnos. Nos dio las gracias, no sé por qué, y se metió a dormir al Audi, pues “todavía tengo que esperar a un cabrón para atender una diligencia”.

Recuperamos el Chiquihuite un mes más tarde. Un año después, Fernando y sus socios Alberto Zinser y Julio Esponda nos dijeron que no podían seguir peleando de a gratis una batalla tan dura. Aunque nunca se fueron del todo.

El día que lo nombraron secretario de Gobernación, TV Azteca continuaba operando ilegalmente el 40.

Mouriño: esperar, no especular

Rodrigo Morales
Excélsior

El nombramiento de Gómez Mont, que ha realizado el titular del Ejecutivo para ocupar la Segob, me parece que debe ser leído por sus méritos y ojalá no como confirmación o no de hipótesis previas.

La pérdida de Juan Camilo Mouriño, como la de cualquier otra vida humana interrumpida abruptamente, es una tragedia en sí misma. Hay sin embargo algunas circunstancias públicas que agravan la tragedia. La primera, inevitable, es la búsqueda de la verdad. Acaso en otras sociedades en las que los asuntos públicos se ventilan libres de sospecha, estaríamos ante un trágico acontecimiento que se esclarecería simple y llanamente por las autoridades y los especialistas competentes para hacerlo. No habría ni demasiadas prisas ni demasiadas presiones. Sin embargo percibo que, en el encuentro con la verdad, estamos ante una primera batalla sin destino.

En unos cuantos días, miles de mexicanos se han vuelto peritos en aeronáutica civil, expertos en seguridad aérea y hasta forenses en accidentes de aviación. La cantidad de alegatos, versiones y especulaciones que se han desatado tras el incidente aéreo parecen tener un incómodo común denominador: cuando surja la versión oficial, convalidada por expertos, surgirá bajo sospecha. El peor de los mundos. Tras el duelo, el morbo.

Se aduce que el contexto de enfrentamiento con el crimen organizado, junto con las funciones que los servidores públicos desaparecidos desempeñaban, serían razones muy poderosas para presumir un atentado. Veamos. Es difícil asumir que las figuras públicas, por ese solo hecho, son inmunes a los imprevistos, que están exentos de los accidentes. Pero si en efecto el crimen organizado tenía como propósito cimbrar al gobierno retándolo de esa manera, ¿para qué disfrazar de accidente un atentado? Lo que hemos visto de su accionar es que no se preocupan por esconder ni las intenciones con que ejecutan a sus enemigos e incluso, a veces, ni la autoría de las ejecuciones. Sus mensajes son claros. No han sido así tan claros los pronunciamientos oficiales que teniendo a la ambigüedad como constante han alentado la especulación. Mi apuesta es la misma: hasta que concluyan las pesquisas no podemos descartar ni el accidente ni el atentado.

Con todo, me parece que la política de comunicación social que ha procurado la máxima apertura de la información ha sido la adecuada y acaso la única con la que se puede combatir la especulación. Creo que el tiempo no debiera ser un elemento que presione sobre la precisión de las investigaciones. Si la información fluye, si está involucrado el prestigio profesional de diferentes agencias, tengo la impresión de que estamos ante una buena fórmula para desterrar las sospechas. El tiempo que sea necesario.

Y en ese contexto el nombramiento que ha realizado el titular del Ejecutivo, de Fernando Gómez Mont, para ocupar la Secretaría de Gobernación, me parece que tiene que ser leído por sus méritos y ojalá no como confirmación o no de hipótesis previas. Es decir, no asumir que el Presidente sí sabe lo que ocurrió, pero que nos los transmite veladamente a través del nombramiento. Me parece que hay que hacernos cargo de la gravedad de la situación que estamos viviendo y esperar responsablemente a que las investigaciones terminen de arrojar luces sobre lo que sucedió. Si hubiera que citar una preferencia personal diría que es mucho más sano para el país que se refuerce la hipótesis del accidente a que se confirme la idea de un atentado. Pero de nuevo: hay que esperar la conclusión de las pesquisas.

Mientras eso ocurre, la desaparición de Mouriño ha implicado un ajuste precipitado del gabinete. Otra tragedia. Acaso las nuevas circunstancias ameriten un ajuste mayor del equipo de trabajo para responder al nuevo contexto económico, a las estrategias de combate a la delincuencia, al hecho político de que el periodo legislativo está por concluir, a que el próximo año estará dominado por las elecciones y que, al desaparecer el jefe del equipo, cambió necesariamente la lógica de funcionamiento del gabinete. Habrá que ver cómo caracteriza el titular del Ejecutivo las nuevas condiciones del país y qué peso le da en la agenda de Gobernación a la seguridad, qué papel jugará el nuevo asesor presidencial en la materia, cómo se emplazará la agenda política, etcétera. Habrá que esperar, pero ojalá la lamentable desaparición de Mouriño sea ocasión para superar enconos y sospechas, ensanchar la ruta de la transparencia y cimentar el piso de una mejor convivencia entre todos nosotros.

¿Y cómo es él?

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

Es uno de los abogados penalistas más respetados y caros del país. Es doctrinario y su apellido casi va en el logotipo blanquiazul

Luis Calderón Vega y Felipe Gómez Mont eran famosos por las fiestas que armaban en los tiempos en que fundaron el PAN. Hoy, sus hijos despachan en Presidencia y la Secretaría de Gobernación.

Antier, domingo, al mediodía, cuando en la sede nacional panista Felipe Calderón cerró la semana de homenajes a Juan Camilo Mouriño, Fernando Gómez Mont estaba sentado en una butaca perdida entre el auditorio. Veinte horas más tarde protestó el segundo cargo más importante del gobierno federal.

Entró al Comité Ejecutivo Nacional del PAN en sustitución de Javier Corral y aspiraba a una diputación federal en 2009. Ahora es responsable de la conducción gubernamental de esa elección.

Quienes lo han tenido enfrente lo ubican como un hombre de mano dura y mecha corta, inteligente, amante de las formas y el señorío del poder (que no eran parte del estilo Mouriño), que cumple los acuerdos, con un perfil más cercano a los temas de seguridad y justicia (Zedillo no lo hizo titular de PGR nada más porque no tenía la edad constitucional), pero que sabe cómo operar políticamente desde el Estado.

En el PAN pasa sin obstáculos: se le ve cerquísima de Diego Fernández de Cevallos, y con ello revive a este grupo de sabuesos del Derecho. Es uno de los abogados penalistas más respetados y caros del país, que ha defendido hasta a los Salinas (el nuevo salario de Bucareli le ha de parecer propina, comparado con lo que ganaba en su despacho privado). Es doctrinario y su apellido casi va en el logotipo blanquiazul.

En el PRI lo han recibido bien. Le tienen respeto: buen rival, con palabra, que es lo que más se valora en política. Le reconocen experiencia.

Igual los moderados del PRD. No los lopezobradoristas, que lo identifican como uno de los que armó el caso legal del desafuero contra AMLO.

El Presidente no se salió de su línea de cambios en el gabinete: su apuesta es por la lealtad y por sus amigos. El nuevo secretario es cuate de la pareja Calderón-Zavala desde la Escuela Libre de Derecho.

Pero el nombre fue una sorpresa. Se trajo a uno de afuera del círculo íntimo conocido. Eso le puede pegar al gabinete la sacudida que necesita. Sacar del pasmo en el que ya se habían instalado sus integrantes, con sus filias y fobias.

Y dicen que lo puso ahí porque no es presidenciable. Pero eso ya lo dirá el tiempo.

SACIAMORBOS

Cuando cayó el avión, el coordinador de asesores, lastimado porque acababa de recibir la noticia de que muy probablemente venía a bordo su jefe, espetaba en voz alta y desesperada al procurador: “¡Confírmalo! ¡Confírmalo!” Por más que marcaba y marcaba, el procurador no obtuvo confirmación. No le contestaban “arriba”, como si no fuera lo que es. De hecho, las investigaciones las ha llevado el secretario de Comunicaciones.