noviembre 15, 2008

Noroña usa la palabra favorita de López, “espurio”

Mariana Viayra Ramírez
La Crónica de Hoy

El fiel seguidor de Andrés Manuel López Obrador, Gerardo Fernández Noroña, afirmó que reconocer a Jesús Ortega como presidente del PRD es un suicidio político colectivo y lo llamó “espurio”, el mismo calificativo que usa para referirse al presidente Felipe Calderón.

Noroña, que en su momento increpó: “nos robaron la presidencia de la República”, ahora aseguró: “nosotros ganamos la presidencia del PRD”, y aseguró que el triunfo de Ortega es producto de un fraude electoral.

Afirmó que no queda otro camino que dejar atrás un partido que se ha deteriorado a tal grado que el fraude electoral, la corrupción, la traición, el oportunismo y el cinismo son los signos de su tiempo.
Con ello, Noroña dejó abierta la posibilidad de irse del partido y realizar su tarea política partidaria en la coalición del PT y Convergencia.

En una carta abierta, enfatizó que la grave situación que vive el partido obliga a pensar y a reflexionar a los militantes; a plantearse todos los caminos posibles, sin descartar de antemano ninguno de ellos.

Gerardo Fernández, quien actualmente es secretario de Comunicación del CEN del PRD, dijo que cerrar la posibilidad de pensar siquiera el camino de la ruptura “nos puede llevar a continuar en el camino de yerros que nos ha llevado a la situación actual”.

Refirió que el triunfo de Jesús Ortega da a Nueva Izquierda el control absoluto de los órganos de dirección del PRD, con todo lo que ello implica.

La Secretaría General del partido —que le corresponde a Alejandro Encinas— “nosotros no debemos asumirla por la sencilla razón de que no nos corresponde”, adelantó Noroña.

Insistió que “nosotros ganamos la presidencia del PRD y asumir la secretaria es validar el despojo, por más que se diga que desde ahí se hará contrapeso a Nueva Izquierda”.

Incluso dijo que pedirle a Encinas que la asuma es un acto de irresponsabilidad y “falta de compañerismo para con Alejandro”.
También señaló que sería un espectáculo vergonzoso que Izquierda Unida peleara por la Secretaría General y se despedazara por ésta.

Admitió que tomar el camino de la ruptura implica riesgos y dificultades enormes, pero “implica también dejar atrás un lastre y un desprestigio que difícilmente podrá evitarse permaneciendo en el partido”.