noviembre 18, 2008

'Freaks' por Paco Calderón

A volar

Marcelino Perelló
bruixa@prodigy.net.mx
Excélsior

La historia mundial de las figuras políticas importantes muertas en catástrofes aéreas es jugosa y abundante. También las hay que han muerto a caballo y en barco, en coche y en tren. Y a pie. Pero las que nos interesan ahora son las que encontraron su fin a bordo de un avión. Son las que están de moda, y eso de la moda es fundamental.

No voy a hacer una relación exhaustiva ni me voy a poner a investigar. Qué güeva. Pero así nomás, a bote pronto, recuerdo, fácil, media docena. Todas de mis tiempos, claro. Pero es que, antes de mí, los aviones no existían. O diga usted que sí existían, nomás por llevarme la contra, chinchoso lector. Pero reconocerá usted que eran de pacotilla.

Muchos años antes de mí, y de la guerra, se mató en un avionazo Carlos Gardel. Órale. Pero concédame que no era propiamente un político. Y que, además, era argentino. No cuenta. Además, aquello en lo que pretendían volar no era propiamente un avión. Ni los hermanos Wright se hubieran atrevido a subirse.

Hasta la Segunda Guerra, y durante, sólo se mataban en accidentes de aeroplano los pilotos. De los que no vamos a hablar hoy aquí, pero quién quita y algún día. Se lo merecen. Me cae. Y ahora no me venga con jaladas. Saint-Exupéry sí era piloto. Y no era político. La única política que hizo en su vida fue la compleja —eso sí— negociación con el Pequeño Príncipe.

Y la dulce e irresistible Ilsa/Ingrid Bergman ni era piloto ni se accidentó. Cuando, en plena guerra, Rick/Humphrey Bogart comete la estupidez imperdonable de dejarla partir de Casablanca, junto con el insoportable Laszlo/Paul Henreid, ambos se suben, sí, a un aeroplano, pero no existe ninguna evidencia seria de que hayan sufrido percance alguno. Todo parece indicar que llegaron sanos y salvos a Lisboa.

El caso es que, una vez instalada la “paz”, a las aeronaves se les subieron los humos y empezaron a surcar los aires como si nada. De aquí para allá, de allá para acullá y de nuevo para acá. En una especie de frenesí. Y entonces sí empezó a morirse la gente que viajaba, dizque plácida, en calidad de flete.

Aunque recordemos que en aquellos tiempos una catástrofe aérea no era necesariamente mortal. Pa’que vea qué tan poco serios eran los aviones entonces. A menudo había sobrevivientes. No fue sino hasta la aparición de los jets comerciales, y sus 500 nudos de crucero, que las compañías de aviación pudieron garantizar a sus pasajeros que, en caso de un desplome, podían tener la certeza de que no quedarían heridos. Los amarizajes y los aterrizajes forzosos prácticamente desaparecieron.

A fin de cuentas, la culpa de todo fue de ese tal Charles Lindbergh. Fueron su petulancia y vanidad las que demostraron al mundo que volar no tenía gran chiste y que era bien padrísimo. Con él la aviación dejó de ser una proeza deportiva. Aunque la era “aprés Lindbergh” propiamente dicha tendría que esperar 18 años para advenir y florecer, una vez terminadas la Gran Depresión y la gran conflagración.

Desde que hubo aviones empezaron a caerse los aviones. De hecho ya se desplomaban antes de existir. Usted debe haber visto, omnipresente lector, esos entrañables y conmovedores documentales sobre las proezas y los desastres de los precursores y los pioneros de la aviación. Su imaginación desbocada y su valor inimaginable.

Y, a menudo, el trágico resultado de su experimento. No había de otra, sin embargo. Está en la naturaleza humana intentar todo lo intentable. Aunque el intento parezca más bien descabellado. Sin ellos, para bien y para mal, hoy no existirían los pájaros de acero. Había que subirse y ver qué pasaba. En aquellos tiempos aún no había los túneles de viento.

Entre ellos, a lo mejor le ha tocado ver el intento de ese cuate que se aventó desde el segundo piso de la Torre Eiffel, a unos 150 metros de altura, con gorrita de visera y pantalones bombachos, armado de una especie de alas de tela y madera, preocupantemente chiquitas, atadas a la espalda y a los brazos. Se sube tranquilamente —al menos eso parece— de pie sobre el barandal, y sencillamente se lanza al vacío.

Cayó como una maceta. Con una verticalidad envidiable. A los tres metros de caída libre, las famosas alas se convirtieron en un revoltijo sobre su cabeza. Y así llegaron al suelo, exactamente al pie de la torre. Chico marranazo se acomodó el buen e intrépido aviador avant la lettre. Afortunadamente, en aquellos tiempos las películas no tenían sonido y nos ahorramos el puf.

La cosa es que desde el momento en que empezaron a aparecer las máquinas voladoras los políticos se apresuraron a utilizarlas. Ellos siempre quieren ser los primeros en todo. Renunciaron a trenes y barcos y decidieron ser transportados por aire. Era más rápido, de acuerdo, pero sobre todo, daba mucho más caché. Y varios, unos más notables que otros, lo pagaron con su vida. Pero eso también queda elegante. Y sirve, además, para lavar culpas.

Toda muerte de un alto funcionario, supuestamente accidental, provoca suspicacias. Y si es en avión, más. Los tiznadazos allá arriba —arriba en los gobiernos y arriba en los cielos— están gruesos. La hipótesis del atentado surge siempre. Un artilugio, cuanto más sofisticado, tanto más frágil es. Y los aeroplanos, créame, lo son mucho. Sofisticados y frágiles. Son relativamente fáciles de sabotear.

Si usted decide, arrebatado lector, cometer un atentado contra un tren, tendrá que volar las vías y descarrilarlo. Y la posibilidad de que el pasajero odiado deje ahí sus huesos es más bien incierta. No sé por qué este ejemplo me suena harto familiar. Si, en cambio y más fácil, lo que decide es hacer que la máquina deje de funcionar, estará usted haciendo el ridículo. Con el aeroplano las cosas no son iguales. Si el motor o los controles fallan, la probabilidad de éxito es muchísimo mayor.

Decía aquél: “Yo prefiero el tren al avión. En caso de cualquier desperfecto, se queda uno en tierra”. Y el otro le responde: “Con el avión pasa exactamente lo mismo. También en tierra queda usted”.

Los dos principales aliados de Francisco Franco, en el levantamiento fascista contra la República española en 1936, José Sanjurjo y Emilio Mola, murieron pronto en sendos accidentes aéreos. No es mera paranoia pensar que habían pasado de aliados a rivales.

El avión de Camilo Cienfuegos, el segundo hombre de la revolución cubana, desapareció sobre el mar, en 1959, pocos días después del triunfo del Movimiento 26 de Julio. Toda sospecha es legítima. Lin Piao, mano derecha de Mao, y padre de la revolución cultural china, se esfumó cuando supuestamente huía de ese país en avión y se dirigía en busca de refugio hacia la URSS, en 1971. Ahí sí, de plano, no hay sospecha alguna. Cuentos chinos.

Al general Omar Torrijos, líder de la revolución panameña, y que fungía como presidente del país, le llegó su hora en 1980, creo, cuando su aeronave explotó en el aire. La inculpación a la CIA parece bastante evidente. Carlos Madrazo, figura central de la política mexicana en los años sesenta, halló su fin cuando el vuelo comercial en el que viajaba se estrelló cerca de Monterrey, en 1969, durante el muy turbulento periodo que separa el movimiento del 68 con las elecciones presidenciales de 1970.

Y dejo para el final la terrible muerte de Dag Hammarskjöld, el primero y único secretario general decente de la ONU. Su avión se desplomó en el Congo, cuando se hallaba en misión de paz, a inicios de los sesenta. En fin, usted piénsele, si es que pensar sirviera de algo. “El vacío de la verdad”. A volar. De todos modos, yo, de lo que quería hablar es del Congo. Quería y quiero.

PRD: divorcio por infieles

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

La consigna: si el partido amarillo no es de AMLO, no será de nadie
¿Y que tal si se unifican con “Chuchos”, Cárdenas y Marcelo Ebrard?


La infidelidad política —igual que el engaño entre las parejas—, suele acabar con alianzas y matrimonios políticos.
Pero en el caso del PRD —el partido que reclama la franquicia de la izquierda mexicana—, el divorcio y la infidelidad parecen producirse por partida doble. Es decir, que la pareja que por conveniencia mantuvieron por más de una década Chuchos y obradoristas llegó a su fin cuando los primeros se negaron a que los segundos siguieran manteniendo —por fuerza, mediante el engaño y el sometimiento—, el control total de la casa familiar, el partido amarillo. Ese divorcio ya es inevitable.

Pero cuando los tribunales resolvieron sobre la más reciente pelea entre esa irreconciliable pareja de Chuchos y obradoristas, y cuando entregó la potestad amarilla a los primeros, se produjo el otro divorcio; el de PT y Convergencia, quienes se llamaron a engaño y en un acto suicida dejaron fuera al PRD de esa “sorprendente alianza ganadora” que era el FAP; verdadera perversión política que terminó en vergonzosa orgía política que sólo sirvió para reproducir lo peor del viejo PRI.

Y es que a los ojos de todos, sin pudor político alguno, se llevaron a cabo groseros aquelarres políticos y cuestionables amoríos incestuosos entre obradoristas, petistas y convergentes, para quienes lo menos importante era la castidad ideológica o la congruencia doctrinaria, sino que estaba en juego lo único para lo que valen los principios políticos según la partidocracia mexicana: el poder por el poder. Es decir, que la infidelidad y la perversión se confirman como las divisas fundamentales del poder y la política.

Y dígalo si no la reacción de los obradoristas cuando el Tribunal Electoral Federal determinó que a pesar del cochinero electoral para renovar la dirigencia del partido —que data del 16 de marzo pasado, el ganador había sido Jesús Ortega. ¡Traidores e infieles!, les gritaron a los ganadores desde las barricadas del radicalismo amloísta. “El Tribunal Electoral está bajo el control de las mafias políticas”, dijo el mesías, en su lapidaria sentencia.

El periódico oficial, La Jornada, y el propagandista oficial de los “obradoristas” nos regaló una formidable confesión de parte. En su trazo panfletario colocó a “Jesús” como “traidor del señor”. Es decir, aceptó finalmente que AMLO y su causa no son más que una religión. Esa religión hizo toda clase de trampas para quedarse con el control del PRD, pero como no lo consiguieron, entonces patearon la mesa, se llevaron las fichas y gritaron “fraude”, “espurio”. Y al final, “traidores al señor”. ¿Qué tal?

Alejandro Encinas —el alfil de AMLO— fue derrotado por los cuatro costados, pero alcanzado por la tara genética de su mentor, nunca reconoció la derrota, pretendió el chantaje, descalificó todo y a todos, pero al final —y como no comen lumbre ni Encinas ni AMLO—, Encinas aceptó ser el secretario general del PRD, el segundo de a bordo de Jesús Ortega. Pero, ¡claro! Primero buscó el bautizo de su mentor. Mientras tanto, otro tlatoani, Cuauhtémoc Cárdenas, paró en seco los afanes chantajistas del que fuera su creación política, cuando expresó la versión moderna del “no se hagan bolas”. Cárdenas dijo: “El resolutivo del Tribunal Electoral es definitivo”. Y punto.

Como queda claro, en el PRD se vive la peor guerra de su historia, la peor pelea entre uno de sus matrimonios fundamentales; el de Los Chuchos y los lopezobradoristas, matrimonio que por casi una década ha sido por conveniencia. Alejandro Encinas seguirá como secretario general, AMLO continuará siendo su patrocinador, pero la guerra de los obradoristas contra Los Chuchos seguirá por todos los flancos. Ese es el tamaño del suicidio que se procesa dentro del PRD.

Y es que si el partido amarillo, el PRD, no es propiedad de López Obrador, no lo será de nadie más. Esa parece ser la consigna. Y por eso desde la casa del tabasqueño salió la señal para romper esa farsa que había sido el Frente Amplio Progresista (FAP), una vez que por obra del Tribunal Electoral no le entregaron a AMLO el control del partido. Se ordenó romper el FAP, no porque crean el tabasqueño y sus fanáticos que el PT y Convergencia pueden caminar por su propio pie, sino porque desde esa alianza petista y convergente, seguirá con la demolición del PRD.

Pero el radicalismo de AMLO y la guerra contra su partido pueden provocar lo insólito. La unificación de todos contra el tabasqueño. ¿Y qué tal si se unen Cárdenas, Marcelo Ebrard, y Los Chuchos, para sacar provecho de lo que queda del PRD. Y esa no es una ocurrencia. Al tiempo.

Bejarano regresa arropado por los hermanos de AMLO

Ella Grajeda
El Universal

Martes 18 de noviembre de 2008

René Bejarano retorna a la vida política con el Movimiento Nacional de la Esperanza, que contará con el apoyo de los hermanos de Andrés Manuel López Obrador, legisladores, funcionarios del gobierno capitalino y ex diputados

ella.grajeda@eluniversal.com.mx
René Bejarano retorna a la vida política con el Movimiento Nacional de la Esperanza (MNE), que contará con el apoyo de los hermanos de Andrés Manuel López Obrador, legisladores, funcionarios del gobierno capitalino y ex diputados.

El Profe Bejarano tiene previsto hacer pública su reaparición durante un mitin en el Monumento a la Revolución el próximo 30 de noviembre, según se definió en las reuniones preparatorias.

Con la finalidad de fortalecer al MNE, Bejarano formó comités regionales en cada entidad del país. Los hermanos de López Obrador fueron nombrados coordinadores en varios estados: en Tabasco, José Ramiro; en Tlaxcala, Arturo, y en Chiapas, Pío.

Destaca el ex jefe delegacional de Coyoacán, Miguel Bortolini, designado coordinador en Coahuila, y a quien se le recuerda por el caso de la leche contaminada Bety.

La diputada federal Aleida Alavez lo apoyará en Oaxaca. La legisladora comentó que Bejarano no está impedido de ejercer sus derechos políticos y criticó a quienes cuestionan su regreso luego del videoescándalo, donde se le captó contando dinero y guardándose hasta las ligas en los bolsillos.

“Algunos públicamente lo condenan, pero de manera privada lo buscan porque saben que conoce muchas cosas”, afirmó la diputada.

Bejarano regresa arropado por los hermanos de AMLO

Ella Grajeda
El Universal

Martes 18 de noviembre de 2008

René Bejarano retorna a la vida política con el Movimiento Nacional de la Esperanza, que contará con el apoyo de los hermanos de Andrés Manuel López Obrador, legisladores, funcionarios del gobierno capitalino y ex diputados

ella.grajeda@eluniversal.com.mx
René Bejarano retorna a la vida política con el Movimiento Nacional de la Esperanza (MNE), que contará con el apoyo de los hermanos de Andrés Manuel López Obrador, legisladores, funcionarios del gobierno capitalino y ex diputados.

El Profe Bejarano tiene previsto hacer pública su reaparición durante un mitin en el Monumento a la Revolución el próximo 30 de noviembre, según se definió en las reuniones preparatorias.

Con la finalidad de fortalecer al MNE, Bejarano formó comités regionales en cada entidad del país. Los hermanos de López Obrador fueron nombrados coordinadores en varios estados: en Tabasco, José Ramiro; en Tlaxcala, Arturo, y en Chiapas, Pío.

Destaca el ex jefe delegacional de Coyoacán, Miguel Bortolini, designado coordinador en Coahuila, y a quien se le recuerda por el caso de la leche contaminada Bety.

La diputada federal Aleida Alavez lo apoyará en Oaxaca. La legisladora comentó que Bejarano no está impedido de ejercer sus derechos políticos y criticó a quienes cuestionan su regreso luego del videoescándalo, donde se le captó contando dinero y guardándose hasta las ligas en los bolsillos.

“Algunos públicamente lo condenan, pero de manera privada lo buscan porque saben que conoce muchas cosas”, afirmó la diputada.