noviembre 24, 2008

Economía: hablar y actuar

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Ya están con nosotros los efectos de la recesión económica en Estados Unidos. Hoy México está exportando menos, está recibiendo menos inversión extranjera directa y está captando menos divisas de las remesas, del turismo y de las exportaciones petroleras. Si bien nos va, el país crecerá menos de uno por ciento el año que entra. Por lo pronto, la creación de puestos de trabajo está disminuyendo, la tasa de cambio del peso frente al dólar sigue muy volátil y la Bolsa Mexicana de Valores no acaba de tocar piso.

La reacción del gobierno

Ante este panorama desolador, el Banco de México está implementando una política monetaria para disminuir la inflación. Ese es su mandato constitucional. Se trata de un esfuerzo delicado ya que el Banco no puede estrangular aún más el crecimiento económico con tasas de interés altas. Tomando en cuenta la dimensión de la crisis financiera global, hasta ahora lo ha hecho bien. Como también ha hecho bien al utilizar las reservas internacionales para sostener la paridad del peso mexicano. Afortunadamente, el Banxico tiene muchas fichas para hacerlo: 80 mil millones de dólares en reservas más 30 mil millones de un crédito que tiene disponible.

Por su parte, el gobierno federal ha implementado una política fiscal contracíclica. En 2009 incrementará de manera sustancial el gasto público en infraestructura a fin de estimular la economía y crear empleos. Además, el gobierno ha tratado de propagar un mensaje optimista con respecto a la situación actual. Aunque ha reconocido la gravedad del problema internacional, insiste en que México tiene las condiciones para capotear el huracán global.

Hablar con la verdad

Entiendo que, en esta coyuntura, una de las funciones del gobierno es inyectar optimismo a los factores económicos. Sin embargo, me parece que ha llegado la hora de que el gobierno le hable a los mexicanos con más realismo. EU está en el proceso de tener una pulmonía económica. No tiene sentido seguir hablando de que México sólo se contagiará con una gripa. La situación es muy grave en el vecino del norte. Nosotros estamos integrados económicamente a ellos. Si les da una pulmonía, también nosotros vamos a tenerla. No nos engañemos.

No se trata de ser pesimista, sino realista. El gobierno tiene la responsabilidad de informar y educar al público de lo que viene. Mejor estar enterado de que habrá tiempos de vacas muy flacas que estar esperando, en vano, que las vacas estén un poco más gorditas. En suma, ha llegado el momento en que el gobierno hable con la verdad, aunque ésta sea dolorosa.

Atraer capital

Los países que saldrán más rápido de la crisis global serán aquellos que atraigan al capital mundial. Más allá de la política fiscal contracíclica, el gobierno tiene que promover una serie de reformas estructurales con el fin de hacer de México un destino más atractivo para los inversionistas globales. Durante muchos lustros hemos pateado hacia el futuro reformas que podrían hacer crecer más nuestra economía.

Es cierto: no ha habido las condiciones políticas con el objetivo de llevarlas a cabo. Sin embargo, la actual crisis abre una oportunidad. A ningún partido político, con la posible excepción del lopezobradorismo más radical, le conviene que haya una crisis económica profunda que genere un descontento social difícil de controlar. A la vida institucional del país le conviene el crecimiento económico. Por eso, más allá de diferencias ideológicas, los partidos deben encontrar una agenda de reformas para elevar la competitividad del país, atraer la inversión y generar empleos. El gobierno no puede apostar a que la recuperación se dará por el gasto público en infraestructura. También tiene que apostarle a que el sector privado, nacional y extranjero, invierta en condiciones favorables en México.

Proteger a los más vulnerables

En el corto plazo, a fin de evitar el descontento de la población que pueda convertirse en un turbulento movimiento social, el gobierno debe incrementar el gasto para combatir la pobreza y, más importante aún, generar programas de empleos temporales. Nada es peor para un individuo que perder su trabajo. A ellos se les debe poner una red de seguridad para que no caigan al vacío y que, desesperados, comiencen a delinquir o a escuchar el canto de las sirenas revolucionarias. Por desgracia, en México no hay un seguro de desempleo. De ahí la necesidad de construir programas de empleos temporales para que los desempleados tengan una opción.

Acercarse a Estados Unidos

Finalmente, esta coyuntura le abre la oportunidad a México de acercarse a Estados Unidos. Quiérase o no, el destino de los dos vecinos está íntimamente vinculado. La llegada de Obama a la Casa Blanca es una extraordinaria ocasión para darle un nuevo giro positivo a la relación de los dos países. El gobierno mexicano debe acercarse a Washington a buscar una solución regional para resolver la crisis actual. México tiene que ser pro activo, no reactivo a lo que se decida en EU. No es momento de enconcharnos o escondernos tras la retórica barata del “latinoamericanismo”. La prioridad de la política exterior debe ser atender la relación con EU, sobre todo en su vertiente económica.

Lo que está en juego

En los próximos dos años, la prioridad del gobierno debe ser proteger y reactivar la economía. Todo lo demás debe pasar a un segundo plano. Y la resolución de este asunto no sólo compete al Ejecutivo sino a la clase política entera. En estos delicadísimos momentos, los políticos no pueden jugar con el fuego económico porque, si lo hacen, todos se pueden quemar. Que hablen claro, aunque duela la verdad. Que actúen rápido, a pesar de sus eternas diferencias. No es poco lo que está en juego: es el crecimiento económico y con ello la paz social.

¿Primer desencuentro?

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

No sé si hace bien o mal el presidente Calderón adelantando a Barack Obama su oposición a renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

Renegociar el Nafta “es una muy mala idea”, dijo Calderón anteayer, desde Lima, en el entorno del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. (MILENIO, 23/11/08)

Dijo más:

“Espero que el próximo gobierno de Estados Unidos no cometerá ese error. Yo percibo que habrá el suficiente talento y sentido común en la próxima administración, al menos espero que así sea”. (Reforma, 23/11/08)

Más todavía:

“El propósito de renegociar el Nafta que ha surgido en algunos círculos de Estados Unidos no es renegociar para que haya más mercado y más comercio, sino para que haya menos mercado y menos comercio.”

Puso un ejemplo inexacto pero elocuente:

“El día que el Nafta permitió que se vendieran aguacates en las calles de Estados Unidos, ese día comenzó Michoacán a dejar de ser el primer exportador de migrantes hacia Estados Unidos. Hoy hay trabajo en Michoacán para esos trabajadores agrícolas.”

Y advirtió: “El día que se cierre el acceso de productos mexicanos a Estados Unidos esos migrantes van a brincar el río o la barda o lo que pongan. Eso es un hecho”.

No sé si Calderón se esté adelantando o respondiendo a una inminente toma de posición de Obama en torno al tema. Pero en sus palabras están planteados los dos asuntos mayores de la relación de México con el nuevo gobierno estadunidense: comercio y migración.

Como declaraciones iniciales anticipan un desencuentro. Renegociar el tratado es una vieja demanda de ciertas clientelas del Partido Demócrata, en particular ciudades y sindicatos que atribuyen al TLCAN la pérdida de mercados y empleos dentro de Estados Unidos.

Por el peso de esas clientelas los demócratas han sido siempre más proteccionistas que los republicanos. Obama ha dicho en campaña y repetido hace poco que quiere renegociar el tratado.

Serían muy malas noticias para México, pues el TLCAN, no cabe duda, es el más productivo tratado que México haya celebrado nunca con otros países y el motor de su economía exportadora.

Lo dramático es que si alguna de las partes quiere, ya no digamos renegociar incluso cancelar la vigencia del tratado, no tiene sino que anunciar su retiro del mismo con seis meses de anticipación.

Hay poco que negociar, pues, si una de las partes quiere renegociar el tratado, y si esa parte es Estados Unidos, menos aún.

Coda: La Operación Limpieza de la PGR es a corazón abierto.

Un trozo de tiempo

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

¡Encontré el porqué del tiempo! Tiempo es el espacio por el que se mueve el aprendizaje. Un territorio de conciencia y vida. La intensidad que la experiencia regala. Conocimiento que puede conducir a la sabiduría. No siempre. En ocasiones conocer simplemente, no lleva a la sapiencia. Decantar en lo profundo requiere una sensibilidad que sólo el tiempo regala. Pero ¿Cuándo es que llega esa luz que de repente ilumina?... ¿Llega siempre?

Hace unos días tuve el gusto —como suelo hacer— de presentarme ante un público en Puebla. A la hora de las preguntas, alguien de entre las gradas me sorprendió seco y dijo. “Pedro, has cambiado. Te noto pesimista”. Pasó un segundo que se me hizo un siglo. Mi mente buscó desesperada una rápida respuesta… un recurso explicativo. Tal vez una disculpa. Nunca un arrebato. Y le contesté, conteniendo mi angustia. “Pienso que ha pasado el tiempo… Amigo, he envejecido”. Aunque por mis venas sigue circulando enjundia. Mi espíritu procesa antes de envestir. Hace treinta años, al hacer cualquier comentario, escogía mi raciocinio una… tal vez entre dos experiencias. Hoy no son dos. Son decenas, centenas… a veces miles. Las imágenes que pasan al conciente, se multiplican. Discernir se vuelve más lento… aunque más rico. Más responsable. Más.

Esa es la utilidad del tiempo. Ese que te baja de una carrera intempestiva y te autoriza el disfrute de tu entorno. Aprender a gozar el gozo. Entender siempre del fracaso. Si bien no rozagante, más bien macilento. El cuerpo decrece en la medida que el espíritu se nutre. Es un intercambio. Menor juventud a mayor conciencia. Menos energía pero más introspección. Esa que se atreve a mirar hacia adentro. La que te hace ver lo invisible. Tocar lo insensible. Entender lo inexplicable de la suma de momentos.

Siempre me he entusiasmado con la palabra evolución. Sinónimo de crecimiento. De mejora. De acciones que perforan superficies para llegar al centro. Suma de eventos alocados que maduran en principios. Valores de hoy y siempre. Respuestas evidentes que sólo ves, cuando te empieza a fallar la vista.

Tengo en mis manos los extremos. De un lado, mi nieto Thibaut. Todo energía. Expresión inmediata del sentimiento a flote. Todo viveza y esperanza… De la otra mano, mi padre. Todo pensamiento. Todo experiencia. Conocimiento. Nunca un comentario, sin una intención más profunda. Nunca abre la boca de forma inútil. El espacio de un silencio llena el contexto. Editorializa con una mueca. Hace sentir, sin siquiera moverse. Poco cuerpo. Mucho espíritu. Energía de ánimo. Juventud de un pensamiento tenaz.

Hace unos días se impresionó con un comentario que le hice. “¿Sabes papá?… No conozco a nadie en el mundo que tenga su programa de radio a los 87 años de edad”… “A nadie”.

Por eso sé que ya encontré el porqué del tiempo. Tiempo como espacio que mueve al conocimiento. Sabiduría que se tiene… y en el caso de un comunicador nato se comparte, si hay sensibilidad suficiente para compartir.

La vida es un ciclo que empieza y termina. Su sentido se cobra cuando se procesa en pensamientos. Esos que se dan y no mueren. Los que son para siempre. Alegría de la razón. Explicación acabada que justifica aquello que no se guarda en ningún lado. Tiempo. ¡Ese que pasa imperturbable!

Por una izquierda ciudadana

Patricia Mercado
Dirigente de Movimiento Alternativa
El Universal

¿Dónde quedó la Revolución Mexicana? La respuesta corta es que alcanzó la cúspide con las reformas señeras del general Lázaro Cárdenas a fines de los 30, que permitieron definir el perfil de un Estado y de una nación. Después la Revolución se congeló en un largo periodo donde se ofreció estabilidad económica a cambio del gobierno de un partido hegemónico que administró una democracia restringida.

La dos vías centrales a través de las cuales se expresó la Revolución Mexicana: justicia y libertad, que constituían los ejes de la llamada democracia social, pronto demostraron sus limitaciones. Una democracia social que no era democrática ni era social. Clientelismo, manipulación, fragmentación social, impunidad y cinismo se convirtieron como en la decadencia del régimen soviético con Brezhnev, en los “valores” que presidían el discurso y la acción política.

Sin embargo, abajo en las entrañas de la sociedad se configuraban alrededor de esos dos valores históricos: justicia y libertad, una vasta cantidad de movilizaciones sociales. Desde el movimiento estudiantil de 1968, pasando por las luchas obreras y campesinas de los 70 y la explosión de auto-organización popular a raíz de los sismos de 1985, desembocaron en un multiforme mosaico de luchas cívicas en los 80 y los 90 que dieron su impulso decisivo a las reformas electorales señeras de 1977. Veinte años después se logró primero un Congreso multipartidista, gobiernos de los estados en manos de partidos políticos distintos y, finalmente, en el 2000, la alternancia.

Frente a la visión ingenua de quienes suponían que la alternancia por sí misma generaba condiciones irreversibles para la profundización de la democracia, muchos advertimos que las constelaciones autoritarias que sobrevivían al régimen de partido único en los sindicatos, ejidos, asociaciones profesionales y empresariales en el marco de una cultura política caracterizada por un pragmatismo utilitario sin compromiso ético, constituían las bases materiales desde las cuales podría generarse una restauración conservadora.

Para la izquierda el viejo dilema entre comprometerse con la democracia desechando formas de lucha que la socaven, que fue en buena medida resuelto rechazando la lucha armada, encontró una nueva manera de expresarse ya en el contexto de los regímenes de la alternancia. ¿Es válido para llegar al poder constitucional utilizar cualquier método de lucha? ¿Es válido desarrollar redes de clientelismo, mecanismos de corrupción que van más allá de lo material y terminan corrompiendo el lenguaje; a partir de la peregrina justificación de que “la política así es”?

Un grupo de compañeras y compañeros expulsados por la partidocracia creemos en otra política y en otra manera de hacerla, construirla y desarrollarla. Creemos en una política ciudadana que asuma como sus valores centrales la justicia, la libertad, la tolerancia y el respeto a la diversidad, el Estado laico y la competencia. Pero sobre todo apreciamos el valor central de una ciudadanía libre: la autonomía para pensar, optar, actuar, proponer y decidir. La autonomía construye ciudadanía como forma central de enfrentar una cultura política añeja que se basa en las clientelas, en la manipulación y en el acarreo. Esto fue lo que expresamos en el evento en el Monumento a la Revolución, el pasado 17 de noviembre, al lanzar el Movimiento Alternativa. La inmensa manta que cubría parte de este monumento expresaba en síntesis nuestras convicciones. Nuevas reglas para la política que impliquen menos peso en las decisiones a la partidocracia y más a los ciudadanos. Un énfasis en la idea de evolución frente a la idea de revolución y que implica una ruptura cultural con esas visiones que hacen frecuentemente incompatibles justicia con libertad.

Para nosotros la democracia es el piso mínimo desde donde las diversas ofertas políticas deben dialogar. Dos rupturas se requieren. Frente a la vieja cultura política oponiendo un compromiso ético que se sella en la deliberación con la ciudadanía y en la fiscalización de las autoridades. Frente a la idea una revolución permanente e ininterrumpida, con un proyecto nacional que parta de los saldos incumplidos y sea animado por el convencimiento que lo que hagamos para construir un país digno, democrático y justo dependerá de nosotras y nosotros, la ciudadanía, y no de un mito que se nos presenta como destino inexorable.

Extirpar el tumor

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Me resulta del todo incomprensible el gozo, dentro y fuera del PRD, porque la runfla de bejaranos, padiernas y hordas similares, extrañamente encabezadas por un irreconocible Alejando Encinas, se quedan en el PRD: ese brazo del PRI, lo peor del PRI, lo más viejo, dinosáurico y bartletiano y cetemista del PRI, el PRI de las crisis sexenales causadas por gastar dinero que no se tiene con el fin de tener a todos (por un rato) contentos; el de los eternos fraudes electorales con su control gobiernista de las casillas, sus pistoleros para echar fuera a los observadores de la oposición; el PRI que aplaudía lo mismo la estatización de la banca nacional que su posterior entrega al peor postor.

A la nueva dirección del PRD no podía haberle pasado nada mejor que tener la renuncia en masa de los amlopeleles y priistas como José Guadarrama, otrora acusado de mandar asesinar campesinos hidalguenses perredistas, hoy senador por el PRD… ¿usted entiende esa forma de regalar la franquicia? Yo tampoco. Hasta McDonald’s exige más para poner su logo en un comercio.

Como en el caso de los secuestradores de niños que acaban asesinándolos, no hay nada qué hacer, no hay readaptación posible, nada hará demócratas izquierdistas de la mujer que siendo delegada respondía “quiere llorar, quiere llorar” a la queja de un ciudadano; de Fernández Noroña con su pandilla, ni del cacique máximo que no escucha ni a los suyos y les grita: “¡Que se hunda Pemex! ¡Lo rescataré Yo cuando sea Presidente!” Con ese material humano es labor imposible encontrar con quién se pueda siquiera hablar, y ¿razonar?, ¡es de risa!

Nada mejor le habría ocurrido a la corriente de Jesús Ortega que la cirugía del tumor con su pus, con su Muñoz Ledo, alguna vez cantor del presidente Díaz Ordaz por su patriótico acto el 2 de octubre en Tlatelolco, el que salió del PRI, que una vez presidió, cuando no le cumplió exigencias y se llevó los genes priistas al óvulo del PRD; el Muñoz Ledo que, al no resultar candidato del PRD, brincó al PARM porque le ofreció hacerlo presidente, plantó al PARM con un palmo de narices cuando vio lo ridículo de cualquier aspiración presidencial parmista… y abierta la puerta del foxismo, con su muy posible triunfo, y así lo vimos gritar ¡ganamos! en 2000 levantando el brazo a Fox (y el suyo propio); saltó de Fox al segurísimo triunfo de López Obrador. Erró el giro de trapecio por un pelo y lo vimos convertirse en el más malévolo de los paniaguados y “consejeros” de López. ¿Qué se puede hacer con eso? Una cosa y una sola: jalarle al excusado.

Para la nueva dirección del PRD nada sería mejor que distinguirse de las fuerzas oscuras que cubrieron de carpas Juárez y Reforma en el DF, de quienes privatizaron las aceras entregadas a sus ambulantes a cambio de carne para mitin, los que no pusieron a concurso público sus obras milmillonarias y todavía ahora esconden sus costos, los que apoyan a maestros que cierran calles para no ser evaluados y seguir heredando sus plazas como se heredan los títulos nobiliarios; los que coquetean con dictadorzuelos y narcoguerrillas, impidieron una reforma que permitiera explorar en busca de petróleo y establecer en México las refinerías que, no sólo extranjeras y privadas, además lejanas, nos venden casi la mitad de la gasolina.

Han lucrado esos tumores con vivienda para pobres, sus células malignas han vendido leche contaminada con mierda, aún pesan sobre ellas demandas por fraudes cometidos contra quienes entregaron sus ahorros por vivienda y llevan años esperando; demandas aún vivas contra el que pasó por encima de amparos ciudadanos y gritó: “¡Los jueces me hacen lo que el viento a Juárez!” Irse del PRD, no se irán porque los retiene el olor a cientos de millones de pesos del reparto.

Nada mejor que cortar ese tumor “legítimo”, entronizado en ceremonia de opereta y banda presidencial de papel crepé, esa excrecencia del paleo-PRI irrigada con sangre del lumpen más arribista, tan erróneamente tolerado por la izquierda como “compañeros de viaje”… que acabaron marcando el rumbo del viaje.

CORRUPCIÓN. Y nos enteramos de que hubo corrupción en la licitación del jet para el secretario de Gobernación. La hay en plena Interpol-México. Es la herencia del PRI que construyó su poder corporativo haciendo, a cambio, vista gorda ante las manos de líderes y funcionarios hundidas en dinero público, mientras pasaran lista en los mítines. Así nos educaron.

Los ecos de la Operación Limpieza

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

La detención de Noé Ramírez Mandujano, ex subprocurador contra la delincuencia organizada, sumada a los otros mandos de cuerpos de seguridad que están siendo investigados, algunos ya en calidad de detenidos, otros arraigados, confirma dos cosas: primero, el grado de penetración que logró el crimen organizado y la falta consecuente de controles al nivel de la responsabilidad asumida por esos mandos y, también, lo que constituye quizás el avance más notable en la lucha contra el crimen organizado en los últimos años: con traidores dentro de las filas gubernamentales nunca se podría avanzar sólidamente en esta batalla.

Pero no nos engañemos: no estamos hablando de ocho o diez hombres que se vendieron al narcotráfico. La penetración debe ir mucho más allá. Simplemente, según la información que se ha divulgado, existen varias nóminas de un mismo cártel manejadas por distintas personas: lo que se está descubriendo es una (o dos) de ellas.

Dicen que el pescado se pudre primero por la cabeza y, en ese sentido, estos golpes, más los que se sumen en los siguientes días, son muy positivos, pero si el narcotráfico logró comprar a algunos de los principales operadores nacionales, ¿por qué no puede hacer lo mismo con las autoridades locales, los jueces, así como grupos y organizaciones sociales, políticas o de medios? Eso es en realidad lo que está en juego con la Operación Limpieza. Será muy difícil quedarse solamente en estas detenciones y las autoridades tendrán que ir más allá. Y ya con los arraigos y las detenciones en marcha, debe venir una segunda etapa más seria: ampliar las indagatorias, pero hacerlo también con pruebas sólidas. Hasta ahora, las investigaciones realizadas han llevado a la detención de distintos implicados y se ha comenzado la cadena con testimonios de testigos protegidos que dieron datos sobre ciertos funcionarios y luego estos mismos fueron inculpando a otras autoridades. Existe un flujo de información en este sentido, de Estados Unidos, y también de nuestras fuentes, tanto civiles como militares.

Pero todo eso deberá plasmarse en datos duros. Es verdad que en algunos aspectos las pruebas serán difíciles de obtener: ni siquiera el dinero, se habla de cantidades astronómicas, podrá comprobarse en todos los casos que fue recibido, porque en muchos sentidos existe la posibilidad de colocarlo en otras manos o lavarlo. Sin embargo, deben existir pruebas que vayan más allá de los testigos protegidos. Eso resulta clave en todo esto, lo mismo que las confesiones que han realizado varios de los inculpados una vez arraigados. Porque la red tiene que ser más profunda.

En este sentido, una vez más, se debe estar atento a las estrategias de distracción que pudieran establecerse. Uno de los arraigados es Javier Herrera Valles, ex subsecretario de la SSP. Este señor comenzó a ser investigado desde varios meses atrás y fue separado de su cargo en la Secretaría, su hermano también está detenido, acusado de relaciones con el narcotráfico. Pero Herrera Valles, cuando comenzó a ser investigado, inició una larga campaña de denuncias contra otros funcionarios, para cubrir sus acusaciones y construir así una coartada funcional en caso de que, como ocurrió, fuera detenido. Lo grave es que, en muchos espacios, por más descabelladas que fueran sus declaraciones y acusaciones y aunque no mostrara prueba alguna de ellas, se citaba a Herrera Valles como una fuente irrefutable: con sus testimonios, jamás sustentados en nada que no fueran sus palabras, se han hecho desde reportajes hasta libros. Y ahora, ya detenido, algunos, incluidas organizaciones civiles de rostro cada vez más cuestionable, parecen medir con distinta vara su presunta traición con respecto a otros mandos de seguridad detenidos por los mismos delitos e involucrados por los mismos denunciantes. Y quieren convertir a un delincuente en un mártir, simplemente porque no pueden aceptar que la fuente de tanta información era producto de la corrupción y la desinformación del narcotráfico. No es nuevo: ya lo intentaron en el pasado las personas cercanas, por ejemplo, a Jesús Gutiérrez Rebollo. Fueron las pruebas duras, no las declaraciones, las que hundieron a aquel ex fiscal antidrogas. Lo mismo debería suceder ahora. Herrera Valles, además, ha designado como su abogada defensora a otro personaje ligado con algunas de las historias más oscuras de nuestro pasado reciente: Silvia Raquenel Villanueva, una mujer que ha sufrido cuatro atentados, que fue defensora de los principales personajes del cártel del Golfo durante años (se asegura que fue ella quien cobró la recompensa por la detención de Javier García Ábrego), luego apareció defendiendo a miembros del cártel de Sinaloa, siguió haciéndolo con personajes ligados a Los Zetas, toda su carrera la ha hecho en ese ambiente. ¿Por qué un hombre que se quería presentar como el denunciante incorrupto de la SSP eligió para defenderlo a una de las abogadas paradigmáticas en la defensa de conocidos narcotraficantes?

La Operación Limpieza, con todo lo que implica, apenas comienza, habrá que ver mucho y las autoridades, sobre todo la PGR, tendrán que trabajar ajustando sus investigaciones para que, cuando las mismas vayan a los juzgados, no se desvanezcan. Por lo pronto, es lo más importante que ha sucedido en la lucha contra el narcotráfico. Y no nos engañemos: este desmoronamiento de las redes de protección tiene un origen claro. Los golpes que recibieron los cárteles de los Beltrán Leyva (aliados a Los Zetas, los Arellano y Vicente Carrillo), por una parte, y el cártel de Sinaloa, a partir de la detención de Jesús Zambada por la otra, en los últimos meses. Los golpes los pusieron en el límite del enfrentamiento y todos comenzaron a denunciar a todos. Las cosas no se dan por sí solas, al menos no en ese ámbito.

Credibilidad comprometida

Ricardo Raphael
Analista Político
El Universal

Todos los días, decenas de jóvenes mexicanos son reclutados por las distintas bandas criminales. Encuentran en el negocio del narcotráfico oportunidades que ninguna otra empresa puede ofrecerles.

“La clave está en no equivocarse de bando”, me dice Pedro Antonio, un taxista de la ciudad de Torreón que entrevistara el pasado mes de agosto. A sus 21 años está casado y tiene un hijo. Afirma que su ingreso mensual no le alcanza. “Gano 6 mil pesos y me mato menos que si trabajara en una maquiladora”.

Su mujer le reclama porque los primos de ella, que “ya le entraron,” ganan 10 veces más. Alguno compró casa, otros juntaron lo suficiente para montar un negocio del otro lado de la frontera.

¿Qué detiene a Pedro Antonio ante las razones para “entrarle”? Le pregunto si no le tiene miedo al gobierno. El joven taxista me dedica una benévola sonrisa, sólo tan amplia como el tamaño de mi ingenuidad: “La clave está en no equivocarse de bando. Si sabes quién es el dueño de la policía, quién tiene conectes y palancas, ya la hiciste”.

¿Le crees al presidente Felipe Calderón? Pedro Antonio cambia de actitud y me mira como si fuese yo un extraterrestre: “Todos están metidos en el negocio”. Eso le repite frecuentemente su mujer y él también lo cree.

De nada sirve para contradecirlo la abusiva publicidad que nos receta a toda hora la Presidencia de la República. Ni la confiscación de droga, ni la detención de cientos de narcotraficantes han convencido a este joven sobre la sinceridad del gobierno en su batalla contra el crimen organizado.

El compromiso de las autoridades no es creíble. Para una mayoría, las autoridades del Estado mexicano se han convertido en un instrumento más con el que cuentan las bandas de narcotraficantes a la hora de controlar y extender sus territorios.

“El Chapo se pasea por aquí sin que nadie lo moleste”, me aseguró Pedro Antonio. Su información podría ser falsa, pero cómo refutarlo. A tres meses de aquella conversación se agotan los argumentos. El control que los cárteles sostienen sobre los altos mandos del Estado pareciera no tener límites.

Mientras recorría con él los linderos del río Nazas, justo frente a las colonias donde los narcos suelen refugiarse, Noé Ramírez Mandujano, segundo en el mando de la Procuraduría General de la República en la lucha contra el narcotráfico, recibía dinero del cártel del Pacífico.

Al tiempo en que este taxista me dedicó la más benévola de sus sonrisas, Ricardo Gutiérrez Vargas, responsable de los asuntos policiales de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), y cabeza de la Interpol en México, también era cómplice de las bandas criminales. Igual que Javier Herrera Valles, hasta muy recientemente cabeza de la Policía Federal Preventiva.

¿Todos están metidos en el negocio? Quizá no. Aún debe haber sinceridad en alguna parte, pero se hace cada vez más difícil distinguir entre los buenos y los malos funcionarios.

¿Cómo meter las manos al fuego por el procurador Eduardo Medina Mora si su segundo de a bordo era un empleado del cártel de Sinaloa? ¿Cómo hacerlo por el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, si los principales mandos de la Policía Federal Preventiva también han participado de la corrupción?

¿Cómo tomar la afirmación de Herrera Valles, ex coordinador de la Policía Federal, quien asegura que García Luna recibió fastuosos regalos de El Chapo?

Si Felipe Calderón va a continuar con esta guerra, necesita mucho más que discursos y campañas publicitarias para otorgarle credibilidad a su política de seguridad. La percepción que tienen los jóvenes como Pedro Antonio representa hoy la más grande de las derrotas del Presidente.

¡Vamos ganando la guerra!

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

El presidente Calderón se nota muy apesadumbrado de unos meses para acá. No parece el líder con la fuerza necesaria para mantener en alto la moral de la tropa y la sociedad en una guerra tan bárbara como la que se pelea en México. Por eso, pienso, será memorable la entrevista con el procurador Eduardo Medina Mora, publicada ayer a doble plana en El País.

Sin estridencia ni ingenuidad, el procurador consigue algo que parecía vedado al gobierno mexicano: fijar con claridad un discurso oficial.

Medina Mora expone con buenos recursos didácticos que el crimen organizado estaba tocando ya a las puertas del Estado, por lo que no había más opción que salir a enfrentarlo. Describe a grandes rasgos la estrategia. Asegura con cifras que “los niveles de violencia en México comparados con otros países (Colombia, El Salvador, Guatemala) no son tan desfavorables”. Detalla la dinámica del mercado de las drogas y las armas. Entonces realza la estadística benigna (decomisos, capturas, golpes a las organizaciones criminales) y razona el sentido de la perturbadora Operación Limpieza: “Hay infiltrados, pero no colapso institucional”.

Pertrechado en su diagnóstico, el procurador llega a los dos puntos esenciales. Uno, es imposible pactar con grupos tan afectados, deteriorados y fragmentados. Dos: “Se empieza a ver ya la luz. El narcotráfico está perdiendo fuerza. En su caída están teniendo y tendrán reacciones de violencia inusitada. La situación de normalidad empezará a verse no muy lejos en el tiempo, aunque la batalla completa para ganar esta guerra sin duda es de largo plazo”.

Ojalá. Por lo pronto, en plena Operación Limpieza, vaya nota arriesgarse a expresar lo que tanto regatea el Presidente: sí, ¡vamos ganando la guerra!

Nuestra hemiplejia democrática

Agustín Basave
abasave@prodigy.net.mx
Excélsior

Si la verdad tuviera domicilio, viviría en el centro, en la esquina de la avenida de la autocrítica con la calle de los matices. Y el que se mudara ahí habitaría en el albergue de los incomprendidos.

Hay quienes, por ignorancia o por malicia, confunden justo medio con mediocridad. Son ellos los mediocres: los que no entienden el radicalismo de la sensatez y la audacia de la cordura, se conforman con el blanco o el negro y sucumben al facilismo del prosélito seguro y enemigo inequívoco. No hay gesta más ardua y valiente que la búsqueda del equilibrio. Si la verdad tuviera domicilio, viviría en el centro, en la esquina de la avenida de la autocrítica con la calle de los matices. Y el que se mudara ahí empujado por una necesidad de aceptación no tardaría en percatarse de que, paradójicamente, habitaría en el albergue de los incomprendidos y los solitarios.

El mundo sigue pidiendo a gritos la elusiva síntesis de libertad y justicia. Y ninguna otra región la necesita como América Latina, que padece más que nadie los efectos del vuelo sin escalas del capitalismo salvaje al socialismo real, y del salto de la estadolatría a la soberanía del mercado y su casino global. El primer mundo equilibró a sus sociedades porque construyó el Estado de bienestar, y aunque mañana se arrepienta hoy puede darse el lujo de desmontarlo parcialmente. Acá tenemos que montarlo. Pero nosotros solemos confundir Estados fuertes con liderazgos fuertes y soslayar el hecho de que los caudillos merman a las instituciones: no pocas veces nos hemos liberado de dictaduras de derecha sólo para sustituirlas con providencialismos de izquierda. Estamos atrapados entre la mano invisible y la mano imprevisible.

La vertiente política de ese dilema es el epicentro de El poder y el delirio, el nuevo libro de Enrique Krauze (Tusquets, 2008). El actor es Hugo Chávez y el escenario Venezuela. Krauze señala a Chávez como la más reciente encarnación del caudillismo latinoamericano y la más inminente reencarnación de Fidel Castro. Le preocupa, con razón, la suerte de la democracia venezolana. Escalpelo en ristre, disecciona la psiqué y el estilo personal de gobernar del líder de la revolución bolivariana y llega a la conclusión de que es el peligroso germen del resurgimiento de la autocracia. Reivindica, también con razón, a opositores de centro izquierda como Américo Martín y Teodoro Petkoff (aunque le queda a deber a Pompeyo Márquez). Escudriña la historia de Venezuela en busca de un paradigma demócrata progresista, que encuentra en Rómulo Betancourt. Pide, una vez más con razón, el surgimiento de una socialdemocracia en Latinoamérica.

Comparto la cruzada democrática de Enrique. Hay, sin embargo, un punto en el que nuestros senderos se bifurcan. A mi juicio, la democracia empezó a beber a partir de los años ochenta una pócima que paraliza lentamente el lado izquierdo de su cuerpo. En cierto sentido, la sociedad abierta popperiana se ha ido cerrando poco a poco, reduciendo su menú ideológico a una sola sopa económica. ¿Qué le diría Ralf Dahrendorf al ciudadano de Varsovia sobre esa ausencia de alternativas? El precio que la democracia social europea tuvo que pagar para asistir al banquete de la modernidad era más que razonable: renunciar a la violencia y aceptar los principios del liberalismo político. Pero después se le exigió acatar a pie juntillas la nueva versión del liberalismo económico al grado de excluir cualquier heterodoxia. A la nueva derecha le faltó magnanimidad en la victoria y le sobró voracidad, perdió pragmatismo y se volvió casi tan dogmática como su vieja adversaria. Ante su acorralamiento, lamentablemente, buena parte de las izquierdas latinoamericanas reaccionaron atrincherándose en el pasado. Si la derechización provoca ya una resaca en Europa y Estados Unidos, la prevalencia del chip marxista y la miopía del establishment capitalista pueden generar un tsunami en nuestra América.

“Quién sólo conoce España no conoce España”, le dijo Hugh Thomas a Enrique Krauze. Yo digo que quien sólo escribe sobre Venezuela no escribe sobre Venezuela. El mensaje implícito de El poder y el delirio va dirigido, evidentemente, a los demás países donde sube la marea roja. Pero ojo: la agenda de una socialdemocracia latinoamericana no puede ser como la de la europea. Nuestras desigualdades nos obligan a priorizar una profunda reforma que permita construir una casa común con un piso de bienestar que impida la caída de los débiles, un techo de legalidad que detenga la fuga de los poderosos y cuatro paredes de inclusión que amparen la cohesión social y la gobernabilidad. De acuerdo, aunque no ha instaurado una dictadura, Hugo Chávez no representa a esa izquierda. Pero extender la descalificación a los esfuerzos de Rafael Correa en Ecuador, de Cristina Kirchner en Argentina o de Fernando Lugo en Paraguay por forjar en el marco de la democracia el justo medio entre el mercadocidio y la estadofobia es avalar el neodogmatismo y nuestra hemiplejia democrática. Y tengo que decirlo: discrepo tanto de la radicalización poselectoral de Andrés Manuel López Obrador como de la tesis de que si hubiera llegado a la Presidencia se habría convertido en otro Chávez.

El libro de Krauze es una provocación muy inteligente y muy bien escrita. Más allá del resultado de las elecciones de ayer, todos debemos darle la bienvenida a una obra de esas características. Especialmente la izquierda, nuestra izquierda democrática, a la que le urge un debate de altura para sacudirse su marasmo.

abasave@prodigy.net.mx

“Quién sólo conoce España no conoce España”, le dijo Hugh Thomas a Krauze. Yo digo que quien sólo escribe sobre Venezuela no escribe sobre Venezuela. El mensaje de El poder y el delirio va dirigido a la marea roja.

Chávez pierde en Caracas

AP / Excelsior

CARACAS.— Los aliados del presidente Hugo Chávez lograron la mayoría de las 22 gobernaciones que estaban en disputa en las elecciones regionales de ayer, pero la oposición venció en los dos estados más grandes y en la alcaldía metropolitana de Caracas.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) informó en su primer boletín, luego del escrutinio de 95.6% de las mesas de votación, que los candidatos oficialistas ganaron 17 gobernaciones, mientras que la oposición resultó vencedora en los estados de Zulia, Miranda que son los dos mayores del país— y Nueva Esparta, así como en la alcaldía de Caracas.

La presidenta del CNE, Tibisay Lucena, consideró exitoso el proceso al registrarse una asistencia a las urnas de 65.45%, la cual consideró como “la mayor participación que hemos tenido en los últimos años en una elección regional y local”.

Lucena indicó que los cómputos finales de otros cinco estados serán anunciados más adelante, porque los resultados estaban muy reñidos. Afirmó que las cifras serán comunicadas cuando los resultados sean “irreversibles”.

“No es una victoria de la oposición”, dijo el vicepresidente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Alberto Muller Rojas, al desestimar los triunfos de la oposición en Zulia y Miranda.

Señaló que el PSUV entregará un balance final de las elecciones luego de que el CNE informe los resultados sobre los estados Carabobo y Táchira, donde dijo que habría un “empate técnico”.

Según cifras preliminares, aunque los partidos de oposición avanzaron en varios de los estados más poblados, el electorado una vez más sustentó de manera masiva a los candidatos a gobernador apoyados por el mandatario venezolano, casi un año después de que Chávez sufrió su primer revés en las urnas.

Los venezolanos acudieron ayer a los centros de votación para elegir a 22 gobernadores, 330 alcaldes y 225 diputados locales.

Basado en el escrutinio en 20 de los 22 estados en disputa, el CNE señaló que los candidatos a gobernador respaldados por el jefe de Estado se habrían adjudicado 17 gobernaciones, en algunos casos por amplio margen.

De acuerdo con los resultados preliminares, los candidatos oficialistas ganaron menos gubernaturas que las obtenidas en los comicios regionales de octubre de 2004, cuando los partidos opositores sumaron dos gobernaciones.

Hasta ahora, la única gobernación que ha perdido la coalición que apoya a Chávez, de acuerdo con el primer boletín emitido por las autoridades electorales y en comparación con los comicios de 2004, corresponde al estado de Miranda, donde se impuso el dirigente opositor Henrique Capriles.

Estado en riesgo

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

No se pueden menospreciar los retos que enfrenta México hoy. A la crisis económica que afecta a todo el mundo, nosotros sumamos un problema de estabilidad del Estado de la mayor gravedad. La combinación de la amenaza del crimen organizado con el deterioro institucional producto de una transición inacabada pone en peligro al Estado mismo, nada menos. Equivocar el diagnóstico implica el riesgo de aplicar malos remedios.

Insistiré todo lo necesario en que el origen de nuestros problemas es la telaraña mental que acostumbra festejarse el 20 de noviembre. El régimen resultante de las guerras civiles que celebramos impidió el desarrollo de México en todo sentido, pero especialmente en la construcción de ciudadanía. Y aunque no creó el patrimonialismo, indudablemente llevó a la corrupción a un grado de legitimidad que hoy hace poco menos que imposible su control, ni siquiera imagine su desaparición.

Detrás del accidente aéreo que costó la vida a 15 personas, resulta que hay licitaciones mal hechas, licencias fraudulentas, vigilancia negligente; en la lucha contra el crimen organizado, la corrupción invade los órganos del Estado, federales y estatales. Pero nada de esto es nuevo, la corrupción sin límites viene desde la administración villista de Chihuahua, que controlaba casas de citas y burdeles; desde el mismísimo Obregón financiando con dinero público su siembra de garbanzo, Calles y Aarón Sáenz comprando ingenios. La corrupción elevaría su nivel con Alemán, sin duda, y se haría popular en los siguientes años, hasta convertirse en el eje de la acción política.

Si bien poder y dinero no han sido nunca enemigos, la concupiscencia que alcanzan en nuestro país es excepcional. La causa es fácil de identificar: no hay un sistema de reglas que lo impida. Por el contrario, las reglas informales del antiguo régimen dependían de esa infausta mezcla: el poder da dinero, y el dinero sirve para defenderse del poder.

Eso es lo que hoy pone en riesgo al Estado, y es resultado de un régimen nefasto y una transición cobarde. Porque imponer reglas hoy significa enfrentar a un tramado de intereses monumental, en el que no sólo hay políticos que viven de la corrupción, sino empresarios, sindicatos, universidades, centrales campesinas, ONG y lo que usted guste y mande. Sería inexplicable la extensión de crimen organizado sin empresarios que laven dinero, gobernadores que vendan territorios, fuerzas de seguridad que cuiden el negocio.

Sí. Sí perdimos el siglo XX. Sí podemos perder el actual. Quítese las telarañas y conviértase en un ciudadano. Deje de creer en los farsantes que inventan conspiraciones neoliberales para enarbolar un imposible regreso al pasado.