diciembre 01, 2008

SOS: un llamado de esperanza

Alejandro Martí
El Universal

A mi hijo Fernando

Han pasado ya más de tres meses de que esta nueva causa que da razón a mi vida comenzó. Han sido días de duelo, pero también de aprendizaje, de reflexión, de enfrentarme con información y conceptos, que antes de que me arrebataran a mi hijo me eran poco conocidos.

“Estado fallido”, confieso que el concepto me eriza la piel. Una situación donde la autoridad se disuelve y los preceptos básicos de la vida en sociedad se degradan a tal punto que entre nosotros reina el miedo y no la ley. Donde miras a la autoridad con desconfianza. Donde mentir, robar y hasta matar, son acciones que pocas veces tendrán un castigo acorde con la falta.

Cientos de delincuentes han hecho del crimen una empresa y de la vida una moneda de cambio. Imponen el terror y la fuerza, relevan al estado en sus funciones más elementales, como son cobrar impuestos y proteger nuestra integridad física y patrimonial. Nos tienen secuestrados a la mayoría de los mexicanos.

No podría decir con precisión cual es la magnitud del problema. Podría contentarme con mirar toda la realidad desde la perspectiva de la tragedia de mi familia y decir que todo ha fracasado. Pero no. Me resisto a pensar que México ha fallado. Me niego a darme por vencido. Este no es el México en el que crecí y no es el que quiero dejarle a los hijos que por fortuna aún tengo conmigo.

¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Qué serie de sucesos y decisiones provocaron esta crisis? ¿Queremos vivir así? Son infinitas las preguntas que podríamos hacernos y casi todas nos llevan a la misma conclusión: nosotros somos la causa, sí, pero somos también el remedio.

Una conclusión que por una parte es difícil de aceptar, porque es muy cómodo culpar a las autoridades, a los políticos o al vecino. Implica un ejercicio de consciencia crítica, revisar nuestra propia conducta y reconocer que hemos sido parte del problema, pero que podemos ser parte de la solución.

Personalmente pienso que no se trata de un asunto de predisposición cultural de los mexicanos, o que la corrupción y la impunidad estén en nuestra génesis. No es que seamos así por naturaleza.

El mismo mexicano que aquí en nuestro territorio se pasa los altos, da “mordida” y viola sistemáticamente la ley, se comporta de manera muy diferente cuando está en países donde la posibilidad de "salirse con la suya" es, no sólo menor sino escasa.

Su origen, su cultura, sus creencias, su naturaleza, no cambian. Sin embargo su conducta se modifica sensiblemente y obedece la ley. No es magia, es el resultado de coexistir en un Estado que cumple su función de estabilidad social.

Está en nosotros ser mejores.

Vivir en un sistema sin impunidad, donde la mayoría de los delitos sean castigados, donde las leyes y la justicia sean para todos, no es un anhelo imposible, es el proyecto clave que la sociedad mexicana necesita formularse y realizar para preservar su existencia. Así de simple y así de complejo. Estamos ante el desafío más grande del México moderno y no podemos caer en falsas disyuntivas. Tú y yo sabemos que no es una opción dejarle el país a los delincuentes. Somos más fuertes y grandes que los males que nos aquejan.

Si miramos el problema con ojo crítico, pero a la vez con sensatez y optimismo, claramente vemos un panorama complejo. Sin embargo, obrando en justicia debemos reconocer que hombres y mujeres de todos los partidos, gobiernos y sectores de la sociedad están genuinamente comprometidos con la causa de recuperar México.

A partir de hoy le restan 4 años al presente sexenio. Dentro de los próximos 100 días nos encontraremos en pleno proceso electoral. Es la hora de los ciudadanos.

Es una oportunidad para mantener nuestra demanda en la agenda, para aportar soluciones y propuestas con mayores posibilidades de éxito.

En SOS entendemos el momento y apoyamos el clamor de la sociedad. Usaremos nuestro poder ciudadano para construir una realidad con seguridad y justicia para todos.

Daremos apoyo y magnificaremos la voz de ciudadanos y organizaciones sociales especializadas en el tema de la seguridad, para que nos ayuden a comprender el problema, evaluar los resultados y tomar una decisión informada.

Seremos un foro abierto para todos los que quieran sumarse a esta causa y que estén dispuestos a compartir sus experiencias, aportar su esfuerzo y colaborar en la solución del problema.

Entregaremos toda nuestra fuerza a este proyecto y persistiremos hasta lograr que no haya ni un Fernando más. Súmate por la seguridad en www.mexicosos.org

3 aplausos; 5 tragos de agua

Katia D´Artigues
katia.katinka@gmail.com
Campos Elíseos
El Universal

Fox y su narcisimo

Sólo cinco tragos de agua tomó Felipe Calderón ayer en la lectura de su texto —una suerte de informe de gobierno revivido, pero sin latosos opositores— en el desayuno/festejo de un segundo año de gobierno terminado pese a todo, en el patio central de Palacio Nacional.

Que estaba “toda la República”, decía una amiga. Mmm, casi. Porque quienes brillaron por su ausencia fueron los perredistas. Tan sólo algunos —contenidos por mucha seguridad ¡hasta por soldados con Hummer viejas estacionadas en pleno Zócalo!— que gritaban afuera: “Espurio, espurio”. Eso sí, había de todo: líderes sindicales (Elba Esther Gordillo en mesa de primera fila, por así decirlo), empresarios (lo mismo Lorenzo Servitje que Roberto González Barrera), políticos, funcionarios, periodistas…

Pero volvamos a los tragos de agua. Que, me parece, vinieron en momentos significativos: cuando comenzó a hablar de economía y tocó el tema de los empleos; terminando de reafirmar su compromiso por terminar con el rezago de los más pobres. Un tercero cuando habló de la exclusión social en la que viven.

El cuarto fue cuando hizo énfasis en el reto generacional —por cierto, ya acuñó el término: que somos “la generación del bicentenario”— por cerrar la brecha entre ricos y pobres, hombres y naturaleza, pero con pluralidad (aquí el trago).

El quinto, al afirmar que ha habido “profundas transformaciones” (eso dijo) que “cambiarán el rostro de México”… y que se juntó con el primero y el único aplauso al discurso en sí (en eso sí han cambiado estos neoinformes presidenciales).

En la mesa 31 estaban los hijos del Presidente: María, Luis Felipe y Juan Pablo. Como todos en el área de sombra, pasaron frío. Más los niños con guayaberas blancas. Pero alguien les hizo llegar unos cobertores como de paño negro. Los niños, caballerosos, dejaron que María se tapara con uno y se turnaron el otro.

Fue un momento emotivo cuando, al final del discurso el Presidente agradeció a su esposa e hijos, el segundo aplauso del día. Ellos sonrieron. Juan Pablo saltó de su silla con los brazos extendidos y los tres hermanos se abrazaron.

El tercero fue ante la mención y el agradecimiento por estar ahí de Mari Geli Escalante, de negro riguroso, la viuda de Juan Camilo Mouriño, sentada significativamente en la mesa principal. También Mario Molina y su esposa, por cierto.

Fernando Gómez Mont reiteraba, antes de comenzar el evento que aspiraba a cumplir la máxima de Reyes Heroles: que el secretario de Gobernación se sienta… que no se vea. Suena bien, hace falta. Sólo que por lo menos ayer sí se veía mucho… por su vestuario. El único que no llevaba traje, aunque sí saco. ¿Será que también el secretario es daltónico, una cualidad que alguna vez presumía Onésimo Cepeda para la política? Es que su conjunto era azul marino, sus zapatos cafés y sus calcetines… verdosos.

Tan sólo cuatro mujeres y dos hombres mexicanos están en la lista de los 100 personajes iberoamericanos del año que publicó ayer El País Semanal: Carlos Slim, Lydia Cacho, Jorge Ramos, Julieta Venegas, Nubia Macías (la directora de la FIL de Guadalajara) e… ¡Isabel Miranda de Wallace! (por cierto, sabe que a esta última no la invitaron, siquiera, al evento de la evaluación/no-evaluación por los 100 días).

Hablando de la FIL y la cultura. ¿Dónde anda Sergio Vela? No se le vio en la inauguración de la feria del libro más importante de México el sábado… Ayer, tampoco en Palacio Nacional.

Mal le fue a Josefina Vázquez Mota en ella, por cierto. Un grito solitario en la inauguración le gritó “burra”, por aquello de su equivocación al nombrar el libro más famoso de Carlos Fuentes.

Por cierto, una propuesta hacía ayer un amigo para terminar con el absurdo hecho de que el premio Juan Rulfo de la FIL ya no se puede llamar así, por decisión de la familia del escritor, quien “registró” el nombre. Que le pongan Octavio Fuentes. O Carlos Paz. Que estamos en tiempo de sincretismo.

Gracias al Vaticano sabemos ahora que Fox era narcisista e histriónico. ¿A poco es algo nuevo?

Calderón y sus dos primeros años

Carlos Mota
Cubículo Estratégico
Milenio

Ayer, en Palacio Nacional no hubo fiesta. El desayuno convocado por el Presidente no fue precisamente un informe ni un lanzamiento de campanas al vuelo ni siquiera un relanzamiento de gobierno. Fue más bien un recordatorio de que, en medio de las dos gigantes crisis —la de inseguridad y la económica—, el gobierno sigue ahí. No se ha ido. No ha claudicado.

Eso podría ser suficiente buena noticia, dado el tamaño del reto. No obstante, el ánimo de la sociedad está en otra frecuencia: la gente quiere escuchar que la inseguridad no crecerá y que la crisis económica no pegará más. Por eso fueron breves los pocos aplausos que arrancó ayer el Presidente.

Gobernar hoy es sumamente complicado. Si no fuera así, los ejemplos que puso el Presidente sobre las numerosas carreteras construidas, los puertos como Punta Colonet o el gasto público que reparará masivamente las escuelas primarias —bardas, salones, etcétera—, habrían generado una inyección de esperanza.

Pero no. El desánimo está más presente que antes, en buena medida porque el equipo presidencial, al menos en materia económica, no parece tener el amplio respaldo del sector empresarial. ¿A qué me refiero? A que los empresarios no se la están jugando con el Presidente. Más bien están dubitativos de los riesgos empresariales que debieran tomar, como consecuencia de la inseguridad y de la crisis económica.

El equipo económico y el Presidente están solos. Se nota. Este gobierno no parece tener en este momento amplias alianzas entre empresarios que quieran inyectar liderazgo —y recursos— a la actividad económica (ahí está el desastre en telecomunicaciones, por citar un ejemplo). El resultado es un programa económico que podemos aplaudir, pero que no ha generado que los grandes empresarios se vuelquen en este momento a apoyar al gobierno.

Por ello urge que el Presidente se alíe con el sector empresarial. Los empresarios tienen recursos, pero carecen de liderazgo. La razón es sencilla: si no se democratiza el acceso a las oportunidades de negocio en el país durante los siguientes dos años, difícilmente se podrá restablecer el orden social que nos permita construir riqueza y evitar una crisis social en el siguiente lustro.

Ramírez Mandujano, desertor de la Marina-Armada

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Noé Ramírez Mandujano, el ex subprocurador contra la delincuencia organizada, arraigado desde el 20 de noviembre pasado, acusado de proporcionar información de seguridad al cártel de los Beltrán Leyva, era un desertor de la Marina-Armada de México. Había abandonado sin aviso alguno la institución militar en 1994, luego de haber sido incorporado al área judicial donde permaneció durante cuatro años con categoría de oficial. Fue capitán. Desertó de la institución, lo cual implica un delito que debe ser sancionado por la justicia militar naval y, dos años después, en 1996, reapareció en la PGR, donde hizo una carrera de 14 años hasta su renuncia a la SIEDO el 31 de julio y su posterior detención en noviembre pasado.

¿Cómo puede un hombre que ha desertado de la Armada de México, donde tiene abierto aún un expediente por el delito de deserción, incorporarse a la Procuraduría, hacer carrera en ella y terminar como subsecretario para combatir a la delincuencia organizada? Fue después de la detención, revisando antiguos expedientes en la Secretaría de la Marina, que se tuvo acceso a esa información, que Ramírez Mandujano nunca había incorporado a su currícula. En los hechos, ese delito de deserción lo hubiera inhabilitado para incorporarse a la Procuraduría y muchos más para ser subprocurador de la República. En término de valores, además, no es difícil considerar que quien ha traicionado una vez, lo vuelve a repetir.

¿Por qué pueden ocurrir este tipo de hechos? Sólo hay dos razones posibles: por alguna forma de corrupción en la estructura de la dependencia que permitió que un funcionario durante 14 años realizara carrera en la institución, pero ello puede hacerse realidad porque no contamos, como se reconoció en la reunión del Consejo Nacional de Seguridad Pública del viernes 28 de noviembre, con un sistema de información que pueda cruzar todos los datos de todos los funcionarios, de todos los policías, de todos los delincuentes, de todos los que han sido juzgados o han cometido un delito, para poder saber realmente si pueden o no ocupar una posición pública de responsabilidad en el Estado mexicano, con mayor razón aún en las áreas de seguridad. Noé Ramírez Mandujano, por el tipo de delito cometido y la forma en que lo ocultó todos estos años, evidentemente no hubiera estado habilitado para ello.

La historia se repite una y otra vez. Un ex jefe de policía de una de las ciudades más importantes en el norte del país, participó en un secuestro, fue detenido y procesado por ello unos años antes de asumir esa responsabilidad. Esa ciudad, durante su gestión como jefe de la policía, se convirtió en un refugio del narcotráfico. ¿Nadie pudo investigar antecedentes previamente a encargarle la responsabilidad de la policía local? El esposo de otra importante funcionaria de seguridad, en otro estado, ha sido acusado de relaciones con el narcotráfico y se le acusa de ser el jefe de prensa de uno de los cárteles locales. ¿No invalidaría eso la posibilidad de que ejerza ese cargo? Ahí está el caso de Nahum Acosta, aquel director de giras de la Presidencia de la República durante la administración de Vicente Fox (por cierto, se esté o no de acuerdo con el desempeño del ex presidente, es muy bajo explotar aspectos no verificables de su vida privada con base en documentación que tampoco puede ser convalidada) resultó que no tenía visa de Estados Unidos desde 1996, y no la tenía pues ese país se la había negado porque habían aparecido credenciales de agente migratorio, firmadas por él, para Amado Carrillo, durante su paso por la delegación Torreón del INM. Estados Unidos lo informó luego de que fue detenido, acusado de proporcionar información a los Beltrán Leyva. Posteriormente, Acosta fue declarado inocente porque el juez no aceptó como válidas las grabaciones de las pláticas del ex funcionario con Arturo Beltrán Leyva.

Los ejemplos pueden continuar, pero el de Ramírez Mandujano es quizás el más evidente: no se podrá avanzar seriamente en la lucha contra la delincuencia, sobre todo la organizada, si no existe un sistema, una base de datos, lo suficientemente amplia que obligue a todas las dependencias a entregar toda la información acumulada a lo largo de los años sobre policías, funcionarios, delincuentes, antecedentes penales e incluso, como se ha dicho, propiedad de automóviles o bienes raíces (además de teléfonos, sobre todo celulares, incluida la posibilidad de establecer una eficiente geolocalización de éstos). Ningún Estado puede combatir eficientemente la delincuencia sin esos instrumentos: a partir de la información es como se puede generar inteligencia y ese será el instrumento para poder actuar adecuadamente. Hoy tenemos mucha información en demasiados ámbitos que no es cruzada ni compartida, en ocasiones porque no existen los instrumentos destinados a hacerlo y en otras porque no hay confianza suficiente para ello. Y en esos espacios penetra la corrupción.

Otro ejemplo: en temas de lavado de dinero, durante meses, la información acerca de movimientos sospechosos que se generaba sobre distintas cuentas financieras se entregaba a la SIEDO, que dirigía Ramírez Mandujano. Por las razones que fuera, no había resultados. Desde el 31 de julio pasado, cuando ése y otros funcionarios dejaron la Subprocuraduría, se ha logrado recuperar más de dos mil 200 millones de pesos: simplemente cruzando información y actuando oportunamente.

El secreto está en tener información concentrada, amplia y oportuna. Y las entidades federativas y las instituciones deben estar obligadas a proporcionarla y el Estado a verificar la confianza en todos sus funcionarios. Sólo de esa forma un desertor de las instituciones militares del país no podrá convertirse años después en un altísimo funcionario de seguridad.

Quedan 4

Leonardo Curzio
Analista político
El Universal

En los primeros dos años de gobierno el presidente Calderón optó por restaurar la gobernabilidad funcional del país. En estos 24 meses se han logrado pactar reformas importantes con un elevado nivel de consenso entre las tres principales fuerzas políticas. No es asunto menor y me parece que salvo quienes le niegan el pan y la sal a este gobierno, una lectura serena no puede omitir esto. Tampoco se puede regatear el hecho de que siguiendo el viejo estilo revolucionario, que tanto gusta a nuestra clase política, el Presidente haya decidido impulsar una política exterior de bajo perfil con muchos acentos retóricos latinoamericanistas y pocas apuestas.

El modelo de concertación ha sido útil para mitigar el nivel de polarización que se arrastraba desde el desafuero de AMLO. Una buena parte de la polarización social ha venido remitiendo, pero no se ha cerrado del todo ese capítulo y tal vez no sea vano que como gesto simbólico se entonase una autocrítica y se cerrara en definitiva ese proceso. AMLO no ha podido demostrar que él ganó las elecciones (ni su más acérrimo partidario ha visto sus conteos rápidos ni sus encuestas de 10 puntos arriba) pero sí puede seguir jugando a la víctima en los márgenes del sistema porque nadie pueda negar que lo querían sacar a la mala.

Atemperar su agravio puede ser benéfico para todos y sería un acto de justicia tardío, pero no inútil, para dejar atrás viejas broncas y encarar dos nuevos desafíos que requieren de un sólido apoyo de todos los demócratas.

El primero, que no estoy seguro que la clase política quiera iniciar, pero que no tengo duda de que urge es la reforma administrativa del Estado. Merino lo llamaba en estas páginas “las tuberías”. Cada día me asombro más de la incompetencia del gobierno como aparato administrativo. Olvidemos la política y constatemos que las aduanas son de risa, que los sistemas de los registros civiles y de la propiedad son en muchos casos una vergüenza. No tenemos registros confiables de nada, ni de las placas de los coches, vamos. Tenemos un Estado que es incapaz de fiscalizar el dinero con el que se corrompe a sus propios funcionarios. Los millones de dólares pasan ante la vista gorda o la ceguera de quienes los deberían detener. La base de la profesionalización del Estado es tan o más importante que cualquier proyecto de infraestructura. El Estado chino era más poderoso por su aparato gubernamental (que garantiza el control) que por su muralla. En México no se controla ni la tripulación de las aeronaves ejecutivas. Una gran cruzada de reforma administrativa es urgente.

El segundo es igualmente pesado, y es lanzar toda la fuerza del Estado (la que le queda o la que vaya recuperando con la legitimidad que una cruzada así le daría) contra la estructura política que protege al crimen. Yo creo que ya está claro que las policías están penetradas, es hora de destapar también a quienes las protegen. Me parece que el Presidente debe seguir apoyando con el despliegue del Ejército en ciertas zonas pero este apoyo debe darse con la petición de licencia correspondiente de las autoridades locales (presidentes municipales y gobernadores).

No me parece sano que el Ejército se estacione en una región y los gobernadores sigan tan campantes en sus cargos. El sistema político regional debe empezar a pagar los costos de no hacer nada durante años y la Federación debe empezar a desmantelar la red de protección política. El Presidente sabe muy bien que si no se faja los pantalones, la democracia mexicana no solamente puede tener una regresión autoritaria por la restauración del priísmo, puede derivar hacia un sistema político parcialmente controlado por el crimen organizado.

Los mediocres se lamentan

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Las teorías de la conspiración proliferan a la sombra de una cultura adicta a la sospecha. No se limitan, por lo tanto, al mero ámbito de la política sino que florecen en todos los espacios de la vida nacional. Y así, la última conjura ha tenido lugar en el mundo del futbol.

Resulta, por si no se han enterado, que los mandamases de la Concacaf celebraron hace poco un sorteo para definir los calendarios del torneo hexagonal que México deberá disputar para asegurarse una plaza en el Mundial de Suráfrica. Una vez conocidos los resultados y sabido, también, que un periodista los había presuntamente revelado antes siquiera de que se realizara la lotería, muchas personas del medio deportivo —analistas, informadores y gacetilleros de todo pelaje— llegaron a la conclusión de que la rifa había estado amañada, es decir, que las fechas y lugares de los enfrentamientos perjudicaban, por alguna extraña razón, a México.

Muy bien. Todos sabemos que lo pernicioso puede ser identificado a las primeras de cambio sin necesidad de mayores elucubraciones: un terremoto es dañino y las guerras son una auténtica calamidad. Pero, las fechas de un torneo de futbol ¿de qué manera son perjudiciales? Pues, depende de la valoración que se haga de cada equipo: si México fuera, digamos, el “gigante de Concacaf”, entonces daría exactamente lo mismo contra quién jugara, cuándo y dónde. Pareciera, sin embargo, que los adeptos a la tesis del complot no le tienen fe alguna a la Selección. Piensan que no le puede ganar el primer partido a los USA en el territorio de los USA y que, a partir de ahí, las cosas se van a complicar. Es decir, creen que México no puede hacer simplemente su trabajo. Creen que no puede. Creen que no está a la altura. Luego entonces, cualquier adversidad que se atraviese en el camino no será una mera circunstancia, parte consustancial al hecho de jugar contra un adversario, sino… una conspiración. La mediocridad de miras que implica parecido razonamiento me parece absolutamente delirante. Qué vergüenza.

Terrenos de una derrota

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

Hay situaciones en la vida que marcan un punto de no regreso. Volver a donde se estaba antes de emprender la lucha, representa no solamente claudicar. Es la derrota moral de una pretensión que no se alcanza por incapacidad, cobardía, ignorancia o simple estupidez. Me refiero —claro— al momento que enfrenta México. Tiempos de definición. Deseo de legalidad, respeto, transparencia, honestidad, justicia y búsqueda por un bienestar general. En las democracias, el bien social busca un suelo parejo. De otra suerte se torna en privilegio… y eso es para unos cuantos. Esos “unos cuantos” no son ciudadanos. Son cómplices de una forma de operar, muy lejana a los dictados del ciudadano.

El problema se reduce a entender si existen los aludidos “dictados de la población”… es decir, si la sociedad tiene deseos reales por llegar a algún lado. Si muestra voluntad, estrategia, ruta, velocidad y sentido de sus pretensiones más sensibles. Cuando no existe ese consenso, el deseo general se diluye por la sencilla razón de que es mudo. No tiene voz y al no haber peticiones audibles, se vuelven —en el mejor de los casos— interpretativas de los gobiernos. Yo “sistema” lucho por lo que “creo” quiere la sociedad. Aunque no quiera nada.

Aquí cobra sentido la opinión pública. La denuncia pública. La protesta pública. La exigencia pública.

Poco a poco vemos cómo, nuestra sociedad va ganando un camino hacia la mayoría de edad. Aunque entendemos que sigue habiendo mexicanos que desean que todas las respuestas emanen del gobierno. Presidente, Gobernador, jefe o similar. La buena nueva es que finalmente ha nacido la voz del ciudadano. Del mexicano, que pide un alto a todos, para que se escuche su voz. “Si no pueden, renuncien” fue el reclamo. Me pregunto que pasaría el día que se llegara a entender que nadie puede. ¿Habría que dejar miles de puestos vacantes, ocupados hoy por incapaces? Es claro que estamos ante un proceso evolutivo. Nunca esperamos que México cambiara en 100 días. Sería tonto. Pero sí intuimos que se puede iniciar el recorrido de un sendero al cambio, dictado por la sociedad consciente. Lo que no podría ser, es que todo se olvidara, para “hacer de cuenta” que aquí no ha pasado nada.

Hay voces en el sector político que piden a gritos una vuelta a la discrecionalidad en la que vivíamos. “Fingir que estamos regidos por un marco de derecho”. Aparentar —otra vez— la aplicación de la justicia… ¡sin adjetivos! Pretender regresar al “aquí no ha pasado nada” como solución inmediata a tanta inestabilidad. ¿Pero qué necesidad? ¿Para qué tanto problema? La lucha contra un monstruo de mil cabezas, pudiera representar la encarnación de una pelea… técnicamente perdida de principio.

He tenido acceso al estado que guarda nuestra lucha contra la delincuencia y narcotráfico. Estoy empapado de las principales incertidumbres, miedos y riesgos reales. Bajar la guardia de esta pelea, será igual a renunciar a México. Equivalente a cancelar la vía institucional, intentando no reparar en los defectos con que funciona. Dicho de otra manera. Ya se desató el demonio contenido, ahora hay que matarlo. Antes de que él nos elimine primero.

Esto que les voy a decir es fuerte, pero no renunciaré a decirlo. Si esta guerra la perdemos, no tengan la menor duda que el próximo Presidente será colocado en la silla, por la fuerza, inercia, influencia y presencia del narcotráfico. En ese momento, ténganlo por seguro, habremos perdido todo. País, paz, bienestar y futuro. Terrenos de una derrota que me niego a conocer.

Se acabó el tiempo

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

La llegada de Fernando Gómez Mont a Gobernación permitió que varios analistas discutieran acerca de las deficiencias estructurales de la secretaría. Más aún, ya hay un par de iniciativas en el Senado que buscan corregirlas.

Por otra parte, las dos sesiones del Consejo de Seguridad Pública que se refieren como el acuerdo de cien días han permitido hacer evidente que hay también fallas estructurales que impiden que el Estado provea seguridad a la sociedad. Podemos sumarle a esto un problema que seguimos sin querer ver: el Estado no recauda lo suficiente, y la fuente de recursos que permitió sobrevivir 30 años a esta situación, Cantarell, dejará de cubrir el faltante en los próximos 18 meses.

Podríamos pensar que se trata de problemas separados, como lo hemos hecho hasta ahora, y seguir buscando soluciones parciales: iniciativas para Gobernación, acuerdos para seguridad, malabares para las finanzas públicas. Pero también podríamos ver estas fallas como reflejos de un problema más amplio, y en consecuencia buscar una solución para éste.

Hace treinta años, México era gobernado por un régimen en decadencia. Para 1978, era ya evidente el fracaso social en los cinturones de miseria alrededor de las grandes ciudades, especialmente el Distrito Federal; eran también visibles las deficiencias políticas, apenas distendidas el año anterior con una reforma aperturista pero extremadamente limitada; y la incapacidad económica ya nos había llevado a la primera gran crisis, al cambio de sexenio.

Pero en ese año, por primera vez, se obtuvieron más de mil millones de dólares por exportación de petróleo, y a partir del siguiente vendría la abundancia, que multiplicaría por 15 este valor para 1982.

Cantarell permitió que los mexicanos viviésemos treinta años sin enfrentar a fondo nuestras deficiencias. Se desmoronó el régimen de la Revolución en 1997, pero no había urgencia por construir nada en su lugar, y hemos arrastrado, once años más, estructuras políticas totalmente inútiles.

Hoy, el poder presidencial, eje del antiguo régimen, ya no existe, y ha sido sustituido por una multiplicidad de poderes, cada uno de ellos una miniatura del arbitrario presidente de aquellos tiempos. Por eso la secretaría de Gobernación no puede funcionar, y por eso no podemos enfrentar a la delincuencia.

Un gobernador puede promocionar su imagen y ganar elecciones para su partido en otras entidades sin que tengamos herramientas para limitarlo. Otro más puede dar carta abierta al crimen organizado sin que nadie pueda evitarlo. A un régimen autoritario le sigue ahora la feudalización.

Pero no hay poder político sin dinero, y no habrá dinero sin Cantarell. El año del centenario parece que será el momento de enfrentar la historia. Veremos.

Te estoy hablando, inútil

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Los ciudadanos elegimos a nuestras autoridades para depositar en ellas el monopolio de la fuerza legítima del Estado, que incluye, esencialmente, el combate al crimen. Y ningún crimen nos afecta como el secuestro, el robo y el homicidio. En cuanto al narcotráfico, muchos planteamos que su combate pasa por la despenalización del consumo, porque un adulto tiene derecho a usar y abusar de su cuerpo, y porque sólo se afecta a sí mismo. Pero los mejores resultados se han dado en combatir lo que mucha gente usa.

Nuestras autoridades parecen no entender que la efectividad de la policía pasa por la técnica y la ciencia forense. La policía debe ser honesta, eso se da por descontado. Pero lo que vemos en México es una ineptitud de abrumadora enormidad: no saben hacer nada. Los policías no saben (lo han declarado en tv) ni siquiera cuándo pueden disparar contra un ladrón armado. Nuestras autoridades no han logrado crear un sistema nacional de información que dé seguimiento al policía despedido en una corporación, así que es recontratado en otra, cuando no lo acoge la banda a la que estuvo brindando protección. Si tan urgente sistema lo va a diseñar y a operar una organización civil con fondos internacionales, ¿para qué seguimos pagando autoridades inútiles?

No es asunto únicamente de honestidad y ética, aunque también lo es. Antes que nada es de eficacia, y eficacia es técnica asociada a la ciencia. ¿Es tan difícil de entender? ¿No ven series policiacas televisivas en las que un cabello en la alfombra lleva a descubrir, detener y sentenciar al homicida?

Los ciudadanos debemos participar, sin duda; pero en el mundo entero la participación ciudadana consiste en denunciar, no en investigar, poner carteles con la foto del hijo secuestrado y espiar a sus posibles secuestradores, como han hecho personas ejemplares en México. Denunciar todo delito es un primer paso, pero enseguida nos asalta la duda: ¿no estaremos denunciando el secuestro a los secuestradores?, ¿el robo a los ladrones? Ya ocurrió en el DF en los pejetiempos: los secuestradores eran policías que operaban desde sus oficinas del GDF. Se nos dice que desde las mismísimas cárceles se hace la mayor parte de las llamadas amenazantes del secuestro real o fingido. Hay solución técnica para evitar la salida de cualquier llamada hecha desde un celular… ¿y? No han podido ni con eso.

Denunciemos, sí. Pero ¿en cuántas agencias del Ministerio Público nos toman declaración que se inscribe en una computadora, que va a un banco de datos, que va a un sistema nacional, que entra a una red de seguimiento? Eso no lo podemos remediar los ciudadanos, es labor de las autoridades, para eso las elegimos y, sobre todo, para eso les pagamos. “Y… ¿cómo quiere que lo encontremos si no me da el nombre y la dirección de su asaltante?” Esto, dicho con voz soñolienta, ante una vieja máquina de escribir lo hemos oído con incredulidad muchos. ¿Y no pueden ir al lugar de los hechos a buscar pistas?, replicamos, sólo para oír: “Nel… ¿ahí qué vamos a buscar?” Contratan retrasados mentales para labores no propias de gente “con capacidades diferentes”, como ahora se estila decir para no ofender a nadie. Si los ciudadanos supiéramos qué buscar lo habríamos hecho. ¿Y qué pagamos entonces con nuestros impuestos?

Electricidad, gas, teléfono y tv se pagan a las compañías privadas o al monopolio de gobierno del caso; agua, recolección de basura y vigilancia se paga en muchas colonias a una asociación de colonos, privada, civil. ¿Qué pagan nuestros impuestos?

Lo peor es que tenemos al enemigo en casa: nuestras áreas de humanidades enseñan que a los delincuentes los hacemos nosotros, como respondieron, airados, en tv los jóvenes de una universidad privada. Y es la postura de mucha gente bienpensante que cosecha aplausos en cuanto suelta ese disparate. Aunque la moda educativa receta que no debe reprimirse al niño que desee corretear en un restorán (y algunos rogamos que se eche encima la sopa hirviendo que lleva el mesero con quien tropieza), no por eso todos se vuelven secuestradores ni narcos. Hay elección individual, la vieja y demodé responsabilidad personal.

El sobado pretexto de los recursos limitados cae por tierra cuando se nos informa de estados que llevan ejercido el 10 por ciento del presupuesto asignado a seguridad. Está claro: tienen dinero, pero no saben qué hacer con él. Y ocurre en todos los colores y partidos.

AMLO, Ebrard y Televisa

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Mientras López Obrador convoca a otro mitin frente a Televisa para protestar porque ya sale muy poco en la tele, hay políticos que se pasan horas en la pantalla del Canal de las Estrellas.

La nueva figura de Chapultepec 18 se llama Marcelo Ebrard Casaubón.

“Eso sí calienta”, decía Andrés Manuel López Obrador en sus tiempos de jefe de Gobierno, cuando una pregunta no le gustaba. Y la pregunta no aparecía en la televisión. Mucho menos sus tartamudeos cuando se enredaba en las respuestas.

Claro, en esa época Televisa era “una gran empresa”, “plural”, donde “hay buenos amigos”, a la que elogiaba y hasta le sirvió de maestro de ceremonias en alguno de sus eventos deportivos.

Ahora las cosas son distintas: él dejó de ser el personaje público número uno del Distrito Federal, por la evidente razón de que ya no gobierna la ciudad, y cree que Televisa cambió.

Pero Televisa es la misma de siempre.

Él no lo ve así y arremete contra esa empresa. Duro contra los que “engañan a México” y “envenenan con mentiras”.

Bueno, el caso es que mientras AMLO hierve de enojo a las puertas de Televisa, adentro, en la cocina de la empresa, está su sucesor en la Jefatura de Gobierno y compañero de partido, Marcelo Ebrard.

Dos días con un par de horas al aire en el principal canal de la televisión mexicana, no son poca cosa.

Alguna gracia debe tener Ebrard como para que le den ese espacio.

Seguramente tiene la misma gracia que tenía López Obrador cuando Televisa le mandaba un comediante a las conferencias de prensa matutinas.

Ese personaje le cantaba Las Mañanitas en su cumpleaños, le regalaba manzanas, le echaba flores, y los actos de cortesanía eran transmitidos en el noticiero que conducía Brozo.

El enviado de Televisa interrumpía a los reporteros cuando le hacían preguntas embarazosas al jefe de Gobierno, y le pedía que explicara quién era el “chupacabras”, para que AMLO se despachara con burlas hacia sus oponentes políticos.

Alguna gracia debía tener López Obrador para que le mandaran a la secretaria de Brozo, la despampanante Isabel Madow, a darle un besito en la mejilla de vez en cuando, y ese beso pasaba a todo el país.

López Obrador se dejó seducir. Le encantaba. Y ahora truena contra esa empresa y convoca a mítines para insultarla.

¿De veras creyó que salía en esas escenas debido a un carisma arrebatador?

Si eso pensaba, debe asumir que ha perdido sex appeal.

El que ahora está en las nubes es Ebrard. Ni modo. Así es la tele.

Ebrard debutó la semana anterior en el Canal de las Estrellas, por la mañana, en el Parque México, donde fue recibido por la conductora Andrea Legarreta:

“Estamos con nuestro jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard”. (Voltea hacia donde está el público) “¡Un aplauso para Marcelo!”

Luego interviene Ernesto Laguardia y se dirige hacia el jefe de Gobierno: “Llegaste ¡y cómo te quiere la gente! Estaban aquí felices (El público ovaciona a Ebrard)”.

En otro momento, ya en la cocina de Televisa, Galilea Montijo dice que “ya estamos con el chefcito. Bienvenido. Pero déjame, le pregunto a Marcelo: ¿Te gusta la cocina?”

Ebrard contesta con su peculiar agudeza: “No sé mucho de cocina, pero me encanta”.

Más adelante el chefcito le enseña a Ebrard a hacer galletas: “Esto lo vamos a llevar al horno por 15 minutos a 180º; cualquier cosa que tenga azúcar va a 180º al horno”.

Ebrard: “No lo sabía, ya aprendí eso”.

Y así se pasa el tiempo con Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno de una ciudad que casi no tiene problemas, en días de semana, horario de trabajo, agasajado por sus anfitriones de Televisa: Andrea Legarreta, Gloria Trevi, Galilea Montijo, Anette Cuburu… ¿Quién dijo que no hay cariño?

Pero como la televisión no vive del aire, Andrea Legarreta manda a una cápsula. ¿De quién?

Dice: “Vamos a irnos a una cápsula, precisamente de nuestro gobierno. Algo que me encantó es que estaba leyendo en todas las proclamas de salud que también hay su dotación de Viagra, señor, si usted es un adulto de la tercera edad. ¡Bien, Marcelo!”

Cuentas

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Pobres cuentas entregaron los obligados por el acuerdo nacional de seguridad, pero cuentas al fin.

El logro mayor de los primeros cien días puede considerarse la reducción de los secuestros. Impresionantes cifras: 184 rehenes liberados, 272 secuestradores presos y 53 bandas desarticuladas ¡53! Uno se pregunta cuántas bandas quedan, pues una vez detenidas esas 53 y liberados esos 184, el secuestro no hizo sino descender en 18%, de un promedio de 3.02 secuestros diarios a uno de 2.4.

Quizá la nota peor de la jornada fue que los obligados por el acuerdo cumplieron sólo cinco de los diez compromisos que habían contraído para los primeros cien días.

El incumplimiento de mayor peso es quizá atribuible al Congreso de la Unión, que no aprobó las leyes en la materia de su competencia.

Y la descripción más precisa del estado de cosas prevaleciente fue la del secretario de Gobernación, quien dijo que mientras exista una ciudadanía temerosa de realizar sus actividades cotidianas, no se puede hablar de avances en materia de seguridad.

“No debemos destacar logros hasta que México cuente con policías y ministerios públicos de probada honestidad en los tres órdenes de gobierno”, dijo el secretario. Un camino largo, pues según el presidente Calderón no es confiable 49% de los policías que hay en el país.

Llamó mi atención el informe del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad en el sentido de que “la sensación de seguridad no siempre responde a la inseguridad real. El impacto que tienen noticias ocurridas en otras entidades cuenta mucho en esta sensación”.

Es decir, que los medios aumentan el sentimiento de inseguridad de los ciudadanos. ¿Es el precio que hay que pagar por la libertad y la obligación de informar de los medios? Probablemente sí, pero hay algo que pensar con seriedad en ese efecto no buscado de amedrentar a la ciudadanía al tiempo que se la informa.

Para mí, el hecho fundamental de la reunión es que se hayan hecho cuentas con tema y plazo fijo. La decisión de hacer la siguiente reunión dentro de seis meses y no dentro de otros cien días, revela que los obligados por el acuerdo quieren plazos más cómodos, quizá más razonables, pero que no traducen el sentido de urgencia de la materia que tienen entre manos.

La seguridad es una papa caliente. Nadie quiere hablar demasiado de ella, ni tenerla mucho tiempo en sus manos. Es la enfermedad mayor de nuestra vida pública y, en proporción a su importancia, la menos atendida.

Cota: Lo inviable no es el régimen presidencial, sino el régimen presidencial con tres partidos.

La violencia contra mujeres no debe continuar

María Elena Álvarez de Vicencio
malvarezb@diputadospan.org.mx
La Crónica de Hoy

El pasado 25 de noviembre en todo el mundo se conmemoró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La idea de celebrar esta fecha surgió de Noellen Hayzer, directora ejecutiva de UNIFEM, ya que un día como ese ocurrió el asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, mujeres dominicanas que lucharon por la libertad política de su país y se opusieron al régimen de Rafael Leónidas Trujillo. Por estos motivos, el 5 de noviembre de 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, mediante una resolución, la propuesta de Hayzer.

La violencia contra las mujeres tiene profundas raíces y es producto de la cultura patriarcal que prevalece en casi todos los países. Su eliminación es uno de los más importantes desafíos de nuestra época, ya que la violencia de la vida pública tiene sus orígenes en la violencia familiar.

Se pueden identificar cuatro tipos de violencia de género: física, emocional, sexual y económica.

La violencia física se refiere a todo acto de agresión intencional a alguna parte del cuerpo de la mujer. La sexual se entiende como toda forma de conducta, ya sean actos u omisiones, ocasionales o reiteradas, cuyas formas de expresión incluyen inducir a la realización de prácticas sexuales no deseadas por la mujer. La emocional o psicológica se refiere a aquellas formas de agresión frecuentes que no inciden directamente en el cuerpo de la mujer, pero sí en su psique, como insultos, amenazas y humillaciones, entre otras. La económica se refiere a aquellas formas de agresión que el hombre puede ejercer sobre la mujer con el fin de controlar tanto el flujo como la forma en que se gastan los ingresos.

La violencia no aparece de un día para otro, se construye poco a poco, son actos que van de lo tenue y sutil a lo ofensivo y grave; una mujer que de niña fue insultada o maltratada tiene doble riesgo de padecer en su vida adulta violencia por parte de su pareja.

En México, la mitad de las mujeres sufren de violencia de algún tipo, el 15% de las mujeres agredidas requieren de atención médica y en el Presupuesto federal se destinan anualmente cerca de dos mil millones de pesos para atender a los cientos de miles de mujeres que sufren de violencia. Estos recursos podrían asignarse al desarrollo de nuestro país.

En nuestro país el 40% de los asesinatos de mujeres suceden en su propio hogar, en un estudio realizado de enero de 2007 a junio de 2008, denominado “Una mirada al feminicidio” aplicado en 13 de los 32 estados de la República, se registraron 1,014 asesinatos y los estados más violentos, de acuerdo con este estudio, fueron el Estado de México con 289, Jalisco con 83 y Chihuahua con 70.

El estado de Jalisco tiene el primer lugar en maltrato a las mujeres con 78.5%, le sigue Aguascalientes con 70.6%, Durango con 70.1%, Puebla con 69.8%. Morelos con 69.3 %. Sonora con 68.5% y Chihuahua con 67.7%.

La búsqueda por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, implica luchar por eliminar la violencia de la convivencia humana, ya que afecta a la mitad de la población. Es muy lamentable que en el hogar que debiera ser un lugar de seguridad y el ámbito donde las personas disfrutan del afecto y la solidaridad, sea el espacio donde las mujeres reciban diversas expresiones de la violencia.

La crisis económica por la que atravesamos podría provocar un aumento de la violencia en contra de las mujeres. Veamos por qué. Tradicionalmente las tareas en la sociedad estaban distribuidas entre sus miembros atendiendo al sexo de las personas. A los varones les fue asignado el proveer a la familia de los recursos materiales y a las mujeres se les señaló todo lo relativo a la procreación de los hijos y el cuidado del hogar. Cuando el varón se queda sin trabajo se le priva de los medios que le permitan cumplir con la responsabilidad asignada, y por otra parte, las mujeres encuentran maneras de obtener algunos ingresos, ya que son más flexibles para dedicarse a actividades aun cuando no se consideren las que tradicionalmente les corresponden.

La frustración que le causa al varón la imposibilidad de obtener un salario para llevarlo al hogar y el que la mujer pueda obtener recursos, se traduce en ocasiones en violencia contra las mujeres. Esta situación se refuerza con la tradición de que él tiene autoridad sobre la mujer y cualquier incidente puede ser controlado por el varón utilizando la violencia.

Para poner un alto a esta situación se expidió la Ley General de Acceso para las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y se prevé que antes de que termine este año, todos los estados de la República contarán con leyes locales que protejan a las mujeres, pero las leyes no son suficientes, hay que tomar conciencia del problema y educar a las futuras generaciones para que no transmitan esta cultura destructiva.

La violencia contra mujeres no debe continuar

María Elena Álvarez de Vicencio
malvarezb@diputadospan.org.mx
La Crónica de Hoy

El pasado 25 de noviembre en todo el mundo se conmemoró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La idea de celebrar esta fecha surgió de Noellen Hayzer, directora ejecutiva de UNIFEM, ya que un día como ese ocurrió el asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, mujeres dominicanas que lucharon por la libertad política de su país y se opusieron al régimen de Rafael Leónidas Trujillo. Por estos motivos, el 5 de noviembre de 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, mediante una resolución, la propuesta de Hayzer.

La violencia contra las mujeres tiene profundas raíces y es producto de la cultura patriarcal que prevalece en casi todos los países. Su eliminación es uno de los más importantes desafíos de nuestra época, ya que la violencia de la vida pública tiene sus orígenes en la violencia familiar.

Se pueden identificar cuatro tipos de violencia de género: física, emocional, sexual y económica.

La violencia física se refiere a todo acto de agresión intencional a alguna parte del cuerpo de la mujer. La sexual se entiende como toda forma de conducta, ya sean actos u omisiones, ocasionales o reiteradas, cuyas formas de expresión incluyen inducir a la realización de prácticas sexuales no deseadas por la mujer. La emocional o psicológica se refiere a aquellas formas de agresión frecuentes que no inciden directamente en el cuerpo de la mujer, pero sí en su psique, como insultos, amenazas y humillaciones, entre otras. La económica se refiere a aquellas formas de agresión que el hombre puede ejercer sobre la mujer con el fin de controlar tanto el flujo como la forma en que se gastan los ingresos.

La violencia no aparece de un día para otro, se construye poco a poco, son actos que van de lo tenue y sutil a lo ofensivo y grave; una mujer que de niña fue insultada o maltratada tiene doble riesgo de padecer en su vida adulta violencia por parte de su pareja.

En México, la mitad de las mujeres sufren de violencia de algún tipo, el 15% de las mujeres agredidas requieren de atención médica y en el Presupuesto federal se destinan anualmente cerca de dos mil millones de pesos para atender a los cientos de miles de mujeres que sufren de violencia. Estos recursos podrían asignarse al desarrollo de nuestro país.

En nuestro país el 40% de los asesinatos de mujeres suceden en su propio hogar, en un estudio realizado de enero de 2007 a junio de 2008, denominado “Una mirada al feminicidio” aplicado en 13 de los 32 estados de la República, se registraron 1,014 asesinatos y los estados más violentos, de acuerdo con este estudio, fueron el Estado de México con 289, Jalisco con 83 y Chihuahua con 70.

El estado de Jalisco tiene el primer lugar en maltrato a las mujeres con 78.5%, le sigue Aguascalientes con 70.6%, Durango con 70.1%, Puebla con 69.8%. Morelos con 69.3 %. Sonora con 68.5% y Chihuahua con 67.7%.

La búsqueda por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, implica luchar por eliminar la violencia de la convivencia humana, ya que afecta a la mitad de la población. Es muy lamentable que en el hogar que debiera ser un lugar de seguridad y el ámbito donde las personas disfrutan del afecto y la solidaridad, sea el espacio donde las mujeres reciban diversas expresiones de la violencia.

La crisis económica por la que atravesamos podría provocar un aumento de la violencia en contra de las mujeres. Veamos por qué. Tradicionalmente las tareas en la sociedad estaban distribuidas entre sus miembros atendiendo al sexo de las personas. A los varones les fue asignado el proveer a la familia de los recursos materiales y a las mujeres se les señaló todo lo relativo a la procreación de los hijos y el cuidado del hogar. Cuando el varón se queda sin trabajo se le priva de los medios que le permitan cumplir con la responsabilidad asignada, y por otra parte, las mujeres encuentran maneras de obtener algunos ingresos, ya que son más flexibles para dedicarse a actividades aun cuando no se consideren las que tradicionalmente les corresponden.

La frustración que le causa al varón la imposibilidad de obtener un salario para llevarlo al hogar y el que la mujer pueda obtener recursos, se traduce en ocasiones en violencia contra las mujeres. Esta situación se refuerza con la tradición de que él tiene autoridad sobre la mujer y cualquier incidente puede ser controlado por el varón utilizando la violencia.

Para poner un alto a esta situación se expidió la Ley General de Acceso para las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y se prevé que antes de que termine este año, todos los estados de la República contarán con leyes locales que protejan a las mujeres, pero las leyes no son suficientes, hay que tomar conciencia del problema y educar a las futuras generaciones para que no transmitan esta cultura destructiva.

Dos años de Calderón, 72 de Keynes

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Calderón celebró sus dos primeros años en el poder. En Palacio Nacional ofreció un recuento del primer tercio de su administración. El Presidente se vio satisfecho y confiado. El discurso fue largo, a ratos farragoso. Al parecer, la brevedad no se les da a los políticos mexicanos. En lugar de decir que este año se construyeron más carreteras que en cualquier otro, mencionó todas y cada una de las obras construidas. Tantos detalles aburren y la sustancia se diluye.

Hacia adelante, quedó claro que habrá dos prioridades para el gobierno calderonista: la guerra en contra del crimen organizado y la defensa de la economía ante la crisis internacional. Sigo pensando que, de estas dos prioridades, la más importante es la económica. En esta materia nos acercamos a tiempos infaustos y me preocupa ver al Presidente con un discurso que sigue siendo optimista. Entiendo que Calderón no puede ser una fuente más de pesimismo en la actual coyuntura. Pero el optimismo no debe estar peleado con el realismo. Creo que ha llegado el momento de que el Presidente reconozca lo dura que será la recesión estadunidense para México. Ya no alcanza decir que vamos a capotear bien el huracán porque no sabemos de qué tamaño será el huracán y cuánto durará.

Cómo va enfrentar el gobierno al huracán

El Presidente mencionó los elementos que permitirán a México salir adelante de la actual crisis internacional. En primer lugar, la fortaleza que existe en las finanzas públicas nacionales. En este punto no hay nada que criticarle a Calderón. Es cierto que la salud en las cuentas públicas ha evitado una corrida en contra del peso mexicano como hubiera ocurrido en el pasado. En segundo término, Calderón presumió las reformas que se han hecho durante su sexenio como la del ISSSTE, la fiscal y la de Pemex, las cuales, según él, fortalecerán las bases económicas del país. En este rubro el mandatario es optimista ya que, si bien las reformas mandaron el mensaje de que es posible la cooperación del Ejecutivo con el Legislativo, su dimensión deja mucho que desear. No queda claro, por ejemplo, que la reforma de Pemex vaya a hacer de México “una potencia petrolera” como dijo Calderón en su discurso. Tampoco queda claro que las reformas harán de México un destino atractivo para la inversión como también lo afirmó el mandatario.

Desde el punto de vista económico, la pieza más importante del discurso de Calderón fue la promesa de gastar mucho dinero público en infraestructura. La famosa política fiscal contra-cíclica. El Presidente, como los demás gobernantes del mundo, ha desenterrado a John Maynard Keynes. Calderón dijo que si los motores externos de crecimiento económico se han apagado, en particular el de Estados Unidos, es hora de prender los internos con un gasto público activo: 590 mil millones de pesos que se dedicarán a construir carreteras, puertos, viviendas, mejorías en las escuelas, etcétera. Es la apuesta más importante del gobierno: que el Estado, en el corto plazo, salve a la economía.

Los límites del keynesianismo

Pero, en la borrachera keynesiana que está comenzando, hay que tener en claro las posibles consecuencias de la cruda keynesiana. Hace 72 años, Keynes publicó la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero que sentó la idea de que programas de largo plazo de inversiones públicas son los que pueden generar el pleno empleo. Pero el economista inglés, al final de su vida, alertó sobre los peligros de esta solución si se hacía de manera improvisada. En una carta de 1943 advirtió: “Es verdad que un volumen fluctuante de obras públicas de manera precipitada es una forma torpe de cura y no muy probable de ser exitosa por completo”.

A la par de un gasto público activo, Keynes proponía que las tasas de interés fueran bajas. En este flanco, en el del manejo de la política monetaria, su teoría fue donde quizá recibió más críticas. A partir de los trabajos de Milton Friedman, la llamada escuela monetarista demostró que los “efectos fiscales en la demanda agregada son pequeños por la poca flexibilidad de la demanda monetaria. Los préstamos gubernamentales desplazan los préstamos privados y el gasto asociado, de tal suerte que los déficits gubernamentales tienen un efecto neto pequeño en la demanda agregada”. El gobierno, con su gasto activo, acaba desplazando a la inversión privada y la supuesta política fiscal contracíclica tiene poca efectividad. La disputa entre keynesianos y monetaristas sigue presente. Hoy llena estantes enteros en las bibliotecas de economía.

Otra crítica al keynesianismo fue la de Friedrich von Hayek. El economista austriaco, defensor del libre mercado, veía en el keynesianismo como un virus del socialismo que podría terminar con abusos propios del totalitarismo comunista. Para Von Hayek, “lo que comienza como arreglos gubernamentales temporales se convierte en programas permanentes en expansión, lo cual sofoca al sector privado y la sociedad civil”.

Desde los años 70, la teoría keynesiana fue archivada debido al gran déficit en el que habían incurrido los países debilitando las fuerzas del mercado y el crecimiento económico. Los críticos de Keynes fueron escuchados por gobernantes como Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Pero hoy, después de la última crisis financiera mundial que evidenció fallas importantes del mercado, el péndulo económico ha regresado al keynesianismo. John Maynard ha sido desenterrado y, para enfrentar la crisis, los estados, incluido México, van a seguir su receta: invertir grandes cantidades de dinero para reactivar el empleo, aunque esto signifique, por primera vez en mucho tiempo, que el gobierno mexicano incurra en déficits presupuestales.

El domingo, en Palacio Nacional, Calderón sentó las bases del segundo tercio de su gobierno. Y en materia económica el espíritu de Keynes fue lo más conspicuo de su propuesta.

Calderón: luz y sombra

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

A dos años, ni un fracaso total, pero tampoco logros que superen a Zedillo y a Fox
Un triunfo, que haya sobrevivido a la mayor crisis política e institucional


Para los malquerientes de Felipe Calderón —sobre todo los que no superan el trauma del 2 de julio— es un fracaso total el primer trienio del gobierno azul.

En contraste, para los aplaudidores a ultranza, el de Calderón es un gobierno que en sus primeros dos años reportó logros y aciertos superiores incluso —en ese mismo tiempo— a los de Fox y Zedillo.

Claro —con un poco de sensatez y sentido común— que los dos extremos son un exceso por donde se quieran ver. Primero, porque nadie puede hablar de un fracaso a dos años de iniciado un gobierno que —como el de Calderón— arrancó con la más elevada carencia de legitimidad en la historia moderna. Y segundo, porque llega al segundo año en buena forma, sobre todo si se toma en cuenta que eran muchos los que no le auguraban siquiera terminar el primer año de gestión, y al que otros abiertamente se empeñaron en derribar.

Pero además resulta poco realista, si no es que sensacionalista, tratar de comparar el gobierno de Calderón con los de Zedillo y Fox, sobre todo en el primer tercio. ¿Por qué? Porque en el caso del primero los dos primeros años fueron precisamente los peores, a causa de las repercusiones del llamado “error de diciembre”; crisis económica que empobreció a millones y fue el cultivo del fin del priato como gobierno. A la postre, Zedillo terminó como uno de los mejores presidentes, al que por cierto se debe la estabilidad económica que no arrastró a México a una nueva ruina.

Comparar el primer tercio del gobierno de Calderón con el de Fox es como comparar una elección presidencial federal con la elección del presidente de la sociedad de alumnos de una escuela pato. Eso quiere decir que cualquier gobierno será mejor en sus primeros dos años que el de Fox. Pero vamos por partes.

En realidad, si ponemos en contexto el segundo año de gobierno de Calderón con la crisis política, institucional, electoral y social generada luego del 2 de julio de 2006, nadie puede negar que ha sobrevivido con una salud aceptable un gobierno al que no pocos auguraban una corta vida. Más aún, si se realiza un recuento de las reformas alcanzadas —más allá del tamaño y la trascendencia de las reformas—, se puede decir que gobierno y el partido azul alcanzaron logros impensables. Claro, si la pasión no anula la razón.

De igual manera —con la razón por delante, sin que la pasión y el odio nublen la vista—, debemos reconocer que vienen de fuera y de lejos los dos grandes flagelos que tienen postrado al gobierno. ¿Se puede culpar a Calderón por la exacerbada criminalidad organizada, la violencia y el narcotráfico? Está claro que no. A ese clima contribuyeron decisiones equívocas de gobiernos del PRI, la ineficacia y dejadez de Fox y, por supuesto, los graves errores de apreciación de Calderón.

Pero si de reconocer errores y aciertos se trata, se puede decir que el de Calderón es el primer gobierno que verdaderamente enfrenta al crimen y al narcotráfico de manera decidida. Otra cosa es que lo haya hecho mal en los dos primeros años. Aun así, a partir del dato duro, nadie puede negar que a la par de la escalofriante cifra de violencia, el gobierno azul ha logrado los mayores decomisos en la historia y la detención de los más importantes capos en dos años. Sería mezquino no reconocerlo.

Calderón prometió ser el presidente del empleo. Una verdad de a kilo es que fracasó en los dos primeros años. Y, en efecto, se puede hablar de malos colaboradores, deficientes programas y hasta de estrategias fallidas. Cierto. ¿Pero no viene de fuera la crisis económica, con su secuela de recesión, desempleo, crisis financiera, bajas exportaciones... Lo cierto es que frente a un fenómeno como ese, lo mismo les habría ocurrido a los amarillos o a los tricolores. Pero claro, amarillos y tricolores pretenden sacar el mejor provecho, como en su tiempo lo sacaron los azules en gobiernos del PRI.

En el extremo de la simplificación, algunos han dicho que el gobierno de Calderón se ha salvado de la catástrofe gracias a su alianza con el PRI. En su calderofobia olvidan que la democracia es —en una de sus vertientes de privilegio— alianzas. También olvidan los malquerientes de Calderón que desde 1988 se vive una suerte de cogobierno entre PRI y PAN —alianza que nos puede caer en la punta de la lengua—, que no es otra cosa que un acuerdo político legítimo y en no pocos casos saludable para mantener de pie eso que se llama gobernabilidad.

Calderón ganó la candidatura y luego la Presidencia gracias a cambios en el momento preciso. Ya casi acabó con el gabinete de amigos, lo que es otra buena noticia. Falta ver si será capaz del cambio definitivo. Al tiempo.

Calderón: luz y sombra

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

A dos años, ni un fracaso total, pero tampoco logros que superen a Zedillo y a Fox
Un triunfo, que haya sobrevivido a la mayor crisis política e institucional


Para los malquerientes de Felipe Calderón —sobre todo los que no superan el trauma del 2 de julio— es un fracaso total el primer trienio del gobierno azul.

En contraste, para los aplaudidores a ultranza, el de Calderón es un gobierno que en sus primeros dos años reportó logros y aciertos superiores incluso —en ese mismo tiempo— a los de Fox y Zedillo.

Claro —con un poco de sensatez y sentido común— que los dos extremos son un exceso por donde se quieran ver. Primero, porque nadie puede hablar de un fracaso a dos años de iniciado un gobierno que —como el de Calderón— arrancó con la más elevada carencia de legitimidad en la historia moderna. Y segundo, porque llega al segundo año en buena forma, sobre todo si se toma en cuenta que eran muchos los que no le auguraban siquiera terminar el primer año de gestión, y al que otros abiertamente se empeñaron en derribar.

Pero además resulta poco realista, si no es que sensacionalista, tratar de comparar el gobierno de Calderón con los de Zedillo y Fox, sobre todo en el primer tercio. ¿Por qué? Porque en el caso del primero los dos primeros años fueron precisamente los peores, a causa de las repercusiones del llamado “error de diciembre”; crisis económica que empobreció a millones y fue el cultivo del fin del priato como gobierno. A la postre, Zedillo terminó como uno de los mejores presidentes, al que por cierto se debe la estabilidad económica que no arrastró a México a una nueva ruina.

Comparar el primer tercio del gobierno de Calderón con el de Fox es como comparar una elección presidencial federal con la elección del presidente de la sociedad de alumnos de una escuela pato. Eso quiere decir que cualquier gobierno será mejor en sus primeros dos años que el de Fox. Pero vamos por partes.

En realidad, si ponemos en contexto el segundo año de gobierno de Calderón con la crisis política, institucional, electoral y social generada luego del 2 de julio de 2006, nadie puede negar que ha sobrevivido con una salud aceptable un gobierno al que no pocos auguraban una corta vida. Más aún, si se realiza un recuento de las reformas alcanzadas —más allá del tamaño y la trascendencia de las reformas—, se puede decir que gobierno y el partido azul alcanzaron logros impensables. Claro, si la pasión no anula la razón.

De igual manera —con la razón por delante, sin que la pasión y el odio nublen la vista—, debemos reconocer que vienen de fuera y de lejos los dos grandes flagelos que tienen postrado al gobierno. ¿Se puede culpar a Calderón por la exacerbada criminalidad organizada, la violencia y el narcotráfico? Está claro que no. A ese clima contribuyeron decisiones equívocas de gobiernos del PRI, la ineficacia y dejadez de Fox y, por supuesto, los graves errores de apreciación de Calderón.

Pero si de reconocer errores y aciertos se trata, se puede decir que el de Calderón es el primer gobierno que verdaderamente enfrenta al crimen y al narcotráfico de manera decidida. Otra cosa es que lo haya hecho mal en los dos primeros años. Aun así, a partir del dato duro, nadie puede negar que a la par de la escalofriante cifra de violencia, el gobierno azul ha logrado los mayores decomisos en la historia y la detención de los más importantes capos en dos años. Sería mezquino no reconocerlo.

Calderón prometió ser el presidente del empleo. Una verdad de a kilo es que fracasó en los dos primeros años. Y, en efecto, se puede hablar de malos colaboradores, deficientes programas y hasta de estrategias fallidas. Cierto. ¿Pero no viene de fuera la crisis económica, con su secuela de recesión, desempleo, crisis financiera, bajas exportaciones... Lo cierto es que frente a un fenómeno como ese, lo mismo les habría ocurrido a los amarillos o a los tricolores. Pero claro, amarillos y tricolores pretenden sacar el mejor provecho, como en su tiempo lo sacaron los azules en gobiernos del PRI.

En el extremo de la simplificación, algunos han dicho que el gobierno de Calderón se ha salvado de la catástrofe gracias a su alianza con el PRI. En su calderofobia olvidan que la democracia es —en una de sus vertientes de privilegio— alianzas. También olvidan los malquerientes de Calderón que desde 1988 se vive una suerte de cogobierno entre PRI y PAN —alianza que nos puede caer en la punta de la lengua—, que no es otra cosa que un acuerdo político legítimo y en no pocos casos saludable para mantener de pie eso que se llama gobernabilidad.

Calderón ganó la candidatura y luego la Presidencia gracias a cambios en el momento preciso. Ya casi acabó con el gabinete de amigos, lo que es otra buena noticia. Falta ver si será capaz del cambio definitivo. Al tiempo.

¿Bien? ¿Mal? ¿Regular?

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Con Ernesto Zedillo sabíamos que todo había sido remar contra la corriente y que lo peor parecía ir quedando atrás. Con Vicente Fox se generalizaba una resignación por la forma en que se dilapidaban las ilusiones. ¿Pero con Felipe Calderón? ¿Cuál es el balance, el sentimiento al cumplirse el segundo año?

Las encuestas ayudan poco. Calderón no cae mucho más abajo de 60 por ciento de aprobación ni se pone mucho más arriba de ese porcentaje, que en la escuela equivaldría a un aprobado con “S” de suficiente.

Hay un logro en la convivencia política. Cualquier comparación con la intemperie furiosa del segundo semestre de 2006 tiene que ser positiva para el régimen calderonista. La beligerancia lopezobradorista se fue quedando sola. La política se corrió al centro y permitió gestos notables (el acercamiento del PRD y de Marcelo Ebrard) y los consensos para sacar un par de reformas radicales: la del ISSSTE y la electoral. Lo demás es discreto, falto de sustancia, incluido el triunfo pírrico en la reforma de Pemex.

Por no hablar de los claroscuros en la guerra contra el hampa. Había que pelearla, ¿pero así? Había que desmantelar a las bandas, ¿pero a un costo corriente de 7 mil vidas? Había que recurrir al Ejército, ¿pero sin una policía que le cuidara las espaldas? Había que limpiar las procuradurías y secretarías, ¿pero con qué relevos?

O de la economía. Se resiste con razonable solvencia a la crisis mundial, pero no se avanza, no se ordenan las cosas, no explota el “México ganador de los millones de empleos”.

Hay, es cierto, un espíritu democrático, pero no hay más gobernabilidad ni el país tiene un rostro pujante y alegre.

¿Bien, mal, regular? No sé. Quizá lo mejor sea pedir una prórroga.

De la pérdida bursátil

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

La etapa actual de la crisis económica se inició el 16 de septiembre, el día en el cual el gobierno estadunidense se negó a rescatar al banco de inversión Lehman Brothers, decisión de no rescatar al mentado banco que inició un periodo de “pánico” bancario que no solamente afectó a las instituciones bancarias, sino al resto de las instituciones financieras, y no solamente en los Estados Unidos, sino a todo lo largo y todo lo ancho del globo terráqueo, comenzando, aquí, allá y acullá, por las bolsas de valores, la de México incluida, cuyo Índice de Precios y Cotizaciones perdió, entre el viernes 12 de septiembre (última jornada antes del mentado 16 de septiembre), y el pasado viernes 28 de noviembre, 19.7 por ciento, lo cual quiere decir que, en promedio, el precio de las acciones que componen dicho índice bajó 19.7 puntos porcentuales, lo cual pudo haber acarreado considerables pérdidas a más de algún inversionista. Y escribo “lo cual pudo haber acarreado considerables pérdidas” y no “acarreó considerables pérdidas”, porque éstas, las pérdidas, no dependen de lo que pase con el precio de las acciones sino de lo que los inversionistas hagan con ellas. Me explico.

Supongamos un inversionista que compró, en un determinado momento, una acción a 20 pesos cuyo precio, al paso del tiempo, alcanzó los 40, razón por la cual, si en ese momento la vende, obtiene una ganancia de 20 pesos, equivalente al cien por ciento. Consideremos la posibilidad contraria, que pese a poder obtener, por medio de la venta de su acción, una utilidad del cien por ciento, nuestro inversionista considera que el precio de la acción va a seguir subiendo, le gana la ambición, decide no vender, y de pronto, por los típicos sucesos que generan las bajas bursátiles, el precio de su acción baja, en un periodo de tiempo relativamente corto (los booms son de pendiente suave, los cracks de pendiente inclinada), hasta los 10 pesos, baja que muy probablemente lleve a nuestro accionista a afirmar que ha perdido el 50 por ciento: compró a 20 pesos y ahora el precio de su acción es de 10. Pero una cosa es que el precio de su acción sea hoy menor que aquel al cual la compró, y otra muy distinta que hay perdido, y la razón de ello es muy sencilla: mientras no venda su acción a 10 pesos no ha incurrido en pérdida. Cierto, ya no obtuvo la ganancia que hubiera obtenido si hubiera vendido en el momento en el cual el precio alcanzó los 40 pesos, pero una cosa es “no haber obtenido tal o cual ganancia” y otra muy distinta “haber perdido tanto o cuanto”. Es verdad, nuestro inversionista podrá lamentarse diciendo que, si hubiera vendido a 40 pesos, hubiera ganado el cien por ciento. Cierto, pero no menos cierto es que el hubiera es el verbo haber conjugado a lo idiota.

Ante el precio de 10 pesos, lo que el inversionista debe evitar es la pérdida, pérdida que ocurre, no por la baja en el precio de la acción, sino por su venta a un precio menor que el de compra, lo cual depende, no de los movimientos en el precio, sino de la decisión del inversionista, quien, mientras no venda a un precio de los 20 pesos, no incurre en pérdida alguna, por más que, si hubiera hecho esto o aquello, hace tiempo que hubiera obtenido una ganancia. Vuelvo a lo dicho: el hubiera es el verbo haber conjugado a lo idiota.

Hasta aquí todo queda claro, quedando por responder la siguiente pregunta: el precio de la acción, ¿se recuperará? La respuesta es que sí, como que hay Dios, como que dos más dos son cuatro, como que, al terminar de escribir la palabra final pondré un punto final. A los incrédulos les recomiendo que revisen el comportamiento del Índice de Precios y Cotizaciones, de la Bolsa Mexicana de Valores, de 1988 a 2008, y saquen su conclusión.

Cien días

Agustín Basave
abasave@prodigy.net.mx
Excélsior

El gobierno necesita una estrategia más inteligente y sofisticada que la del crimen organizado. Quiero pensar que la tiene y no quiere comunicárnosla para no alertar al enemigo. Pero, ¿por qué no nos dice nada?

Los plazos fatales, en política, venden esperanzas y compran oxígeno. En el caso de los famosos 100 días que el gobierno mexicano ofreció como periodo para dar resultados en materia de seguridad pública, la compra resultó cara y la venta barata. Las expectativas que se generaron fueron demasiado grandes —cualquier expectativa crece en exceso en un contexto de desesperación, como el que existe frente al flagelo del crimen organizado en general y de los secuestros en particular— y la disminución de la presión social demasiado pequeña. La trayectoria del búmeran queda a la vista cuando se cae en la cuenta de que la opinión pública pasó en poco más de tres meses de una nueva ilusión a una vieja desilusión.

Decir que no se hizo nada es tan falso como decir que los ciudadanos nos sentimos más seguros. Se avanzó en la “Operación Limpieza”, se capturaron bandas de secuestradores, se dieron golpes importantes en el combate a la corrupción y en la lucha contra las organizaciones criminales. El problema es que esos avances dan la impresión de ser palos de ciegos, bastonazos sin ton ni son a un gigante que no resiente los golpes. No se ve un plan de ataque. En ese sentido los anuncios de los logros gubernamentales, particularmente en las medidas contra la infiltración de los cuerpos policiacos, provocan sentimientos encontrados: alientan y desalientan. Reconforta saber que se actúa contra del nefasto maridaje entre autoridades y delincuentes, pero asusta constatar hasta qué punto se han vuelto indistinguibles policías y ladrones.

La llave de la confianza ciudadana es conocer la estrategia del gobierno. Si existe, no se nos ha explicado. Más allá del uso de la fuerza pública, no se nos ha mostrado la ruta crítica de acciones en contra de los cárteles del narcotráfico, de las bandas de secuestradores y demás organizaciones delincuenciales. ¿Cuáles son, cómo se ejecutan, cómo se articulan entre sí? Yo he expresado varias veces en este espacio que de poco va a servir incrementar las tropas y el armamento si no se actúa contra los inmensos recursos económicos del crimen organizado. Esa debe ser, a mi juicio, la máxima prioridad: estrangular los vasos comunicantes de sus redes financieras y cortar o al menos disminuir drásticamente los flujos del lavado de dinero. ¿Qué se ha hecho al respecto? ¿Qué se va a hacer?

Hay, por otra parte, un síntoma de descomposición social muy preocupante. Los capos de las grandes organizaciones criminales sí tienen una visión estratégica de largo aliento. Diseñan con astucia su penetración en la sociedad mediante el mecenazgo y la arrogación de funciones ejecutivas, legislativas y judiciales: financian obras en los pueblos, apoyan con recursos a las comunidades, crean códigos de reglas no escritas y emulan a la mafia italiana reproduciendo el esquema de “padrinos” que se erigen en protectores y jueces, dispensadores de favores y venganzas, señores y dadores de vida o muerte. A la cooptación de espías, informantes y cómplices por la vía de pagos y amenazas se suma ahora el reclutamiento de familias enteras que se reconocen como sus beneficiarias. En pocas palabras, ya tienen base social. ¿Qué están haciendo la Procuraduría General de la República, la Secretaría de Seguridad Pública y la Secretaría de Desarrollo Social para contrarrestar eso?

Las raíces de la hiedra venenosa son profundas y sus testas y tentáculos llegan muy arriba. Por eso el gobierno necesita una estrategia más inteligente y sofisticada que la del crimen organizado. Quiero pensar que la tiene y que no quiere comunicárnosla porque no desea alertar al enemigo. Pero ¿por qué no nos dice nada? ¿Por qué no nos enseña, además de las imágenes de los enfrentamientos a balazos y de los delincuentes detenidos, los logros en materia de combate a la fuente de todo eso, que son las millonadas que manejan en el sistema bancario? ¿Por qué no nos informa de la labor en zonas rurales y urbanas para destejer su urdimbre social?

Los vacíos de información se llenan con conjeturas. En la medida en que no sepamos qué está haciendo el gobierno, además de participar en choques sangrientos con los sicarios, nos quedaremos con la idea de que no hay mucho más que eso y de que el esfuerzo puede resultar estéril porque cada vez que se cortan algunas cabezas de la hidra brotan otras tantas. Los puntos que se ganaron a partir del desafío de Alejandro Martí se perdieron con el desgarrador reclamo de Nelson Vargas. Es difícil mejorar la imagen de las autoridades en 100 días que empiezan con un “si no pueden, renuncien” y terminan con un “no tienen madre”.

Todos estamos conscientes de que esta administración heredó una avalancha que viene de lejos: primero se gestó la corrupción y después se agregó el caos. Nadie le achaca a Felipe Calderón la responsabilidad de origen. Pero si él decidió enarbolar en primerísimo lugar la bandera de una “guerra” contra la inseguridad, su obligación es vencer y convencer. Lo más sensato en ese contexto es bajarle a las expectativas y subirle a la eficacia tanto de los hechos como de la comunicación social. Sí, ya sé que esto de la comunicación no suena bien, pero en política, desgraciadamente, lo que parece es.

abasave@prodigy.net.mx

Los puntos que se ganaron a partir del desafío de Alejandro Martí se perdieron con el desgarrador reclamo de Nelson Vargas. Es difícil mejorar en 100 días que empiezan con un “si no pueden, renuncien” y terminan con un “no tienen madre”.

Devaluados

Jacobo Zabludovsky
Bucareli
El Universal

Hoy, cuando el presidente Felipe Calderón apague las velitas de aniversario, a cada mexicano nos tocará una cienmillonésima rebanada de un pastel más pequeño que el de hace dos años.

Por donde se vea, el balance de la tercera parte del sexenio no estimula el ánimo para la fiesta. No hay motivo. Para empezar, aunque la palabra devaluación está prohibida en los grandes consorcios de la información electrónica, eso es exactamente lo que ha sufrido el peso y en 40%, que no es pelo de rana. El dólar se va a las nubes en dos vehículos, uno el de su costo en pesos y otro en que se hace inalcanzable: la disminución de las remesas de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos, la baja del precio del petróleo, el descenso de las otras exportaciones y la disminución de turistas, incluso de los más osados desafiantes de los peligros de pasear por México.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico anuncia un desplome de la economía mexicana que no se recuperará hasta 2010, quizá. Será nulo el crecimiento en 2009. El número de desempleados crece en un país en que a los limpiadores de parabrisas y a las marías y sus chilpayates, para alivianar la estadística, no se les cuenta entre los desocupados sino entre los prestadores de servicios o pequeños empresarios emprendedores.

La inflación es cosa distinta a la devaluación, pero como algunas recetas, se toman juntas. Más de 6%. Según el Banco de México, los salarios disminuyeron 1.6% durante siete meses consecutivos porque la inflación los superó. Desde hace 11 años no se observaba un periodo tan largo de caída real del salario. Un análisis del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía afirma que “en lo que va del sexenio de Felipe Calderón, el poder adquisitivo del salario se ha reducido casi 24%”. El Congreso del Trabajo, tan afín al Ejecutivo, informa que “el salario de millones de trabajadores es insuficiente para cubrir sus necesidades”.

La crisis mundial agrava todo.

Mientras nos curamos el leve catarro pronosticado por el doctor (¿en medicina?) Carstens, vemos cómo se nos hizo bolas el engrudo del pastel en el ingrediente de la criminalidad. Era pan comido para el más idiota de los videntes, profetas, pronosticadores o investigadores de horóscopos predecir hace 100 días que cumplido el plazo de la sesión del salón de la Tesorería, no habríamos de lograr nada más, pero nada menos, que un obeso tambache de buenos deseos, acuerdos, comisiones, sistematizaciones, mediciones, propuestas, reasignaciones, instrucciones, correcciones, recomendaciones, consejos, copias a la oficialía de partes, sello de recibido en el Archivo General de la Nación y entrevistas en los noticiarios del carrusel.

La encuesta publicada el miércoles en EL UNIVERSAL, unas horas antes de vencerse el lapso fatal, comprueba que usted y yo no vemos resultados prácticos. Es obvio que la criminalidad es hoy mayor que hace 100 días y mucho más que hace dos años. Funcionarios nombrados en este bienio han sido cómplices de los peores delincuentes que México ha padecido. El poder económico, logístico y penetrante del narcotráfico todo lo ha distorsionado en dos años más que nunca. La cabeza principal de primera plana ese mismo miércoles, es sencilla: “Gobernadores fallan en pacto anticrimen”. Como si alguien hubiera confiado en que no fallarían, aunque sólo fuera en eso.

Y no hablemos de otros notorios acontecimientos de este primer tercio del sexenio: el rechazo por parte de la Suprema Corte de la ley Televisa se manipuló, como era previsible. La ley petrolera dejó la trampa abierta para que por ella entren y salgan los ratones, el desgarriate de las reformas al sistema educativo que, según la UNESCO, ha descendido en estos 24 meses del lugar 48 al 53 en la clasificación de 129 naciones del mundo. Agregue a todo eso los males antiguos que al hacerse viejos y actuales se hicieron peores: la miseria de millones que agobia a uno de cada tres mexicanos y la corrupción que abarca todos los niveles de la vida pública y privada. Ninguna batalla se ha ganado en esos dos frentes: pobreza y corrupción juegan parejas.

El presidente Calderón informó ayer domingo en Palacio Nacional sobre lo logrado en estos 24 meses. Diferimos. La mayoría de sus promesas del 1 de diciembre de 2006 no se han cumplido: seguro universal de salud, infraestructura a las escuelas básicas, empleos, guarderías y “espacios públicos libres de delincuencia”, etcétera. Cómo quisiera ser yo el equivocado. Pero no.

La percepción general basada en hechos evidentes es que los mexicanos nos hemos devaluado.

Y no sólo frente al dólar.