diciembre 03, 2008

'Carlos Abascal' por Paco Calderón

Abascal ahora será leyenda

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Al final, uno es lo que ha llegado a ser. Florestán

La mañana del miércoles 12 de noviembre algunos anunciaron la muerte de Carlos Abascal.

Al mediodía, a través de Radio Fórmula, desmentía públicamente su fallecimiento con una voz cansada, que retrataba la virulencia de su mal.

Unos meses antes, en mayo, comimos en el Biko, que tanto le gustaba, hablamos, recordamos y quedamos de volver.

Ayer, la muerte canceló la cita.

Pero recuperé parte de su última entrevista, aquella del día 12, en la que cuando le pregunté qué había descuidado a su paso por la secretaría de Gobernación, me respondió lacónico: “Mi salud”.

Me habló de su ilusión de seguir luchando por vivir, de la oportunidad, que le daba la vida de haber puesto sus cosas en orden, de lo que le decían los médicos, que su tipo de padecimiento requería mucha paciencia, mucha perseverancia y mucha alegría para seguir adelante "porque son cosas que nos pueden pasar a cualquiera y son parte de la vida y hay que enfrentarlas con alegría, con mucha esperanza, con mucha fe en Dios porque, al final, nadie es dueño de sí mismo".

"Siempre es oportuno hacer altos en el camino y siempre es oportuno revisar afectos pendientes y sí –me decía–, esto me ha ayudado a volver a poner en orden mi vida que normalmente ha estado siempre muy en orden, gracias a Dios. Siempre será bueno pedir un perdón, siempre será bueno ofrecer a todo el mundo una disculpa por aquello en lo que uno se haya equivocado, y al mismo tiempo distribuir más amor, porque la vida, al final, es amor", me dijo aquel día.

La muerte de Carlos María Abascal Carranza termina con la vida del más congruente pensador de la derecha en el tránsito del siglo quien, como dijo, jamás tuvo un proyecto de poder, sino de servicio.

Y ahora comenzará su leyenda.

Retales

1. DESALOJO.- Manuel Espino había dicho que, a través de una carta, Gustavo Madero le emplazó a desalojar la casa que le cedió indebidamente Santiago Creel para la OCDA. Esa casa es de la bancada panista en el Senado, no de Creel. Ahora dice Espino que el desahucio fue telefónico. No lo supera;

2. AZULEJOS.- No cabe duda que el poder los hace iguales. En San Luis Potosí, el senador panista Alejandro Zapata Pergordo procede como viejo priista para hacerse de la candidatura del PAN al gobierno potosino. Su contrincante, Eugenio Govea, lo acusa de convertir la interna del domingo en un cochinero. Y es que así son; es el poder; y

3. VATICANO.- El gobierno del presidente Calderón, a través de la canciller Patricia Espinosa, habría solicitado a la Santa Sede su beneplácito para quien vaya a ocupar la embajada vacante a la renuncia de Luis Felipe Bravo Mena para venir a ocupar su secretaría particular. Sería el quinto embajador ante la Santa Sede en ocho años, lo que por allá no gusta.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Reformas a la seguridad: igual o peor

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Sucederá lo mismo que con la reforma electoral. Los partidos, a través de sus grupos parlamentarios, aprobarán en el tema de la seguridad y la justicia una suerte de Frankenstein que no tiene nada que ver con las exigencias del Estado mexicano para luchar contra la delincuencia pero les permitirá autocomplacerse en sus pretensiones de poder. Si en la reforma política, para garantizar esos espacios, se terminó desdibujando todo el esquema electoral del país, en este caso es mucho más grave: por razones de coyuntura, caprichos o falta de visión, lo que se está aprobando en el tema de la seguridad es insuficiente, ineficiente y sigue dejando la seguridad y la justicia sin instrumentos para luchar por ellas.

El corazón de las reformas que se han presentado pasa por dos puntos que son los que han fallado una y otra vez: la centralización de la información y de la capacidad de operación en las policías y, sobre todo, la obligatoriedad de los estados y y los municipios para llevar a cabo las acciones que se decidan en el Consejo Nacional de Seguridad Pública. Ese es el tema, y el segundo punto determina la viabilidad del primero. No es verdad que la discusión en el Congreso es sobre si el Consejo lo debe presidir el Presidente o su secretario de Seguridad Pública o como se llame. La oposición del PRI y del PRD es a que los gobernadores y y los presidentes municipales se hagan responsables, en forma obligatoria, de lo que firman y aprueban. Quien presida el Consejo es secundario si sus integrantes tienen la prerrogativa de hacer lo que quieran. Y para colmo se está estableciendo en el dictamen de la reforma que, si no se cumple con las obligaciones o los requisitos que se han establecido para recibir apoyo presupuestal en temas de seguridad, las sanciones no pueden ser “económicas”. En otras palabras, que aunque los estados y los municipios no cumplan con los compromisos que ellos mismos suscribieron, recibirán, íntegro, el dinero de los contribuyentes destinado a cumplirlos. Es una vergüenza: si los estados y los municipios no cumplen no tendrían, como mínimo, que recibir los recursos destinados para ese fin. ¿Cómo sancionarán los legisladores a quienes fallen?, ¿les harán escribir mil veces “debo cumplir con mis compromisos en seguridad”, mientras siguen comprando camionetas de lujo con los recursos destinados a preparar o a pagar policías o a comprar equipo para sus fuerzas de seguridad?

Lo cierto es que, fuera de la fraseología vacía de muchos legisladores, no quieren asumir responsabilidades y que se haga cargo de ellas la Federación, pero no quieren resignar ni un gramo de poder a aquélla, aunque eso signifique que no podamos tener el sistema de seguridad que el país requiere.

Dirán algunos legisladores, como Javier González Garza, que no le van a “regalar” las policías o los espacios tan amplios de poder al secretario Genaro García Luna y que por eso no aprueban la centralización. Es una tontería: no se trata del nombre del secretario de Seguridad Pública en turno (que en todo caso tiene controles dentro y fuera del Ejecutivo, incluido sobre todo el legislativo, para normar su proceder), sino la estructura institucional que se diseña. Ningún país ha tenido éxito en la lucha contra la inseguridad con una estructura descentralizada, sin bases de datos comunes y obligatorias en su integración. Ese es el tema: el Sistema Nacional de Seguridad Pública se fundó desde 1994 y no ha logrado funcionar plenamente porque los estados y los municipios no integran la información. No tenemos bases de datos de policías, de delincuentes, de funcionarios, de propietarios de automóviles o de bienes raíces. O, mejor dicho, esos datos ahí están (hay una 300 bases de ellos importantes, sin centralizar ni cruzar), pero los gobiernos estatales, la mayoría, se niega a integrarlos para no darle “tanto poder” a un área del gobierno federal, sin comprender, o quizás comprendiéndolo demasiado bien, que esa descentralización y falta de información constituye el espacio por donde se cuela y protege la corrupción y una de sus formas, la ineficiencia.

Para colmo, el centro de información y evaluación de policías que se planteaba será ahora dividido en tres: uno de información en sí; otro de acreditación y certificación de policías y un tercero de prevención del delito. ¿Cuál es la lógica?, ¿descentralizar una institución que se supone será creada para controlar el funcionamiento de las policías o simplemente dividirlo en tres para que el PAN, el PRI y el PRD “coloquen” en cada una de ellas el mando que desean y quedarse así con un pedazo de poder?, ¿qué sentido tiene, si no es esa la razón de que una oficina tenga la información, otra haga la evaluación y una tercera tome medidas de prevención si la lógica es que toda esa información se cruce, para ser de utilidad?

El esquema, independientemente de quien encabece el Poder Ejecutivo, debería ser sencillo: tener un sistema centralizado de seguridad, si se quiere con fuertes enclaves en cada uno de los estados de la Federación (es preferible coordinarse con 32 que con casi dos mil cuerpos policiales como en la actualidad), que permita poseer en forma obligatoria toda la información necesaria para generar inteligencia (el caso de Noé Ramírez Mandujano y la ignorancia sobre su pasado como desertor de la Marina es un ejemplo paradigmático de ello) y operación en todos los ámbitos de la seguridad. Las bases de datos y la capacidad de operación son las que harán la diferencia. El Sistema Nacional de Seguridad Pública ha cruzado cuatro sexenios sin los resultados que se esperan, por una sencilla razón: sus resoluciones no son vinculatorias, no son una obligación para todos y cada uno de sus integrantes, desde el gobierno federal hasta la última de las presidencias municipales. Y los legisladores dicen que seguirá así... o peor.

Operación Limpieza

Alfonso Zárate
Usos del poder
El Universal

La ficción palidece ante la realidad. Lo que está frente a nuestros ojos es una historia de narcoterror: cuerpos sin cabeza; el sospechoso suicidio de un general; funcionarios con responsabilidades cruciales en materia de inteligencia y de operaciones contra el crimen organizado que aparecen en nóminas del narcotráfico; denuncias graves de funcionarios policiales en activo sobre presunta complicidad de sus superiores en la protección a un cártel; declaraciones “fabricadas” (como parecen ser las de los presuntos autores materiales de los actos terroristas la noche del grito en Morelia) y acusaciones que parecen fantasiosas pero se despliegan en algunos medios (Víctor Hugo Martínez, traficante de drogas, ha declarado que adquirió yates y residencias para regalar, por cuenta de El Patrón, a Genaro García Luna y a Facundo Rosas); disputas entre las principales instituciones responsables en la materia, la SSP y la PGR…

Paralela a la historia del avasallamiento por el crimen organizado de pueblos, regiones, estados enteros —ejecuciones, secuestros, venta de “protección” a dueños de negocios— está la historia de la penetración de la delincuencia en las instituciones del Estado responsables de combatirla y en las más diversas esferas sociales. La descomposición que asomó la cabeza a principios de la década de los 80, en el siglo pasado, con los asesinados del río Tula en los días de Arturo Durazo Moreno y Francisco Sahagún Baca, alcanza hoy niveles de horror.

Cada vez más, los indiciados tienen mayor jerarquía —incluso forman o formaron parte del subgabinete— y reportan directamente al procurador general de la República y al secretario de Seguridad Pública. Sin embargo, no parece haber responsabilidad política de los titulares de las instituciones, al menos, por no haber sabido seleccionar ni supervisar a los miembros de sus equipos.

El 20 de noviembre, Noé Ramírez Mandujano, hasta hace unos meses zar antidrogas y quien había sido designado el 4 de agosto representante de la PGR ante la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en Viena, fue arraigado. Lo investiga la SIEDO —la misma subsecretaría que dirigió— por su presunta protección a narcotraficantes. El director de Interpol México, Rodolfo de la Guardia, está arraigado, y altos mandos de la SSP federal están siendo investigados.

Un dato perturba: unos denuncian a otros y se expande la densa red de implicados. Quizá esto explique por qué, con sospechosa frecuencia, se daban el decomiso de drogas o armamento sin detenidos; en casi todos los casos, cuando llegaban las fuerzas federales, ya había volado la paloma.

La Operación Limpieza en el nivel federal tiene que estar acompañada por esfuerzos equiparables en los gobiernos estatales y municipales y en el Poder Judicial. El 93% de los delitos que se cometen en México son del orden común. Las policías estatales y municipales tienen alrededor de 400 mil elementos, y la mitad, al menos, no son dignos de confianza. Pero mientras la delincuencia crece y alcanza mayores niveles de brutalidad, la mayoría de los gobernadores se esconden y tiemblan.

El Poder Judicial tiene también que limpiar su casa. Corresponde a jueces y magistrados una responsabilidad crucial para reducir los niveles escandalosos de impunidad; sin embargo, tenemos pocos condenados mientras muchos jueces, magistrados, ministros y aun secretarios de juzgados y tribunales exhiben una riqueza que no se explica con sus haberes legales. ¿Dónde terminará esto?

Entrevistas

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

En su road show por los medios al inicio de su tercer año de gobierno, Felipe Calderón ha dado al menos dos entrevistas notables: a Joaquín López-Dóriga, en el Noticiero de Televisa, y a Ciro Gómez Leyva, en MILENIO Televisión.

En ambas podría decirse que el tono fue el mensaje, un tono de mesura y sencilla elocuencia: la serenidad que uno espera de un Presidente en control de sí mismo, ya que no de la realidad que le rodea.

Me parece un hecho que el presidente Calderón es más eficaz hablando sin guión en una entrevista abierta que en ninguno de sus otros formatos. Esto es lo que pudo verse, me parece, tanto en la entrevista con Joaquín López-Dóriga como en la entrevista con Ciro: un comunicador efectivo, dueño de su mensaje.

No es poca cosa en medio de los nubarrones que anuncian los tiempos respecto del futuro de la seguridad, la economía y la tranquilidad del país.

Antes de la transmisión de su entrevista, López-Dóriga tuvo el acierto de volver noticia una efeméride. Nos recordó, en imágenes increíbles, el clima de pandillerismo que imperaba en el Congreso hace dos años, a la hora de la Protesta como Presidente de Calderón.

Parecían imágenes de otro país. Lo eran, desde luego, de otro Congreso, aunque se trate de las mismas personas que lo ocupan ahora. No está mal recordar aquel Congreso como medida de los avances de éste, y aquel momento de aventurerismo político, como medida de la razonable normalidad democrática que ahora vivimos.

Respecto del contenido de las entrevistas, apenas tienen desperdicio como retrato del momento político y anímico que vive el Presidente.

Ha hecho compromisos claros, como que no se meterá en la campaña, mantendrá al costo que sea la guerra contra el crimen organizado y utilizará el gasto público para estimular la economía.

Ha explicado los cambios en su gabinete como un relanzamiento profesional de su gobierno y narrado la pérdida de su secretario de Gobernación con afecto de amigo y distancia de jefe de Estado.

Ha insinuado que la victoria del PRI no será tan fácil como parece y afirmado su fe democrática al decir que para él no habrá catástrofe política si pierde el PAN.

El mensaje fundamental ha sido, sin embargo, el de un Presidente en control de sí mismo.

Digo todo esto a sabiendas de lo impopular que es elogiar al Presidente en funciones. Mucho más rentable es criticarlo. Pero eso es lo que he visto y leído en las notables entrevistas de Ciro Gómez Leyva y Joaquín López-Dóriga: un Presidente digno de elogio.

Ellos sí saben cómo hacerlo

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

A partir de febrero comenzará a circular un periódico semanal, así llamado, El Periódico, editado por la empresa Periodismo desde la Izquierda, SA de CV.

De 32 páginas en su primera etapa, impreso a todo color, El Periódico tiene en su directorio y en la plantilla de colaboradores a destacados simpatizantes de López Obrador e incluso a miembros del llamado “gobierno legítimo”.

Se trata de una publicación semanal que tendrá una circulación nunca alcanzada por periódico alguno en nuestro país: un millón de ejemplares en cada tirada, certificada por un notario público.

A precios conservadores, cada ejemplar cuesta en su impresión (papel, tintas, y otros insumos), cinco pesos. Por consiguiente estamos hablando de un periódico que va a costar 20 millones de pesos al mes, más los sueldos, gastos de distribución y administrativos.

Veinte millones de pesos mensuales, con una novedad: será gratuito.

Los periódicos, como casi cualquier empresa, tardan algún tiempo en llegar a un punto de equilibrio entre lo que se gasta en hacerlos y lo que ingresa para sostenerlos.

Ese periodo puede variar de dos a cinco años. Supongamos que el semanario que nos ocupa sea un éxito y pierda dinero únicamente el primer año: van a necesitar, como mínimo para aguantar ese primer año, 240 millones de pesos.

A juzgar por su número cero, que es un número de prueba y ajuste, los anuncios serán mayoritariamente del Gobierno del Distrito Federal (hay páginas en que aparecen dos fotografías de Marcelo Ebrard), de organismos del GDF como es la Central de Abasto, además del Instituto de Vivienda capitalino.

Vienen muchos, muchísimos anuncios de Andrés Manuel López Obrador, notas sobre el Presidente Legítimo, así, sin comillas ni cursivas, y reportajes de los edificios verdes y otras proezas urbanísticas del gobernante capitalino, Marcelo Ebrard.

En fin, es un número cero y de ninguna manera es intención de esta columna demeritar el esfuerzo que hacen su director, Ramón Alfonso Sallard, la directora de Relaciones Públicas, Laura Itzel Castillo, o colaboradores como Alejandro Encinas, Rogelio Naranjo, José Reveles, Mario di Constanzo, José Luis Concheiro, entre otros.

Lo que hacen es, en cierto sentido, admirable.

Desde la ahora llamada izquierda lopezobradorista, tienen una gran capacidad comunicativa y saben perfectamente para qué sirven los instrumentos de comunicación como un periódico.

En cambio, del lado del gobierno, de los partidos que están por un México abierto en lo económico y en lo político, los que dicen estar por la modernidad, no hay capacidad para comunicar ni para defender un proyecto de país.

Qué digo un proyecto de país: son incapaces de defender una simple reforma, ya sea en materia de justicia, energética o educativa. Están en la calle.

¿Qué pasó con el road show de medios del presidente Calderón con motivo de su segundo año de gobierno?

¿Qué periódico recogió en primera plana lo que dijo en radio y televisión?

Nada, o muy poco de lo expresado por el Presidente, se quedó en la agenda pública.

Desde el otro lado de la cancha, la izquierda lopezobradorista y ebrardista (que con Rosario fue rosarista y con Cuauhtémoc cuauhtemista), sí saben cómo hacer las cosas.

Con su influencia en los medios impresos desacreditan iniciativas de reformas.

Atemorizan a los priistas con la amenaza de llamarlos “privatizadores” o miembros de la coalición PRIAN.

Silencian, con andanadas de caricaturas o a columnazos, a los que están en su contra.

Mantienen al Presidente a raya: no puede entrar en algunos lugares sin el riesgo de que le griten o le hagan una manifestación.

Crean una atmósfera de descrédito a todo lo que se haga con miras a la modernización del país.

Satanizan personas, hasta el escarnio, para acallarlas o para disminuir su ascendencia social y política.

Deterioran la imagen de las instituciones democráticas con base en mentiras, en calumnias o en exageraciones.

Y no hay quién se les ponga enfrente, porque les tienen miedo.

Miedo a defender una idea de país, porque se empequeñecen ante los amagos de linchamiento de quienes tienen el poder de la tinta.

Ahí les viene El Periódico, con un millón de ejemplares de tirada. Y gratis.

La precaria unidad

Mauricio Merino
Profesor investigador del CIDE
El Universal

Jesús Ortega está condenado a convocar mil veces a la unidad, pues tras la batalla campal que lo llevó a la presidencia del PRD, ya no podría inyectar nuevas razones para dividir al partido. Pero dudo mucho que los grupos que lo conforman puedan —e incluso deban— llegar juntos a las elecciones de 2009, y mucho menos a las de 2012.

Lo que identifica a las corrientes que integran el PRD no es una ideología compartida ni una visión común sobre el país que desean. Su sello de identidad es, más bien, la forma en que hacen política: una búsqueda tenaz de personas y asociaciones que van sumando voluntades inconformes entrelazadas, en una parte, por su oposición al gobierno y/o a la situación general y, en otra, por intereses puntuales de toda índole.

Cada corriente aporta una cuota de militancia y capacidad efectiva de movilización, pero cada una reclama, a la vez, una parcela equivalente de influencia en las decisiones y en el reparto de posiciones políticas: dime cuántos eres y te diré quién eres. Pero esos grupos no están integrados por sus ideas, sino por sus necesidades insatisfechas y su exclusión, orquestadas por liderazgos que les ofrecen una pequeña ventaja, una oportunidad, una esperanza. A cambio, les piden fidelidad y beligerancia: estar donde y cuando deben estar, y adherirse a las consignas del día.

Por eso se mantiene vigente Andrés Manuel. No tiene un compromiso ideológico definido, sino una admirable capacidad para darle sentido a la incomodidad popular y acuñarla en causas puntuales. Ayer se expresó en la esperanza de un gobierno para los pobres, luego en el agravio de la exclusión amañada y hoy en la recuperación del nacionalismo revolucionario: esa bandera que fue del PRI mientras éste fue partido de masas organizadas y que López Obrador ha manejado desde sus orígenes con verdadera maestría, una vez repartiendo y otra vez reclamando.

De ahí que la unidad propuesta por el presidente del PRD no tenga destino: para obtenerla, tendría que abandonar sus banderas, plegarse al reparto de cuotas y seguir las causas del líder moral. Pero Jesús Ortega sostiene otra cosa: dice que su deseo es convertir al partido en una opción democrática y que está dispuesto a romper la lógica corporativa que lo ha visto crecer; dice que apuesta por la socialdemocracia como una ideología definida, y que combatirá la difusa mentalidad afincada en el nacionalismo justiciero de Andrés Manuel; dice que quiere contribuir a la consolidación democrática del país, y que desea superar la mecánica del agravio infinito y del insulto automático a cualquier posición disidente; dice que aspira a convocar una izquierda para el siglo XXI y abandonar la de los años 80.

Pero nada de eso es posible sin romper en definitiva con López Obrador y, por lo tanto, con la tradición política que vio nacer al partido que hoy tiene en sus manos.

El partido que se imagina Jesús Ortega ya no sería el PRD. O no, al menos, el que se aglutinó en torno del movimiento agraviado y corporativo de López Obrador. Por eso pienso que les valdría más romper de una vez: que cada quien siga su ruta, pues ambos mantienen visiones totalmente distintas. El líder intransigente encontraría cobijo en Convergencia y en el PT y, a la vez, les ofrecería votos para conservar su registro, mientras que Ortega podría lanzarse de plano a la aventura de inventar un partido que todavía no existe. De lo contrario, con Andrés Manuel a la sombra, el PRD seguirá siendo la misma gata, pero revolcada.

Abascal por Monreal

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Habitual cada semana en estas páginas, Ricardo Monreal escribió la noche del lunes un artículo infortunadamente oportuno: Carlos Abascal y su buena mano izquierda.

Como sucede con la gente de bien, el senador perredista-lopezobradorista y el ex secretario panista-foxista consiguieron entablar una relación tan sana como suelen ser las que son regidas por la inteligencia.

“Siempre se propuso atemperar tormentas, conciliar posturas, entender a los contrarios más que contender contra ellos, y tender puentes”, escribió Monreal.

Pero, además, definió de manera insuperable la manera como Abascal enfrentó el trance postrero: “con su buena mano izquierda…”

Y recordó que lo hizo “con entereza, dignidad” y hasta con “alegría” (como decía el mismo Abascal), alentado por su profunda, imbatible devoción cristiana.

Consecuente con la doctrina social de su Iglesia, vivió como escribió Monreal: tolerante frente a las diferencias ideológicas y activista de la reducción de las diferencias sociales.

Por eso y mucho más, duele de veras la muerte de Carlos Abascal.

Abascal, la congruencia…

Enrique Aranda
De naturaleza política
Excélsior

A Rosy y a sus hijos, por “compartirnos” a Carlos

Enterado de la muerte de Carlos Abascal Carranza cuando conversaba con un nutrido grupo de editores de medios del interior del país, el presidente Felipe Calderón sorprendió a más de uno al compartirles la información recibida y, sin más, conminarles a guardar un minuto de silencio en memoria del fallecido ex titular de Gobernación con quien, habría que decir, no siempre tuvo ni la más cordial ni la más armónica relación.

Fue más lejos aún… cortó de tajo el curso del diálogo que sostenía en la residencia oficial de Los Pinos para compartirles su íntima convicción de que muy pocas personas había conocido a lo largo de su vida “tan íntegras y congruentes como Carlos… con él —dijo— uno podía o no estar de acuerdo, podía diferir de sus posturas”, pero siempre había que reconocer el absoluto apego de éstas al pensamiento públicamente expresado.

Visiblemente afectado por la muerte del actual secretario de Formación del CEN blanquiazul y dirigente en turno de la Fundación Rafael Preciado Hernández, el jefe del Ejecutivo federal se dio tiempo incluso para referir que “apenas el sábado tuve oportunidad de visitarle en su casa (donde pasó los últimos momentos de su vida)… lo encontré muy enfermo, sí, pero plenamente lúcido… aun se dio tiempo —refirió— para darme algunos consejos, para compartir conmigo su experiencia al frente de Gobernación y para intercambiar algunos puntos de vista sobre lo que eran sus preocupaciones respecto del futuro de México…”

Así habló Calderón de quien minutos antes había muerto…y no se equivocó, pues cuando en breves trazos delineó la figura de Abascal, atinó a destacar aquellos rasgos que mejor le caracterizaban: su absoluta congruencia de vida y su apego a lo que creía y en lo que creía de manera profunda, con una fe que apenas el último miércoles de noviembre, tras recibir el doctorado honoris causa de la Universidad Anáhuac del Sur, le llevó a reprobar el que “la mayor censura a Dios en la vida pública provenga de cristianos que se autocensuran para hacer sólo lo políticamente correcto a los ojos de los demás…”

Ello, también, le llevó a expresar su íntima convicción de que, “hoy más que nunca, la vida pública requiere de mujeres y hombres de vigoroso carácter moral, con una sólida formación espiritual y con un compromiso indeclinable de ser cristianos de tiempo completo y al servicio de la nación…”

O bien, aquello de que “para que el servicio a los demás —a través de la política— sea eficaz, el cristiano ha de prepararse… para ejercitar un liderazgo integral, capaz de contribuir a eliminar las causas estructurales de la pobreza, a darle plena vigencia al Estado de derecho, a propiciar una justa distribución de la riqueza, a crear un ambiente de pleno respeto a los derechos humanos, a respetar y promover el principio de autoridad y a las instituciones, a participar activamente en la democracia, a hacer uso responsable del medio ambiente, a educar, siempre desde la perspectiva del amor…”

(Quienes tuvimos el indudable privilegio de compartir con Carlos su enfermedad y los últimos días de vida, le escuchamos decir que, si bien había aprendido algunas cosas importantes, más le hubiera gustado descubrir el camino de regreso a la casa del Padre. Ayer, no sólo evidenció haber consumado tal hallazgo, sino que dio el último paso en su recorrido. Descanse en paz).

Asteriscos

* Más de una sorpresa y no poca molestia entre los más disciplinados panistas provocarán las declaraciones que, se dice, realizará esta mañana Manuel Espino en relación con su retorno al panismo activo, cumplido ya el año de no involucramiento en el partido, que pactó con Germán Martínez, administrador en turno del blanquiazul.

* Evidencia de que algo ha comenzado a cambiar en Gobernación, la reunión que, con el tema de la (inexistente aquí) libertad religiosa sobre la mesa, sostuvieron el miércoles Fernando Gómez Mont y los suyos en la Nunciatura Apostólica con Christophe Pierre, el embajador del Vaticano, los cardenales Norberto Rivera y Francisco Ortega, y el presidente del Episcopado, Carlos Aguiar Retes.

Veámonos el miércoles, con otro tema De naturaleza política.

Agenda obligada

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Al cumplirse dos años del gobierno de Felipe Calderón no han faltado los balances de su gestión, ni tampoco las voces que han sugerido que ya es tiempo de consolidar el gobierno y mover la agenda de los temas de seguridad, en los cuales los resultados son regulares, hacia otras agendas que, en principio, le permitan mayor margen de maniobra y lucimiento al gobierno.
Se ha dicho que ya es tiempo de mover la agenda hacia los temas sociales. De hecho, esa fue la intención del gobierno de Calderón desde el inicio de su administración, cuando hablaba de “rebasar por la izquierda” a López Obrador.

En una entrevista en marzo de 2007, el Presidente señalaba que “en este arranque de gobierno, la agenda ha estado dominada por el tema de seguridad, pero mi esfuerzo se encaminará a lograr que la agenda social sea el referente para la gente que ha sufrido la falta de equidad durante décadas”.

Sin embargo, 19 meses después de esa declaración, todo indica que el referente sigue siendo la seguridad. ¿Por qué? Porque la realidad impone agendas. Y es muy probable que la seguridad va a estar en la parte alta de la agenda durante el resto del sexenio.

No obstante, es evidente que la crisis financiera internacional y su efecto en México pueden competir seriamente por el primer lugar con el tema de seguridad.

Esa parece ser la apuesta de López Obrador, quien ha intentado en vano desplazar a la seguridad de la prioridad pública. Lo intentó en el caso de la reforma petrolera pero, una vez más, la inseguridad que se vive en el país le movió el foco de atención.

El interés de AMLO y de la parte radical del PRD en mover las prioridades nacionales radica evidentemente en que piensan, y con razón, que en el tema económico llevan las de ganar pues en éste pueden desplegar fácilmente el discurso antineoliberal que los ha definido por décadas. Sin embargo, la gran duda que subsiste es si el tema de la crisis económica va a desplazar a la inseguridad como punto de referencia nacional.

Desde esa perspectiva también cabe preguntarse si al gobierno de Calderón le conviene moverse totalmente hacia los temas sociales, los cuales, a pesar de los programas que instrumente el sector público, serán un terreno pantanoso por la magnitud de la crisis económica que se avecina.

Más de alguno dirá que en el tema de seguridad también el gobierno presenta muchas vulnerabilidades, pero hasta ahora, a pesar del incremento de la violencia y de los casos de corrupción de funcionarios dedicados al combate al narco, el saldo no ha sido malo en términos políticos para el gobierno federal. Al menos las encuestas muestran todavía un importante apoyo de la población a los esfuerzos gubernamentales en este tema.

Así pues, esta es una apuesta difícil tanto para Calderón como para sus opositores. Ambos temas generan vulnerabilidades. Claro, al final, es muy probable que quien decida cuál es el tema prioritario sea, un vez más, la realidad. Y ahí no hay para dónde hacerse.

Le dije al aire: “Gracias, Carlos”

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Carlos Abascal nos citó en su despacho de Bucareli el último miércoles de febrero de 2006. La noche anterior, Tv Azteca había puesto al aire la señal del llamado Proyecto 40.

Por Tv Azteca llegaron los directivos Pedro Padilla y Jorge Mendoza, y el abogado Salvador Rocha Díaz. Por CNI/Canal 40, los abogados Javier Quijano, Xavier Cortina y yo. Abascal trató de encauzar una discusión jurídica, pero el robo estaba consumado. Petulante, Padilla le dijo que de ninguna manera saldrían del aire, y Rocha Díaz le preguntó si el gobierno prefería una pantalla apagada o una señal democrática, estética y no sé cuántas chingaderas más.

Abascal propuso abrir una negociación que no prosperó.

Dos miércoles antes nos había recibido a Javier Quijano y a mí. Le expusimos la ilegalidad que estaba por ocurrir. Abascal nos escuchó y aseguró que mientras él fuera secretario de Gobernación y el pleito estuviera sub judice, nadie encendería el 40.

Me lo encontré un par de veces después. Una en 2007, otra hace unos cinco meses en los Bisquets de Álvaro Obregón. En ambas ocasiones se despidió disculpándose discreta, brevísimamente, diciendo que hay cosas que un secretario de Gobernación no puede evitar.

El miércoles de la semana pasada lo entrevisté por teléfono para MILENIO Televisión. Quería sumarme al homenaje que le hicieron esa mañana en la Universidad Anáhuac. Las imágenes hacían pensar que podía ser la última charla. Al despedirse, sin que se lo preguntara, me dijo al aire con una voz apagada, pero que no había perdido la alegría ni la elegancia: “Y sabes, Ciro, que tratamos de hacer una rectificación jurídica en su momento, en un asunto muy difícil”.

“Gracias, Carlos”, lo despedí al aire, en nuestro código.

Gracias.

¡Que paaase Bejaraaano!

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Cuando se piensa que el cinismo no puede expresarse de tantas formas en una sola persona es cuando el sujeto en cuestión nos dice que estamos equivocados y el único límite a nuestros pensamientos es nuestra propia y anticuada decencia...

Cuando salieron a la luz los videos que lanzaron a la fama, de una manera poco grata (para los protagonistas), a René Bejarano, no le quedó de otra sino pasar una temporada en el Reclusorio Norte de la capital mexicana. A la esposa, Dolores Padierna, no le quedó otra (o tal vez sí, pero no acorde con su compinchería en el cochinero) que encargarse de limpiar, lo más que pudo, la reputación del esposo. Y aunque no dimos crédito, pero sí muchas risas, cuando la sed de poder de este personaje fue evidenciada en cadena nacional, menos aún, cuando éste recuperó la libertad. Entendimos, casi a fuerza, que a todos nos llega la redención siempre que se acepten los costos que en el escrutinio público deberán pagarse. Así que no nos quedó sino resignarnos. Total, a ellos siempre los mandan al fuero y a nosotros directito a la tostada.

Tal es la necesidad de reivindicarse que, en clara señal de arrepentimiento o de pérdida completa de la realidad, reaparecen en los escenarios que alguna vez disfrutaron y de los que fueron hechos a un lado cuando su naturaleza reptiliana se hizo presente.

Y aunque ya lo había anunciado, René Bejarano reapareció en la plataforma política el domingo 30 de noviembre, para hacer oficiales los motores del Movimiento Nacional por la Esperanza, que intentará encauzar al camino de la democracia pura a la izquierda nacional. Alejarlo del deseo de enriquecimiento patrimonial, del que alguna vez fue presa, y del engaño extremo y las promesas que nunca son cumplidas. Algo así como un AA para políticos, pero con la incertidumbre que provoca el saber que, hablando de políticos y no de alcohólicos, no hay ni siquiera cruda (moral, obvio) en el caso de los primeros...

Está de más decir que pensar en René Bejarano como un político arrepentido y que espera redención pública es una idea que me provoca sentimientos encontrados, risa e incredulidad; también exprime mis cualidades lúdicas y las hace imaginar que, para una mejor exhibición de ese político, su regreso pudo haberse armado al son de Laura en América.

El evento, en lugar de ser el lanzamiento del Movimiento de la Esperanza y la buena voluntad o cómo se llame, pudo haberse resuelto en un episodio de aquella famosa emisión peruana, donde se solía resolver problemas con argumentos y golpes, claro que, un político arrepentido, jamás usaría la violencia.

Y es que no me imagino un escenario más propio para escuchar un discurso del tipo: “No pondremos nuestro entendimiento en las riquezas, sino riquezas en nuestro entendimiento”, y le hubiera dado oportunidad de agregarle el toque dramático y así hacer creíbles sus palabras.

También hubieran podido lucirse ahí, la esposa, y de paso entretenernos con jocosas anécdotas de Bejarano, para humanizarlo más y acercarlo a la gente. Llenarlo de testimonios y buenos deseos en este nuevo proyecto. Aquí, el panelista hubiera sido Arturo López Obrador —sí, el hermano de AMLO—, quien hubiera aprovechado para defender su voluntad legítima de apoyar la causa de Bejarano.

Todo esto para que, al final, observáramos a un público encantado con las crónicas y las palabras llenas de esperanza de quien apela a la razón y al perdón que merecen los errores que alguna vez cometió.

Y es que comparar lo del domingo con aquel talk show nos deja la misma pregunta: ¿fue real o una tomadura más de pelo?

...creo que todos sabemos la respuesta.

Derechos y justicia social para personas con discapacidad

Cecilia Landerreche Gómez Morin
Titular del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF)
El Universal

Entre las incalculables conquistas del humanismo en el siglo XX, la integración social y la lucha por hacer valer los derechos de las personas con discapacidad tuvieron apenas tímidas victorias. Sin embargo, el siglo XXI ha amanecido con la promulgación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Aunque tarde, llegó con una fuerza avasalladora: nunca una convención había sido tan firmada desde el primer día de su presentación.

Hoy, al conmemorar el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, quiero recordar las palabras con las que don Gilberto Rincón Gallardo festejaba la entrada en vigor de la Convención. Decía: “Celebramos que ahora los Estados llevarán a cabo un arduo trabajo para armonizar sus legislaciones internas con el espíritu de la Convención. Celebramos que pondremos un alto definitivo a la ancestral discriminación contra las personas con discapacidad, celebramos que ahora empezaremos a transitar por el camino de la inclusión de todas y de todos, sin importar su circunstancia. Celebramos que tenemos un instrumento para cambiar la cultura de la lástima y la exclusión por la cultura de los derechos y las oportunidades para todos”.

Las palabras de don Gilberto, a quien recordamos con entrañable afecto y profunda admiración, no podrían ajustarse mejor al tema de la celebración de este año: “Convención sobre los derechos de las Personas con Discapacidad: Dignidad y Justicia para todos”. Es precisamente esto en lo que trabajamos y en lo que creemos: hablar de la integración de las personas con discapacidad es una cuestión de derechos y de justicia, y no una cuestión optativa ni de paternalismo.

A partir de la ratificación de la Convención por nuestro país, sociedad y gobierno hemos trabajado juntos y con ahínco para transformar el viejo enfoque médico asistencialista que por tantos años caracterizó nuestro trato con las personas con discapacidad. Este año, el gobierno federal, a través del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, puso en marcha la Estrategia Nacional para la Integración Social de las Personas con Discapacidad y sus Familias. Esta estrategia busca poner en el centro del discurso la dignidad, el desarrollo, una visión integral y los derechos humanos de las personas con discapacidad. Para ello, se trabaja en la elaboración de un diagnóstico nacional de la discapacidad, se promueve la profesionalización de la atención de las personas con discapacidad, se ha mejorado la infraestructura de los centros de rehabilitación del DIF y han sido organizadas mesas regionales de trabajo interdisciplinarias para la integración social de las personas con discapacidad y sus familias. A través de estas acciones se busca el compromiso y la participación de todos los mexicanos en la instauración de una cultura que respete, vigile y promueva los derechos y las oportunidades de vida plena de las personas con discapacidad.

Con políticas públicas desde y por la familia, con el trabajo concurrente de los tres niveles de gobierno, los tres poderes de la Unión, la sociedad civil y, sobre todo, la participación real de las personas con discapacidad, incluyendo niñas y niños, el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia coadyuva a sentar las bases para hacer realidad los compromisos que plantea la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad para que todos los mexicanos, sin excepción, podamos Vivir Mejor.