diciembre 07, 2008

'Cadalso for Dummies" por Paco Calderón



Que los maten a todos

Álvaro Cueva
alvarocueva@milenio.com
Ojo por ojo
Milenio

Sí, yo sé que hay muchos mexicanos que quisieran matar con sus propias manos a los secuestradores que los privaron de su libertad, que los mutilaron o que les asesinaron a algún familiar.

También sé que hay muchos otros paisanos a los que jamás les han hecho nada pero que, igual, de tanto oír historias de terror, de secuestradores y asesinos, les quisieran meter un lanzallamas por la boca.

En resumen, hay mucho odio en el ambiente. Por un lado, está el genuino odio de las víctimas de secuestro, de sus familiares y de sus amigos. Y por el otro, el odio propagado por quienes le están sacando provecho político, religioso y económico a esta monstruosidad.

El caso es que la estimulación alrededor de los secuestros, las mutilaciones y los asesinatos ha llegado a tal grado que cada vez es más difícil conservar la calma.

Que si el hijo del señor Martí, que si la hija de Nelson Vargas, que si México está como Colombia, que si ya no queda nadie que no conozca a un secuestrado, que si la ciudad en la que vives es la más peligrosa del país, que si la policía no sirve para nada.

Y no, no saludes a nadie que te quiera sacar plática en la calle, no te detengas si se te poncha una llanta, no toques nada que te quieran dar, no contestes lo que te pregunten por teléfono, no bajes los vidrios de tu carro, no te detengas si te para la policía. ¡Te van a matar!

Ante semejante campaña de pánico colectivo, por supuesto que a uno le dicen: “pena de muerte para los secuestradores que asesinen a sus víctimas”, y no hay nadie que no conteste: “Sí, que los maten y, de paso, que también maten a los narcos, a los violadores, a los corruptos, a los que no estén de acuerdo conmigo, a los que no compartan mis vicios, a los que tengan otra religión, a los que tengan otra orientación sexual, a los que me caigan mal, a los gordos, a los feos y a los viejos. Que los maten a todos”.

El pequeño detalle es que nuestras autoridades han demostrado ser tan incompetentes hasta para la selección de los pilotos de sus aeronaves, que lo más probable es que si autorizan la pena de muerte para los secuestradores que maten a sus víctimas, a los únicos que van a ejecutar va a ser a los que sean inocentes.

Igual, nuestro gobierno tiene tanta fama de corrupto que no es difícil imaginar que los que reciban la inyección letal, los que se sienten en la silla eléctrica o los que pasen a la cámara de gases vayan a ser los que no tengan dinero para sobornar a los jueces.

Aunque uno no quiera, en México no hay manera de recibir esta noticia y de no imaginar errores, venganzas y truculencias, o de no inventar chistes macabros.

Usted nada más póngase a pensar en el calvario burocrático que tendría que pasar para que el Congreso apruebe esta ley.

Luego, en todo lo que se tendría que hacer a nivel presupuestos e infraestructura para levantar instalaciones, implementar metodologías y contratar especialistas.

Una vez hecho esto, piense, por favor, en la parte de los juicios, el papeleo, las acusaciones, las defensas y las relaciones públicas con los medios de comunicación.

Y ya después, en las primeras ejecuciones, en lo que pasa antes, durante y después de esos espectáculos, y en el traslado de los cadáveres.

¿Cuánto tiempo le gusta que pase de aquí a entonces? ¿Cuántas personas más van a ser secuestradas y asesinadas hasta que llegue ese instante?

¿Servirá de algo? ¿De qué? ¿En verdad usted cree que los secuestradores se van a orinar de miedo ante este disparate impropio del espíritu que los mexicanos hemos defendido a escala nacional e internacional desde hace décadas?

¿No sería un poquito más rápido, fácil y barato que las autoridades hicieran bien su trabajo?

Digámoslo como se debe de decir: Humberto Moreira, el gobernador a quien se le ocurrió esta idea, se equivocó al hablar de la pena de muerte.

A lo mejor don Humberto ha visto demasiadas series de abogados, pero sus palabras sólo han servido para que medio México se le eche encima, para que los políticos jueguen a la descalificación preelectoral y para que los organizadores de la campaña de pánico en la que vivimos sean mucho más felices de lo que eran antes.

La pena de muerte jamás ha sido la solución para un problema. Pensar en ella es un error, un truco, una distracción. ¡Cuidado!

¡Atrévase a opinar!

Felipe Calderón ¿reprobado?

Manuel Gómez Granados
La Crónica de Hoy

La situación actual del gobierno de Felipe Calderón por varias razones es muy compleja: esta semana se rebasó la cifra de 5 mil muertes en 2008, como consecuencia de la guerra contra y entre las bandas del crimen organizado. Y en lo que va de la actual administración, la cifra rebasa ya las 7 mil 800 víctimas.

Además, se han registrado desplomes insólitos en las perspectivas de crecimiento económico como producto del impacto de la crisis económica norteamericana, ya que según cifras de la OCDE, nuestro país crecerá este año sólo 1.9% en lugar del 2.8% que se había proyectado. Mientras que para 2009 se prevé apena 0.4%.

Se produjo una enorme disminución en la creación de empleos —del millón de empleos que se planeaba crear anualmente al inicio de esta administración—, ya que sólo se han generado en este año, según cifras de Secretario del Trabajo, alrededor de 375 mil. Esta es una parte de lo negativo de estos dos años, pero también hay una parte positiva.

Si recordamos que el primero de diciembre de 2006 todo indicaba que México se precipitaba hacia una tormenta de ingobernabilidad e incluso hacia posibles estallidos sociales, a dos años de distancia los adversarios políticos y los enemigos —que no son lo mismo—, están bien identificados. Hay riesgos pero no falta de gobierno, ya que se diga lo que se diga, en los últimos 24 meses se registraron avances en reformas importantes que son fruto del consenso de las fuerzas políticas y que allanan el camino para transformaciones más profundas en otros ámbitos como el educativo, laboral y de impartición de justicia.

Como expresó el Presidente el 30 de noviembre: “el programa de infraestructura, el combate al crimen organizado o las reformas estructurales realizadas en materia hacendaria o de pensiones, de transparencia del gasto, en materia electoral, la reforma Judicial Penal, la reforma a Petróleos Mexicanos, la Alianza por la Calidad de la Educación, todos, todas y cada una de ellas han sido transformaciones profundas que cambiarán, estoy seguro, el rostro de México… “en dos años de gobierno hemos demostrado que las dificultades no se evaden, sino que se enfrentan con decisión. Y al hacerlo, se supera la adversidad y se abren nuevos horizontes para el país”.

Si algo distingue al gobierno actual es la determinación y el empeño por dar resultados positivos en la guerra contra el crimen organizado, que le estaba ganando la carrera al Estado.

No perdamos de vista, además, que algunas iniciativas, como la Alianza por la Calidad de la Educación, al trastocar y transformar los añejos cotos de poder en la estructura burocrática del sistema educativo nacional, implica correr riesgos —como lo hemos estado observando en Morelos y Guerrero y Oaxaca— que, empero, es necesario enfrentar. No pueden seguir existiendo ámbitos de extraterritorialidad legal. Urge que todos nos sometamos al imperio de la ley.

La crisis económica, por otra parte, no es culpa del actual gobierno, aunque pueda hacer mucho más para enfrentarla. Por eso, sería conveniente que revise de forma realista las fortalezas y debilidades de nuestro sector financiero, así como de otras áreas estratégicas —no sólo la energética— que pueden detonar el desarrollo regional en nuestro país para generar los empleos que se requieren urgentemente.

En el caso de la guerra contra el crimen organizado y el narcotráfico, no bastan las buenas intenciones y durante muchos años no se hizo nada. En éste y otros ámbitos “se dejó hacer, se dejó pasar”.

En el mensaje del Presidente quedó clara la decisión de continuar con esta batalla: “Hoy padecemos las consecuencias de años de indiferencia ante el cáncer de la criminalidad, la impunidad y la corrupción. Este mal se convirtió en una amenaza para la paz y el bienestar de las familias mexicanas y representa un desafío para la viabilidad misma del Estado… lo más fácil para el gobierno federal hubiera sido cerrar los ojos ante la realidad. No lo hicimos, decidimos enfrentarla con todas sus consecuencias”.

Más allá de lecturas optimistas o pesimistas, a dos años de gobierno necesitamos reconocer la realidad en toda su complejidad y enfrentar los problemas llamando a las cosas por su nombre.

Ciertamente los mexicanos debemos exigir resultados concretos de nuestros gobernantes, pero también es importante que seamos capaces de reconocer lo positivo y mirar, en lo mucho que falta, la necesaria participación de todos nosotros en la cosa pública. No participar en política es abdicar y sólo criticar sin asumir la propia responsabilidad es demagogia.

¿Gradualismo ciudadano o ciudadanización oficial?

Francisco Javier Acuña
fjacuqa@hotmail.com
Excélsior

La madurez de las instituciones es apremiante, y más cuando se propagan amenazas demagógicas que exigen barbaridades basadas en encuestas como la pena de muerte.



La modernización democrática se construye mediante la adopción de hábitos que se arraigan de manera pacífica y gradual, de modo que los simples habitantes se transformen en auténticos ciudadanos dispuestos a estrenar sus derechos y a ejercitarlos responsable y permanentemente.

Cuando surgieron los organismos electorales en la década de los años noventa para garantizar el derecho a una representación política veraz y confiable, el respeto al sufragio universal y a la gestión del ombudsman, se lanzó desde el gobierno la idea —por esos momentos válida— de “ciudadanizar” esas instancias públicas nuevas, porque lo que importaba era que la gente las percibiera independientes del Poder Ejecutivo que antes las presidía, pero, entonces, en México no había un sector social organizado de forma independiente como ahora sí lo hay con numerosas organizaciones de la sociedad civil que hacen una labor estupenda en la defensa de causas urgentes, en la denuncia de exigencias de justicia y en la suministración de ese generoso acto popular de filantropía a favor de grupos vulnerables.

“Ciudadanización” es un termino bandera de movimientos reivindicatorios del poder de incidencia de la sociedad organizada. En México se puso de moda en la época salinista y tuvo alguna justificación pedagógica temporal. Después se ha vuelto un término engañoso si se aplica a las instituciones públicas emblemáticas de la democratización mexicana (la CNDH, el IFE, etcétera). Me explico: “ciudadanización” es una modalidad de comportamiento social que refleja actitud y aptitud ciudadanas sostenidas frente al hacer gubernamental ordinario. Por eso, ciudadanización no es una característica del modo de ser de las instituciones, sino de la comunidad que actúa en lo individual o en conjunto con respecto a causas concretas y positivas. Es falaz asegurar que ciertas instancias públicas son ciudadanas porque las integran personas que provienen de la sociedad organizada o de la academia y no de otros cargos gubernativos (trayectoria oficial). Las instancias públicas (el ombudsman o el árbitro electoral, por ejemplo) son organismos del Estado y constituyen instituciones especializadas que deberían ser dirigidas e integradas por expertos, dueños de una independencia de criterio. Al estar dotadas dichas instancias de una autonomía presupuestal, se presume que esa combinación de factores las inmunizaría del peligro de actuar bajo consigna o presión gubernativa, pero eso no significa que esas instancias sean, por esa cualidad de su misión y de sus integrantes, oficinas extraestatales (o, peor aún, “paraestatales”), sino simplemente órganos autónomos de los poderes públicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial).

En las democracias modernas ya no se habla de población (salvo en los censos que indican el número de habitantes del país). En el discurso oficial inclusive el término “colectividad” es anacrónico; ahí se habla esencialmente de “ciudadanía” para referirse a los integrantes de la comunidad y esa es una expresión amplia que abarca a los menores de edad —aunque aun no puedan ejercer todos los derechos y obligaciones cívicas por sí mismos— y a los extranjeros (con independencia de su condición migratoria).

Conviene recordar el sabio adagio popular de aquella ronda: “En el juego de Juan Pirulero que cada quien atienda su juego…” Ni el ombudsman puede ignorar a las organizaciones de la sociedad civil ni las puede reemplazar actuando como si fuera una super-ONG, o una especie de agencia asistencial de causas que ocurren en su jurisdicción sólo por protagonizar. La madurez de las instituciones es apremiante, y más cuando se propagan amenazas demagógicas como las que exigen barbaridades basadas en encuestas de opinión ciudadana a favor de la pena de muerte. Por eso, insisto, hay que distinguir el gradualismo ciudadano (ejercicio paulatino y civilizado —pacifista— de los derechos humanos) en lugar de la ciudadanización oficial dictada por decreto de un oportunismo embaucador como el que exhibió hace días la unánime aprobación del Congreso de Coahuila de la nefasta “exigencia ciudadana” que pretende legitimar con ropaje de ciudadanización oficial un primitivo gobernador.

El PAN en 2009

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Para nadie es un secreto que en el ya cercano julio de 2009 el Partido Acción Nacional se juega mucho más que su segundo lugar en la Cámara de Diputados.

El PAN se juega una importante posición en el Congreso, seis gobiernos estatales y no pocas capitales. Pero lo verdaderamente importante es que está ante el riesgo de que se haga realidad la sentencia del propio Felipe Calderón en sus tiempos de dirigente partidista: “No perdamos el partido por ganar el poder”. ¿A qué nos referimos?

Cuando nos aproximamos a la segunda mitad del segundo gobierno azul, el de Calderón, el PAN vive una de sus crisis electorales mayores, que lo coloca ante el riesgo de que en 2012 pueda terminar una corta vida en el poder. Y es que tampoco es un secreto que los años que lleva el partido en el poder son los mismos que han servido para que un amplio sector social se percate de las incapacidades de AN en el gobierno. ¿Qué ocurre con el PAN en el terreno electoral?

EL COSTO DEL PODER

Queda claro que, como pocos partidos políticos, el PAN ha pagado un alto costo de imagen, credibilidad y confianza ciudadana a partir de su llegada al poder —en el estado de Baja California en 1989, como primer estado, y en el 2000 en el poder federal— al grado de que ha perdido al poco tiempo estados fundamentales como Nuevo León y Yucatán, que regresaron al PRI tras muy malos gobiernos azules. Lo mismo puede repetirse en 2012, en la elección presidencial, ya que el PRI está cerca. Se conoce el “qué”. Falta saber el “Por qué”.

Según los propios panistas, el fracaso en el ejercicio del gobierno, en los tres órdenes —municipal, estatal y federal— se debe a que en los 20 años que tiene de acceder al nivel estatal y nueve al federal, los gobernantes —salvo ahora Calderón— no han sido panistas de doctrina, sino en su mayoría políticos emergentes, empresarios y oportunistas del poder que en no pocos casos han llegado a medrar con los colores azules.

Se puede hacer un recuento desde la llegada de Ernesto Rufo al gobierno de Baja California y se concluirá que la mayoría de los gobernantes, incluido Vicente Fox, no eran más que políticos improvisados, sin militancia panista y con más ambición de poder y genética del PRI que de Acción Nacional. ¿Por qué ese fenómeno no ha pasado con el PRD en el DF, por ejemplo? Porque los gobernantes amarillos de la capital —salvo ahora Marcelo Ebrard— son perredistas fundadores.

La imagen de los gobiernos azules en todo el país, la que dejó Fox en su fallido gobierno y la cuestionada legitimidad de la gestión de Calderón, han pegado fuerte en el ánimo del elector sin partido, lejano del PRI y de la izquierda, y que fue hasta 2006 el votante azul.

Y eso lo saben bien el presidente Calderón y su gerente del partido, Germán Martínez, quien no ha ganado una sola elección importante en el último año —y primero de su gestión— ya sea porque su antecesor, Manuel Espino, le entregó un partido derruido o porque las del michoacano no son las capacidades ideales para jefaturar al partido del gobierno.

Por eso, por ese desprestigio, Calderón dijo ayer en el Consejo Nacional del PAN que “no meterá las manos” en el proceso electoral venidero, en alusión al desprestigio que ocasionó Vicente Fox al manosear la elección en la que Calderón resultó ganador. Y al mismo tiempo, por eso Germán Martínez hizo especial énfasis en los temas de la seguridad como el del secuestro y rechazó que la salida sea la pena de muerte. El jefe del partido azul sabe que por ahí se le puede ir la elección.

EL PAN Y EL SECUESTRO

Está claro que formalmente el Congreso de Coahuila tiene facultades para legislar en esa y muchas otras materias y llevar su propuesta al Congreso de la Unión. Está claro que resultaría harto saludable para todo el país un debate nacional, con especialistas del tema, sobre la conveniencia o no de reformar la Constitución para aprobar o no la pena de muerte.

Pero también es cierto que transitar por la espinosa ruta de la pena de muerte en tiempos electorales es lo más cercano a pretender usar con fines políticos el drama y el dolor que para miles de víctimas significa el secuestro, flagelo que se convierte en tragedia ante la incapacidad de los tres órdenes de gobierno y los tres poderes de la Unión.

El tema no es nuevo; lo propuso un sector de la derecha más rancia; lo ha retomado en espectaculares por todo el país esa farsa de partido que es el Verde; y ahora lo lanza al ruedo el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, con el apoyo del siempre calculador Manlio Fabio Beltrones, poderoso líder de los senadores del PRI, quien cauto y visionario dice que no estaría mal un debate al respecto. La renta política de colocar en la conciencia colectiva los temas de coyuntura y que lastiman a las mayorías es bien conocida por los estrategas del PRI.

Pero también la conocen en el PAN y en el PRD. Y como entraremos al año electoral intermedio —para renovar la Cámara de Diputados y seis gobiernos estatales—, los gananciosos con ese debate no son otros que los señores del PRI, frente a gobiernos cuestionados por su incapacidad en el combate a la inseguridad, como el de Calderón a nivel federal y el de Marcelo Ebrard en la capital del país.

MUERTO EL PERRO NO ACABA LA RABIA

Apenas el pasado 8 de agosto nos referimos al tema —Itinerario Político, “¿Pena de muerte o pena de vida?”— y dijimos que nadie puede negar que es entendible la reacción social que reclama la pena de muerte para los secuestradores, sobre todo ante crímenes como el del joven Martí y posiblemente el de la joven Silvia Vargas.

Y puntualizamos: “Pero también es cierto que resulta inútil la pena de muerte de los criminales de ese y otros delitos, sobre todo ante un Estado mexicano cuyos actores son incapaces de entender que no asistimos a un problema de penas mayores, sino de ineficacia y mediocridad en el ejercicio del poder, en los tres órdenes de gobierno y en los tres poderes de la Unión.

“Es falso que el secuestro y otros delitos puedan terminar si se aplica esa joya del refranero popular: ‘Muerto el perro se acaba la rabia’, como también es cierto que pretenden engañar los que aseguran que la Ley del Talión —el ojo por ojo— es la fórmula para acabar con los crímenes como el de Martí. Y es que el problema no sólo está en la proliferación de policías que al mismo tiempo son delincuentes y secuestradores, sino que el conflicto se localiza en el conjunto del Estado y de su clase política, que ante los ojos de todos vive en y de la cultura de la impunidad.

“Todos los partidos, los políticos, los gobernantes han pasado y pasan sobre la ley, la han negociado, se han hecho de la vista gorda por este o aquel asunto y se han beneficiado de ese inexistente y hasta ofensivo estado de derecho”. Hasta aquí la cita.

Pero en sectores amplios del PRI y entre los mercaderes del Partido Verde, quieren los votos de ese amplio segmento de mexicanos agraviados por la inseguridad, el secuestro, la criminalidad.

¿Por qué la preocupación en tiempo electoral? Por eso las dirigencias del PAN y del PRD se han negado a que el tema de la pena de muerte se convierta en tema político. Por eso se debe insistir en que la elección de 2009 para, por la inseguridad. Y si no, al tiempo.

La pobreza afecta el cerebro

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Por si faltara un buen motivo para combatir la pobreza que abruma a países como el nuestro, con decenas de millones de personas que no logran cubrir sus necesidades básicas, investigadores de la Universidad de California en Berkeley han mostrado que los electroencefalogramas (EEG) de niños de la misma edad difieren bajo la única variable del ingreso familiar.

El estudio, subido a la red por un servidor de Science, aparecerá en el Journal of Cognitive Neuroscience. Niños de entre 9 y 10 años, normales, distintos sólo en el estatus socioeconómico, presentan diferencias en la respuesta de sus cortezas prefrontales, nada menos que la parte del cerebro esencial en la solución de problemas y la creatividad.

Las funciones cerebrales se midieron con electroencefalógrafo: una red de electrodos colocados sobre el cráneo para medir desde el exterior la actividad eléctrica del cerebro.

Chicos de niveles socioeconómicos más bajos muestran patrones de fisiología cerebral similares a los de adultos que han sufrido daño en el lóbulo frontal. “Encontramos que los chicos tienen mayor probabilidad de mostrar una respuesta baja si vienen de un estrato socioeconómico bajo, aunque no todo el que es pobre muestra esa baja respuesta del lóbulo frontal”, dice Robert Knight, director del Instituto Helen Wills para Neurociencia en Berkeley.

Estudios anteriores han mostrado una posible relación entre la función del lóbulo frontal y diferencias conductuales en niños de bajo y alto nivel socioeconómico. Pero “se realizaron sólo con medidas indirectas de la función cerebral y no pudieron separar los efectos de inteligencia, lenguaje y otros factores que tienden a asociarse con un bajo estatus socioeconómico. Nuestro estudio es el primero basado en medidas directas de la actividad cerebral en el que la complejidad de la tarea no es relevante”, dice el principal autor del artículo, Mark Kishiyama.

Al coautor del artículo, Thomas Boyce, no le sorprenden los resultados: “Chicos que crecen en medios de escasos recursos tienen más problemas con los tipos de control conductual regulados por la corteza prefrontal. Pero el hecho de que veamos diferencias funcionales en la respuesta de dicha corteza en chicos de más bajo estatus socioeconómico es definitiva”.

Boyce encabeza un programa de investigación que estudia las formas en que las desventajas durante el crecimiento cambian el desarrollo neural básico de los niños durante los primeros años de vida.

“Estamos ante el timbre de un despertador”, dice Knight, “porque no es sólo que esos chicos sean pobres y con mayor probabilidad de tener problemas de salud, sino que podrían en realidad no estar logrando un desarrollo cerebral completo a causa del medio menos estimulante que se asocia al estatus socioeconómico bajo: más pocos libros, menos lecturas, menos juegos, menos visitas a museos”.

Kishiyama, Knight y Boyce plantean que esas diferencias cerebrales podrían eliminarse con entrenamiento adecuado. Colaboran con neurocientíficos de la Universidad de California en Berkeley que emplean juegos para mejorar la función prefrontal y con ello la habilidad para el razonamiento en niños de edad escolar.

“No es una sentencia de por vida”, enfatiza Knight. “Pensamos que con intervención adecuada y entrenamiento podrían mejorar tanto en índices conductuales como fisiológicos”.

Una mitad de los niños para el estudio provenían de familias de bajos ingresos, la otra mitad de familias con ingresos altos. Los investigadores midieron la actividad cerebral durante el desempeño de una tarea sencilla. Así descubrieron notables diferencias en la respuesta de la corteza prefrontal de los niños. Los procedentes de medios socioeconómicos bajos mostraron una más baja respuesta a estímulos inesperados y nuevos. La respuesta era similar, dice Kishiyama, a la de personas que han sufrido la destrucción de una parte de su lóbulo frontal a causa de un infarto cerebral.

“Estos chicos no tienen daño neural ni exposición prenatal a drogas o alcohol, pero la corteza prefrontal no funciona tan eficientemente como debería. Esa diferencia se puede manifestar en la solución de problemas y en el desempeño escolar”, afirma Kishiyama.

El equipo sospecha que los medios estresantes y cognitivamente pobres son los responsables, ya que en animales el estrés y la privación ambiental han mostrado que afectan la corteza prefrontal. Boyce hace notar que estudios previos muestran que los hijos de familias pobres oyen unos 30 millones de palabras menos que los de clase media para cuando tienen 4 años de edad. “No culpamos a las familias pobres por no hablar con sus hijos, hay quizá un trillón de razones para eso. Pero el cambio puede venir de algo tan accesible como ayudar a los padres a entender que es importante que los chicos coman con sus padres y que durante la comida sería bueno conversar y que la gente se hable”.

Contacto: Robert Sanders, rsanders@berkeley.edu

Nueva energía, nuevas Baterías

Luis Manuel Guerra
quimicoguerra@quimicoguerra.com
La Crónica de Hoy

En mi artículo del domingo pasado hablé del nuevo desarrollo en pilas domésticas que le permiten al ciudadano desechar las baterías usadas junto con los desechos inorgánicos o “secos”, rompiendo el mito de que las pilas son algo terrible, que pueden contaminar miles de litros de agua potable y causar daños insospechados a la salud de los ecosistemas.

Mientras se trate de pilas de marcas ambientalmente responsables (Sony, Duracell, Energizer, Eveready, Rayovac, Varta) el problema de su disposición final no es ya motivo de preocupación, ni siquiera por cuanto al volumen.

En México, consumimos per cápita un poco menos que 10 pilas por año, lo que hace el volumen de una lata de atún por año. Sin embargo, comenté también de un nuevo desarrollo tecnológico que nos va a permitir ¡no tener que desechar pilas durante toda nuestra vida! El nuevo desarrollo de hidruro de metal-Níquel permite recargar hasta mil veces la misma pila, con una carga de cuatro veces más duración que las pilas recargables actuales.

Esto quiere decir, que si yo, Luis Manuel Guerra, me compro un cargador de los nuevos, inteligente, con cuatro baterías recargables de las nuevas, tengo carga para cuatrocientos años de uso individual, o cien años para uso en aparatos e instrumentos que usen cuatro baterías simultáneamente.

Si estoy usando al mismo tiempo cinco aparatos e instrumentos de cuatro pilas cada uno, tengo carga para veinte años. Una verdadera revolución. Pues coincidentemente (mejor dicho causalmente), la revista Newsweek (una de las más leídas y prestigiadas a escala mundial) en su último número publica un artículo acerca de esta revolución, “Now we are cooking with… batteries”).

Pareciera que Newsweek sigue los pasos a La Crónica en México, porque precisamente relata el advenimiento de esta nueva tecnología.

No solamente se refieren al caso de la pila doméstica, sino a la nueva situación resultante del impulso que a nivel mundial se le está dando a los autos híbridos y eléctricos, debido a la urgente necesidad de abatir la emisión de gases efecto invernadero (CO2, CH4 y NO2, principalmente).

En los últimos días, y de cara a la cumbre del clima que se está desarrollando desde el lunes pasado en Poznan, Polonia, para redactar el tratado que sustituirá al Protocolo de Kyoto en 2012, se ha hecho más evidente que nunca antes, que sobre todo en el sector del transporte individual, se dará un impulso sin precedente a los “vehículos alternativos”.

La tecnología disponible en el momento es la de los autos híbridos y eléctricos, que ya tienen más de una década en el mercado.

Sin embargo, a pesar de los grandes avances tecnológicos de esta última década, las baterías no habían tenido mayores avances, convirtiéndose en el talón de Aquiles de los autos puramente eléctricos: Yo estuve haciendo en la ciudad de México las pruebas de manejabilidad del vehículo eléctrico más avanzado del mundo en 1998: el EV1 (electric vehicle 1) de General Motors, un biplaza deportivo extraordinario, salvo que no llegaba a Cuernavaca o a Puebla saliendo de la ciudad de México, debido a las baterías, ¡y eso que cargaba 550kg de ellas! Muy a mi pesar, tuve que recomendar a General Motors después de un año y medio de pruebas, que el coche era inviable.

Ahora se ha presentado un rompimiento hacia adelante en la tecnología de las baterías recargables: Precisamente lo que hace a la pila doméstica recargable en base a Hidruro de metal-Níquel tan útil para esta nueva era de la energía. Las baterías de los nuevos autos eléctricos, basados en esta nueva tecnología, permiten con mucho menor peso y más capacidad de carga darle una mayor autonomía a los vehículos eléctricos.

La profunda crisis por la que atraviesan las tres grandes empresas automotrices de los Estados Unidos podría ser resuelta si ofrecen vehículos híbridos y eléctricos a precios accesibles para el gran público. El Congreso de aquel país ha puesto ya inclusive como condicionantes para otorgarles los veinticinco mil millones de dólares solicitados como rescate financiero, que incluyan en su abanico de modelos más autos que se impulsen con energías alternas.

Pero no sólo la industria automotriz necesitaba de mejores y más ligeras baterías, sino el uso urbano de la energía solar y eólica requiere soluciones modernas para el almacenamiento eficiente de la generación alternativa de electricidad.

Michael Tackeray, un experto en baterías del Laboratorio Nacional Argonne de los Estados Unidos declaró a Newsweek: “Todo el mundo exige mayor poder de las baterías, y no se trata sólo de teléfonos celulares o el iPod, sino de satisfacer muchos de los imperativos sociales actuales”.

En tanto, el mundo de la alta tecnología avanza vertiginosamente: Los chips de las computadoras duplican su velocidad cada dos años (las BlackBerry actuales tienen mayor capacidad que las PC’s de hace algunos años), las baterías se habían quedado peligrosamente rezagadas.

Desde que Alessandro Volta inventó la pila eléctrica en 1800 en Italia, no se había mejorado el principio de una reacción química controlada que tiene lugar dentro de una serie de celdas, cada una de las cuales tiene un electrodo positivo y uno negativo, divididos por un separador inmerso en un electrolito conductor.

Cuando la batería se conecta a una corriente eléctrica, los iones cargados positivamente se mueven hacia el electrodo negativo, y entonces los electrones se mueven por un circuito exterior creando una corriente eléctrica.

En 1890, Thomas Alva Edison invirtió este proceso, creando la primera pila recargable, basada en baterías de níquel. No fue sino hasta 1991, cuando Sony desarrolló las primeras baterías a base de litio, el metal más ligero conocido en el universo. La capacidad de carga de estas nuevas baterías es inclusive superior a las de hidruro de metal-níquel.

En este momento, empresas de vanguardia como Johnson Controls están en el proceso de perfeccionar baterías de Ion-Litio para garantizar recargas de estas baterías en vehículos eléctricos que les permitan recorrer hasta 350,000 kilómetros. El flujo de inversión en este tipo de desarrollos ha aumentado en los Estados Unidos de 4.3 millones de dólares en 2002 a 200 millones este año. ¡Estamos frente a una verdadera revolución!

Te invito a que nos veas a Sandra y a mí hoy a las 11:00 de la mañana por el canal 412 de cable en Vida Verde.

Despedir a los empleados

León Krauze
camarahungara@hotmail.com
Excélsior

Felipe Calderón enfrenta una encrucijada. El caso de Silvia Vargas Escalera debe ser un hito en la vida pública nacional y marcar un antes y un después, porque la incapacidad de las autoridades resulta irrefutable.

Imaginemos el siguiente escenario. Una empresa que se dedica a vender —digamos— papel recibe un pedido cuantioso de un cliente. Cumplir a tiempo y en calidad con ese comprador puede “hacerle el año” a la compañía papelera porque demostraría, en el interior y en el exterior de la empresa, que puede manejar esa carga de trabajo. Y el cliente se ha portado generoso: es tal su urgencia de recibir el papel que le ha entregado al área de ventas todas las especificaciones del producto que necesita. La papelera sólo tiene que ponerse a trabajar. Los de ventas tienen que comunicarse correctamente con los de producción para cumplir con el pedido. Pero las cosas se complican. Por incapacidad, distracción, negligencia o la razón que se quiera, el papel que el cliente ha ordenado comienza a retrasarse. Éste habla a su proveedor para quejarse una y otra vez. Amenaza con hablar con el director general y, en caso de que el fiasco continúe, se reunirá con la prensa. Aterrados, los empleados de la empresa vendedora de papel le piden que espere un poco más, que el papel ya va en camino, que sólo es cuestión de días. Pasan las semanas y los meses. Al final, el papel no llega y el cliente pierde su negocio. Por confiar en la compañía de papel no ha podido cumplir con sus metas y ha caído en desgracia. El escándalo se vuelve público cuando el hombre en cuestión acude, finalmente, a los medios de comunicación. La empresa de papel queda exhibida. El caso está plenamente documentado y con él cada una de las torpezas, malos cálculos y descuidos fatales de los empleados papeleros. Más allá de resultados previos, la percepción pública de la compañía es, ahora, atroz. La pregunta inmediata es: ¿quién debe pagar los platos rotos?

El mundo de la iniciativa privada, donde uno es empleado para dar resultados y si no los da termina en la calle, debería servir de comparación constante para quienes se dedican al servicio público. Cada una de las áreas de los gobiernos municipales, de los estados y el federal no es otra cosa que una empresa que tiene como jefe al ciudadano de a pie. La rendición de cuentas en la administración pública debe ser tan o más estricta que la que uno esperaría en una compañía hipotética como la anterior. La ciudadanía tiene básicamente dos maneras de despedir a sus empleados en el gobierno: la primera, directa y la segunda, indirecta. La primera son, naturalmente, los procesos electorales. “Si no te gustan estos políticos, elige otros”, me decía el filósofo holandés Rob Riemen cuando le pedí que me resumiera el significado de la democracia. Tiene razón. Cada cierto tiempo, el electorado puede presentarse en las urnas para dar una patada en el trasero no sólo a los políticos en específico sino a la agenda de los partidos que aquellos representan. En el ínterin, sin embargo, el electorado depende de la segunda manera de despedir a sus empleados, la indirecta. En ella, la ciudadanía confía en los buenos oficios y el sentido común de los políticos a los que ha elegido democráticamente en el ciclo electoral anterior. Para utilizar de nuevo una referencia de la iniciativa privada, el consejo de administración deberá confiar en las decisiones del director general que ha puesto al mando de la compañía. Es el director general quien tiene la obligación de evaluar el rendimiento de sus subalternos, llamarlos a cuentas y, en caso de ser necesario, despedirlos.

Alguna vez le oí decir a un amigo especialista en negocios que la principal característica de un gran hombre de empresa es su manejo de crisis. Es verdad. Volvamos, así, al ejemplo inicial. Después de la catástrofe de resultados y relaciones públicas que habría significado el fracaso, el director general de la empresa habría tenido que buscar responsables. Alguien en el departamento de ventas no hizo bien su trabajo. Alguien en el equipo de producción está quedando a deber. Y la solución es simple: por sentido común, para buscar recobrar alguna credibilidad y hasta por decencia, alguien tiene que dejar la compañía. Porque así funcionan las cosas en el mundo real: el naufragio de una venta va directo al estado de resultados. Ante el conflicto, la empresa debe transmitir seguridad, confianza y determinación. Para el director general, quedarse cruzado de brazos ante el fracaso documentado y público equivale a suicidarse.

El presidente Felipe Calderón enfrenta ahora una encrucijada. El caso de Silvia Vargas Escalera debe ser un hito en la vida pública nacional. Y debe serlo no porque el caso haya sido tan público o porque su padre sea un hombre reconocido y elocuente. Debe marcar un antes y un después porque la incapacidad de las autoridades resulta irrefutable. La cronología del caso es devastadora: un año y dos meses tardó la PGR en atender correctamente la pista — trágicamente acertada— que Nelson Vargas le había puesto frente a las narices apenas tres semanas después de secuestrada Silvia. En el camino hubo acciones y declaraciones cuya torpeza desafía la confianza en las buenas intenciones de los involucrados. Alguien, sin duda, tiene que irse.

Es comprensible que el presidente Calderón dude a la hora de cortar cabezas. Desde 2006 ha enfrentado demandas histéricas de despidos injustificados. Afuera de la empresa que dirige ha estado gritando un loco que quiere el puesto del Presidente después de haber sido pasado por alto por el consejo de administración. El loco en cuestión ha exigido la destitución de todos los empleados porque lo que quiere es la renuncia del director general. No tenía razón y sigue sin tenerla. Pero esto es distinto. A diferencia de la crisis laboral de los Mouriño y los Carstens, el caso de Silvia Vargas sí ha puesto de manifiesto un sinfín de errores, indignos todos, de la responsabilidad que cargan a diario los funcionarios involucrados. El Presidente debe comportarse como lo que es y despedir a quienes le han fallado a Nelson Vargas, uno de los 120 millones de dueños de esta tambaleante y triste empresa llamada México

Cada cierto tiempo, el electorado puede ir a las urnas para dar una patada en el trasero no sólo a los políticos sino a la agenda de los partidos.

Memoriales de Madero y los “extranjeros”

Juan María Alponte
alponte@prodigy.net.mx
México y el mundo
El Universal

En el semestre que acaba de terminar en la Facultad de Ciencias Políticas he presentado, en mi materia de Historia, el retrato, con sus orígenes de clase y circunstancias biográficas, a notables insurgentes de la Independencia en América Latina. Para mi sorpresa, por ejemplo, la mayor parte eran desconocidos y, desde luego, Francisco de Miranda. En Venezuela es el “Precursor”.

Ello así porque su desembarco en Venezuela, en 1806, para iniciar el levantamiento, aún fracasado, fue un dato histórico. Su vida en España como oficial, como general de la Revolución en Francia, como viajero en Europa y Rusia y, finalmente, su papel en Londres como “embajador” de la región para que Inglaterra —que aspiraba a derribar el sistema colonial centralizado en España en razón de sus nuevos intereses marítimos— apoyara la insurgencia de las nuevas naciones, conforma una biografía apasionante y contradictoria. Digo, contradictoria, porque toda biografía verdadera lo es si evita la sacralización y, por tanto, contempla, a un ser humano, desde sus múltiples proposiciones para la reflexión. He de decir que, de los “Precursores” propios, los estudiantes suelen tener una visión simplista o legendaria que impide construir una interpretación rigurosa, crítica, que posibilite superar el autismo ideológico y propiciar un debate real sobre la nación en su centenario. Los tópicos paralizan el conocimiento.

Entre los aspectos más desconocidos de Madero existe uno que posee indudable interés. Me refiero a los primeros días de febrero de 1911 cuando presentó, entre su Estado Mayor, a José Garibaldi. Surgieron discrepancias ante el nombre de Garibaldi y, en casos, injurias. Madero contestó como un hombre moderno y universal:

“El hecho de ser extranjero, no es motivo para privarnos de los servicios del señor Garibaldi… puesto que siempre que un pueblo ha luchado por su libertad se ha repetido el ejemplo de que numerosos extranjeros hayan ido a luchar en las filas de los libertadores. Por no citar a ustedes sino los ejemplos más célebres de los tiempos modernos citaré los siguientes casos: Lafayette (francés), luchó al lado de Washington para conquistar la independencia de EU; el general venezolano (Madero sí sabía) Miranda, militó en el ejército francés en la Revolución; el gran poeta Byron fue de los millares de extranjeros que ayudaron a los griegos en su esfuerzo para sacudir el yugo otomano; en México, uno de los héroes cuya memoria honramos, es Mina, súbdito español, luchó en las filas de los insurgentes mexicanos (por cierto nuestro Martín Luis Guzmán, añado, escribió un libro sobre él: Javier Mina, Héroe de España y de México). Por último, el abuelo y aún el padre del señor Garibaldi, siempre han puesto su espada al servicio de los oprimidos; por tal motivo él no ha hecho sino seguir el noble ejemplo de sus antepasados…”.

Ese texto notable de Madero —recordando a Garibaldi y sus “camisas rojas” en la batalla del siglo XIX por la unidad de Italia— no dejaba de ser el recordatorio de un hombre ilustrado. Madero terminaba: “Por esos motivos, la presencia del nieto de Garibaldi entre nosotros es un motivo de orgullo…”.

Isidro Fabela, figura notable de México, al examinar, en su texto La diplomacia de los libertadores sudamericanos, dice así: “El eminente caraqueño don Francisco de Miranda, comenzó a trabajar por la emancipación de su patria desde 1780, cuando estaba en La Habana al servicio militar del rey; pero lo hizo abiertamente desde 1783 (el año del nacimiento de Bolívar por cierto) cuando fue a EU y habló a Washington y Hamilton de la libertad del Imperio Colonial Español”. Cuando lo hizo, ante William Pitt, en Londres, Fabela nos dice que representaba, también, a México. ¿Por qué ese desconocimiento?