diciembre 17, 2008

AMLO, un peligro para el PRD

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Si López Obrador hubiera tenido un poco de cordura después de las elecciones de julio de 2006, sin duda hoy estaríamos ante el próximo Presidente de México.

Se necesitaba cordura, sensatez, visión para aceptar un resultado y ofrecer su lealtad al país, no al que ocuparía la silla presidencial.

Claro, hablamos de atributos y actitudes como la cordura, sensatez, civilidad, y eso es, en este caso, pedirle peras al olmo.

Ni modo, nadie da lo que no tiene.

Y como lo que le sobra es capacidad destructiva, hoy está empeñado en reventar al PRD.

Le pidió a senadores de ese partido que lo dejen para integrarse a las filas del Partido del Trabajo (PT).

El objetivo es quedarse con los 20 millones de pesos que le corresponden al PT si logra integrar un grupo parlamentario en el Senado.

Además de quedarse con el dinero, López Obrador se queda con las siglas de ese partido para, desde ahí, torpedear al PRD.

Ya fue priista y traicionó a ese partido cuando no lo hizo candidato en Macuspana.

Fue cuauhtemista y le dio la espalda a Cárdenas en el Gobierno del DF, desde donde lanzó dardos contra su padre político y contra doña Amalia Solórzano viuda de Cárdenas.

Fue rosarista y traicionó a Robles luego de que ella le financiara la campaña para gobernante de la capital, en 2000.

Ahora busca hacer pedazos al partido del cual fue presidente nacional.

Nada nuevo bajo el sol, dirán quienes conocen a López Obrador.

Era un peligro para México si llegaba a Presidente.

Ahora es un peligro para el PRD.

Y como toda personalidad autodestructiva, es también un peligro para sí mismo.

Su caída dará paso a otros nombres para asumir el liderazgo de la izquierda y alcanzar una eventual candidatura a la Presidencia.

El proceso autodestructivo de AMLO abre las posibilidades a personas como Marcelo Ebrard, Jesús Ortega, algún gobernador sensato, con nombre y peso, como el chiapaneco Juan Sabines, o la propia Amalia García.

López Obrador perdió por muy poco la Presidencia el 2 de julio de 2006.

Pero la perdió de manera contundente a partir del día 3.

Con la crisis económica que tenemos y lo que se nos viene encima, más la descomposición de la seguridad pública en todo el país, López Obrador sería, cantado, el próximo Presidente de la República.

Le bastaba una actitud civilizada, que infundiera tranquilidad y no pusiera los pelos de punta a quien lo escuche, para capitalizar el descontento, la incertidumbre, la desazón por los estragos de las múltiples crisis que nos aquejan.

La crisis económica no es culpa del gobierno del presidente Calderón. Sin embargo eso es difícil que lo entienda el que ha perdido su empleo, sus dependientes, o los que no consiguen trabajo.

Esos mexicanos que padecen los rigores de la crisis económica, que se sentirá aún más fuerte en 2009, no tienen muchos incentivos para ir a votar por el partido gobernante.

A la gente no le dice mucho el bombardeo de spots —con hechos verídicos— acerca de que en esta administración se han logrado los más grandes decomisos de la historia en armamentos, drogas y dinero negro.

Lo que siente y valora la gente es que vive con el alma en vilo.

Con el Jesús en la boca por la posibilidad real de ser asaltado, secuestrado, extorsionado, o que sus hijos regresen o no por la noche, a causa de la violencia, el narco o la policía.

De nada le sirve a las personas, en términos de tranquilidad personal, saber que las autoridades han desmembrado a tantas bandas de secuestradores, cuando sabe que el dueño de una empresa, negocio o changarro, ha sido visitado por sicarios que exigen una iguala mensual para no hacerles daño.

Para la gente no hay tal “operación limpieza”. Lo que hay es un cochinero que da miedo y en el cual todos están coludidos.

Se le fue a López Obrador.

Qué bueno que se exhibió a tiempo, para los que aún tenían dudas e incluso le creían y lo seguían.

¿Por qué no hay piloto?

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Que uno ya no escuche sus discursos no los releva de decir la verdad. Florestán

De acuerdo al artículo 18 del Reglamento Interior de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, a la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) le corresponde "... regular, coordinar, vigilar y controlar los servicios de transporte aéreo nacional e internacional..."; ser y ejercer la autoridad en todo lo relacionado con el transporte aéreo en México.

A partir del siniestro del Lear Jet 45 de la Secretaría de Gobernación el 4 de noviembre, el presidente Calderón activó a su Gabinete de Seguridad y comisionó al titular de la SCT, Luis Téllez, el operativo de investigación y comunicación.

Así, desde el primer momento se le vio acompañado de Gilberto López Meyer, director de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) y del director del SENEAM, Agustín Arellano.

Con el pasar de los días me pregunté sobre la ausencia del titular de Aeronáutica Civil, hasta que supe que esa dirección estaba vacante desde el 16 de octubre, veinte días antes siniestro, por la salida de López Meyer a la dirección de ASA, dejando un interino, el capitán piloto aviador Mauro Gómez Peralta, quien aceptó el encargo temporalmente.

Por eso, a lo largo de las investigaciones de la tragedia del Lear Jet, nunca supimos quien, por reglamento, es el responsable de la aviación en México, vacío que se llenó con la experiencia del director de ASA, aunque ya no le correspondiera, en esa deformación de mantener al país pegado con masking tape, indecisión que hoy permanece y ni siquiera el siniestro alteró.

Es inaplazable que se designe a un nuevo director de Aeronáutica Civil, una autoridad fuerte, capaz, entre otras cosas, de reordenar la flota aérea mexicana, la tercera más grande del mundo.

Aunque, claro, ya será el año que viene.

Retales

1. MÉRIDA.- El equipo de seguridad nacional del gobierno de México viaja a Washington para recibir el primer tramo del Plan Mérida, 185 millones de dólares. La canciller Patricia Espinosa encabeza la misión integrada por Genaro García Luna, Eduardo Medina Mora y dos subsecretarios, uno de la defensa Nacional y otro de Marina;

2. IGUALES.- Lo mismo que dijeron los priistas a los perredistas por la toma de tribunas en el Congreso, en abril pasado, cuando la reforma petrolera, les dicen ahora éstos a aquellos por la toma, ésta sí violenta, que priistas y petistas hicieron de la tribuna del Congreso de Nuevo León; y

3. EL PUENTE.- De nuevo el gran capital empuja la construcción del puente de Hueyatlaco, en los límites del Distrito Federal con el Estado de México, Cuajimalpa con Huixquilucan. Sorprende el silencio de los asambleístas que juraron oponerse y la docilidad de las autoridades de uno y otro lado. No cabe duda que poderoso caballero sigue siendo don dinero.

Nos vemos mañana, pero en privado.

300 azules ya…

Enrique Aranda
De naturaleza política
Excélsior

Salvo Nuevo León, en cuyo caso los resolutivos deberán ser confirmados en los próximos días con la dirigencia y algunos liderazgos locales, Acción Nacional concluyó ya, al filo de la medianoche de ayer, la definición del mecanismo a través del cual seleccionará a quienes habrán de representarle en los próximos comicios federales de 2009.

No será ésta una selección ni homogénea ni mucho menos sencilla, pues así como se decidió recurrir al voto de la militancia para elegir candidatos en todos los distritos de un estado en particular, cual son los casos de Guanajuato, Jalisco o Chihuahua, hubo otros en los que Tamaulipas por ejemplo se optó por dejar en manos de la dirigencia nacional la designación de aspirantes, con la explícita intención de no correr riesgos de división, imposiciones o, lo que es peor, la infiltración de personajes “indeseables”…

Dignos de mención, habría que decir, son los casos del Estado de México y Baja California Sur donde, ante la incapacidad de su dirigencia para conformar una Comisión Electoral Estatal o por la inexistencia de prospectos idóneos para integrarla, la Comisión Nacional de Elecciones que lidera José Espina optó, al menos en el primero de los casos, por dejar en manos de la jefatura nacional partidista la designación de todos los candidatos que disputarán una posición en la próxima Legislatura federal.

No ocurrió igual, aunque se preveía que sucedería, en el caso del Distrito Federal donde, finalmente, se resolvió reservar a la libre y personal decisión de Germán Martínez a quien el Consejo otorgó amplias facultades la designación de aproximadamente 60% de los candidatos para disputar los 27 distritos de la capital del país, en tanto que en 40% de los casos restantes será la militancia la que, mediante su voto en convenciones jurisdiccionales, determine quiénes habrán de representarles.

Este jueves, presumiblemente, el comando del blanquiazul deberá entregar al Instituto Federal Electoral (IFE) el resultado de los trabajos referidos para, apenas concluidas las fiestas navideñas, iniciar actividades orientadas a definir el proceso a través del cual habrá de seleccionarse a cinco aspirantes a gobernar alguna de las seis entidades en disputa en el caso de San Luis Potosí se ratificó ya a Alejandro Zapata Perogordo y quiénes habrán de defender la causa azul en la disputa de municipios y curules en Congresos locales en una decena de entidades federativas.

Ni duda cabe que las decisiones asumidas generarán polémica y hasta algún malestar, sin embargo, éstas no parecen desproporcionadas cuando, de sobra se sabe, no son pocos quienes desearían posicionarse en el próximo año para, desde la Cámara de Diputados, por ejemplo, buscar después un mejor lugar para enfrentar lo que más de uno entre los azules tipifica ya como “la debacle de 2012”.

Al tiempo…

Asteriscos

* A más de uno de los diputados federales panistas que la noche del jueves compartían con el jefe del Ejecutivo sorprendió el cantante Emmanuel cuando, sin más, recordó al presidente Calderón que “el apoyo (a su gestión) no está aquí, sino allá arriba en Dios…”. Acompañado por el coordinador de la fracción blanquiazul Héctor Larios Córdova, el secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont y por Germán Martínez, más sus respectivas esposas, el mandatario agradeció el mensaje…

* Tiempo de regalar éste, ¡y de sorprender…!, diría el priista líder de la burocracia federal Joel Ayala quien, al margen de partidismos, obsequió a todas sus compañeras diputadas con una moderna cámara de video Sony que, se afirma, algunas legisladoras panistas tuvieron a bien devolverle… con una atenta nota de: “Sí, pero no, gracias”.

* ¡Vaya puntería y manera de enviar mensajes!, se asegura, la de la Suprema Corte de Justicia y de su mandamás, Guillermo Ortiz Mayagoitia, quien al elegir a la representación ciudadana que les acompañará en sus trabajos, optó por la gente de Iluminemos México, de Laura Elena Herrejón, y dejó de lado a la multipromocionada María Elena Morera y su México Unido… (con Genaro, perdón) … Contra la Delincuencia”.

Veámonos el domingo, con otro tema De naturaleza política.

La guerra de los vales

Ricardo Pascoe Pierce
Analista político
ricardopascoe@hotmail.com
El Universal

La polémica desatada en torno a la adjudicación directa a Comercial Mexicana, por el Gobierno del Distrito Federal, de los vales de despensa de fin de año a los trabajadores capitalinos no es tan simple como lo pudiera parecer en un primer momento. Un juez le ordenó al GDF no entregar los vales antes de resolver una impugnación hecha por la empresa Prestaciones Universales al proceder del gobierno capitalino en este caso. A pesar de ello, se procedió a su entrega y se le acusa al GDF de desacatar una orden judicial. Es cierto.

Pero, ¿qué es la empresa Prestaciones Universales? Es la empresa que repartió, durante todo el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, los dineros del GDF a los adultos mayores a través de la Secretaría de Salud, comandada por Asa Cristina Laurell. Varias auditorías de la Contraloría Interna reportaron graves deficiencias en la transparencia en el ejercicio de ese dinero. Por regla general, dicen los informes, se entregaba mensualmente a la empresa el dinero equivalente a 85 mil beneficiarios, aunque el padrón constaba de 40 mil, luego 60 mil, e incluso 70 mil. Grandes sumas de dinero no fueron usadas, pero tampoco devueltas. Nunca se indagó la irregularidad de una empresa de origen oscura que manejaron enormes cantidades de dinero sin fiscalización. La secretaria Laurell jamás dio cuenta del uso a todas luces indebido de ese dinero público.

Luego, Prestaciones Universales apareció manejando las cuentas de vales de fin de año, cuyos montos superan los mil 500 millones de pesos en cada caso. En virtud de su manejo del instrumento, era posible postergar los reconocimientos y pagos de los vales por hasta 60 o 90 días, lo cual deja un margen de utilidad exorbitante, al especular con el dinero en los diversos instrumentos fiduciarios y otros disponibles en el mercado de dinero.

Prestaciones Universales es un instrumento creado por AMLO para financiar su campaña, primero, y su movimiento luego, además de financiarse a sí mismo. Aunque en algún momento cambió de nombre, sigue siendo exactamente el mismo instrumento para canalizar dineros públicos a intereses privados.

Ahora, el jefe de Gobierno pretende arrebatarle a López Obrador esa vía de financiamiento, al negarle a Prestaciones Universales la adjudicación de esos fondos. El conflicto en torno a los vales de fin de año es un conflicto entre Ebrard y López Obrador en torno a quién de los dos tiene más derecho de disponer de los fondos públicos para sus interés privados.

Ambos pregonan su honestidad. Pero este conflicto demuestra su verdadero rostro: batallan por apropiarse de lo que no es suyo para luego “ganar el apoyo del pueblo”.

Veinte de las peores cosas de 2008

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

1. Los cerca de 5 mil 500 muertos en la lucha contra el crimen organizado. Mexicanos, prácticamente todos.

2. Los 24 albañiles ajusticiados en La Marquesa.

3. Los decapitados de Mérida. Y los muchos otros decapitados.

4. Los 13 ejecutados en Creel, Chihuahua.

5. Todos los inocentes asesinados y violentados en la lucha contra el crimen.

6. El secuestro y asesinato de Fernando Martí. El dolor y la angustia que desencadenó.

7. La historia de Silvia Vargas Escalera.

8. El asesinato de una decena de mandos policiacos que, en verdad, combatían al crimen.

9. Las granadas en la Plaza de Morelia la noche del Grito de Independencia.

10. El accidente del 4 de noviembre. La pérdida de Juan Camilo Mouriño, Santiago Vasconcelos, Miguel Monterrubio.

11. La historia de los negocios de la familia Mouriño con Pemex.

12. El operativo protofascista de la policía del DF en el New’s Divine la tarde del 20 de junio.

13. La elección en el PRD, de principio a fin.

14. El PAN electoral: el peor porcentaje de éxito para un partido en el poder en todo el mundo.

15. El gangsteril paro de dos meses y medio de los maestros de Morelos para defender el derecho a vender y heredar las plazas de trabajo a los familiares.

16. Toda la porquería en la PGR y la Secretaría de Seguridad Pública que la Operación Limpieza sacó a flote.

17. El insoportable chantaje de López Obrador, amenazando que si se legislaba la reforma de Pemex tomaría el Congreso (lo hizo en abril) y desataría un infierno pacífico. Al final, le funcionó.

18. El área de finanzas de la Comercial Mexicana y la convulsión nacional que provocó.

19. La opereta lopezobradorista para derrocar a Felipe Calderón en el septiembre patrio.

20. El 2008 en sí mismo: año de ratas, diría Neruda.

Estamos metidos en un pozo

Mauricio Merino
Profesor investigador del CIDE
El Universal

México está metido en un pozo y no estamos encontrando salidas. En el mejor de los casos, nos hemos especializado en describir los detalles del pozo. Como personajes de una novela de Murakami, cada día vamos cobrando mayor conciencia de ese lugar oscuro y profundo, y cada vez nos resulta más familiar. Pero estamos siendo incapaces de imaginar cómo podríamos salir de él. Apenas ayer, un estudiante a quien aprecio sinceramente, me dijo: “lo mejor que podemos hacer, es esperar a que todo esto termine”.

¿Pero cómo podría terminar, si no tenemos siquiera una idea, una intuición, para comenzar a salir del pozo? El gobierno federal está muy ocupado en la guerra contra las bandas del narcotráfico y el crimen organizado, y ha decidido leer el mundo que le rodea en clave de campo de batalla. Todas las acciones que emprende acaban vinculadas con la obsesión de vencer a esos enemigos, quienes, sin embargo, ahora tendrán de su lado al magnífico aliado de la crisis y la desesperación que traerá el desempleo y la pérdida del ingreso. Y en las fronteras, una nueva amenaza: el llamado de Guatemala a integrar una fuerza multinacional para combatir a los malos, y el reconocimiento oficial del gobierno de Estados Unidos sobre el peligro que entrañan las bandas organizadas de México.

Caímos en este pozo mientras estábamos imaginando la construcción de la democracia. Pero nos distrajimos y esa construcción se fue convirtiendo en una larga secuencia de pérdidas de los espacios públicos donde convivimos. Viene a cuento que a finales del mes de noviembre, la Universidad Veracruzana dedicó su tradicional Simposio de Otoño, convocado por Enrique Florescano, a preguntarse: ¿Qué tan público es el espacio público en México? Tras dos días de deliberaciones sin desperdicio, todos los ponentes llegaron a una conclusión similar: casi todos los espacios públicos del país se han convertido en lugares privados, excluyentes y oscuros. Perdieron los atributos que Nora Rabotnikof ha sintetizado con lucidez: lo público como lo que es común; lo público como lo que es conocido; lo público como lo que es accesible.

La expresión más dramática de esas pérdidas es la violencia orquestada por el crimen organizado. Pero no es la única y quizás ni siquiera sea la causa de las demás, sino su consecuencia. Antes perdimos a las instituciones públicas, de las que se apropiaron los grupos que iban llegando al poder. Los puestos públicos y las decisiones tomadas desde esos lugares, incluyendo el destino de los dineros públicos, se tomaron de plano como cosa privada. La alternancia de Fox no cambió esa dinámica, sino que la profundizó. Perdimos también los espacios abiertos para la deliberación pública: la televisión y la radio son empresas privadas y excluyentes, en todos sentidos. Perdimos el control sobre los partidos y la dinámica de la representación pública: perdimos al IFE y los órganos electorales de los estados, que ahora son territorio de los partidos. Y fuimos perdiendo la fuerza de la regulación del Estado sobre los oligopolios privados, sobre los bancos, sobre las grandes empresas. Y al final, perdimos también el monopolio de la coacción física. Caímos, en definitiva, en el pozo en el que estamos metidos.

Mi amigo estudiante está equivocado: no debemos sentarnos a esperar a que todo esto termine, porque es posible que no termine jamás. Necesitamos una escalera para salir del pozo: una ética del espacio público, para volver a convivir gozando, al menos, del aire libre.

Decencia de nacencia

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

En su breve plática en radio con Joaquín López-Dóriga, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas delineó sin proponérselo un autorretrato, recordando a su padre y a su madre sin arrogancia ni estruendo: Lázaro Cárdenas del Río, que falleció en octubre de 1970, y su viuda, Amalia Solórzano, el reciente 12 de diciembre.

Al evocarlos ayer, el hijo lo hizo con la modestia y sencillez que lo caracterizan, y que se antojan atributos de los mejores en el pequeño mundo de los prominentes.

Inquietantemente parco (igualito que el general), el Cuate (como le llamaba su papá) no presumió de nada, habló del “amor a primera vista” entre una quinceañera y un “más corrido” (y treintón) militar, describió a la madre que promovió el asilo a hijos de republicanos españoles como una persona “de decisiones, de voluntad y sobre todo de principios”, que desdeñó el primerdamato y vivió “fuera de los reflectores”.

Aunque lo sabía, Joaquín remató el diálogo con fina caballerosidad: “Ahora entiendo por qué usted ha sido siempre un hombre decente…”

Obama sin drama

Jorge G. Castañeda
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

No se puede afirmar que se trate de una tradición en el sentido fuerte de la palabra. Pero desde 1924, cuando Elías Calles se encontró con Coolidge en Washington D.C., ha habido varias reuniones entre el presidente mexicano en funciones o electo, y el Presidente electo de Estados Unidos. La segunda fue en el puente fronterizo entre Ciudad Juárez y El Paso, en enero de 1981, entre López Portillo y el presidente electo Reagan; otro en Houston en noviembre de 1988 entre Bush padre y Carlos Salinas, origen del llamado espíritu de Houston; una más en Austin en enero 1993 también entre Salinas y Clinton; la más reciente entre el presidente electo Fox y los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos, Gore y Bush hijo en agosto del 2000.

Los encuentros fueron en el marco de una "relación especial" entre México y Estados Unidos, debido a la vecindad o a una coyuntura crítica y sólo se acompañaban de encuentros parecidos con el primer ministro de Canadá o con el de Israel. No se acaba el mundo si no se lograra el encuentro entre Calderón y el Presidente electo Obama. Pero sí, de alguna forma, sería visto como una ruptura con esta costumbre que se ha venido imponiendo, y que ha permitido que arranque la relación entre dos gobiernos nuevos o uno ya en funciones y el otro nuevo, sobre una base más sólida.

Por razones que tienen que ver con el viejo fondo antiprotestante, antiliberal y antiamericano del catolicismo mexicano del siglo XIX, existe una corriente dentro del PAN que siempre ha mirado al norte con mayor desconfianza y renuencia que las que de por sí guardamos todos los mexicanos. Asimismo, es evidente que Calderón ha buscado un deslinde fácil y aparentemente barato con Fox al alejarse de Estados Unidos y acercarse a América Latina. A nadie escapa que esa visión priista del lugar de México en el mundo trae buenos réditos con el PRI y el PRD, que en esto son lo mismo. A todo ello se debe el hecho ya comentado e insólito de que hayan transcurrido más de dos años del mandato presidencial calderonista sin que el presidente de México haya visitado la capital de Estados Unidos. Y huelga decir que no es sustituible una estancia en Washington con encuentros bilaterales en otras latitudes. Washington es la Cámara de Representantes, el Senado, los medios, la academia, las ONG, los sindicatos, es decir el conjunto de poderes formales y fácticos de sociedad política y civil de Estados Unidos.

Sería un golpe espectacular que se diera la reunión entre Calderón y Obama en Chicago o en algún lugar a medio camino. Probablemente se trataría del único mandatario extranjero recibido por el Presidente electo. Sin duda revestiría algunos inconvenientes políticos -como poner en la mesa ahora temas como la seguridad y el narco, la revisión del TLC o la crisis automotriz- pero esas desventajas se compensarían por la noticia mundial de ser el primer y el único jefe de Estado en encontrarse con Obama durante la transición. En ese sentido sería más que deseable que los esfuerzos puestos en práctica para que esto suceda se coronen de éxito y permitan además rectificar la inclinación hacia McCain que se dio durante la campana.

Pero como todos los golpes mediáticos, sobre todo en lo internacional, tendría un costo que seguramente Calderón ya valoró. Habiendo sido objeto de una deferencia muy especial por parte de Obama y habiendo suscitado, por consiguiente, un cierto malestar entre otros jefes de Estado que podrían pensar que la relación de su país con Estados Unidos reviste la misma importancia que México -se me ocurre el Reino Unido, Israel, Canadá, China- el evento postergaría por un tiempo una visita de Estado de Calderón a Washington. Todos los demás mandatarios se sentirían mano y con algo de razón. Si a esa reacción posterior al periodo de transición le agregamos el tiempo que Obama va a dedicar a la crisis económica, a sus viajes al exterior y a agarrar las riendas del gobierno, sí hay un cambalache perverso. Ahorita, Calderón vería a Obama y sólo a Obama: a ningún miembro de su gobierno, salvo al consejero de seguridad, James Jones, ya que ningún secretario habría sido confirmado; no vería ningún senador o congresista; y la atención de los medios sería muy relativa por la Navidad. Y además, esto empujaría la visita a Washington hasta después de septiembre u octubre, y colocaría a México en una situación inédita: que haya pasado la mitad del sexenio de Calderón sin visitar la capital del país con el cual tenemos cerca del 90 por ciento de nuestras relaciones internacionales: comercio, inversión, migración, turismo y remesas.

País “patito”

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Un fantasma recorre México: el del desaliento, el de la pérdida de fe en la viabilidad del país. Hoy como en pocas ocasiones en el pasado hay un sentimiento generalizado de que el país no funciona, de que la violencia y la inseguridad han devorado a la sociedad y de que estamos más cerca del estado de naturaleza del que hablara Thomas Hobbes en El Leviatán que del orden que supuestamente debería dar el Estado.
No obstante, las causas para este sentimiento están mezcladas: por un lado la violencia del narco que aparece todos los días en los medios, genera una sensación de vulnerabilidad frente a un poder que el Estado parece no poder controlar. Sin embargo, la otra violencia, la cotidiana, la que afecta al ciudadano común y corriente, también está ahí afuera y es la que le da forma al miedo mediático: la violencia de los secuestros, de los asaltos, la violencia sin sentido. Y en medio de estas percepciones aparece el Estado impotente o, peor aún, actuando también como criminal.

Los escándalos de corrupción inaceptables en los altos mandos de la PGR y la SSP, junto con los detalles indignantes de los abusos cometidos por policías como Víctor Gerardo Garay, ex comisionado de la PFP, confirman que el Estado no sólo no protege de la inseguridad a los ciudadanos sino que la provoca. Frente a este patético panorama se nos dice frecuentemente que la culpa es de todos. ¿Perdón? Ahora resulta que el ciudadano que es asaltado o secuestrado también tiene la culpa. Ahora resulta que Silvia Vargas o Fernando Martí (por nombrar sólo los casos más conocidos) son culpables de haber sido secuestrados y asesinados.

La seguridad es tarea del Estado. Para eso se crea el Estado. Para eso tiene el Estado el monopolio de la fuerza legítima. Precisamente para que los ciudadanos no anden con guardaespaldas todo el día. Para que los ciudadanos no tengan que hacer las investigaciones policíacas, como lo han acabado haciendo Isabel Miranda de Wallace o Nelson Vargas. O, peor aún, como lo hizo “La Familia” en Michoacán, que le entregó a la PGR los autores de los atentados de Morelia.

Lo que está ocurriendo en México es simplemente inaceptable. Tenemos un Estado que no ejerce su función básica de dar seguridad y que, en muchos casos, es el origen mismo de la inseguridad. La lógica sugiere que, como dijera Alejandro Martí, “si no pueden renuncien”. Y ¿quién los va a hacer renunciar? Más de alguno dirá que será con el voto. Que para eso son las elecciones. Para cobrarle a los gobiernos sus errores. Pues sí. Así es en teoría. Por eso el PRI ya se montó en la ola de descontento por la inseguridad y propone la pena de muerte que él mismo abolió hace tres años. Y eso ¿resolverá el problema? Probablemente no. Probablemente estaremos en pocos años votando por otro partido que tampoco va a resolver el problema. ¿Será que la maldición de la Malinche nos tiene condenados a ser un país “patito” de por vida? ¿Será que somos un país inviable? Suena horrible. Pero yo, como millones de mexicanos, empiezo a creerlo.