diciembre 18, 2008

Censura para la gente, espectáculo para los precandidatos

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Los partidos aprobaron una controvertida reforma electoral, que viola derechos fundamentales de la ciudadanía, entre ellos el de la libre expresión de las ideas, simplemente para después violarla con impunidad. Pese a que entre sus argumentos para sacar adelante dicha ley se dice que se quiere dignificar la lucha política, lo que han hecho es trivializarla hasta un nivel que raya en lo ridículo.

Hace unos días, en una decisión incomprensible, destinada a tratar de quedar bien con los partidos, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación decidió que los anuncios que había difundido el Consejo Coordinador Empresarial durante la campaña electoral de 2006, que llamaban a defender la democracia y no se expresaban a favor o en contra de ningún candidato, habían sido ilegales y le ordenó al IFE que sancionara económicamente al PRI, al PAN y al Partido Verde por supuestamente beneficiarse de esos spots en detrimento de la coalición lopezobradorista. Es absurdo, por varias razones: primera, porque el TEPJF no tiene forma alguna de demostrar que ese anuncio benefició o dañó a algún candidato porque no se refería a ninguno de ellos en particular, en todo caso, el ofendido podría haber sido el viejo PRI, por algunas de las imágenes divulgadas. Segunda, aunque lo hubiera hecho, en 2006 ese anuncio no era ilegal (como no tendría que serlo ahora) y existe un principio básico que cualquier tribunal, electoral o no, tendría que comprender: no se pueden aplicar las leyes en forma retroactiva. Tercera, como efectivamente no se podía castigar al CCE por algo que no era ilegal, el Tribunal decidió castigar a tres partidos suponiendo que se afectó a un tercero. El absurdo se completa con la pregunta de por qué sólo tres partidos (PRI, PAN y Verde) y no los otros dos, Alternativa y Nueva Alianza. No hay racionalidad como no la habrá en todo este tema en 2009. La única salida lógica resulta ser que, como lo está analizando el IFE, se establezca que una cosa es la publicidad, positiva o negativa, en el terreno estrictamente electoral, y otra el derecho de opinión sobre cualquier tema de la vida nacional. Y éste debe ser defendido y respaldado.

Porque, como vamos, las cosas serán imposibles de controlar. Veamos lo que están haciendo dos de los principales actores de cara a las elecciones de 2012. El jefe de Gobierno capitalino Marcelo Ebrard ha decidido que lo suyo no serán los programas políticos o su fuente del DF, sino la de espectáculos, quizás con el argumento de que es vista por lo que muchos califican como el círculo verde (para diferenciarlo del círculo rojo donde estarían los sectores que generan o consumen opinión política y toman decisiones, una visión maniqueísta de la realidad) y de que, además, a causa del contenido de esos programas, no podría ser castigado por las nuevas disposiciones electorales. Lo cierto es que, días atrás, todo el mundo habló de Marcelo conduciendo el programa Hoy, hablando de los chismes del mundo del espectáculo y hasta cocinando galletas, con una nueva imagen física y de vestuario. Ha estado en otros espacios similares y no fue, por ejemplo, al informe de la Comisión de Derechos Humanos del DF, pero sí, el mismo día, a la inauguración de la pista de hielo en el Zócalo que gozó de un programa de 60 minutos, en horario nocturno, por Televisa, con la presencia del jefe de Gobierno y numerosos artistas que actuaron para la ocasión. Apenas el martes inauguró la Línea 2 del Metro y no hubo declaraciones para la fuente. Pero cuando apareció el personaje del espectáculo Tere la Secretaria le concedió una larga entrevista, por supuesto en pleno plan de cotorreo y para asombro de muchos la información de la inauguración de esa importante Línea del Metro no se colocó en las secciones de información general de los noticiarios sino en la de espectáculos (sic).

Enrique Peña Nieto, que goza de los más altos índices de popularidad de cara a 2012 (aunque debería insistirse en un punto: falta aún mucho para esa fecha, pese a que muchos la ven casi a la vuelta de la esquina), también ha estado en programas de espectáculos y su nueva relación de pareja empapeló, desde la portada de la revista Quién, durante semanas, buena parte de los parabuses del país, pero en las más recientes su foco ha estado puesto en los deportes y en los Diablos Rojos del Toluca, que acaban de ser campeones en el futbol local. No dejaba de ser sorprendente que, ante el triunfo del equipo toluqueño, el entrevistado no fuera Hernán Cristante, el héroe de esa jornada, o los directivos del club, sino el gobernador del estado. Que la nota predominante de la información deportiva fuera que el gobernador había desayunado con los jugadores antes del partido, que lo había visto desde el palco con Angélica Rivera o que nuevamente había desayunado con ellos al día siguiente del juego y concediera una larga entrevista sobre el tema.

Nadie debería asustarse: cada día más la política se transforma en un espectáculo y la información en lo que algunos llaman infoespectáculo. Es una realidad, lo hacen Ebrard y Peña Nieto y sus pasos los seguirán muchos otros que prefieren, como dice un especialista en ese tema, Alberto Tavira, difundir desde esa plataforma (que entremezcla las sociales, el espectáculo y el poder económico) la información que antes proporcionaban al periodismo político. Debemos acostumbrarnos a ello. Lo que no deja de ser lamentable es que los partidos impulsen una ley restrictiva, controvertida, que afecta los derechos ciudadanos, que no permite a la gente y a las organizaciones sociales expresar sin censura sus opiniones, para luego violarla o por lo menos sacarle la vuelta y obtener difusión por métodos “no convencionales”. Pareciera que nuestros políticos quieren limitar la libertad de la gente sólo para tener, ellos mismos, mayores e indisputables espacios. Ese es el problema.

Veinte de las mejores cosas del 2008

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

1. La decisión del presidente Calderón de mantener la guerra contra el crimen. No hay todavía de otra.

2. El “si no pueden, renuncien”, de Alejandro Martí. Pegó en el centro. Un clásico, genuina cosecha 2008.

3. La distensión política. La sensatez comienza a convertirse en lo regular, no lo extraordinario.

4. La captura de capos famosos: El Mochomo Beltrán Leyva, El Hummer, El Rey Zambada, el último de los Arellano Félix…

5. La captura de una veintena de bandas de secuestradores, significativamente la de La Flor (¿pero cuántas de ellas se habrán reconstituido, cuántas nuevas se habrán creado?).

6. La capacidad para sortear la crisis económica y financiera internacional en la tempestad de octubre y noviembre.

7. La forma en que la Secretaría de Hacienda aseguró el precio del petróleo mexicano en 70 dólares/barril.

8. El acuerdo político para sacar una mediocre reforma de Pemex, a pesar de todo.

9. La Operación Limpieza, a pesar de todo.

10. La Alianza por la Calidad Educativa, también a pesar de todo.

11. El que CNDH sólo tenga registrados seis casos de tortura imputables a soldados del Ejército mexicano. No hay una estrategia de guerra sucia. Todavía.

12. El PRI electoral, por segundo año consecutivo.

13. El éxito de la marcha Iluminemos México.

14. El trabajo de inteligencia para evitar atentados del EPR, como los de 2007.

15. La ovación de los congresistas españoles a Felipe Calderón en Las Cortes de Madrid.

16. La ceremonia de despedida de Mouriño.

17. La forma en que se operó, anunció y recibió el nombramiento de Fernando Gómez Mont como secretario de Gobernación.

18. El voto claro de la Suprema Corte de Justicia para apuntalar la ley que despenaliza el aborto en el Distrito Federal.

19. El aire fresco que trajeron las encuestas del Gabinete de Comunicación Estratégica.

20. El que a 2008 le queden sólo 13 días.

Luis Téllez Kuenzler, traidor a México

Humberto Musacchio
hum_mus@hotmail.com
Excélsior

Excelente reportero que se convirtió en columnista, Francisco Garfias no olvida los años pasados en busca de materia periodística, de hechos de interés público, de noticias como esa que nos dio el pasado martes en su Arsenal y que por mínima congruencia debe costarle el puesto a todos los que intervinieron o permitieron el atentado de lesa patria al que se refiere el ameritado colega.

Escribió Garfias que la modernización de la Red Privada del Presidente de la República “fue adjudicada por la SCT, en noviembre pasado, a filiales de las empresas representantes de la transnacional Cisco y la estadunidense Motorola”, lo que constituye un problema de seguridad nacional, pues se pone en manos de dos entidades privadas extranjeras un instrumento de poder que mal empleado puede ocasionar gravísimos daños a las instituciones.

Peor todavía es que las empresas de Estados Unidos, por ley, están obligadas “a entregar toda la información de que dispongan a las autoridades de ese país, sin notificarlo a los clientes. Es decir, todo lo que hable el Presidente mexicano por esa red privada podría escucharlo el gobierno gringo” y, agregamos, actuar en consecuencia buscando proteger, no el interés de México, sino el de Washington.

El asunto se destapó, informa Garfias, por una queja que presentó el Grupo Swagger, filial de la firma francesa Matra, empresa que participó en el concurso realizado por invitación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, dependencia federal que pasó alegremente sobre lo dispuesto por la Ley de Adquisiciones y Arrendamientos y Servicios del Sector Público.

Aun si cambiara la adjudicación del contrato respectivo, el daño puede ser irreparable, pues según el grupo quejoso “no se siguió el procedimiento de confidencialidad de la información sobre configuración, topología, equipos, protocolos, instalaciones estratégicas, que por fuerza necesitaron conocer más de cinco proveedores” invitados a presentar sus propuestas a la SCT. Ignoramos cuántas firmas invitadas son de matriz extranjera, pero la entrega de esa información, de obvio carácter estratégico, “es contraria a la Ley de Seguridad Nacional”.

Por supuesto, se muerde la lengua el Grupo Swagger, uno de los cinco concursantes invitados, pues se trata de otra firma de matriz fuereña, pero resulta lamentable que sea ella la que recuerde a los mexicanos que la SCT, entidad convocante, dejó “en posición de vulnerabilidad a la Seguridad Nacional del Estado Mexicano, al permitir que los Códigos de Seguridad o Llaves de Encripción estén en posesión de un gobierno extranjero; específicamente del gobierno de los Estados Unidos” (la sintaxis y las mayúsculas son por cuenta del denunciante).

Ante hechos como los narrados, el ciudadano ha de preguntarse en manos de quién estamos. Ya en el ámbito penal se ha hecho costumbre la entrega de reales o presuntos capos del narcotráfico a Estados Unidos, con lo que el Estado mexicano abdica del derecho y renuncia al deber de juzgar y castigar a quienes delinquen en territorio nacional. Mediante múltiples vías se ha hecho patente la cesión de soberanía a los intereses de la potencia del norte, pero en este caso se ha llegado demasiado lejos.

Cabe preguntar si en México no contamos con personal y tecnología suficientes para crear y mantener una red de comunicación que debe manejar sus mensajes en la mayor discreción y hasta en el más riguroso secreto. Sería interesante conocer el punto de vista del Instituto Politécnico, de la Universidad Nacional de México, de Teléfonos de México y de otras instituciones y empresas que trabajan en el ramo de las comunicaciones, pues todo indica que esta vez el malinchismo llegó demasiado lejos, más allá de donde lo permiten las leyes y la Constitución.

La puntual exposición de Francisco Garfias debe llevar no sólo al cese fulminante del secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez Kuenzler, veterano traficante de influencias y servidor de intereses extranjeros en la esfera estatal y en la privada. Lo ocurrido es suficiente para someterlo a juicio político y llevarlo a la cárcel junto con los funcionarios que participaron de tan sucio enjuague.

Pero es dudoso que desde Los Pinos le exijan a Téllez la renuncia, pues entre santanistas no se leen la suerte. Tal vez haya en el gobierno federal algún funcionario que no sea afín a los intereses de Washington. Quizás uno de esos hispanistas de los viejos tiempos del PAN al que habría que buscar con lupa, pues todo indica que esa especie ya se extinguió. Ahora la Meca de los albiazules está junto al río Potomac y no ocultan su interés en congraciarse con EU, no por la empatía que puede experimentarse frente al amigo, sino por miedo a su fuerza y, en el fondo, por el afán de ser protegidos paternalmente en sus posesiones y posiciones por los señores del imperio, que están más interesados en tener capataces que en cultivar amistades. Por eso suponemos que los panistas no darán la espalda al traidor. Esperemos a ver qué opina la oposición.

Lo que el 2008 nos dejó

Ricardo Rocha
Detrás de la noticia
El Universal

No fue un buen año

Mientras el mundo cambia, aquí seguimos aferrados a un esquema que en 26 años nos ha dado un raquítico crecimiento

No fue un buen año. Algunos dirían que para el olvido. Pero eso no será posible. Habrá mucho que recordar aunque sea ingrato. Esta semana intentaré un ejercicio de reflexión crítica sobre lo mucho de amargo y lo poco de dulce que nos dejó el 2008 que termina. No pretende ser un recuento exhaustivo. Acaso un rescate del olvido de algunos de los acontecimientos que nos marcaron.

Para empezar, el catarrito del doctor Carstens. Que ejemplifica toda la displicencia insensible con que el gobierno calderonista fue sorprendido por una crisis económica largamente anunciada y apresuradamente minimizada. Y es que, aun en el entendido de que era inevitable, está claro que sus efectos pudieron ser atenuados y que podríamos haber paliado algunos daños mayores. Si se hubiera actuado a tiempo. Pero no fue así. El país ha estado en vilo y el gobierno demasiado ocupado con su guerra al narco como para advertir una crisis que crecía incesantemente en el horizonte. Sin atender a los signos, más que evidentes, nos dejamos atrapar en una tormenta perfecta. La mejor muestra de insensatez es que todavía hoy, a estas alturas, el gobierno ha sido incapaz de presentar un plan de choque, una estrategia y mucho menos una gran convocatoria económica y política para hacer frente a los tiempos más aciagos de las décadas recientes. Por eso nos embarga una sensación de pérdida en el año que se va y una desgracia anticipada en el umbral del que viene.

Tal vez por esas zonas de oscuridades refulge todavía más un acontecimiento impensable hasta hace poco: el todavía más poderoso país de la tierra elige a un presidente negro. Y lo hace no a pesar de haber generado la crisis, sino porque allí se engendró la crisis. De tal manera que asistimos no sólo a una quiebra de hipotecarias, bancos y gigantes empresariales sino a un quiebre del modelo económico y a un cambio brutal de paradigmas. Así, la elección de Obama significa también el hartazgo ante un modelo de neoliberalismo a ultranza, de capitalismo salvaje y de dictadura del mercado. Un modelo que —dicho incluso por los mandamases del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional— ya no se sostiene. Que rompió sus propios límites. Y que explotó con sus mismas y gigantescas burbujas de especulación. Por eso, al votar por Obama en Estados Unidos —y virtualmente en buena parte del mundo— se optó no sólo por un candidato carismático sino por la posibilidad de la diferencia. Y ciertamente el mundo occidental está ya revisando ese modelo caduco y el propio Obama conforma un gobierno innovador donde seguramente habrá más Estado y menos mercado.

Pero, mientras el mundo cambia afuera, aquí adentro seguimos aferrados a un viejo esquema neoliberal que en 26 años nos ha dado un raquítico crecimiento promedio de apenas 2.5% y que en lo único que ha sido eficiente es en la producción de cada vez más pobres. No se ve por ahora ni el menor intento por revisar a fondo nuestro modelo económico para atrevernos a buscar una alternativa mexicana propia.

Por desgracia, quienes debieran empujar estos cambios se encuentran demasiado ocupados en sus batallas internas. Este año que termina la izquierda mexicana vivió una de sus etapas más autodestructivas. El partido que supuestamente la representaba se desgarró en unas elecciones marcadas por las trampas y las sospechas. Así que ahora los convocantes de multitudes andan sin membrete, mientras los solitarios ocupan el edificio, disponen de los dineros y gastan en anuncios donde aparecen muy modositos.

Ni ellos ni ningún otro partido tiene prisa por el país. Lo único que les preocupa es el reparto de cuotas para la rebatinga que viene. Pero de algo más de lo que nos dejó el 2008 y lo que nos depara el 2009 me ocuparé en próximas entregas. Por lo pronto, reciban por favor mis más sinceros votos por una Navidad muy feliz.