diciembre 23, 2008

'The new world order' por Paco Calderón

Todas las desventajas y ningún provecho

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

La deflación –es decir, la tendencia a la baja de los precios—es la bestia negra de los economistas. Ellos saben de lo que hablan, desde luego, pero ya quisiera yo que tuviéramos tales preocupaciones en este país. Porque, mientras que a los responsables políticos del mundo desarrollado les parece preocupante que el kilo de patatas vaya a costar en marzo menos de lo que vale ahora en diciembre, el consumidor mexicano teme que su magro salario actual no le alcance siquiera para comprar frijoles y tortillas al concluir la cuesta de enero.

La economía es la menos exacta de las ciencias aunque sus efectos son perfectamente palpables en la vida diaria de la gente. En mi perra vida he experimentado bajada alguna de precios pero, por alguna extraña maldición, siempre he comprado caro y tenido que vender barato. Mi ex coche, por ejemplo, me costó un ojo de la cara. Sin embargo, cuando llegó el momento de colocarlo en el mercado de autos de ocasión, permaneció meses enteros varado en la tienda, sin comprador; al final, no me quedó más remedio que rematarlo a precio de rebajas. Nunca, por el contrario, he obtenido beneficios ni plusvalías porque cada vez que he intentado deshacerme de un bien, los adquirientes han brillado por su ausencia.

Cómo me gustaría que viviéramos en un país normal, es decir, un territorio sujeto a las implacables leyes del mercado en vez de tener que afrontar las extrañísimas circunstancias de la economía mexicana: aquí, si el consumo baja, los precios suben; y, si la inflación es reducida, los intereses bancarios son elevados. Tenemos el crecimiento económico del Primer Mundo y la desigualdad social de los países más pobres; somos productores de petróleo pero importamos gasolina; pagamos sueldos de miseria y nuestra competitividad es muy mediocre; nos cobran impuestos altísimos y nos devuelven baches y policías corruptos.

Ya viene la Navidad. Una probadita de deflación no sería tan mal regalo. Digo.

Una Navidad sin tregua

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

La época navideña es un momento que tiene diversos significados. El sentido original que recuerda el nacimiento de Jesús es para millones de cristianos el motivo de celebración más importante. Sobre ese origen se han construido otros usos culturales y económicos para hacer de esta época del año un momento de convivencia, buenos deseos y, por supuesto, un tiempo de consumo intenso.

Una de las características definitorias de esta Navidad será la crisis económica y la desigual distribución de sus costos. Para millones de personas en el país será, sin duda, una triste Navidad, ya sea por haber perdido el empleo o por estar a punto de perderlo; por recibir un incremento salarial completamente insuficiente; porque se anuncian tiempos llenos de dificultades y obstáculos en un país inundado de inseguridad.

Para las malas noticias económicas no habrá tregua navideña. Si tradicionalmente en este mes circula una mayor cantidad de dinero, los aguinaldos que compensan la precaria situación, ahora habrá millones de trabajadores a los que este recurso no les llegará. Más de 40% de los mexicanos destinará menos dinero a los regalos y gastos navideños (EL UNIVERSAL, 22/XII/08).

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) pronostica dos malas noticias para nuestro país: unos 380 mil trabajadores perderán su empleo en 2009 y México tendrá uno de los crecimientos más bajos de América Latina, sólo 0.5%. La precariedad laboral resulta de nuevo, como en las últimas crisis, una de las políticas anclas. No importa si gobierna el PRI o el PAN, los resultados son similares: el salario por debajo de la inflación. Ya se perdió una parte importante del poder adquisitivo, se calcula que ya cayeron los salarios mínimos por debajo de la inflación en 2.80% entre 2007 y 2008. Ahora hay que restarle el miserable aumento a los mínimos, que sólo será de 4.6% en promedio, cuando la inflación ya rebasó 6%. Entre 51.95 y 54.80 pesos, dependiendo de la zona del país, será el salario mínimo diario de un trabajador en 2009 (EL UNIVERSAL, 19/XII/08). Un salario de cuatro dólares diarios.

A pesar de todo, hay otros sectores que no tendrán una triste Navidad. La clase política sigue de fiesta gozando de todo tipo de privilegios. Mientras que en las empresas privadas ya se han tomado medidas de austeridad, como la cancelación de las celebraciones navideñas de fin de año, los políticos celebran a manos llenas. Los panistas gastaron una millonada en su fiesta. Es la diferencia entre el dinero privado y el dinero público. Sin duda, la cereza del pastel fue la devolución de los impuestos que genera el pago del aguinaldo a los diputados, lo que se sumó a otras jugosas prestaciones. Sin dejar de lado el enorme presupuesto de viajes, porque sólo en boletos de avión se han gastado en dos años 402 millones de pesos (EL UNIVERSAL, 21/XII/08). El monto equivale a un poco más de 800 mil pesos por diputado. Está de más preguntar por qué los legisladores se ubican en el sótano de la confianza ciudadana.

Lo mismo se puede decir de ciertos gobernadores (Quéretaro, Nuevo León, Jalisco, Morelos, Aguascalientes, Guanajuato, Chiapas, Quintana Roo), que también gozarán de aguinaldos desproporcionados que van de 575 mil pesos el más alto hasta 338 mil el más austero (EL UNIVERSAL, 19/XII/08). El más alto de estos aguinaldos equivale a 350 veces el salario mínimo de un trabajador. Así, por ejemplo, el trabajador del mínimo tardaría casi 30 años en ganar el aguinaldo del gobernador de Querétaro. Esta desmesura de privilegios genera repudio y confirma la estatura de una clase política enana y voraz. Es una pequeña muestra de la enorme desigualdad que existe en México.

Si se llegó a pensar que por ser Navidad el crimen organizado haría una tregua, los ocho soldados decapitados en Chilpancingo son una expresión salvaje de que esta Navidad seguirá la funesta cuenta de muertes, que ya superó en 2008 a los soldados estadounidenses caídos en Irak.

En fin, a pesar de que no habrá tregua, le deseo una buena Navidad…

El tamaño del corazón

Federico Reyes Heroles
Reforma

Para M.A.A.

Si por estos días fuera se podría jurar que vivimos en una sociedad rebosante de amor hacia el prójimo. Se vive un auténtico desfile de expresiones de convicción religiosa y bienaventuranza. El desfile comienza con la millonaria peregrinación hacía la Basílica de Guadalupe, continúa con las posadas que invocan el nombre del cielo para abrir paso a la pachanga, le siguen los villancicos, la euforia navideña de los regalos y las reuniones de todo tipo. Acto seguido llegan los abrazos sentidos de año nuevo y los buenos deseos para todo mundo y como postre las roscas de Reyes que preparan para la Candelaria. Si por este desfile fuera se podría concluir que vivimos en una sociedad cruzada por la fraternidad. No es así.

Más allá de las festividades religiosas y todo lo que de ahí se deriva hay otras formas de pulsar la fraternidad de las sociedades. Una de ellas son los actos filantrópicos. La filantropía es el brazo más eficiente que tiene la sociedad para ayudar a quien lo necesita. No se trata entonces de una actividad romántica sin impacto, sino de una serie de acciones organizadas que auxilian sensiblemente a paliar, entre otras, las dolencias y desventuras humanas. El ánimo final no es tranquilizar las conciencias sino actuar de forma organizada para que la sociedad esté mejor, incluido uno mismo.

No es casual entonces que los países con mejores niveles de bienestar sean también aquellos con la filantropía más extendida. No se trata de suplir al Estado, para nada. Lo que ocurre es que con frecuencia las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSCs) son mucho más eficientes que el propio Estado. De allí que en esos países el Estado sea el primer interesado en apoyar la filantropía, es una relación de mutua conveniencia que en México por desgracia todavía no se entiende. En México el 85 por ciento de los ingresos de las OSCs proviene de las cuotas de recuperación, sólo 9 por ciento es aportación gubernamental. En otros países como Japón, Portugal o la República Checa alrededor del 40 por ciento de los ingresos de las OSCs son aportaciones gubernamentales. Instituciones especializadas en problemas de visión, como lo son en México el Instituto de Oftalmología Fundación Conde de Valenciana y la Asociación para Evitar la Ceguera en México, atendidos por prominentes oftalmólogos y especialistas que con frecuencia donan su tiempo, difícilmente pueden ser mejoradas por una institución gubernamental.

En México la filantropía es todavía muy delgada. En Estados Unidos hay alrededor de 2 millones de OSCs, una por cada 150 habitantes. En Chile hay 35 mil, una por cada 428 habitantes. En México hay alrededor de 8 mil 500, una por cada 12 mil 350 habitantes. En Estados Unidos el 85 por ciento de la población pertenece a cinco o más organizaciones. En México el 85 por ciento de los mexicanos no pertenece a ninguna organización. En México el trabajo voluntario es un tercio del total, lo cual es comparable a países desarrollados. Pero en México ese trabajo es todavía esporádico, el 60 por ciento aporta de una a 12 veces por año. En cambio el trabajo de todos los días es alrededor del 8 por ciento. Algo que el Estado pareciera no haber comprendido cabalmente es que el llamado tercer sector es un gran generador de empleos. En Estados Unidos uno de cada 10 empleos radica ahí, bastante más que en el sector automotriz. En México la proporción es de uno en cada 210 empleos. Hay casos como el de los Países Bajos donde más del 14 por ciento de la PEA está radicado ahí, en México es el 0.4 por ciento. Quizá la crisis sea un buen momento para repensar el asunto.

Otra forma de calibrar la fuerza de las OSCs es observar cuánto aporta la propia sociedad. Hay países, y no necesariamente ricos, como Uganda o Paquistán, en los cuales alrededor del 40 por ciento de los ingresos de las OSCs provienen de la propia sociedad. En México es sólo el 6 por ciento. Con todo y los fantásticos logros del Teletón, los mexicanos aportamos muy poco. Además la pirámide de donaciones está invertida: muy pocos aportan mucho y muchos no aportan nada. Eso introduce fragilidad a las OSCs pues dependen de la voluntad de pocos. Hay organizaciones, como la creada por el padre Chinchachoma para atender niños en situación de calle, que estuvieron a punto de naufragar porque sus donantes tuvieron requerimientos de otras organizaciones surgidas por moda sexenal. Los mexicanos parecieran confundir la filantropía con la caridad. Cuando se les pregunta cómo prefieren realizar su aportación, casi el 80 por ciento responde "Darlo directamente a una persona necesitada", es decir, abrir la ventanilla, dar unas monedas y circular tranquilo por la vida. Esa aportación es poco confiable porque, como sabemos, atrás de esos rostros sucios de mujeres con niños harapientos al hombro con frecuencia hay verdaderas mafias. Además esa aportación no tiene ningún seguimiento institucional. Sólo 13 por ciento de los mexicanos aporta a organizaciones o instituciones.

Es cierto, la filantropía, en una visión moderna, está muy ligada a la vida urbana que en México es muy reciente históricamente hablando. Las formas tradicionales de aportación como el tequio, al no ser voluntarias, están en la frontera. Lo mismo ocurre con esas niñas, mujercitas y mujeres a las cuales se les "encomienda" el cuidado de ancianos y niños. Tampoco es trabajo voluntario, además de que no es deseable que dejen la educación y se marginen del aparato productivo. Pero hay otras explicaciones: alrededor del 70 por ciento de los mexicanos considera que no se puede confiar en las otras personas; el 45 por ciento considera difícil organizarse con otros ciudadanos y el 61 por ciento considera que el resto de la gente es corrupta. Así que, a pesar del desfile Guadalupe-Reyes, nuestro corazón colectivo no es tan grande. Felicidades.

2008, de raza y género

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Nadie puede negar que este año, como ningún otro entre los más recientes, el mundo giró al ritmo que marcaba Estados Unidos. Desde que se inició 2008, la tensión brotaba del mensaje que se nos hacía llegar desde la urnas. El proceso electoral de gringolandia se creció en bonos cuando sus protagonistas eran personajes hoy ya convertidos en parte de la historia, de esa historia que marca diferencias y hace, por el simple hecho de aparecer, cambios en la manera a como estábamos acostumbrados a reconocer el mundo.

Barack Obama, quien al final logró dar la cara por los demócratas ante los republicanos para moverlos de la Casa Blanca, está ahora convertido no sólo en el presidente electo de Estados Unidos, sino también en una representación de la esperanza de un pueblo, no sólo el estadunidense, que busca recuperar el aliento en medio del desdén urbano y la indiferencia de los gobiernos.

En suma, su condición de ciudadano afroamericano, el primero en competir y en llegar a la meta electoral, le dio un par de vuelcos, favorables, por supuesto, a la imagen ensombrecida por decisiones militares que, intentando tener tintes de Maquiavelo, se convirtieron en una estela de absurdos.

También la situación financiera del país, cuya anunciada recesión que, dicen quienes conocen el significado preciso del término, se convirtió en una crisis económica que alcanzó mercados de todo el mundo, por aquello del efecto dominó propiciado por la que se presumía como la economía más poderosa del globo.

Pero eso no fue todo. Junto a Obama, la contienda electoral en Estados Unidos se convirtió en un show político envidiable, cuando Hillary Clinton, ex primer dama estadunidense, se perfiló como la candidata más aguerrida. Y eso no sólo se dio por el carisma que goza gracias a la templanza que le demostró a su país en el episodio Lewinsky; sino a la entereza y mucha precisión con que ha manejado su carrera política, misma que la llevó a representar al estado de Nueva York en el senado gringo.

Así fue como una mujer, la primera, se quedó a una batalla de convertirse en la presidenta de Estados Unidos, pero que aun sin lograrlo, le añadió fuerza a la histórica contienda presidencial.

Ambos candidatos, sumando poderes mediáticos y políticos, decidieron cerrar el ciclo electoral con la toma de otra decisión que le da más certidumbre a su pueblo. Barack Obama, como presidente electo, le ofrece el puesto como secretaria de Estado a quien fuera su rival en la campaña demócrata y ella lo acepta; porque, al final, son también compañeros de partido que entienden que el poder de la política no está en el puesto que se tenga, sino en los alcances que se logran desde cualquier trinchera.

Por eso no suena exagerado decir que nuestro país vecino al norte, fue quien marcó la dirección que todos seguimos o, al menos, que por ellos nuestra atención giró hacía su territorio. Aunque con un halo de esperanza, que puede convertirse en demasiada presión. Sin tomar aún posesión de la oficina oval, Obama fue ya nombrado personaje del año de la revista Time, su rostro se ve en playeras, afiches y demás productos que lo perfilan como un ídolo de masas.

Tanta es la certidumbre que se espera, que incluso Raúl Castro, presidente de Cuba, ha dicho que está dispuesto a dialogar con el próximo residente en Washington. De ser esto posible, Obama se convertiría en el primer mandatario estadunidense, en 50 años, en sentarse junto a su homólogo cubano. Tal como se convirtió en el primer presidente, de muchos, en ser festejado en todo el mundo.

Es por eso que este año la política fue de raza y género. Su paso en la historia ya está otorgado y sólo será nutrido, para bien o mal, por lo que las acciones que de ellos veamos; porque en esto ya no hay marcha atrás.

Deep Throat, 2

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Los enigmas, como los mitos, son mejores con bruma. Hay cierto desencanto en la revelación de un buen secreto. Lo hubo cuando la revista Vanity Fair reveló la identidad de Deep Throat, el informante del caso Watergate para el diario Washington Post. Se trataba de quien era en el tiempo de las filtraciones, el segundo hombre de a bordo en el FBI, Mark Felt, muerto la semana pasada.

Nixon era un paranoico y un visionario. Reunía en un extremo al pillo y en el otro al estadista. Fue un personaje de contradicciones trágicas, tal como nos lo mostró Anthony Hopkins en la que es posiblemente la mejor película de Oliver Stone (Nixon, 1995).

Nixon sospechó, con certero instinto, que Deep Throat era Felt. La sospecha le fue confirmada por su jefe de gabinete, Bob Haldeman.

En una reunión del 19 de octubre de 1972, Haldeman dijo a Nixon: “Sabemos quien filtró”. Nixon preguntó: “¿Alguien del FBI?”. “Sí”, contestó Haldeman, y dijo el nombre: “Mark Felt. Pero si nos vamos sobre él, contará todo. Sabe todo lo que hay en el FBI, tiene acceso absolutamente a todo”. Nixon dijo, amenazante: “¿Sabes lo que le haría a este bastardo?”. Pero no le hizo nada. (Sally Quinn: “The Secret That Didn't Reach Washington's Lips”. Washington Post, June 3, 2005).

Los equilibrios de poderes, escribió Madison, padre fundador de la democracia americana, deben diseñarse pensando en poner límites a los chicos malos (los bad fellows), ya que los buenos, por definición, se contienen solos. La clave es que los malos se vigilen y contrarresten entre ellos, y que sea caro para todos actuar mal.

En el bastidor de pasiones políticas y guerras burocráticas que son el trasfondo de Watergate, uno tiende a ponerse del lado de Felt y de los chicos buenos de la prensa.

Vista la película completa, lo cierto es que en la relación de Felt y el Post no hay grandes lecciones de transparencia pública. Sin embargo, los efectos duraderos del affaire fueron transparentar la vida pública estadunidense.

De las sacudidas de Watergate se desprendieron leyes para proteger a informadores, para regular campañas políticas, para cuidar la privacidad y para dar libre acceso a la información gubernamental.

Estamos frente a un buen ejemplo de la paradoja mayor de la política que desde Maquiavelo desvela a los moralistas: medios deleznables, como la complicidad de periodistas ambiciosos con informantes secretos, pueden conducir a fines buenos, como el control público sobre la continua conspiración de grupos que es la materia misma de la política.

Crisis

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

Para encontrar el significado de la palabra “crisis”, acudí al diccionario de uso del español de María Moliner: crisis es una “situación momentáneamente mala o difícil de una persona, una empresa, un asunto, etcétera”.

Nuestra economía pasa por una crisis. Empezó a resentir una situación dura pero temporal. Un momento de mudanza, de transformación, que sin duda golpeará nuestro desarrollo, pero no será permanente.

La mejor manera de encarar esa delicada situación es advertir, con claridad, su causa y origen. De lo contrario, fallaremos en la manera de encararla. En primer lugar, no es responsabilidad del presidente Calderón. Las crisis mexicanas anteriores sí fueron culpa de los gobiernos del PRI. En segundo lugar, es una crisis de dimensión mundial y con origen en la avaricia.

Para entender mejor el alcance repasemos unas ideas recientes del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, con las que definió la crisis como una “crisis de confianza sin precedente que desestabiliza la economía mundial”.

Sarkozy afirma que lo primero para abordar con éxito la crisis es hablar con la verdad.

“Decir la verdad a los franceses —sigue Sarkozy— es decir, en primer lugar, la verdad sobre la crisis financiera. Porque esta crisis, sin igual de los años 30, marca el final de un mundo construido tras la caída del muro de Berlín y el final de la guerra fría. Ese mundo fue impulsado por un gran sueño de libertad y prosperidad.

“La generación que venció al comunismo había soñado con un mundo donde la democracia y el mercado resolverían todos los problemas de la humanidad. Había soñado con una mundialización feliz que acabaría con la pobreza y la guerra.

“Este sueño ha empezado a hacerse realidad: las fronteras se han abierto, millones de hombres han escapado a la miseria, pero el sueño se ha quebrado con el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos, los nacionalismos, las reivindicaciones identitarias, el terrorismo, los dumpings, el desempleo regional, las derivas en las finanzas globales, los riesgos ecológicos, el agotamiento anunciado de los recursos naturales, las revueltas del hambre.

“En el fondo, con el final del capitalismo financiero —que había impuesto su lógica a toda la economía y fomentado su perversión— muere una determinada idea de la mundialización.

“La idea de la omnipotencia del mercado que no debía ser alterado por ninguna regla, por ninguna intervención pública; esa idea de la omnipotencia del mercado era descabellada. La idea de que los mercados siempre tienen razón es descabellada.

“Durante varios decenios se han creado las condiciones que sometían la industria a la lógica de la rentabilidad a corto plazo. Se han ocultado los riesgos para obtener rendimientos cada vez más exorbitantes. Se ha fingido creer que los riesgos desaparecían uniéndolos.

“Se ha permitido que los bancos especulen en los mercados en vez de invertir el ahorro en desarrollo económico. Se ha financiado al especulador y no al emprendedor.

“No se han controlado las agencias de calificación y los fondos especulativos. Se ha obligado a las empresas y a los bancos a inscribir sus activos en las cuentas a precios de mercado que aumentan y se reducen en función de la especulación.

“Se ha sometido a los bancos a reglas contables que no garantizan la gestión correcta de los riesgos y que, en caso de crisis, agravan la situación en vez de amortiguar el choque.

“¡Es una locura y hoy pagamos por ello!”.

***

A todos los lectores de EL UNIVERSAL, feliz Navidad.

¿Qué hago?

Germán Dehesa
german@plazadelangel.com.mx
Gaceta del Ángel
Reforma

Vivo en el desgarramiento. No vayan a pensar que estoy hablando de algún músculo más o menos íntimo. Mi desgarramiento es moral. Como es sabido, la Navidad y yo no tenemos nada que ver. Por lo menos, eso quisiera yo. Los santacloses salen hasta de las cañerías y cada uno de ellos me trae como regalo jamás solicitado, algún reproche del tipo de "lo que pasa es que eres un amargado y por eso odias la Navidad", "te encanta hacerte el interesante, por eso montas todo tu numerito de Scrooge". A todo este tipo de comentarios bajos y malintencionados, no vacilo en responder que todo eso es falso, que desde mi más tierna infancia odio estos días con todas mis vísceras y con todas mis fuerzas. Toda esta melcochosa ternura que produce diciembre junto con la sensación de que, en el fondo, somos buenos me parecen cursilerías de temporada que nos pueden inducir a hacer tonterías mayúsculas como comprar un regalo fastuoso para la tía Leonela que no merece más cosa que nuestro odio más acendrado por su conducta sistemáticamente maligna y contraria a nuestra idea de la vida. Vieja mula.

El desgarramiento del que hablaba al principio se da precisamente porque todo mi ser detesta a la Navidad y a su legión de chillones purulentos, pero ya comprendí que nunca voy a poder contra éstos, que Perisur siempre será más poderoso que mi voz y que ya me doy de santos con que a mi me dejen en paz. Ni esto he podido lograr. Vaya a donde vaya, ahí me encuentro a la torva caterva de los hijos de santaclós que caen sobre mi armados de reproches y acusándome de disolvente, de enemigo de nuestras mejores tradiciones (ya me imagino al Rey Acamapichtli poniendo su árbol de Navidad), de vocero del odio a la infancia (esto sí es cierto, los niños están conduciendo al mundo a una catástrofe y además huelen a sebo) y de individuo pernicioso y enemigo de la sociedad. Esto último no es cierto; yo no me quiero meter con nadie y lo único que pido es que dejen de fregarme porque ni siquiera he puesto el nacimiento, ni el árbol, ni los foquitos, ni la corona de adviento, ni el trineo, ni el reno alcohólico, ni al idiota barrigón de Santaclós, ni los hermosos cuernos de reno en el coche, ni todas las sonseras que se estilan por estas épocas. Me niego tajantemente a hacerlo, pero creo que esto no tiene que convertirme necesariamente en un enemigo de la paz mundial. Para muchos amigos y parientes eso es lo que soy y todo por el grave delito de no querer juntarme con ellos a envolver regalos mientras oímos villancicos con el grupo Los Pedroches. Lo único que yo rescato de todo esto es que diciembre es el mes en el que comparecen amigos muy queridos que no veo en el resto del año, como es el caso de mis amigos "Los Osos", o de mi amiga Tinina que es un amor para los tiempos del cólera que se ha mantenido como imposible a lo largo de cuarenta años. Salvo por esto, todo es pesadumbre en la Navidad.

En medio de esta tiniebla, una luz se abre paso: el bacalao preparado con la celestial e incomparable receta debibabá. La gran Aurora que me conoció en mi primera juventud y que hoy es la única y legítima heredera del recetario debibabá tuvo la deferencia de aceptar mi pedido extraordinario de cerca de media tonelada de bacalao prístino y legítimo que acá su Charro Negro irá degustando a lo largo de estos difíciles días que pueden tornarse suntuosos y sensuales gracias a una torta de bacalao. Para que vean, esto sí puede moverme al júbilo y al agradecimiento. Todo está bien si al final de tus tristezas te espera una torta no de ese bacalao actual que no es más que tiburón desflecado y puesto a navegar en algún infame aceite; sino del inenarrable e insuperable bacalao que preparaba bibabacita.



¿QUÉ TAL DURMIÓ? MCDL (1450)

ARTURO MONTIEL.


Cualquier correspondencia con esta columna con cuernos de reno , favor de dirigirla a german@plazadelangel.com.mx (D.R.)

La popularidad de Andrés Manuel, en caída libre

Ubaldo Díaz
ubaldodiazmartin@hotmail .com
La Crónica de Hoy

Carlos Navarrete reconoce que López Obrador tiene un rechazo de 50 por ciento entre los electores. Y advierte que sancionarán con expulsión de las filas del PRD a aquellos que respalden a candidatos que compitan bajo otras siglas, como puede ser el caso de aquellos que se sumen desde el movimiento de López Obrador a la coalición PT-Convergencia. Y refuta a Alejandro Encinas su aseveración de que aplicar estatutos del PRD es un acto de psiquiatra.

“Es un contrasentido desestimar al Frente Amplio Progresista y al mismo tiempo hacer todo lo posible porque éste no subsista, aunque la dirección que está en el partido quiera plantear su separación del FAP”, dice Encinas, sin embargo, celebró la resolución del Consejo Nacional de que no haya alianzas con otros partidos y que el PRD apueste por recuperar su identidad partidaria, tras la elección interna de marzo pasado.

Germán Martínez Cázares quiere derrotar a los panistas de Nuevo León a través de una encuesta pretendidamente “científica”, pero demostrablemente “patito”. ¿Quién le cree a Germán y a sus “científicos”? ¿Quién aceptará las encuestas de Germán? Fernando Elizondo, Fernando Margáin, Fernando Larrazabal y Adalberto Madero tienen la palabra, por ser los panistas mejor posicionados.

Nos dicen que durante el mes de noviembre se pudo apreciar que hubo un gran dinamismo en cómo se movieron las preferencias políticas en Nuevo León. En particular Rodrigo Medina tuvo un mayor reconocimiento del 8% de los entrevistados que piensan que sería un buen candidato del PRI para la gubernatura de Nuevo León. Por otro lado, Fernando Elizondo se perfila como el político que los entrevistados consideran sería el mejor candidato del PAN para la contienda a gobernador de Nuevo León”.

La redacción de los resultados replica lo que ya se conoce, o al menos se intuye: que el candidato del PAN es Fernando Elizondo Barragán y que el candidato del PRI y de José Natividad González Parás es Rodrigo Medina de la Cruz. A pesar de la encuesta, trascendió que Jorge Mendoza, senador y operador político de Ricardo Salinas Pliego, recibió el mensaje de Germán Martínez diciéndole que no había confusión, es decir, que el candidato designado sería Fernando Margáin.

La encuesta que abandera Germán Martínez reproduce lo que otros muestreos han arrojado: dentro del PAN, Fernando Elizondo sigue de puntero, Rodrigo Medina avanza, Abel Guerra mantiene el liderazgo pero Eloy Cantú ya es un factor. “En el municipio de Santa Catarina únicamente 2 de cada 10 personas se identifican con el PAN”, sorpresa. “Los municipios competidos son Monterrey y Apodaca, ya que en estas alcaldías la identificación partidista es muy cercana entre el PRI y el PAN”.

Leonardo Valdés Zurita afirmó que México se ha consolidado como una nación con instituciones garantes de la transparencia electoral, y una de ellas, como modelo nacional, es el propio instituto, hoy referente obligado por su enorme capacidad para organizar comicios federales. Resaltó que lo anterior ha permitido ubicar al instituto, ante “los ojos de la comunidad internacional”, como un organismo con un amplio prestigio y credibilidad. Y subraya que antes, como ahora, la presencia de visitantes extranjeros constatará el profesionalismo y la entrega con la que se actúa en la organización del proceso electoral federal.

Manuel Salas Rebolledo, representante del PAN ante el Instituto Electoral de Veracruz, crítica la ignorancia de las leyes por parte del secretario general de Gobierno de Veracruz, Reynaldo Escobar, por difamación y calumnias contra el coordinador del PAN en el Congreso local. Al respecto, Salas Rebolledo dijo que eso fue “una tarugada” porque el artículo 17 de la Ley Orgánica del Poder Legislativo del Estado de Veracruz dice que los legisladores “gozarán de inmunidad por las opiniones que manifiesten en el ejercicio de su cargo y en ningún tiempo podrán ser reconvenidos por ellas, aún después de haber cesado en su mandato”.

Las berenjenas del Kisangani

Marcelino Perelló
bruixa@prodigy.net.mx
Excélsior

Ni crea que le voy a explicar lo que es una berenjena. No es que sea muy popular en nuestro país, pero un mole de olla sin berenjenas no es un mole de olla. Y además, cruda, es uno de los frutos preferidos para ciertas prácticas perversas sobre las cuales tampoco lo voy a ilustrar. Lo que sí le voy a explicar, sin ofenderlo, culto lector, es en dónde queda el Valle de Kisangani. Quién quita y usted ya lo sabe, pero no está a la vuelta de la esquina y no se habla mucho de él. No se hablaba, deberé decir. De todos modos, me creo obligado a decirlo.

Es uno de los valles que otrora fue de los más fértiles, florecientes y agrícolamente productivos del Congo. Hoy me temo que ya nadie cultiva nada, excepto muerte. Se encuentra sobre la ribera derecha del río homónimo, en su curso medio, al pie del Monte Margarita y cerca de la frontera con Sudán. En la planicie del Kisangani se cultivan —¿cultivaban?— berenjenas. Sus cosechas llegaron a ser relativamente importantes, de unas diez mil toneladas al año. No es que sea la gran cosa, pero de todos modos. Piense sólo que en todo nuestro país se producen unas 40 mil toneladas anuales. Con todo y el mole de olla.

Y es que yo me pregunté si se cultivarían berenjenas en el Congo. Sospeché que sí. Y tuve razón. No podía ser de otra manera. Porque el Congo, la República Democrática del Congo en particular, es hoy, y desde hace 14 años, un auténtico berenjenal. Un berenjenal de hambre y sangre.

Berenjenal que ignoramos. En la soberbia estúpida del “Ojos que no ven...” Los periódicos y los noticiarios ya decidieron, tiempo ha, que no es interesante y nos lo ahorran. Y nosotros, por lo visto, nos declaramos satisfechos y lo agradecemos.

Hay una estulticia egoísta, que algo tiene de autismo, en el nacionalismo. En el nacionalismo explícito y programático, pero también en el automático e insconciente, en que se establece por default. Y del que son víctimas la práctica totalidad de los habitantes del planeta. Establecemos los márgenes de nuestros propósitos e inquietudes sociales de acuerdo a los estrechos límites del país.

“México va bien”, “México va mal”. “Aspiramos a un México mejor”. “Queremos trabajar por abolir la pobreza extrema en nuestro país”. “Debemos propiciar el desarrollo de nuestro país”. “Es preciso conservar la paz en nuestro país”. “Hay que combatir la deforestación de nuestros bosques”. “Qué país más hermoso tenemos”. ¿Tenemos, Kimosabi? Desde la Barranca del Cobre a Cozumel. ¿Quién tiene? “Nuestro país”. “Nuestro país”.

Que un hombre de Estado hable en esos términos es relativamente comprensible. Finalmente sus responsabilidades estrictas están limitadas al territorio nacional. Sin embargo, deberíamos esperar que sus perspectivas y preocupaciones podrían ser un poco menos mezquinas e ir más allá. Hubo un tiempo en que las cosas eran así. En el que la visión de los auténticos hombres de Estado sobrepasaba sexenios y fronteras.

Pero en el hombre de a pie, como usted y yo, tal estrechez cicatera y estreñida es incomprensible e inaceptable. Que los guatemaltecos se chinguen. Ahi se ven. Una vez atravesado el Suchiate, ya no es mi bronca. ¿No sería razonable, digo yo, preocuparse por que el mundo vaya bien? ¿Aspirar a un mundo mejor? ¿Conservar la paz y los bosques del mundo? Proclamar: “Qué mundo más hermoso tenemos”.

Pero no. “A mí no me preocupa lo que pasa allá, sino lo que pasa aquí”. Sin entender que todo es aquí. No hay ningún lugar lejos ni ningún pueblo ajeno. El pensamiento internacionalista se encuentra, como tantas otras cosas, en franca bancarrota. No me interesa porque no lo conozco y no lo conozco porque no me interesa. Uróvoro.

A veces sí, nos fijamos en las elecciones gringas, en la revuelta griega o en los atentados de la India. Tantito. En lo espectacular. Y decidimos nosotros lo que los medios decidieron que es espectacular. Los play offs del americano o la Liga de Campeones en Europa. Y pare de contar.

No podemos dejar de reconocer, en su descargo, que sí hay alguna gente, alguna, que se preocupa y ocupa de lo que sucede en parajes lejanos. Por un lado, ciertos funcionarios de ciertos organismos internacionales. Pero esos no tienen demasiado mérito. Cobran. Y luego están los misioneros, los religiosos y los laicos, de alguna ONG. Honor a quien honor merece. Lo que sea de cada quien.

Pero al inmenso resto, lo que pase o deje de pasar en Somalia, en Palestina, en Pakistán o en Timor del Este, nos viene bastante guango. Por no decir guango del todo. Y el Congo que se hunda. Yo qué sé. Quién les manda ser lo que son y andar por allá.

Imposible no citar aquí, de memoria, la maravillosa y desgarradora fábula de Brecht: “Primero vinieron por los comunistas y yo me hice maje. Después vinieron por los otros antifascistas y yo me hice maje. Después por los judíos y me hice maje. Ahora vienen por mí y todo el mundo se hace maje”.

Que el Congo se hunda, mientras el que se hunda no sea yo. Esperando que entonces, cuando me hunda yo, los otros no piensen igual que yo.

Permítame, por lo tanto y ahora, hacer del Congo un espectáculo. Mostrarlo. Exhibirlo. A ver si así hay más gente que lo mira. Que lo observa y considera. No estoy hablando de usted, comprometido y universalista lector. Sé, perfectamente, que si usted no lo fuera, no estaría leyendo este artículo. Y si fuera usted un advenedizo, que luego los hay, no habría llegado hasta aquí. Pero a lo mejor el relato le sirve para mover, para remover, el corazón y la conciencia de otros.

Digamos, para empezar, y puesto que de espectáculos se trata, que en la guerra del Congo que se inició hace 14 años, han muerto unos diez millones de personas. ¿Suena bien, verdad? Atractivo y, sobre todo, espectacular. Ha sido llamada la Guerra Mundial Africana. En ella han participado por lo menos diez países. Y, a diferencia de las otras dos guerras mundiales, ha estado plagada de revueltas, asonadas y levantamientos internos.

Para más inri, se produce en un territorio de extrema pobreza. Y con estructuras políticas y sociales endebles. No existen los mecanismos de auxilio y salvaguarda de la población afectada que existían en Europa. En la cuenta de esos diez millones no están sólo los muertos por arma, blanca o de fuego, sino también comunidades enteras que quedaron aisladas, durante meses y años, de cualquier abasto. Y que murieron enteras, de hambre y de sed. De hambre y de sed, de soledad y de tristeza (los negros también entristecen).

A ellos hay que añadir los fugitivos. Los millones de hombres que intentaron ponerse a salvo, formando caravanas impensables, huyendo de las balas y en busca de un puño de cereal. Que no tendrán ni el agua ni la paciencia para hervir, y que comerán, o mejor, que darán a comer a sus pequeños, crudo. Cuando no quedaron atrapados entre dos o tres fuegos.

Ya no tuve ni tiempo ni espacio para platicarle qué está pasando ni el porqué. En fin, tiempo todo el del mundo —del mundo, no del país—, espacio, ay, no. Me enrollé demasiado en disquisiciones mamonas. La única excusa que se me ocurre es que así es uno. Tendremos que abordarlo a raya de año.

Aprovecho para desearle, carísimo lector, una muy feliz Navidad, todo lo feliz que pueda ser, sabiendo, mientras come guajolote y romeritos, que aquí al ladito, sobre la otra ribera del Atlántico, nuestros, más que congéneres, hermanos, en aquel berenjenal de Kisangani, viven el infierno sobre la Tierra.

Ejército desafiado

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

En las bajas verdes confluyen dos de las cuatro “amenazas a la seguridad interior” que el Ejército encuentra en el flagelo: “agresión a las fuerzas armadas” y “ejecución de actos de terror para intimidar a la población”.

Con la vida de modestos hombres de honor se responde al trabajo de 45 mil elementos enviados al frente:

La detención de nueve mil 207 probables delincuentes; el aseguramiento de 22 toneladas de cocaína, 337 kilos de goma de opio, 233 de heroína y la incautación de casi un millón 710 mil pastillas psicotrópicas; 421 inmuebles (entre casas, predios y ranchos); 41.3 millones de pesos y 61.7 millones de dólares; o de 316 aeronaves, 95 embarcaciones, siete mil 272 autotransportes y 17 mil 876 armas.

La sevicia con que fueron victimados ocho soldados el reciente fin de semana (con los que suman 83 los asesinados en dos años), y la amenaza explícita de que morirán más, explican la dramática visión que en el Ejército (MILENIO del último viernes de noviembre) se tiene sobre la narcodelincuencia:

“Pone en riesgo la viabilidad del país…”.

Tener dos amores

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

Tendrán que definirse. López Obrador y Jesús Ortega no admiten adhesiones a medias. Uno es la figura, el otro es el control

En el amanecer de 2006, desde algún lugar de la selva Lacandona, llegó un comunicado indeseable para los militantes de la izquierda mexicana. El Subcomandante Marcos se deslindaba del puntero en la carrera presidencial, Andrés Manuel López Obrador.

Fue un terremoto. Los fans de Andrés Manuel, que lo eran también de Marcos, tenían que definirse entre sus dos ídolos o, en el mejor de los casos, amar a uno de ellos a escondidas.

Vino la división entre pejistas y zapatistas. Se supo que la redacción de un periódico se dividió en torno a si debía seguirse dando primera plana al dirigente guerrillero que parecía aliarse con la derecha, sumarse al “compló”. Los asiduos a los mítines en el Zócalo se replantearon sus visitas a Chiapas. Sismos idénticos se vivieron en muchas agrupaciones de izquierda.

Al final, la pelea de popularidad la ganó López Obrador. Marcos, aunque tenía razón en su comunicado contra el tabasqueño, se quedó casi solo: los fans de izquierda ya veían a Andrés Manuel despachando en Los Pinos (tenía en ese momento 10 puntos de ventaja en las encuestas). Poder mató ideología.

Casi tres años después, la disputa por el PRD no sólo enfrenta a chuchos y a pejes. La estela del pleito llega mucho más lejos. Hay organismos e instituciones que corren el riesgo de volverse caldo de cultivo de esta pelea, sobre todo de cara a las elecciones de 2009.

La UNAM como primera en esta lista. Sus aulas albergan a investigadores, científicos y académicos, mayoritariamente liberales. Muchos de ellos con claros vínculos con el PRD. La riña en el partido puede contaminar las relaciones universitarias. A ver cómo lidia con este tsunami el rector Narro.

Otro caldo serán los medios de comunicación, sobre todo los que tienen marcada agenda izquierdista, que verán intentos de influencia en sus criterios editoriales por seguidores de uno y otro bandos.

Habrá presión contra organizaciones no gubernamentales, grupos sociales y civiles, la APPO y sus imitadores en el país, la CNTE y hasta movimientos armados que encuentran en el PRD un aliado permanente para hablar de diálogo y no de represión. Presión porque tendrán que definirse. López Obrador y Jesús Ortega no admiten adhesiones a medias. Uno es la figura, el otro es el control. Uno amaga con la descalificación moral, el otro con la expulsión partidista.

SACIAMORBOS

Lo cuidaba una veintena de elementos de la AFI, pero hacía que se los cambiaran cada 15 días para que ninguno alcanzara a descifrar sus hábitos. Ni él, que trabajaba con ellos cuando ordenaba los operativos, les tenía confianza. Que descanse en paz.

P.D. Las historias de este reportero toman un descanso. Nos leemos el 13 de enero.