diciembre 28, 2008

'Hogaño antaño' por Paco Calderón

2009: ¿Hacia Somalia o hacia Noruega?

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
Excélsior

El gran reto para la sociedad mexicana en 2009 será mantener la viabilidad del Estado.

Escribo sociedad a propósito, porque éste no es un problema que ataña únicamente al gobierno federal y a las autoridades locales.

No es exageración decir que la nave en la que vamos todos —gobernantes y gobernados— ha tomado peligrosamente el rumbo de las cataratas por las que han desaparecido los Estados fallidos.

No estamos a punto de caer, pero la corriente nos jala hacia Somalia y no hacia Noruega, los extremos de la lista de naciones sustentables que publica anualmente la organización no gubernamental The Fund for Peace.

En la más reciente edición de ese listado, México aparece prácticamente a la mitad del camino (en el lugar 105 de 177), pero no deja de llamar la atención que nos superen países como Albania, Sudáfrica y Rumanía, tres naciones cuyas transiciones democráticas han sido mucho más complicadas que la nuestra.

No da gusto afirmarlo, pero sería engañoso negar que la viabilidad del Estado mexicano está en entredicho.

La situación actual no condena a todo el país a la desesperanza, pero se puede sostener que el margen para la inacción o las equivocaciones se ha reducido de manera dramática.

Hoy está en duda que el Estado mexicano pueda mantener su monopolio legal en el cobro de impuestos, la aplicación de la justicia y el uso de la fuerza. También lo está su capacidad de dotar de servicios básicos a su población, de garantizarle oportunidades para acceder a un nivel de vida con satisfactores mínimos y esperanza de desarrollo en lo material y lo intelectual, así como de procurarle un entorno saludable y seguro.

Se necesita un cambio de rumbo: legislar en busca de instituciones más sólidas y el reforzamiento del imperio de la ley; programar el presupuesto con base en planes diseñados con criterios científicos y no electorales, que respondan a las necesidades del país y al contexto internacional, y aplicar el gasto público con honradez y precisión.

Eso es lo que han hecho los noruegos, quienes hace algunas décadas eran el vecino pobre de Escandinavia y hoy tienen el mejor país para vivir. En cambio, Somalia, independiente hacia medio siglo, no apostó nunca por la creación de instituciones, y desde 1991 vive un desgarramiento social que la aleja de cualquier concepción de Estado.

A nivel internacional, se utiliza una combinación de indicadores económicos, sociales y ambientales para medir si un Estado es sustentable.

Sería bueno reconocer que, en todos ellos, México tiene problemas estructurales que requieren de políticas públicas para ser corregidos. Es decir, no podemos aspirar a que una mano invisible —sea la del mercado o cualquier otra— venga a resolverlos.

He aquí una lista de algunos de nuestros mayores desafíos:

Población: Se ha frenado la explosión demográfica, que dificulta la capacidad del Estado de dotar de servicios a los nuevos mexicanos, pero seguimos enfrentando varios problemas en este terreno. Entre ellos, la alta densidad poblacional en algunas zonas del país. Cinco áreas metropolitanas —México, Guadalajara, Monterrey, Puebla y Toluca— concentran la tercera parte de la población, mientras que una cuarta parte de ella habita en caseríos dispersos a lo largo del territorio mexicano.

Seguridad: Llevamos 90 años de un modelo policiaco fallido que ahora está en franca crisis. Desde que el presidente Venustiano Carranza separó, por razones políticas, a las policías en preventiva y judicial, la corrupción se implantó en nuestros cuerpos de seguridad y procuración de justicia. A diferencia de otros países en transición democrática, esos organismos se mantuvieron casi inalterados y altamente dependientes de los cuadros formados en el autoritarismo.

Hemos encargado a las Fuerzas Armadas una tarea que no les corresponde: combatir a la delincuencia organizada. Esto las ha puesto en riesgo, como demuestran los hechos recientes de Chilpancingo, y ha colocado al resto de los mexicanos en un peligroso predicamento: no tenemos policías confiables, así que hay que encargar su trabajo a los militares, pero, después de éstos, nadie queda para hacer frente a una delincuencia que está cada vez más presente en la vida pública, desde los campeonatos de futbol hasta los concursos de belleza.

Estado de derecho: la corrupción y la ineficacia de las policías han dado lugar a una impunidad que rebasa el 98 por ciento. Eso hace que el crimen sea un negocio rentable y manda un mensaje ominoso: ¿Para qué arriesgar en una actividad productiva, como profesionista o como empresario, si ser delincuente paga más?

Además, existe la impresión extendida de que no hay problema legal que no se arregle con dinero, con lo cual la ley se vuelve un instrumento gelatinoso que sirve para castigar únicamente al pobre y al tonto, en lugar de ser una base de certeza para la convivencia social.

Ecología: Hemos depredado el medio ambiente en niveles alarmantes. El problema está en todos los estratos sociales y lo aceitan la indolencia y la corrupción. La mayoría de nuestras cuencas acuíferas está contaminada. Las cañadas son depósitos de basura. Los bosques y selvas se arrasan en aras del beneficio y la ganancia inmediatos. Los cauces de ríos se fraccionan y se venden. Los manglares desaparecen para dar lugar a desarrollos turísticos o inmobiliarios de dudoso beneficio social.

Economía: Nuestro país es uno de los más desiguales. El 10% más privilegiado de la población posee 37% de la toda riqueza, mientras el 10% más pobre sólo posee 1.2 por ciento. No hay nada en el panorama que nos indique que esa diferencia se irá cerrando. Al contrario, la falta de oportunidades para los mexicanos más desfavorecidos y las brechas educativa y tecnológica apuntan a una mayor separación.

Aunado a eso, la acción de los mexicanos emprendedores se topa con la cerrazón de quienes luchan por implantar o mantener privilegios monopólicos. Que la competencia se dé entre los bueyes de mi compadre, opinan esos defensores del proteccionismo. Aquí, que sólo mis chicharrones truenen.

Mis deseos para 2009 —un año de crisis económica internacional que puede exacerbar todos nuestros males— son que el país comience a remontar algunas de esas situaciones, producto de décadas de desidia, corrupción, errores y dejadez.

Para navegar hacia Somalia, basta con no hacer nada y dejar que la corriente nos siga arrastrando. En cambio, para ir hacia Noruega, todos tendremos que remar, y fuerte. ¿Hacia dónde queremos ir?

2008: Año en que los humanos se jugaron su futuro

Luis Manuel Guerra
quimicoguerra@quimicoguerra.com
La Crónica de Hoy

Primera Parte

Escribo este artículo desde Big Bear, en la Sierra Nevada de California, en las Montañas de San Bernardino en un lugar maravilloso en donde el ser humano ha tenido la sabiduría de desarrollarse en armonía con la Naturaleza, y en donde la paz y los maravillosos paisajes entre la nieve y árboles bi-y tricentenarios, ponderosas, cedros blancos, oyameles, le permiten a uno reflexionar acerca de nuestro papel en la vida.

En donde la cálida hospitalidad de Vicky y Steve Durand, ella mexicana, él californiano oriundo de estos bosques majestuosos y amante de nuestro México, le refrenda a nuestro espíritu la convicción de que encontrando un propósito común en el amor a la vida, los humanos resolveremos los grandes problemas que estamos empezando a enfrentar en el 2009.

Pues se nos fue el 2008, querida y querido lector, como en un suspiro. Hicimos los humanos del 2008 un año turbulento, angustioso, violento, incierto: seguimos inmersos en guerras fútiles, primitivas "para ganarle la partida al otro", presenciamos el sacudimiento de las finanzas mundiales por la especulación avariciosa, sin límites, de los que persiguen el vellocino de oro sin pensar ni el futuro ni en los demás, sino sólo en ellos aquí y ahora.

Henry Kissinger, diplomático Premio Nobel de la Paz, escribe en el último número de The Economist : "El evento más importante del 2009 será sin duda la transformación del llamado Consenso de Washington, que estableció que las reglas del mercado estaban por encima de las fronteras nacionales.

Tanto la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional, como el Banco Mundial defendieron este sistema globalmente. Las crisis financieras periódicas fueron siempre interpretadas por estos organismos no como señales de alarma de los que le podía suceder a las naciones industrializadas, sino como aberraciones del mundo en vías de desarrollo que debían corregirse con astringencia doméstica, una política que las naciones avanzadas no estuvieron dispuestas a aplicar en ellas mismas al requerirse cuando fue necesario.

La ausencia de auto-restricción incentivó una especulación cuya sofisticación creciente sólo fue igualada por una falta masiva de transparencia. Un periodo sin paralelo de crecimiento económico siguió, pero junto con él la ilusión de que un sistema económico se podía sostener a sí mismo indefinidamente a través de la adquisición de deuda.

En realidad, un país podría vivir en tal forma de abundancia sólo mientras el resto del mundo mantuviera la confianza en sus recetas económicas. Este periodo ha terminado ahora. Cualquier sistema económico, pero especialmente una economía de mercado, produce ganadores y perdedores (como en la Naturaleza).

Si la brecha entre ambos se hace demasiado grande, los perdedores se organizarán políticamente entre ellos para modificar el sistema, tanto dentro de sus propias naciones como entre ellas. Este será el tema principal del 2009. Para el medio ambiente esto tiene una importancia extraordinaria: El gran reto que enfrentamos los humanos para redefinir nuestra relación con la Naturaleza y garantizarnos un futuro puede pasar fácilmente a un segundo plano debido a la crisis financiera: Curioso el ser humano, —los dineros siempre han sido y serán más importantes que cualquier otra cosa—aunque en el proceso ponga en riesgo su propia existencia.

Pero en vez de condenar esta actitud, diciendo: "qué malos los especuladores y los gobiernos laxos e injustos" lo invito, querida, querido lector, a pensar en categorías más sabias y productivas: así como los humanos luchamos por el dinero a toda costa, los seres vivos no humanos luchan por su territorio y por los recursos para sobrevivir a toda costa. La gran diferencia es que nosotros no tenemos ninguna regulación natural para evitar abusos, y precisamente eso es lo que tenemos que crear a través de nuestra inteligencia y recursividad.

Debemos crear un sistema económico igualitario que impida los abusos. En nuestro país existen grandes empresas mexicanas que desde hace décadas prácticamente no pagan impuestos o hacen hasta lo imposible por pagar lo menos posible, sin tomar en cuenta que con esa actitud debilitan al mismo Estado al que le exigen que las proteja.

Y la recursividad nos va a permitir salir de la crisis precisamente a través del cuidado del medio ambiente. El año más importante para el combate al Cambio Climático desde 1997 en el que se estableció el Protocolo de Kyoto será el 2009: el primer período de este instrumento fenece en el 2012. El acuerdo para reemplazarlo deberá estar terminado para la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático que tendrá lugar en Copenhagen, Dinamarca, del 30 de noviembre al 11 de diciembre del 2009. Este acuerdo tiene que tener sustancia y no ser únicamente un acuerdo para guardar las apariencias diciendo que el problema debe ser atacado.

El mundo desarrollado, especialmente los Estados Unidos, deben comprometerse a reducciones de sus emisiones de carbono legalmente vinculantes para el segundo periodo de Kyoto, del 2012 al 2016, y aún más allá de este periodo. Pero también es cierto que los grandes emisores del mundo en vías de desarrollo como China, deben comprometerse a cumplir con obligaciones sustanciales, si no reducciones amplias que engloben a todos los sectores de su economía, pero sí a metas intensivas en carbono, como por ejemplo reducción de emisiones de carbono por unidad de Producto Interno Bruto.

El mundo afluente, que ha sido responsable de la mayor parte de las emisiones hasta ahora y que reconoce que debe pagar por eso, debe encontrar también la forma de transferir recursos a los países emergentes, China, India, Rusia, Brasil, Indonesia, Sudáfrica y México, para que éstos puedan financiar sus propias reducciones de carbono.

El Mecanismo de Desarrollo Limpio, MDL, que quedó establecido en Kyoto para permitir a los países ricos comprar créditos de carbón de los países pobres que hayan reducido sus emisiones, hace precisamente eso: transferir recursos para reducir emisiones, pero probablemente no es lo suficientemente robusto para hacer este trabajo en la escala necesaria para el reto que enfrentamos.

Pero existen signos positivos en el horizonte: Mientras escribo este artículo, veo en el periódico la noticia de fin de año de que sólo en este año, y sólo en California, se han instalado 133 megawatts fotovoltaicos en hogares, escuelas y comercios en este estado, (suficientes para alimentar a 18,000 usuarios) y que la Legislatura local ha determinado que para el año 2018, dentro de diez años, deberá haber por lo menos un millón de techos fotovoltaicos en el estado, suficientes para producir 3,000 megawatts y desconectar cinco grandes termoeléctricas.

Leo también acerca de un joven empresario de Palo Alto, Shai Agasssi (no más de 28 años de edad), que presentó esta semana su proyecto "Auto 2.0" para cambiar el mundo a través de una red mundial de autos eléctricos. Ya ha conseguido 200 millones de dólares para su empresa "Un lugar mejor" y ha firmado convenios con la municipalidad de San Francisco, el estado de Hawai, los gobiernos de Israel, Dinamarca y Australia. Retos tenemos, sí, capacidad para resolverlos, por supuesto.

Feliz (y ecológico) Año Nuevo.

Te invito a ver hoy el programa de televisión Vida Verde que presenta precisamente esta capacidad de resolver problemas. Es por el canal 416 de cablevisión a las 11 de la mañana.

No queremos realidades, ¡sino promesas!

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Queremos promesas porque las realidades, que se deban a las acciones o a las omisiones humanas, colectivas y personales, son bastante pesadas. Veamos un breve inventario de las cuentas pendientes que 2008 pasa a 2009.

Primero, la crisis económica mundial que algunos vieron venir desde 1997 y 1998 cuando reventó la burbuja de los .com y, ciertamente, el año pasado cuando empezó el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. No hay mal que por bien no venga: recuerdo que hace unos meses alguien escribió que para salvar al planeta necesitamos una “pequeña recesión”. Y es que crecer y crecer como meta universal tiene algo de suicida, ¿o no? No es demasiado tarde para empezar las obras de reparación, desde la reforma del sistema financiero mundial, como pide Paul Krugman, el Nobel de Economía, hasta una revolucionaria estrategia energética: que México dé el ejemplo y piense más allá de sus hidrocarburos, que enfrente la reflexión sobre lo nuclear, por ejemplo, y se dote de una red ferrocarrilera moderna, tanto para el transporte de las mercancías como de las personas.

Segundo: la actividad criminal del narcotráfico nos encuentra de nuevo en primera línea, si bien es un problema mundial, en el que producción y consumo, distribución, venta y blanqueamiento del dinero implican millones, decenas de millones de personas, pobres y ricas, y de empresas comerciales, industriales, financieras.

El narco ha permeado nuestras instituciones políticas y administrativas, la justicia y la seguridad, desde abajo hasta arriba; la actividad de nuestros sicarios ha costado, cifras oficiales, cerca de 6 mil vidas y ha invadido el país vecino, puesto que el gobierno de Guatemala ha declarado que nuestro cártel del Golfo controla todo el departamento de Huehuetenango. ¿Estaremos reconstituyendo el imperio mexicano del tiempo de Iturbide, conquistando a toda Centroamérica? ¡Qué orgullo!

En el campo internacional los riesgos son grandes y evidentes. Como hace cinco años, Paquistán e India, dos potencias nucleares, se encuentran en una peligrosa tensión, después de los atentados perpetrados en Bombay/Mumbay por un comando islamista paquistaní; que la organización terrorista que montó la operación esté prohibida y condenada por Karachi, desde 2002, no basta para calmar el juego. Además, Paquistán, atrapado en el conflicto afgano, está al borde del colapso y el caos; su ruina tendría consecuencias incalculables en Asia.

La guerra de Afganistán es uno de los tantos conflictos interminables, como la de Irak, la guerra en Sri Lanka entre los Tigres Tamules y el gobierno, las guerras que se suceden sin parar en el gigantesco Congo, corazón de África, en Sudán con el Darfur que implica a los países vecinos, empezando por Chad; la guerrilla kurda repunta en el sureste de Turquía y conecta con Irak; al norte de Turquía el Cáucaso es un polvorín que afecta Armenia, Azerbaidzhan, Georgia, Rusia y sus pequeñas repúblicas autónomas. No se puede olvidar la disputa geopolítica con potencial destructivo mayor que es la cuestión palestina que implica, además de israelíes y palestinos, Irán, Siria, Líbano y todo el Medio Oriente. La bomba de tiempo sigue con su tic-tac…

Un tic-tac que nos lleva a mencionar la proliferación de las armas nucleares y demás de destrucción masiva, grandes o miniaturizadas, que comprará, algún día, el narco o algún dictador. El terrorismo, puramente político, de corte nacionalista y étnico, va a la par con el terrorismo político-religioso y ambos han tejido lazos sustanciales con el narcotráfico y todos tipos de actividades criminales.

La solución a todo lo enumerado hasta ahora depende de nosotros, de nuestros gobiernos, pero ¿podemos hacer algo para parar el recalentamiento del planeta o sólo podremos adaptarnos a sus efectos? Peor tantito, ¿cómo, si no poner fin, a lo menos frenar la “sexta extinción” de toda forma de vida, vegetal, animal, microorgánica, que nuestro “desarrollo” explosivo ha puesto en marcha? Afrontar todos estos problemas no resueltos necesita inteligencia y voluntad; necesita sentido común, pero, para obtener resultados debemos formar un verdadero “nosotros” a dos niveles, un “nosotros los mexicanos” y un “nosotros global”, puesto que tenemos una sola Tierra, como lo demuestra el incesante flujo migratorio que transforma el mundo de sur a norte y de oriente a poniente.

Mi meta en ese último artículo del año no es suscitar la angustia, sino ver la realidad de frente para formular, para exigir promesas que puedan mejorar nuestro mundo. ¡Feliz Año!

2008 fue un gran año en ciencia

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

A 25 años del descubrimiento del VIH, el virus que produce el sida, podemos afirmar que nunca supimos tanto de un organismo tan pequeño. Las últimas noticias, publicadas en Cell Press de enero por la Escuela de Medicina de Harvard, muestran un inesperado talón de Aquiles del virus. Al VIH le bastan nueve genes que codifican 15 proteínas. Ese mínimo equipo genético es su mayor debilidad, pues debe tomar diversas proteínas humanas que no puede producir. Esas proteínas “podrían representar poderosas metas terapéuticas”, señala la nota de Harvard en línea.

El equipo de investigadores ha identificado 273 proteínas humanas necesarias para que el VIH logre propagarse, señala Science Express del 10 de enero. Los hallazgos parecen resolver problemas enfrentados en la creación de una vacuna. La alta variabilidad de la cubierta del virus es uno de los mayores: se enmascara con moléculas de azúcar y así evita el ataque de los anticuerpos lanzados por las defensas corporales.

El nuevo estudio revela cómo el virus distrae el ataque inmune. El conocimiento de piezas clave en la membrana viral hará posibles terapias que permitan a los anticuerpos alcanzar el virus e impedir su fusión con la célula humana. El talón de Aquiles del virus está expuesto y resulta ideal para diseñar vacunas.

Cuántica

El viernes 29 de febrero, la revista Science dedicó una sección especial al extraño y maravilloso mundo de la física cuántica, la física del átomo y de sus componentes: ¿gases cuánticos?, ¿sólidos cuánticos, cristales, que se comportan como líquidos cuánticos? Todo ello con muy próximas aplicaciones industriales, pero ¿cuántos físicos tenemos que nos puedan explicar qué es eso? Serán los pilares de un futuro que ya llegó.

Por lo pronto, podemos conformarnos con la presentación hecha por Ian Osborne y Robert Coontz, titulada “Quantum Wonderland”. En breve, dicen que, como Alicia en su país de las maravillas, los físicos también tienen acceso a dos mundos: el clásico y el cuántico. En éste, los componentes de la materia dan origen a estados que no vemos en el mundo clásico. Allí las cosas se vuelven tan raras que es posible que “los objetos puedan estar en múltiples lugares a la vez”.

Los efectos cuánticos se usarán para construir chips de computadora con eficiencia ahora ni siquiera imaginable. La propiedad del mundo subatómico llamada “enlace”, por la que dos partículas separadas pueden afectarse una a la otra de forma instantánea, sin importar la distancia a que se encuentren, es uno de los efectos cuánticos con aplicaciones más asombrosas, desde la computación a la teleportación de objetos.

Superconducción

“Si pudieran existir superconductores a temperatura ambiente, la crisis mundial de energía estaría resuelta”, afirma X.H. Chen del Laboratorio Nacional Hefei para Física en Microescala de la Universidad de Ciencia y Tecnología en Anhui, China.

Investigadores de la Universidad Johns Hopkins en China han logrado importantes avances en el área de los recién descubiertos superconductores basados en hierro.

¿Y qué es un superconductor? Es un material que transporta corriente eléctrica sin fricción alguna. Como todos hemos constatado, los equipos eléctricos se calientan, a veces tanto que sus sistemas de seguridad los apagan. Ocurre así porque los circuitos eléctricos generan calor al oponer resistencia al paso de la electricidad. Hasta llamamos “resistencia” a un alambre enrollado que se calienta al rojo blanco y usamos como hornilla eléctrica.

Pero en un material superconductor la corriente eléctrica puede fluir por siempre en un circuito eléctrico. Usted enciende su compu, entra con eso electricidad, la desconecta … y la electricidad sigue girando allí por los siglos de los siglos. Pensemos en una fábrica, un alto horno para producir acero, y ocurre lo mismo: el horno, una vez cargados sus circuitos eléctricos, jamás vuelve a consumir electricidad, nomás la recircula.

Hidrógeno

En el universo no hay combustible más abundante que el hidrógeno, el más sencillo de los elementos, con un solo electrón por átomo, la expresión básica de la materia. Es un gas explosivo: perfecto para motores que se llaman, precisamente, de explosión, o de combustión interna.

Los motores ya existen y mueven autos que corren en pistas de prueba. Presentaban un problema serio: si una gasolinera es riesgosa, más lo será una surtidora de hidrógeno. Pero tenemos hidrógeno abundante en una molécula cuya fórmula todos conocemos y no estalla: H2O, agua. El agua simple tiene dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno en cada molécula. Un tanque lleno de agua es dos tercios de hidrógeno. El estallido de hidrógeno no produce gases residuales como ocurre con la gasolina, un compuesto de estructura con hidrógeno y carbono, de ahí el nombre hidro/carburos. Empleando hidrógeno del agua, lo único que sobra es oxígeno: autos que oxigenan la atmósfera. Eso.