enero 15, 2009

El error de siempre

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Desde hace ya tiempo hemos insistido en esta columna que el problema económico de México no tiene que ver con la demanda, sino con la oferta

Esto quiere decir que las medidas que se tomen para impulsar la demanda no van a ayudar en nada a la economía nacional, sino que pueden causar más problemas de los ya existentes.

Ahora hay que regresar al tema por la gran cantidad de personas que creen que el gobierno debería tomar medidas que impulsen la economía nacional. Pero estas medidas, típicamente, son medidas de demanda, por lo que caeríamos en el error en que tanto hemos insistido.

Me explico. El escaso crecimiento de la economía mexicana es reflejo de nuestra incapacidad de producir mejor. Lo que producimos no se vende, sea porque resulta caro, porque su calidad es baja, o porque es algo que nadie quiere. O pocos, pues, para no sentirnos mal. Esto ocurre desde hace más de 40 años. Fue a mediados de los 60 cuando alcanzamos nuestro “techo” productivo, y de ahí en adelante cada vez que hemos crecido la economía se ha desequilibrado seriamente. Cuando teníamos la frontera cerrada, ese desequilibrio se mostraba con inflaciones desatadas (nada que ver con lo de ahora). Cuando hemos tenido fronteras abiertas, el desequilibrio se ve en la cuenta corriente. En ambos casos, tarde o temprano ese desequilibrio tiene que reflejarse en el tipo de cambio, que se corrige de manera brusca. Nuevamente, nada que ver con lo de ahora.

De 1965 a 1985, el PIB de México prácticamente se triplicó, pero la inflación pasó de 4% anual a 105%, y la deuda externa de 3 mil a 110 mil millones de dólares. Es decir, el crecimiento de esos 20 años provocó desajustes brutales en la economía, que había que pagar. Fue un espejismo, un crecimiento que nunca debió ocurrir, porque no tenía bases, sino que respondía a ambiciones políticas. Es como si usted, para quedar bien con su familia, decidiera aparentar un mayor nivel de vida haciendo uso de su tarjeta de crédito, pidiendo prestado y empeñando sus propiedades. Así, después de 10 años de vivir por encima de sus posibilidades, su familia de pronto se entera de que usted ha perdido la casa, que le debe a la tarjeta de crédito mucho más de lo que puede pagar, y que lo andan persiguiendo los cobradores del usurero. Y usted, en lugar de reconocer que ha destruido su vida y la de su familia, culpa a quien descubrió sus desfalcos de los problemas. Eso, exactamente, es lo que hacen tantos políticos e intelectuales.

De 1985 a 2005, el PIB ha crecido mucho menos, apenas 68%. A cambio, la deuda se ha reducido significativamente, y la inflación ha regresado a niveles razonables. Es decir, ya recuperamos la casa, ya le pagamos al usurero, y ya tenemos la tarjeta de crédito en refinanciamiento. No es que no debamos nada, pero ya no tenemos encima un desalojo.

Pero no hemos corregido el problema principal, y es que no producimos bien. Mire usted, de lo que vendemos al resto del mundo, 25% son máquinas y material eléctrico de diverso tipo, buena parte producido en las maquiladoras; 15% es petróleo y otro tanto igual son automóviles y autopartes. Aparatos mecánicos diversos suma 11% o 12%, y ya. El resto de las mercancías suma 30%. Concentramos nuestra producción en unas pocas cosas, que se producen en maquiladoras o en empresas que son exactamente iguales pero no se llaman así (bueno, ya ninguna se llama así desde hace un par de años).

Por eso, cada vez que el país crece, no alcanzan los bienes para tantos compradores. Si no hay forma de importar, los bienes suben de precio a gran velocidad; si hay posibilidad de importar, entonces las importaciones son las que crecen, hasta que ya no hay dólares para comprar. En el periodo 65-85, dos veces se nos fue el déficit en cuenta corriente a más de 5% del PIB, provocando devaluaciones bruscas. Es más, el tipo de cambio pasó de 12.50 pesos por dólar a 250, perdió 95% de su valor. En el siguiente período, de 1985 a 2005, en una ocasión se nos fue el déficit y hubo que devaluar, con lo que el tipo de cambio pasó de esos 250 pesos al equivalente de 10 mil, perdiendo ahora 98% del su valor.

Por eso las medidas que impulsan la demanda no sirven para generar crecimiento en el largo plazo. Regresando al ejemplo de hace un momento, es como si usted quisiera resolver su situación financiera gastando más, que ya Dios proveerá. Bueno, eso no pasa, y usted acaba como en el ejemplo anterior, perseguido por el usurero y humillado frente a su familia. Así acabaron Luis Echeverría, José López Portillo y Carlos Salinas de Gortari. Y así acabarán todos aquellos que crean que se puede crecer promoviendo el gasto.

Si en verdad quisiéramos resolver el asunto del crecimiento económico, podríamos hacerlo. Pero eso implica trabajar, y la verdad, no parece que eso sea lo nuestro. Hay, al menos, 40 años de evidencia. Más los que seguimos acumulando.

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