julio 08, 2009

Ahora resulta

Germán Dehesa
german@plazadelangel.com.mx
Gaceta del Ángel
Reforma

A nosotros que nos esculquen. Ahora resulta que los así llamados "anulistas" (un nombre asaz horrible. Parece como de secta herética de los primeros siglos del cristianismo, donde los "anulistas" propalaron el nefando dictamen de que habría que anular al Espíritu Santo, que ni milagros hacía, de modo que la Santísima Trinidad no fuera el primer hacinamiento histórico) que ¡nosotros! tenemos la culpa de los pobres resultados que el PAN obtuvo en los recientes comicios. Cada uno de los que tenemos la oportunidad de hablar con la gente sabrá si va a salirle al paso o no a esta adjudicación nada grata. Yo sí lo haré. Por lo visto, nadie se ha puesto a hacer la suma de los votos anulados y los votos obtenidos por el PAN. Si lo hubieran hecho, se darían cuenta de que ni con nuestros votos habría variado el resultado final de este domingo aciago. Entiéndase también que la gran mayoría de los llamados "anulistas" no teníamos la menor intención de favorecer a un partido, o de perjudicar a otro. En el centro de nuestra protesta lo que está es un radical hartazgo por nuestro actual sistema político que actúa como un club muy exclusivo, que reparte chambas, cuyos socios viven de mirarse unos a otros, pero que jamás miran hacia la gente para saber lo que ésta realmente necesita. Por pura cercanía, tomo mi caso y me recuerdo diciéndome el domingo por la mañana: si tan solo supiera yo cómo es, quién es, cómo habla cualquiera de ésos que desde las bardas y los postes me dicen que soy muy importante y que tienen grandes planes para mí y que con ellos todo va a cambiar. Y todas estas vaguedades y tonterías me las dicen desde el poste mientras despliegan una mensa sonrisa con gran profusión de dientes recién terminados y colocados en el gabinete de su odontólogo y, la verdad, me parece muy bien que los dentistas hagan su ronchita, pero eso a mí no me sirve de nada, porque no he logrado ni siquiera estrechar la mano de cada una de estas estrellitas marineras y no sé en verdad qué se traen y qué armas portan. Si no conozco a ninguno, si todos se cuelgan de las siglas de su partido, no veo por qué yo ciudadano le tenga que extender ese voto de confianza implícito en cada sufragio. No; para mí no era justo ni moral proceder así. Creo que cumplí con creces mi obligación ciudadana con el hecho de abordar una silla de ruedas para buscar mi casilla y ahí depositar mi voto anulado. Puestos a pensar, me parece que ésta es una actitud más sensata y civil que presentarse a votar a lo baboso "porque mi familia siempre ha sido priista, o perredista, o neoaliancista, o porque Leopoldina Troncoso, candidata a Jefa Delegacional es muy amiga de mi prima la Cavernaria".

Los que me encantan son los "comentaristas" que están agazapados ahí en Televisa, o TV Azteca, o TV UNAM, o TV Las Truchas. Ahí están con sus atuendos de intelectuales dominicales diciendo puras sonseras con bibliografía. Si tiene uno la paciencia de hacer todo el circuito, verá que cada quien dice lo que se le da la gana. Lo hacen porque saben que nadie se va a tomar el trabajo de rebatirlos y entonces se pueden arrancar diciendo que el gran perdedor es Felipe Calderón, o que las izquierdas han desaparecido, o que de esta cama no se levantará el PAN. Frente a todo esto, los ciudadanos que marchamos en las agostadas filas de la tercera edad, los oímos a todos, aun a sabiendas de que, desde la perspectiva de la gente, nada va a cambiar después de este costosísimo concurso dominical.

Llega el lunes, hay que trabajar, la vida está difícil, pero los "anulistas" no perdemos el paso mientras el horrendo sistema se va socavando. ¿Triunfador indiscutible?: el gran Juanito.



¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDLXXXVII (1587)

MONTIEL ha dejado de tomar píldoras para dormir.



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