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julio 14, 2009

Calderón: guerra a debate

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

Uno de los primeros y más claros saldos negativos que dejó la derrota electoral para el presidente Felipe Calderón es el cuestionamiento y la revisión crítica de su estrategia de guerra contra el narcotráfico y sus violentos efectos colaterales. Si antes de las elecciones ya se discutía la efectividad de la lucha de fuerza emprendida por el gobierno contra los cárteles de la droga, hoy la comparación costos-beneficio comienza a ser exhaustiva y por momentos desfavorable para la administración calderonista.

Fueron el propio Presidente y su partido, el PAN, quienes decidieron ligar la lucha antinarco al resultado de las elecciones intermedias. Su plan y toda su propaganda para los comicios los volvieron un “referéndum” para que los electores definieran con su voto si apoyaban o no la costosa guerra de Calderón contra el crimen organizado. Visto el resultado, con la frialdad de los números, puede interpretarse todo un mensaje desaprobatorio o al menos que expresa serias dudas del electorado sobre la efectividad de la acción presidencial.

No es gratuito ni casual que tras la derrota de Calderón y el PAN, crecieron las críticas, a nivel nacional e internacional, a la actuación del Ejército en la lucha contra el narco. Desde la prensa extranjera y mexicana se han vuelto a recoger y a documentar las violaciones graves a los derechos humanos en que han incurrido algunos miembros de las Fuerzas Armadas en esta guerra, y se ha reactivado la discusión sobre el llamado “fuero militar o de guerra” que impide que los elementos castrenses sean juzgados por la justicia civil.

Tampoco es casual la virulenta reacción del cártel de La Familia Michoacana tras la detención de uno de sus líderes. Los desafiantes ataques armados a cuarteles de la Policía Federal y del Ejército en Michoacán ocurren cuando la estrategia antinarco calderonista está bajo la lupa nacional e internacional. Pareciera que los narcos huelen la debilidad política del Presidente y deciden embestir a las fuerzas federales con todo el poderío armamentista que detentan.

En momentos en que se cuestiona los resultados de su guerra contra el narco versus la violencia que genera y el riesgo de una respuesta armada de los cárteles —como la de Michoacán, donde se expone a población civil al fuego cruzado de esta guerra sin fin—, justo cuando se desata una embestida contra las fuerzas castrenses que puede derivar en la creación de “comisiones de la verdad” o intentos para enjuiciar a militares que sólo han seguido órdenes de su comandante supremo, tal vez es momento de que el presidente Calderón haga un alto en el camino y, haciendo a un lado la soberbia y la terquedad, revise y modifique su estrategia al nuevo mandato del electorado.