julio 16, 2009

El ardid de La Tuta

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Decidido salió el vocero de la PGR, Ricardo Nájera, a tratar de matar la efervescencia mediática que estaba provocando el mensaje de Servando Gómez, La Tuta, jerarca de La Familia de Michoacán.

La Tuta llamó a un programa de la televisión local: CB Televisión. E inició un largo monólogo. Estructurado, verosímil, discursivamente rico. Elogió al presidente Calderón. Explicó que los enemigos de La Familia son la Policía Federal, la PGR y Genaro García Luna. Marcó una tajante distancia con Los Zetas, sus otros enemigos. Deslindó a Julio César Godoy y a los presidentes municipales presos de cualquier nexo con los narcotraficantes. Y, dos veces, pidió negociar: “Estamos abiertos al diálogo” y “queremos llegar a un consenso, queremos llegar a un pacto nacional, no sé de qué manera, pero tenemos que lograrlo, que ponernos las pilas”.

¿Un pacto nacional? ¿Con quién? ¿Con quiénes? ¿Es posible? ¿Es serio esto?

—Es una propuesta que ni siquiera puede tomarse en serio —me bajó a la tierra Ricardo Nájera—. Lo decimos antes de certificar si esa llamada es en realidad de esta persona.

—¿Cero pacto?

—Cero. En materia de delincuencia, no se puede llegar a ningún tipo de acuerdo. Sería abandonar la viabilidad del Estado como tal. En ningún sentido es posible. No se puede permitir que la delincuencia tome un lugar en la sociedad mexicana.

Recordé inexorablemente a un amigo, abogado defensor de presuntos narcotraficantes, que en el verano de 2007 vino a MILENIO a decirnos que El Lazca, jerarca de Los Zetas, nos proponía una entrevista en el diario para pedirle un pacto al presidente Calderón.

La entrevista no caminó. El amigo defensor fue levantado y asesinado en algún momento del segundo semestre de 2008.

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