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julio 08, 2009

La debacle

Ezra Shabot
Línea directa
El Universal

Muchos son los factores que pueden explicar el resurgimiento de la aplanadora priísta, entre ellos la coordinación política puesta en práctica por Peña Nieto, Paredes y Beltrones.

Más allá de sus diferencias y pugnas, pusieron a funcionar la maquinaria partidista aceitada por gobernadores que operaron dentro y fuera de sus respectivos estados, haciéndonos recordar que el PRI, como aparato de control y movilización política, nunca fue desmantelado y únicamente requería de hábiles conductores, sin el estorbo de candidatos presidenciales impopulares como Roberto Madrazo.

Para el PAN, la derrota es producto, entre otras cosas, de la ausencia de un aparato partidario a nivel nacional, que tuviese la capacidad de traducir la popularidad del Presidente en intención concreta de votos. Aunado a esto, la carencia de oficio político de sus gobernadores, y sus excesos y falta de profesionalismo en el ejercicio del poder, provocaron la debacle panista que transforma totalmente el escenario político nacional.

La campaña panista de cuestionamiento al pasado y presente del PRI tuvo momentos de éxito para los blanquiazules, pero la situación económica, aunada a las deficiencias del liderazgo panista, puso en claro que no se puede vencer a los gobernadores priístas y su fuerza organizativa sin contar con una movilización nacional ciudadana como las que dieron en 2000 y 2006.

Si 2003 fue malo para Fox, 2009 puede ser una pesadilla para Calderón con el PRI como fuerza hegemónica en el Congreso. Con una izquierda fragmentada y debilitada al máximo, los priístas tienen la opción de mantener a raya al Presidente y llevarlo de la mano hasta 2012 cuando su oportunidad de regresar a Los Pinos se presente.

Difícilmente se arriesgarán a apoyar reformas profundas que beneficiarían a la imagen presidencial y eventualmente al candidato panista a la grande. Las dificultades financieras presentes obligarán al tricolor a apoyar al PAN para mantener a flote la economía nacional, con el objetivo de evitar recibir un país en bancarrota dentro de tres años. Pero realizar los cambios de raíz junto con Calderón suena imposible.

Todo esto, siempre y cuando los priístas no decidan exacerbar sus pleitos por la sucesión presidencial, y desatar una guerra interna como lo hicieron en el pasado. Es esto lo único que puede convertir a la victoria aplastante obtenida el domingo en una nueva derrota producto de la lucha interna de liderazgos incapaces de pactar y así regresar al poder.