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Día con día
Milenio
Sugerentes y melancólicos los números de Ciro Gómez Leyva hace dos días sobre las pérdidas de López Obrador, espejo de las pérdidas de la izquierda. Añade Joaquín López-Dóriga: hace un año peleaba por la Presidencia, hoy pelea por Iztapalapa.Los números son altos, pero la pérdida cualitativa es quizá mayor, porque la herencia de la elección es una división agravada, que terminará drenando del PRD a los partidarios de López Obrador.
La sangría no será suficiente para engrandecer a los nuevos partidos del presidente legítimo, pero sí para empequeñecer otro poco al PRD y pulverizar a la izquierda, regresando sus partidos a la condición testimonial que habían dejado atrás. Pelearán en la franja de los partidos chicos, serán quizá los partidos mayores de los partidos chicos, pero no partidos capaces de competir por el poder nacional.
El pleito es tripartito, no incluye sólo a López Obrador y a la dirigencia nacional perredista, sino también al jefe de Gobierno de la ciudad, Marcelo Ebrard, que está entre dos aguas tratando de construir su propio carril para nadar hacia la contienda presidencial del 2012.
La posición de Ebrard es buena en los medios, pero no es buena en su partido ni en el reparto de clientelas de la ciudad que gobierna. Necesita ganar control sobre el PRD, donde tiene una posibilidad de ser candidato, y deslindarse del lópezobradorismo, donde no tiene ninguna. Jeroglífico de no fácil traducción. Un forcejo más dentro de la izquierda, quizá una división más, quizá el principio de una alianza por fuera del lópezobradorismo que restituya al PRD algo de lo que ha perdido.
En el flanco de los otros grandes perdedores de la contienda, luego de la oportuna y sensata renuncia del presidente del PAN, no aparece la oportuna y sensata autocrítica sino la orden de abordaje sobre el barco maltrecho.
Las palabras vindicativas del ex presidente Fox luego de la elección (“Fox no es Calderón”) y el activismo del anterior dirigente del partido Manuel Espino, anuncian una batalla campal por la organización, que muchos quieren arrebatar a los calderonistas.
Los panistas han dado muestras suficientes de su falta de disciplina como partido en el gobierno. Han dado muestra también, señaladamente en San Luis Potosí, de la increíble virulencia pública que pueden alcanzar sus pleitos internos. El candidato perdedor del PAN a la gubernatura de San Luis Potosí prometió en público encarcelar al gobernador en funciones de su mismo partido, y alcanzó a motejar a la hermana de éste último con palabras que no se antoja repetir.
El PAN podría estarse encaminando a un pleito interno que recuerde los del PRD.
La derrota es huérfana, dicen. En este caso, también es peleonera.
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