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Día con día
Milenio
He pasado unos días en Santiago de Chile en una reunión de la que hablaré luego aquí. Durante mi estadía respondí preguntas a distintos medios. La preguntas infaltables era: ¿qué significa el regreso del PRI? y ¿cuál es el PRI que regresa?La primera pregunta llevaba la duda implícita de si había un retroceso o una restauración en la democracia mexicana. La segunda era una inquietud más fina: ¿qué PRI regresa?
Me limité a repetir lo básico, que luego es lo menos básico de todo. Recordé que en el año 2000 y en el año 2006 el PRI perdió dos veces la Presidencia pero no perdió el poder.
Mantuvo la mayoría de los gobiernos estatales y municipales, así como la poderosa red de sindicatos públicos que incluso si se pelean con el PRI, como peleó la dirigente del sindicato de maestros, son puro PRI de fondo y forma: nacionalismo revolucionario en la teoría, clientelismo presupuestal en la práctica.
Vistas así las cosas, el PRI tampoco ganó todo en las elecciones que acaban de pasar. Ganó simplemente más de lo esperado, pero las otras fuerzas tampoco lo perdieron todo.
Cuando el PRI perdió la Presidencia no perdió el poder pero sí perdió al dueño. Desde entonces las autonomías priistas, locales y sectoriales, no han hecho sino crecer.
Hoy el PRI es más que nunca una asamblea de poderes locales. Se parece en esto más a su antecesor el Partido Nacional Revolucionario, que al PRI piramidal de antes de la transición democrática.
No sabemos qué idea de país se cocina en esos nuevos archipiélagos priistas, qué tanta modernidad y que tanto conservadurismo hay en ellos.
No sabemos tampoco cuánta disciplina de la de antes queda en sus filas ni cuánta capacidad de negociación y acuerdo en las nuevas condiciones.
Sabemos, por lo que declaran aquí y allá distintos jerarcas, que no han dedicado mucho tiempo a formular lo que quieren hacer con el poder que han ganado ni qué harán con él si vuelven a la Presidencia.
El nuevo PRI es el viejo PRI más el enigma de lo que puede salir del nuevo PRI.
La certidumbre general es que serán tan priistas como siempre en eso de pelear a muerte por la Presidencia dentro de sus propias filas.
Flota en el priismo la convicción de que lo que necesita el país no son estas o aquellas reformas sino gente que sepa gobernar, torcer aquí, negociar allá, convencer, anticipar, inhibir, agregar.
En suma, hacer política: dejar atrás estos años de lideratos mediocres, y volver la mirada a los que saben. ¿Pero saben?
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