julio 31, 2009

¿Qué tiene que festejar ETA en su medio siglo de terrorismo?

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

La banda terrorista vasca ETA cumple hoy 50 años y en su desesperado intento de ser noticia intentó el miércoles una matanza indiscriminada con 200 kilos de explosivos dirigidos contra guardias civiles y sus familias (entre ellos 41 niños), mientras dormían en un edificio de viviendas de 14 pisos que no se desplomó de milagro. Como no logró su objetivo —una carnicería para demostrar que sigue viva— lo intentó un día después, esta vez matando a dos guardias civiles en Mallorca.

A esto se reduce su medio siglo de historia, a matar por inercia, porque es lo único que saben hacer después de tantos años, aún sabiendo que no sirve para nada su lucha, dada la promesa firme del presidente Zapatero de no intentar nunca más cualquier diálogo con la banda, al igual que en su día hizo el otro gran partido español, el PP.

ETA ataca ahora arrinconada y más aislada que nunca, porque si alguna vez tuvieron apoyo social en el País Vasco, éste se reduce ahora al de una minoría fanatizada, mientras que las simpatías que alguna vez cosechó en el exterior se esfumaron totalmente tras el rechazo mundial al terrorismo a partir del 11-S.

Tampoco han logrado, y esto sí que son malas noticias para esa organización separatista, ni uno sólo de sus objetivos en su carrera sangrienta. Ni han logrado imponer a la fuerza la creación de un Estado independiente, que abarque las tres provincias del País Vasco español, las tres del País Vasco francés y la región española de Navarra, ni ha logrado imponer un Estado socialista ni desde luego han forzado una amnistía general para que sus presos salgan a la calle.

Nada qué festejar, pues. ETA es una organización patética y fracasada que nunca ha doblegado al Estado español y que no despierta el más mínimo interés fuera de las fronteras españolas, sencillamente porque nadie, mínimamente informado, se cree la falacia de que los vascos están tan oprimidos como los kurdos, los tibetanos o los palestinos, de que tienen negados sus derechos democráticos y que ni siquiera pueden estudiar en su lengua propia.

El último intento de llamar la atención de la comunidad internacional fue la querella que puso Batasuna, el brazo político de ETA, ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, denunciando que el Estado español había ilegalizado esa formación radical, atropellando de esta manera los derechos democráticos de miles de votantes. El fallo fue demoledor para la organización proetarra: No sólo fue acertada la ilegalización de Batasuna por la justicia española sino que hacerlo era un “imperativo”, porque ese partido amenazaba de muerte a sus adversarios políticos, muchos de los cuales cayeron asesinados por ETA.

A cualquier pueblo civilizado se le caería la cara de vergüenza si para ganar unas elecciones algunos candidatos “animaran” a grupos mafiosos a eliminar a sus adversarios literalmente. No es así para el conjunto del pueblo vasco, por eso ETA existe medio siglo después, porque sigue habiendo vascos que celebran los atentados cometidos por sus “soldados”, como el de ayer, y sigue habiendo vascos que votarían tranquilamente por el brazo armado de una organización terrorista de seguir siendo legal, aún teniendo la posibilidad de hacerlo por otros partidos independentistas, que sí son legales porque rechazan la violencia.

Esta es la triste diferencia entre el País Vasco y otras regiones con tensiones separatistas, como Québec, Escocia o Flandes, en la primera encontró apoyo social el terrorismo y en las otras no permitieron que esto ocurriera, por una razón básica: la vida de un ser humano vale más que cualquier ideal independentista.

Mientras haya vascos que admitan el asesinato como arma política existirá ETA, aunque se dé la paradoja de que cuanto más se prolongue la violencia menos posibilidades tendrá el País Vasco de ser independiente y más y más se irán llenado las cárceles de jóvenes que inocularon de su entorno un odio irracional a los españoles.

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