agosto 30, 2009

Los diputados también lloran

Vianey Esquinca
La inmaculada percepción
Excélsior

A punto de terminar la LX Legislatura de la Cámara de Diputados, los medios volvieron, como cada tres años, a publicar notas sobre los excesivos bonos y compensaciones que reciben los legisladores al finalizar cada periodo. Más de un millón cien mil pesos recibe cada diputado como liquidación —sin contar las devoluciones secretas que se hacen por boletos de avión no utilizados ni la distribución que cada bancada legislativa hace de sus remanentes a los legisladores— y ni siquiera esperan el campanazo de salida, se van antes del 31 de agosto, no vaya a ser que los pongan a trabajar. No importa si son de izquierda, derecha, centro, si están pintados de verde, amarillo, azul o naranja, ninguno le hace feo a recibir esas cantidades de dinero.

Pero, como siempre, no pasa nada. Es más, los nuevos diputados que tomarán protesta el próximo 1 de septiembre ya comienzan a frotarse las manos para recibir las prestaciones prometidas. La Cámara de Diputados se vuelve el paraíso terrenal y fiscal donde sólo por existir reciben mensualmente 205 mil pesos mensuales entre salario y diversos apoyos y, por supuesto, tienen gasolina y casetas gratis, boletos de avión, gastos de seguro médico mayor y seguro de vida. Además, no pagan impuestos, todo lo absorbe el órgano legislativo y los trabajadores de las distintas bancadas tienen esquemas irregulares de contratación. Es un mundo feliz, donde el saludo oficial entre los diputados es: “que el fuero te acompañe”.

Durante todas estas décadas, un requisito para pertenecer a la fauna legislativa era tener la piel dura como lagarto para evitar que las críticas les hicieran el más mínimo daño. Sin embargo, algo pasó este año, y seguramente cansados de ser protagonistas de tantas notas negativas, los diputados se unieron e hicieron llegar un desplegado pidiendo su inmediata publicación: “A la opinión pública y no tan pública, en un hecho histórico, los 500 diputados de la nueva LXI Legislatura nos hemos puesto de acuerdo para exigir a ustedes respeto. Estamos ciertos que la mayoría de las críticas vienen de la gente envidiosa que desearía estar en nuestros sitios para estar tres años becados, pero eso no les da derecho a juzgarnos, porque somos diputados como cualquiera, con dudas y confusiones, con defectos e imperfecciones, con fuero e impunidad.

“La Cámara de Diputados es el órgano legislativo más democrático del país, no se exigen estudios o mostrar una capacidad o talento, tampoco es necesaria una carrera política o en ninguna otra materia, se aceptan líderes ambulantes, sindicales o sociales, ex secretarios de gobierno, funcionarios de televisoras o juniors. Hasta estábamos dispuestos a aceptar a un integrante del cártel de La Familia, pero no nos dejó el Poder Judicial. No importa si es hombre, mujer o quimera, todos los que hayan tenido los contactos necesarios en sus partidos para contender por una diputación son recibidos, hasta legisladores que no tienen madre… o padre, son aceptados sin ninguna objeción.

“El único requisito académico que se les pide es que sepan escribir su nombre y decir protesto, antes tenían que decir y escribir correctamente: ‘a favor’ o ‘en contra’, pero gracias a la tecnología, se pudo quitar ese reto y ahora sólo tienen que apretar un botón. Estamos hartos de que la gente no entienda lo difícil que es mantenerse despierto después de largas horas de discusión inútil o de tener que estar concentrados sin verles las piernas a las edecanes.

“La población no comprende lo que es lidiar con traidores al género que pretenden devolver sus cheques, que son fruto de nuestras escasas horas de estar sentados en esas curules que, aunque confortables, nos quitan horas de sueño. Nos duele mucho que peleles nos quiten la atención que nosotros merecemos por ser los peleles legítimamente electos. No todos nos llamamos Juanito, pero tenemos nuestros propios ladrillos a dónde subirnos y nuestros delirios de grandeza que ventilar.

“Los medios no han entendido nuestra misión histórica, ¿qué harían sin nuestros excesos, acuerdos en lo oscurito, escándalos y escenas diarias? ¡Nada! ¡No tendrían nota! La gente sin el Canal del Congreso no tendría horas y horas de sana diversión. También somos humanos, tenemos derecho a cambiar de opinión y, si un año queremos que el Ejecutivo nos mande por escrito su Informe de Gobierno y al otro que venga al recinto, estamos en nuestro derecho. El trastorno bipolar legislativo es un lujo, pero creemos que lo valemos.

“Incluso merecemos tener un día del diputado. Si se celebra al albañil, a la secretaria, al compadre y al amigo, ¿por qué no contemplar al señor legislador como parte de las celebraciones del año? Así se podría tener un día más de descanso que buena falta hace. Por eso exigimos consideración a nuestro trabajo, a cambio de ello, los líderes de las tres principales fuerzas políticas: Josefina Vázquez Mota, con su look al más puro estilo del Fashion Emergency; Francisco Rojas, que regresó de ultratumba para demostrar que el PRI dejó de lado las nuevas tendencias, para quedarse con sus mismas viejas corrientes, y el Santa Claus de la izquierda mexicana, Alejandro Encinas, se comprometen a dar lo mejor de sí para no decepcionar a sus detractores y mantener el mismo nivel de percepción de la Cámara baja y sus legisladores.

“Si no nos respetan, les vamos a echar encima a Gerardo Fernández Noroña, que ahora con fuero se convierte en alguien más peligroso que un terrorista con una bomba amarrada a la cintura. Atentamente.”

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