agosto 14, 2009

Partidos fallidos

Ramón Alberto Garza
Dossier Índigo
El Universal

Si usted no entiende por qué el país está como está, asómese a ver lo que sucede en los partidos que están en reconstrucción tras el 6 de julio. Y también a las bancadas legislativas por estrenarse el 1 de septiembre.

El partido en el gobierno acaba de pasar el duro trance de traicionar sus principios democráticos tras experimentar una traumática y cuestionada designación de su nuevo presidente.

La segunda elección de dirigente del PAN con candidato único en lo que va del sexenio de Felipe Calderón. La tercera de su tipo en la larga historia del partido.

Difícil será para César Nava pegar los platos rotos que dejó una asamblea en la que se cometieron muchos de los pecados por los que tantos años el PAN condenó al PRI.

Candidato único, vinculado al Presidente, con rivales acotados y censurados, con votos cabildeados entre consejeros que no tienen más opción que elegir entre obediencia sumisa o expulsión del paraíso presupuestal. Partido en el gobierno al fin y al cabo.

Como dijera uno de los más prominentes panistas, de los que hicieron historia, de los que pelearon la trinchera: “Por primera vez siento que el PAN ya tiene dueño”.

Pero las cosas en el PRI no son muy distintas. A pesar de ser el que más se benefició de los errores del PAN-gobierno, de nuevo el virus del divisionismo podría dar al traste con su hegemonía verde en San Lázaro.

Y es que igual que como sucedió en 2003 con el duelo entre Elba Esther Gordillo y Manlio Fabio Beltrones, en 2009 la disputa del control se libra en los territorios de Beatriz Paredes y Emilio Gamboa. Investida de la legitimidad que le da el triunfo del 5 de julio, la presidenta del PRI dilucida si aceptar ser la jefa de la poderosa bancada tricolor o si se queda en el partido para recoger la cosecha de triunfos 2010 y enfilarse entre guirnaldas y olivos rumbo a la presidencial de 2012. Pero Emilio Gamboa y un bloque de gobernadores, apuntalados por decenas de legisladores priístas, apuran a que Paredes tome la decisión final.

La victoria da a la tlaxcalteca mano para elegir a dónde ir. Pero algunos de los suyos se sienten excluidos del clan tricolor que crea, decide, pone en práctica, evalúa y avala las decisiones. Y a dos semanas de que inicien los trabajos legislativos, los diputados priístas no definen jefe de bancada, ni tienen la lista de quiénes ocuparán comisiones, ni están definiendo su agenda legislativa.

Si ese es el preámbulo de lo que se le verá al partido dominante en San Lázaro, ya podemos sentir la sombra del paralizante 2003 que entrampó las negociaciones, los acuerdos, las reformas. El sexenio perdido.

En el PRD tampoco se curten mal las baquetas. Con el divisionismo encendido, el sol azteca no se repone de la debacle electoral del 5 de julio, sólo superada mediáticamente por el desplome del PAN.

Una facción perredista domina el partido, otra tiene el control de la cámara, otra más el Gobierno del DF y todas están secuestradas entre los caudillismos o de Cuauhtémoc Cárdenas o de Andrés Manuel López Obrador. No hay manera de refundar.

Con esta descomposición al interior de lo que por principio deberían ser acuerdos, ¿cómo esperamos una República unida?

No lamentemos, pues, las consecuencias de la pesadilla que viviremos en 2010. La construimos a pulso.

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