septiembre 18, 2009

Biocombustibles II

José Sarukhán
jose.sarukhan@hotmail.com
Investigador del Instituto de Ecología de la UNAM
El Universal

En mi anterior entrega describí datos generales sobre los biocombustibles (BC) y expuse algunos de sus efectos negativos desde el punto de vista energético y de la biodiversidad. Comentaré ahora sus puntos positivos.

Muchos aspectos negativos de la producción de BC pueden reducirse si se usan las mejores prácticas agrícolas y su producción no compite con la producción de alimentos para la gente. En general, los BC originados de deshechos orgánicos son mucho más benignos que los provenientes de granos y otros productos agrícolas. El uso de plantaciones perennes en las que se obtienen materiales que no eliminan a las plantas cultivadas (como la cosecha de chupones de árboles o coppicing en inglés) es ideal, o bien el uso de ciclos cortos de cosecha total de árboles o arbustos de rápido crecimiento.

Ambas formas reducen la contaminación, la erosión de suelos, no requieren de insumos, como fertilizantes, y son energéticamente eficientes, reduciendo la cuenta final de emisión de gases con efecto de invernadero (GI).

Está en desarrollo una nueva generación de BC líquidos, producidos a partir de biomasa celulósica, que ofrece ventajas sobre la producción de etanol, tales como rendimientos más eficientes y menos impacto ambiental; sin embargo, aún no se analiza la viabilidad económica de estos nuevos BC.

Hay suficiente evidencia de que la biomasa puede ser usada mucho más eficientemente y con menores efectos ambientales por medio de la combustión directa para generar electricidad o calor, más que convertirla en BC líquidos.

Una especie originaria de México (el “piñón” o Jatropha curcas) se ha plantado ampliamente en varios continentes y puede ser una fuente importante para producir BC líquidos (como el biodiesel), siempre y cuando se cultive en suelos degradados de zonas semidesérticas o tropicales secas y se evite la tentación de usar suelos de alta calidad o aplicar insumos como agua y fertilizantes. Los rendimientos pueden ser menos altos, pero a la larga la eficiencia energética es mayor y el impacto ambiental mucho menor. Pero para esto hay que “pensar a la larga”, cosa poco común cuando se trata de hacer dinero...

La reducción del consumo de combustibles del transporte vehicular es mucho más sustentable que producir enormes cantidades de BC para alimentar un hoyo negro insaciable de energía. Por ejemplo, reducir 30% el consumo de combustibles en la planta vehicular de Alemania resulta en ahorros de hasta 30 millones de toneladas de GI, mucho más del máximo efecto esperado con el más ambicioso programa de producción de BC, especialmente cuando las zonas tropicales, que contienen aún la mayor biodiversidad, son las áreas más apetecidas para producir BC.

La producción de BC debe contemplar los siguientes criterios: 1) reducción notable del lado de la demanda de combustibles; 2) el proceso debe ser parte de una política integral energética basada en eficiencia del recurso y producción de energía renovable; 3) ordenamiento del uso del territorio para producir BC en áreas degradadas, preservando las áreas agrícolas, forestales y de conservación; 4) regulación, monitoreo y certificación de la producción de BC; 5) uso directo de la biomasa para generar electricidad, que es más eficiente que usar BC líquidos; 6) producir BC en sistemas de bajos insumos agrícolas; 7) uso de plantas nativas sin fines alimenticios hasta donde sea posible.

En resumen, ¿podemos usar BC en México? Sí, pero inteligentemente, evaluando los potenciales riesgos ambientales y el balance energético de cada opción y dentro de una política nacional de desarrollo de energías renovables.

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