septiembre 24, 2009

Noroña, los pejistas y sus insultos

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

De todos los disfraces que usó Gerardo Fernández Noroña, el más creativo fue el de chupacabras. A este reportero le tocó cubrir de 1997 al 2000, sistemáticamente una vez por semana, las andanzas del entonces líder de la Asamblea Ciudadana de Deudores de la Banca.

Eran tiempos de Fobaproa y Noroña iba a la Asociación de Banqueros vestido de “rey malo” el 6 de enero. Se daba la discusión del cobro de intereses sobre intereses y Noroña se paraba frente a la Suprema Corte llevando un regalo irónico a los ministros. Se tiró frente al convoy presidencial, se crucificó, se maquilló, quemó un taxi, cantó, seguido sólo por un puñado de personas. Su discurso fue siempre radical: contra Zedillo, Fox, los dueños de los bancos, el FMI, los gringos, la Iglesia, la Corte, las televisoras, los empresarios.

En esos años y los posteriores, mientras Noroña era aislado en su rompe y rasga, Andrés Manuel López Obrador aceptó que Zedillo le operara la dispensa del trámite de residencia para ser candidato a jefe de Gobierno, se acercó a Fox cuando vio en sus encuestas que no le redituaba pelearse, negoció las cuentas del DF con los banqueros, mantuvo diálogo fluido con el embajador de Estados Unidos, se llevó de maravilla con el cardenal Norberto Rivera, comió con ministros de la Corte, visitó a periodistas de televisoras e invitó a grandes empresarios a inaugurar sus magnas obras viales.

Fue en esa época cuando Noroña, que dentro del PRD era casi una corriente en sí mismo, espetó a López Obrador, Jesús Ortega —que tenían la presidencia y la secretaría general del partido—y seguidores todos los adjetivos que receta hoy a Calderón y los panistas.

Luego encontró cobijo en el lopezobradorismo y se volvió su más visible cruzado: con ese carácter pertinaz mes a mes se paraba frente a Los Pinos para gritarle al “espurio” que había cometido un fraude electoral.

Paralelamente, el conflicto postelectoral encabezado por el tabasqueño generó una estrecha base de fanáticos que insultan mas no argumentan, ponen apodos pero no surten ideas, confrontan presumiéndose informados cuando en realidad simplemente difaman.

Con ese estilo, que brota lo mismo en voz de un diputado durante una comparecencia de un secretario de Estado que en un mensaje anónimo en un blog, han logrado pasar de 35% de la preferencia electoral en 2006 a 8% en 2009. Será una estrategia política autodestructiva, pero ha sido seguida consistentemente, y ese 8% son 3 millones de personas a quienes López Obrador convence y Gerardo Fernández Noroña representa con el tono de sus discursos.

Este reportero está muy contento de que por la vía institucional a la que tanto criticaron —en ocasiones, con razón— hayan encontrado un espacio para que Noroña no tenga que disfrazarse ni aventarse en ninguna calle, sino decida ponerse un traje y subir a la tribuna. Lo que haga en ella será bajo su propio costo político.

SACIAMORBOS

El 7 de septiembre, cuando lo presentaron, le borraron una línea del currículum: que había trabajado en una televisora.

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